Entrevista a Susi Sánchez

Entrevista a Susi Sánchez, actriz de la película «Reinas», de Klaudia Reynicke, en la cafetería de los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el lunes 2 de septiembre de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Susi Sánchez, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Lara Pérez Camiña y Sergio Martínez de BTeam Pictures, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Reinas, de Klaudia Reynicke

ÉRASE UNA VEZ EN… PERÚ. 

“Podéis arrancar al hombre de su país, pero no podéis arrancar el país del corazón del hombre”. 

John Dos Passos

La familia es parte muy importante del universo cinematográfico de Klaudia Reynicke (Lima, Perú, 1978), en sus tres películas y miniserie que ha dirigido hasta la fecha. La última es Reinas, coescrita junto a su compatriota el cineasta Diego Vega (que conocemos por ser uno de los creadores de la serie Matar al padre (2018), de Mar Coll), en la que a modo de fábula recoge parte de sus vivencias personales cuando en la Lima del Perú de principios de los 90, ante la gravedad de la situación política dejó el país siendo adolescente junto a su familia 30 años atrás y ha regresado cinematográficamente para contar su visión de aquel tiempo. Por eso, su relato está situado en la mirada de las dos niñas, Lucía y la adolescente Aurora, que si bien están dispuestas a emigrar a Estados Unidos con su madre, después de la aparición de Carlos, su padre que ha estado ausente mucho tiempo. La aparición del padre genera un revuelo en las dos niñas e instan a su madre a quedarse en el país y olvidarse del exilio.

La historia mezcla con inteligencia e intimidad los quehaceres cotidianos de la familia compuesta por las dos niñas, su madre y la abuela, y la situación política tan convulsa y agitada del país, donde lo personal y lo social se exploran de forma sencilla y nada complaciente, entre ese interior de la casa donde vienen familiares y se desarrolla buena parte de la película, y el exterior, de día como un día más, y la noche, muy amenazante y con toque de queda. La habilidad del guion en situarnos con muy poco en los conflictos y tensiones personales debido a la situación del país, y en hacerlo en presente, indagando de forma sutil y nada superficial en ese pasado que no hemos visto pero acabamos conociendo muy bien, tanto la década violenta de los ochenta y, sobre todo, la personalidad de ese padre, tan imaginativo, tan charlatán y tan alejado, que ahora quiere recuperar el amor de sus hijas ante las dudas de Elena, su ex y madre de las niñas, y la abuela, que lo conoce demasiado y por eso lo aleja todo lo que puede. Resulta interesante como la película capta la infancia y la adolescencia a través de las niñas, y ese mundo de los adultos tan preocupado por el país y el miedo a qué pasará. 

La excelente cinematografía de Diego Romero, que ya había hecho con Reynicke las mencionadas Love Me Tender y La vie devant, tiene en su filmografía trabajos con cineastas como Roberto Minervini e Ignacio Vilar, y La bronca (2019), dirigida por el citado coguionista Diego Vega y su hermano Daniel, consigue esa luz tan característica de la época, donde se manifiesta esa intimidad que mencionaba, donde la calidez de lo doméstico contrasta con la luz de afuera, más intensa y ruidosa, donde la agitación del país se nota en cada mirada y cada gesto de los personajes. El magnífico trabajo de montaje que firma el dúo Francesco de Matteis con más de 40 títulos a sus espaldas, y Paola Freddy, que ya había estado a las órdenes de la cineasta peruana, con una amplia experiencia al lado de nombres tan importantes como los de Krzysztof Zanussi, Andrea Pallaoro y Piero Messina, donde todo se mezcla con naturalidad y con buen ritmo, pausado y nada ajetreado, en la que se cuenta la difícil gestión ante los graves acontecimientos en sus 104 minutos de metraje que pasan de forma interesante y nada repetitivos. Sin olvidar algunos temas pop muy del momento como el de Hombres G que bailan en la fiesta. 

Mención especial tiene el extraordinario trabajo del equipo interpretativo con unas grandes actuaciones llenas de transparencia y cercanía, empezando por las dos niñas debutantes que son Abril Gjurinovic como Lucía, la pequeña de la casa y también rebelde, y Luana Vega es Aurora, en plena efervescencia adolescente, con los amores intensos y las amigas para toda la vida. Los adultos son los intérpretes peruanos Gonzalo Molina como Carlos, esa especie de soñador eterno, de aventurero de pacotilla pero parece ser que con gran corazón y con ganas de querer un poco a sus hijas, mientras que Jimena Lindo es Elena, la madre que ha tirado palante a pesar de las dificultades y que está moviendo mar y aire para conseguir la documentación necesaria, venciendo mil y un obstáculo burocrático, para salir del país y empezar de nuevo muy lejos de allí, antes que la situación se ponga peor. La gran Susi Sánchez hace de abuela, una matriarca observadora y acompañante que sabe muy bien de qué pie calza el susodicho padre de las niñas, una mujer que ha vivido demasiado para saber y conocer a los demás. Y finalmente, una retahíla de actores y actrices peruanos que interpretan de forma sencilla y natural.

La película Reinas se ha producido gracias al esfuerzo y el trabajo de tres países como Perú, Suiza, ciudad de exilio de la directora, y España, a través de Inicia Films de Valérie Delpierre, siempre tan atenta al talento como ha demostrado con Carla Simón, Pilar Palomero, David Ilundaín, Estibaliz Urresola, Àlex Lora y Enric Ribes, entre otros. La cinta de Reynicke no está muy lejos de cineastas como Lucrecia Martel y su inolvidable La ciénaga (2001), peliculón paradigma que ha abierto muchas puertas y ha ayudado a otro cine como el de Albertina Carri, Milagros Mumenthaler, Julia Solomonoff, Mariana Rondón, Tatiana Huezo, Dominga Sotomayor, entre otras, que han explorado la familia, la política y demás asuntos tan arraigados a su continente. No dejen escapar una película como Reinas, de Klaudia Reynicke, porque conocerán aquellos años convulsos del Perú de principios de los 90 y además, verán cómo los gestiona una familia desde sus diferentes miradas, de la infancia, la adolescencia, la adultez y la vejez, en su lucha por seguir viviendo con dignidad, aunque sea dejando su tierra para empezar de nuevo en otro país, en otro idioma y demás. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Oskar Alegria

Entrevista a Oskar Alegria, director de la película «Zinzindurrunkarratz», en el marco de L’Alternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona, en la Plaça de les Caramelles en Barcelona, el domingo 19 de noviembre de 2023.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Oskar Alegria, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y al equipo de comunicación de L’Alternatina, por su trabajo, generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Mia Sala-Patau

Entrevista a Mia Sala-Patau, actriz de la película «Un lugar común», de Celia Giraldo, en el hall de los Bosque Multicines en Barcelona, el miércoles 7 de agosto de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Mia Sala-Patau, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Haizea Viana, Laura Martínez y Celia Dosal de Viva Producción, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Regreso a Córcega, de Catherine Corsini

RECONCILIARSE CON LA IDENTIDAD.  

“Estamos más cerca unos de otros cuando callamos que cuando hablamos”. 

Guy de Maupassant 

En el universo cinematográfico de Catherine Corsini (Dreus, Francia, 1956), compuesto por 11 películas, tan interesantes como Partir (2009), La belle saison (2015), Un amor imposible (2018), y La fractura (2021), entre otras, existen dos ejes principales: el amor y lo combativo, donde la mirada se posa en personajes nada convencionales que luchan por lo que consideran justo a cuchillo, nada complacientes y siempre inquietos e intensos. Individuos que viven alejados de prejuicios y en total libertad, enfrentándose a todas las personas que intentan oponerse. Con Regreso a Córcega (Le retour, en el original), se centra en la vida de Khédidja, una mujer senegalesa que, después de 15 años, regresa con sus dos hijas Jessica (18) y Farah (15), como cuidadora de niños de una familia adinerada a la Córcega veraniega del título, un lugar que conoce muy bien, ya que vivió junto a su marido fallecido y dónde tuvo sus dos hijas, y donde tuvo que huir por necesidad y falta de libertad. Durante este tiempo, el silencio ha sido su mejor aliada, pero ahora, con sus hijas ya mayores y haciendo muchas preguntas, deberá enfrentarse a su pasado, y sobre todo, reconstruir la verdad y enfrentarla con sus hijas.

La directora francesa posa su mirada a través de la mencionada Khédidja y sus dos hijas, sobre todo, en ellas, en el que Jessica, a punto de entrar en la universidad a hacer políticas entabla una relación íntima con Gaïa, la hija díscola de los jefes de su madre, tan diferente y a la vez tan interesante para la primera experiencia de Jessica. Farah, por su parte, es la adolescente eternamente malhumorada que no se deja amedrentar por nada y nadie, tan rebelde como inquieta de experiencias de todo tipo que conocerá a un joven camello. Jóvenes ante un verano lleno de pasión, aventuras y nuevas amistades donde descubrir y descubrirse, y ante ese silencio de su madre que lentamente, irá abriéndose y las dos hermanas irán descubriendo el pasado real del que nunca se ha hablado. Corsini consigue hilar a través de un estupendo guión coescrito junto a Naïla guiguet, que coescribió el de El inocente (2022), de Louis Garrel, un cuento de verano de descubrimientos del amor, del sexo y demás para las dos hermanas, entrelazando con sabiduría toda la amalgama de emociones a medida que se van destapando el difícil pasado en el que se despiertan recelos, tensiones y problemas entre las tres mujeres, donde no hay sentimentalismo, sino una verdad real, muy intima y profunda, en que la película coge altos vuelos y se muestra muy honesta y cercanísima. 

Corsini, fiel a sus cómplices, sigue contando con la cinematografía de Jeanne Lapoire, con casi sesenta títulos en su filmografía con nombres tan importantes como Ozon, Techiné, Pedro Costa, Robin Campillo y Valeria Bruni Tedeschi, etc., con la que ha trabajado en cinco títulos, con una imagen y color que recuerda a las cintas veraniegas rohmerianas, con esa luz mediterránea que contrasta con la oscuridad y el silencio que se cierne en la familia, en el que nunca se cae en imagen de postal, sino en aquella con su posición social y política, como tienen las películas de Corsini, así como el inteligente montaje de Frédéric Baillehaiche, cuatro películas con la directora francesa, en el que en sus intensos y libres 107 minutos de metraje cabe de todo, con las continuas idas y venidas emocionales de los personajes y sus soledades, miedos, pasiones y sentimientos enfrentados y contradictorios ante la avalancha de acontecimientos y descubrimientos por los que pasan. Sin olvidarnos de la variada música que va de la clásica a la más moderna, creando esa dualidad que navega por toda la historia, donde convergen jóvenes y adultos, con esa fiesta salvaje donde se evidencian los momentos emocionales por los que atraviesan las dos hermanas, tan perdidas y tan deseosas de encontrarse, tanto con ellas como con la otra. 

Si el cine de Corsini resulta interesante por los temas que trata y la forma de presentarlos dotándolos de complejidad y profundidad, su reparto resulta primordial para creernos todo lo que se cuenta, y en Regreso a Córcega, la cosa sigue apuntando muy alto con una gran Aïssatou Diallo Sagna, que ya tenía un papel en la mencionada La fractura, y las dos formidables “hermanas” Suzy Bemba como Jessica, a la que vimos en la reciente Pobres criaturas, de Lanthimos, y Esther Gohourou como Farah, como una de las protagonistas de Mignonnes, y Lomane de Dietrich como Gaïa, la hija pija que conoce a Jessica, el interesante rol de un estupendo actor como Cédric Appietto, y las estimulantes presencias de Virginie Ledoyen y Denis Podalydès, como los señores de la película y padres de Gaïa. La película indaga en la identidad, en cómo se construye y reconstruye, y el autodescubrimiento en la Córcega destino de vacaciones para muchos, pero para estas tres mujeres un lugar donde todo empezó, con el significativo arranque del relato, un lugar para reconciliarse en todos los sentidos con su familia, la que dejaron atrás y sobre todo, con la familia que tienen delante, la madre y sus dos hijas venciendo el silencio y los medios y enfrentarse a las acciones y perdonarse para construirse y construir todo lo dejado atrás, porque no podemos continuar cada día mejor y hacia adelante, si no aceptamos y nos reconciliamos con el pasado, por mucho que cueste. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Casa en flames, de Dani de la Orden

LA FAMILIA BIEN, GRACIAS. 

“Los que no tienen familia ignoran muchos placeres, pero también se evitan muchos dolores”

Honoré de Balzac 

De la trilogía que arrancó con La gran familia (1962), y siguió con La familia y uno más (1965), ambas de Fernando Palacios, y terminó con la entrega más interesante, La familia bien, gracias (1979), de Pedro Masó, donde el padre y el padrino de 16 hijos vivían en soledad alejados de los hijos. El padre decide pasar una temporada en casa de uno de los hijos, pero la experiencia no resulta como esperaban los dos maduros. La película Casa en flames, onceava en la filmografía de Dani de la Orden (Barcelona, 1989), tiene mucho de aquella, pero un poco a la inversa. Ahora no es el padre quien acude a rescatarse con sus hijos, sino que la madre atrae a su familia a la casa de verano en Cadaqués, con el mismo propósito: el de ser rescatada. De la Orden vuelve a sus orígenes: rueda en catalán, con algunas puntillas en castellano, como hiciese en sus dos “Barcelonas”, Nit d’estiu (2013) y Nit d’hivern (2015), de las que coge uno de los guionistas, Eduard Sola, que la semana pasada estrenaba El bus de la vida, y una parte de sus productores: Sábado Películas y Playtime Movies, de la que el director es cofundador, junto a Bernat Saumell.  

El director barcelonés ha construido una filmografía con películas para todos los públicos, unas más interesantes que otras, pero siempre bajo una puesta en escena elegante y sofisticada, donde ha pasado por muchos tonos de comedia, desde la más ligera, la más de bofetada, incluso más profundas como Litus (2019), Loco por ella (2021) y Hasta que la boda nos separe (2020), algunos dramas como 42 segundos (2022), y luego está Casa en flames, donde construye con mucho acierto una interesantísima tragicomedia en la que disecciona con simpatía, arrojo y mala uva la familia burguesa catalana, a partir de un fin de semana en la Costa Brava, entre aeródromos, saltos en paracaídas, visitas inesperadas, jornadas en barco para alcanzar calas y demás experiencias, y sobre todo, mucho encuentro, desencuentro, conversaciones públicas y en privado, y 72 horas por delante de una familia que como todas, o como bastantes, fueron una familia y ahora, son otra cosa, quizás una Ex-familia, como les pasa a todas, en estos tiempos de individualismo, competencia y estupidez. De la Orden no ahonda en la tragedia familiar, o no mucho, porque nos lo presenta en su ridiculez, patetismo, mentiras y secretos, así somos, aunque no nos guste reconocerlo. 

La parte técnica vuelve a ser de primer nivel, como es marca de la casa en el cine de De la Orden, donde todo se cuenta desde los personajes, y donde como ocurría en El test, la casa vuelve a ser imprescindible, una casa de la infancia que ahora quiere vender la madre, como más o menos, ocurría en la reciente La casa, de Àlex Montoya. Esta vez cuenta en la cinematografía con Pepe Gay de Liébana, del que vimos recientemente su gran trabajo en la interesante Alumbramiento, de Pau Teixidor, en una historia llena de luz, de verano, de calidez, y también, de oscuridad, en las difíciles relaciones entre los personajes. La música de Maria Chiara Casà aporta ese desasosiego que necesita una película en la que, a veces, no hay tregua y no paran de tirarse a degüello, sin piedad y sin ningún tipo de miramiento. Y luego, está Alberto Gutiérrez, que ha editado 8 de las 11 películas del director, toda una unión que queda patente en un relato en el que la “guerra” está abierta, en sus intensos 105 minutos de metraje, en una obra en la que nos habla de una madre que necesita que la quieran un poquito, y su manera de reclamarlo no sea la más acertada, sí, pero no lo hace para hacer daño, sino para no sentirse tan sola. 

Ya hemos mencionado la importancia que De la Orden da a sus personajes, y por ende, a su equipo artístico. Tenemos a una magnífica Emma Vilarasau como Montse que, a sus 60 tacos, está ahí, reclamando su cariño, ya sea por las buenas o las malas. Una actriz que llena cualquier cuadro y lo que se proponga, más habitual en el teatro catalán que en el cine, una lástima para muchos espectadores de disfrutar de una de las grandes actrices del país. El hijo Enric Auquer y la novia, Macarena García, el eterno aspirante e intensísimo, y la joven que todavía no sabe en qué diantres se ha metido, y la hija María Rodríguez Soto, “felizmente” casada con José Pérez-Ocaña, el padre perfecto y por eso, tan aburrido, y sus dos hijas pequeñas, tan perdida y tan no sé qué como cualquiera de nosotros, el padre en la piel de Alberto San Juan, que ha hecho unas cuantas con De la Orden, un tipo demasiado ausente y demasiado él, que aparece con Clara Segura, su novia, una psicóloga que, a su manera, encenderá la mecha que dará a pie a abrir todas las cajas de Pandora de esta peculiar familia, con mucha pasta, y con tantas deficiencias, que se parece a todas o a tantas, y se quieren pero no se lo dicen, y se odian y no paran de decirse los unos a los otros. 

No estaría bien decir que Casa en flames es, con mucha diferencia, la mejor película de Dani de la Orden, aunque si deciden ir a verla, quizás en algún momento lo piensen, porque no sólo estarán interesados en pasar el finde con esta peculiar y retratada familia burguesa catalana que, guarda mucha similitud con otra familia de la misma clase pudiente, la de Tres dies amb la família (2009), aquella que filmó con tanta excelencia Mar Coll, la que vivía el funeral de l’avi, a partir de la mirada de Léa, la joven que volvía. Ahora, la mirada se sitúa en los ojos de la madre, la Montse, una mujer de 60 años que ya no es madre, y por ende, ya no es importante en su clan, y hará lo indecible para mantener a los suyos aunque sean sólo tres días, y en ese momento, por poco que sea, sentirse otra vez madre, o mejor dicho, mamá, que la siguen necesitando, aunque parezca raro, que lo es, pero para ella es sumamente importante, como demuestra en el sorprendente arranque de la película, donde dejará muy claro que nada ni nadie perturbará sus planes, los de estar en familia como antes, aunque el tiempo diga lo contrario, y ya sabemos cuando a alguien sólo se le mete algo en la cabeza. Prepárense y disfruten, o deberíamos decir, pasen y vean, y luego ya me dirán. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Dolores Fonzi

Entrevista a Dolores Fonzi, actriz y directora de la película «Blondi» en la terraza del Hotel Catalonia Barcelona 505 en Barcelona, el jueves 4 de julio de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Dolores Fonzi, por su tiempo, sabiduría, generosidad, a Óscar Fernández Orengo, por retratarnos con tanta belleza, y a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Blondi, de Dolores Fonzi

MAMÁ ES MI AMIGA. 

“Creo que es muy importante que cada madre encuentre su propio camino”.

Solange Knowles

Blondie tiene más de cuarenta tacos, que mencionaba Sabina, no es una madre convencional, ella es ella misma, con sus cosas y consecuencias. Si la miras de lejos parece una adolescente más, una joven con ganas de vivir el momento e irse de fiesta con sus colegas, dejándose llevar por la vida, por cada día, y sobre todo, sin mirar a ese futuro que tanto miedo meten con él. Blondi vive de forma diferente, hace encuestas, vive con su hijo Mirko veinteañero, que sueña con ser dibujante,  se ve con su madre, Pepa, viuda, pero de aquí y ahora, y mantiene una relación de amor-odio con su hermana, la “perfecta” Martina, casada y con dos hijos pequeños, pero tan infeliz como cualquiera. Blondi vive al día, sale de fiesta con su hijo y sus colegas, es una más, una “colega” más, una confidente de su hijo con el que fuma porros y habla de forma abierta y libre. Eso sí, nunca ha sido una mala madre, siempre ha estado ahí, desde que se quedó embarazada a los 15. Blondi es una madre diferente, alejada de la “normalidad”, o eso que nos han vendido que es “normal”. 

De Dolores Fonzi (Buenos Aires, Argentina, 1978), ya conocíamos de sobras su faceta como actriz en la que lleva dedicada más de 25 años en películas de cineastas tan importantes como Luis Ortega, Damián Szifrón, Fabián Bielinsky, Cesc Gay, Claudia Llosa y Santiago Mitre, entre otros. Ha sido con este último, coproductor de la cinta, con el que ha debutado en el largometraje como directora que también protagoniza, con Blondi, coescrita junto la también actriz Laura Paredes, importante intérprete que conocemos por sus trabajos con el citado Mitre y los “pampero”, entre otros,  en un relato que se mueve entre un modo desenfadado, libre y cómico, nos adentramos en el microcosmos de la citada protagoniza, con un tono ligero, directo y transparente, se adentra en conflictos que no se habían tratado en el cine, porque padres diferentes ya habíamos conocido unos cuántos, pero madres, no. Por eso, la primera película actúa de llenar un vacío, retratar a este tipo de mujeres y madres, personas que no actúan según los malditos cánones establecidos, y no por eso no son buenas madres, que lo son. Hay tantas cosas que cambiar para alejarnos de tantos modelos impuestos que sólo sirven para autocensurarse y en la mayoría de los casos, señalarnos y estigmatizar por no seguir los caminos marcados y desviarnos según lo que sentimos y según lo que deseamos. La película nos hace reír, por su gamberrismo y sorpresa constante, pero también, nos conmueve porque la cinta también habla del final de un camino, un instante que tanto madre e hijo deberán aceptar para seguir viviendo. 

La ligereza y la intimidad de sus imágenes que firma el cinematógrafo Javier Juliá, con más de 30 títulos, con nombres como los de Tristán Bauer, y los mencionados Szifrón y Mitre, construyendo una obra intimista, doméstica y con muchos interiores, donde la cámara se desliza entre los intérpretes, mostrando sin juzgar. El montaje de Susana Leunda y Andrés Pepe Estrada juega en la misma latitud, donde prevalece el ritmo y la libertad de contar y construir en una película agitada, muy física y nada complaciente en sus intensos 88 minutos de metraje. Mención aparte tiene la labor musical de la película, porque contiene 6 cortes inolvidables de la Velvet Underground, entre los que destacan “Sunday Morning” y “Run Run Run”, amén de temas como “Hice todo mal”, de Las ligas menores, y algunas más, que contribuyen, junto a la composición original de Pedro Osuna, que tiene en su haber el trabajo que hizo para Argentina, 1985 (2022), de Mitre. Un gran reparto que tiene a Carla Peterson como Martina, la hermana competidora con su momento “particular”, la gran Rita Cortese, con medio centenar de filmes, es Pepa, una madre tan y tan diferente, siguiendo el no modelo familiar que retrata la película, y Toto Rovito es Mirko, el hijo-amigo, que vimos en la reciente La sociedad de la nieve, y por último, el fantástico Leonardo Sbaraglia, todo un marido, tan y tan… pelmazo, o pelotudo, como dicen por acá. 

Hemos dejado para el final la interpretación de Dolores Fonzi, porque lo hace tan bien, es decir, transmite con tanta genialidad que nos convence desde esa primera secuencia, tan loca, tan diferente, tan domingo por la mañana, y sobre todo, tan ella, una mujer tan alejada de los convencionalismos, tan inesperada como tan auténtica, viviendo su vida, su realidad, y tan de verdad que, es imposible, no sentir que todo lo que hace es por el bien de los demás. Quizás, es el personaje más de verdad, el que más amiga es de los demás, siempre de cara, y sin juzgar a los demás. Un personaje brutal por su sinceridad y complejidad, con una composición tan magnífica como la de Paulina que hizo en La patota (2015), de Mitre. Dejense llevar por lo que propone una película como Blondi, de Fonzi, porque se darán cuenta de toda esa “verdad” de mentira que rige sus vidas y sus decisiones, porque Blondi vive de forma tan diferente, tan alejada a todo eso, siguiendo su propio camino, con sus errores y meteduras de pata, y qué más dará, cuando se vive como uno desea, como uno quiere, y eso que parece tan sencillo, no lo puede decir la mayoría de la gente, más interesada en seguir el camino marcado que el suyo propio, olvidando la persona que quiere ser, y ser la madre que siente, porque lo establecido está para cuestionarlo constantemente de manera que no te impida ser la persona que quieres ser. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Li Yue

Entrevista a Li Yue, directora de la película «Yangzi’s Confusion», en el marco del Asian Film Festival Barcelona, en el hall de los Cinemes Girona el martes 24 de octubre de 2023.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Li Yue, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Josep Casaus de comunicación del festival, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Faustine Cros

Entrevista a Faustine Cros, directora de la película «Una vida como cualquier otra», en el marco de El Documental del Mes, iniciativa de DocsBarcelona, en Casa Gràcia en Barcelona, el jueves 6 junio de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Faustine Cros, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Carla Font de Comunicación de El Documental del Mes, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA