Luces de París, de Marc Fitoussi

lucesRECUPERAR LA ILUSIÓN.

Brigitte y Xavier son un matrimonio maduro que se dedican a la cría y venta de ganadería bovina charolesa en Normandía. Él, tranquilo y hogareño, vive por y para su trabajo, ella, en cambio, se ha dedicado a ser esposa y madre, y ha aparcado sus sueños e inquietudes en pos al buen devenir de su vida marital y familiar. Pero ahora, después de la marcha de los hijos, la rutina y el acomodamiento a la cotidianidad del matrimonio y los quehaceres diarios, los ha convertido en una pareja monótona y aburrida. Después de un accidental encuentro con alguien más joven, Brigitte necesita salir a respirar y replantearse ciertas cosas de su vida.

El cineasta francés Marc Fitoussi, continúa en su cuarto título por los mismos devaneos de los anteriores, aunque esta vez el retrato adquiere más intimidad y deja aparcada la comedia romántica para adentrarse en un terreno más emocional y agridulce. La mirada de la vida rural que realiza Fitoussi no tiene un tono realista, si bien guarda el marco preciso donde se desarrolla parte de la acción, y describe con precisión ciertos momentos que allí se suceden, su idea reside en la vida de la pareja y cómo el paso de los años y el trabajo conjunto en el campo, los ha llevado a la falta de pasión, la comodidad y han dejado de lado los roles de amantes. Un mundo rural moderno, en el que tienen internet, escuchan jazz, y albergan un gusto exquisito. Son abiertos y simpáticos, se alejan mucho de la idea de antaño como personas rudas y de una pieza. El realizador francés combina la comedia con el drama, sin caer en la tragedia, su equilibrio para manejar las emociones de sus personajes resulta brillante, y su buen hacer en envolvernos en esa madeja de sentimientos que se van generando a lo largo de la historia. La fortaleza emocional aparente del inicio va dejando paso a una fragilidad que se va apoderando de cada uno de ellos. Contado de forma sensible, a través de una forma ligera, las cosas van sucediendo tomándose su tiempo, sin prisas, no hay exaltaciones ni gritos, todo va cayendo sobre su propio peso, casi sin llamar la atención.

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La estupenda composición de la luz que realiza la cinematógrafa Agnès Varda (habitual de Claire Denis) captura la sutileza de los colores del campo y la gama diversa de luces de la gran urbe, incrementando los encuadres de los rostros de los personajes, verdaderos protagonistas del relato. Unos excelentes intérpretes que realizan trabajos marcados por la sutileza, asentados en miradas que explican todo sin decir nada. Por un lado, Isabelle Huppert (que ya había colaborado con el director en Copacabana, del 2010, en la que realizaba un personaje excéntrico que debe cambiar de rumbo para agradar a una hija que no la acepta) aquí, aunque guarda algunos rasgos con el personaje mencionado, es una mujer cansada de su matrimonio, que necesita un poco de acción, divertirse y volver a sentirse a sí misma, y recuperar ciertas emociones apagadas que pedían a gritos un nuevo aire. Por otro lado, Jea-Pierre Darroussin (habitual del cine de Robert Guédiguian) se enfrenta a una situación nueva, siente que puede perder a su mujer y se lanza en su búsqueda, aunque también deberá aceptar algunos sacrificios si quiere seguir manteniendo su relación. Una película cercana e íntima, sobre el amor, la pareja, la vida en común y sobre nosotros mismos, las ilusiones, anhelos y sueños que dejamos aparcados en favor del otro, y sobre todo, una cinta sobre los sentimientos y lo que sentimos, toda esa aparente tranquilidad que dejamos que contamine nuestras relaciones, y cómo algo nos despierta y nos pone en acción para saber verdaderamente quiénes somos y a quien amamos.

El adiós, de Cara Roquet

350xeng_el_adios-cartell_50x70_[1]LA DIGNIDAD DEL OTRO.

En Diario de una camarera (1963), de Luis Buñuel, la joven Célestine llegaba a la casa señorial de los Montiel, unos nobles de provincia, en el que el genio aragonés utilizaba para criticar con enorme fiereza la miseria y decadencia de la burguesía provinciana. La joven Clara Roquet (1988, Malla, Vic, Barcelona) coguionista de 10.000 KM, debuta en la dirección con este sutil y enorme trabajo que nos habla, casi a susurros, de las relaciones entre criados y señores. Ya desde su arranque, con ese leve movimiento de cámara que se va acercando a la sirvienta que duerme, cuando el toque de una campana y el ladrido de un perro la despiertan, la directora deja claro sus motivaciones y nos muestra quién nos contará la historia. La trama es muy sencilla, se inicia con el fallecimiento de Ángela, la abuela, y las horas que le siguen al ritual de la despedida, la visita de amigos y familiares que viene a velar el cadáver, y luego el posterior funeral, que sabiamente Roquet no mostrará, y finalmente, la comida que se celebrará en la casa.

La cineasta muestra sutilmente y con una esmerada sobriedad todos los espacios y objetos de la residencia, donde se desarrollará la acción, construye su relato en ese paisaje doméstico de tonos oscuros y rendijas de luz, y sobre todo, a través del personaje de Rosana, la que obedece, Júlia, la niña inquieta con la que Rosana mantiene una relación más cercana, y finalmente, Mercè, la heredera y nueva señora, con ese carácter firme y serio, que impone sus reglas y mantiene la distancia de poder con Rosana. Roquet juega con el espacio y las no relaciones que se van sucediendo, la ritualidad de la muerte por parte de la criada, que al tratarse de origen latinoamericana, tiene una cercanía especial con el fallecido, que choca con el tabú de la muerte en la sociedad occidental, en la que todo se hace de otro modo, manteniendo las formas y distanciándose. Roquet consigue encerrarnos en ese lugar en el que las cuidadoras acaban conociendo el alma de los que cuidan, sabiendo quienes eran y sus deseos más profundos, como que vestido querían llevar cuando falleciesen.

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El adiós nos habla de forma acogedora y siniestra las relaciones de amos y criados, de una sociedad miserable y clasista que trata a los seres humanos según su posición económica, convirtiéndolos en meros sujetos que se les paga para que hagan su trabajo efectivo, rápido y silencioso. La cinta está edificada a través de planos medios y cercanos, que muestran lo que ocurre, sin enfatizar ninguna acción, mostrándose a la distancia correcta para que los espectadores sintamos lo que sienten los personajes, pero sin caer en ningún sentimentalismo que rompería la sobriedad formal impuesta. Un relato que invade de miradas y silencios todo aquello que se piensa y no se dice, todo lo que nos atrapa y nos desbarata, pero que nos callamos y guardamos. La sutil y acogedora interpretación de la debutante Jenny Ríos, es otro de los elementos que consiguen acercarnos lo que se nos cuenta de forma equilibrada y contenida. Habrá que seguir la pista de Clara Roquet que, en su primer trabajo detrás de las cámaras, leve y preciso, apenas un cuarto de hora, nos conmueve con la sutilidad y la sobriedad de una mirada que se acerca con fragilidad y contundencia a las relaciones afectivas cotidianas que brotan en cada espacio entre los que son sin pretenderlo, y los que pretenden ser.

 


<p><a href=»https://vimeo.com/134668086″>TRAILER EL ADIOS</a> from <a href=»https://vimeo.com/user14831798″>Clara Roquet Autonell</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

Caure del niu, de Susanna Barranco

Poster Caure del NiuINFANCIAS ROTAS.

En Lejos (2001), de André Techiné, Serge, un camionero francés que transportaba textil en un camión de Francia a Marruecos, metido a traficante, mantenía una relación con Sarah, su amante marroquí, y prometía a Saïd, un niño de la calle, ayuda para huir escondido a Francia. Las terribles experiencias de desarraigo y abandono que sufría Saïd, le han servido a Susanna Barranco (de interesante trayectoria como actriz y directora de teatro, y poeta) para conocer de primera mano las vidas de estos niños. Su quinto trabajo como directora en el documental, sigue el camino de sus anteriores trabajos, explorando temas de cargado contenido social y planteados desde el conocimiento y la reflexión. En el 2009, realiza Heridas, sobre la violencia de género en el entorno de las personas transexuales, volvería a este tema, en su siguiente trabajo, en Buits (2011), pero ahora desde el punto de vista de los hombres agresores, y en 2013, dirigía El silenci de Jonc, sobre la discapacidad intelectual.

La directora barcelonesa habla con estos niños, se interesa por conocer sus motivos, orígenes, los primeros meses, documentar su experiencia. Barranco captura sus testimonios acercándose a ellos, mirándolos a los ojos, mostrando su interior y desnudándolos profundamente. También habla con los cuidadores que tienen en el centro, especialistas en el tema de las migraciones, médicos, cooperantes que trabajan en Marruecos, entra en las casas, nos presenta a sus familias, nos muestra el entorno difícil y desesperanzador en el que han crecido. Barranco muestra las raíces del problema, no realiza juicios de valor, su película crece pausadamente, escuchando las reflexiones de los implicados y los profesionales que explican la tutela gubernamental hasta la mayoría de edad, y el vacío legal cuando cumplen los 18 años y ante la falta de trabajo, se ven obligados a delinquir ante la falta de un trabajo, y acaban en prisión y cumplida la condena, devueltos a sus países.

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La realizadora también nos habla de esos niños que quedan en sus países cuando sus padres emigran, y luego, cuando se lleva a cabo el reagrupamiento familiar, los conflictos emocionales que sufren unos y otros por el desamparo sufrido ante la ausencia. Barranco ha hecho una película breve, apenas una hora, donde expone un tema complejo y sumamente difícil, la existencia de estos niños que se ve abocada a una vida errante, solitaria, de eterna huida, con la temible sombra de un profundo desarraigo de ellos mismos, y abandonados a su suerte, con los problemas emocionales que eso conlleva, y obligados a volver a sus países cargando con sus maltrechos sueños rotos y con la dificultad de empezar de cero en un entorno sin oportunidades. Ese mundo occidental visto como un maná de riqueza donde hay sitio para todos, y al llegar aquí, descubren la triste realidad, un mundo que los aparta, que los señala, y sobre todo, un mundo de riqueza mal repartida, injusta y con una falta de empleo que les impedirá quedarse en España. Un documento necesario y valiente, que se ve con atención y que invita a la reflexión, que cuestiona la responsabilidad estatal frente a estos niños, el tremendo vacío burocrático cuando son adultos, escenifica el fracaso de no sólo una sociedad, sino de un mundo que se niega a reconocer al otro, al que no tiene, como señala Arcadi Oliveres: “Los países han roto las fronteras comerciales, tecnológicas, financieras y de comunicación, pero mantienen las del movimiento humano”. Un tema que no tiene fin, porque mientras unos pasen carencias, buscarán su vida fuera de sus países, y los otros, los de aquí, deberán aceptarlos, o más bien, buscar nuevas fórmulas para tratar el tema de forma humana y solidaria.

Entrevista a José Luis Guerín

Entrevista a José Luis Guerín, director de «La academia de las musas». El encuentro tuvo lugar el lunes 28 de diciembre de 2015, en la vivienda del director en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a José Luis Guerín, por su tiempo, sabiduría y generosidad, a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su paciencia, amabilidad y cariño, y al colega de El Punt Avui, que tuvo el detalle de tomar la fotografía que ilustra esta publicación.

La academia de las musas, de José Luis Guerín

La-academia-de-las-musasFILMAR LA PALABRA.

“El cine no será libre hasta que no pueda ser hecho con la misma sencillez que un poema”

Jean Cocteau

El cine de José Luis Guerín (1960, Barcelona) arrancó con decisión en su primera película, Los motivos de Berta, filmada en 1983, donde a través de un híbrido entre el cine documental y el de ficción construía una obra propia e inusual. Tuvieron que transcurrir siete años para volver a disfrutar una película de Guerín, Inisfree, filmada en el mismo pueblo que John Ford hizo El hombre tranquilo, que además de retratar a unas gentes y unos lugares, pretendía dejar testimonio de un modo de vida que desaparecía, luego llegó Tren de sombras (1997), un homenaje al cine a través de las películas amateur, donde el reto consistía en asistir al proceso de recuperación de los negativos olvidados. En el año 2001, realiza En construcción, junto con alumnos del máster UPF de documental de creación, una película fundacional en su cine, que marcará una nueva forma de mirar y filmar sus obras, la narración, aludía directamente a su título, donde además de testimoniar la transformación urbanística del barrio del Raval de Barcelona, el film mostraba los aspectos formales de construcción de la propia película. En el 2007, En la ciudad de Sylvia, filmada en Nantes y en francés, que en cierto modo es una adaptación de la edición que hizo Raffaele Pinto de La vida nueva de Dante, seguía a un joven dibujante que buscaba incesantemente a una joven que conocía tiempo atrás, a partir de la mirada y la ensoñación y la abstracción construía un relato sencillo sobre la imagen y la figura de la mujer como mito del deseo y el amor. Guest, del 2011, nacía a partir de la anterior, porque debido a los innumerables festivales donde fue invitada, Guerín documentó con su cámara de video, no el festival ni su devenir, sino los aledaños y lugares de las ciudades que no aparecían en el foco, iluminando una hermosísima película donde los personajes y lugares se apoderaban de su mirada y de la construcción de la propia obra.

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Ahora, nos llega La academia de las musas, donde recupera al profesor Raffaele Pinto y filma su experiencia pedagógica, como nos anuncia en el texto informativo que abre la película, una obra hija de la crisis, sin ayudas ni instituciones detrás, rodada con un equipo mínimo, Guerín y Amanda Villavieja, su sonidista habitual. La película arranca en la Facultad de Filología de Barcelona, donde Pinto imparte un seminario de poesía sobre La divina comedia, de Dante. Unos alumnos escuchan atentamente y algunos intervienen. Guerín lo filma de modo documental, casi amateur, nos invita a su dispositivo para que seamos testigos, junto con él, del descubrimiento de la película. Narrada con estructura de cuento, otro texto informativo ( muy del uso del cine mudo, que nos acompañarán durante el resto del metraje) nos conduce hasta la casa del profesor, donde aquí Guerín nos sumerge en el campo de la ficción, que ya no abandonará, donde la forma y la mirada adquieren otro sentido, a la distancia que marca lo que se nos está contando. Pinto dialoga/discute con su mujer, Rosa Delor Muns, (sus momentos se caracterizan por la comedia y la ironía) ésta se posiciona en contra de la idea de las musas, y la imagen de la mujer, es la voz disentida, la mujer que no cree en absoluto que la poesía servirá como redención de este mundo, (un instante que parece extraído del cine de Bergman y sus Escenas de matrimonio). La película se desarrolla a partir de la palabra, de los diferentes diálogos y posiciones, donde hablan de sus experiencias y relaciones, (donde conviven de manera natural los diferentes idiomas, castellano, catalán, italiano y sardo) que mantendrán las alumnas, Mireia Iniesta y Emanuela Forguetta, que confluyen con la idea de amor romántico que propone el profesor a través de la poesía de Dante. El deseo, las emociones y la materialización del amor son el contenido de las diálogos que mantienen los personajes en los pasillos de la universidad, en el café Estudiantil o en el interior de los automóviles, (donde podemos adivinar el cine de Rohmer o Rivette, o a los Garrel o Hong Sang-Soo) donde Guerín mantiene su cámara fuera, en la calle, y utiliza de modo acertado los espejos y el reflejo que inunda el espacio de sus personajes, donde los rostros de sus protagonistas se convierten en formas desdibujadas y fascinantes.

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El viaje y la experiencia que nos propone Guerín, nos lleva hasta la isla de Cerdeña, a conocer a sus pastores y su lengua, el sardo, y cómo se relacionan con la naturaleza a través de sus cantos, paisaje del origen de la palabra, a esa Arcadia perdida, al paraíso donde la palabra vive y late con más fuerza, a escuchar el sonido del viento, de los pájaros, a inundarnos con las emociones que no se ven, y a descubrir que en sardo no existe la palabra amor (uno de los momentos más bellos de la película), donde el universo de Rosellini contamina la película, y el documento trasciende a la propia obra, y en el lado opuesto, también nos conducirá hasta Nápoles, en las inmediaciones del lago Averno, donde según Dante, se encontraba la puerta del infierno, filmado de forma abstracta y casi fantasmagórica, donde el lugar y las imágenes se convierten en un reflejo del interior de los personajes (como ocurría con Ingrid Bergman en Viaggio in Italia). Es la película de Guerín con más comedia, las situaciones que se provocan y la ironía que se utiliza nos lleva a momentos de grandes carcajadas, (donde irrumpe el estilo de la comedia clásica de Hollywood de los Cukor o Hawks). Una obra que muestra la capacidad de seducción de la palabra, llena de reflexión y conocimiento, también de sombras y lugares extraños, de personajes vitales e ilusos, de razonamientos, equívocos y frustraciones sobre el amor, el deseo, la pasión, la seducción y la creación. Guerín ha fabricado una hermosísima obra, una obra de resistencia, de amor al cine, a filmar las experiencias vitales del cineasta y los cómplices que le rodean, la capacidad de emocionarnos con lo mínimo (ausencia de música extradiegética), donde el cine, la pintura, la literatura, y demás artes confluyen de manera hipnotizadora y conmovedora, en el que los personajes siguen fieles a lo que sienten a pesar de los golpes que reciben, en el que ya no importa tanto que sucede y cómo, sino la naturaleza de vivir y experimentar mientras se va descubriendo y haciendo la película, donde todo sucede de la forma más sencilla posible, pero que en su interior, encierra las más bellas y profundas emociones humanas.

45 años, de Andrew Haigh

CartelLA FRAGILIDAD DE LO QUE SENTIMOS.

“La tierra esconde secretos, cosas que se hacen invisibles, pero que no desaparecen”.

Kate y Geoff Mercer forman un matrimonio longevo y avenido, viven su retiro en el campo cerca de un pequeño pueblo inglés. Una mañana, Geoff recibe una carta que le explica que han encontrado el cadáver de Katya, su primer amor, fallecida trágicamente durante una excursión a los Alpes en 1962. A partir de ese instante, y a una semana de celebrar sus 45 años de casados, la apacible vida marital se verá sometida a los celos, las angustias y los fantasmas del pasado.

El cineasta Andrew Haigh (1973, Harrogate, Reino Unido) realiza en su tercer largometraje, un retrato del amor maduro realista y sincero, alejado del paternalismo recurrente en otras producciones. Nos muestra un matrimonio integrado por una pareja que ha pasado los setenta años, y el pasado, un pasado ocultado pro Geoff, hace peligrar y llenar de dudas e incertidumbres a Kate. Haigh cede la mirada y el punto de vista de su película a su personaje femenino, a esta madura serena y atractiva, maestra jubilada, que comienza a mirar con recelo a su compañero de toda la vida, a no entenderlo y sobre todo a cuestionarlo, y más aún a cuestionarse ella misma su matrimonio y sus propios sentimientos, olvidados por la cotidianidad de la vida en pareja. Haig ha armado una película llena de sutilezas y detalles, apoyadas en los gestos y las miradas, sabe captar de forma delicada la negritud que se va apoderando lentamente en estos siete días que acotan el desarrollo de la trama. La estructura del filme se hilvana a través de lo que no se dice, de las cosas que se guardaron al otro, de esas vivencias del pasado que llenan de nubarrones el presente que cada vez se muestra más gris y confuso. Curiosamente, esta película y la anterior de Haigh, Weekend (2011), donde se mostraba los primeros pasos de una relación amorosa de dos homosexuales, forman un interesante díptico sobre las relaciones sentimentales, la exposición emocional frente al otro, la vulnerabilidad de nuestros sentimientos, que partes ocultamos y que mostramos al que amamos.

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En la película de Haigh todo sucede de forma cadenciosa, como a susurros, no hay discusiones ni nada altisonante, el conflicto se cuece a fuego lento, casi sin darnos cuenta, todo parece suceder según lo planeado frente a los amigos, pero las cosas no son así, bajo esa apariencia ante los demás, algo ha cambiado, Geoff ha vuelto a fumar, a refunfuñar por asistir a una comida de donde trabajaba (su puesto substituido por la tecnología, amigos liberales que se han vuelto extremadamente conservadores.. ) a rebuscar en el desván recuerdos de aquel amor, que desapareció en una grieta, la que ahora atraviesa su relación, aunque él parece no darse cuenta, la que si vive esa ruptura es Kate, ella se muestra pensativa, distante y analizando cada gesto y movimiento del marido, y poniendo en seria duda su matrimonio, sus sentimientos y toda su vida. Dos actores magníficos y soberbios, Charlotte Rampling y Tom Courtenay (premiados en la Berlinale) componen estos personajes humanos y llenos de dudas, sacudidos por ese pasado espectral que está derribando su relación aparentemente tranquila y sincera. Una estupenda película que nos habla de amor, de sentimientos, de los sesenta, del pasado vivido y las cosas que se perdieron y en lo que nos hemos convertido, donde las canciones de antes ya no suenan como entonces, donde cada uno ha caminado su propio camino, incluso a veces, olvidando quién era y a quién amaba. El realizador británico nos envuelve en esa maraña tan dificultosa de las emociones, de lo complicado del amor y sentir de verdad, mostrándose sinceramente y sin medias palabras al otro, tal y como somos.

Entrevista a Montse Germán

Entrevista a Montse Germán, actriz de «Sonata para Violonchelo». El encuentro tuvo lugar el viernes 20 de noviembre de 2015, en el hall de los Cinemes Girona en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Montse Germán, por su tiempo, generosidad y simpatía, a Eva Calleja de Prismaideas, por su paciencia, amabilidad y cariño, y a Diana Toucedo, montadora de la película, que tuvo el detalle de tomar la fotografía que ilustra esta publicación.

Entrevista a Anna M. Bofarull

Entrevista a Anna M. Bofarull, directora de «Sonata para Violonchelo». El encuentro tuvo lugar el viernes 20 de noviembre de 2015, en el hall de los Cinemes Girona en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Anna M. Bofarull, por su tiempo, generosidad y amistad, a Eva Calleja de Prismaideas, por su paciencia, amabilidad y cariño, y a Diana Toucedo, montadora de la película, que tuvo el detalle de tomar la fotografía que ilustra esta publicación.

Entrevista a Lara Izagirre

Entrevista a Lara Izagirre, directora de «Un otoño sin Berlín». El encuentro tuvo lugar el martes 3 de noviembre de 2015, en el hall de los Cines Verdi Park de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Lara Izagirre, por su tiempo, generosidad y simpatía, y a Sonia Uría y Alex Tovar (autor de la fotografía que ilustra esta publicación) de Suria Comunicación, por su paciencia, amabilidad y cariño.

Game Over, de Alba Sotorra

poster-game-overEL SOLDADO TRISTE

La joven cineasta Alba Sotorra (Barcelona, 1980) hace su puesta de largo en el cine contándonos la historia de Djalal, un joven de 24 años que tiene que decidir su vida, tomar su camino y empezar a andar. Nació en una familia de clase media en un pueblo de Barcelona, desde niño lo agasajaron con armas, primero de juguete, que luego se volvieron más sofisticadas y de verdad, hasta que Djalal comenzó a grabarse en video en operaciones y aventuras militares y colgarlas en youtube, convirtiéndose de esta manera en Lord_Sex, un personaje mundialmente conocido en el ciberespacio. Su camino y sus ansías de acción y guerra, lo llevaron a alistarse al ejército e irse de voluntario al frente de Afganistán como francotirador. Pero las guerras de hoy en día, no son como las que presentan en el cine, así que Djalal, después de 6 meses combatiendo, volvió a su casa.

Sotorra, cineasta inquieta y de acción, comprometida con las nuevas formas de expresión audiovisual, e interesada en buscar nuevas miradas y viajar al origen del conflicto, con su cámara al hombro para no perderse ningún detalle, y reflexionar sobre los conflictos que acechan a mujeres, política, guerra, sociales… En una de sus instalaciones audiovisuales tropezó con la historia de Djalal (algo así como el reverso del sargento localizador de explosivos que describía la directora Kathryn Bigelow en su film, En tierra hostil, un tipo que sólo en la guerra encontraba su modus vivendi), y arranca su película en la actualidad, en esa casa que Djalal comparte con su padre, Hansi, iraní, con el que no habla mucho, porque critica con extrema dureza la actitud bélica de su hijo. Una vivienda que tienen que vender porque el padre no tiene trabajo y las deudas se acumulan. También, está la madre, Anna, ya separada de su padre, que a diferencia del progenitor, actúa de forma protectora y comprensible con las decisiones de su hijo. También, conoceremos a la novia del chico, mitad barbie, mitad compañera, le ayuda y comparte con él sus sueños frustrados, las ilusiones perdidas de ser un soldado de acción, su deseo de convertirse en mercenario, y soñar con una guerra que no fue, que no es real, que sólo existe en las películas de acción, y en su cabeza.

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Un guion de Isa Campo, brillantemente compuesto, (estrecha colaboradora de Isaki Lacuesta) en el que se opta por una estructura fracturada, en consonancia con la familia que se nos muestra, nos va diseccionando mediante flashbacks que nos desentrañan la maraña emocional que se respira en el seno familiar, una trama que utiliza varios formatos y texturas audiovisuales (grandísimo el trabajo de Jimmy Gimferrer, uno de los cinematógrafos más interesantes del panorama actual): los vídeos domésticos que van de la boda de la pareja, Djalal de niño en viajes con sus padres, abriendo regalos bélicos, tiempos felices y cotidianos que ahora sólo forman parte de un recuerdo vago y lejano, imágenes que se van intercalando con los vídeos que Djalal filmó en el frente, cuidando los encuadres y la belleza del plano, antes de disparar al enemigo, donde vemos los tiempos muertos y hastíos de la guerra, y sobre todo, como el joven utiliza el vídeo para confesar su estado de ánimo y el desencanto de lo que está viviendo (que nos recuerdan a las filmaciones de los soldados de Redacted, de Brian De Palama), y los vídeos realizados por Djalal cuando se convierte en su alter ego militar, (que parecen sacados de alguna película bélica propagandística que asolaron en los años 80 con los Rambo, Comando y demás héroes del tío Sam), un mosaico de filmaciones que retratan no sólo la personalidad de Djalal y su entorno, sino también, un contexto familiar complejo y difícil, donde todos ellos son responsables de una manera u otra de la situación actual que viven. Pero la cineasta no se queda ahí, profundiza aún más en las causas y efectos, quizás la responsabilidad no es sólo del propio Djalal o paterna, la película analiza de forma interesante y veraz una sociedad basada en el consumismo atroz y salvaje, y construida en base al entretenimiento con el fin de codiciar y amasar grandes cantidades de dinero. La película nos ofrece una hermosa y cuidada reflexión sobre la dificultad de la paternidad, la propaganda televisiva, y las nuevas formas de relacionarse a través de las redes sociales, en el que nos revela a Alba Sotorra como una de las voces más comprometidas, inquietantes y sinceras que, habrá que seguir su pista en futuros trabajos, ya sean en el campo cinematográfico u otro medio audiovisual.