Entrevista a Laia Manresa Casals

Entrevista a Laia Manresa Casals, directora de la película «Casa Reynal», dentro de la iniciativa de El Documental del Mes, en La Bonne. Centre de Cultura de Dones Francesca Bonnemaison en Barcelona, el martes 14 de enero de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Laia Manresa Casals, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Carla Font de comunicación de El Documental del Mes, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Casa Reynal, de Laia Manresa Casals

LA PADRINA MONTSERRAT.   

“Els nius no només fan possible la vida, sinó que també són llocs on digerir la mort.”

Los primeros instantes de Casa Reynal, de Laira Manresa Casals (Barcelona, 1973), son de una concisión narrativa y formal maravillosa. La película se abre con sus padres Montserrat y Ramon mirando por la ventana como un grupo de golondrinas (en off) vuelven a casa como cada primavera. Luego, un joven mide los espacios de la casa e inmediatamente, momentos relacionados con la inmobiliaria que venderá la casa. Seguidamente, la propia Laia conduciendo llega a Ca Reynal y finaliza este prólogo con la padrina Montserrat Reynal en una imagen de archivo. En apenas diez minutos ya nos han explicado el lugar donde sucederá la historia y sobre todo, las personas que la habitarán. Porque el segundo largo como directora de Laia Manresa Casals y el primero en solitario, no es una historia más ni cualquiera. Es su historia y la historia de su padrina, la mencionada Montserrat y la de su familia y la casa que habitaron, Ca Reynal. Una historia ubicada en Bellvís, un pequeño pueblo del Pla d’Urgell, en la provincia de Lleida, el primer y último escenario que vio la padrina, como explican al inicio. 

A Manresa Casals la conocíamos por sus guiones para Joaquim Jordà en magníficas películas como De nens (2003), Veinte años no es nada (2004) y Més enllà del mirall (2006), y su debut como directora junto a Sergi Dies en Morir de día (2010), un proyecto del propio Jordà que recoge testimonios de la llegada de la heroína a Barcelona. Su siguiente película Casa Reynal, con ese hilo rojo que conecta tiempo y personas, acoge la misma estructura que su primer largometraje, ya que recupera un tiempo del pasado y olvidado, a partir de presencias y ausencias con la figura de la padrina Montserrat que vertebra todo el entramado histórico que residió la citada casa. El vaciado de la casa por parte de la propia Laia y sus padres sirve para enfrentarse al pasado de la casa, y transitar por ese otro tiempo de la padrina, desde que nació, su trabajo siendo una adolescente como empleada doméstica en Barcelona, su boda, su trabajo en la lechería de los Bonet, sus hijos, su vuelta a Bellvís, las alegrías, las tristezas, las despedidas y las llegadas y sobre todo, un recorrido que la película hace desde el corazón, contando la experiencia personal en un entorno hostil, en una Barcelona de posguerra y los años duros de hambre y miseria, la bonanza económica de los sesenta, y unos últimos años de prosperidad disfrutando del legado de los Bonet. Todo contado como un cuento con la voz de la directora como si nos contase una fábula “a la vora del foc”, donde la figura de la padrina se erige como una mujer capaz de todo, y sobre todo, una mujer de su tiempo con coraje y decidida. 

La directora barcelonesa ha querido que la película tenga una factura técnica brillante, sin ningún alarde narrativo ni formal, ni peripecias ni estridencias que no vienen al caso, porque quería que la película se contase entre susurros, “a cau d’orella”, con tranquilidad y sin prisas, tan llena de recuerdos y memoria, de presencias y ausencias, y de una casa que los vio a todas, con sus existencias, sus alegrías y tristezas. Para el filme se ha acompañado de un gran equipo humano empezando por cuidada producción de Sandra Forn y Cristina Galvarriato, y de algunos colaboradores que ya estuvieron en Morir de día como el cinematógrafo Carles Gusi, un grande con más de 100 títulos en su filmografía, y Sergi Dies, en aquella codirector y editor, y ahora nuevamente montador, y los nuevos fichajes como la cinematógrafo Lucía Venero, que estuvo en la mencionada Idrissa…, el sonido directo de Elena Coderch, con más de 40 películas con directoras como Neus Ballús, Mar Coll, y la reciente Casa en flames, y la excelente música que interpretan Albert Pla con una canción que remite a las nanas sobre la padrina que pone el vello de punta, y los temas de Judit Farrés, que le dan ese aroma de fábula y poético, donde el tiempo se desvanece y se mezcla el pasado y el presente, y ayuda a paliar los momentos de dolor y ausencia.  

Durante la presentación de su libro “Volver a dónde”, Antonio Muñoz Molina dijo: “Todo lo que somos lo debemos a otros”. Una frase que encaja perfectamente en todo lo que cuenta la película Casa Reynal, de Laia Manresa Casals, porque desde el presente se mira a los que nos precedieron, en especial, a la padrina Montserrat y su existencia y los que la acompañaron, además, es un sincero y profundo homenaje a todas aquellas mujeres rurales que debieron dejar sus pueblos de origen e ir a la capital a buscar un porvenir que se les negaba en su tierra. Casa Reynal es una obra mayúscula, profundamente emotiva, pero que, en ningún caso, cae en la relamida sensiblería. Una historia sensible, íntima y llena de alma, que cuenta una dolorosa y bella historia que recorre casi todo el siglo XX y un poco del XXI, a través de una mujer como la padrina, eje y fuerza para las generaciones que han venido después como la hija Montserrat Casals y la nieta, Laia Manresa Casals que cuenta su historia y por ende, la suya, y lo hace desde el respeto y lo humano, transmitiendo toda esa lucha vital, toda esa fuerza, todos esos años condensados en los pausados y ligeros 91 minutos de metraje, que van despacio recorriendo las vidas que fueron desde el hoy, un presente que convierte a la película en una parte más del legado familiar porque tiene la capacidad alucinante de crear un tiempo y espacio fílmico donde vivos y muertos cohabitan la Casa Reynal, donde unos y otros dialogan entre ellos y los ausentes se vuelven presentes y sus historias salen de la su intimidad y olvido personal y se vuelven de verdad y sobre todo, compartidas. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Ken Wardrop

Entrevista a Ken Wardrop, directora de la película «Una Navidad para todos», en el marco de El Documental del Mes, iniciativa de DocsBarcelona, en los Jardins Mercè Vilaret en Barcelona, el martes 3 de diciembre de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ken Wardrop, por su tiempo, sabiduría, generosidad, a Sam Wallis, por su gran labor como intérprete, y a Carla Font de Comunicación de El Documental del Mes, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Una Navidad para todos, de Ken Wardrop

EN ALGÚN LUGAR DE IRLANDA…

“La esperanza es como el sol, que si bien se pone al final de cada día, vuelve a salir cada mañana”. 

Charles Dickens

Érase un pueblo de Irlanda. Uno de esos pueblos que para nosotros no tendrá nombre. Uno de esos pueblos en los que conoceremos a cinco personas: un viudo con dos hijos pequeños, una madre soltera con tres hijos, una mujer sola que imagina una vida que no tiene, un obrero que vive sólo junto a su perro y una señora que está sola en su casa y con sus recuerdos. La película se llama Una Navidad para todos (“So This is Christmas”, en el original) de Ken Wardrop (Portarlingron, Irlanda, 1973) y nos cuenta la vida de unas personas tan cercanas como nosotros. Cinco miradas a la soledad. Cinco individuos que, a pesar de los palos vitales, siguen cada día tirando del carro. La acción arranca a finales de noviembre, un mes vista del día de Navidad, donde el bullicio de las calles, el trasiego de gente preparando y comprando la comida y los consabidos regalos hacen de la pequeña ciudad un hervidero de entusiasmo y alegría. La película no va en contra de la Navidad ni mucho menos, si no que nos explica las cotidianidades de estas cinco almas en las que la vida se ha vuelto difícil, algo amarga y llena de ausencias.

El cine de Wardrop se construye a partir de las complejidades de las relaciones humanas, de todo aquello que somos y lo que no, y cómo nos relacionamos con los otros. En su cine ha hablado de temas como los hombres que han pasado por las vidas de un grupo de mujeres en His & Hers (2009), de la masculinidad y la relación con sus madres en Mom and Me (2015), Making the Grade (2017), sobre la educación. Historias que rescatan la sencillez y la naturalidad de las personas anónimas y las vicisitudes de sus vidas. En Una Navidad para todos, no relega el humor, todo lo contrario, la película está impregnada de humor para contarnos vidas muy duras, llenas de presencias y sobre todo, de ausencias, de personas perdidas en una especie de limbo entre la vida y la muerte, que deben seguir viviendo a pesar de los pesares, a pesar de los que ya no están, a pesar de ellos mismos. Tiene el aroma de la mejor literatura dickensiana y el gran cine humanista británico, del que hacen hecho Loach, Leigh, Frears, Sheridan y Andrea Arnold,  entre otros, donde encontramos miradas a esos barrios obreros ingleses en los que la realidad se palpa en cada espacio, habitados por personas que se levantan cada día intentando que sus existencias sean mejores, o al menos no vayan a peor. 

La magnífica cinematografía de Narayan Van Maele, a través del 35mm que ayuda a crear ese efecto atemporal que ayuda a no revelar el lugar concreto donde ocurre la trama, y sobre todo, esa cercanía e intimidad que tanto busca la historia, en que las personas/personajes están al lado nuestro, con esa cámara que es uno más, un observador que mira sin molestar, que entra en sus vidas, en sus casas con precisión y detalle. El montaje de John O’Connor construye en sus reposados 86 minutos de metraje, un relato sin prisas y con mucha pausa cada retrato en el retrato de la Navidad, lo que no vemos ante tantas luces y destellos y fluorescentes parpadeantes, la realidad que se oculta de los demás, las tantas vidas que van de aquí para allá. El cineasta irlandés quiere que nos detengamos, y las miremos y no las juzguemos, la cinta no lo hace, sino que las trata con honestidad y humanidad. La cinta es un retrato de cinco personajes en situaciones muy duras y emocionalmente difíciles de digerir, pero la película no cae en el tremendismo ni mucho menos en la sensiblería, sino que opta por desenterrar la esperanza de cada uno de ellos, desde lo sincero y la transparencia.  

Resulta muy acertado estrenar una película como Una Navidad para todos en este período, y no lo digo porque sea contraria a la Navidad, ni mucho menos, eso sí, nos habla de los valores de este período, como se menciona en el maravilloso arranque de la película con los niños y el párroco y la sorprendente llamada telefónica. Unos valores como la esperanza y la tristeza y soledades compartidas, muy alejados de los valores mercantilistas y de consumo estúpido en los que se ha envuelto la Navidad, un período de derroche inútil donde prevalece la apariencia y el materialismo y el individualismo y la desigualdad más imperantes de la débil y torpe condición humana. La película de Wardrop es un toque de atención, es una llamada al orden humano, a dejar de seguir girando en esta rueda vacía de gastos y más gastos y prisas y egos sin sentido, y volver, si alguna vez hemos estado, a esa idea de fraternidad y hermandad, aunque sólo sea por unos días, quizás un tiempo, donde no nos miremos tanto al ombligo ni al éxito, que vaya usted a saber qué diantres es, y seamos más humanos, pero de verdad, un poco más, y que no se nos olvide, que el mundo y la sociedad de la formamos parte seguro que nos lo agradece y sobre todo, nosotros mismos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Laura Plancarte

Entrevista a Laura Plancarte, directora de la película «Sueño mexicano», en el marco de El Documental del Mes, iniciativa de DocsBarcelona, en el Hotel Casa Gràcia en Barcelona, el martes 5 de noviembre de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Laura Plancarte, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Carla Font de Comunicación de El Documental del Mes, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Sueño mexicano, de Laura Plancarte

DERROTADA PERO NO VENCIDA. 

“Dónde haya un árbol que plantar, plántalo. Allá donde haya un error que enmendar, enmienda. Donde haya un esfuerzo que todos esquivan, hazlo tú”. 

Gabriela Mistral 

Durante mucho tiempo, la imagen que hemos tenido de la mujer americana ha sido la de una mujer sumisa y sometida a la voluntad del macho. En muchos lugares, todavía no se ha roto con esa mecánica, pero en otros, sí, en otros, aparecen mujeres como María Magdalena Reyes, una mujer mexicana que casó muy joven, tuvo tres hijos, y un marido que la maltrató. Ella se separó, perdió a sus hijos y trabajó para tener una vida diferente, trabajando y esforzándose para tener otra vida, volver a reunirse con sus hijos y no dejarse vencer por las adversidades vitales. Sueño mexicano, el cuarto trabajo de la cineasta mexicana Laura Plancarte, construida a partir de un guion que firma junto a su protagonista, nos cuenta su vida, su cotidianidad, su fuerza, su vulnerabilidad, su valentía y coraje, pero también, su tristeza y desilusión, porque Malena, como la conocen sus allegados no es una mujer que se rinda fácilmente, ella ya ha conocido el infierno y por eso, es una mujer mucho más fuerte de lo que creía, y si tiene algún miedo es de sí misma, de volver a antiguas desesperanzas. 

La directora mexicana ya había hecho Tierra caliente (2014), sobre una familia en mitad de un enfrentamiento entre narcos y militares, Hermanos (2017), donde dos hermanos tienen el sueño de emigrar a EE.UU., y Non Western (2020), en que nos cuenta la relación de un indio y una estadounidense que preparan su boda y se enfrentan a sus diferencias. Cuatro títulos en los que ronda la familia como epicentro de donde nace la historia, y las dificultades para seguir unida, a partir de unos personajes que no se detienen ante los conflictos, ya sean internos o exteriores, porque son individuos que han tenido que luchar y resistir muchas veces, y saben que la única forma de conseguir sus objetivos es no dejarse vencer y seguir su camino por muy difícil que este sea. Las tramas de Plancarte nos cuentan la cotidianidad de seres anónimos, a través de su humanidad, con una cercanía e intimidad extraordinarias, en que la mirada de la cineasta se posa para observar sus vidas, desde una posición de mirar y no molestar, optando el punto de vista de testimonio, de estar muy cerca de ellos y ellas sin inmiscuirse en sus existencias, de acompañar y de mostrar, siempre desde lo humano y la naturalidad.

Un grandísimo trabajo técnico ayuda a que sus películas se vean con reposo y nada artificiales, en que la cinematografía de Franklin Dow, que ya había trabajado en la citada Non Western, la vemos presente y nada juzgadora, sino desde la transparencia y el reposo, así como la excelente música de Pablo Todd, en su segunda colaboración con la directora después de la mencionada Hermanos, que no suena impostada sino de apoyo para contar toda la montaña rusa de emociones que vive la protagonista, y el tema de Marc Vicente, “Es un momento mágico”, cantada por Isis Cruz, en uno de esos instantes donde vemos a la protagonista sumergida en ese sueño del que habla la película, donde la cinta adquiere todo su sentido. El magnífico montaje de la chilena Andrea Chignoli, que ya va por el medio centenar de títulos a pesar de no haber cumplido los 35, junto a grandes de su país como Andrés Wood, Nicolás Acuña, Pablo Larraín, Marialy Rivas y José Luis Torres Leiva, entre muchos otros, que hace un trabajo impecable ya que la historia que se cuenta no era nada sencilla, por los continuos altibajos por los que pasa Malena, en sus continuas idas y venidas por las que transita una mujer en sus intensos 89 minutos de metraje, en los que pasa de todo y a todos. 

Es muy bueno para sus vidas que vean una película como Sueño mexicano, de Laura Plancarte, porque verán hundirse sus prejuicios en relación a las mujeres americanas, primero de todo, y después, conocerán la vida de una mujer como María Magdalena Reyes, una persona como todas nosotras, que vive y trabaja y lucha y se alegra y se entristece que, a veces, se rinde una noche y a la mañana siguiente, vuelve a ponerse el mono de trabajo de la vida y continúa con la lucha y la batalla diaria, perdiendo y ganando como todos, y soñando, cayéndose y levantándose otra vez, y una más y así siempre, con coraje y sin rendirse nunca. Tiene la película un tono parecido al que tenía La camarista (2018), de Lila Avilés, que también contaba las dificultades de una mujer que trabajaba en un hotel y no podía estar con su hijo. También, si todavía no lo conocen, sabrán del cine que hace la directora mexicana Laura Plancarte, relatos llenos de vida, con personajes de verdad, de esos que nos explican realidades como las nuestras, y no desde el embellecimiento o el sentimentalismo para agradar, sino desde lo humano, desde lo emocional, a través de ese torbellino de sentimientos y emociones en los que vivimos todos y todas. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Diario de Mi Sextorsión, de Patricia Franquesa

CHANTAJE A UNA CINEASTA. 

“La vida se contrae o expande en proporción a tu coraje”. 

Anaïs Nin 

En noviembre de 2022 bajo la gran iniciativa del DocsBarcelona a través de El Documental del Mes conocimos el trabajo de la directora Patricia Franquesa (Barcelona, 1989), a través de su ópera prima Querida Sara (2021), en el que de forma íntima y cercana nos hablaba de Sara Bahai, la primera taxista de Afganistán. Un trabajo no sólo de documentar y observar una mujer valiente, decidida y luchadora, en el que también se generaba un vínculo muy especial e interesante  entre cineasta y retratada. Una historia breve, de apenas una hora de metraje, donde el retrato iba y venía, en un revelador juego de espejos donde realidad, ficción y documento se cruzaban generando un relato caleidoscópico y lleno de matices y grises que generaba una aproximación muy directa y transparente tanto de la protagonista como de la cineasta. Un trabajo de extrema sencillez y complejidad que la directora catalana asume desde la sencillez y transparencia de una película que se pregunta y responde constantemente. 

Después de aquella primera experiencia tan interesante y rompedora, se generó en mi mucha expectación ante Diario de Mi Sextorsión, segundo trabajo de Franquesa, donde no solo afirma las buenas sensaciones de su debut, sino que va más allá, y vuelve a construir un relato íntimo y muy personal, esta vez sobre una experiencia vivida en sus propias alma y carnes, cuando el 14 de mayo de 2029 mientras se encontraba en un bar le fue sustraído su ordenador portátil. La sorpresa fue que pasados dos meses de aquel fatídico suceso, recibió un correo en que un hacker le exigía una cantidad de dinero para no hacer públicas tres fotos íntimas de ella. La directora coge ese material y lo convierte en el tema de su segunda película, y nos va relatando su experiencia del chantaje y su sextorsión, a través de grabaciones vía móvil y conversaciones personales, todo contado a través de pequeñas pantallas o ventanas tanto del pc como del citado móvil, mientras escuchamos de la propia Franquesa todos los sucesos y pormenores de esta travesía donde hay dolor, miedo, preocupación, amigos, un ex, familia y demás agentes, de los que se ayuda la cineasta para contar su periplo, donde hay llamadas y visitas a la policía, reflexiones personales y demás asuntos y trasuntos de una situación de terror. 

Aunque la película tiene oscuridad, tiene también ese tono de humor y ligereza para contrarrestar tantos momentos de angustia y horror, y es esa mezcla que la hace tan cercana y tan especial, porque hay una enriquecedora aproximación a las actividades criminales de los hackers, a sus formas de extorsión, y a la vez, todo ese material se convierte en una película, con una atmósfera similar a la que había en la citada Querida Sara, donde la película se va construyéndose a sí misma, y todo lo que vemos tiene esa textura de borrador/película, donde ficción, documental y retrato se vuelven a mezclar generando esas bifurcaciones profundas y muy reflexivas. No obstante, las dos vuelven a tener una duración similar, apenas una hora más o menos, tiempo en el que no dejan de suceder cosas, eso sí, también hay tiempo para mirar y observar, sin que la agitación de las situaciones vividas se convierta en elemento para enfatizar. Estamos ante una película donde Franquesa asume la técnica de rodaje, tanto en cámara como en sonido, donde lo doméstico emerge de forma natural y nada artificial, en que el borrador de la película es la propia película y viceversa. Eso sí, con la complicidad en postproducción de la composición musical de Laura Casaponsa, que tiene en su haber una extraordinaria película como Más allá del espejo (2006), de Joaquim Jordà, y el extraordinario diseño sonoro de una grande con más de 100 títulos como Laia Casanovas. 

En Diario de Mi Sextorsión, la cineasta construye una trabajo nada convencional, que acoge las nuevas formas de lenguaje y comunicación derivas de internet, para conseguir una película que en algunos momentos recuerda a Host (2020), de Rob Savage, un formidable cuento de terror filmado a través de videollamada y en plano fijo, donde se palpa la tensión y se consigue una atmósfera inquietante y fuera de lo común como sucede en la película de la directora barcelonesa, donde la sensación de soledad, secuestro y amenaza están muy presentes generando ese bucle de laberinto sin salida y persecución. Un diario filmado que se aproxima sin prejuicios a un tema demasiado cotidiano para muchas personas que se ven extorsionadas y acosadas a estos niveles, y faltaba una película que lo mostrará con toda la crudeza, sencillez y honestidad posibles y aquí está, directa y transparente como sólo se podía contar una experiencia como la experimentada por la propia cineasta. Una película/experiencia, donde el cine y la vida se vuelven a cruzar, fusionar y retroalimentar como el cine de Chantal Akerman, por ejemplo, en sus maravillosas home movies, donde no hay límites marcados, sino de la profunda reflexión de lo que se filma y su porqué, y el hecho de compartir con el público como herramienta de mostrar las oscuridades de la existencia y la forma que ayuda para gestionar el conflicto propio, donde la cineasta usa su propia experiencia para construir su cine y su forma de mirar su entorno. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Lo que me queda de ti, de Zara Zerny

LA VEJEZ Y LOS AUSENTES. 

“El secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad”. 

Gabriel García Márquez 

Parece ser que la vejez no es buen tema para el cine, ya que existen pocas películas que traten ese período de la vida desde la profundidad y la reflexión que se requiere, y no sea un mero acompañante de los protagonistas. Son contadas las películas en que sus principales personajes sean mayores, por eso, una película como Lo que me queda de ti (“Echo of You”, en el original, traducido como Eco de ti), sea no sólo un gran acontecimiento, sino que, además, su forma de acercarse a la vejez sea extraordinariamente lúcida, bella y muy profunda, porque aquí no vemos a ancianos que ayudan a los demás y tampoco que se sitúan en la sombra y las necesidades de sus descendientes y demás. En la película nos hablan de ellos y ellas, y sobre todo, de sus respectivas parejas que ya no están, fallecidas, y lo hacen desde el alma de cada uno de ellos y ellas, mirando y mirándonos a través de  la cámara, de frente, desnudando sus sentimientos y mostrando sus miedos, alegrías y demás. 

La directora danesa Zara Zerny (Ontario, Canadá, 1985), se formó en la escuela de cine independiente Super16 donde filmó películas en las que fusiona la ficción con el documental, por eso en su ópera prima, no sólo recoge los testimonios sinceros e íntimos de un grupo de mayores con edades comprendidas entre los 80 y más de 100 años, sino que los hace mezclando documento y expresiones poéticas, como el maravilloso arranque cuando la propia directora pide a uno de sus personajes que cierre los ojos e inmediatamente después, coloque sus manos encima de sus ojos para finalmente, recordar algo del ayer. Una imagen poderosa y muy elocuente que describe con exactitud el contenido de la película. Una obra que transita por la memoria, por el hecho de recordar, y hablar de esos momentos compartidos con la pareja que falleció, en el que hablan del amor, de la convivencia, de los días de vino y rosas, y de todo lo que conlleva vivir con una persona tantos años. Unas experiencias que la cámara recoge con claridad y sin aspavientos de ningún tipo, construyendo un cine reposado, que observa y filma, sin artificios y mirando con tiempo y honestidad a las personas que escucha atentamente.

La excelente y envolvente música de Viktor Dahl contribuye a que cada testimonio se convierta en una relación íntima entre persona, cámara y directora, generando ese acompañamiento y de vínculo que tanto necesita el cine documental para que tenga ese aroma de misterio y revelación como también hace el cine de Chantal Akerman, donde lo doméstico y lo universal se dan la mano creando un nuevo espacio para la emoción y la reflexión. La cinematografía de Jacob Sofussen se construye a partir del testimonio en su entorno, donde la cámara fija recoge su experiencia y su trayectoria vital, sus recuerdos y su cotidianidad, donde no hay prisa, y todo se envuelve desde la tranquilidad y el reposo, desde ese espacio de escucha, de pausa y de intimidad. Un montaje donde no hay estridencias ni nada que perturbe la paz y la pausa de los ancianos, en sus contenidos y especiales 76 minutos de metraje, en los que Zerny nos apabulla con lo real, y con lo poético, donde la vejez se asume desde la profundidad y la tranquilidad que dan los años y las dificultades físicas, en el que se desprende un amor hacia lo que filma, y hacia los que ya no están, y ese vínculo que genera el cine entre la vida y la muerte, como mencionaba Johan van der Keuken en su inolvidable Las vacaciones del cineasta

Hacía tiempo y muchas películas después que no veía una película que tratara la vejez desde lo más profundo e íntimo, no desde la tristeza y la pesadumbre de ser mayor, sino desde otro ángulo, el de la memoria, el de los años vividos con el amor, desde el recuerdo de las experiencias, ya fuesen duras y menos duras, desde la alegría, la felicidad, la tristeza y la soledad, y no haciéndolo de forma negativa sino todo lo contrario, filmando a unas personas que recuerdan y hacen balance de sus vidas, de sus amores y desengaños, de todo lo que contiene una vida larga de 80, 90 y 100 años, a través de sus miradas, carácteres, acontecimientos y demás situaciones. No vayan a ver una película como Lo que me queda de ti desde la tristeza, porque aunque la haya, todo se cuenta desde el alma, desde la vida vivida y no añorada, de los aciertos y desaciertos, de la ilusión y desilusión, de los pros y los contras de sus vidas y la de todos y todas cuando lleguemos, si es que llegamos, a sus edades. El misterio de la vida o mejor dicho, el misterio de seguir viviendo en soledad, rodeados de uno mismo o de otros, siguiendo en la vida o lo que queda de ella, recordando al ausente en una suerte de presencia y no que alimenta la reflexión profunda sobre quiénes somos en realidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Hágase tu voluntad, de Adrián Silvestre

EL PADRE DEL CINEASTA.  

“La reconciliación es una decisión que se toma con el corazón”. 

Ingrid Betancourt

De las cuatro películas que he visto de Adrián Silvestre (Valencia, 1981), el retrato es el germen desde el que se van construyendo las historias. Con su debut Los objetos amorosos (2016), nos hablaba de desarraigo y amor en los cauces de la ficción. En sus dos siguientes largometrajes, el documental era el vehículo para contarnos sendos retratos sobre el universo trans, uno colectivo en Sedimentos (2021), en el que descubrimos a diferentes mujeres trans, con su historias e inquietudes, e individual en Mi vacío y yo (2022), en el que Raphi nos contaba en primera persona su vida y presente. Con Hágase tu voluntad, sin dejar el retrato, el cineasta valenciano hace una vuelta de tuerca en su cine, porque se refugia en su intimidad y nos habla en primera persona de él y su difícil relación con su padre Ricardo, al que lleva 23 años sin ver. Una película sobre un padre vividor, independiente y hedonista que se separó de su madre, se ennovió con una mujer que años después muere, y ahora, con más de setenta años, enfermo, solo y depresivo tiene la necesidad de volver a estar con sus hijos. 

La película va de frente y de la mano del propio cineasta que se abre en canal y nos retrata su relación con su padre, totalmente inexistente durante más de 20 años, y la intención de romper esa distancia y volver a hablar a su padre. Silvestre construye un íntimo y sensible viaje emocional que nos habla de pasado tortuoso y presente reconciliador, tratando temas muy complejos como la necesidad de recuperar al otro, las dificultades de los procesos de reconstruir vínculos personales y familiares, temas importantes como el derecho a morir dignamente y todo lo que genera en el entorno familiar como su madre, su hermana y el otro hermano mucho más reacio en la relación con el padre. La película se cuenta a través de un año más o menos, acorde con las visitas de Adrián, arrancando en verano con las fiestas de moros y cristianos, siguiendo en invierno con las navidades y después con la semana santa y demás. Un tiempo de diálogo, de recordar el pasado, la infancia, los que ya no están y demás cuestiones algunas demasiado dolorosas y oscuras. Silvestre, como nos tiene acostumbrados, no se regodea en la sensiblería ni nada que se le parezca, sino que confronta las diferentes emociones para compartirlas y sobre todo, mirarse frente a frente para contarse todo aquello que no se ha contado. 

La película tiene un brillante trabajo técnico empezando con la exquisita y cercana cinematografía de Lara Vilanova, en su primer trabajo con el director, después de sus trabados con Diana Toucedo, Alba Sotorra y Estibaliz Urresola, entre otras, en el que prevalece la naturalidad de los encuadres y esa distancia necesaria para que los diversos encuentros mantengan su delicadeza e importancia. Así como el gran trabajo de sonido firmado por Natxo Ortuzar, toda una institución con casi 80 trabajos entre los que destaca su trabajo con el fallecido Ventura Pons, estupendos documentales como Quinqui Stars y Descubriendo a José Padilla, y series recientes como La mesías y Mano de hierro, y Mafalda Alba, con películas tan esenciales como La maternal, y la música natural de Diego Pedragosa, bien acompañada por ese monumento como “Hosanna in Excelsis”, de Óscar Navarro González, que se escucha un par de veces, y el clásico de música festera “Ximo”, y el popular “Ramonet, si vas a l’hort…”, entre otros. Un magnífico montaje de Júlia R. Aymar, que conduce con ritmo y detalle todo el entramado emocional que explica en sus 98 minutos de metraje. 

La cuarta película de Adrián Silvestre es ya desde su especial título Hágase tu voluntad, un viaje de retorno, un viaje que nos propone mirar al otro, enterrar el pasado y reiniciarse de nuevo, dando y dándose otra oportunidad más, porque sí hay vida, hay otra posibilidad, donde el cine de Silvestre ha ido mucho más allá, desde su exposición porque el propio cineasta es el propio protagonista de su película junto a su padre Ricardo, que nos habla de lo que fuimos, de lo que somos, del eterno presente en el que existimos, de los errores del pasado y de las reconstrucciones en el presente, de cómo nos queremos, muchas veces muy mal, y de cómo se puede encontrar la forma de quererse o al menos, hablar para compartir y alejar el rencor y el dolor. Una película sencilla en su tono y atmósfera pero tremendamente compleja en todo lo que muestra y encierra en sí misma, dónde documento y cine se dan la mano, en el que el aparato cinematográfico también puede ser un elemento ideal para recrear la vida, la muerte y los sueños o lo que percibimos del más allá, porque el cine, como mencionaba Johan van der Keuken (1938-2001) en su excelente film Las vacaciones del cineasta (1974), es el único medio capaz de mostrar en un mismo plano la vida y la muerte, tal y como ocurre en Hágase su voluntad y su inolvidable final, donde todo ese reencuentro entre Adrián/Cineasta con su padre Ricardo tiene sentido en ese instante. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Lucija Stojevic

Entrevista a Lucija Stojevic, directora de la película «Pepi Fandango», en la sede de la productora Noon Films en Barcelona, el martes 3 de septiembre de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Lucija Stojevic, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Ana Sánchez de Trafalgar Comunicación, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA