Pepi Fandango, de Lucija Stojevic

MARCADO POR EL DOLOR. 

“Los primos sonidos que marcaron mi vida y que tengo en las entrañas fueron los fandangos a palo seco, de voces infantiles o adultas aislados en el campo de concentración de Rivesaltes: Y claro no recuerdo letras, sólo palabras que se repetían: hambre, enfermo, fiebre. En caló: madre – vata, quiero – camelo, pan – manró, comer – jalar, cagar – jiñar, penas y duquelas. 

Pepi

Conocí el cine de Lucija Stojevic (Zagreb, Croacia, 1980), a través de La Chana (2016), su primera película en la que recuperaba la figura de la famosa bailaora, ahora olvidada, siguiéndola en su quehacer diario mediante una transparencia y naturalidad absorbentes, y recorriendo su vida artística y su memoria con imágenes de archivo. Una película de investigación y humanista que nos devolvía a alguien que el tiempo borró. Con Pepi Fandango, su segundo trabajo, vuelve a rastrear en el pasado y recupera la memoria de Peter Pérez, más conocido como Pepi, un vienés judío de 84 años, que durante niño estuvo preso durante la Segunda Guerra Mundial en el campo de concentración de Rivesaltes, al sur de Francia y su relación con el fandango, otra vez la música como leit motiv, que escuchaba a niños durante su estancia en el citado centro. 

La película se estructura a través de una película de carretera, o lo que es lo mismo, un western, donde el citado protagonista, con la compañía de su fiel amigo y músico Alfred, salen de Viena, pasan por Barcelona y llegan a Paterna de Rivera, al sur de Cádiz, donde se reencuentran con amigos y antiguos cantaores de fandango. Un trayecto físico y vital en el que vamos conociendo el dolor y el trauma que siempre han estado ahí, en el que Pepi ha luchado y convivido, en el que la música ha ayudado a vivir, revivir y sobrevivir, donde la película lo aborda con la poesía, sin entrar frontalmente ni ser evidente a la hora de explicar lo que sucede, si que lo hace proponiendo un interesante ejercicio de memoria, donde los recuerdos, las experiencias y el pasado se mezclan generando imágenes inconexas y complejas, con el magnífico uso del found footage, con las que se van reconstruyendo aquellos días en el campo de concentración y todo el trauma que arrastra el protagonista. El relato va sobre la vida, sobre cómo vivimos con los traumas, y lo hace desde el respeto y la honestidad sin tratar los temas de forma superficial ni nada que se le parezca, al contrario, su sensibilidad es digna de elogiar porque nos sumerge en el viaje físico de Pepi y su colega y también, en ese viaje emocional donde la psique y el alma se imponen en la historia. 

La segunda película de Lucija Stojevic tiene un gran trabajo técnico y arduo para estructurar una historia donde presente y pasado tienen mucho que ver y se debían contar a la par, donde todo encaja con la participación del respetable. Para la cinematografía, Stojevic vuelve a contar con Samuel Navarrete como hiciese en La Chana, en otro reto porque ahora la cosa iba de contar un diario-viaje en el presente y una abstracción en el pasado, y la mezcla funciona y logra, con la implicación del espectador, una simbiosis que casa de forma muy personal y emocional. Grandísimo trabajo de sonido de Diego Pedragosa, que ha trabajado con cineastas como Pau faus y Ventura Durall, entre otros, tanto en el documental como en ficción, y Laura Tomás Cascallo, en sonido adicional, y Andrés Bartos Amory en el diseño de sonido y también coproductor, junto a la directora, de la cinta, y el estupendo montaje de Mariona Solé, que tiene en su haber películas como El techo amarillo, de Isabel Coixet y Unicornios, de Àlex Lora, que maneja muy bien el tempo consiguiendo esa fusión entre realidad, sueño, trauma y pasado, en sus reposados 80 minutos de metraje. 

Una historia de estas características, en la que profundiza sobre el dolor y el trauma, era necesario algo de humor, una vis cómica que va saliendo a través de la peculiar relación de la pareja protagonista, Pepi y Alfred, una especie de Don Quijote y Sancho Panza, unos roles que se van intercambiando, eso sí, con ese aire vienés, tanto en su carácter como en su idioma, una especie de caballeros errantes o cowboys de aquel western crepuscular, donde los viajes siempre son de vuelta o quizás, son para que los monstruos dejen de molestar como es el caso de Pepi. Sólo les pido una última cosa, no vean Pepi Fandango como una película dura, que lo es, pero también es una película que habla de las cosas que hay que hablar, es decir, es sumamente liberador hablar de lo que nos duele, de los traumas que arrastramos, de aquel pasado que la vida se detuvo y todo lo que tenía sentido dejó de tenerlo, donde conocimos la maldad humana y estuvimos en el más absoluta de las oscuridades, solos y desamparados. Porque quizás recordar y enfrentar el dolor no sirva para que deje de atormentarnos, pero lo que es seguro es que dejaremos de sentirnos tan solos y al borde del abismo. Compartir nos ayudará a seguir. Por eso y cómo se muestra la enfermedad mental, gracias a Lucija y a todo su equipo por rescatar y contar la historia de Pepi. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Faustine Cros

Entrevista a Faustine Cros, directora de la película «Una vida como cualquier otra», en el marco de El Documental del Mes, iniciativa de DocsBarcelona, en Casa Gràcia en Barcelona, el jueves 6 junio de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Faustine Cros, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Carla Font de Comunicación de El Documental del Mes, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Helena Trestíková

Entrevista a Helena Trestíková, directora de cine documental protagonista de la retrospectiva que le dedica DocsBarcelona, en la Sala Raval del Teatre CCCB en Barcelona, el viernes 19 de mayo de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Helena Trestíková, por su amistad, tiempo, sabiduría, generosidad, y a Ana Sánchez de Trafalgar Comunicació, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Ricardo Íscar

Entrevista a Ricardo Íscar, director de la película «Aire», en una de las salas de edición de la UPF. Edificio Roc Boronat. Campus Poblenou, en Barcelona, el martes 7 de mayo de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ricardo Íscar, por su amistad, tiempo, sabiduría, generosidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Aire, de Ricardo Íscar

RESPIRAR PARA NO RESPIRAR.    

“Casi nunca tengo guion. Más bien es un “plan de ataque”. Porque la realidad quiere ser el amo, hacerse copiar. Y yo debo luchar y ganar la batalla contra la realidad, hacerla de nuevo. Esto es mejor, porque si la realidad fuera el amor, ¡para qué ir al cine! ¡Que las personas se paseen en la misma realidad!

Joris Ivens

Hace algún tiempo cuando participaba en un seminario de Documentales sobre viajes que impartía Isaki Lacuesta, y después de las oportunas presentaciones, el viaje arrancó con Une histoire de vent (1988), la última película del gran Joris Ivens (1889-1988), y Marceline Loridan, en la que el cineasta neerlandés, aquejado de problemas respiratorios, y por recomendación médica, visitó lugares donde hacía mucho viento, como China. Una obra entre el documental, la ficción, la fantasía, la mitología y la filosofía que muchos definen como una de las películas más libres jamás filmadas de un creador militante, observador y libre. Una situación parecida ocurre con Aire, la última película de Ricardo Íscar (Salamanca, 1961), porque nos muestra a su madre con problemas para respirar, y decide acercarse a aquellos que deben aguantar la respiración bajo el agua para así desafiar sus propios límites y conseguir sus objetivos. 

El director salmantino siempre se ha caracterizado por su acercamiento a esos paisajes invisibles, ocultos a nuestra mirada, lugares que son observados e investigados, y mostrados con una formidable naturalidad e intimidad. Ahí están películas como A la orilla del río (1991), sobre una familia gitana junto al río Tormes, Badu. Stories From the Negev Desert (1993-4), sobre los nómadas beduinos, La punta del moral (2001), sobre un pueblo de pescadores de Ayamonte en Huelva, El cerco (2005), codirigido junto a Nacho Martín, sobre la pesca del atún en Barbate, Cádiz, Tierra Negra (2006), sobre las últimas minas de Carbón en León, Danza a los espíritus (2009), sobre un médico tradicional al sur de Camerún, y El foso (2012), sobre la orquesta del teatro del Liceu, amén de sus trabajos de cinematografía en Monos como Becky (1999), de Joaquim Jordà, y En Construcción (2001), de José Luis Guerín,  son sólo algunas de sus obras, en las que no importa su duración, sino lo que se mira y cómo se filma y se construye, donde el relato y su narrativa se fusionan para generar un cine humanista, etnográfico y tremendamente reflexivo, en la línea de los Flaherty, Rouch, el mencionado Ivens, Depardon, De Setta, Piavoli y Rossellini, entre otros. 

Un cine que explore, que investigue y se investigue, que no imponga miradas, texturas ni tonos, sino que se deje llevar por lo que cuenta y cómo lo hace. Un cine abierto a todo y todos, y a la propia investigación de su materia y artificio. Con Aire, producida a través de una campaña de micromecenazgo, vuelve a sumergirse, y nunca mejor dicho, en un universo invisible y desconocido, como el que existe bajo el agua, acompañando a dos expertos en apnea, el ejercicio de aguantar la respiración sumergidos en el agua. Acompañamos el viaje de Miquel Lozano, uno de las ocho personas en el mundo capaz de bajar más de 100 metros con sólo una bocanada de aire, y Tewfick Blaoui, que hace lo mismo pero en el interior de una piscina. Dos cuerpos, dos personas que desafían sus límites bajo el agua, aguantando su respiración, y todo lo que su cuerpo manifiesta durante ese proceso de unos pocos minutos. Durante 6 años somos testigos de sus vidas, tanto a nivel personal como profesional, viajamos a lugares como Cataluña y Tenerife, Dahab (Mar Rojo), Kas (Turquía), Niza (Francia), Roatán (Honduras), en los que vemos sus entrenamientos, sus competiciones, su pasado y su presente, en un mundo que la cámara de Íscar observa muy cerca.

La película se detiene en unas existencias que se hacen íntimas, explorando el mundo de la apnea desde la curiosidad, su modus vivendi, pero como vehículo para investigar sobre los límites del ser humano, sobre el hecho de respirar, sobre el primer y último aliento de nuestras vidas, sobre quiénes somos y porque somos como somos. Todo contado cómo caracteriza el cine del salmantino, afincado en Catalunya, con una transparencia y calidez que hace de lo mínimo e invisible, de aquello que no vemos porque pertenece a otro mundo, algo que visibiliza de forma natural y sencilla, con una honestidad sin juzgar ni pretender nada más que mostrar y contar unas vidas y nada más. Entre su equipo técnico encontramos nombres tan importantes como Amanda Villavieja en sonido directo, surgida del Máster de Documental de Creación de la UPF impulsado por los citados Jordà, Guerín, Balló y el propio Íscar, del que han surgido cineastas tan importantes como Isaki Lacuesta, Mercedes Álvarez, Neus Ballús, entre otros, y Domi Parra en montaje junto a Néstor Betancourt y el propio director, Enrique G. Bermejo en mezclas de sonido, y Alejandra Molina en diseño de sonido,  que dan brillo y aportan excelencia a una película que cuenta, que se mira y mira, que busca y encuentra, y sobre todo, se detiene en aquello que no vemos y en aquello invisible. 

Con Aire, Íscar demuestra o más bien, sitúa o devuelve al cine a su esencia, aquel medio que sirve para contar la peripecia humana y su entorno, tanto lo visible como lo que oculta, y su emocionalidad, sus miedos, ilusiones, sus contratiempos y sus alegrías, todo lo que le envuelve, y no sólo eso, sino también sus circunstancias vitales, temporales y de lugar, sus límites, sus pérdidas y ausencias, sus victorias y derrotas. Un cine que sea presa no sólo de lo filmado, sino de su circunstancia, de aquello que está pero que no se ve a simple vista, de su esencia, de su sentir, de todo lo que con el tiempo será la película, fuera de lo que filma y sus motivos, sino de su legado. Un cine que está ahí para filmarse, a pesar de los pocos medios disponibles, a pesar de los contratiempos y circunstancias, a pesar de todo eso, es un cine que se filmará, y la mejor respuesta es la película de Íscar, porque está bien viva, con su claridad y detalle, sumergiéndose con los que desafían su respiración y su cuerpo frente a la inmensidad del mar y la falta de aire, esa actividad de la que no podemos prescindir por mucho tiempo, la cuestión para estos desafiadores es cuánto tiempo es. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Fredrik Gertten

Entrevista a Fredrik Gertten, director de la película «Breaking Social», en el marco del Documental del Mes, en Casa Gràcia en Barcelona, el miércoles 3 de abril de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Fredrik Gertten, por su amistad, tiempo, sabiduría, generosidad, y a Óscar Fernández Orengo, por retratarnos de forma tan especial, y al equipo de comunicación de DocsBarcelona, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Breaking Social, de Fredrik Gertten

PONERSE EN PIE. 

“Un cambio social real nunca se ha llevado a cabo sin una revolución… Revolución no es sino el pensamiento llevado a la acción”. 

Emma Goldman. 

El universo cinematográfico de Fredrik Gertten (Malmö, Suecia, 1956), tiene su base en lo humano, y por ende, en lo social, en lo político, en lo económico y en lo cultural. Un cine que mira atentamente a su alrededor, que mira a las personas y sus problemas, y no lo hace desde la condescendencia, ni el amarillismo y mucho menos desde el sentimentalismo. No, no hace nada de eso. Lo mira desde lo más cercano y cotidiano, situando su cámara a su altura, profundizando en sus historias de aquí y ahora, a partir de lo local para ir poco a poco llevándonos a lo más general, porque los problemas más íntimos siempre tienen un reflejo de aquello que no vemos, de aquello invisible, de aquello que finalmente te afecta en tu día a día. Un cine que investigue, que se interrogue, y sobre todo, que logre captar la atención de los espectadores que se hacen preguntas, que quieren saber, y que el cine provoque la ansiada reflexión, un pensamiento crítico con el sistema que padece, y les cambie de algún modo. El cine debería tener esa función, y el cine de Gertten la tiene, desde su modestia y nada pretencioso. 

Las películas del cineasta sueco han tocado muchos temas: la arquitectura como arte elitista o para el pueblo en El socialista, el arquitecto y la torre girada (2005), Bananas! (2009), donde exponía las injusticias de la multinacional estadounidense Dole Food Company, y su posterior secuela Big Boys Gone Bananas (2011), en que la citada compañía perseguía al cineasta para que no difundiera su película, Bicicleta Vs Coches (2015), exploraba la difícil convivencia entre los citados vehículos en las grandes ciudades, Push (2019), reflexionaba sobre el fenómeno de la gentrificación que expulsa a los vecinos de los barrios en pos a los lobbys inmobiliarios. Una serie de obras contestatarias, que miran la injusticia y la desigualdad y la muestran, y van mucho más allá, porque se encuentra con personas que se han agrupado y batallan contra esas grandes compañías invisibles y devoradoras de dinero. Y hace todo ese retrato y retratos desde la “verdad”, y no me refiero a una única verdad, sino a múltiples verdades en películas caleidoscópicas, en las que vemos diversas formas de lucha y acciones para cambiar las leyes mercantilistas. 

Con Breaking Social se ha adentrado en el mundo de esas grandes empresas que siempre están manejando los hilos del capitalismo, pero que nunca vemos, abriéndolas en canal, a través de de expertos que nos informan de sus infinitos tejemanejes y corruptos que, con la complicidad de los gobiernos, siguen enriqueciéndose impunemente, dejando un reguero de víctimas, aunque la película no muestra unos perdedores lamiéndose sus heridas, ni mucho menos, sino todos aquellos/as que se han puesto de pie, se han organizado y se han lanzado a las calles a batallar por sus derechos y por una sociedad donde prime la democracia, a los justos y no a los que han y deshacen a costa de quién sea. Como sucedía en Push, la película de Gertten empieza en lo local para ir abriéndose y mostrándonos múltiples realidades, que van desde un historiador holandés, que explica con detalle y un vocabulario transparente el modus operandi del mundo capitalista, una abogada estadounidense que describe la corrupción de su país, un inglés que trabajó para el mal y cuenta las argucias y triquiñuelas que vió, y una bailarina de danza chilena que baila en mitad de las movilizaciones en su país.

De lo concreto a lo grupal, a través de un grupo de trabajadores de Amazon que se asocian en un sindicato en EE.UU. para protestar contra las ilegalidades de la famosa empresa, los indígenas que luchan por devolver agua a sus tierras después de los desmanes de los poderosos, y todos aquellos y aquellas que se lanzaron a las calles de Santiago y todo Chile para parar tanta injusticia y violencia capitalista. A través de un extraordinario montaje que firma Benjamin Binderup, que dota de fluidez, armonía y ritmo a las diferentes imágenes y miradas de varios países. El gran trabajo de cinematografía de Janice D’Avila, habitual de Gertten, que muestra unas imágenes muy potentes, con esa pausa tan necesaria para mirar, entender, emocionarse y reflexionar sobre lo que vemos y cómo lo vemos. Breaking Social es una película que agita conciencias desde el alma, la palabra y el pensamiento, podríamos decir que es una obra sobre política, o mejor dicho, es una película que sitúa la política en primer persona, la que deciden las personas de abajo, y no esa otra, que dirigen las grandes corporaciones imponiendo sus normas y su codicia frente a los trabajadores, que acaban siendo meras marionetas que tienen trabajos precarios y gastan para mal vivir. 

Estoy convencido que si el sistema económico estuviese construido por y para y desde las personas, desde sus necesidades, desde sus deseos e ilusiones, desde lo que somos, una película como Breaking Social no debería existir, porque las cosas serían de otra manera y ahora mismo, no estaríamos hablando de estas cosas y más allá. Así que, si existe una película como esta, y desafortunadamente, no hay muchas películas como la que nos ocupa, porque son películas incómodas, protestonas, cintas que también ayudan a levantarse y salir a la calle, porque nos nos indica que hay muchas cosas por mejorar, y cada día hay más, por eso esta película es de obligada visión por todos y todas, y sobre todo, dirigidas a los pesimistas y los depresivos con la sociedad, porque es hora de despertar y salir a gritar y luchar, porque el sistema, siempre maligno, nos quiere adormecidos, tristes y sin esperanza, porque enfermos es más fácil manejar a la muchedumbre, no seamos populacho, sino personas que nos agrupamos para ser más fuertes, más valientes, más decididos y sobre todo, más humanos que, hasta eso, lo estamos perdiendo. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Laura García Andreu

Entrevista a Laura García Andreu, directora de la película «Domingo Domingo», en el Casa Gracia Hotel en Barcelona, el viernes 2 de febrero de 2014.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Laura García Andreu, por su tiempo, sabiduría, generosidad y a Pepe Andreu de Suica Films y el equipo de comunicación del Documental del Mes, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Domingo Domingo, de Laura García Andreu

EL AGRICULTOR Y EL NEGOCIO DE LAS NARANJAS. 

“Nos educan para ser productores y consumidores, no para ser hombres libres”

José Luis Sampedro

Se cuenta la vida de Domingo Domingo, un agricultor de Les Alqueries (provincia de Castellón), una de las zonas del mundo donde más naranjas se cultivan. Aunque los tiempos han cambiado y ahora, la industria de las naranjas está sujeta a cuatro multinacionales que patentan un tipo de fruto y los agricultores para producirlo deben pasar por caja. Un “mercado libre” impuesto por unos privilegiados al que llaman las necesidades del mercado. Una falsedad, un cinismo y un desastre en el que se sostiene cualquier industria de este planeta. Aunque, Domingo no se detendrá ante semejante ultraje, y creará una variedad en su huerto para crear una patente. Una tarea que no le resultará nada fácil, porque debe compaginar con su trabajo de obrero, y además, su peculiar carácter solitario y fuerte, que le hace un ser muy diferente al resto de sus vecinos, alguien que no se hunde jamás, que siempre encuentra la mejor forma de afrontar con actitud y perseverancia todos los obstáculos de la vida y de su pasión, vivir de su huerto de naranjos. 

Segundo trabajo de la valenciana Laura García Andreu, después del interesante [M]otherhood (2018), que codirigió junto a Inés Peris Mestre, sobre un grupo de mujeres que exponían las razones de su decisión de no tener hijos, cuestionando todos los prejuicios y convencionalismos sobre la maternidad. Para su segunda película, que recibe el título del nombre de su singular protagonista, Domingo Domingo, escrita junto a Arunas Matelis, del que vimos su película Gregarios, maravillosos perdedores (2017), también coproductor del film, que también se vio en el Documental del Mes, es una película-retrato que a partir de un tono ligero y nada trascendente habla de un conflicto muy profundo y complejo como es la dictadura de las grandes multinacionales frente a los pequeños productores, en este caso el de las naranjas. No es una película triste y lacrimógena, nada de eso, porque es una película que expone un tema duro y difícil, pero lo hace recorriendo diferentes texturas y marcos, es decir, tenemos la película social, no de denuncia, aunque de eso algo, también hay antropología, una mirada de ver lo que fue el trabajo de agricultor reflejado en lo que es ahora, con esos cuatro mayores que se reúnen en el bar para la tertulia, y cómo no, la comedia con resonancias a la italiana, que miraba los problemas de los de abajo, así como, la comedia negra de Berlanza-Azcona, y esa más ligera, pero igual de contundente, como la de Lazaga y Ozores, en las que se profundiza en los problemas de los empleados desde un prisma cómico e irónico. 

Una película ejecutada con destreza y brillantez con profesionales como el cinematógrafo José Luis González, recreando esa luz mediterránea tan bella y tan dura, la montadora Sara Marco Caballero, que condensa con ritmo y pausa los breves pero intensos 71 minutos de metraje, y la música de Alberto Lucendo, un extraordinario trabajo que va puntuando todo ese tono tan íntimo y tan social que tiene la película. Los tres cineastas que ya conocíamos de sus trabajos en excelentes cintas como Experimento Stuka (2017) y Lobster Soup (2020), del dúo Pepe Andreu y Rafa Molés, que aquí ejercen como productores a través de Suica Films. La película a parte de ser una auténtica cruzada de un humilde y sencillo hombre como Domingo por materializar su sueño, enfrentándose a los de arriba, es también un esplendoroso retrato de su protagonista, y el entorno en el que vive, con sus amigos, sus trabajos, y sobre todo, un tiempo devastador para el campo en que las naranjas vienen de la otra parte del mundo y las de aquí, los pocos que lo consiguen, se van fuera, y los que quedan, como Domingo, deben sufrir sin necesidad de supervivencia sometidos a los precios bajísimos de los mediadores. Un desastre total. 

Domingo Domingo, de García Andreu que desprende el mismo aroma que tenía Los tomates escuchan a Wagner (2019), de Mariana Economou, otra del Documental del Mes, y con Camagroga (2020), de Alfonso Amador, que también ponía el foco en el deterioro de la huerta valenciana. Estamos ante una película nada cómoda ni contemplativa, porque sus tiros van hacia otro lado, a mirar el problema desde lo humano, a ras de tierra, desde Domingo y su trabajo, su determinación y su ilusión. Vemos mucha tragedia emocional y física, pero también humanismo con la figura de Domingo, sí, esa palabra que tanto se usa y malgastada. Estamos ante un anarquista de aquí y ahora, un tipo alejado de los convencionalismos y dispuesto a pelear por lo que considera suyo. Quizás la película muestra lo lejos que estamos de tener la mentalidad y el espíritu de su protagonista, porque la mayoría baja la cabeza y acepta unas condiciones salvajes impuestas por el dichoso mercado, eso dicen, aunque son condiciones miserables que imponen los privilegiados de siempre, que llueva o haga calor, ellos a lo suyo, a seguir explotando a los de abajo, porque es la única manera de hacer mucho dinero, una tristeza. Nos quedamos con Domingo y su entusiasmo, porque aunque no gane la batalla, eso es indiferente, lo importante es presentar pelea, no aceptar y seguir soñando no con un mundo mejor, sino con una vida mejor, que eso sí es posible, y por favor, no dejen que les embotellen, y sigan creyendo que es posible, porque es posible. Deténganse y piénsenlo. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Clare Weiskopf

Entrevista a Clare Weiskopf, codirectora de la película «Alis», en el marco del DocsBarcelona, en el hall del CCCB en Barcelona, el jueves 25 de mayo de 2023.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Clare Weiskopf, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a mi querido amigo Óscar Fernández Orengo, por retratarnos con gran talento, y a Ana Sánchez de Trafalgar Comunicació, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.