Presentación de la programación Filmoteca Catalunya 2025 y Balance 2024, con la presencia del director de la institución, Pablo La Parra Pérez y Sònia Hernández Almodóvar, Consellera de Cultura, en la Filmoteca en Barcelona, el martes 17 de diciembre de 2024.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pablo La Parra Pérez y Sònia Hernández Almodóvar, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Jordi Martínez de Comunicación Filmoteca, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.
“La esperanza es como el sol, que si bien se pone al final de cada día, vuelve a salir cada mañana”.
Charles Dickens
Érase un pueblo de Irlanda. Uno de esos pueblos que para nosotros no tendrá nombre. Uno de esos pueblos en los que conoceremos a cinco personas: un viudo con dos hijos pequeños, una madre soltera con tres hijos, una mujer sola que imagina una vida que no tiene, un obrero que vive sólo junto a su perro y una señora que está sola en su casa y con sus recuerdos. La película se llama Una Navidad para todos (“So This is Christmas”, en el original) de Ken Wardrop (Portarlingron, Irlanda, 1973) y nos cuenta la vida de unas personas tan cercanas como nosotros. Cinco miradas a la soledad. Cinco individuos que, a pesar de los palos vitales, siguen cada día tirando del carro. La acción arranca a finales de noviembre, un mes vista del día de Navidad, donde el bullicio de las calles, el trasiego de gente preparando y comprando la comida y los consabidos regalos hacen de la pequeña ciudad un hervidero de entusiasmo y alegría. La película no va en contra de la Navidad ni mucho menos, si no que nos explica las cotidianidades de estas cinco almas en las que la vida se ha vuelto difícil, algo amarga y llena de ausencias.
El cine de Wardrop se construye a partir de las complejidades de las relaciones humanas, de todo aquello que somos y lo que no, y cómo nos relacionamos con los otros. En su cine ha hablado de temas como los hombres que han pasado por las vidas de un grupo de mujeres en His & Hers (2009), de la masculinidad y la relación con sus madres en Mom and Me (2015), Making the Grade (2017), sobre la educación. Historias que rescatan la sencillez y la naturalidad de las personas anónimas y las vicisitudes de sus vidas. En Una Navidad para todos, no relega el humor, todo lo contrario, la película está impregnada de humor para contarnos vidas muy duras, llenas de presencias y sobre todo, de ausencias, de personas perdidas en una especie de limbo entre la vida y la muerte, que deben seguir viviendo a pesar de los pesares, a pesar de los que ya no están, a pesar de ellos mismos. Tiene el aroma de la mejor literatura dickensiana y el gran cine humanista británico, del que hacen hecho Loach, Leigh, Frears, Sheridan y Andrea Arnold, entre otros, donde encontramos miradas a esos barrios obreros ingleses en los que la realidad se palpa en cada espacio, habitados por personas que se levantan cada día intentando que sus existencias sean mejores, o al menos no vayan a peor.
La magnífica cinematografía de Narayan Van Maele, a través del 35mm que ayuda a crear ese efecto atemporal que ayuda a no revelar el lugar concreto donde ocurre la trama, y sobre todo, esa cercanía e intimidad que tanto busca la historia, en que las personas/personajes están al lado nuestro, con esa cámara que es uno más, un observador que mira sin molestar, que entra en sus vidas, en sus casas con precisión y detalle. El montaje de John O’Connor construye en sus reposados 86 minutos de metraje, un relato sin prisas y con mucha pausa cada retrato en el retrato de la Navidad, lo que no vemos ante tantas luces y destellos y fluorescentes parpadeantes, la realidad que se oculta de los demás, las tantas vidas que van de aquí para allá. El cineasta irlandés quiere que nos detengamos, y las miremos y no las juzguemos, la cinta no lo hace, sino que las trata con honestidad y humanidad. La cinta es un retrato de cinco personajes en situaciones muy duras y emocionalmente difíciles de digerir, pero la película no cae en el tremendismo ni mucho menos en la sensiblería, sino que opta por desenterrar la esperanza de cada uno de ellos, desde lo sincero y la transparencia.
Resulta muy acertado estrenar una película como Una Navidad para todos en este período, y no lo digo porque sea contraria a la Navidad, ni mucho menos, eso sí, nos habla de los valores de este período, como se menciona en el maravilloso arranque de la película con los niños y el párroco y la sorprendente llamada telefónica. Unos valores como la esperanza y la tristeza y soledades compartidas, muy alejados de los valores mercantilistas y de consumo estúpido en los que se ha envuelto la Navidad, un período de derroche inútil donde prevalece la apariencia y el materialismo y el individualismo y la desigualdad más imperantes de la débil y torpe condición humana. La película de Wardrop es un toque de atención, es una llamada al orden humano, a dejar de seguir girando en esta rueda vacía de gastos y más gastos y prisas y egos sin sentido, y volver, si alguna vez hemos estado, a esa idea de fraternidad y hermandad, aunque sólo sea por unos días, quizás un tiempo, donde no nos miremos tanto al ombligo ni al éxito, que vaya usted a saber qué diantres es, y seamos más humanos, pero de verdad, un poco más, y que no se nos olvide, que el mundo y la sociedad de la formamos parte seguro que nos lo agradece y sobre todo, nosotros mismos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“La reconciliación es una decisión que se toma con el corazón”.
Ingrid Betancourt
De las cuatro películas que he visto de Adrián Silvestre (Valencia, 1981), el retrato es el germen desde el que se van construyendo las historias. Con su debut Los objetos amorosos (2016), nos hablaba de desarraigo y amor en los cauces de la ficción. En sus dos siguientes largometrajes, el documental era el vehículo para contarnos sendos retratos sobre el universo trans, uno colectivo en Sedimentos (2021), en el que descubrimos a diferentes mujeres trans, con su historias e inquietudes, e individual en Mi vacío y yo (2022), en el que Raphi nos contaba en primera persona su vida y presente. Con Hágase tu voluntad, sin dejar el retrato, el cineasta valenciano hace una vuelta de tuerca en su cine, porque se refugia en su intimidad y nos habla en primera persona de él y su difícil relación con su padre Ricardo, al que lleva 23 años sin ver. Una película sobre un padre vividor, independiente y hedonista que se separó de su madre, se ennovió con una mujer que años después muere, y ahora, con más de setenta años, enfermo, solo y depresivo tiene la necesidad de volver a estar con sus hijos.
La película va de frente y de la mano del propio cineasta que se abre en canal y nos retrata su relación con su padre, totalmente inexistente durante más de 20 años, y la intención de romper esa distancia y volver a hablar a su padre. Silvestre construye un íntimo y sensible viaje emocional que nos habla de pasado tortuoso y presente reconciliador, tratando temas muy complejos como la necesidad de recuperar al otro, las dificultades de los procesos de reconstruir vínculos personales y familiares, temas importantes como el derecho a morir dignamente y todo lo que genera en el entorno familiar como su madre, su hermana y el otro hermano mucho más reacio en la relación con el padre. La película se cuenta a través de un año más o menos, acorde con las visitas de Adrián, arrancando en verano con las fiestas de moros y cristianos, siguiendo en invierno con las navidades y después con la semana santa y demás. Un tiempo de diálogo, de recordar el pasado, la infancia, los que ya no están y demás cuestiones algunas demasiado dolorosas y oscuras. Silvestre, como nos tiene acostumbrados, no se regodea en la sensiblería ni nada que se le parezca, sino que confronta las diferentes emociones para compartirlas y sobre todo, mirarse frente a frente para contarse todo aquello que no se ha contado.
La película tiene un brillante trabajo técnico empezando con la exquisita y cercana cinematografía de Lara Vilanova, en su primer trabajo con el director, después de sus trabados con Diana Toucedo, Alba Sotorra y Estibaliz Urresola, entre otras, en el que prevalece la naturalidad de los encuadres y esa distancia necesaria para que los diversos encuentros mantengan su delicadeza e importancia. Así como el gran trabajo de sonido firmado por Natxo Ortuzar, toda una institución con casi 80 trabajos entre los que destaca su trabajo con el fallecido Ventura Pons, estupendos documentales como Quinqui Stars y Descubriendo a José Padilla, y series recientes como La mesías y Mano de hierro, y Mafalda Alba, con películas tan esenciales como La maternal, y la música natural de Diego Pedragosa, bien acompañada por ese monumento como “Hosanna in Excelsis”, de Óscar Navarro González, que se escucha un par de veces, y el clásico de música festera “Ximo”, y el popular “Ramonet, si vas a l’hort…”, entre otros. Un magnífico montaje de Júlia R. Aymar, que conduce con ritmo y detalle todo el entramado emocional que explica en sus 98 minutos de metraje.
La cuarta película de Adrián Silvestre es ya desde su especial título Hágase tu voluntad, un viaje de retorno, un viaje que nos propone mirar al otro, enterrar el pasado y reiniciarse de nuevo, dando y dándose otra oportunidad más, porque sí hay vida, hay otra posibilidad, donde el cine de Silvestre ha ido mucho más allá, desde su exposición porque el propio cineasta es el propio protagonista de su película junto a su padre Ricardo, que nos habla de lo que fuimos, de lo que somos, del eterno presente en el que existimos, de los errores del pasado y de las reconstrucciones en el presente, de cómo nos queremos, muchas veces muy mal, y de cómo se puede encontrar la forma de quererse o al menos, hablar para compartir y alejar el rencor y el dolor. Una película sencilla en su tono y atmósfera pero tremendamente compleja en todo lo que muestra y encierra en sí misma, dónde documento y cine se dan la mano, en el que el aparato cinematográfico también puede ser un elemento ideal para recrear la vida, la muerte y los sueños o lo que percibimos del más allá, porque el cine, como mencionaba Johan van der Keuken (1938-2001) en su excelente film Las vacaciones del cineasta (1974), es el único medio capaz de mostrar en un mismo plano la vida y la muerte, tal y como ocurre en Hágase su voluntad y su inolvidable final, donde todo ese reencuentro entre Adrián/Cineasta con su padre Ricardo tiene sentido en ese instante. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista al cineasta Alfonso Ungría, con motivo de la presentación de su libro «Memorias: Del cine en la transición», en la Filmoteca de Catalunya en Barcelona, el miércoles 17 de enero de 2024.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Alfonso Ungría, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Jordi Martínez de comunicación de la Filmoteca, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Encuentro con el cineasta Béla Tarr, en el marco del ciclo de su obra, junto a Esteve Riambau, director de la Filmoteca, en la Sala Laya de la Filmoteca de Catalunya en Barcelona, el martes 9 de enero de 2024.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Béla Tarr, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a la inmensa labor de la intérprete, y a Jordi Martínez de comunicación de la Filmoteca, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Presentación de Pablo La Parra Pérez como nuevo director de la Filmoteca de Catalunya, junto a Natàlia Garriga, Consellera de Cultura de la Generalitat de Catalunya, en Bar La Monroe, en Barcelona, el viernes 19 de julio de 2024.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pablo La Parra Pérez y Natàlia Garriga, por su tiempo, sabiduría, y a Jordi Martínez de comunicación de la Filmoteca, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Philipp Engel, comisario de la exposición «Suburbia. La construcción del sueño americano», en el CCCB (Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona) en Barcelona, el viernes 26 de julio de 2024.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Philippe Engel, por su tiempo, sabiduría, generosidad y amistad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“Siempre he preferido el reflejo de la vida a la vida misma. Si he elegido los libros y el cine a la edad de once o doce años, está claro que es porque prefiero ver la vida a través de los libros y del cine”.
François Truffaut
Cuenta la historia la existencia de Martín que dejó su Palma natal para ser director de cine en Madrid. Después de trabajos como ayudante de dirección, algún que otro cortometraje premiado y un largo que nunca llegó a materializarse, volvió a Palma y se refugió en su autocompasión, en su derrota y nada más. Quisó el destino que el cine volviese a su vida mediante unas clases para jóvenes. De forma apática Martín volvió al cine o a una manera de volver a su sueño, eso sí, de otra manera, y desde otro ámbito. Un paseo por el borne, la ópera prima de Nick Igea (Palma de Mallorca, 1974), después de cuatro cortos, nace a partir de un guion coescrito por Zebina Guerra (coguionista junto a la directora Marta Días de Lope Díaz de sus dos largos, y cocreadora de la serie L’última nit del karaoke), Elio Quiroga, director de la cult movie Fotos, La hora fría y La estrategia del pequinés, entre otras, y del propio director, nos cuenta la existencia de muchos directores frustrados acompañados de muchos sueños olvidados, y sobre todo, de fantasmas que deambulan sin más, que están y no están como le ocurre a Martín, alguien que soñó con hacer cine y ahora, ya no tiene sueños y mucho menos, ilusión por la vida.
La película toca de pleno el cine, en todo lo bueno que tiene y también, lo malo, en todo aquello que nos hace soñar y actúa como refugio para muchos espectadores que encuentran en el cine una forma de escape y sobre todo, de vivir. También tiene el lado oscuro, el de una industria muy elitista y mercantilizada, como la sociedad misma, en la que hacer cine se convierte en una quimera y en una resistencia y muy precaria. La cinta de Igea no esconde su modestia y hace de ella su principal virtud, porque cuenta un relato sencillo, sin estridencias ni artificios, lo más transparente y claro posible, a partir de un tipo como Martín, alguien retirado del cine, alguien que tiró la toalla hace años. Y no construye su pericia desde la falsedad y el consabido positivismo de pandereta, la película rezuma verdad, situándose en lo íntimo y profundo, sin edulcoramientos, sin pretensiones, y mostrando una realidad del cine, hay muchas más, pero el director ha elegido esta y dentro de sus torpezas propias de la primera vez, el conjunto tiene sensibilidad, se esfuerza en contarnos una historia cercana, y además, dice muchas de las verdades elitistas de mucho cine de nuestro país, que parece ensimismarse en una burbuja que nada tiene que ver con la realidad social, económica y cultural del país.
Una cinematografía natural e íntima que firma Adolfo Morales “Fofi”, que ha trabajado en los equipos de cámara con Vicente Aranda y Agustín Díaz Yanes, nos acerca una localización como Palma, mostrando una realidad social alejadísima del turisteo estúpido que invade la isla, donde hay mujeres de la limpieza de hoteles, mozos de equipaje, vendedores de hamburguesas y una muestra de los habitantes de la ciudad. El pausado y nada artificioso montaje de Azucena Baños, que ha trabajado en series como El barco, Vis a vis y Estoy vivo, entre muchas otras, y en films como Alimañas, ayuda a contar sin prisas y tranquilidad una historia sobre el encuentro entre alguien que no quiere oír hablar de hacer cine frente a unos jóvenes que su sueño es hacer cine, como sea y dónde sea. La música intimista y tranquila de Miguel Ángel Aguilló, que estuvo en el premiado cortometraje Woody & Woody, y en documentales como Milicianas y Vivir sin país: El exilio rohingya, actúa como acicate para un personaje principal solitario y hundido en sus recuerdos y su tristeza, un tipo que volvió al hogar o lo que queda de él, como aquellos vaqueros cansados de todo y todos.
Un estupendo reparto encabezado por un gran Rodolfo Sancho como Martín, muy alejado de sus últimos roles, metiéndose en la piel de un tipo sin vida, un especie de zombie sin ilusión ni nada, que las clases de cine significarán su último tren, o por lo menos, una oportunidad de volver al cine después de tantos años. Le acompañan la juventud de Tábata Cerezo que hace de una entusiasta de la fotografía y fan de las frases célebres, Roque Ruíz es el joven que sueña con ser director de cine, Lluís Oliver es el escritor a pesar de la imposición paterna de convertirse en abogado, y las más veteranas como Ruth Gabriel, ejerciendo de alma mater de los jóvenes ante una oportunidad de oro en su vida, y la presencia de la siempre interesante Natalia Verbeke haciendo de sí misma. Un reparto bien escogido y mejor llevado, un guion que se mueve dentro de lugares y atmósferas y tonos que se conocen al dedillo, y unas pequeñas historias que se encargan de enfadarnos, emocionarnos y sobre todo, de reflexionar sobre el hecho de vivir, del cine como reflejo de la vida, el cine como refugio para vivir y sobre todo, el cine y la vida como unidos ante los conflictos emocionales que nos acechan constantemente. Con todo lo mencionado, la película Un paseo por el Borne, que hace referencia a un pequeño paseo que ayuda al protagonista a aclarar sus dudas, no debería pasar desapercibida porque lo único que pretende, si es que pretende alguna cosa, sólo sea esa, la de mirar la vida y el cine, y viceversa, y reflexionar un poco, ya sea de paso. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista al cineasta Wang Chao, con motivo de la retrospectiva, en el marco del Asian Film Festival Barcelona, en Casa Asia en Barcelona, el martes 31 de octubre de 2023.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Wang Chao, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Josep Casaus de comunicación del festival, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Luciana Grasso, actriz de la película «Vera y el placer de los otros», de Federico Actis y Romina Tamburello, y de la obra de teatro «Como si pasara un tren», de Lorena Romanín, en la Sala Versus Glòries en Barcelona, el jueves 23 de mayo de 2024.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Luciana Grasso, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Óscar Fernández Orengo, por retratarnos de forma tan especial. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA