Entrevista a Lois Patiño, director de la película «Samsara», en el Hotel Seventy en Barcelona, el lunes 11 de diciembre de 2023.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Lois Patiño, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Katia Casariego de Revolutionary Press, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“Un sentimiento que a él le gustaría llamar la sensación de la “eternidad”, un sentimiento de algo ilimitado, infinito, por así decir “oceánico”.
Sigmund Freud
En un momento fascinante y revelador de ese prodigio que es la película Las vacaciones del cineasta (1974), de Johan van der Keuken, el propio cineasta menciona la grandiosidad del aparato cinematográfico cuando revela que: “El cine es el único arte que tiene la capacidad de mostrar la vida y la muerte en un solo plano”. En Samsara, el tercer largometraje de Lois Patiño (Vigo, 1983), la idea no es solo mostrar la vida y la muerte, y la fragilidad que las separa, sino en materializar ese tránsito entre esos dos estados. Filmar lo invisible, aquello que no es perceptible para nuestros sentidos, y lo que nos propone es una experiencia radical, sí, pero también, una experiencia diferente, la de cerrar los ojos literalmente, y que las imágenes que nos vemos se posen en nuestros párpados y se conviertan en esa pantalla oculta. Una pantalla que nos irá guiando por esos sensitivos 15 minutos, convertidos en un interludio que devuelve el cine su magia, su parte espectral, donde las cosas que no vemos son tan o más importantes que las que vemos, o lo que es lo mismo, las imágenes que vemos y las que no, sobre todo, estás últimas, son el vehículo que nos ayuda a ver lo que no vemos.
Los que conocemos la trayectoria de Patiño no nos sorprende en absoluto ese nuevo capítulo en su filmografía, porque desde que vi Montaña en sombra (2012), una pieza de 12 minutos donde el paisaje de montaña nevado mientras veíamos a unos diminutos esquiadores, ya nos daba cuenta de la mirada de un cineasta que profundiza en la relación de humanos y el paisaje, donde en plano muy general, las cosas formaban figuras extrañas en que la experiencia sensorial y visual era toda una revelación. En Costa da Morte (2013), su ópera prima, nos mostraba ese lugar mítico desde otra perspectiva, a plano general, también, donde veíamos a mariscadoras en su tarea, mientras escuchábamos sus diálogos como si estuvieran a nuestro lado. Una experiencia inmersiva desde la lejanía que nos situaba en una zona de experiencia intuitiva y fascinante. En Lúa Vermella (2020), su cine entraba en otro estado, y nunca mejor dicho, y se planteaba la relación entre los marineros muertos en los naufragios que volvían en forma de espectros con los vivos, creando una nueva realidad donde conviven unos y otros en un espectáculo visual y sonoro magnífico.
Samsara coescrita por Gabiñe Ortega, coproductora de la cinta junto a Leire Apellaniz y Claudia Salcedo, y el propio Patiño, sigue la línea, o podríamos decir, que sigue en sintonía a lo que revelaba Lúa Vermella, pero ahora deja su tierra galega para viajar lejos o cerca, y llevarnos a dos tiempos, dos estados y dos formas de relacionarse con la vida y sobre todo, con la muerte, con esa interesante idea que todo formamos de un todo. Primero, estamos en Laos, siguiendo la experiencia del joven Amid, que lee a una anciana moribunda el Bardo Thodol o Libro Tibetano de los Muertos, y hace amistad con un joven novicio budista que llevará por el río Mekong junto a otros novicios hacia una gran cascada. Cuando muere la anciana, la película se adentrará en el “Bardo”, la realidad intermedia de la que habla el mencionado libro (experimentando esos 15 minutos que nos invitan a cerrar los ojos y a meditar), donde el cuerpo transita hasta la segunda parada del viaje, las playas de Tanzania, en que la nueva existencia se hará realidad en el cuerpo de una cabrita Neema, que significa “Bendición”, bajo la tutela de una niña que se llama Juwairiya. La película traza un magnífico espectáculo lumínico y sonoro, donde el tiempo se detiene, en que el relato se cuenta y se toma su tiempo para entrar en un estado diferente, en que nos detenemos y miramos la película.
La película nos propone un camino sinuoso, peor también relajado, más allá de nosotros y lo que conocemos, porque Samsara es una película para mirarla y contemplarla, porque sus imágenes contienen belleza y poesía, en que lo mítico y lo espiritual abordan cada mirada, cada gesto y cada instante, con una cinematografía doblada, ya que para Laos se encarga el gran Mauro Herce, y para Tanzania, Jessica Sarah Rinland, la directora de A imagen y semejanza (2019), con los destellos intermitentes de color estroboscópico que se posan en nuestros ojos cerrados, y filmada en 16mm con ese grano y textura, que consuma esa idea de atemporalidad y otro tiempo y ningún tiempo, en que la película no muestra una realidad, sino muchas, múltiples, y ninguna conocida, todas las posibles e infinitas no realidades de otros mundos, o mejor dicho, que pertenecen al mundo de los sueños, a lo inexplicable, a lo sublime, a lo otro. El vasco Xabier Erkizia se encarga del diseño de sonido y la música, esenciales en una película en la que estos dos elementos se convierten en lo que vemos o en las guías fundamentales para que nuestras mentes vean lo que no vemos. El formidable montaje que lleva la firma del propio director, es un virtuoso trabajo lleno de detalle, de ese ritmo pausado que no pesado, donde cada plano y cada encuadre vive y muere.
Patiño ha construido una película que va más allá de la propia experiencia cinematográfica, porque usa el cine para vehicular una experiencia elevadora que nos remite a los orígenes, cuando el cine era capaz de filmar lo invisible, materializar lo oculto, donde el universo de los vivos y los muertos se mezclaba y no éramos capaces de discernir entre uno y el otro. Samsara, de Lois Patiño es una alucinante película que fusiona lo doble, desde la convivencia de diferentes religiones como el budismo y el islamismo, dos universos, dos paisajes, dos formas de vida, dos pensamientos, la vida y la muerte en eterna convivencia, y ese otro estado, el llamado “Bardo”, y filma lo invisible, lo que no se ve, y para eso, mientras lo hace, nos invita a no ver, a ver más allá, a una relación íntima y sensorial y visual porque percibimos esos mencionados destellos. Una película que es más que una película, porque se sumerge en un estado emocional muy profundo, y lo hace con una herramienta infinita como el cine, dotándola un valor que muchos han olvidado o quizás, no saben que posee, porque Patiño no sólo ha mirado a eso que desconocemos: el tránsito entre los vivos y los muertos, sino que ha mirado mucho más allá, y se ha sumergido en aquello que no ve, aquello que siente o intuye, aquello que está y que sólo cerrando los ojos, como nos acuciaba Erice en su última película, estrenada apenas tres meses, porque hay cosas demasiado importantes que sólo podemos ver con los ojos cerrados. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Pedro Aguilera, director de la película «Splendid Hotel: Rimbaud en África», en el Zumzeig Cinema en Barcelona, el viernes 15 de diciembre de 2023.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pedro Aguilera, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Óscar Fernández Orengo, por retratarnos de forma tan especial, y a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Milo Taboada, actor de la película «El maestro que prometió el mar», de Patricia Font, en el Parc de l’Estació del Nord en Barcelona, el jueves 23 de noviembre de 2023.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Milo Taboada, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Katia Casariego de Revolutionary Press, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Borja de la Vega y Claudia Traisac, director y actriz de la película «La última noche de Sandra M.», en los Cinemes Girona en Barcelona, el martes 12 de diciembre de 2023.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Borja de la Vega y Claudia Traisac, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Toni Espinosa y Pere Vall de Cinemes Girona, y a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“La historia de mi vida no existe. No existe. Nunca hay centro. No hay camino ni trazo. Solo vastos espacios dónde debía haber alguien, pero no es así, no había nadie”.
Arthur Rimbaud
La primera imagen que vemos de Hotel Splendid: Rimbaud en África, de Pedro Aguilera (San Sebastián, 1978), es la de un caballo solitario en un paisaje desértico, mientras escuchamos la voz de Rimbaud, la que pone el actor Damien Bonnard, citando el texto que abre esta reseña. Una imagen reveladora e impactante, aún más, cuando entra en el encuadre el actor mencionado, vagando por ese árido espacio, como un alma en pena, o quizás, como alguien en continúa búsqueda de sí mismo, y si lo encuentra, vuelve a empezar otra vez la misma búsqueda infinta. El cuarto largometraje del cineasta donostiarra vuelve a ser un desafío como lo fueron sus anteriores trabajos: La influencia (2007), Naufragio (2010), y Demonios en tus ojos (2017), en la que indagaba en la psique humana, en todo aquello que ocurre en nuestro interior, en todo aquello que no vemos pero que está muy presente en nosotros. Un cine nada complaciente, que nos cuestiona, que nos sitúa en lugares incómodos, inquietantes y sobre todo, en esos espacios que siempre queremos evitar.
Aguilera nos sumerge en la existencia de Arthur Rimbaud (1854-1891), cuando después de publicar su famoso poema “Una temporada en el infierno”, en 1875, deja la poesía y parte al cuerno de África para convertirse en comerciante de armas y de todo tipo porque anhela riqueza para vivir. Vemos al poeta ahora sólo convertido en Arthur, en una tierra extraña, en un espacio físico que se materializa en su psique, en todos sus infiernos particulares, moviéndose de un lado a otro, intentando encontrar su mercancía que se retrasa, compartiendo sus días pesados y oscuros con las gentes del lugar, caminando de aquí para allá, en caballo observando su entorno. La obra de Joseph Conrad que ha inspirado a tantos otros, también se manifiesta en la película, porque este Rimbaud huyendo de sí mismo, alejándose de su París, dejando atrás al poeta, no está muy lejos de las criaturas que viajan por África de las novelas del polaco que escribía en inglés, ya sea aquel de El corazón de las tinieblas o aquel otro de Lord Jim. Hombres en busca de algo, que no saben qué es, en continua lucha contra sí mismos, encerrados en sus paranoias y emociones, construyéndose en ese bucle constante, sumergidos en un limbo laberinto del que no son capaces de encontrar la salida.
A partir de un guion nada convencional y tremendamente personal que firman Nathan Fischer, que además es coproductor, el propio director y la colaboración del intérprete Damien Bonnard, construido a partir de lo físico, en consonancia con esa voz del poeta, o de lo que queda del poeta, que reflexiona sobre sí mismo, sobre su situación, sobre lo que espera encontrar y la nada, o el vacío, esa vida errante que parece detenida o simplemente, sin rumbo o convertida en una performance donde el poeta quiere dejar de ser y ser lo que imagina, lo que siente, en un estado espiritual, emocional y siendo otro. El tema del doble que tanto ha tocado Herzog, e Isaki Lacuesta en sus filmes como Arthur Cravan y Los pasos dobles, que relataban las odiseas de dos artistas, películas que dialogan mucho con esta, ya que las dos nos hablan de viajes físicos y emocionales, en las que ambas consiguen introducirnos en esos elementos donde lo físico se integra en lo psicológico y en lo emocional, y en lo invisible. La factura visual de la película es otro gran aliciente porque tenemos a uno de los grandes, Jimmy Gimferrer, que me impresionó en Aita, de José María Orbe, Història de la meva mort, de Albert Serra y Born, de Claudio Zulian, entre otras, creando ese mundo que, en realidad, son todos esos mundos de Rimbaud, los físicos y los psicológicos, los que vemos y los que no, en un magnífico trabajo del gironí cinematógrafo, que también hace la música, una banda sonora orgánica, muy atmosférica y llena de otros tantos mundos, con la música adicional de Fernando Vacas, que hizo la de Tu hijo, de Miguel Ángel Vivas, y ya trabajó con Aguilera en Rediseñando el mundo.
Un exquisito montaje, lleno de digresiones, donde prima lo caleidoscopio, creando todo ese mundo, submundo y más, en el que vive o está el propio Rimbaud, que firma Sergio Vega Borrego, en el que nos van metiéndonos en todo esos universos límbicos en los que está y no está el poeta, en esos estupendos 79 minutos de metraje. Una cinta que juega a la construcción de la representación, como hace el cine de Serra al que hemos citado más arriba, que dialoga con su última película Pacifiction, como con el cine de Lisandro Alonso, necesitaba y más aún, un actor como Damien Bonnard, un tipo al que hemos visto en diferentes roles con directores tan alejados como Polanski, Ladj Ly, Lafosse, Lanthimos, Wes Anderson y Dominik Moll, que recuerda al Depardieu setentero que nos flipó en las películas poéticas de Duras, en Los rompepelotas, de Blier, el Novecento, de Bertolucci, con Ferreri, y en aquella maravilla de Loulou, de Pialat, entre otras. Su Rimbaud es alucinante, tanto en lo físico como en lo psíquico, que está muy cerca de Robinson, el protagonista de la citada Naufragio, un ser que camina junto a sus otros yo y sus fantasmas, creando ese hombre y su deterioro a todos los niveles, su pérdida de fe en su poesía, esa huida a ser otro, a olvidarse del poeta y ser poema, o incluso, a esa idea de buscarse en su interior e ir desapareciendo sin dejar rastro, metido en ese traje blanco, siendo y no siendo quién no quiere ser, metido en su confusión, en su limbo etéreo donde lo físico desaparece para ser otra cosa, algo invisible y presente a la vez.
Hotel Splendid: Rimbaud en África, de Pedro Aguilera nos sumerge en un viaje que se mueve por aquellos pliegues del cine y su artificio, en un relato que cuestiona cada paso y cada imagen, creando esos universos donde no hay huellas que podamos situarnos, sino todo lo contrario, nos van conduciendo a esos otros lugares y esos otros nosotros. Un cine que demuestra la grandísima diversidad del cine hecho por estos lares, aunque algunos no sepan verlo, allá ellos, porque estamos ante un cine que indaga, profundiza y cuestiona el propio cine y su materia, en el hecho de acercarse a una figura tan gegantina como Rimbaud, y hacerlo de esta manera, tan diferente, tan elevadísima del biopic convencional, tan igual a todos, aquí no hay nada de eso, porque la película nos propone un viaje en el que no hay vuelta posible, en que hay que estar dispuesta a vivir una experiencia donde se confabulan los géneros, porque hay drama, aventuras, terror, ciencia-ficción, entre otros, para redifinirlos y situarlos de forma natural y transparentes, donde todo convive de manera sencilla y honesta, porque el relato se cuenta y se cuenta desde lo más profundo, desde lo que no se ve, desde la fantasmagoría de los inicios del cine, devolviendo todo aquello que el cine parece haber perdido o no. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Laetitia Colombani, directora de la película «La trenza», en el Hotel Ikonik Anglí en Barcelona, el jueves 14 de diciembre de 2023.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Laetitia Colombani, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Françoise Galibert, por su inmensa labor en la interpretación, y a Lara P. Camiña y Eva Herrero de Comunicación, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“No me importa vivir en un mundo de hombres, siempre que pueda ser una mujer en él”.
Marilyn Monroe
La primera vez que escuché sobre la actriz Sandra Mozarowsky (1958-1977), fue en la novela “El asesino tímido”, de Clara Usón, publicada por Seix Barral en 2018. Conocí su trágico final en aquel fatídico martes 23 de agosto de 1977 cuando se precipitó desde su terraza en un cuarto piso y quedó en coma, falleciendo unos días más tarde. Sandra dejaba una filmografía de 21 títulos desde 1969, amén de una exitosa aparición en la famosa serie Curro Jiménez. A día de hoy, las circunstancias de su muerte siguen siendo un misterio. La segunda película de Borja de la Vega, después de la interesante Mía y Moi (2021), se centra en el último día de Sandra Mozarowsky, imaginando ese día, indaga sobre la parte emocional de una actriz de tan sólo 18 años que se tomaba un tiempo para estudiar y olvidarse del cine que sólo la usaba para mostrar su cuerpo en el cine del destape. El revelador y fascinante prólogo de la película, con el texto en que se nos explica que no estamos ante un biopic convencional, huyendo de la mera reconstrucción, y adentrándose en el campo de la ficción, en un espacio donde la trama juega a inventar, a escenificar ese última de Sandra M.
El director opta por un relato doméstico, encerrándonos en las cuatro paredes del piso de Sandra, un espacio en el que ella espera una llamada de su novio, al igual que sucedía en La voz humana, de Jean Cocteau, texto que adaptó Rossellini con la Magnani en 1948, e inspiró Almodóvar para Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), y más tarde adaptó con Tilda Swinton hace tres años. Mientras tanto llega “la llamada”, Sandra se despide de su madre, y recibe unas cuántas visitas: la de un periodista y fotógrafo para una entrevista, la de un señor inquietante que quiere hablar con ella, la de Inma, una amiga también actriz, y la de una mujer que viene con amenazas al igual que el hombre. Somos testigos de un día en la existencia de Sandra que huye de un cine demasiado facilón y de un amor imposible, estando con ella, mirándola en su intimidad, en su soledad, en sus reflexiones y sus sentimientos. El relato nos cuenta un trozo de esa vida muy joven, de alguien que empezó demasiado joven en un mundo que usaba a las mujeres para vender sus cuerpos, un mundo lleno de gentes que usaba y tiraba a las jóvenes actrices que convertían en meros objetos sexuales para enriquecerse en taquilla.
Estamos ante una película que consigue mucho con poco, una cinta muy trabajada en su cinematografía que firma Martín Urrea, que ha trabajado en los equipos de cámara para películas de Carlo Padial y Ramón Sálazar, que debuta en el largometraje de ficción con una luz acogedora y llena de misterio, porque pasamos de la luz a las tinieblas en una trama contenida, en un formidable juego de espejos en su forma y detalle. Un preciso y pausado montaje que firman Pedro Collantes, que firmó como director El arte de volver, y ha montado series policíacas como Antidisturbios y La novia gitana, entre otras, y Jorge García Soto, también con una experiencia en series, conducen en una edición reposada y llena de vericuetos emocionales en una trama que se va a los 88 minutos de metraje. Como la estupenda música de Marc Durandeau, que trabajó en La noche que murió Elvis, de Oriol Ferrer, que ayuda a envolvernos en esa cercanía de la joven protagonista, con sus continuos vaivenes e inquietud en la que está Sandra, en ese piso aguantando un calor infernal de agosto y una amenaza de un pasado que no la deja en paz.
La tarea de encontrar a la actriz que interpretase a Sandra no era trabajo fácil, pero De la Vega, representante y conocedor de actores y actrices, ha encontrado a su Mozarowsky en la piel de una magnífica Claudia Traisac, auténtica alma mater de la película, qué bien mira, cómo se mueve y la sensualidad, belleza y capacidad para transmitir toda la montaña rusa emocional en la que se encuentra, o podríamos decir, que sufre su personaje. Un personaje construido en ese día que a parte de ser “el día”, es cuando todo va a ocurrir. Las visitas acompañan para su tranquilidad y nerviosismo a Sandra, unas visitas que interpretan nombres poco conocidos pero muy competentes que no desentonan en absoluto formando una interesante terna en un gran acierto de cast de la película. Tenemos a Georgina Amorós como Inma, Núria Prims es la madre, Nicolás Lloro es un repartidor muy peculiar, Rafa Castejón y Pep Ambrós son el periodista y fotógrafo citados, Oriol Tarrason y Olaya Caldera son esos que vienen con malas intenciones, y Ramon Pujol, Bruno Sevilla y Bea Arjona son algunos compañeros de rodaje que aparecen en sus pensamientos. Volvemos a encontrarnos a Toni Espinosa que, a parte, de llevar los Cinemes Girona, también distribuye y coproduce como ya hiciese en Mía y Moi, ahora junto María Àngels Amorós y el actor Ricardo Gómez, uno de los protagonistas de la ópera prima de De la Vega.
No se pierdan La última noche de Sandra M. porque sin pretensiones ni artimañas, nos cuenta una parte muy oscura de aquella etapa de la transición y el cine del destape, insuflando humanidad a una joven que sólo quería ser actriz, y lo hace a través de Sandra Mozarowsky, y no alejándonos de las dudas y misterios de su muerte, sino que centrándose en ella, en sus deseos, ilusiones y frustraciones y tristezas de alguien que el cine le llegó demasiado joven, un mundo lleno de peligros que lidó como pudo y cómo sabía, y cuando decidió parar y empezar desde una posición más madura, más libre y siendo ella misma, se topó con su muerte. La película huye de la superficialidad, de la reconstrucción fidedigna, y opta por la ficción, opta por imaginar cómo fué a nivel emocional ese último día, situándonos en ese 23 de agosto de 1977, en un país que acababa de votar después del franquismo, un país todavía muy oscuro, un país haciéndose, un país machista, un país que usaba a mujeres y luego las tiraba, un cine que mostraba los cuerpos de las actrices sin ninguna impunidad, un país en el que jóvenes como Sandra Mozarowsky soñaban con hacer cine y no mostrar su cuerpo sin más. La película bucea en el interior de Sandra, en todo lo que nadie conocía, sin adentrarse en los hechos sino en lo que sentía una joven utilizaba que soñaba con convertirse en actriz como Ana Belén. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Albert Serra, director de la película «Pacifiction», de Albert Serra, en Andergraun Films en Barcelona, el lunes 3 de octubre de 2022.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Albert Serra, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a mi querido amigo Óscar Fernández Orengo, por retratarnos de forma tan especial, y a Montse Triola, productora de Andergraun Films, por su paciencia, generosidad, voluntad y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Pablo Berger, director de la película «Robot Dreams», en una placita en Poblenou en Barcelona, el lunes 27 de noviembre de 2023.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pablo Berger, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Ainhoa Pernaute de Revolutionary Press, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA