Entrevista a Velasco Broca, director de la película «Alegrías riojanas», en el marco del Sitges International Film Festival, en el Hotel Melià Sitges, el martes 11 de octubre de 2022.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Velasco Broca, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a mi querido amigo David del Fresno, por retratarnos de forma tan especial, y a Andrés García de la Riva de Nueve Cartas, por por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Pablo García Canga, director de la película «Las tierras del cielo», en el marco del D’A Film Festival, en el Hotel Regina en Barcelona, el sábado 25 de marzo de 2023.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pablo García Canga, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y al equipo de comunicación del Festival, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.
Entrevista a Clare Weiskopf, codirectora de la película «Alis», en el marco del DocsBarcelona, en el hall del CCCB en Barcelona, el jueves 25 de mayo de 2023.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Clare Weiskopf, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a mi querido amigo Óscar Fernández Orengo, por retratarnos con gran talento, y a Ana Sánchez de Trafalgar Comunicació, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.
“Quiero que cierres los ojos un momentico. Vas a imaginarte a una compañera tuya. Tiene 15 años. Se llama Alis. Te la vas a inventar”.
En un mundo cada vez más saturado de imágenes vacías, masticables y muertas, el cine debería ser el reflejo para mirarnos y reflexionar sobre nuestro entorno, dotando de valor a cada imagen, tratándola con respeto, y sobre todo, generando ese espacio para mirar con tiempo, profundizando en esos temas que nos remueven, que nos hagan despertar y activarnos ante tanta degeneración visual. Alis, la tercera película del tándem Clare Weiskopf y Nicolas van Hemelryck, ubicado en Colombia, es un buen ejemplo sobre lo que acabo de explicar. Porque hace que el cine, ante la marabunta estúpida de imágenes, recupere su valor y su grandeza, y lo hace desde la sencillez más absoluta, a partir de un dispositivo doméstico y humilde, filmando a un grupo de jóvenes adolescentes que sus padres no pueden atender y viven en un internado “La Arcadia”, situado en Bogotá (Colombia). A través de planos fijos y una mirada a cámara, bajo la apariencia de una entrevista, de forma directa y transparente, bajo la apariencia de imaginar a una compañera que se llama Alis.
A Weiskopf y van Hemelryck los conocimos cuando inauguraron el DocsBarcelona en 2017 con Amazona, estupendo trabajo que filmaba el reencuentro de la propia directora con su madre después de años de ausencia de esta, en plena selva amazónica, donde lo humano y el paisaje se iban entrelazando. Para su segundo trabajo en conjunto, donde coproducen, coescriben y demás, construyen un guion junto a Tatiana Andrade, los editores Anne Fabini y Gustavo Vasco, que nace a partir de los Talleres de Cine que llevan a cabo desde hace cinco años en la citada “La Arcadia”. Estamos ante una obra dura pero llena de esperanza, que no embellece ni tampoco es condescendiente, que va muchísimo más allá del reflejo de una realidad muy dura para sus jóvenes protagonistas, que arrastran situaciones muy oscuras y traumáticas, pero la idea de la pareja de cineastas no es construir una película descarnada y sin concesiones, sino hacer una obra que ante todo visibilice a estas adolescentes y les dé ese calado humano que se les ha negado hasta ahora, y sobre todo, que las conozcamos a través de su intimidad, sus sueños, sus imaginaciones y sus futuros. Una forma nada artificial, firmada por el cinematógrafo Helkin Rene Diaz, especializado en documental, filmando a sus protagonistas de verdad, sin trampa ni cartón, construyendo un diálogo, donde la palabra prime, donde cada testimonio sea directo, que salga del alma, sin cortapisas, en libertad y sobre todo, profundizando en ellas mismas a través de Alis, esa compañera imaginaria que va a ayudarlas a llegar donde nunca habían llegado.
Un montaje de sólo 84 minutos, reposado y nada estridente, sino conservando ese tempo preciso esencial para que las vayan sin prisas, firmado por dos grandes como Fabini, de la que vimos Of Fathers and Sons (2017), de Talal Derki, que también se pudo ver en el Documental del Mes, y la más reciente Algún día nos lo contaremos todo, de Emily Atef, y Vasco, una pieza fundamental en la cinematografía colombiana, porque ha editado películas de luis Ospina, Rubén Mendoza, Ciro Guerra y Laura Mora, entre otras. No podemos olvidar el papel que juega la música desde los títulos escogidos, y la creación del dúo chileno Miguel Miranda y José Miguel Tovar, que tienen en su haber a cineastas como Andrés Wood, Patricio Gúzman, Maite Alberdi, y muchos más. La obra de Weiskopf y van Hemelryck es cine social y político muy potente, y sumamente reflexivo y contundente, y no lo hace como mucho cine social de etiqueta que muestra hasta la indecencia la miseria con el fin de no sé qué, la “Porno miseria”, que acuño el mencionado Ospina junto a Carlos Mayolo en su imperdible Agarrando pueblo (1977).
En Alis hay un gran respeto hacia estas jóvenes que están siendo filmadas y con las que se establece un diálogo de frente, face to face, sin artificios ni engaños, y lo hace a través de un juego haciendo un ejercicio de imaginación, de fabulación, de expresión, siendo ellas mismas, siendo lo que sus duras vidas y circunstancias les ha negado, la ilusión de imaginar un futuro, de imaginar otras vidas, otras niñas, otros amores, otras familias y en fin, otras formas de ser, pensar, y hacer. Una película llena de grandes aciertos y de ideas, porque no oculta nada de su armazón cinematográfico, y a veces, se desnuda literalmente, y estamos ante una ensayo sobre el cine, sobre la forma de encontrar el dispositivo en el cine documental, o asistimos a algunas de las sesiones de los talleres de cine que llevan a cabo en el centro, un lugar que nos van mostrando a partir de sus rutinas, sus habitaciones, sus bailes y sus relaciones e interacciones, sin la recurrente voz en off que en este caso no hace falta, porque la película quiere contar a través de la palabra de sus protagonista, interviniendo lo justo y necesario, otorgando todo: voz, cuerpo, sentimientos a sus jóvenes protagonistas, transmitiendo esa idea humanista que a pesar de las heridas siguen siendo personas con voz y se les da esa voz que nunca han tenido, porque a pesar de todo, siguen estando aquí con sus historias. No dejen de ver una película como Alis, de Clare Weiskopf y Nicolas van Hemelryck, porque a través de la oscuridad y el dolor, construyen una película humanista, que abre un espacio de escucha, de compartir, y de reconstrucción de almas heridas. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Giacomo Abbruzzese, director de la película «Disco Boy», en el Instituto Francés en Barcelona, el lunes 11 de diciembre de 2023.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Giacomo Abbruzzese, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Óscar Fernández Orengo, por retratarnos con tanto talento, a Luca Di Leonardo y a Violeta Cussac de Madavenue, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Frase de “El corazón de las tinieblas”, de Joseph Conrad
Hay abundante cine bélico, pero hay muy poco que nos hable de la guerra desde las dos miradas en ciernes, es decir, que nos muestre los dos puntos de vista, que no solo nos hablen del invasor sino también del invadido, que la mirada no sea únicamente de aquí, sino también del de allá. Disco Boy, la ópera prima de Giacomo Abbruzzese (Taranto, Apulia, Italia, 1983), con formación en la prestigiosa escuela de cine Le Fresnoy, es una de esas películas que nos habla directamente de la guerra, pero huye de las escenas bélicas para adentrarse en el alma de los combatientes, de los verdugos y víctimas a la vez, y lo hace de una forma muy estética, pero sin caer en el efectismo ni mucho menos en lo bello, sino en lo que no vemos, en el alma de los soldados. Un face to face que junta a un legionario francés, que es un inmigrante bielorruso llamado Aleksei (del que somos testigos de su periplo hasta llegar a Francia, en un inmenso prólogo), y por el otro lado, tenemos a un guerrillero convertido en activista ecologista en el río Níger que recibe el nombre de Jomo.
Una historia que arranca en un bus de bielorrusos con destino a un partido de fútbol. Dos de ellos, el mencionado Aleksei y Mikhail, dos jóvenes que ven en Francia y su legión una forma de huir para encontrarse con un futuro mejor. Estamos ante una película muy física y naturalista en su primera mitad, donde abundan los cuerpos, los rostros y el continuo movimiento de los soldados franceses y su preparación, y luego, en su segundo segmento, entramos en un estado diferente, donde lo físico deja pasó a lo emocional, a lo onírico, a las alucinaciones y a los fantasmas, donde el horror y sinsentido de la guerra se vuelve contra Aleksei y lo encierra en una vorágine de sufrimiento, soledad y espectral. Una película apoyada en una estética oscura y nocturna, donde priman los destellos de luz fluorescente, las sombras y los espectros que no se ven pero ahí están, en un grandísimo trabajo de una de las grandes de la cinematografía actuales como Hélêne Louvart (que tiene en su haber nombres tan potentes como Varda, Doillon, Denis, Recha, Rosales, Rohrwacher, Wenders y Hansen-Love, entre otros), con una luz que evidencia el estado emocional que sufre el protagonista, y como todo su alrededor se va convirtiendo en un universo dentro de este plagado de monstruos acechantes que son los que provoca nuestra mente cuando no estamos bien.
El magnífico trabajo de montaje que firman Fabrizio Federico, del que conocemos por sus películas con Pietro Marcello y Gianfranco Rosi, Ariane Boukerche (que ya estuvo en Il Santi, el cortometraje de Abbruzzese), y el propio director, en un estupendo ejercicio donde priman las secuencias profundas e hipnóticas para someternos tanto al personaje como a los espectadores a ese estado entre la vida y la muerte escenificados en la terna de los ríos fronterizos por donde deambulará Aleksei: Oder (que separa Polonia de Alemania), Níger (que separa de las empresas petrolíferas que lo contaminan frente a los autóctonos que lo necesitan para vivir, y el Sena (que convierte a París en ese mundo donde hay gente que se va de fiesta y otra que vive en condiciones infrahumanas). La música del dj y productor de música electrónica Vitalic, del que conocíamos su única soundtrack para la película La leyenda de Kaspar Gauser, de Davide Manuli en 2012, ayuda a crear ese universo de sombras y fantasmas, en que nos movemos al paso aletargado y doloroso de Aleksei, con la añadidura de otros temas que generan esa sensación de miedo, locura y soledad en el que está el protagonista.
Una película muy visceral, donde lo sonoro y lo visual se fusionan para construir un relato donde prima lo invisible y lo oculto, que bebe mucho de la literatura de Joseph Conrad y más concretamente su memorable novela “El corazón de las tinieblas”, en esa no aventura en que el horror se va apropiando de los seres convirtiéndolos en meros desechos completamente deshumanizados sin razón y sin alma. Disco Boy es un viaje hacia lo más profundo de cada uno de nosotros, siguiendo el itinerario de Aleksei, magníficamente interpretado por Franz Rogowski, que nos cautivó junto al director Christian Petzold, y en algunas otras como A la vuelta de la esquina y Great Freedom, que define mucho la Europa actual, que no cesa de construir muros y leyes en contra de inmigrantes y por otro lado, sigue su abusiva política internacional donde permite que sus empresas sigan destrozando vidas y ecosistemas en pos de una riqueza explotadora y esclavista. Le acompañan dos intérpretes muy desconocidos para el que suscribe, el actor gambiano Morr Ndiaye como el activista ecológico Jomo, y la influencer feminista activista Laëtitia Ky como Udoka, la hermana de Jomo. Dos personajes que tendrán mucho que ver con Aleksei, en ese frente al otro, donde todos son víctimas de un sistema occidental podrido y lleno de basura, hipócrita y salvaje con los otros. También encontramos al actor serbio Leon Lucev, que conocemos por haber trabajado con nombres tan interesantes como los de Jasmila Zbanic, Ognjen Glavonic y Dalibor Matanic, entre otros, dando vida a un duro instructor legionario, el italiano Matteo Olivetti, como compañero de fatigas de Aleksei, y el actor polaco Robert Wieckiewicz en un rol muy inquietante.
Si están interesados en películas nada complacientes, con una imagen muy atmosférica y densa, que habla de la guerra desde el rostro y sus cuerpos y sus almas como lo hacía la citada Denis en la impresionante Beau travail (1999), con la que la cinta de Abbruzzese tiene muchas conexiones, que escarban en lo más oculto e invisible del alma humana, todo aquello que no mostramos a los demás, y que lo haga de forma tan poética y de verdad. Un film que nos habla de nosotros y de la Europa que vivimos, donde se profundiza en las oscuridades que perpetran nuestros gobiernos en países que nunca salen en el informativo, y de los horrores que ocasiona la guerra en el individuo, en todo su engranaje no científico, sino más bien, en todo lo que le sucede en la mente, en el alma al enfrentarse a una situación muy hostil en pos de la paz de unos blancos con dinero que creen que el mundo se divide en los que explotan y los explotados. Una película de una estética alucinógena, que nos va sometiendo a la psicosis de Aleksei, un tipo que viaja en el mismo tren que Juan, el exiliado que volvía en busca de “El Andarín”, en El corazón del bosque (1978), de Manuel Gutiérrez Aragón, y que el capitán Willard de Apocalypse Now (1979), de F. F. Coppola. Tres individuos que se perderán en los horrores de la guerra y el sinsentido de la condición humana, y se perderán en lo más profundo y oscuro del alma. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Albert Serra, director de la película «Pacifiction», de Albert Serra, en Andergraun Films en Barcelona, el lunes 3 de octubre de 2022.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Albert Serra, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a mi querido amigo Óscar Fernández Orengo, por retratarnos de forma tan especial, y a Montse Triola, productora de Andergraun Films, por su paciencia, generosidad, voluntad y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Amat Vallmajor del Pozo, director de la película «Misión a Marte», en el marco del D’A Film Festival, en el Hotel Regina en Barcelona, el miércoles 29 de marzo de 2023.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Amat Vallmajor del Pozo, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Íñigo Cintas y Andrés García de la Riva de Nueve Cartas comunicación, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“Te lo he dicho, es un espíritu. Si eres su amiga, puedes hablar con él cuando quieras. Cierras los ojos y le llamas. Soy Ana… soy Ana…”.
Frase escuchada en El espíritu de la colmena, de Víctor Erice
Empezar una película no es una tarea nada fácil, elegir ese primer plano, la distancia entre la cámara y el objeto o paisaje en cuestión, el sonido que se escuchará o por el contrario el silencio que nos invadirá. En Secaderos, la segunda película de Rocío Mesa (Granada, 1983), se abre de forma espléndida, en la que en un encuadre lo vemos todo y mucho más. Esa bestia/criatura, formada de plantas de tabaco secas y colores pálidos, errante que vaga frente a nosotros por las plantaciones escasas de tabaco, y más allá, en segundo término, unos operarios arrancan las plantas para seguir cultivando. El presente y el pasado en un sólo plano, en cierto modo, la muerte y la vida, como capturaba Johan van der Keuken en su magistral Las vacaciones del cineasta (1974), una idea en la que se ancla una película que nos habla de ese lugar y ese tiempo finitos, donde el paisaje se llena de casas para turistas, los adultos sólo vienen de vacaciones, y los jóvenes sueñan con huir de unos pueblos, los de la Vega granadina, donde sólo quedan los más mayores que se venden sus tabaqueras y una forma de vida que es sólo recuerdo y memoria.
De la directora granaína conocíamos su anterior película Orensanz (2013), una película de auténtica guerrilla, en la que profundiza en el arte de Ángel Orensanz entre el New York más cultural y el Pirineo aragonés. También sabíamos de su exilio artístico californiano donde ha levantado un festival de cine “La Ola”, centrado en la promoción del cine español, y ha producido interesantes documentales como Next (2015), de Elia Urquiza y Alma anciana (2021), de Álvaro Gurrea. en su segundo largometraje, retorna a casa, al lugar donde creció, a esa Vega machacada por un progreso deshumanizado, y lo hace a través de dos niñas, Vera, de 4 años, que visitas a sus abuelos acompañada de su madre, y otra, Nieves, adolescente que vive y trabaja junto a sus padres en una de las pocas tabaqueras que quedan en pie (edificaciones artesanales de madera que se usa para secar el tabaco). Mesa construye una película singular y tremendamente imaginativa, porque conviven la ficción y el documento de forma natural y sencilla, y también, el fantástico, con esa criatura que va entre el tabaco o lo que queda de ellos, lamentándose y triste, una metáfora del lugar, como lo era ese otro monstruo de Frankenstein en la inolvidable El espíritu de la colmena (1973), de Víctor Erice, y su encuentro con la niña, en este caso, con dos niñas, donde el tiempo no existe, donde el tabaco está despidiéndose, donde sólo los niños y niñas pueden verla si de verdad quieren verla.
Una película que sin pretenderlo ni posicionarse directamente, nos habla de lo social y de lo humano, de verse encerrada en un espacio que te pide huir de él, cuando los demás, tu entorno te obliga a seguir sin más, siguiendo una especie de tradición que no entiendes ni sientes. Tiene Secaderos esa mirada de vuelta a lo rural, como la tienen las recientes Alcarràs, de Carla Simón, y El agua, de Elena López Riera, de retratar un lugar antes que no desaparezca a través de las relaciones humanas y sobre todo, de esos pueblos atrapados en un tiempo que ya pasó, y en otro, el futuro, que ya no serán. La cineasta andaluza se ha acompañado de Alana Mejía González en la cinematografía que, después de la interior y oscura Mantícora, de Vermut, realiza otro soberbio trabajo, desde las antípodas del mencionado, ya que se va a exteriores y mucha luz. El gran ejercicio de sonido de un grande como Joaquín Manchón, que ha trabajado con Enciso, Subirana, Muñoz Rivas y Pantaleón, entre otros, el conciso y trabajado montaje de Diana Toucedo, de la que hemos visto sus últimas películas con Lameiro y Bofarull, en una historia que se va a los 98 minutos de metraje, y tiene muchas localizaciones por varios de los pueblos que componen la riqueza de la Vega granadina.
Mención aparte tiene el magnífico trabajo de David Martí y Montse Ribé, que frente su empresa de efectos especiales DDT, han llenado de monstruos y criaturas de las más extrañas y fascinantes el cine español, que alcanzaron la gloria internacional con El laberinto del fauno (2006), de Guillermo del Toro, y siguen imaginando monstruos bellos y trágicos como el que pulula por la película, en otra obra de arte de la imaginación, que mezcla fantasía y realidad. Aunque la sorpresa mayúscula de una película como Secaderos es su fantástico y equilibrado reparto entre las que destacan las dos niñas, ¡Pedazo actuación de naturalidad y transparencia se marcan las dos debutantes!, las Vera Centenero de tan sólo siete años, que no está muy lejos de la Ana Torrent de la mencionaba El espíritu de la colmena, y Ada Mar Lupiáñez siendo Nieves, esa chica atrapada en un lugar y en un tiempo, que tan sólo lo quiere ver lejos, y después tenemos a la actriz profesional Tamara Arias, que se camufla como una más junto a los Jennifer Ibáñez, Eduardo Santana Jiménez, Cristina Eugenia Segura Molina, José Sáez Conejero y Pedro Camacho Rodríguez, vecinos de los pueblos de la Vega reclutados para la película.
Secaderos, de Rocío Mesa no es una película más, es otro ejemplo más de la buena salud del cine español, taquilla aparte, que mira a lo rural, que siempre había sido caldo de cultivo de nuestro cine, desde lo humano, contando las dificultades para continuar con el trabajo más artesano y natural, frente a esas ansías destructivas de especulación y destrozar el paisaje con horribles casas unifamiliares, y es un magnífico retrato sobre ese estado de ánimo triste y desolador instalado en esa que algunos mal llaman “España vacía”, porque la realidad dice lo contrario, porque no está vacía del todo, siguen habitando personas que resisten y trabajan, con sus costumbres, su gazpacho fresquito, sus tardes veraniegas de tertulia y una idiosincrasia muy particular, lo que les dejan unas autoridades empecinadas en un progreso que destruye para mal vender un territorio al mejor postor, una lástima, porque como bien nos dice la película, finalmente, todos seremos como la criatura de la película, una bestia desamparada, que no habla, que emite sonidos y se lamenta sin consuelo. Quizás estemos a tiempo de salvarnos, aunque la sensación y la realidad más inmediata no ofrecen muchas esperanzas de salvación y mucho menos de vivir dignamente. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Theo Montoya, director de la película «Anhell69», en el marco del D’A Film Festival en Barcelona, en el Hotel Regina, el miércoles 29 de marzo de 2023.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Theo Montoya, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Iván Barredo de Surtsey Films, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA