Inside Out (Del revés), de Pete Docter y Ronaldo Del Carmen

003_pVIAJE AL INTERIOR DE LAS EMOCIONES

En los años 80, muchos niños disfrutamos de «Érase una vez… el hombre», una serie de dibujos animados que recogía de forma amena, didáctica y divertida los avatares de la humanidad, su éxito fue tan extraordinario, que produjo otras secuelas, en una de ellas «Érase una vez… la vida», se concentraban en el funcionamiento del interior de nuestro organismo. La última aventura de Pixar se encamina por aquellos mismos derroteros, se centra en el interior de todos nosotros, en concreto en el interior de nuestro cerebro, y el funcionamiento de nuestras emociones. Desde que a mediados de los 80, Steve Jobs, uno de los creadores de Apple, y John Lasseter fundaron los estudios de animación Pixar, aunque no fue hasta una década después, en 1995, cuando presentaron Toy story al mundo, su primer largometraje de animación íntegramente generado por ordenador. Su éxito fue bestial, y aparecieron más títulos, algunos más enfocados a los más pequeños como Bichos, Cars y su secuela, Brave o la secuela de Monstruos, S. A., no obstante las películas que han afianzado el nombre de la compañía en el panorama cinematográfico actual han sido las películas que gustan tanto a los niños como a los adultos, o dicho de otro modo, esas películas bien construidas, con un diseño y ambientación espectaculares, y un ritmo vertiginoso, que hablan de emociones y aspectos de la sociedad que pueden llegar a entender los más pequeños como los adultos que los acompañan al cine. Películas como la mencionada Toy story, y su secuela de 1999, Monstruos, S. A. (2001), Los increíbles (2004), Ratatouille (2007), Wal-e (2008),  Up (2009).

Inside out, traducida por estos lares como Del revés, estaría en este segundo grupo. La trama, muy parecida a la maravillosa y magistral El viaje de Chihiro, de Hayao Miyazaki (muy semejante en muchos tramos) se centra en Riley, una niña de 11 años que se ve obligada a dejar el medio oeste americano, el lugar donde siempre ha vivido, para trasladarse a la gran ciudad, San Francisco, debido a que su padres ha encontrado un trabajo mejor. Estos cambios repercutirán y harán mella en su carácter, y sobre todo en sus emociones, y es ahí, en ese espacio, donde se sitúa la película, en el mecanismo de las emociones, en el interior de su mente, donde conoceremos a Alegría, la más importante en la vida de Riley, la Tristeza, que si bien es constantemente rechazada, finalmente tendrá un protagonismo importante y certero, y las secundarias, Asco, Miedo e Ira. Todas se encuentran en el Cuartel General, lugar desde donde se manejan todas las emociones de Riley. Pero, un fatal accidente provocará que tanto Alegría como Tristeza sean despojadas, por uno de los conductos donde se lanzan los recuerdos, hacía el exterior, donde se encuentran espacios como el país de la imaginación (donde se guardan, algunos recuerdos como desechos a punto de tirar por un barranco donde van a parar las cosas que se olvidan), también conocerán la fábrica de sueños (que escenifican y filman, como si estuvieran en un rodaje, en su estudio y todo, todos los sueños de Riley mientras la niña duerme), y en la memoria a largo plazo (laberíntico espacio repleto de interminables estanterías donde unos pequeños funcionarios eliminan esos recuerdos que ya no son útiles). En esta difícil misión que consiste en volver al cuartel general, en las que Alegría guarda celosamente en su mochila 5 recuerdos inolvidables de Riley (a modo de bolas que parecen sacados de la bolera, con su peculiar sonido cuando chocan), contarán con la ayuda del amigo imaginario de cuando Riley era pequeña, mitad animal, humano, un ser en mitad de muchas cosas, que parece no saber adónde ir ni cuál será su destino final.

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Con todos estos elementos, los directores Pete Docter y Ronaldo Del Carmen, construyen una hermosísima y trepidante fábula para todos los públicos, llena de aventuras y problemas, donde la astucia y el ingenio jugarán papeles fundamentales en el transcurrir de la historia. Estamos ante una aventura parecida a Monstruos, S. A., en aquella, dos seres del otro mundo, como ocurre en esta, tienen que salvaguardar los sueños, en aquel caso, en este las emociones. Aunque también, nos recuerda a Toy story 2, cuando el niño se hacía mayor y los juguetes veían peligrar su existencia en la casa. O incluso, en Up, en esos sueños imposibles que sólo nosotros somos capaces de hacer posibles. La película nº 15 de Pixar emerge como un maravilloso y emocionante compendio o resumen de la trayectoria de la compañía. Una comedia deliciosa, simpática y desbordante locura donde se derrocha imaginación y construcción cinematográfica, le sobra algo de moralina en el tramo final, aunque no desmerece en absoluto su resultado final. Uno de los grandes títulos del estudio, alzada a los altares de obras como Ratatouille o Los increíbles, y las ya mencionadas. Acérquense a ella, les hará disfrutar de lo lindo, déjense llevar por su inagotable e inmensa imaginería, y sobre todo en la materia de la que estamos construidos los seres humanos, que no es otra cosa que las emociones, aquí nos presentan 5 de ellas, hay muchísimas más, eso sí, pero las de la película, son un buen ejemplo del funcionamiento de nuestra psique.

 

Mar, de Dominga Sotomayor

Mar PósterEL ENTORNO DETENIDO

La directora Dominga Sotomayor (Santiago de Chile, 1985), dejó un buen sabor de boca en su opera prima De jueves a domingo (2012), una interesante y reflexiva aproximación del desmoronamiento de una pareja y la relación con sus hijos. Una road movie donde una pareja en la treintena viajaba con la compañía de sus dos hijos al norte del país. Sotomayor elegía el punto de vista infantil, un espacio de diversión, juegos y sueños, que contrastaba con el mundo de los padres, triste, perdido y sin ilusiones, formado por una pareja que ha decidido separarse. En su segunda película Mar, Sotomayor se enfunda el traje de observadora, ahora el punto de vista no está centrado en nadie, sólo quiere que seamos testigos de lo que vemos y saquemos nosotros, los espectadores, nuestras propias conclusiones. Su relato se centra en Martín, un joven de 33 años que se ha escapado junto a su novia unos días a disfrutar del sol, la piscina, y el buen tiempo de Villa Gesell, en Argentina.

La joven pareja se muestra distante, el amor, si alguna vez lo hubo, se está descomponiendo, ya no se muestran cariñosos, y cada vez se sienten más alejados el uno del otro. En la segunda mitad de la película, con la llegada de la madre de Martín, aún se agravará más la situación de calma latente que respira la pareja. Sotomayor fabrica su cine a través de gestos y detalles, su cine se muestra sutil, hay que buscar concienzudamente entre sus aristas y pliegues para ir descubriendo lentamente la multitud de capas que encierran tanto sus historias como los personajes que las habitan. La cotidianidad de los días de vacaciones son utilizados por la realizadora chilena para tejer entre la pareja y el paisaje que los rodea, una tela de araña malsana, en la que todo pasa, pero nada se muestra. Si hay alguna evidencia en la película no se muestra en una primera capa, hay que rascar fuertemente para que pudiéramos encontrarnos con ella.

La cámara de Sotomayor se muestra observadora, tomando la distancia prudente, en el que las cosas suceden, sin intervenir de manera moral, una cámara que sólo se mueve en un par de ocasiones, donde la directora hace evidente ese movimiento, ese cambio que se está produciendo en Martín. Una película breve, apenas 60 minutos, e intensa, que no deja nada al azar, con una forma muy definida, y un argumento lleno de espacios oscuros y sin fondo. Una obra que certifica los buenos augurios que nos dejó el primer trabajo de Dominga Sotomayor, que desde ahora y en adelante, seguiremos sus pasos con ojo avizor, en la diversidad y riqueza de sus trabajos, ya sean en la dirección, guión o producción, a través de CINESTACIóN, la cooperativa cinematográfica donde con un puñado de jóvenes cineastas talentosos se han agrupado para seguir en el camino produciendo un cine interesante, reflexivo y emocionante.

 

Al otro lado del muro, de Christian Schwochow

al-otro-lado-del-muroLA LIBERTAD VIGILADA

Desde la aparición en el 2006 de La vida de los otros, de Florian Henckel von Donnersmarck, otros cineastas jóvenes han planteado sus películas abordando temas y situaciones de cómo era la vida cotidiana de los habitantes de la RDA. En el año 2012, Christian Petzold con Bárbara, y la pareja Georg Maas y Judith Kaufman en Dos vidas, retrataron aquellos años duros y oscuros de la Alemania del este. Ahora, se suma a esta terna el cineasta Christian Schowochow, nacido en la RDA en 1978, que junto a su madre, Heide Schowochow, escribieron el guión basándose en la novela Lagerfeuer, de Julia Franck. La tercera película dirigida por el realizador arranca con Nelly Snef, una mujer joven y atractiva, que huye de la RDA junto a su hijo Alexej. Ambos llegan a la Alemania del oeste y son internados en un centro de acogida hasta que sean capaces de regularizar su situación.

Entre 1949 y 1990 abandonaron la RDA aproximadamente unas cuatro millones de personas para empezar una nueva vida occidental. Nelly y su hijo Alexej escapan para deshacerse de recuerdos, para olvidar, como dice Nelly. Su vida en la RDA, que siempre la conoceremos en off, se ha convertido en un infierno, Wassilij, su marido, soviético de nacimiento, ha muerto en un accidente, y la Stasi, servicio secreto del este, no la ha dejado en paz,  y Nelly ha tomado la decisión de traspasar el muro e iniciar una nueva vida de cero. Pero, si había dejado el este huyendo de la persecución estatal, en el oeste se tropieza con el servicio secreto aliado, con los agentes estadounidenses al frente, que también quieren saber cosas sobre su ex marido fallecido. La atosigan a preguntas, retienen sus documentos para obtener información de su pasado en el este. Nelly y su hijo, se sienten perseguidos y espiados constantemente, las dificultades con las que tiene que lidiar a diario se alejan considerablemente de la idea que tenía de Alemania del oeste, de un país libre y democrático. Nelly encontrará apoyos con otros refugiados que esperan con esperanza que la maldita burocracia les deje respirar y así tener una vida mejor. Algunos de los internos se debaten en volver a la RDA o seguir en el centro esperanzados en salir de allí con un trabajo. Tiempo de tránsito y de amargura en la que Nelly y su hijo encontrarán ayuda y comprensión en Hans, un interno que lleva dos años en el centro, y muchos sospechan que se trata de un espía de la RDA. Ante estas hostilidades, la fuerza y la lucha constante de la joven serán necesarias para seguir en pie y no desfallecer en ningún momento.

Película contundente y sobria, que realiza un retrato realista y crítico con la forma de gestionar la llegada del inmigrante (problema tristemente de actualidad) y sobre todo, la actitud fascista de los gobiernos, presumiblemente demócratas hacía los recién llegados. Una cinta cruda y fascinante a la vez, que goza de la hermosísima interpretación de Jördis Triebel, que aporta a su personaje toda la desnudez (en algunos casos de la trama completamente explícita) y la complejidad de un personaje que arranca derrumbado pero que a medida que avanza la película se destapará y empezará a decir no, a ponerse en pie y que se respete su decisión de olvidar y no conocer la verdad, dejando atrás un pasado que pertenece a la RDA, y no quiere que nada ni nadie le quite el sueño de seguir luchando por una vida mejor en paz y tranquila.

Les Combattants, de Thomas Cailley

Les_combattants_poster_franciaSOBREVIVIR A LA EXISTENCIA

Arnaud es un joven que vive en un pequeño pueblo costero francés. Su padre, carpintero de profesión, acaba de morir. El joven se debate entre continuar el negocio familiar junto a su hermano mayor o alistarse en el ejército. Todo cambia cuando conoce a Madeleine, una joven de su misma edad que está obsesionada con el fin del mundo y se prepara concienzudamente para ello. Los dos se enrolan a un campamento militar durante 15 días en verano, y es en ese lugar, rodeado de vida castrense, donde darán rienda suelta a sus objetivos y emprenderán su camino.

Thomas Cailley (Clermont-Ferrand, 1980) debuta en el largo con una película (ganadora de los premios a la mejor película y a la crítica en la Quincena de realizadores del Festival de Cannes de 2014), que arranca como una comedia romántica, que huye de los convencionalismos del género, para rápidamente cambiar de estilo, y convertir esta aventura de chico conoce a chica, en una cinta totalmente diferente, donde hay espacio para el realismo social (la falta de oportunidades con las que se encuentran los jóvenes en la Europa «unida y democrática»), para luego mutarse en una aventura militar, donde los protagonistas se descubrirán a sí mismos y sobre todo, al otro, y no intentarán imponerse al contrario, sino aceptarlo como es. Y finalmente, el film vuelve a girar de rumbo y convertirse en una suerte de película de supervivencia, (donde el paisaje, un bosque frondoso donde cruza un río, se vuelve el centro de la trama), con desenlace apocalíptico, sin olvidar el contenido social que se respira en todo el metraje. Una banda sonora plagada de temas electrónicos ayuda y de qué manera, a escapar de ese tono de comedia romántica al uso con la característica música que acompaña a la historia invadiéndola de toneladas de caramelo. Aquí, la música describe situaciones, y funciona como fuerte contraste a lo que se nos está contando.

Una fuerte apuesta también es la elección de la pareja protagonista, por un lado, tenemos al chico (interpretado por el joven Kévin Azaïs) que pertenece a esos jóvenes de la tierra, que tienen un ambiente familiar adecuado, y parece que su vida está ya programada, no son ambiciosos, y resultan apocados y reservados. Frente a él, está Madeleine, toda visceral y con carácter, pero frágil, y tremendamente ambiciosa, compleja y ardiente, una mujer que no se rinde ante nadie y nada, un volcán en erupción, que al principio chocará fuertemente con Arnaud, pero el tiempo y la convivencia, los irá acercando y complementando, porque lo que no tiene uno, al otro le sobra, y viceversa. La joven actriz Adèle Haenel (que debutará con la interesante Los diablos, en el 2002, y también pudimos verla en L’apollonide, de Bonello, entre otras) ganadora de todos los premios a la mejor interpretación allá por donde ha ido, realiza un trabajo descomunal y lleno de energía, que si bien al inicio su personaje resulta algo antipático y presuntuoso, a medida que avanza el relato, se convertirá en una alma perdida y a la vez humana que, al igual que todos, necesita cariño y comprensión. Una estupenda película que muta formidablemente ofreciendo un variado tipo de tonos y registros para adentrarse en una cinta sobre las emociones, y sobre la soledad y la incertidumbre de unos tiempos convulsos y vacíos de oportunidades.

Ghadi, de Amin Dora

008441EL MILAGRO COMO CONCIENCIA

En Los jueves, milagro (1957), de Berlanga, las fuerzas vivas de un pueblo se inventaban la aparición de un santo, “San Dimas”, para atraer clientes a un balneario, principal fuente de ingresos, que andaba al borde de la desaparición. El joven cineasta libanés Amin Dora debuta en el cine con una película sencilla y honesta, sitúa su fábula en un pequeño barrio costero, donde a modo de introducción, como hacían por ejemplo en Bienvenido Míster Marshall, volvemos a Berlanga, un niño, Leba, nos va presentando los habitantes de singular barrio, el barbero, que saca tajada de sus clientes en forma de comisión, el carnicero, que reduce la calidad de sus carnes para sacar mejor rendimiento, la señora de las conservas, sola y huraña, que espera la llegada de un hermano que hace tiempo que se marchó, la promiscua que vende su cuerpo como modo de vida, los que siempre andan jugando a las cartas y peleando…

El niño narrador se hace mayor, se convierte en profesor de música, se casa y tiene dos niñas preciosas. Su tercer hijo, Ghadi nace con síndrome de down. El pasatiempo del niño es sentarse en el balcón e imitar los sonidos musicales del padre, aunque lo que emite son ruidosos alaridos que acaban molestando mucho  sus vecinos. Estos, muy enfadados, se reúnen con la intención de echar a su vecino ruidoso. Leba, ante el temor de alejarse de su hijo, urde un plan reclutando la ayuda de los “desplazados del barrio”: el tonto oficial, que no es lo que parece, al inmigrante rechazado por el color de su piel, al afeminado, que no encuentra su sitio, en este barrio de machos dominantes. Dora dirige una película de buenas intenciones, la llegada del milagro obrará concienzudamente a nivel moral entre las gentes, y todos, aunque al principio se muestren descreídos, acabarán sucumbiendo ante la divinidad. Una muestra de cine procedente del Líbano, un país sumido en conflictos armados desde hace décadas, que nos ofrece una mirada diferente, huyendo de la imagen que conocemos, y contándonos otro tipo de conflictos y situaciones.

El realizador libanés se mueve entre la conciencia social, el costumbrismo, y la obra con mensaje, muy deudora del cine de Frank Capra, o aquellas comedias italianas de los 40 y 50, de Comencini o Monicelli, sin olvidar el referente de Milagro en Milán (1951), de Vittorio De Sica, también, contiene ciertos toques del humor y la descripción del cine de Jeunet y Caro, y el cine de Javier Fesser. Una película con cierto encanto, que atrapa en su modestia narrativa, que recupera ese cine sencillo que pretendía atrapar al espectador desde lo emotivo. Si bien la película no tiene la carga crítica y social que tenía el cine de Berlanga, pero tiene sus buenos momentos donde habla de generosidad, humanidad y sobre todo, de aceptación hacía el diferente, a escuchar al otro y esforzarnos en entenderlo, sin pretender en ningún caso, rechazarlo y expulsarlo de nuestro entorno, sólo por el hecho que ha nacido diferente.

El mundo sigue, de Fernando Fernán Gómez

el-mundo-sigue-POSTERLA MISERIA DE AYER… Y SIEMPRE

“Verás maltratados los inocentes, perdonados los culpados, menospreciados los buenos, honrados y sublimados los malos; verás los pobres y humildes abatidos. Y poder más en todos los negocios el favor que la virtud”

 Fray Luis de Granada

(Guía de pecadores, 1556)

Fernando Fernán Gómez (Lima, 28 de agosto de 1921 – Madrid, 21 de noviembre de 2007) es una de las figuras más brillantes y geniales que ha dado la cultura de este país. En sus diversas facetas como escritor, dramaturgo, actor, y director de cine y teatro ha destacado en su buen oficio y en acometer una carrera profesional muy acorde con sus principios personales y humanos. En 2011, cuando la Academia de las Artes y las ciencias Cinematográficas de España, le entregó la X Medalla de Oro, Marisa Paredes, la presidente de la institución, lo describió de la siguiente forma: “Por anarquista, por poeta, por cómico, por articulista, por académico, por novelista, por dramaturgo, por único y por consecuente». Debutó como actor a primeros de los 40 en el teatro de la mano de Enrique Jardiel Poncela, en el cine lo haría casi al unísono, en 1943, esta vez con Juan de Orduña, en un papel secundario. Desde entonces en el medio cinematográfico ha protagonizado cientos de películas donde ha trabajado con los cineastas más grandes del cine español, Berlanga, Bardem, Neville, Nieves Conde, Erice, Saura, Gutiérrez Aragón, Trueba, Almodóvar, entre muchos otros… Su puesta de largo como director se produjo en 1954 con Manicomio (co-dirigida con Luis María Delgado). En 1958, realiza La vida por delante, a la que siguió La vida alrededor (1959), películas disfrazadas de comedia o melodrama, y costumbrismo, que retratasen las penurias y dificultades que vivían los españoles para tirar pa’lante bajo el régimen franquista.

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El mundo sigue (que junto a El extraño viaje, de 1964, son dos de los títulos más celebrados de la carrera como director de Fernán Gómez) basada en la novela de Juan A. de Zunzunegui (escritor de una publicación de Falange), rodada en 1963, (del mismo año son El verdugo, de Berlanga y Del rosa al amarillo, de Summers), cerraba esta peculiar y excepcional trilogía. Filmada en el barrio de Maravillas de Madrid (casi dos décadas después, Manuel Gutiérrez Aragón rodaba en el mismo lugar Maravillas, con el propio Fernán Gómez en el reparto). Esta fábula moral de su tiempo, y de cualquier tiempo, se centra en una familia cualquiera, los padres, Eloísa, la esposa y madre abnegada y servicial, el padre, un funcionario de orden que impone benevolencia fuera y autoridad en casa, luego está Agapito, religioso hasta la médula que fue despedido del seminario, y en el centro de la familia, las dos hijas, Eloísa y Luisita, dos caras de la misma moneda, dos fieras que se odian, se pegan y se acuchillan cada vez que se encuentran. Eloísa, que fue la guapa del barrio hace 10 años, ha caído en desgracia, casada con Faustino, un ludópata enfermizo que trabaja de camarero, pero sólo tiene una obsesión, las quinielas y ser millonario. Además del marido, Eloísa acarrea con dos criaturas, y no tiene otra salida que acudir a casa de sus padres a pedir limosna, algo de dinero para seguir respirando. La otra cara es Luisita, la hermana que trabaja en una boutique, y no duda en prostituirse para buscar al mejor postor que la mantenga y de esta manera, salir de esa miseria que recorre sus vidas o digamos mejor, las existencias de todos los personajes que describe con tanta crudeza y realismo la película. También, está Don Andrés, el vecino enamorado de Eloísa, que trabaja como crítico de teatro en un diario de derechas que le impone lo que tiene que escribir. Fernán Gómez describe en un primoroso blanco y negro, la injusticia, la hipocresía y la miseria moral esparcida por todos los agujeros y pozos de la sociedad. La negrura que recorre toda la cinta es abrumadora, no hay futuro, no hay piedad entre los seres humanos, se machacan y se matan entre ellos, todos quieren mejorar, vivir mejor, aunque sea acosta del prójimo, eso no les importa, les da igual con tal de estar bien ellos y sobre todo, mejor que el otro. No hay salvación, se condena al desdichado y se gratifica al ruin.

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El genio del cineasta brilla en toda la película, hace gala de recursos narrativos que aunque en la época eran todo un signo de modernidad cinematográfica, siguen manteniéndose como la obra de un grandísimo narrador, como el flashback (recordarán la famosa secuencia de las escaleras cuando Eloísa sube atropelladamente y se intercala con planos del pasado, de aquella flor que relucía esplendorosamente y que ahora ha quedado se ha marchitado, quedando reducida a la amargura y la tristeza), y la multiperspectiva, donde desarrolla varias secuencias a la vez. Una elección de actores magnífica, donde cada uno de ellos compone un personaje visceral y lleno de fuerza, como Lina Canalejas (la querida Prima Angélica), encarnando a Eloísa, que luchará sin remedio para salir de su triste y oscura existencia, Gemma Cuervo como Luisita, que ambicionará dinero y lujo, y para conseguir eso no le importará vender su cuerpo y su vida, o el propio Fernán Gómez, que interpreta a Faustino, a ese ser infecto y malsano, enfermo por el juego, que llegará a hacer cosas ilegales y tener querida para salir de su miseria. Seres de aquella España sumida en la autarquía, en aquella dictadura católica, represora y asesina, en una sociedad sin esperanza ni ilusión, donde reinaba la pobreza no sólo física, sino también moral de una sociedad miserable, triste y sin humanidad. Una película enclavada en aquel nuevo cine español, donde se empezaba a describir la realidad miserable y oscura de un país que se alejaba de la propaganda oficial del régimen que vendía desarrollismo y milagro económico al mundo. Una cinta que habla de adulterio, de ambición, hambre, violencia y maltrato a la mujer… Todo este contenido tan durísimo se reflejó en los múltiples problemas con la censura franquista durante todo el proceso de la película, que obligó a retrasar su estreno dos años, que se produjo en muy malas condiciones, con una doble sesión en Bilbao en julio del 65. Medio siglo después, el estreno de la película es todo un gran acontecimiento para todos aquellos que amamos el cine en general, y el español en particular. Triste pero cierto, una miseria que continúa en el mundo, en la sociedad, sigue instalada en todos nosotros, en cada cosa que hacemos, en la vida que llevamos, en todo y cada una cosa que nos rodea… porque tristemente hay cosas que nunca se borran. Recuerden el final de Plácido (1961), de Berlanga, y su famoso villancico, (…) en un mundo sin caridad, que nunca la hubo y nunca la habrá

Lío en Broadway, de Peter Bogdanovich

LIOENBROADWAY_POSTER1-e1435582680900NUECES A LAS ARDILLAS

Después del crack del 29, en EE.UU. surgieron las screwball comedy, comedias que mediante talento e ingenio burlaban el recién aparecido Código Hays, que se dedicaba a censurar el contenido de las películas. Sus argumentos solían girar en torno a personajes femeninos de fuerte carácter y liberales que se relacionaban con el protagonista que acababa en noviazgo y posterior boda, tenían diálogos rápidos, situaciones ridículas, y una clara vocación de evadir al espectador.  Sus guionistas fueron Dudley Nichols, Ben Hecht y Billy Wilder, entre otros, que escribieron películas para directores de la talla como Frank Capra en Sucedió una noche (1934), Gregory La Cava en Al servicio de las damas (1936), Howard Hawks en La fiera de mi niña (1938), Ernest Lubitsch en El bazar de las sorpresas (1940), Leo McCarey en Mi mujer favorita  (1940) o George Cukor en Historias de Filadelfia (1940), entre muchos otros…

Toda la esencia y el aroma de aquella época irrepetible ha sido recogida por el cineasta, crítico, historiador Peter Bogdanovich (Kingston, New York, 1939) en su última película, no obstante siempre ha sido uno de los grandes defensores de la época clásica de Hollywood. Desde que debutase en 1968 de la mano de Roger Corman en Targets, Bogdanovich ha tenido una carrera llena de obstáculos, si bien es cierto que sus primeros años fueron realmente brillantes, en 1971 con The last picture show, alcanza un gran éxito, que repetirá al año siguiente con ¿Qué me pasa, doctor?, donde homenajeaba a La fiera de mi niña, en 1973, realiza Luna de papel, que cosechó buenas críticas y el favor del público. Después llega un período en que su carrera se entronca y sus películas son vapuleadas. Cogerá un poco de aire con la deliciosa comedia  Todos rieron (1981), pero a partir de ese instante, ya serán contadas las ocasiones donde su cine alcance la excelencia de sus primeros años de carrera. En 1990, Texasville, una secuela de The last picture show, logrará buenos resultados. Bogdanovich llevaba 13 años sin dirigir, si exceptuamos la dirección de un capítulo para la serie Los soprano, donde además actuaba, y una tv movie sobre Natalie Wood. Ahora se enfrenta a una película que nació en 1979, mientras rodaba en Singapur, tuvo que contratar a dos prostitutas que le produjeron tal lástima porque las jóvenes se apenaban por la vida que llevaban, y Bogdanovich les dio dinero para que cambiasen de vida. Pensó en dirigir la película pero John Ritter, su actor escogido para el protagonista, murió súbitamente y dejó aparcado el proyecto.

 Ahora recupera una historia, financiada por dos de los directores más interesantes del cine estadounidense, Wes Anderson y Noah Baumbach, y nos presenta a Isabella, una joven prostituta que pasa una noche con un director teatral que le da un cheque de 30000 dólares para que cambie de vida. Hasta ahí el cuento de cenicienta parece encajar bien, pero todo se desmorona cuando la joven se presenta a un casting del director teatral, en una obra que trabaja su mujer, otro actor que fue amante de su mujer, y el dramaturgo que se enamora de la actriz en ciernes, además este último tiene una ex que es psiquiatra y está loquísima que además ha tratado a la actriz, y también a un abuelo salido que está obsesionado con Isabella, inlcuso aparece un detective, que es padre del dramaturgo. Presentado los actores de la farsa, tanto dentro como fuera del escenario, la trama no tiene más que empezar. Bogdanovich hace un ejercicio profundo de nostalgia y recupera el espíritu de las screwball comedy con todos sus ingredientes, no falta de nada, enredos, vodevil, situaciones rocambolescas, persecuciones, amor, mucho amor y pasión, más pasión, y personajes perdidos y alocados, al borde de una neurosis o un ataque de ansiedad. También hay espacio para la comedia sofisticada y el romance, sin olvidarse del cine de Woody Allen. Unos intérpretes encabezados por Owen Wilson y la británica Imogen Poots (magnífica como la heroína llena de energía que arrasará con todo) llenan la pantalla con un derroche de comicidad brutal. El título original ya deja claro los objetivos de la película: She’s funny that way, que sería, “Ella es divertida de esa manera”. Diversión de la buena, carcajadas por doquier, cachondeo puro y duro, disfrute con la pantomima de la vida, directores y actores del teatro, y no sólo del que se finge por dinero, sino del que se practica constantemente en la vida de cada día. Atención al toque final, que bien podría haber firmado el mismísimo Lubitsch, donde se nos desvela el origen de las nueces de las ardillas de Central Park, de la mano de uno de los directores más populares y brillantes de ahora.

 

Blind, de Eskil Vogt

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El cineasta noruego Eskil Vogt nos dejó agradables síntomas en los guiones que escribió para su compatriota Joachim Trier, en las películas Reprise (2006), y en Oslo, 31 de agosto (2011), esta última estrenada por estos lares. Ahora se enfrenta a su puesta de largo en la dirección, con esta fábula cotidiana,  fascinante, compleja  y perturbadora, que no deja indiferente a nadie, e indaga de forma ágil y contundente en las complejas relaciones del mundo moderno.

Vogt centra su relato en Ingrid, una mujer atractiva que ha perdido la vista de forma gradual, el conflicto arranca en pleno proceso de adaptación a su nueva vida a ciegas, Ingrid se niega a salir de su apartamento, no quiere abandonar un lugar donde se siente segura, donde no tropieza y conoce todos los detalles. Pero sus miedos e inseguridades están ahí, no desaparecen, desconfía de su marido, Morten, su imaginación algo enfermiza completa esos lugares oscuros y ocultos que su incapacidad le impide ver. Se pregunta si en realidad se va al trabajo, y no se queda observándola, si también, cuando están en la cama, no está chateando con su amante en vez de enviar mails de trabajo como le dice. Ingrid tiene que aceptar su nueva condición y experimentar su propia seguridad desde su interior,  y de esta manera, abrirse a ese mundo exterior que ahora se ha convertido en un poder extraño, que lentamente va desapareciendo de su mente, sus imágenes, las que tiene almacenadas, se van acabando al carecer de nuevos impulsos ópticos.

Vogt encierra a su protagonista en un solo espacio, su composición y planificación ayudan a crear un ambiente de inquietud latente que respira y vive el personaje, además la excelente luz del griego Thimios Bakatakis (fotógrafo de Canino), que consigue atrapar una luz natural que se erige creando una atmósfera entre fría y sofisticada que sobrecoge en el vacío que siente Ingrid. El realizador noruego huye del género de terror, tan recurrente en este tipo de discapacidades, su trama se vale de solo 4 personajes, que le ayudan a exponer los límites de la imaginación, de lo que somos y proyectamos, y de quiénes somos en realidad. La película se manifiesta como un espectáculo sensorial, donde el sonido juega un papel fundamental en su desarrollo, así como el lenguaje corporal, y el movimiento de los cuerpos y lo físico adquieren la sensualidad y la sexualidad que recorre todo el relato. También, se podría mirar como un estudio sobre el subconsciente, sobre el instinto, y las profundidades de nuestros miedos y anhelos secretos que siempre acaban floreciendo de manera terrible cuando nos sentimos desprotegidos y solos por algunas circunstancias terribles que nos ocurren durante el transcurso de la vida.

Amy, de Asif Kapadia

amy-cartel-6155LA VOZ APAGADA

El siglo XX estuvo caracterizado por la explosión de efervescencia de la música moderna, que emergió con nuevas ideas, caminos y una exaltación de nuevos intérpretes y grupos que llenaron las listas de éxitos con sus nuevas melodías y ritmos innovadores y frenéticos. Un siglo que también dejó en la cuneta a algunos de esos grandes músicos jóvenes de excepcional talento que ha dado la historia del rock. Una vida de éxitos, fama, alocada, y de desenfreno, donde las drogas y el alcohol se convertían en su refugio particular donde exorcizaban sus demonios personales y existenciales. Muchos de ellos dejaron este mundo a la temprana edad de 27 años, lo que algunos han venido a denominar «El club de los 27», cortándose así unas existencias que podrían haber seguido cosechando más logros y fracasos.

La última en sumarse a esa lista negra ha sido Amy Winhouse, fallecida el 23 de julio del 2011, una joven chica humilde de familia judía, de un barrio del norte de Londres, que dotada de una voz única, conquistó el mundo entero con sólo dos álbumes. Asif Kapadia (Londres, 1972), realizador de Senna (cinta basada en la vida del malogrado piloto de fórmula 1, Ayrton Senna) que logró buenas críticas y el beneplácito del público, convirtiéndose en el documental más taquillero de la historia del Reino Unido, se sumerge en el archivo personal de la cantante y en el de sus amigos y familiares, para descubrirnos la chica que había detrás de la artista famosa, y lo hace con la compañía de su equipo, James Gray-Rees, en la producción, y Chris King, en la edición, todos ellos se detienen en contarnos la vida de Amy Winhouse, pero no la que todos hemos visto, sino aquella centrada en sus inicios, en cuando era una joven que tocaba la guitarra, escribía canciones, y soñaba con cantar jazz. La película rescata material de archivo (grabaciones domésticas con sus amigos, algunas filmadas en vídeo y otras en móvil), que se complementan junto a algunas canciones inéditas, otras conocidas, actuaciones, la intimidad de su vivienda, de una fiesta…, entrevistas, de las que sólo escuchamos la voz, donde en la propia voz de Amy o la de sus amigos, managers, su ex marido, y todos aquellos que la conocieron y se relacionaron con ella. Los éxitos de sus discos, los premios y el aplauso del público, dejan paso a su compleja e impetuosa relación de pareja, sus terribles adicciones al alcohol y las drogas, sus vanos intentos de desintoxicación, la exposición permanente a unos paparazzis ávidos de miseria y sangre.

Un caleidoscopio humano y penetrante que además de hablarnos de la desaparición de un ser intenso, visceral y frágil, también reflexiona sobre el negocio de la música actual, de la hipocresía que engloba todo un sistema que explota los éxitos hasta límites inhumanos, con el único fin de codiciar más y más dinero. Una joven que tuvo una relación difícil con su progenitor, (que los abandonó para irse con otra mujer), y la cinta registra toda esa situación, desde un punto de vista sincero y directo, mostrando la grandeza y la miseria, las alegrías y las dificultades de alguien que escribía música como terapia, donde expulsaba toda su negrura y oscuridad en unas canciones desgarradas que hablaban de su lucha interna constante en amar y ser amada, sus miedos, su fragilidad y sobre todo, su incapacidad en vivir de otra manera.

 

Pasaporte para Pimlico, de Henry Cornelius

1949 Passport to Pimlico - Pasaporte para Pimlico (ing) 01¡VIVA BORGOÑA LIBRE!

«Somos ingleses, hemos sido ingleses y siempre seremos ingleses, y precisamente por ser ingleses tenemos derecho a ser borgoñeses».

Los Estudios Ealing fueron inaugurados por Will Baker en  1896. Pero no fue hasta el año 1938 y capitaneados por Michael Balcon, que empezaron a llamarse de esa manera haciendo honor al barrio de Londres situado en West End. En las décadas de los 30 y 40 realiza más de 60 películas protagonizadas por estrellas como George Fomby y Will Hay, y documentales de guerra, aunque será en el período de posguerra donde alcanzaría su fama y notoriedad realizando comedias satíricas que afianzaron el término british, durante el período de 1947 a 1956. Dirigidas por Alexander Mackendrick, Whisky a go gó (1949), El hombre del traje de blanco (1953) o El quinteto de la muerte (1955), Michael Crichton, Oro en barras (1951), Los apuros de un pequeño tren (1953), La lotería del amor (1954), ó Ocho sentencias de muerte, dirigida por Robert Hamer (1949), entre otras, y protagonizadas por actores de la talla de Alec Guiness, Stanley Holloway, Margaret Rutherford, David Niven, Peter Sellers, Joan Greenwood… Un sello característico y muy notable en unas películas que abordaban los temas más candentes y cotidianos, desde un prisma cómico, crítico y en ocasiones grotesco.

Pasaporte para Pimlico, producida en 1949 y dirigida por Henry Cornelius es una de las comedias más características de la época y punta de lanza de la compañía. La película se sitúa en el barrio londinense formado por cuatro calles, y una zona sin edificar que mantiene en litigio feroz a las fuerzas vivas del distrito, los unos, quieren un espacio de jardines y juego para todos, los otros, quieren edificar y comercializarlo para sacarse un dinero. Este tira y afloja se ve interrumpido cuando por accidente unos niños hacen estallar una bomba abandonada de la guerra, la explosión origina un boquete y en el que un padre y su hija descubren un tesoro que según una historiadora, conocedora de la zona, atribuye a los antiguos propietarios del lugar, los borgoñeses. A partir de ese momento, se desata la locura en el barrio, y sus habitantes se declaran borgoñeses, y fundan un país independiente de Inglaterra. Crean un gobierno e implantan sus propias leyes, los estraperlistas invaden la zona, y los problemas comienzan a florecer. Ante la libertad que se crea en Borgoña, el estado británico incapaz de aceptar la nueva nación, contraataca imponiendo fronteras, impuestos y leyes amenazantes y restrictivas a los nuevos borgoñeses, incluso los declaran país non grato y los condenan al ostracismo, deteniendo su abastecimiento de alimentos y productos de primera necesidad. Encima, Londres está sufriendo una grave sequía y la falta de agua, genera más dificultades. Ni la llegada del Duque de Borgoña, heredero legítimo del nuevo estado, paliará las dificultades.

Una maravillosa y ejemplar sátira política en el que se descojonan de todo lo british (el sentimiento nacional y patriótico, muy vapuleado en aquel momento, después de la guerra, las costumbres cotidianas tan arraigadas en los ciudadanos, un orgullo altivo que es llevado hasta sus últimas consecuencias…), hay espacio para ridiculizar las leyes y los burócratas, las estructuras políticas que hacen funcionar hipócritamente las naciones también son pasto de la risa, el cinismo de las autoridades con respecto a las necesidades ciudadanas. La película funciona como una irreverente, sencilla y brutal alegoría de la situación del país durante la terrible posguerra, donde la escasez y el racionamiento estaban a la orden del día. La respuesta del gobierno británica de represión y hostilidades contra el nuevo estado encuentra una respuesta contraria tanto en los propios borgoñeses y en el pueblo británico, que se lanzan a ayudarse, en un ejemplo de la camaradería y solidaridad que reinaba en aquella Inglaterra de escasez y hambrienta. Destacar su magnífica ambientación, y composición, así como su excelente plantel de intérpretes que componen un extraordinario mosaico de la agitación y el espíritu que se manejaba en la época, donde los maravillosos diálogos afilados y punzantes que no dejan títere con cabeza. Una obra para el cine británico como es Roma, ciudad abierta, de Rossellini para la cinematografía italiana, o Bienvenido Mr. Marshall, de Berlanga, para la española. Durísimas sátiras políticas y sociales de la terrible situación que se vivía, que funcionaban como respuestas ante esa realidad triste y gris de cada día, una realidad imperante que consume toda incipiente humanidad y desarrollo, a la que sólo queda hacer frente con todas nuestras fuerzas y luchar incansablemente para derribarla.

<p><a href=»https://vimeo.com/47769446″>Pasaporte para Pimlico</a> from <a href=»https://vimeo.com/user11868406″>Yochacal</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>