El cineasta noruego Eskil Vogt nos dejó agradables síntomas en los guiones que escribió para su compatriota Joachim Trier, en las películas Reprise (2006), y en Oslo, 31 de agosto (2011), esta última estrenada por estos lares. Ahora se enfrenta a su puesta de largo en la dirección, con esta fábula cotidiana, fascinante, compleja y perturbadora, que no deja indiferente a nadie, e indaga de forma ágil y contundente en las complejas relaciones del mundo moderno.
Vogt centra su relato en Ingrid, una mujer atractiva que ha perdido la vista de forma gradual, el conflicto arranca en pleno proceso de adaptación a su nueva vida a ciegas, Ingrid se niega a salir de su apartamento, no quiere abandonar un lugar donde se siente segura, donde no tropieza y conoce todos los detalles. Pero sus miedos e inseguridades están ahí, no desaparecen, desconfía de su marido, Morten, su imaginación algo enfermiza completa esos lugares oscuros y ocultos que su incapacidad le impide ver. Se pregunta si en realidad se va al trabajo, y no se queda observándola, si también, cuando están en la cama, no está chateando con su amante en vez de enviar mails de trabajo como le dice. Ingrid tiene que aceptar su nueva condición y experimentar su propia seguridad desde su interior, y de esta manera, abrirse a ese mundo exterior que ahora se ha convertido en un poder extraño, que lentamente va desapareciendo de su mente, sus imágenes, las que tiene almacenadas, se van acabando al carecer de nuevos impulsos ópticos.
Vogt encierra a su protagonista en un solo espacio, su composición y planificación ayudan a crear un ambiente de inquietud latente que respira y vive el personaje, además la excelente luz del griego Thimios Bakatakis (fotógrafo de Canino), que consigue atrapar una luz natural que se erige creando una atmósfera entre fría y sofisticada que sobrecoge en el vacío que siente Ingrid. El realizador noruego huye del género de terror, tan recurrente en este tipo de discapacidades, su trama se vale de solo 4 personajes, que le ayudan a exponer los límites de la imaginación, de lo que somos y proyectamos, y de quiénes somos en realidad. La película se manifiesta como un espectáculo sensorial, donde el sonido juega un papel fundamental en su desarrollo, así como el lenguaje corporal, y el movimiento de los cuerpos y lo físico adquieren la sensualidad y la sexualidad que recorre todo el relato. También, se podría mirar como un estudio sobre el subconsciente, sobre el instinto, y las profundidades de nuestros miedos y anhelos secretos que siempre acaban floreciendo de manera terrible cuando nos sentimos desprotegidos y solos por algunas circunstancias terribles que nos ocurren durante el transcurso de la vida.