Clan salvaje, de Jean-Charles Hue

278a6ba2-cartelclan-salvaje-esp-facebookEL PARAÍSO Y EL INFIERNO

La segunda película que el cineasta francés Jean-Charles Hue (Eaubonne, 1968), le dedica a sus gitanos, (la primera fue La BM du Seigneur filmada en el 2010) está edificada a través de dos elementos que conviven y se fusionan, el documento y la ficción, y en su estructura quedan bien definidos, por un lado, tenemos la primera parte, en la que presenciamos las costumbres y quehaceres diarios de los yeniche (estafador en francés) una comunidad gitana del norte de Francia originarios de los nómadas centroeuropeos, unos, repletos de tatuajes, alardean de sus músculos practicando culturismo, y otros, extasiados y compungidos, se dejan llevar por el culto al evangelio. Todos ellos comparten el mismo espacio, un descampado de las afueras poblado de caravanas.

La segunda parte de la cinta, se centra en los Dorkel, y en el más pequeño de ellos, Jason, un joven de 18 años que está a las puertas de su bautismo, tanto personal como espiritual, se debate entre la figura del padre (muerto en un enfrentamiento con la policía) que sigue el hermanastro Fred y la religión, que lo aleja de esa vida. La víspera del acontecimiento, sale de la cárcel su hermanastro Fred, después de 15 años, un tipo que pertenece al pasado, a la delincuencia, al robo de camiones y a una vida huyendo de la policía, carne de presidio. Esa noche, recupera el coche de sus antiguas fechorías, (resulta profundamente esclarecedor el instante que  desentierra el vehículo, que deviene en un gesto simbólico de recuperar el tiempo perdido, como si nada hubiese cambiado) y se lanza, junto con sus dos hermanos pequeños, Jason y Mickaël, y un primo Moïse, al robo de una camión lleno de cobre. Ahí arranca la segunda parte de la película, cuando ellos mismos se interpretan a sí mismos, (Fred es el padre de Jason en la vida real, y el resto pertenecen a la misma familia) y se introducen en el género, el policíaco (desde Melville a El odio) y el western se apoderan del relato.

Hue nos convoca a una road movie, a una trama vertiginosa, rodada con nervio y desde las entrañas, donde los cuatro tipos se meterán en una aventura peligrosa con la única compañía de la noche y unas pistolas. Hue filma a sus criaturas de cerca, encima de ellos, sin perderse detalle alguno, de manera que podemos sentir su respiración y aliento, sumergiéndose en este abismo a los infiernos cotidianos, tomando el pulso narrativo a una historia que explora diversos temas: el viaje iniciático, el pasado que se resiste a morir, la delincuencia como único medio de subsistencia, la hermandad del clan familiar, y sobre todo, la vuelta del que fuera hijo prodigo que ya no es querido ni bienvenido. Este último, un elemento habitual en los western, género del que la película bebe mucho y desarrolla con mucho acierto. Un western urbano, donde las cosas ya no serán lo que eran, donde el tiempo ha cambiado, y Fred pertenece a un pasado que no es querido en un presente que ha tomado otro rumbo, como aquellos viejos pistoleros de Peckinpah que el progreso desplazaba dejándolos solos y a la deriva, sin rumbo y sin vida. Sus 94 minutos intensos y vomitados, donde se quema mucha rueda y juventud. Una película de garra y fuerza, de respiración contenida, como un puñetazo en el estómago, un thriller lleno de rabia y genio, que se consume a toda velocidad, no obstante su título original es Mange tes morts, (Me cago en tus muertos en castellano), puro cine visceral, brutal y contundente,  parido desde lo más febril de la condición humana.

 

Qué difícil es ser un dios, de Aleksei German

Qu_dif_cil_es_ser_un_dios-808171768-large LA BARBARIE EN ESTADO PURO

Arranca la película con un narrador en off que nos explica, frente a una imagen de un pueblo nevado, que nos encontramos en el planeta Arkanar, donde reina un régimen tiránico y se vive igual que hace 800 años, en plena edad media, siguiendo las estructuras de un sistema feudal. Nos presentan a Don Rumata, un caballero de armadura brillante, que tiene incrustado en la frente una joya y todos le atribuyen un poder divino, se ha erigido como el dueño, señor y dios de todos. A este dios se le ha atribuido una misión que cumplir, eliminar a los intelectuales del planeta. El cineasta Aleksei German (1938-2013), de filmografía breve, sólo 6 títulos, se embarcó en el año 2000 en el proyecto de su vida, que ya quiso llevar a cabo en el momento de la publicación del libro en 1969, una novela publicada por los hermanos Arcadi y Boris Strugatski (responsables también de las obras  Stalker (1979), dirigida por Tarkovski, y Días de eclipse (1988), de Sokurov). La novela  ya fue llevada al cine en 1989 por el alemán Peter Fleischmann con el título El poder de un dios, pero con resultados academicistas y estéticos que no agradaron a los escritores que la repudiaron públicamente. German tampoco  pudo hacerlo en aquel 1969, porque los tanques soviéticos invadieron Praga y las autoridades se lo prohibieron, ya que encontraban muchas similitudes con el poder gris. La segunda tentativa fue durante la prerestroika de Gorvachov, pero German pensó que sería un tema que no interesaría. Por fin, en el año 2013, ha visto la luz, después de un titánico esfuerzo de 13 años.

German nos sumerge en un inframundo donde sus personajes se mueven entre lo orgánico (saliva, mocos, heces, orina, vómitos, sudor, barro y sangre), donde una cámara, a través de planos secuencia (a la manera de Jancsó), penetra traspasando las paredes, los cuerpos y toda clase de objetos que se va encontrando a su paso. Una película filmada en un prominente blanco y negro (como casi toda la filmografía de su director), unos  escenarios de poderosos colores grisáceos, fielmente reconstruidos que respiran y exhalan toda la podredumbre y miseria, tanto moral como física, que asola la región. Unos hombres y mujeres que pululan como animales heridos y hambrientos, que se mueven en un reino caótico y podrido, en un planeta contaminado por la guerra y la barbarie, en un mundo harapiento de odios y mentiras. Un punto de vista completamente subjetivo donde la cámara flota de un personaje a otro, siguiendo los movimientos  torpes y lentos de Don Rumata, una cámara que se acerca de forma brutal, (casi chocando contra ellos, en encuadres difíciles e imposibles), a los personajes, en los interiores, entre las interminables estancias y mazmorras que están asfixiadas de gente de toda clase y estofa (criados deformes, esclavos ancianos, señoras obesas, mujeres dementes y demás seres vivientes de profunda animalidad que se pelean , y se humillan constantemente, soldados de La orden que asesinan impunemente, y señores altivos, etc…).

Don Rumata parece ser el único capaz de encontrar algún resquicio de luz ante semejante panorama de oscuridad y terror. Una obra de profundas actualidad, donde alguien se enfrenta al poder de lo establecido, para salvaguardar el arte y la poesía del mundo. Una película que nos remite al expresionismo, al imaginario y cinematografía de Jerzy Kawalerowicz, al Welles de Macbeth (1948), Otelo (1952), pero sobre todo a Campanadas a medianoche (1965), a Bresson de Lancelot du Lac (1974), y la pintura de Brueghel. La obra póstuma de un grandísimo creador, una película monumental, prominente, majestuosa e hipnótica, de belleza fascinante y conmovedora, de virtuosismo técnico, que subyuga y atrapa a todos aquellos espectadores que quieran viajar durante sus 170 minutos brutales y brillantes hasta la época del renacimiento que se encuentra perdida en los confines de la humanidad.

Aguas tranquilas, de Naomi Kawase

AGUAS-TRANQUILASDESPERTANDO A LA VIDA

En Las vacaciones del cineasta (1974), el cineasta Johan van der keuken hacía referencia a la reflexión del crítico André Bazin, que aseveró en cierta ocasión que el cine es el único medio capaz de mostrar el paso de la vida a la muerte. Esta ha sido una de las constantes del cine de Naomi Kawase (Nara, Japón. 1969), desde sus primeras películas, su objetivo ha sido filmar esa línea invisible y trascendental que separa los dos mundos. Ese lugar inherente a la vida y la muerte, ese espacio efímero, espiritual, ese tránsito entre lo que vivió y lo que acaba de morir, una grieta para abordar la ausencia y la pérdida de los seres que ya no están, sin olvidar otro de sus elementos indispensables y fundamentales en su cine, la naturaleza, esa fuente inagotable que rodea a sus personajes, esa fuerza invisible que envuelve todo y a todos, que se manifiesta de las formas más extraordinarias, inundando todo con su exquisita belleza, o por el contrario, emergiendo con toda su rugido y fuerza para arrasar con todo.

Dos estados y dos miradas, cauces por los que Kawase construye sus poemas visuales, su mirada inquieta y observadora, desde sus trabajos más íntimos y profundos, en los que coge su cámara y se filma a sí misma, y a los suyos, en Nacimiento y maternidad (2006), Genpin (2010) o Chiri (2012), o sus otras obras, las que confieren inquietudes más ambiciosas, como Shara (2003) o El bosque del luto (2007), dos trabajos de una calidad ejemplar que elevaron la obra de Kawase hasta los altares del cine contemporáneo, comparando su cine con otros nombres de la cinematografía japonesa como Nobuhiro Suwa o Kirokazu Kore-eda.

Su última película,  Aguas tranquilas (coproducida por Lluís Miñarro, última aventura, antes del cierre, de este afamado e imprescindible mecenas del cine más arriesgado, personal y a contracorriente del panorama contemporáneo internacional, que ha levantado películas de Guerín, Serra, Weerasethakul, Oliveira, etc…), entraría en esa segunda vía, en esta ocasión la directora nipona ha viajado hasta la isla de Amami-Oshima (lugar de origen de sus ancestros) para contarnos un cuento sobre dos adolescentes, Kyoko y Kaito, y su relato de iniciación a la vida (recuerdan al chaval de Verano del 42), un viaje donde conocerán el amor, el sexo, la vida y la muerte. El germen de la historia nació hace 8 años, cuando Kawase descubrió sus raíces familiares, (la realizadora fue abandonada por sus padres cuando era un bebé), a partir de ese hallazgo, acompañado del reciente fallecimiento de su madre de adopción, Kawase apoyándose en elementos de la cultura Yaorozu (en la que no existe un solo dios, sino muchos dioses sintoístas, en la que se acepta todo tipo de creencias, reduciéndolo todo a un estado de vacío llamado “MU” –nada-), vuelve a indagar en su memoria personal y familiar para reflexionar y profundizar sobre los ciclos vitales, la condición humana, y el proceso de duelo, de cómo afrontamos las alegrías y las tristezas que conforman nuestras vidas. La cineasta se adentra en las familias de los dos jóvenes, en las existencias cotidianas de los personajes de manera delicada y suave, desde una mirada contenida y en silencio, casi rozando sus cuerpos, escuchando sus alientos, explorando los pliegues de sus cuerpos, mirando lo que ellos miran, y sintiéndolos en cada instante.

Un cine parido desde lo más profundo, de luz cadente y mirada sobrecogedora, un cine que emociona y que nos muestra el lado humano, como nos enfrentamos a la muerte de alguien, y a la ausencia de ese ser, el terrible sentimiento que nos invade, y como nos relacionamos con nosotros mismos y los que nos rodean. Un cine reflexivo, que quiere atrapar lo invisible, el espíritu de las cosas, la naturaleza que se manifiesta con belleza y maldad, atrapar una brisa del viento, el rumor de las olas, un paseo en bicicleta, el primer encuentro sexual, un baño en libertad en las profundidades del mar, -el agua como elemento purificador y perturbador- a un anciano que se prepara para marcharse, el mar que nos descubre un cadáver, y un tifón que asolará la isla, dejando todo al descubierto, tanto lo emocional, lo físico y lo espiritual, desatando la contención de sus personajes. Cine poético, a flor de piel que nos envuelve entre lo vivido, lo soñado, lo intangible y sobre todo, la extraordinaria capacidad de los seres humanos de seguir viviendo a pesar de todo y todos.

La historia de Marie Heurtin, de Jean-Pierre Améris

La_historia_de_Marie_Heurtin-814895053-largeCANTO A LA EDUCACIÓN

Cuando el cineasta Jean-Pierre Améris (1961, Lyon. Francia), -autor de películas muy notables como La vida (2001), Concha de Plata en el Festival de San Sebastián, y Tímidos anónimos (2010)-, conoció la historia de Marie Heurtin, una niña de 14 años sorda y ciega, que a finales del siglo XIX fue recluida en un asilo de monjas para recibir educación, no lo dudó un instante, y se trasladó hasta los escenarios reales donde aconteció la historia, en el Instituto de Larnay, cerca de Poitiers. En ese espacio, Améris edifica el entramado argumental de su película. La historia arranca cuando los padres de Marie incapaces de educar a su hija, la llevan hasta el asilo, allí, debido a su grave minusvalía, la madre superiora rechaza su ingreso, pero la obstinación y perseverancia de la monja Sor Marguerite la hacen cambiar de opinión y la llevan a aceptar a la niña.

Así empieza este cuento hermosísimo sobre la superación de un ser que vive en la más absolutas de las oscuridades y silencios, una niña a la que se le ha negado la capacidad de comunicarse, y además se ha pasado casi toda su vida viviendo como una animal salvaje. El trabajo incansable, paciente y extraordinario de la monja, que en algunos momentos más que sesiones de aprendizaje, parecen combates de lucha, harán posible que Marie se convierta en una persona, primero, y luego, en una mujer inteligente, sensible y humana. Améris sustenta su película a través de sus dos personajes, y la amistad y el amor que entablan la monja Sor Marguerite (estupenda Isabelle Carré) y Marie (cálida la debutante Ariana Rivoire), que se erigen como el pilar de esta historia emocionante y contenida. El realizador francés adopta la línea emprendida por obras antecesoras que planteaban historias similares como El milagro de Anna Sullivan (1962, Arthur Penn), donde una institutriz se enfrentaba a una niña, Helen, también sorda y ciega, o El pequeño salvaje (1970, François Truffaut), donde el genial cineasta francés recogía la historia de Victor de Aveyron, un niño criado solo en el bosque, que era rescatado por un doctor que lo educaba.

El punto de partida de las tres obras es similar, aunque Améris ofrece una mirada propia, abre una senda diferente, sitúa su historia en la naturaleza, al principio, una parte de la educación se ubica en las cuatro paredes del convento, pero el desarrollo de los sentidos y su interrelación se produce en la naturaleza, en el contacto con los rayos de luz, la brisa que acaricia el rostro, las  hierbas que se mecen por el viento, las flores que adoptan formas, colores y multitud de significados… La desbordante e indescriptible emoción de quién aprende algo por primera vez, que relaciona las cosas que le rodean, que las conoce y sabe relacionarlas entre sí. Un cuento humano y poético, donde los pequeños e insignificantes detalles de los que estamos rodeados adquieren una gran importancia, en el que asistimos a la emocionante alegría que siente el que enseña con cada pequeñísimo paso que obtiene el que está aprendiendo. Un espacio donde el sentido del tacto lo es todo, y onde Marie se enfrentará al descubrimiento de la alegría y la felicidad, pero también a los sinsabores y la ausencia. Un delicado y dulce relato sobre la voluntad de superación de cada uno a pesar de los obstáculos más firmes y difíciles que nos podamos encontrar. Una maravillosa lección de pedagogía que rubrica el grandísimo valor del lenguaje, sea de la forma que sea, como elemento indispensable para que todo ser humano pueda comunicarse y relacionarse entre sí y los demás.

 

Gett: El divorcio de Viviane Amsalem, de Ronit y Shlomi Elkabetz

254221.jpg-r_640_600-b_1_D6D6D6-f_jpg-q_x-xxyxxUNA MUJER SOLA

Gett, es una palabra hebrea que significa “papeles de divorcio”. Los hermanos Ronit y Shlomi Elkabetz vuelven a ponerse tras las cámaras para cerrar su trilogía sobre la emancipación de la mujer en Israel, a través de su protagonista, Viviane Amsalem, (personaje que encarna la propia directora Ronit Elkabetz, portentosa y fascinante su composición). Trilogía que arrancaron en el 2004 con To Take a Wife, donde Viviane, quería separarse de su marido, pero sus hermanos la persuadían para que no lo hiciera. A continuación, en el 2008, presentaron  Los siete días, donde situaban a una familia velando el cadáver de uno de los suyos, y finalmente la que nos atañe.

 La trama es sencilla, Viviane lleva años separada de su marido Elisha, pero ahora quiere un divorcio legal para ser completamente libre y empezar una nueva vida. La cuestión radica en una incomprensible y abusiva ley hebrea que dicta que el divorcio sólo es posible si el marido da su consentimiento. El dispositivo de los realizadores hebreos es simple y contundente, unos pocos personajes que utilizan tres idiomas (hebreo, árabe y francés), el matrimonio en litigio, los respectivos abogados, y los testigos –familiares y amigos- que bajo sus testimonios contradictorios y complejos se desatan en una radiografía particular y honesta de la situación social en Israel. Una estructura formal que encierra a los personajes en las cuatro paredes de la sala de juzgados, apenas hay algunos planos de los pasillos de afuera, dotando a la trama de una atmósfera opresiva y muy asfixiante. Bajo este yugo de mise en scène, donde el tratamiento del punto de vista entre los personajes alcanza cotas de virtuosismo y grandeza, colocando a cada uno de ellos frente al otro y así mismo, apoyándose en sus gestos y miradas sostenidas. Una elaborada trama sobre la obstinación de una mujer frente a la inflexibilidad de su marido y de unos rabinos/jueces que justificarán la ley religiosa frente a ella, poniéndose de parte del marido que tiene las de ganar. Un marido que se empeña en continuar con su mujer y que ésta vuelva al hogar familiar.

 Durante los cinco años que transcurren desde el comienzo del proceso hasta que se da por zanjado. Uno de los aciertos de la película, es la montaña rusa de tono y perspectivas de su andamiaje, pasamos del relato noir, en algunos momentos nos encontramos frente a una de terror, en otros se impone la comedia, donde el absurdo de la situación adquiere situaciones de auténtico ridículo y farsa. Un cuento cotidiano donde la intolerancia religiosa se ve incapaz de respetar los deseos y libertades individuales de la mujer, que se encuentra inmersa en una locura kafkiana que convierte su demanda en una condena, y su existencia en una cárcel donde es tratada y vejada como si fuera una presa. Una historia cruel y terrorífica que nos habla de la terrible situación en la que se encuentran muchas mujeres en el mundo, donde la religión las ha anulado completamente, convirtiéndolas en seres invisibles e indefensos, donde las pocas salidas que tienen son las de luchar hasta la saciedad sin desfallecer en su vía crucis particular, porque el objetivo del estado no es otro que alargar los procesos para que el agotamiento se apodere de las demandantes, y así éstas se retiren y vuelvan a su hogar, y sigan siendo un ejemplo de esposas (in)felices y sometidas a la voluntad marital.

 

Encuentro con Pau Subirós

Presentación del libro «El Productor accidental», de Pau Subirós, donde dialoga con el periodista Emili Manzano. El encuentro tuvo lugar el lunes 23 de marzo de 2015, en la Librería Documenta de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pau Subirós y Neus Ballús, por su tiempo y generosidad, al responsable de la Librería Documenta, por su recibimiento y acogida, y a la Editorial Anagrama, por apostar por el libro y publicarlo. A todos ellos, Gracias por organizar este encuentro tan especial.

Calabria, de Francesco Munzi

locandina-anime-nereLA HERENCIA DE LA VIOLENCIA

La tercera obra del realizador Francesco Munzi (Roma, 1969), se centra en la “Ndrangheta” (término calabrés proveniente del griego y que significa “coraje” y “bondad”). Se trata de una organización criminal italiana cuya radio de acción se desarrolla en la zona de Calabria. Quizás no es tan conocida como las otras actividades delictivas, la Camorra o la Cosa Nostra, pero se ha convertido en el elemento criminal más poderoso de Italia desde los años 90. La trama penetra en la familia Carbone y sus tres hermanos. El mayor, Luciano, es pastor, como lo era su padre, que fue asesinado por una familia rival del pueblo, lugar donde vive alejado de los tejemanejes de tráfico de drogas de los otros dos, Luigi, “il capo”, impulsivo y frío, y Rocco, el “cuello blanco” de la organización. El cuarto en discordia, es Leo, hijo de Luciano, que a diferencia del padre, se siente fuertemente atraído por la vida criminal de sus tíos. El conflicto estallará cuando Leo ataca un bar de una familia rival, hecho que abrirá la veda de la rivalidad entre clanes. Entonces, los tres hermanos se reunirán en el pueblo para encontrar una solución.

Basada en la novela Anime Nere, de Gioacchino Criaco, el relato se vertebra entre dos mundos, el de Luciano, la vida tranquila del pastoreo en un pueblo montañés, y en olvidar el asesinato de su padre, postura que le enfrenta a sus dos hermanos, que continúan la tradición familiar dedicándose a asuntos turbios y oscuros. Entre ellos, a modo de puente, está Leo, el joven curioso y descerebrado que admira la figura de su tío Luigi, al que considera su modelo a seguir. Una historia compleja y realista (la enorme labor respetando los dialectos calabreses y mezclando actores profesionales con habitantes de Africo). Film de gran crudeza,  y fuertes contrastes, el norte moderno, sofisticado y corrupto, y el sur, primitivo y atávico. Munzi posa su cámara tranquila y observadora, deteniéndose en lugares sin alma, sin vida, donde la violencia latente respira en cada lugar, a la espera que alguien abra el fuego. Una amistad aparente y tensa entre las familias,  donde cada uno de ellos lleva el arma a mano y cargada. Unos personajes que se debaten entre la tradición y la modernidad, entre el odio y la venganza, por la muerte del padre, y el olvido, y el perdón por el que aboga Luciano. Munzi tiñe su película de oscuridad y sombras, haciendo gala de una sobriedad de altura, donde retrata a unas personas engullidas por la violencia, atrapadas por una vida abocada al honor y la muerte.

El director romano no juzga a sus «almas negras», las conduce hasta su propio dilema moral, donde cada uno deberá averiguar que parte le toca interpretar, en este túnel negro en el que respira su familia. Su retrato de la familia mafiosa no es edulcorado o simplista, sus personajes sufren la pérdida y el dolor. Si bien, es una cinta centrada en las figura masculina, el retrato que se hace de las mujeres, esas almas en la sombra, tampoco se queda en la superficie, están las que sufren en silencio, las que callan y dicen no saber, las que claman venganza, y las anuladas por sus maridos. Una aguda y reflexiva exploración sobre la mafia calabresa, que sigue de forma brillante la tradición de cine mafioso, emparentada con El Funeral (Abel Ferrara, 1996) y también, con Gomorra (Matteo Garrone, 2008), dos brillantes muestras de la familia imbuida por las tradiciones familiares envueltas por la violencia y la tragedia.

 

 

 

Masterclass de Pedro Costa

Masterclass de Pedro Costa. El encuentro tuvo lugar el Sábado 10 de Enero del 2015, en el CCCB de Barcelona, dentro del marco de la programación de Xcèntric.

Quiero expresar mi agradecimiento a las personas que ha hecho posible este encuentro: a Pedro Costa, por su tiempo y generosidad, y al equipo de Xcèntric, por organizar este encuentro tan especial.

Pasolini, de Abel Ferrara

tumblr_nc4tycl4T91qm7fcfo1_500ELEGÍA DE UN POETA

“Para ser poetas, hay que tener mucho tiempo: horas y horas de soledad son el único modo para que se forme algo, que es fuerza, abandono, vicio, libertad, para dar estilo al caos”.

Pier Paolo Pasolini

La película arranca con imágenes de la última película de Pier Paolo Pasolini, Saló o los 120 días de Sodoma, y se cierra con su cadáver, en la playa de Ostia rodeado de desconocidos, aquella mañana del 1 de noviembre de 1975. Un breve tiempo, acotado en el último día de su vida, en el que Abel Ferrara (Nueva York, 1951),  nos habla de Pasolini penetrando en su intimidad, acercándonos su figura, tanto física como emocional, pare un retrato del creador que venera y admira, de uno de los autores más reconocidos de la segunda mitad del S. XX. Se introduce en las múltiples personalidades del creador boloñés: el intelectual comprometido, el poeta sensible, el cineasta reflexivo que busca nuevas formas de representación y lenguaje, el homosexual en busca de amantes nocturnos, y el hombre que defendía la libertad individual, en un sistema opresor y castrador.

El recorrido del cineasta neoyorquino se detiene en los diversos aspectos, obsesiones y pensamientos que inundaban la mente del creador omnisciente, incómodo, y brillante. Desde la última entrevista que concedió en su vida, donde alerta al periodista Furio Colombo, sus temibles preocupaciones sobre la persecución sistemática del estado contra los poetas que se alzan, así como el peligro de desaparición del sistema democrático, y también, reivindica su postura de creador independiente, la define como un modo de hacer política. Ferrara también se posa en la cálida y tierna relación con su madre y hermana, vemos como escribe fragmentos de su novela Petróleo, come con Laura Betti (bellísima y cándida Maria de Medeiros) que viene del rodaje de Vicios privados, públicas virtudes, de Miklos Jancsó, se cita con Ninetto Davoli, lee el diario Il corriere della sera, y se preocupa ante unos asesinatos, y también imagina secuencias de su próxima película, Poro-Teo-Kolosal, donde sus protagonistas siguen un cometa que les ha de conducir hasta un paraíso imposible, entre medias, se verán inmersos en una orgía entre gays y lesbianas, y se cruzaran con todo tipo de personajes extravagantes y furibundos. Fragmentos de sus últimas horas que nos muestran al poeta cansado y sólo, inquieto sobre los acontecimientos políticos y sociales que acechan en su tiempo.

La postura y el tono empleados por Ferrara se aleja de la naturaleza de sus trabajos más celebrados como Teniente corrupto o El funeral, su acercamiento a Pasolini estaría más próximo a su película The addiction, aquella fábula moderna sobre vampiros en pena. Su relato se podría mirar como el diálogo que se establece entre dos cineastas, el maestro y el alumno que lo admira, entre la figura de Pasolini y el realizador que lo homenajea en su película. Si bien el cine de Ferrara entronca y se relaciona en algunos aspectos con el de Pasolini, en las miradas hacía la fealdad del ser humano y la sociedad, esos seres de los bajos fondos, que se mueven en la ilegalidad, o la traspasan, en la idea de un mundo apocalíptico, donde unos pocos manipulan, mutilan y asesinan a una mayoría abocada al caos y la desaparición. El andamiaje de la obra pasoliniana se estructura en dos conceptos: marxismo y cristianismo, centrada en el individuo y sus problemas, a través de lo más simple. Una obra de un humanista preocupado por su tiempo, que le conduce al mismo camino emprendido por cineastas como Renoir o Rossellini. Ferrara ha fabricado una pieza de cámara, (con una composición de Willem Dafoe como Pasolini, en estado de gracia absoluta, donde nos brinda una interpretación colosal, apoyada en unos mínimos gestos y miradas), nos devuelven a un Pasolini pausado, en un relato susurrado, de canto funerario, que se toma su tiempo, un tiempo de espectros, de sombras y sobre todo, de una sociedad envuelta en el miedo y la incertidumbre, en la que el genio de Pasolini se detuvo en analizar y reflexionar.

Rueda de prensa de «Els veïns de dalt»

Rueda de prensa con el equipo de la obra de teatro «Els veïns de dalt», escrita y dirigida por Cesc Gay. El encuentro tuvo lugar el miércoles 18 de Marzo en el Teatre Romea de Barcelona.

Quiero expresar mi agradecimiento a las personas que ha hecho posible este encuentro: Sandra Costa de La Costa Comunicació, por su tiempo y generosidad, y al equipo del Teatre Romea, por su amabilidad y complicidad.