B, de David Ilundain

poster-b-barcenas-peliculaDESTAPANDO EL PASTEL

Primero fue una obra de teatro que se llamó Ruz-Bárcenas, escrita por Jordi Casanovas y dirigida por Alberto San Juan, estrenada en mayo del 2014 en la pequeña sala del Teatro del Barrio de Lavapiés. A una de aquellas funciones, asistió David Ilundain (Pamplona-Iruña, 1975), reconocido cortometrajista y con amplia experiencia como ayudante de dirección y script. Desde que presenció la obra, se puso manos a la obra para llevarla al cine con los mismos actores, en lo que es opera prima. Su empresa no ha resultado fácil ni mucho menos, después de llamar infructuosamente a algunas productoras para financiar el proyecto, tuvo que recurrir al micromecenazgo para reunir los 55.955 euros gracias a la colaboración de unos 600 mecenas. La película se centra en la declaración de Luís Bárcenas, ex-tesorero del Partido Popular, ante el Juez Ruz, el 15 de julio de 2013, en la Audiencia Nacional. Hasta ese día, Bárcenas había negado toda relación con la contabilidad B del partido, pero 18 días después, que pasó en prisión, cambia su testimonio y explica con todo lujo de detalles los sobres en negro que se repartían entre los miembros del partido, y las operaciones encubiertas dentro del organismo que estaban a la orden del día.

Ilundain instala su película en un espacio diminuto, en una sala pequeña donde habitan las 20 personas que se dieron cita a aquel día, utiliza una misè en scène realista, dura y agobiante, lo más cercana a la realidad, muy próxima al tono de documento que requiere una obra de estas características. El calor sofocante, los comentarios entre los presentes, las interrupciones y la respiración ahogada y el sudor nervioso laten con fuerza durante los 78 minutos de duración, un tiempo breve y conciso donde se condensan las 4 horas que duró la declaración real. Escuchamos fragmentos de la declaración que se escuchó aquel día transcritas de los documentos oficiales. Una película realizada con urgencia, la realidad no dejaba espacio para la espera, o se hacía o se perdía el instante de la noticia, el momento caliente de lo que estaba ocurriendo, los anglosajones lo llaman con el término instant movie, recogiendo de esta manera el espíritu que recorría la obra de teatro. La película rodada de manera directa, enérgica y vomitada como si se tratase de un combate de boxeo en toda regla, a las preguntas del Juez, Bárcenas contesta de manera contundente, sin pelos en la lengua, y sin miramientos, parece que no quiere dejarse nada por decir. Toda una declaración al abismo que destapaba y dejaba al descubierto las artimañas y todo tipo de ilegalidades que se cometían en el seno del partido que dirigía el país. La elección de repetir con los mismos intérpretes que ya habían hecho la obra, añade un plus fascinante a todo lo que se está contando, a los pocos minutos de empezar la película, nos olvidamos por completo del espacio cinematográfico, y de unos actores interpretando, y nos dejamos llevar de manera brutal por las personas que allí se concentran, e imaginamos y somos testigos de todo lo que allí se vivió aquel día de verano asfixiante.

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Pedro Casablanc se transmuta en Bárcenas, creando una caracterización y unos gestos especialmente verosímiles, apoyado en un tono de voz de grandísima altura, una interpretación descomunal, convirtiéndose en una fascinante composición que recuerda al mismo proceso de Helen Hunt en The queen, interpretando a la reina Isabel II, por citar a una reciente. No sabes en qué punto acaba el actor y empieza el personaje. Misma transmutación que realiza Manolo Solo que interpreta al Juez Ruz, que actúa como un contrincante de mucho peso. Igual que ocurría con la obra teatral, la sombra de Frost-Nixon, el texto teatral de Peter Morgan, (adaptado al cine por el director Ron Howard), que escribió basándose en las entrevistas que el periodista Frost hizo a Nixon, el ex-presidente de los EE.UU. en 1977, donde el que fuera mandatario se despachaba a gusto de su implicación en el caso Watergate, que le costó su dimisión. B, (el título que hace alusión a esa caja donde se guardaba el dinero no declarado), es un poderoso thriller político, sobre la corrupción desalmada de muchos gobernantes del país, la podredumbre de un poder obsoleto y fascistoide que actúa por encima de la ley. Una cinta que se destapa como un tour de forcé magnífico, memorable, de excelente pulso y nervio cinematográfico, en su aparente sencillez y austeridad, reside una honestidad y transparencias dignas de elogiar. Se citan muchos nombres, datos, cifras, y demás relaciones numéricas… Pero todo se hace de manera minuciosa, clara y directa, no se deja nada fuera, se explica lo que allí aconteció, tampoco hay directrices ni una postura moral de los responsables de la película, la historia se explica cómo sucedió, o al menos como casi sucedió, porque a fin de cuentas, nunca sabremos si la declaración de Bárcenas es real o falsa, o si actúa en nombre propio u oculta a alguien o terceras personas, verdades o mentiras que seguirán sin esclarecerse, al menos por ahora.

 

Entrevista a Jonás Trueba

Entrevista a Jonás Trueba, director de «Los exiliados románticos». El encuentro tuvo lugar el martes 8 de septiembre de 2015 en el hall del Cine Zumzeig de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Jonás Trueba, por su tiempo, simpatía y generosidad, a Eva Herrero de MadAvenue, por su paciencia, amabilidad y cercanía, y al equipo del Cine Zumzeig, por acogerme con tanto cariño y simpatía.

Entrevista a Vito Sanz

Entrevista a Vito Sanz, uno de los actores de «Los exiliados románticos», de Jonás Trueba. El encuentro tuvo lugar el martes 8 de septiembre de 2015 en el hall del Cine Zumzeig de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Vito Sanz, por su tiempo, simpatía y generosidad, y a Eva Herrero de MadAvenue, por su paciencia, amabilidad y cercanía.

Los exiliados románticos, de Jonás Trueba

Los_exiliados_rom_nticos-624520968-largeLAS MUJERES QUE AMAMOS

El último trabajo de Jonás Trueba (Madrid, 1981) tiene la efervescencia del momento, de la película hecha sobre la marcha, cómo él mismo explica, de extensión leve (70 minutos de duración), esa historia ligada a un instante, a filmar ese momento que no volverá a repetirse, rodeado de unos amigos que emprenden un viaje subidos en una furgoneta Volkswagen modelo California, a los que les envuelve la amistad de muchos años, las conversaciones nocturnas tomando unos vinos, hablando de sus cosas y de las de los demás, de las mujeres que amaron y amaran, y aquellas que creyeron haber amado, y muchas más situaciones y momentos que siguen permaneciendo en el interior de cada uno de ellos.

La película sigue el camino emprendido por el pequeño de los Trueba en sus anteriores trabajos, ya como coguionista junto a Víctor García León, en aquellos brotes de talento que fueron las comedias agridulces Más pena que gloria y Vete de mí, y continuaron ya como director en solitario, en su debut con Todas las canciones hablan de mí, a la que siguió Los ilusos, dos excelentes muestras, concebidas desde puntos de vistas y momentos diferentes, pero las dos forman parte de un ideario que contempla el pulso narrativo de la cinematografía actual. Ahora nos llega una película de carretera, una road movie, donde tres colegas emprenden un viaje que tiene su partida una mañana en Madrid,  que pasará por Toulouse, donde recogerán a Renata, una italiana, que se encontrará con Francesco, y luego seguirán camino hasta París, donde Luis ha quedado con Isabelle, una suiza-alemana, y finalmente, sin dejar la ciudad de la luz, Vito se verá, en los jardines de Luxemburgo, con Vahina, una francesa que conoció ese verano en Salou, y para cerrar el viaje, una parada en un lago de Annecy. Tres citas, tres encuentros con mujeres, con esos amores efímeros, esos romances leves, esos encontronazos con el amor, esos sueños perdidos de una juventud alargada. Trueba, al contrario que ocurrió con Los ilusos, un rodaje que se dilató en el tiempo, filma su película en apenas 12 días, recorre 4000 kms a lomos de sus personajes, que continúan, como hasta ahora en su filmografía, siendo hombres inmaduros, jóvenes perdidos, confusos con ellos mismos y con todo lo que le rodea, incapaces de enfrentarse a sus propias vidas, y encontrando excusas vanales para no tomar decisiones importantes.

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Trueba no hace alarde tratando temas trascendentales ni nada por el estilo, filma con modestia a sus amigos hablando y comiendo, yendo de un lugar a otro, donde ríen y piensan en ellos mismos y en los otros, donde estar con amigos de viaje visitando mujeres sea el único viaje y nada más. Dentro de su aparente ligereza, la cinta contiene temas interesantes y complejos como el final de la juventud, del ocaso de un manera de vivir o simplemente, el tránsito inevitable de convertirse en algo en lo que no habías ni imaginado. Quizás para arribar a un lugar de ti mismo en el que no habías pensado, por miedo a sentir que todo había acabado y que nada volvería a ser como antes. Trueba pare una película donde sus amigos-personajes hablan de cine (el aroma del cine de Rohmer y Truffaut es fácil de reconocer, y  el cine amistad y vida de Tanner, en sus películas setenteras como La salamandra, Jonás que cumplirá 25 años en el año 2000 o Messidor, forman parte de los referentes y el encanto que reside y transita en la película), también hablan de literatura (se cita el libro Las pequeñas virtudes de Natalia Ginzburg), hay tiempo para citar a Marx y a otros pensadores, y todo aquello que se soñó pero se quedó en la cuneta, y por supuesto, también hay espacio para la música, incluso se atreven a cantar. Las canciones de Tulsa, que aparece en varios instantes de la película-viaje, actuando ante los personajes o con ellos, y cantando sus emociones y estados de ánimo. La luz de Santiago Racaj ayuda a crear esa atmósfera suave y melancólica que baña todo el metraje.

Un canto no sólo a la vida, sino al cine, a la amistad real y al amor, fabricada desde la inquietud de un creador sincero y honesto, alguien que ama lo que hace y lo explica, y filma de esa forma, sin artificios ni subrayados.  Un cine que se destapa como ligero, que se digiere tranquilo, con pausa, sin sobresaltos, que no hiere, pero que esconde en su forraje e interior, toda una idea o sentimiento que se palpa en los jóvenes actuales, (como aquel cine español de la transición que recogía en su humildad, los temas que estaban candentes en el sentir del momento), una idea sobre esa incertidumbre e invisibilidad que nos condena una sociedad cada vez más moderna, y menos humana.

Los héroes del mal, de Zoe Berriatúa

 Los-heroes-del-mal_referenceLA VIOLENCIA DESDE DENTRO

El arranque de la película con la entrada de unos alumnos en una aula, en cámara lenta, con el acompañamiento musical de The Young Person’s Guide to the Orchestra, de Benjamin Britten, ya nos pone en guardia, y es todo un augurio de por donde irán los tiros. Zoe Berriatúa (Madrid, 1978), actor de dilatada carrera que arrancó en 1996 con África, del siempre interesante y audaz Alfonso Ungría, y prolífico cortometrajista en los últimos años, hace su debut con una película producida por Alex De la Iglesia, que gustó en su paso por el Festival de Málaga.

La cinta se centra en tres adolescentes que sienten como su primer día de instituto se les asigna los roles de inadaptados o raros, como ustedes gusten. A partir de ese momento, sus compañeros de clase, les dedicarán todo tipo de insultos, vejaciones y demás maltratos, y ultrajes. Pero, esos no se quedarán impávidos antes tantas humillaciones, y después de hacerse colegas, planearán su venganza. Poco a poco, se van introduciendo en una espiral que la maldad se convierte en su modus vivendi, en su forma de protesta ante ese mundo cruel que se ha declarado en guerra contra ellos. El mundo les pertenece, su guarida la encuentran en una casa abandonada rodeada de maleza, allí disfrutan y sonríen con sus botines, alcohol y drogas, y demás objetos que roban impunemente. También, allí descubren el sexo, una relación ménage à trois que ataca con más violencia a la violencia imperante en la sociedad. Pero la cosa se deteriora y donde la violencia era divertida y cojonuda, genera una violencia en su contra, el trío se resquebraja y se distancian. Berriatúa se viste de largo en una película compleja, que mira de frente a los temas que trata, de forma honesta y sincera, y escarba en esa violencia sin sentido que está tan aceptada en la sociedad, del acoso escolar de cada día, de unos adolescentes que huyen de sí mismos, de los que les hacen daño, sean padres o compañeros de clase, de seres que no saben ni pueden encontrar el lugar que le corresponde.

Una cinta que maneja temas especialmente delicados, que los trata de frente, sin quitarles la cara, que combina, de forma interesante, el drama íntimo con el degradado entorno social de muchos institutos y barrios. Una obra que en ocasiones raya a gran altura, dejándose de complejos y pequeñeces. Aunque su segundo tramo, cuando el mal y la perversión se instala en este grupo, es cuando la película alcanza su mayor dulzura, porque los tres protagonistas ya no saben quién es quién y más aún, no saben quiénes son ellos mismos, y dudan de los otros y les tienen miedo. Una de sus grandes bazas es el trío de jóvenes actores que dan vida a estas almas que se enfrentan a todos y a ellos mismos, Jorge Clemente, nos brinda con el personaje más terrible y sumamente complicado, perdido y amenazado en conflicto perpetúo contra la sociedad de la que se siente atacado, Emilio Palacios, el amigo que comprende e intenta salvar a su desgraciado amigo, y por último, Beatriz Medina, la chica con pintas de macho, que equilibra esta balanza diseñada para hacer daño, y hacerse daño.

 

El Visionario. El hombre que predecía la economía mundial, de Marcus Vetter

poster_castEL HOMBRE QUE SABÍA DEMASIADO

En un momento de la película, alguien suelta la siguiente premisa: «Quién domine la economía, dominará el mundo». El experimentado realizador Marcus Vetter (Alemania, 1967), con larga trayectoria en el mundo documental nos sumerge en un fascinante y laberíntico baile de cifras, valores, mercados financieros y sobre todo, en un mundo donde nada de lo que vemos parece real, todo se mueve entre sombras y espectros, donde unos juegan y siempre ganan, y otros, nunca juegan, y cuando lo hacen, siempre pierden. Uno de esos personajes es Martin Armstrong, un economista e informático, que se convierte en el absoluto protagonista de la cinta, no se trata de una biografía al uso, sino en concentrarse en el éxito financiero que obtuvo Armstrong en los años 80, cuando diseñó un modelo de predicción basado en el número Pi, y luego el caso que lo condenó al ocaso. Armstrong ideó un modelo de gran precisión que anticipó algunas de las crisis con exactitud de reloj suizo como la Guerra del Líbano del 82 y la burbuja del índice Nikkei en diciembre del 89. Los banqueros más poderosos de Nueva York lo invitaron por todos los medios a su alcance a que formara parte de sus equipos, pero Armstrong siempre se negó. Hecho que lo condujo a una acusación de estafa y conspiración. El FBI requisó toda su documentación y se enfrentó a un delito de estafa por valor de 3000 millones de dólares. En el 2001 ingresaba en una prisión federal donde acabó pasando 11 años de su vida.

La película se detiene en el caso que hundió a Armstrong hablando con el propio protagonista, además de todos sus colaboradores y familiares, todos ellos nos ponen en antecedentes de lo ocurrido, nos desvelan detalles precisos y datos que nos llevan a pensar en una conspiración bien armada por los más poderosos para acabar con el negocio de Armstrong. La cinta arranca en el 2012, cuando Armstrong ha cumplido su condena, y asiste a realizar un seminario de economía donde vuelve a reencontrarse con todos los allegados de su equipo profesional. Luego, la cinta nos irá contando su modus operandi que utilizaba para prever las crisis y desastres financieros mundiales. Para centrarse, en el grueso de la trama, del caso que le llevó a prisión. Un caso lleno de sombras y zonas muy oscuras que implicaba al gobierno de Rusia, el FMI y uno de los bancos más poderos de Nueva York. Un caso que a día de hoy sigue sin desvelarse. Se describe minuciosamente el verdadero linchamiento al que fue sometido Armstrong, un juicio donde se le acusó injustamente con pruebas falsas, y tiempo después, cuando el Republic National Bank declaró su culpabilidad, el juez encargado del caso, quizás movido por hilos de las altas esferas, lo mantuvo en prisión. A pesar de las innumerables ofertas, primero, y luego coacciones y chantajes, Armstrong nunca desveló la clave de su modelo económico infalible. Quizás, el quid de la cuestión, que le mantuvo tantos años privado e libertad.

Un documento demoledor contra el sistema económico mundial, su modo de operar, basado en un funcionamiento ilegal fuera del alcance de la ley, donde las grandes operaciones financieras lo dominan todo, dirigen países, gobiernos y toda clase de poderes. Vetter ha realizado una obra de gran ímpetu fílmico, a modo de aquellas grandes obras de gran calado político de los 70 que dirigieron cineastas de la talla de Pollack, Pakula, Costa-Gavras… Una cinta desarrollada de forma brillante, aportando y documentando todos los datos y fuentes de primera mano, siguiendo el caso como si fuese un investigador experto, lástima que el juez y el fiscal no hayan querido participar en la realización de la película, porque quizás ellos si que tienen la clave de acceso a la información oculta que abriría las puertas que hacen falta para saber la verdad. Porque aunque el poder siempre se resista a desvelar la verdad, ésta, con el tiempo aparecerá, aunque llegados a ese momento, conoceremos todos los detalles del caso, quizás ya sea demasiado tarde, porque la frenética actualidad nos habrá sometido a otro nuevo caso sin resolver.

 

 

Corazón silencioso, de Bille August

2015_09_02_No_15-1MORIR EN FAMILIA

El cineasta danés Bille August (1948) descubrió las mieles del éxito con dos títulos que forman parte del imaginario cinéfilo de finales de los 80 y principios de los 90. Pelle en conquistador (1987), ganadora de la Palma de Oro en Cannes, el Globo de Oro y el Oscar, narraba la odisea de unos inmigrantes, y Las mejores intenciones (1992), a partir de un guión autobiográfico de Ingmar Bergman, se adentraba en un intenso y memorable drama familiar. Ahora, después de un periplo internacional, donde el director escandinavo se ha dirigido grandes producciones rodadas en inglés con resultados menos buenos de los esperados, ha vuelto a su país, y ha recuperado la esencia de aquel cine intenso e intimista, un cine de personajes, de las relaciones entre ellos, y los conflictos que los abordan.

El resultado es este intenso drama, de envoltura de pieza de cámara, como aquel teatro que defendía Brecht, o el cine de Bergman, y nos cuenta, o podríamos decir, nos susurra, en apenas tres jornadas, y con una única localización, la casa familiar, junto a un lago, que reúne durante un fin de semana, que será el último que los reúna a todos, a tres generaciones de una familia, ahora mas desunida que antes, como suele ocurrir en todas. Todos ellos, la hermana mayor, Heidi, acompañada de su marido e hijo, Sanne, la hermana menor que aparece con su novio de idas y venidas, una amiga del matrimonio, y los padres. Todos se han juntado para despedir a la madre, para pasar el último fin de semana con ella, porque la matriarca, Esther, enferma de una dolencia degenerativa ha decidido acabar con su vida. August filtra su cámara en las aristas y los pliegues que se irán resquebrajando entre los componentes de esta familia a lo largo de esos tres días. El cineasta mira a sus criaturas de forma honesta y sincera, los observa sin inmiscuirse en sus vidas, se detiene cerca de ellos, pero sin molestar, se toma el tiempo preciso y cocina a fuego lento este durísimo encuentro de verdades y mentiras que salen a la luz, y sobre todo, un retrato sobre lo efímero de la vida, donde los personajes deberán redimirse frente a ellos y al que tienen delante, despojarse de sus miedos e inseguridades, y aceptar al otro, la decisión que tendrán que entender por el bien de todos, y sobre todo, por su bien.

Una película que aborda temas complejos y difíciles donde cada uno de los personajes deberá hacerse las pertinentes preguntas para entender y aceptarse primero a él mismo, y luego comprender a una madre que sólo quiere morir como ha vivido, en paz. La cinta de August tiene muchos elementos comunes con Celebración (1998), de Thomas Vinterberg, una de las joyas del movimiento «Dogma» que se inventó Lars Von Trier, si en aquella una fiesta familiar destapa la caja de los truenos mediante reproches e insultos, debido a un padre maltratador y represor, en ésta, con que también comparte algunos intérpretes, la reunión deriva por otros derroteros, menos acusadores, pero a la postre, los hijos mantienen una posición moral parecida, deben enfrentarse a una decisión que algunos de ellos ignoraban, y otros deben aceptarla y vivir con ella. El trabajo de August dirigiendo a los actores es magistral, todos ellos, algunos tomando protagonismo sólo en breves momentos, tienen su instante de importancia dentro del conflicto familiar, entre las que destacan Paprika Steen, conocida actriz que ha trabajado en la mencionada Celebración, al lado de Von Trier y con Susanne Bier, entre otros, reconocida con la Concha de Plata a la mejor actriz en el Festival de San Sebastián del 2014, por su notable interpretación de la calculadora, engreída y perfecta Heidi, que enmascara con esa apariencia una vida aburrida, monótona y tradicional, Ghita Norby, que interpreta a la madre, logra con una mirada y un gesto lo que no se puede describir con palabras, y finalmente, Danica Curcic, que compone a Sanne, esa hermana pequeña depresiva, desencajada dentro del núcleo familiar, que no logra la estabilidad emocional y que anda dando tumbos sin remedio. Un grupo humano que deberá enfrentarse a una situación en la que no sólo deberán aceptar la muerte de su madre, sino aceptarse a ellos mismos y también, a los otros componentes familiares.

Anacleto: Agente Secreto, de Javier Ruiz Caldera

poster-anacletoPARODIANDO UNA DE ESPíAS

El personaje de Anacleto ya había debutado en la gran pantalla brevemente, fue en la película El gran Vázquez (2010), de Óscar Aibar, (cinta donde se relataban las andanzas del famoso historietista, que también servía de homenaje al cine patrio de los 60). Anacleto aparecía a modo de animación interactuando con su propio creador. Ahora, llega su salto a la gran pantalla, como anteriormente dieron el gran salto otras criaturas de la Editorial Bruguera como Mortadelo y Filemón, El Capitán Trueno o Zipi y Zape, con resultados desiguales.

El responsable de esa aventura cinematográfica ha sido el director barcelonés Javier Ruiz Caldera, el joven director sigue en su cuarto título de su carrera, el camino emprendido en su debut Spanish Movie (2009), una parodia sobre cine español surgida a raíz del éxito de Scary movie, le siguió tres años después Promoción fantasma, aquí el objeto de la mofa radicaba en las cintas estadounidenses ambientadas en institutos donde los estudiantes se enfrentaban a terroríficos asesinos. La tercera incursión en este género paródico fue hace un par de años en la excelente y rabiosa 3 bodas de más, (donde se reía de esas comedias romanticonas americanas donde la chica angelical y de vida profesional triunfante fracasa constantemente en el amor). Caldera paría una agitada y buenísima comedia con patosa científica e inmadura emocionalmente que se veía envuelta en las mil y una en la caza del amor romántico. Ahora, se enfrenta en la difícil tarea de adaptar un cómic legendario en la historieta española, y creado por uno de los grandes, Manuel Vázquez Gallego (autor también de Las hermanas Gilda y La familia Cebolleta, entre otros) en el 1965 como parodia del agente James Bond 007, que en el 1962 había debutado en el cine en la película 007 contra el Dr. No, no obstante el autor se declinaba más como referencia el personaje Maxwell Smart e la serie televisiva Superagente 86. Ruiz Caldera sale airoso del envite dotando a su película de comedia clásica, hay trompazos, golpes y persecuciones al más puro slastick, y cómo no, también hay comedia, como en sus anterior films, esta vez una comedia física, de carreras, de nervios, disparos, explosiones, de constante tensión. Nos recuerda mucho a la saga de Torrente, de Santiago Segura, aunque la comparación es obvia, ya que el personaje de José Luis Torrente y sus andanzas beben y mucho del universo Bruguera y esa idiosincrásica carpetovetónica tan arraigada en nuestro ser.

La película coge la esencia del tebeo, con abundantes guiños y referencias al universo Bruguera y Vázquez: el arranque de la cinta con el desierto de Gobi, perdido en el culo del mundo, y ese inicio a lo Bond, los innumerables tics paródicos de objetos, escondrijos y demás herramientas andrajosas y fueras de tiempo, el inseparable cigarrillo, el smoking con pajarita, y esos andrajosos edificios, llenos de recortes y oficinistas caricaturizados y esa (des) organización que recorre toda la trama, sin olvidarnos de su archienemigo «El malvado Vázquez», parodia del propio creador y de esos siniestros monstruos de las películas de 007. La película se desarrolla a un ritmo vertiginoso, con una ambientación atemporal, porque por un lado tiene un look muy de los 70, con esos edificios interminables ubicados en barrios colmenas y plazas de estética cutre, y mercados a la vuelta de la esquina , y por otro, se cita a películas actuales del tipo sagas de Misión imposible y Jason Bourne. El reparto, con algunos de los habituales del director,  ajustado y definido también hace un espléndido trabajo, la elección de Imanol Arias como ese Anacleto, cansado y viejo es muy acertada, Quim Gutiérrez como hijo del antihéroe se destapa como el patito feo que da el salto sacando la bestia que lleva en su interior, Berto Romero, como amigo patoso y listillo, Carlos Areces, que raya a gran altura en la piel del malo, y no menos su grupito de secuaces que lo sigue hasta la muerte, sin olvidarnos de esa familia disfuncional y cutre que tanto conocemos todos. Quizás la película decae en algunos momentos cuando intenta aclarar ciertos elementos, porque cuando dan rienda suelta a la locura y la parodia, metiendo caña y soltando libremente el despiporre y la caspa, la cinta aumenta su energía y sus salvajadas, y sus ganas de hacer reír y divertir al personal riéndose de todo y todos, sobre todo, de si mismos, y de ese cine de espías de escuadra y cartabón que tanto se ha gustado a si mismo.

 

Entrevista a María Aguilera Reche

Entrevista a María Aguilera Reche, directora de «¡A un Dólar! ¡A un Dólar!». El encuentro tuvo lugar el miércoles 28 de enero de 2015, en un parque en el complejo del Fórum de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a María Aguilera Reche, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y al equipo de la Mostra Miradocs. Barcelona Mirades Documentals, y a su responsable Julio Lamaña Orozco, por su grandísimo trabajo y ofrecernos la posibilidad de conocer un cine reflexivo y a contracorriente, que trabaja por mostrar una realidad cercana, invisible y compleja.

Papusza, de Joanna Kos-Krauze y Krzysztof Krauze

557194UNA POETA OLVIDADA

Nadie me comprende,

sólo el bosque y el río.

Aquello de lo que yo hablo ha pasado todo ya,

todo, y todas las cosas se han ido con ello…

Y aquellos años de juventud.

Hace un par de años se estrenó entre nosotros Ida, de Pawel Pawlikowski, que retrataba, en un primoroso blanco y negro, la visita de una novicia a su tía amargada y alcohólica, en la Polonia de los años 60. Un encuentro que destapaba el oscuro secreto de una familia judía durante la ocupación nazi. Ahora nos llega, con dos años de retraso, (galardonada en más de una decena de certámenes, mejor dirección en la Seminci de 2013, entre ellos), la película dirigida por el matrimonio formado por los cineastas Joanna Kos y Krzysztof Krauze. Una cinta también polaca, y filmada en un sobrecogedor e imponente blanco y negro, que cuenta la historia de Bronislawa Wajs (nombre polaco de Papusza, que en romaní significa muñeca), la primera poetisa y cantante gitana que vivió entre 1910-1987. La película abarca la historia de Papusza desde su nacimiento, donde recibe una maldición que la augura soledad y miseria en el futuro, hasta la década de los 70.

Los directores optan por una estructura desordenada, plagada de abundantes flashbacks, y continuos saltos en el tiempo. Una prosa atrevida y desconcertante que deja al espectador el proceso de armar este puzzle en apariencia inconexo y complicado. La película se detiene en los momentos cruciales de la vida de Papusza, sus primeros pasos por el bosque, su despertar hacía la lectura, un matrimonio forzoso cuando todavía es una niña con su tío mucho mayor que ella, la ocupación nazi y los desastres de la guerra, la burocracia que les persigue y les impide llevar su propia vida, y la dificultad y los continuos problemas de una vida, la romaní, nómadas de tradición, que transitan por caminos polvorientos subidos en carretas tiradas por caballos, sus campamentos a la orilla de los ríos, y sus canciones, bailes, música e historias compartidas a la luz de una hoguera. Vidas errantes y duras son las que vive Papusza  y los suyos. La llegada de Jerzy Ficowski, un joven escritor que huye de la justicia y es protegido por el marido de Papusza, convierte a la joven gitana en otra persona, descubre la poesía y su talento, y sobre todo, el amor. Jerzy con la ayuda de Julian Tuwin consiguen publicar los poemas de Papusza en la dura posguerra polaca. Lo que podría suponer una alivio económico y reconocimiento para la poeta romaní, se convierte en todo lo contrario, su pueblo la desprecia y la destierra por sacar a la luz sus tradiciones y su forma arcaica de vida, la acusan de traicionarles y venderse al mundo gadjikane (no gitano), y la expulsan de su cultura y costumbres. Este durísimo golpe que sufre Papusza la hace caer en una depresión de la que no logrará salir jamás (un caso parecido al que vivió Camille Claudel). Papusza es una pieza de orfebrería formal cocida a fuego lento, no hay grandes secuencias de llantos y gritos, todo se filma de manera respetuosa, casi en la lejanía, sin movimientos de cámara, en cámara lenta algunos instantes, aunque también hay primeros planos y medios (por momentos parece un documental sobre el modo y formas de vida de la cultura romaní de la primera mitad del siglo XX), entre todo ese mundo, surgida de otro tiempo, emerge la figura y el talento poético de Papusza, un ser autodidacta y maravilloso que pertenece a otro mundo, por su sensibilidad y su forma de ver lo que le rodea, como en un momento le explica a Jerzy: “Lo vemos todo igual pero lo vivimos de forma distinta”.

Una mujer perseguida e injustamente olvidada por su propia gente, una cultura basada en el patriarcado. Otra mujer condenada y proscrita que, a lo largo de la historia sufrieron los designios y voluntades de unos hombres que las maltrataban y asesinaban. En otro de los grandes momentos de la película, una Papusza en la cuarentena se lamenta de haber aprendido a leer, explica que si no lo hubiera hecho su vida habría sido más feliz. La película, que aunque logra hipnotizarnos con su blanco y negro, (un inmenso trabajo de Krzysztof Ptak, más cerca de los realizados, en la misma textura y tonos, por Fred Kelemen para El caballo de Turín, de Béla Tarr, y Christian Berger para La cinta blanca, de Michael Haneke, que por sus paisanos Lucasz Zal y Ryszard Lenczewski para la mencionada Ida) se echa en falta algunos momentos donde la emoción de las secuencias debería arrebatarnos, aunque nos desluce el resultado final de implacable factura.. Un relato que se abre y se cierra de forma primorosa, su plano final, estático, y entrando la música, mientras vemos la caravana de carretas una tras otra en un paisaje invernal, una vida romaní en continuo movimiento, de viajes sin destino, de seguir hacía adelante, sin  tiempo y sin memoria.