Sordo, de Alfonso Cortés-Cavanillas

EL SILENCIO DE UN HOMBRE.

Nos sitúan en el año 1944 en plena posguerra y en algún lugar junto a la frontera, cuando un grupo de guerrilleros entra en España como avanzadilla de la que se llamó “La Reconquista” para acabar con Franco. La operación se va al traste cuando el ejército le sabotea la demolición de un puente, el grupo es reducido, apresado Vicente, el jefe del grupo, y Anselmo, amigo del alma de éste, se queda sordo debido a la explosión y huye despavorido al monte. A partir de ese instante, se inicia una persecución sin cuartel de las fuerzas del orden para capturar al fugitivo, que se encuentra solo, asustado y sordo. Alfonso Cortés-Cavanillas quedó fascinado cuando leyó el cómic Sordo, de David Muñoz y Rayco Pulido, y se puso manos a la obra para llevar a la gran pantalla este relato introspectivo e íntimo sobre un hombre solo que intenta sobrevivir a pesar de las circunstancias adversas y sus enemigos que le acechan. Cortés-Cavanillas aglutina una gran experiencia en el medio televisivo, además de haber debutado en el 2012 con Los días no vividos, un drama apocalíptico protagonizado por Ingrid Rubio en el que ya estaban, entre otros, Asier Etxeandia que da vida al huido y perseguido Anselmo, y Ruth Díaz que interpreta a Elvira, en una de las secuencias más tensas de la película.

El guión firmado por Juan Carlos Díaz y el propio director enmarca la acción en bellos y fascinantes paisajes del norte, donde el pueblo, los bosques y la tierra forman parte de ese escenario donde la vida y la muerte siempre están pendiendo de un hilo fino y excesivamente frágil. Un relato en el que seguiremos el aliento, el sudor y la sangre de Anselmo, un animal herido indefenso y asustado que se mueve como una alimaña nerviosa por el interior del bosque, con esa luz sombría y oscura de Adolpho Cañadas, colaborador habitual de Cortés-Cavanillas, que recuerda a la de Teo Escamilla para El corazón del bosque, de Manuel Gutiérrez Aragón, en la que la película está emparentada, por argumento, situación geográfica y luz, aunque en aquella el conflicto era interno entre maquis. Un western en toda regla, un western ambientado en la difícil y sangrienta posguerra española, donde los vencedores, que encarnan tipos como el Capitán Bosch, imponen su ley y obediencia a palos y tiros, mientras el Sargento Castillo, que vivió la contienda bélica aboga más por una reconciliación que se antoja imposible. Por otro lado, los vencidos, encarnados por el oculto Anselmo, el detenido Vicente, torturado y machacado, y Rosa, la mujer de Vicente, callada y con miedo.

La fábula de corte histórico mezcla momentos de pura acción al mejor estilo Ford, con esa persecución a caballo por la pradera, con otros como el Leone de la Trilogía del dólar o el Corbucci de El gran silencio, película-espejo en la que Sordo encontraría uno de sus reflejos más cercanos, y esos otros donde el spaguetti-western hizo diabluras, como la secuencia que presentan a la francotiradora rusa en esa taberna de pueblo, al mejor estilo de tiros y sangre, con el sello de Peckinpah, o esos relatos fronterizos que tan buenos westerns fronterizos ha dado que todos los amantes del género recuerdan. O el cine de Melville con Le Samuraï, donde lucha física e interna eran los sólidos pilares de un relato noir moral y magnífico. Quizás en algunos instantes la película se alarga demasiado, y un metraje más reducido hubiera ayudado a aligerar su carga dramática e imponer un ritmo más acorde con sus imágenes. No obstante, la película mantiene su pulso narrativo en muchos momentos y sabe contagiarnos con sus imágenes poderosas y sublimes, esa música valiente y personal de Carlos Martín Jara, que recuerda a algún que otro maestro del género, y ayuda a compartir las tensiones dramáticas tanto de su desdichado protagonista como de la triste acción que cuenta.

Y qué decir de su espléndido y ajustado reparto en el que sobresalen un espectacular y brillante Asier Etxeandia echándose la película a sus espaldas, interpretando a un tipo idealista y revolucionario que cree en la libertad y en el sueño de derribar a Franco, y poco a poco se deberá enfrentar a una realidad muy distinta, un tipo perdido y solitario que no oye a nadie ni siquiera a él mismo, situación que lo hace más vulnerable y peligroso, casi un espectro en la bruma y en el interior del bosque, bien acompañado por un antagonista de altura el que encarna Aitor Luna dando vida a ese capitán despiadado y firme, creyente y fascista hasta la médula, que impondrá su propia ley del talión, Imanol Arias, siempre estupendo y natural que da vida a ese sargento cansado de tanta guerra e intenta parar esa sangría inútil como puede, Marián Álvarez como Rosa, que encarna a tantas mujeres con los maridos presos, huidos o asesinados que tanto abundan en la posguerra y el franquismo, Hugo silva, casi irreconocible, muy diferente a sus papeles más ligeros, da vida a ese guerrillero sensato y sobrio que no se fía de nada ni de nadie, y ve su lucha necesaria pero también muy difícil, y por último, Olimpia Melinte como esa mercenaria rusa, despiadada y cruel, que no cesará en su empeño de dar caza a ese indio huido y enemigo.

Un cuento bien urdido a nivel argumento y narrativo, elegantemente filmado y con hechuras de película sólida y compleja, con momentos de acción física e introspectiva, donde conocemos el ambiente y la tragedia que recorría todos los lugares del espacio en esos instantes, con esos rostros despedazados por la tragedia de la guerra e intentando sobreponerse a tanta ausencia, sangre y negrura, y otros, imponiendo su ley a fuerza de martillo y palos, en el eterno conflicto entre unos y otros, una lucha que define la historia del país, sobre lo que sucedió después de la guerra o podríamos decir que la guerra acabaría en el 82, u otros dirán que la guerra sigue y sus heridas siguen sin cerrarse y el país es irreconciliable, quizás unos cazan y los otros son cazados, o intentan no serlo, porque como se desarrollan las diferentes acciones de la película, quizás todos en algún instante de nuestras vidas hemos sido como Anselmo y tantos otros idealistas que soñaron con cambiar realidades duras y llenas de odio, y hemos intentado seguir con vida cueste lo que cueste y manteniendo viva la llama de un ideal y una lucha que en el fondo sabemos de antemano que no resultará. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA


<p><a href=”https://vimeo.com/357358754″>SORDO TRAILER DEFINITIVO</a> from <a href=”https://vimeo.com/dypcomunicacion”>DYP COMUNICACION</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Anacleto: Agente Secreto, de Javier Ruiz Caldera

poster-anacletoPARODIANDO UNA DE ESPíAS

El personaje de Anacleto ya había debutado en la gran pantalla brevemente, fue en la película El gran Vázquez (2010), de Óscar Aibar, (cinta donde se relataban las andanzas del famoso historietista, que también servía de homenaje al cine patrio de los 60). Anacleto aparecía a modo de animación interactuando con su propio creador. Ahora, llega su salto a la gran pantalla, como anteriormente dieron el gran salto otras criaturas de la Editorial Bruguera como Mortadelo y Filemón, El Capitán Trueno o Zipi y Zape, con resultados desiguales.

El responsable de esa aventura cinematográfica ha sido el director barcelonés Javier Ruiz Caldera, el joven director sigue en su cuarto título de su carrera, el camino emprendido en su debut Spanish Movie (2009), una parodia sobre cine español surgida a raíz del éxito de Scary movie, le siguió tres años después Promoción fantasma, aquí el objeto de la mofa radicaba en las cintas estadounidenses ambientadas en institutos donde los estudiantes se enfrentaban a terroríficos asesinos. La tercera incursión en este género paródico fue hace un par de años en la excelente y rabiosa 3 bodas de más, (donde se reía de esas comedias romanticonas americanas donde la chica angelical y de vida profesional triunfante fracasa constantemente en el amor). Caldera paría una agitada y buenísima comedia con patosa científica e inmadura emocionalmente que se veía envuelta en las mil y una en la caza del amor romántico. Ahora, se enfrenta en la difícil tarea de adaptar un cómic legendario en la historieta española, y creado por uno de los grandes, Manuel Vázquez Gallego (autor también de Las hermanas Gilda y La familia Cebolleta, entre otros) en el 1965 como parodia del agente James Bond 007, que en el 1962 había debutado en el cine en la película 007 contra el Dr. No, no obstante el autor se declinaba más como referencia el personaje Maxwell Smart e la serie televisiva Superagente 86. Ruiz Caldera sale airoso del envite dotando a su película de comedia clásica, hay trompazos, golpes y persecuciones al más puro slastick, y cómo no, también hay comedia, como en sus anterior films, esta vez una comedia física, de carreras, de nervios, disparos, explosiones, de constante tensión. Nos recuerda mucho a la saga de Torrente, de Santiago Segura, aunque la comparación es obvia, ya que el personaje de José Luis Torrente y sus andanzas beben y mucho del universo Bruguera y esa idiosincrásica carpetovetónica tan arraigada en nuestro ser.

La película coge la esencia del tebeo, con abundantes guiños y referencias al universo Bruguera y Vázquez: el arranque de la cinta con el desierto de Gobi, perdido en el culo del mundo, y ese inicio a lo Bond, los innumerables tics paródicos de objetos, escondrijos y demás herramientas andrajosas y fueras de tiempo, el inseparable cigarrillo, el smoking con pajarita, y esos andrajosos edificios, llenos de recortes y oficinistas caricaturizados y esa (des) organización que recorre toda la trama, sin olvidarnos de su archienemigo “El malvado Vázquez”, parodia del propio creador y de esos siniestros monstruos de las películas de 007. La película se desarrolla a un ritmo vertiginoso, con una ambientación atemporal, porque por un lado tiene un look muy de los 70, con esos edificios interminables ubicados en barrios colmenas y plazas de estética cutre, y mercados a la vuelta de la esquina , y por otro, se cita a películas actuales del tipo sagas de Misión imposible y Jason Bourne. El reparto, con algunos de los habituales del director,  ajustado y definido también hace un espléndido trabajo, la elección de Imanol Arias como ese Anacleto, cansado y viejo es muy acertada, Quim Gutiérrez como hijo del antihéroe se destapa como el patito feo que da el salto sacando la bestia que lleva en su interior, Berto Romero, como amigo patoso y listillo, Carlos Areces, que raya a gran altura en la piel del malo, y no menos su grupito de secuaces que lo sigue hasta la muerte, sin olvidarnos de esa familia disfuncional y cutre que tanto conocemos todos. Quizás la película decae en algunos momentos cuando intenta aclarar ciertos elementos, porque cuando dan rienda suelta a la locura y la parodia, metiendo caña y soltando libremente el despiporre y la caspa, la cinta aumenta su energía y sus salvajadas, y sus ganas de hacer reír y divertir al personal riéndose de todo y todos, sobre todo, de si mismos, y de ese cine de espías de escuadra y cartabón que tanto se ha gustado a si mismo.