Entrevista a Laia Manzanares, actriz de la película «La desconocida», de Pablo Maqueda, en el marco del BCN Film Festival, en el Hotel Casa Fuster en Barcelona, el viernes 21 de abril de 2023.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Laia Manzanares, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Katia Casariego y Ainhoa Pernaute de Revolutionary Press, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“Los inmigrantes no pueden escapar de su historia más de lo que uno puede escapar de su sombra.”
Zadie Smith
La película se abre de forma abrupta y de frente, con esa madre Rose y sus dos hijos pequeños de 10 y 5 años, recién llegados de Costa de Marfil, metidos en esa pequeña habitación de sus paisanos en uno de esos barrios suburbios de París. No hay tiempo para lamentaciones ni para regodearse en la lástima y la pena, sino todo lo contrario, porque la película nos habla con claridad y de frente de una situación difícil y compleja, pero nunca recurre a lo previsible ni mucho menos a la sensiblería ni al condescendencia. A su directora Léonor Serraille (Lyon, Francia, 1986), la conocíamos por su ópera prima Jeune Femme (2017), que aquí se título Bienvenida a Montparnasse, en la que recogía la experiencia de Paula, que sin dinero ni expectativas se encontraba en París y decidía sumergirse en los ambientes de sus largas noches. Ese mismo espíritu sigue a Rose, una mujer que limpia hoteles y que no se detendrá ante nada ni nadie para sacar a sus hijos adelante, eso sí, sin dejar pasar oportunidades de conocer a hombres y disfrutar de la vida.
Mi hermano pequeño, basada en la experiencia del padre de los hijos de Serraile, no es una película esquemática sobre la inmigración, sino que va muchísimo más allá en sus planteamientos y resolución, porque habla de las dificultades de la integración, de las problemáticas de la identidad, y sobre todo, de las difíciles relaciones familiares de un grupo humano que no sabe de dónde es, si costamarfileños o franceses, y se encuentran en una especie de limbo que aún cuestiona las relaciones entre ellos, entre los otros y con ellos mismos. Otro elemento que hace especial la película es que no se queda en la cotidianidad de un momento, sino que sigue durante veinte años las tres vidas mencionadas y los avatares que las continúan, y lo hace a partir de tres momentos: a finales de los ochenta cuando llegan a Francia, luego pasa cinco años más tardes, y finalmente, los concentra en la actualidad. Una historia contada en tres momentos, en tres partes, donde vemos su crecimiento, su construcción y su posterior deconstrucción, y todo desde la más absoluta profundidad, desde las emociones, y desde la complejidad de las situaciones, los diferentes roles y las actitudes cambiantes, con una brillantez que sobresale de la media.
La cinta y sus personajes se asemeja a esas películas sociales con carácter y sin edulcorantes, traspasadas por esa realidad, tanto social como doméstica, como las hacían Mike Leigh, Ken Loach y Stephen Frears, profundizando en el espíritu triste y desolador y también esperanzador de clase obrera británica, y por ende, de cualquier país occidental, con sus problemas diarios y sus ilusiones tan cercanas. La poderosa y marcada cinematografía de una grandísima como Hélène Louvert, sobran las presentaciones, porque una vez más consigue una luz potentísima, donde abundan los interiores con esos espacios domésticos de tan íntimos que encogen el alma, y como la luz va cambiando en función del tiempo que va pasando y los diferentes estados de ánimo, para el montaje, la directora francesa vuelve a contar con Clémence Carré, que ya estuvo en su primera película, que consigue un gran trabajo en una película contada en tre tiempos cruciales en las existencias de los tres protagonistas, y no sólo eso, tiene esa grupalidad en una historia tan cambiante, que además se va casi a las dos horas de metraje, y que en ningún momento aburre o resulta repetitiva, sino todo lo contrario, construye sencillez y transparencia esa madeja caleidoscópica de emociones.
La fortaleza de la película recae en su acertadísimo reparto capitaneado por una asombrosa y magnífica Anabelle Lengronne, a la que hemos visto en películas de Cédric Kahn, Magaly Richard-Serrano, entre otros, interpreta de forma contundente a una Rose, que se convierte en la auténtica heroína del relato, y de todas esas antiheroínas que nos cruzamos cada día en las grandes ciudades, construyendo uno de esos personajes que no se olvidan, con sus aciertos y sus desaciertos, como todas las madres y todas las inmigrantes que desean una vida mejor, o lo que es lo mismo, una vida que no sólo sea trabajo y nada más. A su lado, otro monstruo como Stéphane Bak en la piel de Jean, el hijo mayor, en su etapa de 19 años, que conocemos por sus trabajos en La profesora de historia, Elle, de Verhoeven, Mali Twist, de Guédiguian, y algunas más, Ahmed Sylla, en la piel de Ernst de adulto, con más de una decena de títulos a sus espaldas, y los debutantes Sidy Fofana y Milan Doucansi, que hacen los hermanos cuando son pequeños. Celebramos y compartimos una película como Mi hermano pequeño, y seguiremos muy atentos a la filmografía de Léonor Serraille, porque nos ha encantado su mirada a la hora de afrontar las dificultades de los invisibles y los ocultos, de la humanidad que hay detrás de tantos prejuicios y opiniones construidas por los medios, y de esa forma de tratar las dificultades sociales como las personales, las que se producen cuando se cierran las puertas de las casas, que luchan incansablemente para construir hogares y familias aunque esta nunca sea una tarea nada fácil, y sino compruebenlo viendo la película, que no les dejará nada indiferentes, y quizás, cuando vuelvan a cruzarse con un inmigrante lo traten como la persona que es, y se dejen de estupideces, porque al igual que todos nosotros quiere lo mismo, trabajar y ser feliz, aunque sólo se conforme con vivir, que ya es mucho, como todos nosotros. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“La cosa más aterradora es aceptarse a sí mismo por completo”,
Carl Jung
Imaginen un parque en las afueras de cualquier ciudad, uno de esos parques que por las tardes se llenan de niños que juegan y padres que los vigilan, y en sus caminos de alrededor hay otros corriendo y otros en bici. En uno de esos parques, donde hay juego y vida, cerca de esa cotidianidad, también hay otras cosas, se han citado un hombre y una adolescente, están sentados, uno habla y la otra escucha, no sabemos para qué están ahí, pero podemos imaginarlo. Con este arranque, tan incómodo e inquietante, arranca la tercera película como director de Pablo Maqueda (Madrid, 1985), después de #RealMovie y Manic Pixie Dream Girl, ambas del 2013, y Dear Werner (Walking on Cinema) (2020), un documento que el propio repetía el viaje a pie de finales de los setenta del famoso cineasta. Vamos a quedarnos con las dos primeras, porque ya ponían de manifiesto los oscuros y peligrosos mecanismos internet, sus identidades y el ciberacoso, porque con La desconocida, vuelve a los espacios de las redes sociales y a todos los adultos-cazadores que las usan para captar adolescentes-presas, y lo hace basándose en la pieza teatral Grooming (2009), de Paco Bezerra, que coescribe el guion junto a Haizea G. Viana (que conocimos su faceta como productora junto a Maqueda apoyando películas de Chema García Ibarra, Marçal Forés, entre otros), también coproductora, y el propio director.
Una historia que, a modo de matrioska rusa, oculta muchas otras cosas que, no vamos a desvelar, ni siquiera a intuir, obedeciendo el texto anti-spoilers que actúa como advertencia al comienzo de la película. Lo que sí podemos decir es que tenemos a un tipo que se hace llamar Leo, que se nos presenta como esposo y padre de una niña, que tiene un trabajo sin más, como vemos en la cuidada y estupenda presentación a ritmo de Julio Iglesias, que recuerda a aquella otra de José Sacristán en Magical Girl, de Vermut, con el que Maqueda comparte muchos tonos y aromas a la hora de abordar los espacios oscuros y terroríficos de la condición humana desde la más absoluta cotidianidad. Frente a Leo, tenemos a Carolina, una de esas adolescentes solitarias que pierde el tiempo en los interminables chats y contacta con el adulto, y se cita en el citado parque. A partir de ahí la película se disfraza de thriller psicológico, como aquellos de los sesenta y setenta que hacían los Hitchcock, Fleischer y demás demiurgos de la tensión, la inquietud y el miedo, porque no sé los demás espectadores, pero un servidor lo ha pasado mal viendo la película, tanto por lo que se ve como lo que se intuye, y también, lo que se imagina, en este macabro juego sobre lo que somos, lo que nos gustaría ocultas y sobre todo, lo que no ocultamos.
El director madrileño se ha acompañado de grandes como la cinematografía de Santiago Racaj, que consigue inquietarnos y encerrarnos en la madriguera que propone el relato, un agujero en el que nos metemos abducidos por el ímpetu de unos diálogos que explican mucho más de lo aparentemente significan, el exquisito y conciso montaje de Marta Velasco, porque no nos damos cuenta de los giros y virajes de su trama, ya que todo se cuenta de forma directa y sin piruetas enrevesadas, todo queda claro y por eso, da más acojone, como la excelente música de Elena Hidalgo, que nos va sumergiéndonos hacia ese bosque y esos bosques que son los personajes. Maqueda ya nos había demostrado su buen hacer en la elección de sus intérpretes. Todos recordamos a la composición maravillosa de Rocío León en sus películas-internet citadas, por eso no nos extraña que para encarnar a los misteriosos y cercanos personajes de La desconocida, se haya decantado por un actor de la talla de Manolo Solo, que puede hacer lo que se le antoje, con esa mirada, esos gestos y sobre todo el palomo que le imprime a sus criaturas.
No era fácil encontrar una actriz que tuviese que batallar con un actor como Solo, pero la ha encontrado en una de las mejores actrices de su generación, en la piel de una brillante Laia Manzanares, una de esas actrices capaz de hacer personajes con una franja de edad grande, porque puedes creerla como adolescente y como adulta, y eso es mérito de una actriz con una dicción perfecta y una mirada que traspasa la pantalla, como demostró en su rol en Temps salvatge, la obra con la que deslumbró en el Teatre Nacional de Catalunya. Y después, nos encontramos con Eva Llorach, que ya había estado en #RealMovie, en el rol de Elisa, la mujer de Solo, y madre de su pequeña hija, con ese buen hacer que tiene una actriz que demuestra naturalidad por sus cuatro costados. El director madrileño no esconde sus referencias, al contrario, los expone como muestra del cine como medio de legado y transmisión para los que vendrán, ahí nos cruzamos con Hard Candy (2005), de David Slade, quizás el más evidente, porque también abordaba el tema del ciberacoso desde una perspectiva realista y noir, los ya citados, y Carlos Vermut, que mencionamos nuevamente, porque ahí se emparenta y mucho con Maqueda, porque construye una fábula brutal y lo hace desde la cotidianidad más pura y elegante, sin entrar en embellecimientos ni trampas estúpidas a los espectadores.
Más referencias como las de los universos sucios, solitarios e inquietantes del Fincher de Zodiac y Perdida, con esos personajes de muchas piezas. No podemos olvidarnos de Caroll y su inmortal Alicia, sus maravillas, su a través del espejo, y demás. La mirada crítica y devastadora de la novelista Elfride Jelinek está muy presente, así como La pianista (2001), de Michael Haneke, que adaptó su libro homónimo, donde también se abundaba en el universo de la parafilia. Y ya lo dejamos, haciendo caso al texto introductorio de la película, dejando que los espectadores que quieran asomarse a esos mundos terroríficos que se cruzan cada día con los nuestros, puedan descubrir una película como La desconocida, de Pablo Maqueda, un cuento de terror no con casa encantada, sino con paisajes y personajes inquietantes, una de esas películas que no dejan indiferente, por su osadía, por los temas que toca y sobre todo, por como los plantea y los desarrolla, una pieza clave que hace que una película interesante sea una gran película. No lo olviden, no desvelen nada del contenido de la película, porque dejarán que otros como ustedes pierdan el sentido de cualquier película, descubran su contenido, un contenido que quizás, tiene mucho de nosotros, o quizás no. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Raúl Capdevila, director de la película «Los saldos», en el marco de LAlternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona, en el hall del Teatre CCCB en Barcelona, el miércoles 23 de noviembre de 2022.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Raúl Capdevila, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Mariona Borrull de Comunicación de L’Alternativa, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Marc Fitoussi, director de la película «Las cícladas. Escapada de amigas», en el marco del BCN Film Festival, en la terraza del Hotel Casa Fuster en Barcelona, el jueves 27 de abril de 2023
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Marc Fitoussi, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Violeta Cussac de MadAvenue, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.
Cuenta la no vida de Blandine, una mujer de cuarenta y tantos, como cantaba Sabina, a la que su marido dejó hace dos años por una mujer tan joven como su hijo de 20 años. Blandine va del trabajo a su vida rutinaria y aburrida hogareña, tan cuadrado como previsible, sin más qué hacer y sometida a su pena y compasión, apática y triste. Su hijo, preocupado por su madre, provoca una cita con Magalie, una amiga íntima del instituto treinta años atrás. Magalie es el otro lado del espejo de Blandine, es ruidosa, vive al día, de aquí para allá, libre en el amor y despreocupada en todo. La cita no acaba de funcionar, una está en la vida y disfrutar, y la otra, está en sufrir y encerrarse. Pero la cosa no va acabar ahí, porque el hijo, otra vez, empecinado en la felicidad de su madre, provocará otro encuentro, empujando a compartir viaje a Grecia y visitar la famosa isla Amorgos, donde se rodó su película favorita de entonces, Le Grand Bleu (1988), de Luc Besson.
Como es de esperar, el viaje estará plagado de imprevistos, desencuentros y mucho más. Si echamos un vistazo a la filmografía de Marc Fitoussi (Francia, 1976), a los ocho títulos que la componen, está repleta de heroínas femeninas, o mejor dicho, de antiheroínas femeninas, de todas las edades y condiciones sociales. Mujeres envueltas en encrucijadas emocionales que deben lidiar con problemas de todo tipo, pero sobre todo, con ellas mismas. En Las cícladas. Escapadas con amigas, (que hace referencia al archipiélago griego donde se desarrolla la película), no iba a ser menos, pero esta vez, reúne a dos mujeres en las antípodas, tan diferentes como extrañas que, en su día, fueron íntimas pero ahora son dos desconocidas. Como ocurre en sus anteriores trabajos, mezcla con sutileza y acierto, el drama íntimo y personal con la comedia más loca y desprejuiciada, en las dos figuras protagonistas. Una, Blandine, es alta y delgada, una especie de patito feo que ni se quiere ni lo intenta, y enfadada con el mundo, pero más con ella misma, una especie de día nublado en bucle. Frente a ella, Magalie, que está en el otro extremo, totalmente despreocupada en todos los sentidos, fascinada por la dance music, liberada en el sexo y en las relaciones, y sobre todo, una mujer que vive la vida sin pensar en el mañana.
El director francés estructura su película a través de una road movie al uso, visitando las diferentes islas, es decir, Santorini, la primera escala, luego Kerinos, donde conocen surfistas y cabras, y esperan, Miconos, donde pasan una gran noche con bijou y Dimitris, una pareja excéntrica, y finalmente Amorgos, el destino final o no. Unas islas que las circunstancias van llevando a las protagonistas, donde cada isla-visita se convierte en los diferentes estados de ánimo por los que van pasando las actrices principales y en sus (des) encuentros, que tienen muchos momentos agridulces y altibajos. Con una cuidada y detallada luz mediterránea que combina sus claroscuros propios de la historia que nos cuenta, que firma Antoine Roch, en su segunda película con Fitoussi después de Las apariencias, hace tres años, en una interesante incursión en el thriller psicológico. el exquisito y agitado montaje de Catherine Schwartz, que ya trabajó con Fitoussi en la serie Call My Agent (2015), entre otras, en una película con muchas experiencias y situaciones que se va a los 110 minutos de metraje.
Aunque la verdadera fortaleza de la película reside sin dudarlo en su grandísimo reparto con una desatada y exuberante y genial Lauren Calamy como Magalie, en su segundo trabajo con el director después de la citada Call My Agent, y que hemos visto mucho últimamente en títulos tan diferentes como el drama íntimo y social A tiempo completo, y el thriller rural Sólo las bestias. Junto a ella, y en ocasiones, algo más alejada, jejejeje, un impresionante y Señorita Rottenmeier triste y rígida como Olivia Cóte, que nos encantó como la secretaria de Catherine Frot en Entre rosas, en su primera vez con Fitoussi, dos actrices que ya coincidieron en la comedia alocada y divertidísima Vacaciones contigo… y tu mujer(2020), de Caroline Vignal, y para rizar el rizo, a esta pareja cómica y tan diferente, se les une una estupenda Kristin Scott Thomas, que le da ese toque desatado que va mucho con el personaje de Magalie, las dos tan locas y divertidas. Una actriz a la que nos hemos acostumbrado demasiado a verla en roles dramáticos cuando es una gran comedianta como demuestra con su Bijou y la relación libre que tiene con su griego, o sea, con Dimitri, el pintor rico que no entiende ni papa de francés.
Fitoussi nos regala y nunca mejor dicho, una comedia para divertirse y pasar el rato, pero con algo más, como suele pasar en la cinematografía francesa, tan cuidadosos con ese cine comercial con algo más, porque Las cícladas. Escapada con amigas, no sólo nos hace pasar un buen rato riéndonos con las ocurrencias de Magalie y las reacciones de Blandine, sino que también explora temas tan universales y humanistas como la amistad, la bondad, la fraternidad, la empatía, el amor y la reconciliación y cómo lidiar con las personas que queremos y son tan diferentes a nosotros, y sobre todo, es también un relato que nos habla a susurros y a gritos de cómo aceptar la derrota, el abandono y encontrar las herramientas para seguir, para conocernos y conocer a los otros, a que la tristeza puede ser un gran vehículo para dejar y dejarnos de leches y descubrir y descubrirnos porque el mundo está ahí fuera y nunca espera a nadie, sigue girando con más o menos personas, es así, y Blandine lo debe de aceptar y mirarlo de frente. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Rocío Mesa, directora de la película «Secaderos», en los Cinemes Girona en Barcelona, el martes 30 de mayo de 2023
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Rocío Mesa, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Sandra Carnota de Begin Again Films, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.
Hemos visto muchas películas que abordan la mafia italiana desde múltiples aspectos y miradas, como, por ejemplo, y por citar las más recientes, tenemos Gomorra (2008), de Garrone, Calabria (2014), de Francesco Munzi, El traidor (2019), de Bellocchio, Para Chiara (2021), de Jonas Carpignano, entre otras. Ahora, nos llega Ti mangio il cuore, qué podríamos pensar otra de gangsters, sí, es otra de gangsters, pero con alguna que otra peculiaridad. Porque se concentra en la región de Puglia, en el promontorio de Gargano, en una península al sureste de Italia. Una zona poco o nada tratada en el cine, en una historia que arranca en 1960, en una inmensa secuencia de apertura que nos deja sin aliento, en la que asistimos a una matanza en fuera de campo, ciñéndonos en una virgen o madonna que irá llenándose de sangre a medida que avanzan los disparos secos y estruendosos. La acción se traslada al 2004, cuando Michele Malatesta ya adulto y padre de familia, único testigo y superviviente de la matanza, desea la paz entre su familia y los Camporeale, autores de la citada matanza.
El director Pippo Mezzapesa (Bitonto, Italia, 1980), que ha trabajado en documentales y cortometrajes y un par de largometrajes encuadrados en temas humanos y sociales, basados en hechos reales, como Il paese delle spose infelici (2011), e Il bene mio (2018). Con Ti mangio il cuore se inspira en la novela homónima de Carlo Bonini y Giuliano Foschini, en un guion escrito a seis manos por dos cómplices como Antonella W. Gaeta y Davide Serino y el propio director, en el que abordan el odio y la venganza entre dos familias, los Malatesta y Camporeale, y la chispa que todo lo provoca que no es otra que el amor entre el apocado y reservado Andrea Malatesta y Marinela, la esposa de Santo, el hermano huido de los Camporeale. El amor queda al descubierto y la violencia entra en juego de manera salvaje y cruel, sin miramientos ni compasión, a degüello y hasta el final. En este tipo de relatos es difícil no caer en acciones trilladas y demás, pero lo que hace especial la película de Mezzapesa es su estética, filmada en un primoroso y magnífico blanco y negro, muy contrastado, como ese brutal comienzo que ya hemos mencionado, la procesión que vemos, con esos mantos negros de las mujeres que contrasta con las casas blancas, etc. que firma el cinematógrafo Michele D’Attanasio, que ya estuvo en La giornata (2017), corto del citado director italiano, y que hemos visto otros trabajos suyos en películas de Moretti, por ejemplo.
El gran trabajo de montaje de Vicenzo Soprano, que ha trabajado en películas de Garrone, y Donde caen las sombras (2017), de Valentina Pedicini, que vimos por aquí, porque consigue dotar de ritmo y pausa a una película con muchos asesinatos que se va casi a las dos horas de metraje. Si la fotografía es uno de los elementos más espectaculares y cruciales de la película, su asombroso y equilibrado reparto no se queda atrás, arrancando por su maravillosa pareja protagonista. Por un lado, tenemos a Elodie, famosa cantante italiana que debuta en el cine dando vida a la impresionante Marilena, una mujer, muy al estilo de la Sofía Loren de aquellas comedias de De Sica, que se convertirá en el objeto de deseo, amor y vida de Andrea Malatesta que hace un desatado y estupendo Francesco Patané, que recordamos por su papel dando réplica a Castellito/Gabriele D’Annunzio en El poeta y el espía (2020), de Gianluca Jodice, en un personaje de esos que se recuerdan por todo su brutal proceso. Le siguen figuras como Michele Placido, que da vida a Vincenzo Montanari, el otro, que intenta poner paz entre las dos familias, el gran Michele Placido, con más de medio siglo de carrera, que hemos visto en mil y una con grandes nombres como los de Monicelli, Amelio, Comencini, Ferreri, Moretti, Tornatore y Borowczyk, entre otros.
Seguimos con el mencionado “Padrino” de los Malatesta, lo hace Tommaso Ragno, que conocemos por su aparición en películas como Lazzaro felice (2018), de Alice Rohrwacher, y Tres pisos, de Moretti, entre otras, y Lidia Vitale, la mamá de los Malatesta, auténtica mamma italiana, que tiene en su filmografía a Sorrentino, Castellito y Marco Tulio giordana, y muchos más. Después tenemos una retahíla de estupendos intérpretes con esos rostros de “verdad”, como en las películas de gángsters de Coppola y Scorsese, donde no parecen actores ni actrices, sino mafiosos de verdad, con esas formas de caminar, de mirar y de disparar, que encogen el alma. Unos tipos que van de cara y sin miramientos, con una mezcla de miedo y valentía, los Francesco Di Leva, Giovanni Trombetta, Letizia Pia Cartolaro, Giovanni Anzaldo, Gianni Lillo y Brenno Placido, entre otros. Ti mangio il cuore, de Pippo Mezzapesa gustará a todos los amantes de películas de gangsters, con violencia a raudales, pero no esa violencia gratuita y estúpida de otras producciones populares, aquí la violencia hace daño, duele, y tiene consecuencias terribles, de esas que provocan más sangre, y sobre todo, secuelas emocionales, porque en la vida no hay nada gratis, en la vida todo se paga e incluso a veces se paga con la vida, la posesión más preciada que tenemos y que tanto olvidamos, quizás nos salve el amor, pero ya sabemos que no, el amor también tiene su violencia, y en ocasiones, puede ser mortal, y si no que se lo digan a los Capuleto y Montesco de esta película. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Pavel Giroud, director de la película «El caso Padilla», en el marco del BCN Film Festival, en la terraza del Hotel Casa Fuster en Barcelona, el viernes 21 de abril de 2023
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pavel Giroud, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Miguel de Ribot de A Contracorriente Films, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.
“Te lo he dicho, es un espíritu. Si eres su amiga, puedes hablar con él cuando quieras. Cierras los ojos y le llamas. Soy Ana… soy Ana…”.
Frase escuchada en El espíritu de la colmena, de Víctor Erice
Empezar una película no es una tarea nada fácil, elegir ese primer plano, la distancia entre la cámara y el objeto o paisaje en cuestión, el sonido que se escuchará o por el contrario el silencio que nos invadirá. En Secaderos, la segunda película de Rocío Mesa (Granada, 1983), se abre de forma espléndida, en la que en un encuadre lo vemos todo y mucho más. Esa bestia/criatura, formada de plantas de tabaco secas y colores pálidos, errante que vaga frente a nosotros por las plantaciones escasas de tabaco, y más allá, en segundo término, unos operarios arrancan las plantas para seguir cultivando. El presente y el pasado en un sólo plano, en cierto modo, la muerte y la vida, como capturaba Johan van der Keuken en su magistral Las vacaciones del cineasta (1974), una idea en la que se ancla una película que nos habla de ese lugar y ese tiempo finitos, donde el paisaje se llena de casas para turistas, los adultos sólo vienen de vacaciones, y los jóvenes sueñan con huir de unos pueblos, los de la Vega granadina, donde sólo quedan los más mayores que se venden sus tabaqueras y una forma de vida que es sólo recuerdo y memoria.
De la directora granaína conocíamos su anterior película Orensanz (2013), una película de auténtica guerrilla, en la que profundiza en el arte de Ángel Orensanz entre el New York más cultural y el Pirineo aragonés. También sabíamos de su exilio artístico californiano donde ha levantado un festival de cine “La Ola”, centrado en la promoción del cine español, y ha producido interesantes documentales como Next (2015), de Elia Urquiza y Alma anciana (2021), de Álvaro Gurrea. en su segundo largometraje, retorna a casa, al lugar donde creció, a esa Vega machacada por un progreso deshumanizado, y lo hace a través de dos niñas, Vera, de 4 años, que visitas a sus abuelos acompañada de su madre, y otra, Nieves, adolescente que vive y trabaja junto a sus padres en una de las pocas tabaqueras que quedan en pie (edificaciones artesanales de madera que se usa para secar el tabaco). Mesa construye una película singular y tremendamente imaginativa, porque conviven la ficción y el documento de forma natural y sencilla, y también, el fantástico, con esa criatura que va entre el tabaco o lo que queda de ellos, lamentándose y triste, una metáfora del lugar, como lo era ese otro monstruo de Frankenstein en la inolvidable El espíritu de la colmena (1973), de Víctor Erice, y su encuentro con la niña, en este caso, con dos niñas, donde el tiempo no existe, donde el tabaco está despidiéndose, donde sólo los niños y niñas pueden verla si de verdad quieren verla.
Una película que sin pretenderlo ni posicionarse directamente, nos habla de lo social y de lo humano, de verse encerrada en un espacio que te pide huir de él, cuando los demás, tu entorno te obliga a seguir sin más, siguiendo una especie de tradición que no entiendes ni sientes. Tiene Secaderos esa mirada de vuelta a lo rural, como la tienen las recientes Alcarràs, de Carla Simón, y El agua, de Elena López Riera, de retratar un lugar antes que no desaparezca a través de las relaciones humanas y sobre todo, de esos pueblos atrapados en un tiempo que ya pasó, y en otro, el futuro, que ya no serán. La cineasta andaluza se ha acompañado de Alana Mejía González en la cinematografía que, después de la interior y oscura Mantícora, de Vermut, realiza otro soberbio trabajo, desde las antípodas del mencionado, ya que se va a exteriores y mucha luz. El gran ejercicio de sonido de un grande como Joaquín Manchón, que ha trabajado con Enciso, Subirana, Muñoz Rivas y Pantaleón, entre otros, el conciso y trabajado montaje de Diana Toucedo, de la que hemos visto sus últimas películas con Lameiro y Bofarull, en una historia que se va a los 98 minutos de metraje, y tiene muchas localizaciones por varios de los pueblos que componen la riqueza de la Vega granadina.
Mención aparte tiene el magnífico trabajo de David Martí y Montse Ribé, que frente su empresa de efectos especiales DDT, han llenado de monstruos y criaturas de las más extrañas y fascinantes el cine español, que alcanzaron la gloria internacional con El laberinto del fauno (2006), de Guillermo del Toro, y siguen imaginando monstruos bellos y trágicos como el que pulula por la película, en otra obra de arte de la imaginación, que mezcla fantasía y realidad. Aunque la sorpresa mayúscula de una película como Secaderos es su fantástico y equilibrado reparto entre las que destacan las dos niñas, ¡Pedazo actuación de naturalidad y transparencia se marcan las dos debutantes!, las Vera Centenero de tan sólo siete años, que no está muy lejos de la Ana Torrent de la mencionaba El espíritu de la colmena, y Ada Mar Lupiáñez siendo Nieves, esa chica atrapada en un lugar y en un tiempo, que tan sólo lo quiere ver lejos, y después tenemos a la actriz profesional Tamara Arias, que se camufla como una más junto a los Jennifer Ibáñez, Eduardo Santana Jiménez, Cristina Eugenia Segura Molina, José Sáez Conejero y Pedro Camacho Rodríguez, vecinos de los pueblos de la Vega reclutados para la película.
Secaderos, de Rocío Mesa no es una película más, es otro ejemplo más de la buena salud del cine español, taquilla aparte, que mira a lo rural, que siempre había sido caldo de cultivo de nuestro cine, desde lo humano, contando las dificultades para continuar con el trabajo más artesano y natural, frente a esas ansías destructivas de especulación y destrozar el paisaje con horribles casas unifamiliares, y es un magnífico retrato sobre ese estado de ánimo triste y desolador instalado en esa que algunos mal llaman “España vacía”, porque la realidad dice lo contrario, porque no está vacía del todo, siguen habitando personas que resisten y trabajan, con sus costumbres, su gazpacho fresquito, sus tardes veraniegas de tertulia y una idiosincrasia muy particular, lo que les dejan unas autoridades empecinadas en un progreso que destruye para mal vender un territorio al mejor postor, una lástima, porque como bien nos dice la película, finalmente, todos seremos como la criatura de la película, una bestia desamparada, que no habla, que emite sonidos y se lamenta sin consuelo. Quizás estemos a tiempo de salvarnos, aunque la sensación y la realidad más inmediata no ofrecen muchas esperanzas de salvación y mucho menos de vivir dignamente. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA