La mujer del presidente, de Léa Domenach

CON TODOS USTEDES BERNADETTE CHIRAC. 

“La fuerza no proviene de la capacidad física sino de la voluntad indomable”.

Indira Gandhi 

Hay algunos casos, pero son la inmensa mayoría los hombres que llegan a presidentes de gobierno. Estamos muy acostumbrados a ver a esos jefes de estado poderosos haciéndose las típicas fotografías cuando se reúnen a repartirse los tesoros del planeta. Sus mujeres quedan fuera de la imagen, las llamadas “Primeras Damas”, siendo relegadas al oficio de ser buenas esposas y quedar en la sombra del hombre. En La mujer del presidente (“Bernadette”, en el original), de Léa Domenach (Francia, 1981), se rescata de las sombras a Bernadette Chirac, la mujer de Jacques Chirac, presidente de la République Française durante 12 años (1995-2007). La película, a partir de un guion coescrito por Clémence Dargent junto a la directora, se detiene cuando subió al poder en aquella primavera del 95 y la citada Bernadette quedó relegada por anticuada a un segundo plano, y se le asigna un asesor que le ayudará a modernizarse y sobre todo, a cambiar su imagen de señora por alguien más natural y cercano. 

La ópera prima de Domenach nos habla de política, claro está, pero no lo hace desde la seriedad y la ceremonia, sino todo lo contrario, lo hace desde la comedia satírica, a través de un dúo maravilloso que parecen una pareja cómica que forman la citada Bernadette y el asesor Bernard, un dúo muy bien compenetrados que se olvidan de las altas esferas y se van a la campiña a acercarse a los ciudadanos más olvidados, a hacer campañas a favor de los que las necesitan de verdad y hacerse querer y sobre todo, a hacer política de verdad, no la que se hace en campaña para convencer a los olvidados. Tanto el tono y el ritmo de la historia es fantástico, se ve con ligereza y muy relajada, con esos toques cómicos como lo que ocurre con el chófer antipático al que no soporta Bernadette y otras situaciones que sacarán varias carcajadas al personal. Bernadette es una mujer que quiere su lugar, y se propone conseguirlo cueste lo que cueste y a quién cueste. La película no sólo se queda ahí, también explora otras facetas más profundas como el continuo enfrentamiento entre ella con su marido Jacques y Claude, la hija que trabaja con su padre, por sus formas tan diferentes y peculiares, y la difícil relación con su otra hija Laurence con problemas mentales. 

La parte técnica de la película resulta muy adecuada y ayuda a que el relato se mantenga con un buen ritmo y nada complaciente. La cinematografía de Elin Kirschfink, que ha trabajado en películas que conocemos como La vaca, de Mohamed Hamidi, Nuestras pequeñas batallas, de Guillaume Senez, y comparte la cinta Los jóvenes amantes, de Carine Tardieu, con la montadora Christel Dewynter, que tiene en su haber nombres importantes de la cinematografía francesa como Thomas Liti y Bruno Podalydès, entre otros, y la excelente música que revisa algunos éxitos pop como el que abre la película, y la composición de Anne-Sophie Versnaeyen, habitual del cineasta Nicolas Bedos en películas como La belle époque y Los amantes del engaño, sigue las circunstancias de la fábula metiendo el dedo en la llaga en la vorágine de intereses particulares que se cuecen en las miserias de la política, y revelando todo aquello que queda oculto cuando se cierran las puertas y los ciudadanos quedan afuera. La película atiza sin miramientos, siempre desde el tono ligero y divertido, sin tomarse demasiado en serio cosa que no ocurre con otras producciones que hay se equivocan.  

Si el apartado técnico brilla con elegancia, la parte interpretativa no se queda atrás, con una estelar Catherine Deneuve en el papel de Bernadette Chirac, un personaje escrito para ella que le va como anillo al dedo, en uno de sus grandes personajes de los últimos años de la gran dama de la interpretación francesa con 80 tacos y casi 70 años de carrera y más de 150 película a sus espaldas. ¡Ahí es nada!. Su Bernadette es una mujer de armas tomar, que no se deja arrinconar y se ganará su puesto y su lugar dentro del engranaje político del gabinete Chirac. Bien acompañada por Bruno Podalydès, que vimos hace poco en Regreso a Córcega, en el papel de Bernard Niquet, todo un personaje y gran escudero para Bernadette, su mejor aliado, confidente y ayudante, como el Vuillermoz como Chirac, un gran actor de reparto francés, Sara Giraudeau como Claude, la hija altiva que hemos visto en dramas como Un héroe singular y comedias como El brindis, entre otras. Y finalmente, la otra hija Laurence que hace Maud Wyler, que tiene en su filmografía grandes nombres como los de Amos Gitai, Nicolas Klotz, Nobuhiro Suwa, y el corto La nuit d’avant (2019), de Pablo García Canga. 

Hay que agradecer a Léa Domenach la propuesta de La mujer del presidente, por su irreverencia, inteligente y audacia en la forma de acercarse no sólo a la política, siempre un tema difícil de plasmar en el cine, sino de una mujer como Bernadette Chirac y hacerlo de esta forma, sin tomarse en serio y de manera divertidisima, proponiendo un gran juego de comedia con la atmósfera de aventuras, de intriga y  trasiego político, el que se produce en los oscuros pasadizos de palacio, y hacerlo con ese tono tan ligero, tan desenfadado y tan mordaz, donde la sátira toma el pulso del relato, haciéndolo cercano y naturalismo, sin pretensiones ni convencionalismos, yéndose a esa parcela donde se puede profundizar en todo y reírse de todo, sin olvidarse de hacer crítica y burlarse con cabeza de todos los actores que pululan por los altos estamentos de cualquier país enriquecido, donde todos son reemplazables y hacen la suya en pos del país y del ciudadano, más lejos de todo eso, jajaja. Que se le digan a Bernadette y su peculiar y acertada intuición, porque ella no sabe de política pero sí de las personas, y con eso ya lleva mucho ganado y si no que se lo digan a todos y todas que van y vienen. ¡Por cierto! Vayan a verla, porque va de política y encima van a reírse, que quieren más. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA 

Entrevista a Antonio Méndez Esparza y Malena Alterio

Entrevista a Antonio Méndez Esparza y Malena Alterio, director y actriz de la película «Que nadie duerma», en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el miércoles 15 de noviembre de 2023.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Antonio Méndez Esparza y Malena Alterio, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Eva Herrero y Juanma Barbero de Madavenue, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a David Pujol y José Ángel Egido

Entrevista a David Pujol y José Ángel Egido, director y actor de la película de la película «Esperando a Dalí», en el marco del BCN Film Festival, en el Hotel Casa Fuster en Barcelona, el domingo 23 de abril de 2023

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a David Pujol y José Ángel Egido, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Violeta Cussac de MadAvenue, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Entrevista a Marc Fitoussi

Entrevista a Marc Fitoussi, director de la película «Las cícladas. Escapada de amigas», en el marco del BCN Film Festival, en la terraza del Hotel Casa Fuster en Barcelona, el jueves 27 de abril de 2023

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Marc Fitoussi, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Violeta Cussac de MadAvenue, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Ti mangio il cuore, de Pippo Mezzapesa

TIERRA DE SANGRE. 

“No quiero matar a todos… sólo a mis enemigos”.

Frase escuchada en El Padrino, de Coppola. 

Hemos visto muchas películas que abordan la mafia italiana desde múltiples aspectos y miradas, como, por ejemplo, y por citar las más recientes, tenemos Gomorra (2008), de Garrone, Calabria (2014), de Francesco Munzi, El traidor (2019), de Bellocchio, Para Chiara (2021), de Jonas Carpignano, entre otras. Ahora, nos llega Ti mangio il cuore, qué podríamos pensar otra de gangsters, sí, es otra de gangsters, pero con alguna que otra peculiaridad. Porque se concentra en la región de Puglia, en el promontorio de Gargano, en una península al sureste de Italia. Una zona poco o nada tratada en el cine, en una historia que arranca en 1960, en una inmensa secuencia de apertura que nos deja sin aliento, en la que asistimos a una matanza en fuera de campo, ciñéndonos en una virgen o madonna que irá llenándose de sangre a medida que avanzan los disparos secos y estruendosos. La acción se traslada al 2004, cuando Michele Malatesta ya adulto y padre de familia, único testigo y superviviente de la matanza, desea la paz entre su familia y los Camporeale, autores de la citada matanza. 

El director Pippo Mezzapesa (Bitonto, Italia, 1980), que ha trabajado en documentales y cortometrajes y un par de largometrajes encuadrados en temas humanos y sociales, basados en hechos reales, como Il paese delle spose infelici  (2011), e Il bene mio (2018). Con Ti mangio il cuore se inspira en la novela homónima de Carlo Bonini y Giuliano Foschini, en un guion escrito a seis manos por dos cómplices como Antonella W. Gaeta y Davide Serino y el propio director, en el que abordan el odio y la venganza entre dos familias, los Malatesta y Camporeale, y la chispa que todo lo provoca que no es otra que el amor entre el apocado y reservado Andrea Malatesta y Marinela, la esposa de Santo, el hermano huido de los Camporeale. El amor queda al descubierto y la violencia entra en juego de manera salvaje y cruel, sin miramientos ni compasión, a degüello y hasta el final. En este tipo de relatos es difícil no caer en acciones trilladas y demás, pero lo que hace especial la película de Mezzapesa es su estética, filmada en un primoroso y magnífico blanco y negro, muy contrastado, como ese brutal comienzo que ya hemos mencionado, la procesión que vemos, con esos mantos negros de las mujeres que contrasta con las casas blancas, etc. que firma el cinematógrafo Michele D’Attanasio, que ya estuvo en La giornata (2017), corto del citado director italiano, y que hemos visto otros trabajos suyos en películas de Moretti, por ejemplo. 

El gran trabajo de montaje de Vicenzo Soprano, que ha trabajado en películas de Garrone, y Donde caen las sombras (2017), de Valentina Pedicini, que vimos por aquí, porque consigue dotar de ritmo y pausa a una película con muchos asesinatos que se va casi a las dos horas de metraje. Si la fotografía es uno de los elementos más espectaculares y cruciales de la película, su asombroso y equilibrado reparto no se queda atrás, arrancando por su maravillosa pareja protagonista. Por un lado, tenemos a Elodie, famosa cantante italiana que debuta en el cine dando vida a la impresionante Marilena, una mujer, muy al estilo de la Sofía Loren de aquellas comedias de De Sica, que se convertirá en el objeto de deseo, amor y vida de Andrea Malatesta que hace un desatado y estupendo Francesco Patané, que recordamos por su papel dando réplica a Castellito/Gabriele D’Annunzio en El poeta y el espía (2020), de Gianluca Jodice, en un personaje de esos que se recuerdan por todo su brutal proceso. Le siguen figuras como Michele Placido, que da vida a Vincenzo Montanari, el otro, que intenta poner paz entre las dos familias, el gran Michele Placido, con más de medio siglo de carrera, que hemos visto en mil y una con grandes nombres como los de Monicelli, Amelio, Comencini, Ferreri, Moretti, Tornatore y Borowczyk, entre otros. 

Seguimos con el mencionado “Padrino” de los Malatesta, lo hace Tommaso Ragno, que conocemos por su aparición en películas como Lazzaro felice (2018), de Alice Rohrwacher, y Tres pisos, de Moretti, entre otras, y Lidia Vitale, la mamá de los Malatesta, auténtica mamma italiana, que tiene en su filmografía a Sorrentino, Castellito y Marco Tulio giordana, y muchos más. Después tenemos una retahíla de estupendos intérpretes con esos rostros de “verdad”, como en las películas de gángsters de Coppola y Scorsese, donde no parecen actores ni actrices, sino mafiosos de verdad, con esas formas de caminar, de mirar y de disparar, que encogen el alma. Unos tipos que van de cara y sin miramientos, con una mezcla de miedo y valentía, los Francesco Di Leva, Giovanni Trombetta, Letizia Pia Cartolaro, Giovanni Anzaldo, Gianni Lillo y Brenno Placido, entre otros. Ti mangio il cuore, de Pippo Mezzapesa gustará a todos los amantes de películas de gangsters, con violencia a raudales, pero no esa violencia gratuita y estúpida de otras producciones populares, aquí la violencia hace daño, duele, y tiene consecuencias terribles, de esas que provocan más sangre, y sobre todo, secuelas emocionales, porque en la vida no hay nada gratis, en la vida todo se paga e incluso a veces se paga con la vida, la posesión más preciada que tenemos y que tanto olvidamos, quizás nos salve el amor, pero ya sabemos que no, el amor también tiene su violencia, y en ocasiones, puede ser mortal, y si no que se lo digan a los Capuleto y Montesco de esta película. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Rabiye Kurnaz contra George W. Bush, de Andreas Dresen

LA MADRE CORAJE. 

“La libertad nunca es voluntariamente otorgada por el opresor; debe ser exigida por el que está siendo oprimido”

Martin Luther King

En el universo cinematográfico de Andreas Dresen (Gera, Alemania del Este, 1963), hay dos temas constantes en una filmografía que abarca casi tres décadas, y son, por un lado, el choque entre los nacidos en la RDA y la reunificación del país a finales de los ochenta, y su mirada a la gentes corriente y los desheredados de la sociedad. Películas como Stilles Land (1992), Encuentros nocturnos (1999), Verano en Berlín (2005), En el séptimo cielo (2008), Mientras soñábamos (2015), entre otras, inciden en esos temas y espacios, colocando a Dresen en un gran cronista y observador del final de la Alemania del Este y sus conflictos en el nuevo país unificado desde la mirada de las personas de a pie. Con Rabiye Kurnaz contra George W. Bush se centra en la historia real de la madre de Bremen de origen turco que se enfrentó a los Estados Unidos porque detuvieron y encerraron en Guantánamo a su hijo Murat de 19 años en diciembre de 2001, acusado de talibán después del atentado de las torres gemelas en septiembre del mismo año.

La película es una crónica del seguimiento del caso a partir del trabajo de Bernhard Docke, abogado de derechos humanos, que ayudó a Rabiye a liberar a su hijo. El conflicto parte de un excelente guion de Lila Stieler, que ha trabajado con nombres ilustres como el de la cineasta Doris Dörrie, en su séptimo trabajo junto al director Andreas Dresen, centrándose en varios aspectos, el humano que protagonizan la madre del detenido y el abogado que la ayuda, el político con esas conversaciones entre el fiscal del estado y el propio abogado, y el social con la repercusión mundial del caso de los detenidos sin juicio y asesoramiento legal por parte del gobierno estadounidense. Todos estos elementos se mezclan con sabiduría y fuerza, llevándonos por una historia que abarca varios años en la vida de Rabiye y Bernhard, donde hay de todo, alegrías, altibajos, tristezas, esperanza y fe en un mundo que cada vez se golpea en el pecho de su justicia y democracia pero que, en el fondo, todo se reduce a quién tiene la fuerza y la administra a su antojo. Rabiye no se detendrá ante nada ni nadie, nos recuerda a la Mildred Hayes, la madre que interpretaba Frances McDormand en la magnífica Tres anuncios en las afueras (2017), de Martin McDonagh, que buscaba justicia por el asesinato de su hija ante la ley local de su pueblo, ambas son mujeres y madres que no cesarán en su empeño con astucia y paciencia. 

Una película que nos lleva entre idas y venidas de Alemania y EE.UU., desde la casa adosada y la cotidianidad de Rabiye y su familia a los despachos y salas del Tribunal Supremo de Justicia de los Estados Unidos, contrastes que la película muestra con todo detalle y eficacia, en la que sobresalen los estupendos trabajos de cinematografía de Andreas Höfer, que a parte de trabajar con Schlöndorff, es un habitual en la carrera de Dresen, en un trabajo de intimidad y de luz natural que contribuye a ser uno más de esta historia construida desde el alma de sus desdichados protagonistas enfrentados al país más poderoso del planeta. El estupendo montaje de Jörg Hauschild, del que hemos visto su impecable trabajo en Faust (2011), de Aleksandr Sokurov, es otro habitual del cineasta alemán, en una edición que tiene sus momentos de reposo con otros más movidos, en un metraje largo que se va casi a las dos horas. La magnífica pareja protagonista contribuyen a crear ese espacio tan personal y profundo que radia la película, porque tenemos a Alexander Scheer, un actor que vuelve a trabajar con Dresen después de la experiencia de Gundermann (2018), que se metió en la piel de un escritor, cantante de rock y minero y sus relaciones con la Stasi, ahora es el abogado Bernhard Docke, un hombre íntegro que ayuda a Rabiye en todo su cansado y asfixiante periplo por liberar a su hijo. Junto a él, encontramos a Meltem Kaptan, que debuta en el cine alemán, después de trabajar en la cinematografía turca, en la piel de Rabiye Kurnaz, una madre coraje que tiene una fuerza, una valentía y una arrolladora personalidad y un peculiar sentido del humor. 

Dresen tenía una historia “bigger than life”, de las que te encogen el alma, de personas como nosotros que les ocurren cosas que nos podrían ocurrir, y por eso mira a sus criaturas y sus problemas desde la verdad y el alma, sin caer en el sentimentalismo ni nada que se le parezca, cociendo a fuego lento una historia que nos hablan de la vida y las emociones, que nos habla de justicia, la poca que hay, y también del costo de pedir y reclamar justicia, de todos los problemas que te pueden ocasionar los estados llamados libres y democráticos, pero totalitarios en el momento de imponer sus deseos y necesidades políticas internacionales, como el miserable papel del gobierno de Estados Unidos y su violencia estatal implantada por Bush, con el beneplácito del gobierno alemán, también muy implicado en el caso de Murat Kurnaz, en otro caso más de corrupción política y violencia estructural por el bien de no se sabe qué interés. La película huye del panfleto o el discurso positivista de buenos y malos, porque las cosas se muestran de otra forma, con humanidad y sencillez, recuperando esa voluntad del cine de hablar de las injusticias del estado contra los más vulnerables. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Corazones valientes, de Mona Achache

LOS NIÑOS ESCONDIDOS EN EL BOSQUE.

¡Para un corazón valiente, nada es imposible!

La directora francesa de origen marroquí Mona Achache (París, Francia, 1981), recupera la experiencia de su abuela Suzanne, que fue una niña judía que se escondió de los nazis, a la que ya le dedicó el cortometraje Suzanne de 2006, en una película que se enmarca dentro de la fábula entre el drama realista, el rigor histórico, la aventura de supervivencia en la naturaleza, el terror cotidiano y la amistad, el compañerismo y el tránsito a la edad adulta de un grupo de niños que comprenden tres tiempos diferentes. Tenemos a Hannah y Jacques que están en plena efervescencia de la adolescencia, dejando la infancia y convirtiéndose en esos primeros años de adultez donde todavía todo es diferente y demasiado sorpresivo. Luego, están Josef y Clara, que tienen unos años menos, todavía en esa infancia final, en la que entienden muchas cosas de los adultos y todavía quieren jugar a su manera. Y finalmente, tenemos a la pareja de hermanos Léon y Henriette, los benjamines de este peculiar grupo de niños huidos, que apenas andan por los siete u ocho años, unos pequeños que deberán ser protegidos por los mayores. Los acompañará Paul, un chaval de la zona que también anda solo.

Unos niños que huyen bajo el amparo de Rose, una de esas mujeres que trabajan en la conservación de las obras de arte del museo Louvre que, aprovechará su posición para salvar a estos niños en peligro, cosa que le enfrentará al conservador, y aún más, tendrán la ayuda del cura del lugar, un pueblo cercano al Castillo de Chambord, lugar donde se custodiaban las obras por el avance de los nazis. Achache que presenta su tercer largometraje después de El erizo (2009), basado en la exitosa novela de Muribel Barbery, en la que reunía en un piso a varios personajes peculiares, y Las gacelas (2014), que seguía los pasos de una treintañera y su grupo de amigas, amén de varios trabajos para la televisión y en el campo documental, cambia de registro con Corazones valientes, y nos lleva hasta el verano de 1942, en plena naturaleza, donde el enemigo se ve poco pero está todo el rato muy presente, contándonos un relato bajo la mirada de los niños, desde donde veremos la película y su experiencia a modo de diario, en una historia donde hay pocos momentos de desasosiego y paz, porque la amenaza de los nazis es constante, un peligro que sentimos en cada plano de la película.

Una película escrita a cinco manos en las que han intervenido Christophe Offenstein, Jean Cottin, Anne Berest, Valérie Senatti y la propia directora, en la que se huye completamente de los lugares trillados que en muchas ocasiones llenan las películas con niños, y también, alejan ese sentimentalismo facilón de lágrima fácil, para construir una película con alma y corazón, llena de verdad, de amistad y cooperativismo, situando en el foco a los anónimos que pusieron su vida en peligro para ayudar a los que más vulnerables y necesitados estaban, a todos aquellos que ante los nazis no hincaron su rodilla y se mantuvieron firmes en su propósito de libertad y esperanza cuando el nazismo tiñó el mundo de una oscuridad y terror indescriptibles. Cabe destacar el grandioso trabajo técnico tanto de luz que firma Isarr Eiriksson, el montaje de Béatrice Herminie, el sonido de Quentin Colette, Joey Van Impie y Thomas Gauder, y la música de Benoit Rault para Hitnrun, que opta por la composición más de ahora que de la época que describe, dotando a la historia ese componente de atemporalidad, de cuento y de libertad a pesar de la guerra y la crueldad.

Aunque si Corazones valientes destaca enormemente es en el implacable trabajo de casting de Julie David, que ha reclutado a estos siete niños y niñas, muchos de ellos debutantes o con poca experiencia, amén del personaje de Clara, que interpreta Lilas-Rose Gilberti, que tiene experiencia en varios trabajos televisivos, los demás muy poco o es su primera vez, como Maé Roudet-Rubens que hace de Hannah, Léo Riehll es Jacques, Josef es Ferdinand Redoulox, Henriette es Asia Suissa-Fuller, Léon es Luka Haggège y finalmente, Paul es Félix Nicolas, muy bien acompañados por los adultos con una esplendorosa Camille Cottin como Rose, esa hada madrina para todos los niños, que ya había trabajado con Achache en Las gacelas, que la hemos visto en muchas comedias, y en películas tan interesantes como Habitación 212, de Christophe Honoré, y La casa Gucci, de Ridley Scott, entre otras. Swan Arlaud como el conservador, siempre elegante y perfecto, en un personaje egoísta y con mucho miedo, un actor que nos encanta que hemos visto en películas de Stéphane Brizé, François Ozon, Claire Simon, entre otros, y Patrick D’Assumçao, un actor de clase que recordamos de El desconocido del lago, de Alain Giraudie, La muerte de Luis XIV, de Albert Serra, por citar un par. Achache ha hecho una película muy interesante y humanista, que tiene el aroma de otros grandes títulos enmarcados en el mismo contexto como la grandiosa La infancia de Iván (1962), de Andréi Tarkovski, donde también un niño solo intentaba salvar la vida. Un cine humanista, lleno de sabiduría, y sobre todo, un cine para ver, aprender y reflexionar, alguien da más. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Leonardo Di Costanzo

Entrevista a Leonardo Di Costanzo, director de la película «Ariaferma», en el marco de la Mostra de Cinema Italià de Barcelona, en el Hotel Condes en Barcelona, el viernes 10 de diciembre de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Leonardo Di Costanzo, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Alba Laguna y Eva Herrero de Madavenue, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Ariaferma, de Leonardo Di Costanzo

GUARDIAS Y RECLUSOS.

“Todos somos reclusos de alguna prisión, pero algunos estamos en celdas con ventanas, y otros no”.

“Arena y espuma” (1926), de Gibran Jalil Gibran.

Nos encontramos en algún indeterminado de Italia, que nunca será desvelado, en el interior de una cárcel del XIX, una prisión que se cierra y todo ha sido trasladado. Los problemas burocráticos impiden su cierre total, y tienen que custodiar doce presos a la espera de su traslado definitivo. Tanto guardias como reclusos deberán compartir las cuatro paredes de un espacio, un lugar en el que nadie quiere estar, y donde la convivencia no será nada fácil, en un extraordinario guion que firman Bruno Oliviero (que ya estuvo en L’intrusa), Valeria Santella, que ha trabajado con Moretti y Bellocchio), y el propio director. Tercer trabajo en la ficción del reputado director Leonardo Di Costanzo (Ischia, Napoli, Italia, 1958), reputado en el campo documental con títulos como A scuola (2000), un forma de trabajo, desde la realidad y para la realidad, porque en sus ficciones están llenas de elementos propios de ese campo, porque la verosimilitud del espacio, al que le da mucha importancia, porque no está construido, sino que son reales las localizaciones, les da un aspecto de realismo cinematográfico donde la realidad se mezcla de forma inteligente con la ficción.

El director italiano vuelve a un espacio aislado y cerrado en el que vuelve a profundizar en los roles de prisionero y carcelero, a partir de personas de diferentes índole deben compartir, y sigue indagando en las relaciones complejas de esa situación incómoda y difícil, como ya hizo en L’intervallo (2012), en la que dos niñas comparten une edificio abandonado de la periferia, y en L’intrusa (2017), donde una maestra de una escuela para niños desfavorecidos, debe ayudar a una mujer de un mafioso y sus dos hijos en plena huida. En Ariaferma, construye su relato a partir de dos hombres, dos personalidades aparentemente opuestas que tienen más en común de los que se imaginan. Por un lado, tenemos a Gaetano Gargiolo, el guardia y jefe de la prisión, y por el otro, nos topamos con Carmine Lagiola, un famoso preso, que podemos imaginar que se trata de la camorra italiana. Entre los dos, sin quererlo y sin buscarlo, se irá creando una relación más íntima y humana en el que sus roles iniciales irán dejando paso a otros más cercanos y profundos, como la puesta en escena con esos barrotes que encuadran a unos como otros, y ese patio central donde se difuminan guardias y reclusos.

Exceptuando un breve prólogo de los guardias en el exterior y alrededor de un fuego, una especie de celebración de despedida de la cárcel, siempre estaremos en el interior de las cuatro paredes de la prisión, donde escucharemos de forma realista y detallada todos los sonidos de puertas que se abren y cierran, en un grandioso trabajo de Xavier Lavorel, un habitual del cine de Alice Rohrwacher, un sonido que recuerda a las películas de Bresson y más concretamente a Un condenado a muerte se ha escapado (1956), de la que Ariaferma bebe mucho. Una cinematografía que nos envuelve en los claroscuros de un espacio que a veces está ensombrecido y velado, en un preciosista trabajo de Luca Bigazzi, uno de los grandes nombres de la cinematografía italiana con películas de Gianni Amelio y Paolo Sorrentino en su haber. El soberbio trabajo de montaje de Carlotta Cristiani, una cómplice habitual de la filmografía de Di Costanzo, que consigue con lo mínimo lo máximo, encerrándonos en esa prisión para todos, y condensando con inteligencia una película que se va casi a las dos horas de metraje, y todo se desenvuelve con agilidad y ritmo.

Finalmente, nos encontramos con la magnífica e intensa música de Pasquale Scialo, debutante en la ficción después de un recorrido por el documental y las series televisivas, otro elemento que destaca sobremanera, con esos estupendos ritmos de fusión con percusión que usa para crear esa atmósfera inquietante que preside la película y su suavización. Mención aparte tiene el ajustadísimo y magnífico reparto de la película con un grupo de experimentados intérpretes italianos que dan vida a los guardianes y reclusos como los Fabrizio Ferracane, Salvatore Striano, Roberto De Francesco y Pietro Giuliano, entre otros, que atravesados por la contención y aplomo que respira toda la película, componen unos individuos que dan esa verosimilitud tan necesaria en una película de estas características, donde la mayor parte de la trama se apoya en la composición de los personajes y sus relaciones. Después tenemos a dos tótems de la actuación italiana como son Toni Servillo en el rol de guardián, un actor con todas sus letras que nos ha dejado excelentes e inolvidables tipos siempre de la mano de Sorrentino como el apesadumbrado y silencioso Titta di Girolamo en Las consecuencias del amor, el siniestro e inquietante Giulio Andreotti en Il divo, y el caradura y decadente Jep Gambardella en Le Grande Bellezza.

Frente a Servillo, más conocido por estos lares, tenemos a otro titán como Silvio Orlando que, es como el otro lado del espejo de Servillo, con el que tiene muchas diferencias y muchas más similitudes, un actor de clase, elegancia y temple como su oponente, al que hemos visto brillar en películas de Daniele Luchetti y Nanni Moretti, y con Sorrentino también, en la serie The Young Pope y su segunda temporada. Resulta curioso que tanto el director como Servillo y Orlando, comparten Napoli como la región de nacimiento, y sus años que van de 1957, 58 y 59, respectivamente, en su primer trabajo juntos. Di Costanzo ha construido una película soberbia y detallista, concisa y profundamente humana, que indaga con sabiduría y aplomo las ambiguas relaciones que se van produciendo entre guardias y reclusos cuando las estrictas y escrupulosas normas carcelarias van dejando paso a los diferentes caracteres y a ir más allá, dándose la oportunidad de conocer al otro, independientemente de las razones que lo han llevado a esa situación, porque en la mayoría de los casos, siempre conocemos su apariencia a través de prejuicios adquiridos y no nos atrevemos a quitarnos las máscaras y tantas leyes y normas que nos sitúan en roles que nada tienen que ver con lo humano. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Miquel Fernández y Alberto Evangelio

Entrevista a Miquel Fernández y Alberto Evangelio, actor y director de la película «Visitante», en los Cines Boliche en Barcelona, el martes 8 de febrero de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Miquel Fernández y Alberto Evangelio, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a María Sard y Eva Herrero de Madavenue, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.