Corazones valientes, de Mona Achache

LOS NIÑOS ESCONDIDOS EN EL BOSQUE.

¡Para un corazón valiente, nada es imposible!

La directora francesa de origen marroquí Mona Achache (París, Francia, 1981), recupera la experiencia de su abuela Suzanne, que fue una niña judía que se escondió de los nazis, a la que ya le dedicó el cortometraje Suzanne de 2006, en una película que se enmarca dentro de la fábula entre el drama realista, el rigor histórico, la aventura de supervivencia en la naturaleza, el terror cotidiano y la amistad, el compañerismo y el tránsito a la edad adulta de un grupo de niños que comprenden tres tiempos diferentes. Tenemos a Hannah y Jacques que están en plena efervescencia de la adolescencia, dejando la infancia y convirtiéndose en esos primeros años de adultez donde todavía todo es diferente y demasiado sorpresivo. Luego, están Josef y Clara, que tienen unos años menos, todavía en esa infancia final, en la que entienden muchas cosas de los adultos y todavía quieren jugar a su manera. Y finalmente, tenemos a la pareja de hermanos Léon y Henriette, los benjamines de este peculiar grupo de niños huidos, que apenas andan por los siete u ocho años, unos pequeños que deberán ser protegidos por los mayores. Los acompañará Paul, un chaval de la zona que también anda solo.

Unos niños que huyen bajo el amparo de Rose, una de esas mujeres que trabajan en la conservación de las obras de arte del museo Louvre que, aprovechará su posición para salvar a estos niños en peligro, cosa que le enfrentará al conservador, y aún más, tendrán la ayuda del cura del lugar, un pueblo cercano al Castillo de Chambord, lugar donde se custodiaban las obras por el avance de los nazis. Achache que presenta su tercer largometraje después de El erizo (2009), basado en la exitosa novela de Muribel Barbery, en la que reunía en un piso a varios personajes peculiares, y Las gacelas (2014), que seguía los pasos de una treintañera y su grupo de amigas, amén de varios trabajos para la televisión y en el campo documental, cambia de registro con Corazones valientes, y nos lleva hasta el verano de 1942, en plena naturaleza, donde el enemigo se ve poco pero está todo el rato muy presente, contándonos un relato bajo la mirada de los niños, desde donde veremos la película y su experiencia a modo de diario, en una historia donde hay pocos momentos de desasosiego y paz, porque la amenaza de los nazis es constante, un peligro que sentimos en cada plano de la película.

Una película escrita a cinco manos en las que han intervenido Christophe Offenstein, Jean Cottin, Anne Berest, Valérie Senatti y la propia directora, en la que se huye completamente de los lugares trillados que en muchas ocasiones llenan las películas con niños, y también, alejan ese sentimentalismo facilón de lágrima fácil, para construir una película con alma y corazón, llena de verdad, de amistad y cooperativismo, situando en el foco a los anónimos que pusieron su vida en peligro para ayudar a los que más vulnerables y necesitados estaban, a todos aquellos que ante los nazis no hincaron su rodilla y se mantuvieron firmes en su propósito de libertad y esperanza cuando el nazismo tiñó el mundo de una oscuridad y terror indescriptibles. Cabe destacar el grandioso trabajo técnico tanto de luz que firma Isarr Eiriksson, el montaje de Béatrice Herminie, el sonido de Quentin Colette, Joey Van Impie y Thomas Gauder, y la música de Benoit Rault para Hitnrun, que opta por la composición más de ahora que de la época que describe, dotando a la historia ese componente de atemporalidad, de cuento y de libertad a pesar de la guerra y la crueldad.

Aunque si Corazones valientes destaca enormemente es en el implacable trabajo de casting de Julie David, que ha reclutado a estos siete niños y niñas, muchos de ellos debutantes o con poca experiencia, amén del personaje de Clara, que interpreta Lilas-Rose Gilberti, que tiene experiencia en varios trabajos televisivos, los demás muy poco o es su primera vez, como Maé Roudet-Rubens que hace de Hannah, Léo Riehll es Jacques, Josef es Ferdinand Redoulox, Henriette es Asia Suissa-Fuller, Léon es Luka Haggège y finalmente, Paul es Félix Nicolas, muy bien acompañados por los adultos con una esplendorosa Camille Cottin como Rose, esa hada madrina para todos los niños, que ya había trabajado con Achache en Las gacelas, que la hemos visto en muchas comedias, y en películas tan interesantes como Habitación 212, de Christophe Honoré, y La casa Gucci, de Ridley Scott, entre otras. Swan Arlaud como el conservador, siempre elegante y perfecto, en un personaje egoísta y con mucho miedo, un actor que nos encanta que hemos visto en películas de Stéphane Brizé, François Ozon, Claire Simon, entre otros, y Patrick D’Assumçao, un actor de clase que recordamos de El desconocido del lago, de Alain Giraudie, La muerte de Luis XIV, de Albert Serra, por citar un par. Achache ha hecho una película muy interesante y humanista, que tiene el aroma de otros grandes títulos enmarcados en el mismo contexto como la grandiosa La infancia de Iván (1962), de Andréi Tarkovski, donde también un niño solo intentaba salvar la vida. Un cine humanista, lleno de sabiduría, y sobre todo, un cine para ver, aprender y reflexionar, alguien da más. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

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