Entrevista al productor Jeremy Thomas, protagonista de la película «Jeremy Thomas, una vida de cine», de Mark Cousins, en el marco del BCN Film Fest, en el Hotel Casa Fuster, el sábado 23 de abril de 2022.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Jeremy Thomas, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Miguel de Ribot de A Contracorriente Films, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Emilio Belmonte, director de la película «Trance», en el marco del In-Edit Festival Internacional de Cine Documental Musical, en el Hotel Regina en Barcelona, el sábado 30 de octubre de 2021.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Emilio Belmonte, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Meritxell Colell, codirectora de la película «Transoceánicas», en el marco del D’A Film Festival, en La Ikastola de Gràcia en Barcelona, el miércoles 12 de mayo de 2021.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Meritxell Colell, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Serrana Torres, coproductora de la película, y al equipo de comunicación del D’A Film Festival, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“Cuando uno empieza a tocar, a hacer música, a emitir sonidos… El primer objetivo, claro, no es ni la popularidad, ni vender entradas, ni ganar dinero con ello, supongo. Es más el adentrarte en ese mundo mágico de lo intangible, de lo que no es material, de lo que te trasciende. Los primeros músicos seguramente eran sanadores, de hecho hay muchos músicos que siguen ejerciendo de eso, quizás, todos lo hacemos. Cuando la gente se emociona, de alguna manera, está sanando su espíritu, su alma. Lo que pasa es que todo eso se ha borrado y se ha vendido más como ese mundo del espectáculo, en el cual, pues… ya todo es mesurable, entonces uno gana más dinero que el otro, el otro es más popular. Esa vorágine del mundo del espectáculo muchas veces oculta esa primera semilla de la música que no tiene mucho que ver con eso. Tiene más que ver con nuestro espíritu”.
Jorge Pardo
Por mucho que pretendamos, inútilmente, ser dueños de nuestro destino, la cosa va por otro lado. Porque somos presos de las circunstancias y los encuentros accidentales dominan nuestras existencias. El músico Jorge Pardo (Madrid, 1956), que tenía en el jazz su camino, se tropezó a finales de los setenta en un estudio con el guitarrista de flamenco Paco de Lucía, y ahí cambió todo para él. Porque de aquel encuentro casual, nació una colaboración que se mantuvo durante veinte años viajando por todo el mundo. El famosísimo sextete de Paco de Lucía llegó para cambiarlo todo, el flamenco entró en la fusión, son los tiempos del disco “Leyenda del tiempo”, de Camarón, y Triana y demás. La flauta de Pardo se puso al servicio del flamenco y todos disfrutamos del nuevo sonido, de la nueva mezcla y de una nueva mirada que lo revolucionó todo y a todos. Jorge Pardo sigue de ruta, con veinte discos editados, sigue en la fusión, en la búsqueda, tanto con su flauta como con su saxo, investigando y profundizando a través de la música, de sus múltiples caminos, reflejos y estados, siempre invocando el espíritu de la música.
El cineasta Emilio Belmonte (Almería, 1974), lleva más de veinte años instalado en París, y desde el 2017 con Impulso, sobre el arte de la bailaora Rocío Molina, ha empezado el proyecto “La piedra y el centro”, una trilogía documental sobre el flamenco del siglo XXI, en el que ahora llega su segunda entrega dedicada al maestro, trovador y genio Jorge Pardo con Trance. Durante dos años, la película sigue a este singular y gran tipo que es Pardo, lo vemos de aquí para allá, por varios lugares de Andalucía, ya sea por las playas almerienses, los encuentros de Cádiz, incluso por las tres mil viviendas de Sevilla, por festivales de jazz en Francia, en locales de Madrid, en conciertos por la India, en estudios de grabación de New York, y tomando unos boquerones en el bar. Lo vemos junto a amigos y músicos de viaje como el guitarrista Niño Josele, el pianista de jazz Chick Corea, el cantaor Israel Fernández, Pepe Habichuela, Diego Carrasco, el arpista Edmar Castañeda, el violinista indio Ambi Subramaniam, y demás músicos, cantaores y bailaores, que forman parte del universo flamenco y jazzístico por el que se mueve un tipo integro, honesto y sabio que sigue en la brecha defendiendo su música y su arte, muy alejado del oropel y neón de la industria, luchando incansablemente por seguir en el camino, a pesar de las dificultades y el ostracismo de una maquinaria económica a la que no le interesa la música y mucho menos el arte.
La impecable plasticidad de la película, su maravillosa mezcla de alboroto y calma, como es el flamenco y la música, y la sabiduría de Pardo, consiguen un inteligente y emocionante documento que no solo gustará a los amantes del flamenco y el jazz y la fusión, sino a todos aquellos que se detengan a escuchar, porque Trance va más allá del mero espectáculo de un músico virtuoso, que también hay, pero desde otro punto de vista, más humanista y honesto, aquí hay luces y algunas sombras, porque todo no es Jauja, también hay polvo y sangre. La película hace un magnífico y profundo retrato de Jorge Pardo, sin sentimentalismos ni condescendencias, sino auténtico, sin gustarse ni nada parecido, sino planteando una road movie de carretera, de aviones y de automóviles, una película de carretera con el aroma de Paul Bowles, donde el viajero es todo, y el viaje es lo de menos, donde todo lo que se experimenta es solo un camino y una experiencia más, dentro de un recorrido vital, porque el viaje es físico y sobre todo, emocional, porque el viaje no solo nos hace movernos de un lugar a otro, sino nos tiende puentes con los otros, con los demás, con sus formas de pensar, de sentir, de creer, de ser, y sobre todo, a nosotros mismos.
Jorge Pardo se abre en canal, mostrando su vida y sus vidas, todas las vividas, las que vive y las que vivirá, y lo hace desde la sinceridad del tipo calmado, del tipo sin prisas, del tipo que sabe que las dificultades de la vida hay que enfrentarlas con decisión, con coraje y con amor, alguien que tiene ironía, inteligencia y sencillez, alguien que sabe que la vida siempre es a cara de perro, porque quien quiere algo que nace desde dentro, siempre se tiene que bregar en cualquier sitio y con cualquiera. Trance de Emilio Belmonte con Jorge Pardo es un viaje por un músico y por su música, tanto la que hace como la que escucha, un viaje por todos sus compañeros, porque a través de ellos conocemos más a Pardo y todo su entorno, el que vemos y el que no, y todo magníficamente estructurado con ese objetivo del concierto en Madrid con sus amigos en el horizonte, con esa mezcla de vida y música que respira la película. Una película enorme, tangible e íntima, que nos lleva por sus ciento cuatro minutos de forma ágil, rítmica y maravillosa, sintiendo la música, el arte y la vida, porque como menciona Pardo la vida y la música es un todo, es la razón para seguir, es todo. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Ida Cuéllar, director de la película «El secreto del Dr. Grinberg», en el marco del DocsBarcelona, en el Hotel Catalonia en Barcelona, el miércoles 19 de mayo de 2021.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ida Cuéllar, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y al equipo de comunicación del DocsBarcelona, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“Al final, estás tratando de encontrar a Dios. Ese es el resultado de no estar satisfecho. Y no importa cuánto dinero, o propiedades, o lo que sea que tengas, a menos que estés feliz en tu corazón, entonces eso es todo. Y, desafortunadamente, nunca se puede obtener la felicidad perfecta a menos que tengas ese estado de conciencia que lo permita”
George Harrison
En febrero de 1968, los componentes de The Beatles: John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr, junto a sus esposas, amigos y sequito, llegaron a Rishikesh, en el norte de la india, para un retiro espiritual en el santuario de Maharishi Mahesh Yogi. Los cuatro jóvenes veinteañeros de Liverpool ya era la banda de música popular más famosa del planeta. A sus espaldas cargaban 13 discos, gran cantidad de conciertos alrededor del mundo y unas ventas millonarias que no cesaban de aumentar. Pero toda esta relación de The Beatles con la India había comenzado tres años atrás de la mano de George Harrison, gran aficionado a la música hindú, que introdujo en los álbumes del grupo el instrumento tradicional de sitar, y a uno de sus más virtuosos, el músico hindú Ravi Shankar.
La música vino acompañada por la meditación trascendental y el grupo llegó a la India aquel febrero del 68 para un retiro espiritual para encontrarse con ellos mismos y olvidarse del mundo y sus legiones de fans que no les dejaban un segundo. Unas sesenta personas, entre ellas la actriz Mia Farrow y Mike Love de The Beach Boys, entre muchos otros, se encontraron escuchando, meditando y conviviendo en la casa del Maharishi Mahesh Yogi. Los debutantes Ajoy Bose, bengalí-india, periodista de profesión, corresponsal del diario The Gaurdian en la India, y conocedora de The Beatles, ya que publicó el libro “Across the Universe_ The Beatles in India”, en 2018, y Peter Compton, que ha trabajado casi medio siglo en la industria discografíca y el video, y productor ejecutivo de otro documental de la banda que tenía de título It Was Fifty Years Ago Today – The Beatles: Sgt. Pepper & Beyond (2017), han recopilado infinidad de imágenes de archivo, recogido testimonios valiosos de descendientes y expertos en The Beatles, y han filmado en los restos del santuario, ahora convertido en museo, para ilustrar el paso de la banda por ese lugar y todo lo que ocurrió.
Se ha hablado mucho de lo prolífica que fue la estancia del grupo en la India, de la que nació uno de sus mejores discos, el “The Beatles”, que se conoce coloquialmente como “White Album”, pero desconocíamos todos los detalles, matices y (des) encuentros que sucedieron en aquel lugar. La película nos habla del antes y del durante, y lo hace a modo de intenso y apabullante caleidoscopio donde se va creando un mosaico de imágenes, fusionadas con las voces de los cuatro de Liverpool, y los abundantes testimonios indios que se cruzaron con ellos o los hijos de los que sí se los trataron. El documento, interesantísimo aborda desde la sencillez y la naturalidad de los cuatro tipos, alejados de todo el oropel y popularidad que los seguí allá donde iban, a los que conocemos desde otro punto de vista, sus relaciones y sus distancias y todo lo que les rodea. La película muestra otra faceta de ellos, muchísimo más desconocida, haciendo un repaso de aquellos años, hablándonos de la fama y sus peligros, su fascinante encuentro con la música hindú, y sus creadores, y su viaje mental por el país, y sus turbulencias en la amistad con el Maharishi, aunque los testimonios en este aspecto no llegan a ninguna conclusión, el hecho es que algo hubo, y lo que hubo los distanció.
The Beatles y la India es un documento extraordinario, fascinante e hipnótico sobre el período más artístico, humanista e importante de The Beatles, y del que se conocía poco o nada, o se conocía a través de otros, que inventaron. Ahora, el trabajo respetuoso, concienzudo y ordenado de la pareja Bose y Compton consigue un documento de grandísima importancia no solo para muchos seguidores de la banda, entre los que me incluyo, sino de todos aquellos que alguna vez en su existencia se han planteado en conocerse y descubrirse su mundo espiritual, mucho más intenso que el mundo físico y material. Conoceremos todo lo que influyó a los cuatro músicos, en su etapa más prolífica artísticamente hablando, que por otra parte, también significó el principio del fin, con la disolución del grupo dos años más tarde, apenas diez años de vida que no solo revolucionaron la música popular de la segunda mitad del siglo XX, sino que además, cambiaron las reglas del juego de la industria musical y se creó el fenómeno de los fans, hasta ese instante no de la multitud planetaria que se vivió con The Beatles. No dejen de ver The Beatles y la India, no por la música de The Beatles, sino por todo lo que significó para ellos conocer el país asiático y sobre todo, su cultura y su mundo espiritual. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“Éste no es el Méjico real. Lo sabes. Todas las ciudades fronterizas sacan lo peor del país”.
Sed de mal, de Orson Welles
Un planeta tan injusto, desigual y funesto como este, no es de extrañar que existan las fronteras. Las fronteras como división antinatural del territorio, como separación horrible entre unos y otros, y sobre todo, como barrera para dividir el país enriquecido del empobrecido. Podríamos hacer una relación larguísima de todo ese cine llamado fronterizo, un cine que no solo se ha dedicado a hablarnos de la frontera como objeto y límite, sino de todo lo que vive o mejor dicho, sobrevive a su alrededor. Esos lugares sin tiempo, lleno de fantasmas, un caleidoscopio de seres, costumbres y formas de encontrar un sustento que llevarse al estómago. El director Álvaro F. Pulpeiro (Galicia, 1990), creció entre Canadá, Brasil y Australia, y se graduó en la prestigiosa Architectural Association School of Architecture de Londres, donde colabora con diferentes artistas, para dar el salto al cine con la películas corta, Sol MIhi Semper Lucet (2015), donde se adentraba en los campos secos y las calles vacías de algún lugar de Texas, para luego debutar en el largometraje con Nocturno: Fantasmas de mar en puerto (2015), en la que seguía la tripulación de un pesquero anclado de Montevideo a la espera de volver al mar, y luego, volver al cortometraje con La jovencita no envejece, se descompone (2019), anclada en la península de la Guajira, entre Colombia y Venezuela, para seguir el deambular de una joven.
El profundamente personal e inabarcable universo que edifica el cineasta gallego es un lugar sin tiempo ni lugar, un espacio lleno de sombras y cuerpos de aquí para allá, espectros perdidos en un constante movimiento y deambular, expuestos a sus cotidianos destinos y un futuro incierto. Un cine donde no existen el tiempo ni los rostros, solo un vasto espacio donde todo se confunde, que nunca podemos medir ni conocer en su todo, solo una parte, y una parte mostrada de forma difusa, en la que nos perdemos como en un laberinto, en el que nada ni nadie tiene un objetivo más allá de un presente infinito. Con Un cielo tan turbio, su segundo trabajo, Pulpeiro se adentra en Venezuela, y más concretamente, en esos no lugares que tanto le interesan, las tierras que envuelven o ensombrecen la frontera y sus alrededores, a partir de tres espacios, o no lugares, como un grupo de soldados a bordo de un barco en los mares del Caribe, los migrantes trasladándose por los puestos entre Venezuela y Brasil, y los contrabandistas adentrándose por el difícil desierto de la Guajira con los últimos barriles de petróleo rescatados del embargo.
La película compone su peculiar retrato de un país petroestado, acuciado por el embargo estadounidense, los conflictos internos entre estado y derecha y las múltiples oleadas de migrantes, y lo hace de forma muy interesante y profunda, alejándose del documento tradicional y periodístico, y formando una magnífica composición lleno de sombras y cuerpos que se mueven entre la oscuridad, bajo un cielo nublado lleno de nubes negras, solo iluminado por los neones y esas llamaradas de las refinerías (que recuerdan poderosamente a las de Blade Runner), desplazándose por lugares-limbo, mientras escuchamos la radio que va vomitando noticias entrecortadas de la situación política, social, económica y cultural de Venezuela. La magnífica pare técnica de la película, elemento de suma importancia en una película en la que apenas hay diálogos, donde el director gallego, afincado en Colombia, vuelve a colaborar con antiguos cómplices de sus anteriores trabajos como en la sombría cinematografía de Mauricio Reyes Serrano, creando ese no lugar donde todo vive y muere a la vez, un espacio lleno de vida, eso sí, una vida en tránsito constante, el gran trabajo de edición de Martín Amézaga, que condensa con maestría una película de 83 minutos, en la que sus imágenes van apoderándose de nosotros de forma sutil y pausada.
El excelente trabajo de diseño de sonido que firma Tomas Blazukas, en un arrollador retrato sensorial de Venezuela o de esos no lugares del país sudamericano, así como el formidable trabajo de música de Sergio Gutiérrez Zuluaga, completamente fusionada con la parte sonora, creando esos ruidos y composiciones muy fantasmales, más propias del cine fantástico, pero extraordinariamente fusionadas con esas realidad ficticia que filma con pulso y sabiduría el director gallego. Un cielo tan turbio no está muy lejos de algunos trabajos de Bonello como el de zombi Child (2019), donde se mezclaba con audacia el fantástico y la realidad más política del país, y sobre todo, del imaginario visual y sonoro del cine de Pedro Costa, con sus individuos-espectros que pululan en sus universos cerrados y periféricos, en la que sin discursos ni nada que se le parezca, construye todo un entamado político de la situación de sus respectivos países, a través de la más pura, cercana e intimidad de esas personas no personas como los inmigrantes, los pobres y los contrabandistas, todos los que viven en las sombras como modo de supervivencia. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Raquel Marques, directora de la película «Tiempos de deseo», en el marco de la Mostra Internacional de Films de Dones, en las oficinas de Drac Màgic en Barcelona, el lunes 7 de junio de 2021.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Raquel Marques, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y al equipo de comunicación de la Mostra, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Marc Parramon, codirector de la película «Altsasu (Gran Hura)», en el marco del DocsBarcelona, en el Hotel Catalonia en Barcelona, el miércoles 19 de mayo de 2021.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Marc Parramon, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y al equipo de comunicación de DocsBarcelona, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Vivianne Perelmuter e Isabelle Ingold, directoras de la película «Ailleurs, partout», en el marco de la Mostra Internacional de Films de Dones, en la Filmoteca de Catalunya en Barcelona, el miércoles 2 de junio de 2021.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Vivianne Perelmuter e Isaelle Ingold, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Anne Pasek de Comunicación de la Mostra, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA