Nunca estamos solos, de Petr Vaclav

LOS DEMONIOS DE NUESTROS DÍAS.

Jana es una mujer atractiva que ronda los cuarenta, trabaja en el supermercado de un pueblo flanqueado por una carretera, de esos que hay cientos en cualquier ciudad. Jana es infeliz, vive con un marido hipocondríaco en paro, y un par de hijos. Tiene una vida triste y vacía, y sus días se desarrollan sin más. Un día, entra un hombre de etnia romaní a comprar cigarrillos al supermercado, Jana se siente atraída y hará lo imposible para estar junto a él. Pero, este tipo, vigilante de un puticlub de carretera, está enamorado de una de las stripper, pero ésta, a su vez, pierde los vientos por un hombre que cumple condena. Para redondear el cuadro, un nuevo vecino, paranoico (que recuerda y de qué manera al tipo enfermizo con la violencia de Tierra de abundancia, de Wenders) y nostálgico del comunismo, funcionario de prisiones, con la arma siempre en el hombro (que tiene un hijo al que atemoriza, y el chaval intenta rebelarse) se hace íntimo del marido enfermo imaginario. El cineasta Petr Vaclav (Praga, República Checa, 1967) ha desarrollado una filmografía a través de dos vertientes, por un lado la exploración de las desigualdades e injusticias sociales de la cultura romaní, y por el otro, los sinsabores y aburrimiento de la burguesía checa.

En Nunca estamos solos mezcla esos dos caminos, pero desde un aspecto social, los burgueses han dejado paso a unas gentes que viven en la periferia, en las afueras, no solamente físicas, sino también emocionales, unas almas infelices y atormentadas que se mueven entre las brumas de una sociedad injusta e insatisfecha. Václav plantea una película desde el extremo, tanto formal como argumental, porque va del blanco y negro al color y viceversa, según las variaciones emocionales de sus personajes, así como a nivel de diálogos, donde en algunos instantes la verborrea se apodera del relato, combinada con silencios asfixiantes que rasgan el alma. Y qué decir de su trama, en el que tanto adultos como niños se mueven en ese frío y triste bosque urbano donde lo miserable contamina cada espacio y cada sentimiento, donde sus personajes acarrean en la intimidad sus conflictos y demonios que los acechan constantemente, en el que cada uno de ellos se siente mal consigo mismo, y con su entorno, y todo lo que hace para cambiar esa situación, provoca el efecto contrario, sumergiéndolo más si cabe en su pozo de miseria cotidiana.

El cineasta checo construye una película dura y oscura, pero no tremendista, siempre hay un atisbo de esperanza, y los dramas existenciales que cuenta forman parte de muchas ciudades europeas en el que los distintos pensamientos y formas de vida convergen en un tiempo y espacio, y no siempre de una manera humana y respeto al otro, al diferente. Vaclav compone una película compleja y sincera, donde sus criaturas buscan su felicidad a través del amor, y de estar bien con uno mismo, aunque los caminos que trazan para conseguirlo no sean los más afortunados y los lleven a sentirse más tristes y vacíos. La película recuerda al primer cine de Loach, Leigh o los Dardenne, tanto en su apuesta formal, donde la cámara devora a sus personajes, penetrando en su intimidad familiar y en su interior, mostrándolos de manera sencilla, como en parte argumental, donde se detiene a describirnos toda la complejidad del ser humano en su esencia más personal.

El poderoso reparto en el que Vaclav mezcla con sabiduría y energía profesionales de la interpretación con debutantes, como Karel Roden como el antipático hipocondriaco, Lena Vlasáková como Jana, la infeliz enamorada del vigilante gitano (con esa mirada triste que dice tantas cosas sin emitir ninguna palabra) Miroslav Hanus como el pirado que ve monstruos en todas partes, sin darse cuenta que su hijo le tiene miedo y hace lo imposible por huir de él, y los romaníes salidos de un trabajoso casting, que impactan con su naturalidad,  Zdenék Godla como el vigilante amante de Jana y enamorada de un imposible en la figura de Klaudia Dudová, la stripper alcohólica que tiene su amor en prisión, sin olvidarnos de los niños, que consiguen con sus miradas relatarnos toda la complejidad de sus personajes. Vaclav ha conseguido una película durísima, pero humana, en el que el amor se convierte en la única salida a sus vidas solitarias y vacías, aunque sea un amor fou, que ayudar a sus personajes a tirar para adelante, a que sus existencias tengan algo de luz, aunque sea a hostias y sufriendo más de lo debido, porque a veces lo que creemos que es bueno para nosotros, en realidad, no es más que una huida para dejar aquello que nos atemoriza, aquello a lo que no somos capaces de enfrentarnos, y preferimos, porque quizás es más fácil, seguir a lo desconocido, a lo que parece mejor para nosotros, aunque sin saberlo nos adentrarnos en la boca del lobo, en un mundo y perverso y cruel, que si bien al principio nos hará sentir mejor o al menos lo sentimos así, a la larga, volveremos a sentirnos mal y seguiremos igual o peor.


<p><a href=»https://vimeo.com/240981098″>NUNCA ESTAMOS SOLOS (We Are Never Alone) – Tr&aacute;iler Oficial HD (VOSE)</a> from <a href=»https://vimeo.com/segarrafilms»>Segarra Films</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

Entrevista a Claudio Zulian

Entrevista a Claudio Zulian, director de la película «Sin miedo». El encuentro tuvo lugar el martes 17 de abril de 2018 en los Cines Boliche en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Claudio Zulian, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, al equipo de los Cines Boliche, y a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

9 dedos, de F. J. Ossang

LOS PASAJEROS ESPECTRALES.

“El mapa no es el territorio”

Alfred Korzybski

Noche cerrada en una ciudad costera. Magloire cae en una emboscada con el fajo de billetes de un moribundo. La banda de Kurtz lo captura y lo convierten en uno de ellos. Después de un robo fallido, emprenden una huida sin fin a bordo de un carguero fantasmal, lúgubre y asfixiante, que parece llevarlos a la deriva. El cineasta F. J. Ossang (París, Francia, 1956) músico punk y escritor, abre su película enmarcándola en el cine noir, con el aroma oscuro y tenebroso del cine de Melville, en el que hay espacios propios del cine de Carné, con esos lugares costeros donde hombres sin suerte se encuentran con mujeres desvalidas que huyen de tipos sin alma, o incluso, también podríamos añadir a los ejercicios de cine negro casi abstractos del cine de Godard como Alphaville, con esas mansiones vacías y apartadas, y rodeados de gentes extrañas que hablan poco y observan mucho.

Aunque después de este primer tercio, la película cambia de registro cuando los personajes abandonan la ciudad para adentrarse en mar abierto a bordo del carguero, esa mole de hierro que desaparece en la noche, en el que cada uno de los siniestros y ambiguos habitantes del barco ocupará un espacio, desde donde intentará sobrellevar esa travesía sin rumbo que los aislará de todos y todo. De la mano, o mejor dicho, de la mirada de Maglorie nos moveremos de un lugar a otro del barco, conversando con unos y otros, en el que sus captores y ahora cómplices, la banda de Kurtz (que recuerdan a la banda de nihilistas de El Gran Lebowski) parece guardar un material que se ha convertido en su salva conducto en toda esta aventura negra. 9 dedos, sigue los caminos ya transitados del cine de Ossang, desde la utilización del 35 mm, y el blanco y negro (obra del cinematógrafo Simon Roca, del que vimos La chica del 14 de julio) los ambientes industriales, donde prima la ruina o el desecho, las aventuras pos apocalípticas, donde se mezclan texturas, tiempos y espacios de diferentes épocas y lugares, y la gama de personajes extraños y oscuros, que parecen escapar de algo o simplemente, deambulan en busca de algo.

Ossang es un creador de atmósferas fascinante, en el que sus personajes son engullidos por el armatoste de hierro y hormigón que los rodea, donde no hay más escapatoria que sus emociones, donde todas las almas que viajan en ese barco parecen almas sin descanso, almas devoradas por el ambiente y el espacio que habitan, almas que huyen del infierno para meterse en otro que parece peor, en el que el tono noir del arranque deja paso a una película existencialista, como si el barco a la deriva en mitad de ninguna parte, se convirtiera en la isla donde desaparecen personas de La aventura, de Antonioni, en el que las cosas ya no son lo que parecen, y todos sus personajes buscan una salida que parecen no encontrar o ya ha dejado de existir, y todos se mienten para sobrevivir dentro de ese espacio terrorífico y asfixiante.

El cineasta francés introduce algunas dosis de humor absurdo, surrealista, acompañado de esa banda sonora, tanto la música vanguardista e industrial, obra de MKB Fraction Provisoire (el grupo de Ossang) y los sonidos de ultratumba, martillantes y desesperantes que absorben todo la atmósfera irrespirable del carguero. El relato existencialista se apodera del relato, y más aún cuando una extraña fuerza desconocida ha contaminado a todos los habitantes del barco, y la aparición de un extraño personaje que provocará al resto de los viajeros. Ossang construye una película oscura y fascinante, llena de sombras y espectros que vagan sin rumbo, con ese tono romántico del cine de Murnau, en el que recordamos a las aventuras psicóticas de las novelas de Conrad, donde los personajes se adentran a lo desconocido sin más armas que su maltrecha conciencia, o ese cine de terror y ciencia-ficción de finales de los sesenta y setenta.

Magloire vivirá atrapado dentro del horror, sin ninguna posibilidad de escape, encarnando a ese pobre diablo perdido y sin futuro, muy propio de las novelas  negras, que casi por casualidad, penetran en mundos ajenos y terroríficos, donde siempre hay alguna mujer seductora y ambigua que los consuela. Ossang se rodea de un contenido y asombroso reparto de caras conocidas como Paul Hamy como el desdichado Magloire, bien secundado por Pascal Greggory como el delirante Ferrante, la siniestra banda de Kurtz, las dos mujeres: una de ellas, la enigmática Gerda, con una imagen que mezcla la de las heroínas del cine mudo con la vanguardia de los años sesenta, a la que da vida Elvire (musa de Ossang que protagoniza todos sus trabajos) y la joven e inocente Drella que interpreta Lisa Hartmann, y por último, Gaspard Ulliel como un pasajero que llega al barco en último lugar. Ossang ha construido una película de una gran fuerza visual y sonora, donde encontramos un lugar, habitado por personajes huidos que no saben que se encontrarán ni hacia adonde van, en una especie de travesía crepuscular, en una especie de sueño profundo en el que no son incapaces de despertar, en un viaje existencial a lo más oscuro de sus almas, en el que cada uno de ellos tendrá que construirse su propio destino dentro de un mundo que tiene que construirse desde la ruina.

Sin miedo, de Claudio Zulian

VERDAD Y JUSTICIA.

En el año 2012 la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenaba por primera vez al estado de Guatemala por las desapariciones forzadas durante la guerra civil (1960-1996) cifradas en más de 45000 personas desaparecidas. El GAM (Grupo de Apoyo Mutuo) creado en 1984, en el que un grupo de familiares desaparecidos pidió y consiguió esta sentencia que, entre otras reparaciones que, a día de hoy, el gobierno guatemalteco se ha negado a cumplir, se encontraban la producción de un documental. Fue entonces cuando el GAM contactó con el cineasta Claudio Zulian (Campodarsego, Padua, Italia, 1960) para llevar a cabo el proyecto. Zulian es una artista multidisciplinar (sus trabajos en el videoarte son elogiados en todo el mundo) en el largometraje ha desarrollado una filmografía anclada en el ámbito de lo social y político, como lo demuestran películas como Beatriz/Barcelona (2004) donde seguía la cotidianidad de una mujer sin nada, en A través del Carmel (2006) hacía un recorrido en un solo plano sobre el legendario barrio en el que realizaba un caleidoscopio humano sobre la historia del espacio, y finalmente, en Born (2014) se trasladaba a la Barcelona del siglo XVIII para contarnos un relato de tres personajes lleno de injurias, mentiras y violencia, que contaba con una asombrosa luz de Jimmy Gimferrer, y un gran trabajo de fuera de campo.

Ahora, Zulian se enfrenta a una película donde vuelven a entrar en liza la historia, la memoria colectiva de un pueblo, lo social y lo político, filmando a un grupo de personas, encabezadas por Miguel Ángel Arévalo, Paulo Estrada, Ofeliz Salanic y Salomón Mejía, que dialogan sobre sus familiares desaparecidos, sobre los que ya no están, sobre aquellos que les fueron arrebatados forzosamente. La película utiliza desde el dibujo, el archivo (en un gran trabajo de síntesis para contextualizarnos la terrible historia de Guatemala (uno de los países de América latina donde su pasado horrible es menos conocido internacionalmente) que nos lleva a mediados del siglo XX, cuando el imperialismo yanqui derrocó al gobierno democrático para imponer una dictadura y de esa manera, preservas sus intereses económicos en el país, hecho que provocó una firme oposición democrática que estalló en una lucha fratricida que se alargó hasta el año 1996, en que los años 1983 hasta 1985, la represión fue más atroz y cruenta con más de 200000 muertos y los mencionados 45000 desparecidos) la performance (cuando los propios familiares escenifican las argucias de la policía para asesinar a los opositores democráticos.

Zulian nos propone un viaje memorístico, donde el pasado y presente convergen en un solo, en el que visitamos los hogares de los desaparecidos y sus familiares recuperan su memoria, sus rostros y sus huellas, también, visitamos los lugares del horror, esas cárceles donde se llevaban a cabo las siniestras torturas y asesinatos, o esos espacios perdidos en el tiempo, donde algunos encontraron la muerte en manos de los genocidas. El cineasta italiano, afincado en Barcelona, convoca a los cineastas de la memoria como Claude Lanzman o Rithy Panh para conducirnos por la memoria de Guatemala, a través de la lucha de un grupo de personas que trabajan para desenterrar su pasado, para contarnos la verdad de lo que ocurrió y reparar judicialmente aquellos actos horribles, y lo hace desde el respeto a la memoria de las víctimas, de los que no están, dándoles ese espacio que el estado les negó, devolviéndoles la dignidad perdida, sacándolos del olvido estatal, recogiendo las pruebas recuperadas como el “Diario Militar” o el archivo policial, o los dibujos de sus retratos (en uno de los momentos más emotivos y especiales de la película, cuando un dibujante compone los retratos de los que ya no están).

Zulian captura a sus personajes desde la sinceridad y la naturalidad, filmándolos desde la observación, de aquel que mira sin juzgar, dejando esa parte al espectador curioso e inquieto, a través de lo colectivo, de un país que reclama justicia, que no olvida a sus muertos, que sigue trabajando desde la oscuridad, para que un día sus muertos descansen en paz, en una película que se bifurca en dos caminos, por un lado, es un documento magnífico sobre la memoria de la represión en Guatemala, y también, es un película sobre los procesos de crear una película, donde observamos las diferentes herramientas que el audiovisual permite explicar los diferentes situaciones que tuvieron que vivirse durante el horror, en el que el propio director participa, como la entrevista a un empresario conservador que niega el horror de la represión, argumentándolo de manera simplista y provocadora, secuencia que remite a la situación política actual que atraviesa Guatemala, donde estas personas que buscan dignidad para los suyos, ponen su vida en peligro, porque el estado sigue en sus trece y no tiene ningún gesto de reparación y justicia con las víctimas, sino todo lo contrario.

Encuentro con Terry O’Neill

Encuentro con el fotógrafo Terry O’ Neill, con motivo de la inauguración de la exposición «Terry O’Neill. El rostre de les llegendes», junto a Cristina Carrillo de Albornoz, comisaria de la exposición, y Esteve Riambau, director de la Filmoteca de Cataluña. El encuentro tuvo lugar el jueves 1 de marzo de 2018 en la Filmoteca de Cataluña en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Terry O’Neill, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño,  a Cristina Carrillo de Albornoz, Esteve Riambau, por su generosidad, tiempo y sabiduría, y a Jordi Martínez de Comunicación de la Filmoteca, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Entrevista a Laura Mora

Entrevista a Laura Mora, directora de la película «Matar a Jesús». El encuentro tuvo lugar el miércoles 4 de abril de 2018 en el Soho House en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Laura Mora, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Violeta Medina de Prensa, y a Xavi Garcia Puerto de El Sur Films, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Alma Mater, de Philippe Van Leeuw

LA GUERRA COTIDIANA.

“Me gusta pensar que los momentos más importantes de la historia no tienen lugar en los campos de batalla o en los palacios, sino en las cocinas, los dormitorios o las habitaciones de los niños”

David Grossman

La película se abre y se cierra de la misma forma, con un amanecer, la cámara se apoya en el rostro de un abuelo encendiéndose un cigarrillo y mirando a través de la ventana, no vemos el exterior, sólo su mirada perdida y expirando el humo, así sin más. La cotidianidad se define frágil e incierta, como si el cigarro que se va consumiendo fuese una metáfora de ese tiempo que se vive sin vivir, que se está sin estar. El cineasta Philippe Van Leeuw (Bruselas, Bélgica, 1954) ha desempeñado toda su carrera en la cinematografía con autores tan prestigiosos como Bruno Dumont, Laurent Achard o Claire Simon, entre otros. Fue en el año 2009 cuando debutaba en la dirección con El día en el que Dios se fue de viaje, en la que filmaba el retrato íntimo y humanista de un niño en mitad del genocidio de Ruanda.

Casi una década después, vuelve a ponerse tras las cámaras con otra historia rasgada por la tragedia, situándonos en el interior de un piso en mitad de una ciudad cualquiera en Siria, y acotándonos el relato a una solo jornada. Un solo día, donde viviremos con una familia siriana, que acoge a una pareja de vecinos con su bebé, su cotidianidad, sus miedos, sus esperanzas y (des) ilusiones. La señora de la casa, Oum Yazan, una espectacular y maravillosa Hiam Abbass, capitanea y dirige a los suyos y a los acogidos, está alerta de cualquier situación o ruido extraño que se produzca en las cercanías, y mantiene el aliento cuando este decae y el espíritu combativo entre la pequeña comunidad que resiste a pesar de todo y todos. Oum se convierte en la guardiana y protectora de esta familia de circunstancias, una familia de supervivientes en el caos de la guerra, vemos sus rostros, que se mueven entre la incertidumbre y el miedo, en un retrato que el fuera de campo se convierte en esencial para la trama, ya que el exterior se convierte en un desierto desafiante y peligroso, sólo vemos lo que proporciona alguna ventana.

Así que, el piso, con sus habitaciones y sus moradores, se convierten en el rostro humano que vive o mejor dicho, malvive en esa maldita guerra. Van Leeuw propone un retrato femenino, ya que los hombres se hallan fuera por diversos motivos. El marido de Oum está fuera, intentando ayudar en lo que sea fuera, a los que más lo necesitan, y el marido de Halima (los vecinos del bebé) ha tenido que salir y no vuelve, y ella se angustia porque no sabe nada de él. Una película estructurada a través de dos mujeres, la señora que mantiene el orden del hogar, o lo que queda de él, en mitad del caos, en una especie de matrona resistente en la que sacrificará lo que haga falta para mantener su hogar como especificará en algún momento: “Nací sin hogar. Nadie me sacará de aquí”, por otro lado, Halima (estupenda Diamand Abou Abboud dando la réplica a Hiam Abbas) ha planeado su fuga con su marido y bebé, ya que no resiste más en ese espacio y en mitad de tanto peligro. Dos formas de enfrentarse a la guerra, a la supervivencia, a soportar el miedo y a sacar fuerzas de donde haga falta para seguir hacia delante.

El cineasta belga se centra en el retrato humano, en la dignidad humana, y no lo hace desde la condescendencia o el sentimentalismo, nada de eso, su posición es la del humanismo y el retrato serio y sincero de unas almas enjauladas expuestas a todo tipo de peligros en los que su vida se mantiene de un hilo muy frágil que puede romperse en cualquier momento. Van Leeuw compone una trama en el que el terror y el drama íntimo se mezclan de manera realista y sorprendente, en una película que nos sobrecoge, y nos mantiene en todo momento compungidos y aterrorizados por todo lo que sucede a sus personajes, aunque todo hay que decirlo, y eso es mérito de la dirección y la puesta en escena, Leeuw no trata en ningún momento de lanzar ningún discurso paternalista ni nada por el estilo, al contrario, mira esos rostros y les concede su protagonismo, devolviéndoles la garra y fuerza de esos rostros humanos que los medios invisibilizan de manera escandalosa, centrándose en los datos y demás aspectos que deshumanizan el horror cotidiano que sufren las personas anónimas en mitad de una guerra. Van Leeuw no sólo ha construido una película humanista, como las que hacía Rossellini sobre la guerra, sino también pone rostros a todos los seres humanos que han vivido, viven y vivirán una guerra, centrándose en su cotidianidad, en sus miedos, inseguridades, peligros y sobre todo, en su humanidad, aunque sea tan difícil de mantener en ese tipo de situaciones.

 

Entrevista a Pedro B. Abreu

Entrevista a Pedro B. Abreu, director de la película «Blue Rai», de Pedro B. Abreu. El encuentro tuvo lugar el jueves 5 de abril de 2018 en el Soho House en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pedro B. Abreu, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Carmen Jiménez de ArteGB, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Heartstone, corazones de piedra, de Gudmundur Arnar Gundmundsson

QUEDATE JUNTO A MI.

La primera secuencia de la película es muy descriptiva y esencial en el devenir de la historia que nos ponemos a presenciar a continuación. Unos chavales, entre ellos Thor, uno de los protagonistas, se encuentran a la espera que algún pez pique en sus anzuelos. De repente, los hilos se tensan y empiezan a tirar como si la vida les fuera en ello, y extraen peces de gran tamaño. Uno de ellos, se encuentra con un pez escorpión, de fisionomía rojiza y muy diferente al resto de los peces que capturan, el niño lo lanza al suelo asqueado y junto a los demás, lo pisotean y lo reducen a escombros. La primera película de Gudmundur Arnar Gudmundsson (Reikiavik, Islandia, 1982) después de una fructífera carrera con un puñado de cortometrajes de éxito internacional, se lanza a una película sobre la adolescencia, sobre uno de esos veranos donde hay mucho tiempo por encima y nada que hacer. Thor y Christian son amigos, se ven todos los días, y van y vienen por un pueblo aislado de pescadores alejado del mundanal ruido. Thor vive junto a sus hermanas y su madre, el padre se marchó. En cambio, Christian tiene madre y padre pero no se avienen, el padre bebe y pega a su madre.

Los dos chicos se encuentran en un tiempo de crecimiento, de descubrimiento, de experimentar por primera vez las emociones, los primeros cigarros, beber alcohol, alguna escapada nocturna con chicas, a las que besar o hacer el amor. Es tiempo de verano, pero de verano islandés, donde hay poco que hacer, donde viven en un lugar que puede ser muy hostil, donde los chicos más mayores imponen su dominio, y los adultos se refugian en su soledad, en el alcohol o el trabajo de granja, en el que humanos y bestias conviven en un paisaje agreste, sin grandes cambios, donde el verano hay tiempo para el sol y en invierno ni se ve. Gudmundsson nos cuenta con sensibilidad y delicadeza ese período de cambios, de transición, donde se deja la infancia para ser adulto, donde la inocencia expirará para dejar paso a otro tiempo, un tiempo donde las cosas son diferentes, donde nos atraen y gustan otras cosas, donde conoceremos a otras gentes y sentiremos cosas diferentes. Una época de conocerse a uno mismo, de saber quiénes somos, que sentimos y que queremos.

El realizador islandés nos relata ese tiempo de adolescencia, de incertidumbre, junto a dos personajes, uno, Thor, un poco más joven que Christian, que desea a Beth, que quiere hacer cosas con ella, descubrirse y descubrirla, donde su amistad con Christian, su amigo del alma, se irá transformando en algo diferente a los ojos de Christian, que también empieza a descubrir sus emociones, su homosexualidad, y a sí mismo. Una película sobre la adolescencia, donde se profundiza y reflexiona de manera inteligente y honesta sobre los cambios que se producen, sobre las vivencias y ese tiempo de cambios profundos y extraños que cada persona vive en ese tiempo. Podríamos pensar que su duración de 129 minutos es excesiva, peor todo lo contrario, Gudmundsson no tiene prisa ni añade momentos superfluos o faltos de interés, nada de eso, su película vive en cada fotograma, vivimos junto a los protagonistas sintiendo sus deseos, ilusiones y desengaños, que también los hay, de manera íntima y natural, sin artificios sentimentales de ninguna clase, aquí todo pasa por un motivo y las consecuencias son palpables, a través de unos chavales que viven, sienten y desean que se les reconozca por ser quiénes desean ser, no por lo que se espera de ellos. Rodeados de ese espectacular paisaje, en ocasiones bellísimo por su entorno, y en otras, durísimo por la condición moral de sus habitantes, que juzga y pisotea todo aquello que resulta diferente, que no sigue la lógica establecida y convencional de una moral correcta.

La naturalista luz de la cinematógrafa Sturla Brandth Groulen, que consigue una fotografía que traspasa las emociones, y consiguiendo a través de los encuadres, manifestar la cercanía o la frialdad en la distintas relaciones de los personajes. Baldur Einarsoon da vida a Thor (que recuerda físicamente y de qué manera al River Phoenix de Cuenta conmigo) Blaer Hinriksson es Christian y Diljá Valsdóttir como Beth, actores jovencísimos que consiguen capturar los conflictos, miedos e inseguridades de unos personajes que también viven el verano y su desaparición como un tiempo que perderán todo aquello que eran para adentrarse en un mundo donde ya nada se estructura de la misma forma y deberán aceptarse y seguir su camino, a pesar de la oposición de los otros. El director islandés construye una película que nació a través de un sueño, en la que recoge el aroma de los retratos adolescentes más recordados del cine como Verano del 42, de Robert Mulligan, cineasta que también supo describir los conflictos de la adolescencia, o Mes petites amoureuses, de Jean Eustache, que exploró de forma bella y trágica ese tiempo de incertidumbre, y finalmente, la citada Cuenta conmigo, de Rob Reiner, donde una aventura para buscar a un muchacho desparecido se convertía en un aprendizaje crucial para curar heridas, y las más recientes, como C.R.A.Z.Y. o Call me by your name, donde la adolescencia se adentraba en una experimentación con la homosexualidad. Thor y Christian no sólo vivirán sus experiencias en la estación estival, sino que crecerán como personas, y quizás con el tiempo, encuentren algunas respuestas de todas las emociones y conflictos que vivieron aquel verano cuando eran adolescentes.

Entrevista a Carlos Franco, Cristian Valencia, Betsy Túrnez, Josep Seguí y Santi Bayón

Entrevista a Carlos Franco, Cristian valencia, Betsy Túrnez, Josep Seguí y Santi Bayón, coguionista e intérpretes, respectivamente,  de la película «Blue Rai», de Pedro B. Abreu. El encuentro tuvo lugar el jueves 5 de abril de 2018 en el Soho House en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Carlos Franco, Cristian Valencia, Betsy Túrnez, Josep Seguí y Santi Bayón, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Carmen Jiménez de ArteGB, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.