Mi querida cofradía, de Marta Díaz de Lope Díaz

PASTILLAS, TORRIJAS Y SEMANA SANTA.

Un imponente plano aéreo acercándose al majestuoso puente de Ronda abre la película, deteniéndose en el caminar seguro y valiente de Carmen, una católica, apostólica y malagueña, como reza el dossier de la película. La mujer avanza por el puente y las calles de su ciudad de manera tranquila, contenta y sintiendo que ese día, donde luz un espléndido sol, es su día, por fin, después de tantos años siendo una hermana rendida y devota de su Hermandad, por fin, va a ser nombrada Hermana Mayor, y eso, que no es poco, le hace sentir la mujer más dichosa de la faz de la tierra. Pero, las cosas nunca salen como uno espera, o al menos, no salen de manera que todos desean, y Carmen, desgraciadamente, y contra la opinión unánime de la Hermandad, pierde las votaciones e Ignacio, su contrincante en el puesto, se alza con el merecimiento. Carmen, vencida, abatida y dolida, se vuelve a casa. Aunque Carmen no es de esas mujeres que se encierran con su mal, qué va, ni mucho menos. Carmen ama a su hermandad, a su Virgen y su Ronda, y ha perdido una batalla, pero no la guerra.

La directora Marta Díaz de Lope Díaz (Ronda, Málaga, 1988) es otra de las perlas surgidas de la Escac, y ya había hablado de mujeres, familia y cotidianidad en sus cortometrajes, en Y otro año, perdices (2013) trabajo de graduación, y en Los pestiños de Mamá (2016) entre medias, había participado en la película colectiva Los inocentes, un ejercicio de terror convencional. La realizadora rondeña debuta en solitario con una película sobre su tierra, en la que habla sobre mujeres, como pudieran ser nuestras abuelas o madres, estructurada a través de Carmen, que por circunstancias ajenas a su voluntad o tal vez sí, se verá metida en un entuerto de tres pales de pelotas, con Ignacio, el Hermano Mayor de su Hermandad, inconsciente en su baño, pero ahí no acaba la cosa, cuando se dispone a ponerse manos a la obra, aparece su hija Beatriz, que ha peleao con su marido Julián, que también es alcalde el pueblo, y para redondear aún más la cosa, Juana, una vecina que no tiene mucha maña en la cocina, se presentará angustiada para que la ayuden a hacer torrijas e impresionar a la impertinente de su cuñada. Y si no fuera suficiente, también entrará en el piso como una exhalación María, su nieta que viene con un problema mu gordo. Y por sí no fuera poco, estamos en plena semana santa, en el día grande para la Hermandad, donde saldrá su paso, cosa que tiene atacados a todos sus miembros, y encima el Hermano Mayor no aparece por ningún lado.

Díaz de Lope construye una película sencilla, en apenas tres espacios, el piso de Carmen, la iglesia donde se reúne la Hermandad, y las calles soleadas y primorosas de Ronda, y tiñe su atmósfera de ese costumbrismo, cotidianidad y comedia negrísima del mejor Azcona o Berlanga, con esas almas casi en pena que nunca consiguen lo que quieren y la divina providencia o miserables de alta alcurnia los derrotan cruelmente, también, hay rasgos del Almodóvar ochentero, aquel que exploraba el alma femenino de manera natural, compleja y muy divertida, sin nunca caer en la diatriba de buenos y malos, porque en la película de Díaz de Lope no existe tal cuestión, sino una derrota en la que Carmen intentará devolverla, tomar un mando que por antigüedad y derecho se merece, y su condición de mujer se la ha impedido, la película aboga por un cambio en la forma, en esas Hermandades capitaneas siempre por hombres que obligan a cómo deben vestirse, maquillarse e incluso caminar las mujeres, un orden antiguo, ancestral que el grupo de mujeres encabezados por Carmen se dispone  a cambiar, o por lo menos intentarlo.

La cineasta rondeña nos habla de lo más intrínseco de la cultura y sociedades españolas, la religión y el machismo, y de la necesidad de cambiar roles para que las mujeres tengan su mando y su espacio, siempre negado por unos hombres con ideas conservadoras, puritanas y dictatoriales con sus compañeras. La trama ofrece intriga, drama, algo de tragedia, y mucha diversión, en el que el ritmo que impone la directora malagueña es un no parar, todas ellas se mueven por el piso de manera vertiginosa, y cuando parece que el problema va encaminado, ocurre algo o aparece alguien para retorcerlo aún más si cabe, que nos recuerda inevitablemente a aquel Montalbán 7 donde vivía Pepa Marcos de Mujeres al borde de un ataque de nervios. Aquí, el entuerto va por otros derroteros, y nos estructura a través del esplendor de Carmen, que pasará por su derrota, y como un fénix resurgiendo de sus cenizas, volverá a la carga, enfrentándose a quién haga falta, aunque sea claudicar en ciertas cosas, y entender a todos y sobre todo, a las mujeres, como las Mantillas de la Hermandad, las que avanzan junto a la Virgen pidiendo, y siempre por otros, nunca por ellas.

Un espléndido reparto encabezado por Gloria Muñoz que está inmensa como esa mujer hecha y derecha que deberá tomar su mando en su Hermandad querida, que también tiene de coral, le acompañan la sabiduría de Pepa Aniorte como su hija enfadá con su alcalde y marido, Carmen Flores es Juana, la vecina sin torrijas, Rocío Molina es la nieta, que además viene con problemas y muy de no te menees, Juan Gea es Ignacio, el ogro del relato, Joaquín Núñez es el yerno y alcalde servicial (que algunos lo recordaréis de Grupo 7) con ese guardaespaldas que parece su fiel escudero, el siempre convincente Manuel Morón como mano derecha de Carmen, y finalmente, Rosario Pardo como la lugarteniente de las Mantillas. Díaz de Lope Díaz nos hace divertirnos, sufrir y sobre todo, reflexionar sobre modelos de masculinidad que deben quedar anulados y lanzados a la basura ya que atentan contra la dignidad de las mujeres, y reivindica su derecho a ser ellas mismas y avanzad hacia esa igualdad y equidad tan necesaria para el crecimiento de las personas y de la sociedad en la que se relacionan.

 

Entrevista a Pedro B. Abreu

Entrevista a Pedro B. Abreu, director de la película “Blue Rai”, de Pedro B. Abreu. El encuentro tuvo lugar el jueves 5 de abril de 2018 en el Soho House en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pedro B. Abreu, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Carmen Jiménez de ArteGB, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Entrevista a Carlos Franco, Cristian Valencia, Betsy Túrnez, Josep Seguí y Santi Bayón

Entrevista a Carlos Franco, Cristian valencia, Betsy Túrnez, Josep Seguí y Santi Bayón, coguionista e intérpretes, respectivamente,  de la película “Blue Rai”, de Pedro B. Abreu. El encuentro tuvo lugar el jueves 5 de abril de 2018 en el Soho House en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Carlos Franco, Cristian Valencia, Betsy Túrnez, Josep Seguí y Santi Bayón, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Carmen Jiménez de ArteGB, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Blue Rai, de Pedro B. Abreu

DESAMOR, MENTIRAS Y CINTAS VHS.

Rai es un tipo enamorado, y como todos los enamorados ven su realidad, no la realidad, y esa percepción de los hechos, tan singular que tienen los embrujados por las no razones del corazón, acaban llevándolos por caminos no esperados y llenos de incertidumbres. Rai está enamorado y le va a pedir a su chica que se case con él. Pero, el día que decide dar el paso, su chica ha desaparecido sin dar ninguna explicación. Entonces, imbuido por la desesperación de localizar a su chica que se llama Lola, y mal aconsejado por los designios del amor, se acabará arrastrando en una pesadilla de sentimientos, mentiras y demás, con el único fin de llamar la atención de Lola y que regrese a él. El director Pedro B. Abreu (Valencia, 1983) después de diplomarse en dirección en la ESCAC, y desarrollar una carrera en el campo del cortometraje, publicidad y videoclip, se abre al mundo del largo con una película sencilla y producida con muy pocos recursos, localizando toda la acción en único espacio, ese videoclub, sí, lo han oído bien, todavía queda alguno en pie, un videoclub que alquila pelis de vhs, regentado por Rai, el enamorado, y sus dos compañeros de curro y colegas, Rubén, algo así como un enterao que to lo sabe y Estella, cómplice de Rai.

Las circunstancias provocarán que además acaben pululando por el videoclub todo tipo de variopintos personajes, una señora mayor clienta habitual y algo tocacojones, un chaval makineta abducido por las redes sociales, una novia a la fuga y el cuñao que la acompaña. Todos personajes variopintos y extraños situados en un mismo lugar y mismo instante, todos allí por Rai y sus desesperada llamada al amor ausente, al amor amado, a Lola que no aparece ni nadie sabe dónde está, cómo cantaban los Pegamoides: Horror en el hipermercado, horror en el ultramarinos, mi novio ha desaparecido y nadie sabe cómo ha sido… La película arranca con gracia e imaginativa (esos letreros coloridos que aparecen en pantalla dándonos información) en el que la aventura de Rai nos atrae y atrapa, aunque cuando la película cambia de rumbo, y la comedia divertida y desenfadada va dejando paso a una especie de thriller en el que todas las piezas encajan con la misma armonía, en el que unas historias parecen más atractivas que las otras, aunque ese tono de tragicomedia se eleva de manera sustancial con las apariciones de los youtubers (entre los que encontramos algunos de los máximos exponentes del humor actual como los Venga Monjas o los Burnin Percebes, entre otros).

Estamos ante una primera película honesta que construye un retrato sobre los jóvenes de ahora, con sus manías y sus torpezas en las relaciones personales, y no menos en el amor, con sus romanticismos de pacotilla heredados de cierto cine que embadurna de manera superficial conceptos equivocados del amor, y ante lo que supone para ciertas personas adecuarse en la vida real a ese montón de realidades ficticias que en la vida real, la de las hostias que duelen, y de qué manera, las cosas funcionan de otra manera diferente, y lo romántico tiene sus propias leyes. Abreu, junto a su guionista Carlos Franco, han recogido inspiraciones de muchos lugares y estilos, desde el cine ochentero carne de videoclub (como así lo demuestra el cartel del filme) el cine independiente americano,  casi doméstico hecho con cuatro duros como In the Soup, Clerks, entre otras, sin olvidarnos los thrillers setenteros con un único escenario, o comedias inteligentes y profundas como Alta Fidelidad, donde como no podía ser de otra manera, la relación estrechísima con las redes sociales de todo tipo, desde Facebook, Instagram, Youtube y demás plataformas que explican muy bien como nos relacionamos en la actualidad y los aciertos y problemas que conlleva la masificación de escaparatismo de la propia vida lanzada a millones de extraños de todo el mundo.

Un reparto conformado en su mayoría de intérpretes desconocidos, entre los que destacan su protagonista, Santi Bayón, bien acompañado por Cristian Valencia, Betsy Túrnez, Pep Ambròs, Josep Seguí (en un rol antipático pero humano) la breve presencia de la siempre fantástica Vicky Luengo como la Lola desparecida, y la naturalidad de la sorprendente Mireia Guilella, uno de los grandes aciertos del elenco, que destila naturalidad y cercanía, donde dan vida a unos personajes muy de ahora, unas personas de nuestro día a día. Blue Rai es una película divertida y trágica, emocionalmente hablando, pero también desigual, con momentos de comedia alocada y verborragia, con momentos francamente sensacionales, en los que el humor cínico y negro aparece de manera natural, aunque hay otros momentos, donde la película se pierde un poco, queriendo introducir elementos que hacen perder ese ritmo endiablado y frenético que le va como anillo al dedo a esta aventura romántica, también inmadura, de alguien que el miedo lo lleva a desafiar no sólo sus sentimientos, sino también, los de su ser amado, y esto es lo dramático de su peculiar odisea emocional.