Entrevista a Manuel Gómez Pereira y Joaquín Oristrell

Entrevista a Manuel Gómez Pereira y Joaquín Oristrell, director y coguionista de película «La cena», en la terraza del Hotel Barcelona Center en Barcelona, el miércoles 15 de octubre de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Manuel Gómez Pereira y Joaquín Oristrell, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Katia Casariego de Revolutionary Comunicación, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Carmen Balagué

Entrevista a Carmen Balagué, actriz de la película «La cena», de Manuel Gómez Pereira, en la terraza del Hotel Barcelona Center en Barcelona, el miércoles 15 de octubre de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Carmen Balagué, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Katia Casariego de Revolutionary Comunicación, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

La cena, de Manuel Gómez Pereira

ÉRASE UNA VEZ EN… ESPAÑA DESPUÉS DE LA GUERRA. 

“Españolito que vienes al mundo te guarde Dios, una de las dos Españas ha de helarte el corazón”. 

Antonio Machado 

Existen muchas comedias. Está la comedia divertida y entretenida que su objetivo es hacer pasar un buen rato y si puede ser, reventar la taquilla. Está otra comedia, también divertida y entretenida, que va más allá, porque construye un relato lleno de situaciones cómicas a la vez que rescata algo que lo usa para atizar con fuerza a ciertos mecanismos de la sociedad y a esos poderes altivos que manejan a su antojo. Pensamos en el cine de Berlanga-Azcona, un binomio que puso de vuelta y media a las penurias del franquismo y de un país de pandereta y en blanco y negro y lleno de horror, además de construir excelentes comedias negras que reflejaban una sociedad atrasada y vengativa. En La cena, de Manuel Gómez Pereira (Madrid, 1958), basada en la obra La cena de los generales, de José Luis Alonso de Santos, estamos ante una comedia excelente, porque casa con una brillantez exquisita los momentos graciosos con aquellos que retratan aquella España acaba de salir de la guerra, donde las heridas todavía estaban demasiado calientes y tantos unos como otros seguían en pie de guerra. 

La trayectoria de Gómez Pereira que abarca más de tres décadas haciendo cine desde que debutara con Salsa rosa (1991), a la que le siguieron estupendas comedias que cosecharon grandes taquillas como Todos los hombres son iguales (1994), Boca a boca (1995) y El amor perjudica seriamente la salud (1996), con un equipo memorable de guionistas como Joaquín Oristrell, Yolanda García Serrano, ambos en La cena, junto al director, y Juan Luis Iborra. Una película que equilibra esa idiosincrasia tan de aquí con una comedia ácida y amarga como las de Chaplin y Keaton, y exquisita y sofisticada, muy Lubitsch, La Cava, Hawks, y más tarde, por los Mackendrick, Wilder, Edwards, y demás autores que desafiaron la hipocresía y la estupidez mediante brillantes comedias que, sin aparentarlo, retratan con inteligencia los males de la condición humana. En la cena, dos personajes aparentemente antagónicos como el teniente Medina y el maître Genaro, uno militar, y el otro, monárquico, se ven envueltos en la preparación de una cena para Franco en el Hotel Palace, reconvertido en un hospital. Los dos harán su propio viaje de conciencia en una España tan destrozada como violenta en la que todavía huele a guerra y sobre todo, a venganza con los vencidos. 

Una producción detallista y cuidada en la que encontramos a técnicos experimentados como el cinematógrafo Aitor Mantxola, con más de 40 títulos, que ha compartido películas con Gómez Pereira en series como Velvet y films como La ignorancia de la sangre, que hace todo un entramado de planos y encuadres en una película muy de interior pero llena de movimiento e intensidad. La música de Anne-Sophie Versnaeyen, que ha trabajado con Nicolas Bedos y en la reciente La mujer del presidente, de Léa Domenech, hace un trabajo excelente mezclando pasos dobles y otras melodías que casan a la perfección con el entramado tragicómico que destila la película. Los otros apartados técnicos brillan como el vestuario de Helena Sanchís, que coincidió con el director en la citada Velvet y Las chicas del cable, el diseño de producción de Carlos Amoedo y la caracterización de Amparo Sánchez. El gran trabajo de edición de Vanessa Marimbert, con más de 40 películas en su filmografía, al lado de grandes como Carlos Saura, Esteban Crespo y Fernando Léon de Aranoa, cimenta un relato in crescendo en el que une una gran descripción de personajes, y por ende, de las dos Españas, y sus relaciones, llenas de claroscuros, en sus espectaculares 100 minutos de metraje. 

Si el apartado técnico es estupendo, el equipo interpretativo no se queda atrás, en un reparto coral, marca de la casa del director madrileños, encabezados por una pareja que recuerda a los Lemmon-Matthau, en la piel de Mario Casas como teniente, y un gran Alberto San Juan como maître, que trabajó con Pereira en la serie Cheers. Ellos son la película, o quizás, la película son ellos, porque componen dos almas encerradas en una especie de manicomio con barra libre que se ha convertido España y en concreto, el Palace. Les acompañan Asier Etxeandia como un falangista violento y muy desagradable, Nora Hernández y Carlos Lasarte como una pareja joven que lo tiene muy crudo, Elvira Mínguez, una mujer de carácter que no se amilana ante los fascistas, Carlos Serrano, un camarero de los vencedores que pretende a la joven emparejada, Eva Ugarte es la mujer del teniente que busca su oportunidad y finalmente, Carmen Balagué, una cómplice del dúo Gómez Pereira-Oristrell tiene su momento, y muchos más que pululan por la cena intentando sobrevivir. Un reparto extenso en el que cada uno tiene su momento, en una historia que se va complicando y de qué forma, siempre dentro de un orden o un caos, según se mire.  

Dentro de la filmografía de Gómez Pereira, una película como La cena nos devuelve a aquel director que construía excelentes comedias, donde el amor y el sexo eran los destinos de los atribulados y perdidos personajes. Esta no se queda atrás, y además, como sucedía en la mencionada El amor perjudica seriamente la salud, se da una vuelta por el franquismo, por esa dicotomía entre la crudeza y la violencia del régimen y las ansias de vivir, amar y descubrir. Con La cena se desenvuelve en el par de meses que siguieron al fin de la guerra, donde las cosas andaban muy calientes en todos los sentidos: unos en la cárcel, otros, sin saber qué hacer, y los de arriba, celebrando con cenas sus éxitos. Un panorama que retrata con acierto  e inteligencia esas dos Españas, incluso una tercera… ya verán, en una película ácida y divertidísima y muy elegante, porque no entra en lo grosero y zafio para hacer brillantes gags y momentos muy de slapstick, y comedia negra muy berlanguiana. Para los más jóvenes es un gran ejercicio ver una película como esta, porque además de pasar un buen rato, es también muy aleccionadora en el sentido de retratar la dictadura que empezaba, donde no había sitio para formas de pensar y sentir diferentes, y si no me creen, pregunten a Medina y Genaro. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA 

Muy lejos, de Gerard Oms

FRENTE AL ESPEJO. 

“La vida no se trata de encontrarse a uno mismo, sino de crearse a uno mismo”. 

George Bernard Shaw

Estamos a finales del 2008 cuando Sergio viaja a Utrecht (Holanda), junto a unos compañeros para ver el partido de su equipo el Español contra el equipo local correspondiente a la Uefa. Después del partido y con la excusa de haberse dejado el pasaporte, Sergio decide quedarse a partir de un gesto espontáneo, visceral y sin ser muy consciente de su decisión, aunque lo único que tiene claro es que no quiere volver a Barcelona. Desde ese momento, el joven barcelonés debe buscar un lugar donde dormir, un trabajo para subsistir y hacerse con una ciudad muy fría, lluviosa y donde todos son extraños. Así arranca Muy lejos, el interesante y en parte autobiográfico debut del catalán Gerard Oms, autor de dos cortometrajes como director, actor y formador de intérpretes en películas como La mitad de Ana, Upon Entry, Los renglones torcidos de Dios y Sis Dies corrents, y actores como Mario Casas que da vida a Sergio, su protagonista que, en plena crisis laboral, y sin pensarlo, decide empezar de cero en una ciudad tan alejada y tan fría de él, donde él no conoce nada ni a nadie.  

A partir de un guion del propio director, el relato se centra en la mirada de Sergio, con una cámara pegada a él, siendo una parte de su cuerpo más, donde iremos descubriendo su nueva realidad. Una película social y por ende, política, sin caer en la condescendencia ni en sentimentalismos de turno, aquí todo es real, o mejor dicho, tiene la verdad que no escamotea, sino la que te mira a los ojos, la que te enfrenta con los problemas de alguien en una ciudad que le es totalmente desconocida y hostil, siendo un extranjero más como el joven marroquí que se convierte en un compañero de fatigas, de ese otro mundo o mejor dicho, submundo, donde las sombras de los ilegales se pierden en callejones oscuros y vidas mal vividas en un gris sótano. Se agradece y mucho la mirada de Oms a lo social, un espacio poco transitado por el cine actual y mucho menos el que se hace por estos lares, y además, su forma de adentrarse en ese mundo, haciéndolo desde lo humano, lo más cercano y lo cotidiano, dotando a su película de transparencia, donde podemos sentirnos uno más rodeado de la urbe ajena y tan diferente, en que la los encuadres van mostrando fragmentado el entorno que enriquece la película y la visión al unísono con el protagonista. 

Como ya he comentado la magnífica cinematografía de Edu Canet, que ya trabajó con el director en el corto Has estado, hace tiempo (2022), y en el debut como director de Mario Casas en Mi soledad tiene alas (2023), con esos planos tan naturales y cercanos que van creando esa idea de verdad que tiene toda la película, siguiendo el mismo andar de Sergio, con el que vamos conociendo la ciudad y las personas que se va cruzando, siempre desde un modo de frente en la misma altura de cada plano. La música de Silvia Pérez Cruz, no sólo da ese calor tan necesario en una trama tan dura, sino que va abriendo esos pequeños resquicios que van en ritmo del viaje de descubrimiento que tiene el protagonista. El montaje lo firma la cinesa Neus Ballús, que ha trabajado con Oms, en un profundo y sensible ejercicio que ayuda a ver la realidad sin cortapisas de una inmigración que intenta mantenerse a flote en un país tan europeo y occidental como tremendamente hostil con el diferente, como dejan claro en una secuencia muy descriptiva, sin caer en el relamido retrato de buenos y malos, sino en una película que explica una realidad que podría ser cualquier país de la mal llamada Unión Europea, que alardea de valores humanos pero que explota sin ningún tipo de escrúpulos a los de afuera, aprovechándose de su situación. Cosas de la hipocresía que la película retrata con firmeza. 

En el campo interpretativo tenemos a un gran Mario Casas que desde su interpretación en la excelente Grupo 7 (2012), de Alberto Rodríguez, y a medida que ha ido cumpliendo años ha ido dejando aquel sanbenito de joven galán para convertirse en un actor magnífico como ha demostrado en películas como Ismael, de Marcelo Piñeiro, Toro, de Kike Maíllo, Bajo la piel de lobo, de Samu Fuentes, el practicante, de Carles Torres y No matarás, de David Victori, entre otras. Su Sergio es un personaje duro y vulnerable, perdido y corajudo, sensible y con coraza que irá quitándose a medida que vaya viviendo en su “exilio”. Le acompañan el siempre convincente David Verdaguer, en uno de esos personajes amargados de su estancia en la ciudad holandesa, enfadado con todos y sobre todo, con él mismo, que es una especie de antítesis del personaje de Casas. llyass El Ouahdani interpreta al compañero de “curro” del protagonista, transmitiendo naturalidad y esa vida oculta por su condición de ilegal, como ya hizo en la interesante Suro, de Mikel Gurrea. También encontramos las presencias de Raúl Prieto, Nausicaa Bonnin y Daniel Medrán, entre otros intérpretes autóctonos que dan ese alcance que tiene la historia. 

Celebro y aplaudo una película como Muy lejos, y disfrutamos de la llegada a la dirección de largometrajes de alguien como Gerard Oms, en una película producida por el citado Carles Torras, porque su sencilla y cercana película tiene muchos frentes abiertos. Por un lado, tenemos a Sergio, un tipo desplazado que emprende su propia aventura, la de mirarse frente al espejo al que todavía no ha sido capaz de mirarse, y hacer un viaje emocional en una ciudad extraña donde descubrirá muchas cosas que hasta ahora no se atrevía a descubrir. Después está la mirada al trabajo, con un corte social que nada tiene que envidiar en absoluto a los tótems del cine europeo como Loach Leigh, Dardenne, Frears, etc… Porque tiene una mirada cruda y sensible hacia el tema del empleo, el ilegal, y el de la inmigración, sin ser positivista ni nada que se le acerca, sino a través de una mirada reflexiva, profunda y de verdad, con sus momentos de humor, sensibilidad y cercanía, como demuestra la heterogeneidad de idiomas, se escuchan hasta cinco, o más, y la diversidad y complejidad de cada personaje, contando sus circunstancias, y sus deseos, anhelos e ilusiones, en una historia que retrata a Sergio que es en realidad muchos que, en un momento de sus vidas, deciden irse y descubrirse de una vez por todas, en un lugar extranjero y desde cero. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

No matarás, de David Victori

UNA PUTA PESADILLA.

“No puedes cambiar todo en una noche pero una noche puede cambiar todo”.

John Updike

Dani es un treintañero con una vida dedicada exclusivamente a cuidar de su padre enfermo. Cuando su padre muere, Dani vuelve a su trabajo como vendedor de viajes, y su quehacer cotidiano, sombrío, y sin sobresaltos de ningún tipo. Pero, una noche todo cambia, porque conoce a la inquietante Mila, una joven atractiva y enigmática, con la que Dani se deja enredar y la acompaña, hasta llegar a su apartamento donde se lían. En ese momento, aparece un invitado inesperado que cambiará todo el panorama, sobre todo, la existencia de Dani. Segundo largometraje de David Victori (Barcelona, 1982), después de El pacto, de hace un par de años, en la que nos conducía por un acuerdo con el maligno de una mujer, la siempre interesante Belén Rueda, para salvar la vida de su hija enferma. En No matarás, Victori se aleja del efectismo de su primera película, para adentrarse por otros derroteros, centrándose en una noche, la noche que Dani vivirá una auténtica pesadilla, en la que se irá metiendo en la boca del lobo, y deberá esforzarse mucho para salir con vida.

Filmada con cámara en mano y largos planos secuencias, para transmitir el nerviosismo y el agobio que sufre Dani durante la noche, en la que seguimos sin descanso al personaje por su travesía por el infierno, en esa Barcelona nocturna, una Barcelona de sombras inquietantes, oscuros apartamentos, callejones sucios y malolientes, y calles llenas de problemas para Dani, una Barcelona muy alejada del turismo, del escaparate, capturada por la cámara de forma intensa y llena de energía. Siguiendo una estructura parecida a After Hours, de Scorsese, donde el protagonista se ve inmerso en una pesadilla, donde va conociendo personajes extraños en una noche que parece no tener fin, ni salvación, algo parecido le ocurre al personaje de Dani, con esas llamadas SOS a su hermana, con esa especie de huida hacia no se sabe dónde, como cuando se topa con la policía, o sus idas y venidas recorriendo algunos lugares de esa noche infernal, donde un hombre bueno y sencillo se ve inmerso en una noche de locura, miedo y muerte, donde su oscura existencia, se pone en el ojo del huracán, como si el mal lo siguiera y lo hubiera puesto en liza, sin pretenderlo, ni buscarlo.

Victori vuelve a contar en la escritura con Jordi Vallejo (que ya estuvo en El pacto), y Clara Viola (que coescribió Zero, cortometraje con la que el director ganó el concurso internacional de Ridley Scott), en la cinematografía encontramos a Elías M. Félix, que hizo lo propio en El pacto, ahora envuelto en un trabajo más inmersivo, brutal y lleno de dificultades, y finalmente, un nuevo fichaje, el de Alberto Gutiérrez en la edición (colaborador de Dani de la Orden, o los Javis), en un estupendo trabajo para conseguir el ritmo que tanto le obsesiona a Victori, en un thriller psicológico de aquí y ahora, que podría desatarse en cualquier noche, en una de esas noches que parece que va a ser tranquila, como tantas otras, sin nada que hacer, comiéndose otra hamburguesa en el bar de siempre, pero, quizás, no, y esa chica que se acerca pidiendo que se le pague la comida porque ha olvidado su dinero, pueda ser el detonante para que todo cambie, algo tan sencillo como una mujer que se nos acerca, una mujer rara pero atractiva, alguien desconocido al que seguimos sin más, solo para pasar un buen rato, o no.

El director barcelonés consigue una película excelente, llena de tensión y terror, que no decae en ningún instante, que nos va devorando, y sumergiéndonos en esa puta pesadilla sin descanso, sin tregua, hundidos en esa hipérbole del demonio, en el que sobrevivir es solo cuestión de suerte, y sobre todo, de astucia y no tener miedo, porque las amenazas son constantes y muy peligrosas, donde la vida pende de un hilo, donde no hay más ayuda que la de tu voluntad y no tener miedo. Una película basada en el texto, condicionada por el aquí y ahora, y centrada en la noche, necesitaba un reparto bien engrasado y que brillará, para conseguir esa naturalidad, intensidad y sobriedad que necesitan los personajes, con un Mario Casas desatado y muy creíble, dando vida a Dani, ese tipo apocado, de vida rutinaria, que se verá inmerso en una noche llena de peligros y angustiosa, recordándonos en cada nuevo trabajo, que aquel chico que enamoraba a las chicas pasó a mejor vida, y de unos años ahora, su carrera se ha convertido en un nuevo reto a cada película que interpreta, consiguiendo roles auténticos, potentes y complejos.

El resto del reparto también luce con seriedad y convicción, arrancando con la debutante Milena Smit que interpreta a Mila, esa chica fascinante y peligrosa a la vez, que conducirá a Dani a lo más oscuro, demostrando una naturalidad y magnetismo sorprendentes, convirtiéndose en otro acierto en la película, caminando por esa línea tan delgada entre la vida y la muerte. En roles más pequeños, pero también, interesantes, destacan las presencias de Elisabeth Larena como la hermana de Dani, ese vínculo que le ayuda a dejar lo de atrás y atreverse a vivir, y la de Ray, que hace Fernando Valdivielso, en un rol muy inquietante. Victori consigue lo que se propone, en un relato directo, sin concesiones y de frente, sin titubeos ni atajos, solo de cara, en un viaje a lo más oscuro e inquietante de la noche, sus figuras y sus sombras, en un film de grandísima altura, que no dejará a nadie indiferente, que te atará a la butaca, y sufrirás de lo lindo, siguiendo a un personaje metido en un pozo de maldad y sangre sin buscarlo, o quizás sí, quizás un no a tiempo siempre es importante, y sobre todo, vital. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Carles Torras

Entrevista a Carles Torras, director de la película «El practicante», en su domicilio en Barcelona, el martes 22 de septiembre de 2020.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Carles Torras, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Hogar, de Àlex y David Pastor

LA VIDA QUE TE MERECES.

“Quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo todo por dinero”

Voltaire

La película arranca de forma imaginativa y arrolladora, con ese anuncio que evidencia los valores materialistas del protagonista. Empezando por su lujoso automóvil, la casa enorme con piscina, la esposa encantadora y el hijo obediente. Una vida perfecta, una vida basada en lo material. Una vida de pura apariencia. Una vida ficticia que la publicidad se encarga de imponer como norma, a través de ese ansiado tesoro que nos hará a todos bellos y felices. Una vida soñada para muchos y al alcance de muy pocos. Ante este prólogo donde conocemos el interior de la personalidad de Javier, un tipo que ha perdido su empleo y no logra colocarse de nuevo en la publicidad. Javier tendrá que dejar su lujoso piso en una de las zonas más exclusivas de la ciudad, y trasladarse junto a su mujer, Marga, que se dedicará al servicio de limpieza, y su hijo, un niño acosado en el colegio. Ante este panorama, la vida de Javier se desmorona y tiene que empezar de cero. Pero, por azar, consigue la llave de su antiguo hogar y entra en él a escondidas y sueña con esa vida que ya no tiene.

La tercera película de los hermanos Àlex (Barcelona, 1981) y David Pastor (Barcelona, 1978) después de años dedicados al entretenimiento estadounidense, es un salto adelante en su filmografía, dejando de lado las aventuras de ciencia-ficción que poblaron sus dos primeras películas, Infectados (2009) filmada en EE.UU., nos hablaba de una pandemia que dejaba a los habitantes del planeta sumidos en el caos y en la supervivencia, y Los últimos días (2013) rodada en España, imaginaban una extraña enfermedad que confinaba bajo tierra a la población, mezclada con la misión de un joven que quiere reencontrarse con su novia desparecida. Dos muestras interesantes y desiguales en los que los hermanos Pastor ya trataban muchos de sus temas preferidos: el deseo, la ambición y la locura, a través de las relaciones humanas y la compleja convivencia en situaciones extremas. Javier, el protagonista de Hogar, no anda muy desencaminado de aquellos otros personajes de los Pastor, ya que debe enfrentarse a una situación hostil, ya que ha perdido todo lo que tenía y hará lo imposible por recuperarlo, utilizando todas las energías que tenga a su alcance.

Los directores barceloneses enmarcan su relato en un profundo e intenso thriller psicológico, que tiene mucho que ver con los que hace Oriol Paulo, en el que Javier vuelve al lugar que él considera que pertenece y empezará a urdir un plan diabólico para arrebatar esa vida que desea. Conocerá y entablará una relación con los nuevos inquilinos de su ex casa, el matrimonio formado por Tomás y Lara, y su pequeña hija. Javier indagará en sus puntos débiles, como la rehabilitación de Tomás para superar sus problemas con el alcohol. Javier es ese “Intruso destructor”, término que empleaban Jordi Balló y Xavier Pérez, en la La semilla inmortal, su magnífico libro sobre los temas universales del cine. Ese intruso que parece amigo y buen tipo, pero en el fondo desea lo tuyo, expulsarte de tu vida para colocarse él. Hogar tiene esa textura de thriller para también hablarnos de forma intensa y honesta sobre los inexistentes valores que emanan en la sociedad actual, donde lo material ha expulsado a lo humano, que la felicidad se ha vestido de lujo y dinero.

El guión de los Pastor avanza linealmente, como los buenos thrillers siempre desde la mirada de Javier, ese malvado protagonista, que como solía decir Hitchcock, los Pastor dejan bien claro su maldad desde el primer momento, y la película anda en la tesitura de lo conseguirá o no. Pero no solo se queda ahí, Javier encontrará piedras en el camino, bien urgidas y filmadas, como la aparición de ese jardinero que le traerá alguna que otra sorpresa al protagonista. Los Pastor enmarcan su película con una imagen sofisticada y oscura, muy inquietante, obra de Pau Castejón, filmando en esa Barcelona alejada de los lugares comunes, revistiendo de cuento de terror urbano, social y doméstico. Bien acompaña por la partitura sutil y sobria de Lucas Vidal (que al igual que hizo en otro cuento de terror íntimo como Mientras duermes, de Balagueró, atrapa desde el detalle y el horror más cercano) y el montaje suave e incisivo de Martí Roca, que vuelve a ponerse a las órdenes de los Pastor después de Los últimos días.

Una película de espejos deformantes y vidas dobles, basada en continuos reflejos de apariencias y bienestar neoliberal no debe de faltar un buen plantel de intérpretes que consigan dar vida a toda esa complejidad emocional que irradia durante la película. Hogar descansa en la extraordinaria composición de Javier Gutiérrez, un actor con una inmensa capacidad para enfundarse en los tipos más intensos y humanos, como ya demostró, entre otras, en El autor, donde su Álvaro, el escritor a la caza de un tema para su novela, podría ser un sosías muy cercano de este Javier maquiavélico, ya que, al igual que el otro, también utiliza a los demás para sus propósitos personales. A su lado, en roles más secundarios, encontramos a un correcto e interesante Mario Casas, como el tipo intentando redimirse de su adicción que encuentra un amigo en Javier que resulta que no lo es tal, y las dos magníficas mujeres de la función, Bruna Cusí, que vuelve a demostrar que necesita muy poco para enfundarse en la piel de Lara, esa mujer que tiene muchas batallas delante y quizás, no atenderá a la más importante, y Ruth Díaz, que a base de detalles y suspicacia, logra transmitir verdad en su personaje de Marga, la esposa de Javier en la sombra. Los Pastor han vuelto al largometraje con una película bien planteada y profunda, un excelente ejercicio de thriller psicológico que ahonda en el vacío de los valores de una sociedad sumida en la decadencia, totalmente desorientada y obsesionada con lo fútil y lo material. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Adiós, de Paco Cabezas

DENTRO DE MI PECHO.

“Cuántos sueños en el tiempo, cuántos puentes en el camino
Se iban perdiendo a lo lejos, con un sol como testigo
Y que el cielo a ti te acoja, que el infierno quede lejos
Que los pájaros te vean siempre como a uno de ellos”

(Fragmento del tema Un largo viaje, interpretada por Rosalía)

Amor, rabia, traición, mentira, pasado, violencia, sangre y fuego, son algunos de los elementos que intervienen en Adiós, la vuelta al cine español del internacional Paco Cabezas (Sevilla, 1976) un cineasta que sorprendió con Carne de neón (2010) que al igual que Adiós, también protagonizaba Mario Casas, un thriller urbano y familiar que le abrió las puertas a Hollywood con títulos de género más o menos interesantes como Tokarev (2014) o Mr. Right (2015) dirigiendo a intérpretes de la talla de Nicolas Cage, Sam Rockwell y Tim Roth, así como en series populares como Penny Dreadful o American Gods, entre otras. El regreso a su Sevilla, a su ambiente, a su idioma andaluz, viene de la mano de un guión firmado por dos debutantes José Rodríguez y Carmen Jiménez, en un relato duro, de piel y sangre, violento, situado en las 3000 viviendas, el barrio marginal por antonomasia de Sevilla, en una historia que arranca con Juan Santos, un tipo que cumple condena y sale con el tercer grado cada día. Fuera le esperan su mujer Triana y su niña Estrella. Todo parece indicar un futuro más o menos halagüeño, a pesar de la situación.

Todo eso se desbarata y de qué manera cuando en un accidente, la niña muere, y Juan clama venganza con los suyos, “Los Santos”, un clan gitano dedicado a la droga y expulsado de las 3000 viviendas por el otro clan, “Los Fortuna”, amos ahora del mercado de droga. Las pesquisas de Juan lo llevan a los citados Fortuna, pero en el asunto, también aparece la policía, encabezados por Eli, una policía que ha perdido a su hijo, y Santacana, un poli bregado en mil batallas. La trama, contada con brío y acierto, aunque en algunos instantes parece perderse dando demasiadas vueltas y subrayados innecesarios, el relato tiene fuerza y calidad, con una ambientación bien resuelta, con una grandísima fotografía de Pau Esteve Birba, todo un experto en imprimir esa luz sombría y apagada que pide tanto la historia, o el enérgico montaje de Luis de la Madrid (colaborador habitual de Balagueró) y Miguel A Trudu, sin olvidar la banda sonora incidental de Zeltia Montes, que interpreta a las mil maravillas el encaje de la música en la historia, que baña sus imágenes con mesura y acierto, consiguiendo esa música afilada que rasga los instantes, y los grandes temas que escuchamos que casan tan bien con la película como La estrella, del gran Enrique Morente, el Me quedo contigo, de Los chunguito, ahora con la voz armónica y dulce de Rocío Márquez, y finalmente, el temazo Un largo viaje, cantado por Rosalía.

Y que explicar del inmenso reparto de la cinta con la gran Laura Cepeda como directora de casting, en el que logra reunir quizás el mejor reparto del cine español de este año, encabezado por Mario Casas como Juan, un hombre que lidia entre su pasado oscuro y su necesidad de venganza, y los conflictos familiares del clan, a su lado, Natalia de Molina como Triana, esa esposa y madre que vivirá su propio vía crucis, Ruth Díaz, una policía que todavía cree en la justicia y se enfrentará a todos y a ella misma por buscar la verdad, Carlos Bardem en un rol de poli duro y violento, y esa retahíla de grandes intérpretes como Vicente Romero, Sebastián Haro, Mona Martínez (espectacular como esa matriarca gitana de armas tomar) Pilar Gómez (que como hace en las tablas demostrando que es una actriz fantástica componiendo una yonqui brutal) Moreno Borja como el jefe de Los Fortuna (que conocimos como padre en Carmen y Lola) Salva Reina como yonqui tirado y cobarde, Ramiro Alonso como Taboa, otro de los jefes del trapicheo, Mariola Fuentes como vecina amiga del protagonistas, y finalmente, Consuelo Trujillo, una madre que oculta mucho más de lo dice, entre muchos otros.

Cabezas ha hecho sin lugar a dudas su mejor título, por todo lo que cuenta, una tragedia amarga y fatalista de aquí y ahora, con todo lo que se le pide a los mejores thrillers desde amor, odio, violencia, sangre, familia, traiciones, mentiras, relaciones y mucha oscuridad, donde la mierda de la alfombra se irá escarbando para levantarla y que caiga quién tenga que caer, sin contemplaciones hasta el último mono implicado. Adiós, sintomático título que refleja el descenso de ida a los infiernos en el que no hay vuelta atrás, con ese aire de tragedia lorquiana, situado en esa Andalucía deprimente, salvaje y cruel, donde mueren los inocentes sin piedad, en la que se mueve mucho dinero y muchas drogas, donde unos se matan lentamente su penosa existencia, y otros, engordan su vida con dinero manchado de sangre y brutalidad.

El director sevillano imprime energía y oscuridad a su película, con unos intérpretes entregados que defienden sus personajes con humanidad y complejidad, sacando lo mejor y lo peor de cada uno de ellos, situados en unas vidas rotas, amargas, con pasados tortuosos, que intentan dejar atrás como el personaje de Juan, pero como si fuese un tipo que tanto le gustaba filmar a Fritz Lang, el pasado los ata y por mucho que intenten huir de él, siempre se impone y va a su caza y captura, tiene esa atmósfera del thriller americano de los setenta donde hay crítica social y amargura por los cuatro costados, donde hasta el más pintado se acaba metiendo en la boca del lobo, o ese thriller seco, asfixiante y violento, que tanto vimos en el cine español de final de franquismo y transición como Furtivos o Pascual Duarte, entre otras. Cabezas ha vuelto al cine español por la puerta grande, bien guiado por Enrique López Lavigne en la producción, un tipo que lleva más de medio centenar de películas a sus espaldas, convertido ya en uno de los más importantes e interesantes, que le ha permitido sentirse libre y firme para filmar una película sólida, con algún altibajo, pero en su conjunto un buen título que hará emocionar a todos aquellos que les gusten los relatos duros y secos, pero también sensibles y conmovedores. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

El fotógrafo de Mauthausen, de Mar Targarona

LAS PRUEBAS DEL HORROR.

“El deber del superviviente es dar testimonio de lo que ocurrió, hay que advertir a la gente de que estas cosas pueden suceder, que el mal puede desencadenarse. El odio racial, la violencia y las idolatrías todavía proliferan.”

    Elie Wiesel

Francesc Boix (Barcelona, 1920 – París, 1951) fue un militante comunista y fotógrafo español, que luchó en la bando republicando durante la Guerra Civil española, posteriormente, al acabar la guerra, se exilió a Francia y se enroló al ejército francés. Pero, en 1940, fue apresado por los nazis y tras pasar por varios campos de prisioneros, a principios de de 1941 fue enviado al campo de concentración de Mauthausen (Austria) junto con más de 7000 españoles, de los que más de 4000 fueron asesinados. Sus años en Mauthausen han constituido la base de la tercera película de Mar Targarona (Barcelona, 1953) productora de éxito con títulos como El orfanato, Los ojos de Júlia o El cuerpo, amén de haber dirigido un par de películas como Muere, mi vida (1996) una comedia negra sobre la venganza de cuatro mujeres engañadas por un seductor Don Juan, y Secuestro (2016) en la que una abogada vive obsesionada con la idea del secuestro de su hijo menor.

Ahora, llega su tercer trabajo, una biografía de Francesc Boix, centrada en sus años en Mauthausen y su odisea para salvar los negativos de las fotografías que realizaban los nazis en el campo, pruebas incriminatorias que sirvieron para juzgarles contra crímenes contra la humanidad en los juicios de Nuremberg en 1946. Targarona construye una película de personajes, y nos habla con sinceridad y aplomo de aquellos hechos, opta por la sobriedad y la sencillez en su puesta en escena, filmando el gesto y del detalle de los acontecimientos en el campo, no cayendo en la sentimentalización de algunos hechos, filmándolos con naturalidad y sin aspavientos, mostrando el horror sin hacer espectáculo, con esa dignidad justa de explicar con inteligencia unos hechos abominables, dejándolos desnudos, sin la utilización de la música ni elementos decorativos. La película requería un esfuerzo de forma que dentro de su sencillez, acaba consiguiendo un digno resultado, ya que la tarea no se antojaba nada fácil, teniendo en cuenta la gran cantidad de películas de toda índole que han plasmado o intentado explicar los sucesos en los campos de exterminio nazis.

El relato nos explica la cotidianidad de Francesc Boix en el laboratorio fotográfico del campo, donde se documentaban a todos los presos que iban llegando, y el posterior revelado y documentación que se iba archivando, Boix es el mano derecha del oficial SS Paul Ricken, el “Oberscharführer”, un obseso de la imagen fotográfica y un perfeccionista de la fotografía, creando abominables cuadros del horror humano, capturando los detalles del infierno de Mauthausen. A partir de algunas líneas argumentales, más o menos interesantes, como la del niño recién llegado que se queda sólo, la del preso fugado que después tendrá su castigo o las sucias artimañas de algún que otro kapo, o el encuentro con la española que ejerce de prostituta, la película se centra en Boix y todos aquellos españoles republicanos como él, que le ayudaron a esconder los negativos y así guardar el testimonio del horror de los nazis. Y lo hace con ese aroma de las películas de intriga, casi de espías, en el que todos y cada uno de ellos forman un equipo colaborativo que ayudan a que esas pruebas del infierno nazi queden a buen recaudo y sirvan para testimoniar ese horror que viven a diario.

Targarona y su equipo han hecho un impresionante trabajo de documentación para dar vida a todas aquellas fotografías que testimonian lo allí sucedido, y siempre con ese acercamiento desde la dignidad y la humanidad, investigando al detalle sus espacios, vestuario y detalles, como esa luz casi natural y oscura del cinematógrafo Aitor Mantxola (autor entre otras de Bajo la piel de lobo o la serie Tiempos de guerra) una luz que daña y también, da algo de humanidad dentro de ese horror. La impresionante caracterización de Mario Casas como Boix, que perdió más de 12 kilos para meterse en la piel del joven fotógrafo (unos 21 años cuando ingresó en Mauthausen) es otro de los elementos significativos de una película que cuida todos los detalles, tantos físicos como emocionales, convirtiendo la interpretación de Mario Casas en uno de sus mejores trabajos hasta la fecha, por su capacidad camaleónica como esas miradas tristes y esperanzadas que va teniendo durante la película.

A su lado, Alain Hernández, interpretando a Valbuena, uno de los trabajadores del laboratorio fotográfico, en otra interpretación digna de elogio, y después un buen puñado de actores de reparto como Marc Rodríguez, Rubén Yuste, Eduard Buch, Joan Negrié, Richard Van Weyden, Stefan Weinert o la colaboración de Macarena Gómez. Un reparto ajustado y sincero que destila verdad y humanidad, personajes que, entre tanto horror y miseria, consiguen transmitirnos con muy pocos diálogos el miedo y el dolor que sentían entre aquellas cuatro paredes de la ignominia humana. Targarona ha construido una relato sencillo y digno, que abre la puerta al conocimiento de la odisea humana de Francesc Boix, alguien completamente desconocido para la gran mayoría de la población, pero que tuvo su coraje y fuerza para derrotar a los nazis, poniendo su vida en peligro para guardar los negativos que mostraban todo el horror y acusaba directamente aquellos que permitieron tanta crueldad.

Entrevista a Mario Casas y Samu Fuentes

Entrevista a Mario casas y Samu Fuentes, actor y director de «Bajo la piel de lobo». El encuentro tuvo lugar el martes 6 de marzo de 2018 en el Hotel Barceló Raval en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a  Mario casas y Samu Fuentes, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.