Cómo cambiar el mundo, de Jerry Rothwell

CZzif1TXEAAGNQ5TODO EMPEZÓ EN VANCOUVER EN 1971.

“Me di cuenta que había olvidado una cosa que había aprendido en los años 60, que mi existencia aislada es un espejismo, que la ecología es una corriente de la cual tú y yo formamos parte. Todo lo que hacemos afecta a esta corriente y lo que hace la corriente nos afecta a nosotros”.

Bob Hunter

La película arranca en 1971, en Vancouver, en plena época del hipismo, donde un grupo de jóvenes activistas y ecologistas liderados por Bob Hunter (periodista e ideólogo del movimiento), Paul Watson, Rex Weyler, David “Walsrus” Garrick y Carlie Truman, se lanzan en un pesquero de 25 metros y armados con cámaras de 16mm para filmarlo todo, con el fin de detener el ensayo nuclear en la pequeña isla de Amchitka, en Alaska, por parte del Gobierno de EE.UU. presidido por Nixon. Debido a problemas con la policía aduanera, la aventura no llegó a buen puerto, pero estos jóvenes amantes de la naturaleza y de la vida, volvieron a la carga. Su nuevo objetivo era salvar a las ballenas que eran exterminadas cruelmente. El reconocido documentalista inglés Jerry Rothwell, interesado en las personas a contracorriente y apasionadas, como ya testimonió en su anterior película, Deep wáter (2006), codirgida con Louise Osmond, donde relataba la odisea de un joven marinero inexperto que, a finales de los 60, desafió a la naturaleza con una travesía alrededor del mundo.

Ahora, documenta, a través de material de archivo y valiéndose de los testimonios de los implicados, los orígenes, auge y evolución del movimiento ecologista Greenpeace. Aquellos jóvenes canadienses que pensaban que era más fácil cambiar el mundo con una cámara que con una arma, se lanzaron con todo en contra para parar la catástrofe natural que infringían las naciones contra nuestra naturaleza y los animales. La segunda campaña que les dio gran relevancia internacional se llevó a cabo en las frías aguas del norte con el objetivo de parar con la caza indiscriminada de ballenas, se enfrentan a un potente ballenero soviético, y aunque no consiguen su objetivo, si que filman el arpón que pasa por encima de ellos. Una imagen que les valió la repercusión internacional que buscaban, y el grupo comienza a crecer y estallan los primeros conflictos internos. La siguiente campaña los divide, ahora la actividad se desarrolla en un pequeño pueblo de Terranova donde se asesina ferozmente a las crías de focas para conseguir su piel blanca. Las negociaciones con los pescadores de la zona que se muestran en contra de la protesta del grupo.

thumb

Estallan las opiniones contrarias dentro del grupo, las distensiones amenazan la unidad, y también, el desgaste personal y emocional que implica constantemente tomar decisiones, recaudar dinero para financiar las campañas, y las múltiples ideas que florecen a la hora de afrontar los diferentes proyectos. La película de Rothwell recoge fielmente las aventuras y avatares en las que se involucran las personas del grupo, mediante los diarios de Hunter, donde se documentan todas las acciones, los conflictos de la actividad, y los personales, y cómo se desarrollan las acciones. Una cinta que cuestiona la idea de cómo se organiza una revolución, los sacrificios que eso implica, y de qué manera se gestionan los egos y los conflictos internos de sus integrantes, y cómo afecta al desarrollo de las actividades. Un documento que testimonia la idea y ejecución de unas personas que se lanzaron al vacío por la naturaleza y sus animales, que arriesgaron sus vidas por lo que creían y soñaban, un grupo de amantes de la vida y su entorno que hizo estallar la conciencia internacional de seguir luchando y peleando por un mundo mejor y más humano, creando uno de los movimientos globales más potentes de la historia. Porque como argumenta Hunter: “Si tenemos que esperar a los pacientes para heredar la Tierra, no nos va a quedar nada por heredar”. Una frase que advierte que siempre hay que estar alerta y seguir incomodando y protestando contra aquellos poderes que se sienten amos del mundo.

La primera película. Ideas y experiencias de filmación y producción/ La Sala de los Cineastas.

Evento organizado por la Unión de Cineastas. Bajo el título «La primera película. Ideas y experiencias de filmación y producción», conversación sobre los proyectos de Carla Simón, «Verano 1993», de Meritxell Colell, «Tierras de soledad», y de Elena Martín, «Julia Ist», y la experiencia de producir a debutantes de los productores Sergi Moreno, de Lastor Media, y Artiz Cirbián, del Colectivo Niu d’Indi. Moderados por la cineasta Mar Coll. El encuentro tuvo lugar el martes 15 de diciembre de 2015, en el Cine Zumzeig, en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Carla Simón, Meritxell Colell, Elena Martín, Sergi Moreno y Artiz Cirbián, por su tiempo, generosidad y simpatía, al equipo de Unión de Cineastas, en especial a Mar Coll y Cristina Silvestre, por su paciencia, amabilidad y cariño, y al Cine Zumzeig, por apoyar la causa y dar visibilidad a este tipo de eventos.

La odisea de Alice, de Lucie Borleteau

ImprimirENTRE DOS MUNDOS.

La joven directora francesa Lucie Borleteau, con experiencia en labores de producción y dirección al lado de directores de la talla de Claire Denis o Arnaud Desplechin, se enfrenta en su opera prima a un relato situado a bordo de un viejo carguero, “Fidelio” (título original de la película) siguiendo los pasos de Alice, una joven ingeniera que se embarca para sustituir a un marino fallecido. En tierra, deja a Alex, su prometido, un dibujante de cómics, en el buque, se reencontrará con Gaël, su primer amor, y capitán del navío.

Borleteau huye de los relatos de aventuras marinas, de Stevenson o Melville, aquí no hay ataques de piratas, motines a bordo, etc… Su interés reside en la cotidianidad de unos marinos, todos hombres, excepto Alice, describe con especial realismo ese mundo, un mundo alejado de los suyos, un universo diferente, donde conviven franceses y filipinos, donde los únicos problemas son mecánicos o algún que otro conato de incendio, en el que se come en grupo, donde se vive con gran camaradería y cooperación, que sigue en las salidas nocturnas que llevan a cabo cuando atracan en un puerto para descargar o recoger mercancía, las labores de mantenimiento mecánico y las largas horas de descanso, donde el mar inmenso devora a cualquiera, en el que la inmediatez de la sociedad no tiene cabida, y se impone otro ritmo, más pausado y suave. Alice, vive con el recuerdo del amor que ha dejado en tierra, y la aventura que emprende con Gaël, sus derivas emocionales, y su planteamiento de un amor que se preocupa del otro, soñando con la utopía de amar y estar con dos personas indistintamente, la llevará a plantearse muchas cosas de su vida, y sobre todo, no sólo a aceptarse a sí misma, sino también a asumir que las emociones de los demás pueden ser diferentes a las suyas. Borleteau ha fabricado una película sencilla y honesta, que miramos con tranquilidad a través de los ojos de Alice, de sus caminos confusos emocionales y el desarrollo cotidiano de un viaje a bordo de un barco, donde nos impregnamos de sus olor a salitre, a grasa, nos ensuciamos con su mecánica, y asistimos al ruido ensordecedor de su maquinaría.

maxresdefault

La cineasta francesa apoya su película en su heroína Ariane Labed (vista recientemente como camarera servicial en Langosta, de Yorgos Lanthimos), su mirada magnética y profunda, acompañada de un físico frágil y sólido a la vez, y una interpretación llena de fuerza y cargada de erotismo y sexualidad, que le valió el premio a la mejor actriz en Locarno, es una de las grandes bazas con las que juega la película. Además, de un interesante reparto que amén de los dos amantes de Alice, constituyen un ágil microcosmos de personas que se mueven eficazmente por el interior del buque, por esos pasillos estrechos y oscuros, y por las salas de máquinas llenas de grasa y humo. Borleteau deja el protagonismo a sus actores, a sus confusiones amorosas, a sus sentimientos, a todo lo que les rodea en ese mundo de travesía que se impone en sus existencias, a un mundo rodeado de mar, una cotidianidad que nada tiene que ver con lo que sucede en la tierra, una premisa que nos lleva a recordar unas palabras que Alice suelta a Gaël en un momento de la película: Lo que sucede en el mar, se queda en el mar.

Juana a los 12, de Martín Shanly

Juana_a_los_12-273733189-largeLA HUIDA INTERIOR.

Juana tiene 12 años y estudia en un colegio inglés exclusivo del norte de Buenos Aires. La niña se muestra indiferente a las clases y las materias. La madre, preocupada e instada por los profesores, decide llevarla a especialistas con el objetivo que encuentren a que se debe esa indiferencia en el centro educativo. El debutante Martín Shanly (Buenos Aires, Argentina, 1988) se pone tras las cámaras, después de haber interpretado algunos papeles, construyendo un relato sencillo en apariencia, filmado desde la honestidad y formalmente audaz, utilizando 4K con aspecto de 16mm (un formato parecido al empleado por Lisandro Alonso en Jauja). Shanly vuelve al colegio donde fue de niño, a los lugares que recuerda de su infancia, para filmar a su hermana Rosario y a su madre. Un retrato de una niña en plena pubertad, en ese estado de transición, un tiempo de incertidumbre, un tiempo de cambios donde dejará de ser una niña para convertirse en adulta. Juana se siente perdida, no encaja en ese mundo, no atiende en clase, explica que se interesa, pero no es verdad, sólo quiere integrarse en el grupo de niñas de su clase, ser una más, pertenecer al grupo, aunque sus intentos no obtienen el deseo esperado.

Frente a ella, tiene el colegio inglés, que en vez de tenderle una mano, se la corta, un espacio en el que todos visten el mismo uniforme, comparten el mismo escenario donde tienen que demostrar constantemente su validez, ser mejor que el otro, competir constantemente y no quedarse atrás. Juana ya no sigue el ritmo, ha generado su propio mundo, una isla emocional, vive preocupada en otras cosas, temas que considera más importantes que escuchar a unos profesores anquilosados, sólo pendientes de seguir una pedagogía caduca y detenida en el pasado. Juana no encuentra apoyo en su entorno familiar, su madre, no tiene tiempo de escucharla, y se muestra demasiado racional, la lleva a expertos que la estudien a fondo para descubrir esa apatía que le ha invadido. Shanly observa con su cámara, no se inmiscuye ni tampoco toma partido, retrata ese mundo encerrado en sí mismo, alejado de la realidad, una realidad que no es admitida, que pertenece a ese otro mundo que existe afuera, pero que se ha vuelto invisible para la enseñanza de otro tiempo, un método viejuno que continúa imponiendo a sus alumnos de familias ricas que pagan religiosamente cada mes.

Juana los 12El joven realizador argentino profundiza en el retrato psicológico de los cambios en las puertas de la adolescencia a través de una mirada inquieta y observadora. Su cámara inmóvil, observa y escruta la mirada de Juana, la luz etérea e indefinida que sigue a la niña por su deambular parsimonioso, dificultoso y ajeno por un mundo que sigue unas normas, y no permite que nadie se las salte, no comprende, y además rechaza impecablemente a todo aquel que no sigue lo establecido. Retrato sutil y demoledor sobre cierta educación que no permite a las personas realizarse de un modo humano y sobretodo, rechaza un modelo basado en las inquietudes personales de los individuos. Shanly se toma su tiempo en cada encuadre, en cada instante de su película, la desarrolla acariciando cada detalle, se muestra paciente en dar forma a la construcción de su relato, y cómo se manifiestan las relaciones personales en un entorno tan adverso y sumamente parapetado en conceptos cerrados y extremadamente conservadores. Una película que en su retrato de esa adolescencia perdida e indiferente a las normas de la sociedad y del mundo de los adultos, no andaría muy alejada de propuestas como Los rubios, de Albertina Carri o La niña santa, de Lucrecia Martel. Un cine vivo e interesado en las partes invisibles del relato, en el que se atrapa al espectador desde la incertidumbre e inquietudes de unos personajes que apenas hablan, que casi todo lo explican de forma no verbal, apoyados en sus miradas y gestos. Un film breve, apenas 75 minutos de metraje, y mínimo, se vale de pocos elementos y personajes, para contarnos una historia sumamente compleja y sincera, que nace desde lo más profundo del alma, en la que además se reserva un pequeño homenaje a Los 400 golpes, de Truffaut, una de las obras cumbres del cine, que retrató de forma magistral a esos niños que huyen de un mundo hostil a través de sus anhelos más profundos.

Phantom Boy, de Alain Gagnol y Jean-Loup Felicioli

untitledEL HÉROE ACCIDENTAL

Léo tiene 11 años y es ingresado en el hospital enfermo de cáncer. Allí, conoce a Alex, un inspector de policía, siempre metido en líos, que tras sufrir un accidente, se recupera de su fractura en la pierna, causada por un malvado que se hace llamar El hombre de la cara rota, un villano que amenaza a la ciudad de Nueva York con propagar un virus que acabará con todo. Alain Gagnol (1967, Roanne, Francia) y Jean-Loup (1960, Albertville, Francia), trabajando juntos desde el 1996, vuelven a ponerse tras las cámaras después de la fantástica Un gato en París (2010), presentada en la Berlinale y candidata a los Oscar. Si en aquella acometían el film noir en las calles de París a ritmo de jazz, que bebía del cine de los años treinta realizado por los Carné, Renoir… Ahora, viajan hasta la ciudad de Nueva York, y recuperan el aroma de las cómics de los 60 de Stan Lee, junto al policíaco y el fantástico para sumergirnos en el ambiente sesentero para desarrollar una película de gran energía, trepidante y oscura.

Desde los títulos de crédito, sorprendentes y llenos de ritmo (que recuerdan a La pantera rosa o Charada al ritmo de la música de Henry Mancini) y la secuencia inicial, a modo de prólogo, donde ya nos mezclan la cotidianidad de un cuento con lo fantástico, dos elementos que seguirán muy presentes durante todo el metraje. Los realizados franceses, que mezclan la construcción artesanal de la animación (pintando con lápices de cera sobre el papel) y las técnicas más avanzadas, consiguiendo un efecto cromático fascinante que recupera el cine de los ancestros con las historias más cotidianas y cercanas. La trama es sencilla y directa, de ritmo vertiginoso, donde los personajes y las acciones se van desarrollando de modo eficaz y con sabiduría. Nos muestran a Léo, un chaval que tiene que combatir en dos frentes, en el interior, contra la enfermedad que le acecha, y el exterior, colaborar con el policía, gracias a su don (salir de su cuerpo y convertirse en un fantasma que es invisible a los demás, con la capacidad de volar y traspasar todo tipo de muros y puertas) un atributo con el que ayuda a los demás, con el objetivo de acabar con ese hombre de cara rota (que parece una mezcla de El hombre invisible, el clásico del 1933, con el Joker de Batman y El fantasma de la ópera), a Léo y Alex (que parece el James Stewart de La ventana indiscreta, y necesitará de los demás para resolver el caso) se le suma Mary, la joven e intrépida periodista que arriesgará su vida para capturar y ayudar a Alex, que ama en secreto a Alex.

d8e64-phantom8

Una magnífica película que recoge el mejor cine negro, junto al fantástico y el cine de superhéroes, que hace de lo cotidiano la mejor arma para luchar contra los poderes malignos. Una interesante mezcla de géneros, de estructura clásica, ritmo trepidante, gran audacia visual y composición pictórica, a los que hay que añadir una buena terna de personajes, bien diseñados, que nos atrapan a través de su humanidad y honestidad, sin olvidarnos de todos los secundarios, desde los padres de Léo y la hermana Titi, el jefe de Alex, que nos recuerda al jefe de Spiderman, los secuaces de Cara rota, y el diminuto y cascarrabias perro Rufus (que ya aparecía en Un gato en París). Elementos que ayudan a establecer un generoso microcosmos de esta inmensa aventura de animación, que andaría muy cerca de las fantasías humanísticas de Miyazaki y sus criaturas del Studio Ghibli, con la hermosa y sensible partitura del músico Serge Besset (que ya colaboró con los directores en el anterior film) que nos presenta a héroes de carne y hueso que, debido a las circunstancias, tienen que afrontar peligros y situaciones que los conducen a convertirse en otros y sobre todo, a superar sus miedos y dificultades personales para seguir creciendo.


<p><a href=»https://vimeo.com/144607020″>TRAILER PHANTOM BOY CAT amb sub CAT + Logos</a> from <a href=»https://vimeo.com/user34637086″>Pack M&agrave;gic</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

Entrevista a Alba Sotorra

Entrevista a Alba Sotorra, directora de «Game Over». El encuentro tuvo lugar el martes 3 de noviembre de 2015, en la vivienda de la directora en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Alba Sotorra, por su tiempo, generosidad y simpatía, a Laia Aubia y Ot Burgaya de El Documental del Mes, por su paciencia, amabilidad y cariño, y a la amiga de Alba que tuvo el detalle de tomar la fotografía que ilustra esta publicación.

Entrevista a Carolina Astudillo Muñoz

Entrevista a Carolina Astudillo Muñoz, directora de «El gran vuelo». El encuentro tuvo lugar el miércoles 11 de noviembre de 2015 en la vivienda de la directora en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Carolina Astudillo Muñoz, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, a Sol Ortega, de prensa de la película, por su dedicación y amabilidad, y a María Estrada (amiga de Carolina) que tuvo el detalle de tomar la fotografía que ilustra la publicación.

Entrevista a Narimane Mari

Entrevista a Narimane Mari, directora de «Loubia Hamra». El encuentro tuvo lugar el jueves 22 de octubre de 2015, en el hall del Cine Zumzeig de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Narimane Mari, por su tiempo, sabiduría y generosidad, a Yolanda Vinyals de Zumzeig Distribución, por su simpatía, paciencia y amabilidad, (y autora de la fotografía que ilustra la publicación),  y al equipo del Cine Zumzeig de Barcelona, con su director Esteban Bernatas (aquí en labores de traductor) al frente, por su grandísimo trabajo y ofrecernos la presencia de los directores presentando sus películas, y por su combativa y resistente programación que nos descubre un cine reflexivo y a contracorriente.

Loubia Hamra, de Narimane Mari

1444392127-a7f57ade1e58aab865d544b0f7446127VIAJE A LAS ENTRAÑAS DE LA MEMORIA

La película se inicia como un documental etnográfico, donde observamos a unos niños jugando en la playa a plena luz del día, se bañan y disputan entre ellos entre risas y alboroto, imágenes que nos evocan la pintura de Sorolla, el maestro apasionado de la luz mediterránea y de capturar su esencia. Estos niños disfrutan de una gozosa libertad, han vivido en un país libre y propio, muy diferente al que vivieron sus abuelos, aquella Argelia sometida al yugo francés, el país colonizado que manaba una libertad que le era denegada y mutilada. De repente, uno de los niños, llega con una cesta con plátanos, todos cogen y los engullen, pero uno, que no ha cogido, alza su voz y se queja de las malditas alubias rojas (traducción literal del título), y salen corriendo para robar comida, chocolate y pollo son las predilecciones. Narimane Mari (Argelia, 1969), directora nacida en Argelia pero afincada en Francia, nos propone en su puesta de largo, un viaje hacía la memoria, una huida al pasado, donde empezó todo, delimitada a una jornada, que cerrará al alba nuevamente en el mar, con los bellísimos versos de Artaud. El origen del proyecto se remonta a los fastos para celebrar el quincuagésimo aniversario de la guerra por la independencia, la guerra que liberó el país, una guerra cruenta, llena de dolor y muerte, como todas, entre Francia y el frente de Liberación Nacional.

Mari reclutó a sus jóvenes protagonistas invitándoles a jugar, y es en ese sentido donde radica la naturaleza de la historia, unos niños se adentran en la profundidad de la noche, para convertirse en otros, para sumergirse en un sueño revelador, que los llevará medio siglo atrás, y los enfrentará a los fantasmas de la guerra, esos espectros que vagan sin rumbo, sin consuelo, sin destino, que todavía siguen muy presentes en la memoria de aquellos que sufrieron la colonización y la guerra que se desató. Mari ha ideado, apoyada en una imaginación desbordante, una película humanista, una obra de grandísima altura, un juego que nos enfrenta a nuestros miedos y emociones, creando una atmósfera experimental llena de simbología, que nos conduce hacía el interior de nuestra alma, en una aventura orgánica, en una alucinación hipnótica y mágica que nos lleva hacía lugares nunca visitados, y con personas jamás encontradas. Su película es un canto a la libertad, al deseo irrefrenable de soñar, de seguir soñando, a pesar de las circunstancias adversas a las que nos enfrentemos, una obra que aboga por la felicidad y la anarquía de ser niño. Mari no ancla su narrativa a ningún género, están todos y ninguno, se podría ver como un documento sobre la forma de vida de los niños argelinos contemporáneos, también como un drama social, donde convergen situaciones cotidianas de extrema dureza, y más allá, como un film de terror puro y clásico, aquellos que los niños se adentraban en el bosque de noche expuestos al acecho de los lobos e infinidad de peligros, pero no hay nada de eso, Mari ha fabricado un soberbio retrato sobre las heridas y las huellas de la guerra, sobre los ausentes, los que ya no están, los que fueron borrados y silenciados, una mirada a todos esos espectros que siguen sin descanso.

LH3-600x338

En su primer tramo el diálogo parece ser el centro de la acción, pero a partir del segundo acto, las imágenes y la música se apoderan del relato, invitando al espectador a un juego de cuerpos en movimiento, a dibujar formas y figuras construidas en la imaginación, y a un magnífico despliegue de escenarios y paisajes que sólo existen en el interior de los que no dejan de soñar. La fuerza de la propuesta radica en unas imágenes poderosísimas de gran belleza, que mezcla de forma ingeniosa y atrevida colores vivos como el rojo, el amarillo o el azul, con los contrastes de las sombras y la oscuridad de la noche, y la música electrónica (gran protagonista de la función), creando una simbiosis poderosa y sobrecogedora, elementos que nos empujan hacía un estado más propio del alma que, de la razón (queda evidente en la asombrosa y brutal secuencia de la danza de la muerte proyectada en la pared, a modo de figuras chinas creadas por los cuerpos gravitando y alucinados en un ritual funerario invocando a las almas perdidas de la liberación, imágenes fragmentadas y deformadas que nos trasladan al Guernica de Picasso). La película abraza la poesía y el minimalismo, centrándose en lo más insignificante, en el instante de lo que está sucediendo, sin importar nada más. La cámara es participativa, acepción que señalaba Jean Rouch, donde todo forma parte, nada queda fuera, capturar la experiencia, Rouch lo llamaba el cine-trance, sus películas Les maîtres fous (1955), y Mo, un noir (1958), funcionarían como espejos reivindicadores para acercarse a esta fábula resistente e indomable, sin olvidarnos de otra referencia igual de visible, Cero en conducta, de Jean Vigo, en su forma, criterio y espíritu, y el sentido de rebelión de unos niños en contra de la institución que los maneja a su antojo, privándoles de libertad y sobre todo, de ser ellos mismos.

<p><a href=»https://vimeo.com/139361524″>TRAILER LOUBIA HAMRA (ALUBIAS ROJAS)</a> from <a href=»https://vimeo.com/user32718115″>CENTRALE ELECTRIQUE</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

Entrevista a Jonás Trueba

Entrevista a Jonás Trueba, director de «Los exiliados románticos». El encuentro tuvo lugar el martes 8 de septiembre de 2015 en el hall del Cine Zumzeig de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Jonás Trueba, por su tiempo, simpatía y generosidad, a Eva Herrero de MadAvenue, por su paciencia, amabilidad y cercanía, y al equipo del Cine Zumzeig, por acogerme con tanto cariño y simpatía.