Tanit, de Pep Garrido

LA NIÑA Y LA BRUJA DEL BOSQUE. 

“Todo está en la infancia, hasta aquella fascinación que será porvenir y que sólo entonces se siente como una conmoción maravillosa”

Cesare Pavese

Érase una vez… una niña llamada Tanit de 10 años. Tanit vive en una casa de un pueblo junto a un bosque. Un día, buscando a su perro, lo encuentra junto a l’àvia Perona, una señora rodeada de hierbas a la que llaman la bruja del bosque. A partir de ese día, entre Tanit y la Perona se iniciará una relación de amistad, amor y aprendizaje. Tanit, la primera película en solitario de Pep Garrido (Barcelona, 1979), además de guionista y coproductor, nace a partir del cuento homónimo de Núria Albó, que se alzó con el primer premio de El vaixell de vapor en 1984, se convirtió para muchos en su novela juvenil sobre lo femenino, llena de misterio, aventura y sobre todo, de madurez personal. El relato nos sitúa en un bosque, con sus ritmos y sonidos, a través de la mirada curiosa y rebelde de Tanit, la protagonista que vive junto a sus padres, con una madre con embarazo de riesgo y un padre ausente por su trabajo en el hospital. Tanit, a lomos de su bicicleta o en compañía de su inseparable perro, se lanza a descubrir el bosque y todos sus misterios. 

Garrido que conocemos por sus trabajos como director en Sense sostre (2019), que codirigió junto a Xesc Cabot, como guionista en películas como Zulo o Desmontando a un elefante, entre otras y coproductor en Un sol radiant. El director barcelonés se ha lanzado en construir una mirada a través de un momento extraordinario y difícil de la infancia cuando la realidad que nos envuelve se torna compleja y nada fácil, y Tanti, en este caso, deberá afrontar situaciones que se les escapa, además de afrontar unos sentimientos contradictorios y complicados para su edad. Estamos ante un retrato sobre la infancia, sí, pero muy sensible y delicado, que toca temas como la pérdida, la ausencia, el dolor y demás sentimientos que nos enfrentan a la existencia y sobre todo, nos devuelven esa sensación de vulnerabilidad y efimeridad que tienen nuestras vidas. Garrido sabe observar su relato, dejando ese espacio necesario para que todo se desarrolle y se mire con curiosidad y sin prisas, donde la trama se torna sencilla, honesta y muy transparente, huyendo de artificios y construyendo una película de verdad, nada pretenciosa y algo que la hace muy interesante, pequeña, emotiva y nada complaciente. 

Para el equipo técnico, el cineasta ha contado con profesionales cómplices como la cinematógrafa Àssia Júlia La-Roca, que descubrimos en Un sol radiant, también una película sobre el hecho de vivir y sus circunstancias, tiene la capacidad de mostrar y acercarse a aquello que filma desde una distancia y un tiempo que huye de la sensiblería y la condescendencia, transmitiendo la capacidad que sus imágenes vayan más allá y generen las preguntas idóneas y reflexivas. Y otros colaboradores como el sonido de Verónica Font, en un preciso trabajo que con la complicidad de la música de Clara Peya, construyen un espacio sonoro y delicado en el que la banda sonora está compuesta por composiciones sensibles y nada facilonas junto a los sonidos del bosque, del río y demás aspectos de la naturaleza. El montaje corre a cargo de Pepa Roig, de la que conocemos sus trabajos en ficciones como Un bany propi, y documentales como On eres quan hi eres? y Dios lo ve, entre otros. Una edición que en sus 108 minutos de metraje nos lleva de aquí para allá, siempre en compañía de la curiosidad y rebeldía de Tanit, con un ritmo pausado y sólido, sin artimañas ni espectacularidades, sino sumergiéndonos en un espacio entre vida y muerte, entre ilusión e imaginación, entre aquello que somos y la realidad dura que nos encontramos, al fin y al cabo, entre descubrir de qué va esto que llaman vivir.

Una película de estas características debía de acertar de pleno en la elección del personaje principal y con Dolça Salvans Portell lo consiguen. Porque es una actriz natural de Viladrau, uno de los lugares del rodaje, y un espíritu rebelde e inquieto como el personaje de ficción que interpreta. Un gran acierto que transmite naturalidad, intimidad y sobre todo, verdad. Le acompañan los adultos, entre los que destaca la gran presencia de Isabel Rocatti, que la seguimos encontrando en una ambiente rural como en la reciente Cowgirl, pero ahora en un personaje diferente, convertida en esa “bruja” del bosque, en una especie de punki alejada de todos y todo que será vital para Tanit. Los padres de la niña son Sara Espígul y Sergio Caballero, y finalmente, Núria Molàs, otra actriz natural de la zona, que regenta una ganadería ecológica, otra mujer fuerte, rebelde e independiente. La gran ventaja de Tanit, de Pep Garrido es que es una película para todos los públicos, pero en el sentido comercial, sino en el sentido de que está abierta para todas las miradas, y además, nos habla de temas de forma profunda, difícil y mostrando una verdad que pocas veces se ve en el cine, y en un cine como este, que cuenta, que transmite y sobre todo, nos emociona y conmueve con unas imágenes naturales, en muchos momentos de forma documental, que emanan una verdad que traspasa el alma. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Cowgirl, de Cristina Fernández Pintado y Miguel Llorens

LA VAQUERA Y SUS CIRCUNSTANCIAS.     

“Cada momento es un nuevo comienzo”.

T. S. Elliot

Es muy raro ver en el cine actual historias sencillas y cotidianas. Historias que nos hablen de personas maduras tan cercanas como las que podamos ser nosotros. Historias que se ambientan en espacios alejados del mundanal ruido, donde la vida tiene otro tiempo, quizás, un tiempo más de verdad y sincero. Como la película Cowgirl, el segundo trabajo del tándem valenciano Cristina Fernández Pintado y Miguel Llorens, protagonizada por Empar, un mujer de sesenta años que viven en un pueblo rodeado de montañas en la provincia de Castellón con su inseparable Tona, una vaca que quiere embarazar para seguir con su vida y su trabajo. La oportunidad, porque esta película va de eso, de aprovechar las circunstancias para seguir hacia adelante, la tiene Bernat, el vaquero más caudaloso del lugar. La cosa se complica con una idea mercantilista del alcalde ambicioso de turno, además, de la llegada de Riqui, un joven que oculta muchas cosas. Estamos ante una trama sobre personajes que son personas de carne y hueso, y a los que les suceden cosas sencillas pero altamente emocionales y dificultosas.

Después de Coses a fer abans de morir (2020), el dúo creativo Pintado y Llorens dejan la juventud y la despedida de un gran amigo, para adentrarse en el otoño crepuscular de unos personajes como Empar y Bernat que registra el magnífico guion de Rafa Albert coescrito junto a los directores, en esta curiosa mezcla de western y drama social y rural, en el que todo fluye sin necesidad de aspavientos ni grandes sucesos, todo gira en torno a tres personajes y la vaca. Una mujer madura en pleno duelo y necesitada de un nuevo ternero para su existencia, para seguir creyendo y no vencerse ante las hostias de la vida. Un maduro de larga estancia en las Américas que regresa al pueblo, a sus raíces y quizás, a tantas cosas que dejó para irse o huir. Y finalmente, el joven Riqui, un náufrago que desea echar alguna raíz y dejar tanta negrura que ha habido en su vida. Los directores no hacen gala de condescendencia ni nada que se le parezca, porque andan por otros lares, los de construir personajes que transmiten verdad, que se alegran y se entristecen, que patalean y que intentan vivir a pesar de los pesares, porque estamos ante una cinta que no se aleja de lo humano, sino que lo observa, se acerca de forma honesta y sobre todo, lo refleja de la forma más profunda y sensible.  

Un equipo técnico sobresaliente empezando por la excelente música de Clara Peya, que ya descubrimos su gran talento en documentales como EnFemme, y con cineastas como Laura Jou y Javier Ruiz Caldera, y más recientemente en Un altre home, de David Moragas. La música de Palafrugell construye una soundtrack llena de poesía, cercanía y ambiental, que se difumina con los quehaceres diarios y los diversos conflictos que van brotando en la trama. La transparente y precisa cinematografía que firma uno de los codirectores Miguel Llorens, con una amplia carrera como cinematógrafo al lado de grandes nombres como Marc Recha, con el que hizo sus dos de sus primeras películas El cielo sube y L’arbre de les cireres, amén de Pau Durà y Pedro Pérez-Rosado, entre otros. La luz se muestra natural y nada embellecedora, sino capturando los grises que desprende cada encuadre. El gran trabajo de montaje de Alfons Suárez, que trabajó en la miniserie Mítics 70 (2024), del mencionado Llorens, que consigue dotar de equilibrio y elegancia a una trama que se va a los 109 minutos de metraje, en el que nunca tenemos la sensación de cansancio y mucho menos de derivas innecesarias, sino de un ritmo latente dentro de un entramado de miradas, gestos y silencios.

Un gran reparto encabezado por la excelente Isabel Rocatti que, después de medio siglo dedicada a la interpretación le llega el primer protagonismo con Empar, una mujer a la que la gran actriz le da misterio, grandeza y resistencia. Le acompañan un estupendo Pep Munné, otro de los rostros más conocidos de nuestro panorama, ahora metido en la piel de Bernat, el Mitchum de The Lusty Men, el tipo que retorna a sus raíces, a su anterior vida, a sí mismo. El tercero en discordia es Carlos Cuevas, un joven actor que hace del fugitivo que se hace amigo de un personaje en concreto. Después tenemos una retahíla de buenos actores valencianos como el eficiente veterinario Joaquín Climent, el pelotazo alcalde Carles Sanjaime, el impertinente ovejero Àngel Fígols, que ya estaba en Coses a fer abans de morir, entre otros. La película Cowgirl, de Cristina Fernández Pintado y Miguel Llorens tiene esa autenticidad de una historia bien contada, con sencillez, alejada de moderneces del momento, y mostrando unos personajes de verdad, de esos que hablan y callan sus cosas, las de antes y las de ahora, y siguen como pueden en un lugar vaciado pero sigue resistiendo los embates del mal llamado progreso y la especulación emocional y física en la que existimos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA