Corredora, de Laura García Alonso

CRIS FRENTE AL ESPEJO. 

“No debemos olvidar que lo que el espejo nos ofrece no es otra cosa que la imagen más fiel y al mismo tiempo más extraña de nuestra propia realidad”. 

Ana María Matute

Encontramos muchas películas que nos hablan de deportistas enfrascados en los vaivenes de su actividad, inmersos en duras peleas,  propias y ajenas, donde se dirime si acabarán ganadores o perdedores. Una película como Corredora, de Laura García Alonso (Madrid, 1990), su primer largometraje en solitario, debutó con la película colectiva Los inocentes (2013), surgida de la Escac, donde se formó.  Un guion que se aleja de lo esperado para profundizar en la salud mental en el deporte, coescrito por Pol Corteans, del que conocemos sus series junto al director Pau Freixas, Sé quien eres, Bienvenidos a la familia, Todos mienten y Los sin nombre, y la propia directora, se centra en Cris, una joven y atleta extraordinaria de alta competición que entrena en un centro de alto rendimiento y todo parece llevar el camino correcto. Un día, un día como cualquier otro, la joven sufre un brote psicótico que la hace alejarse de las pistas, encontrar refugio junto a su hermana mayor, Natàlia e iniciar un camino lleno de obstáculos que le harán parar y pensar en su vida. 

Una trama transparente e íntima que se posa en la mirada, el cuerpo, el gesto y los silencios de la protagonista, donde seguimos como si fuese una competición contra ella misma y contra el mundo, en que la agitación y la tensión constante en la que existe esta joven, que lucha contra una fuerza muy superior, sus capacidades y sus límites, o dicho otra cosa, su mente contra su cuerpo, en una batalla sin cuartel en el que se implican su entorno. Una hermana mayor-amiga que la ayuda, la abraza y la mira, que no resultará nada sencillo, y un padre, acogedor y preocupado que también le dará su apoyo y se mostrará duro con las intenciones de la joven de volver a competir cuanto antes. Estamos ante una home movie casi, de pocos escenarios, muy cotidianos y extremadamente domésticos, con esa atmósfera férrea y asfixiante que recuerda a algunos cineastas de la reconocida Escuela de Loza como Polanski, Zulawski, Skolimowski y Kieslowski, entre otros, que construyeron duros dramas sobre las capacidades e incapacidades mentales y todo lo que eso conlleva, a partir de retratos sinceros, agobiantes y nada complacientes, protagonizados por individuos atrapados en telas de araña construidas por sí mismos enfrentados a unos entornos hostiles y violentos. 

Una cinematografía brutal y ejemplar sacude cada encuadre de la película, con la omnipresente Cris, que firma Gina Ferrer, responsable de películas significativas en los últimos años como Panteres, Tros, La maniobra de la tortuga, 20000 especies de abejas y Sorda, entre otras. La cámara se pega a la protagonista siendo una extensión más, como una extremidad que la acoge, la zarandea y la engulle, todo a través de esa luz mortecina que impone esa imagen velada que construye cada elemento y cada emoción de los diferentes personajes. La música de Susana Hernández “Ylia”, responsable de la música de Segundo premio, de Isaki Lacuesta y Pol Rodríguez, es una composición que huye de la condescendencia y la puntualización para crear un espacio centrado en los altibajos emocionales que sufre Cris. El montaje de Marta Velasco, una grande con más de medio centenar de títulos entre los que destaca los films de Fernando, David y Jonás Trueba, amén de otros igual de interesantes. Una duración de 96 minutos de metraje que pasan de una volada, sumergiéndonos en la gestión emocional de una mujer que a pesar de todo, sigue queriendo, quizás demasiado rápido o en contra de sus límites.

La apuesta de la película con Alba Sáez encarnando a la vulnerable Cris ha sido un gran acierto, porque la actriz demuestra una capacidad asombrosa para enfundarse en la piel de Cris, y extraer de ella todos los matices y detalles de un personaje metido en un cuento de terror doméstico y demasiado cercano que pone los pelos de punta. Le acompañan las buenas interpretaciones de Marina Salas como la hermana y Àlex Brendemühl como padre, amén de los “otros” corredores reales que arropan y dan esa verdad que resulta vital para el desarrollo de la película. No dejen de ver una película como Corredora, de Laura García Alonso, porque nos habla de salud mental, de todos los ritmos y exigencias que nos imponemos para llegar más lejos o antes que los demás. Estamos seguros que la película da un gran toque de atención a los tiempos febriles y las actividades asfixiantes que hacemos constantemente y no sólo eso, que las hemos naturalizado como algo que debemos de hacer. Cuidado con los Mr. Hyde en los que nos estamos convirtiendo, porque nos puede ocurrir como Grey, que finjamos ser una cosa y en un cuadro/espejo por ahí perdido se muestra nuestro reflejo, tan lleno de heridas que somos incapaces de verlas y de vernos a nosotros mismos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.