Entrevista a Óscar Fernández Orengo

Entrevista a Óscar Fernández Orengo, con motivo de su exposición de fotografía «Cineastes al seu lloc», en la Filmoteca de Catalunya. El encuentro tuvo lugar el martes 21 de junio de 2016, en uno de los rincones de la sala de exposición.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Óscar Fernández Orengo, por su tiempo, generosidad, amistad y cariño, a Sandra Ejarque y Ainhoa Pernaute de Vasaver, por su paciencia, amabilidad y simpatía, y a Esteve Riambau y al equipo de la Filmoteca, por organizar la exposición, y acogerme tan bien.

Entrevista a Olivier Ducastel

Entrevista a Olivier Ducastel, codirector de «Théo & Hugo, París 05:59». El encuentro tuvo lugar el viernes 1 de julio de 2016, en la terraza del Instituto Francés de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Olivier Ducastel, por su tiempo, generosidad y simpatía, y a Javier Asenjo de Surtsey Films, por su paciencia, amabilidad y cariño.

Théo & Hugo, París 05:59, de Olivier Ducastel y Jacques Martineau

THEO_HUGO_CARTEL_70X1001EL NACIMIENTO DEL AMOR.

La película arranca de forma sorprendente, que no dejará a nadie indiferente, nos introducen en la atmósfera de un club gay, en el que varios hombres desnudos intercambian caricias, besos, felaciones y coitos, de forma desenfrenada y lujuriosa, capturados de forma explícita (que recuerda a Shortbus), durante cerca de 20 minutos. No hay diálogos, sólo escuchamos los sonidos propios del placer y el deseo sexual, que se mezclan con una música electrónica ambiente que los acompaña. Las miradas invaden un escenario pintado de tonos rojos y oscuros. En un instante, la cámara se detiene en la atracción que sienten un par de jóvenes que se dejan llevar por el deseo sexual. La séptima película del tándem formado por los directores franceses Olivier Ducastel (1962, Lyon) y Jacques Martineau (1963, Montpellier) se centra en dos hombres que después de conocerse a través del sexo, salen a la calle y empiezan a conocerse. El ambiente irreal del club dejará paso a un tono realista de las calles del París nocturno. La película está contada a tiempo real (en un claro guiño a Rivette, el cineasta del tiempo real por antonomasia, y a la película de Agnès Varda, Cleo de 5 a 7), se abre a las 4:27 y se cerrará 92 minutos después, a las 5:59.

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Un relato que nos descubre un París poco conocido, la zona oriental, nocturna, un paisaje nocturno, con el que nos cruzamos con luces difusas, algún viandante y la tranquilidad de la ciudad dormida, interrumpida por algún sonido, y nuestros dos almas que comienzan a enamorarse, dos jóvenes inquietos que la cámara los sigue por su deambular por la noche. Se desata un conflicto entre ellos (que no desvelaré) y la historia gira hacia otros derroteros, el drama se convierte en thriller social y personal, algo se interpone entre ellos, algo que los acercará y alejará a partes iguales. Ducastel y Martineau construyen una película sobre los primeros instantes del amor, de una historia que desconocemos su destino, si saldrá adelante o no, los directores se centran en los conflictos emocionales de dos personas que una noche se conocen y descubren algo especial, instante en el que deberán plantearse varias situaciones que están sintiendo, emociones contradictorias que surgen en ese momento, enfrentarse a ellos mismos y sobre todo, a la persona que tienen delante, entablar diálogo con sus sentimientos y saber que desean y que van hacer con ello. Una película sobre el amor, sobre la capacidad de los seres humanos para sentir amor, asumir un riesgo que no sabemos hacía donde nos llevará, dejarnos ir o no, dar rienda suelta q lo que sentimos o pararnos, y dar media vuelta, recogiendo el aroma de obras notables como El hombre herido (1983, Patrice Chéreau) o la más reciente, Weekend (2011, Andrew Haigh), películas de contenido homosexual para todos los públicos.

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Además, la película propone un conflicto personal que llega de forma completamente accidental, que retuerce aún más si cabe la situación que se ha generado, proponiendo una película en la que interpela directamente a los espectadores sobre las decisiones morales y personales que deben de tomar los personajes. El gran trabajo interpretativo de la pareja protagonista Geoffrey Couët y François Nambot (reclutados en un casting) consigue transmitir la veracidad y humanidad necesarias para sumergirnos en su amor naciente y el conflicto que los ata. Ducastel y Martineau nos cogen desde el primer instante de su película, y no nos sueltan en ningún momento, saben involucrarnos de manera sencilla y humana, escarbando en nuestro más profundo interior, a través de una mise en scene pulcra y honesta, construida con tomas largas que acompañan a sus protagonistas, sin abandonarlos a lo largo del metraje, en la que nos movemos por ese paisaje nocturno, lleno de dudas, incertidumbres y demás conflictos humanos. Una película viva, emocionante y contemporánea que se sumerge en la naturaleza de las relaciones humanas, cómo nos enfrentamos a ellas, y también, todo aquello desconocido y oculto que nos descubre y revela de nosotros mismos.


<p><a href=»https://vimeo.com/172598292″>THEO &amp; HUGO, PARIS 5:59 TRAILER V.O.S.E</a> from <a href=»https://vimeo.com/surtseyfilms»>Surtsey Films</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

 

Entrevista a Laia Forné

Entrevista a Laia Forné, protagonista de la película «Metamorphosis», de Manuel Pérez. El encuentro tuvo lugar el sábado 18 de junio de 2016, en el hall de los Cines Girona de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Laia Forné, por su tiempo, generosidad y cariño, a Marina Cisa de Madavenue, por su paciencia, amabilidad y simpatía, a Manuel Pérez, director de la película, que tuvo el detalle de tomar la fotografía que ilustra esta publicación, y al equipo de los Cines Girona, atentos y buena gente.

El verano de Sangaile, de Alanté Kavaïté

Verano_Sangaile_CartelAMÁNDOSE EN LA HIERBA.

Había una vez una joven de 17 años llamada Sangailé que vivía fascinada por los aviones acrobáticos, pero su vértigo le hacía imposible aprender a pilotarlos. Sangailé vive con sus padres una vida acomodada en una casa en medio de un bosque, en una habitación vacía, en una existencia traumática que la ha llevado a una vida de aislamiento y distante con su familia. Un día, conoce a Austé, de su misma edad, pero de personalidad totalmente diferente, Austé es entusiasta y vitalista, vive junto a su madre en un piso alto sin ascensor de un barrio obrero de Vilnius, y tiene la habitación repleta de sus diseños de ropa y decoración. Alanté Kavaïté (1973, Vilnius, Lituania) después de su opera prima rodada en Francia con Écoute le temps (2006), con Émile Dequenne (la Rossetta de los Dardenne, entre otras) en la que nos hablaba de una joven que investiga la muerte de su madre en extrañas circunstancias, y un par de incursiones como guionista de Lucile Hadzihalilovic (en Tropique, del 2010, y en Évolution, del 2014) vuelve a centrarse en la figura de una joven que, en este caso, se encuentra en pleno tránsito de abandonar la infancia y convertirse en adulta, con todas las decisiones que conlleva ese proceso. Sangailé no hace nada, vive rodeada de miedos y frustraciones, no sabe qué camino elegir, y va dando tumbos y mostrándose aislada ante las personas que la quieren. Frente a ella, y en un maravilloso contrapunto en la película, nos encontramos a Austé, de orígenes humildes que, además de prepararse para ingresar en la escuela de diseño, trabaja en una cafetería en verano, y su personalidad arrolladora y soñadora se convierten en la persona que removerá a la perdida Sangailé para conocerse a sí misma y de esta manera, encarar sus miedos y complejos.

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Kavaïté ha construido un bellísimo relato ambientado en verano, con una luz preciosa que baña suavemente los paisajes, la luz brillante de esos días de veraneo, con el agua cristalina del mar, y los atardeceres que nos atrapan el alma, y esas noches silenciosas o a la luz de un fuego con amigos. Días de verano, días para conocer a alguien que nos despierte lo que ocultamos, o nos atrevemos a sacar, entre risas, miradas y confidencias Sangailé y Austé se enamoran, se besan, hacen el amor, observamos sus cuerpos retozando en la hierba, impregnándose de esa naturaleza salvaje y libre, o en la intimidad de la habitación de Austé (abarrotada de sus diseños a cual más estrambótico y rompedor, pero sobre todo, viscerales, nacidos desde el interior de un alma inquieta, observadora y vital). Dos almas jóvenes, dos cuerpos al sol, acariciándose, disfrutando del sexo de forma natural, sensual, que las invade y atrapa. Una historia mínima en la que seguimos la respiración, el roce de los cuerpos, el deseo sexual, y los deseos y dudas, contradicciones y miedos de dos mujeres jóvenes que despiertan a un amor sincero y puro.

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Kavaïté que, acompaña su película de un grandioso trabajo de sonido, en el que nos invade una sonoridad que recorre de forma hipnótica nuestros sentidos, junto a  la radiante y acogedora música de JeanBenoît Dunckel (autor de los score de las películas de Sofia Coppola) edifica una película muy íntima, minimalista, de deseo y carnalidad, que nos sobrecoge desde su sencillez, pero de una energía desbordante y arrolladora, con esos momentos mágicos, llenos de una poesía abrumadora, que nos arrastran hasta ese mundo de la iniciación de la juventud donde todavía todo es posible, (instantes que nos recuerdan a la forma y tratamiento de la naturaleza que impregnaba Peter Weir en la maravillosa Picnic en Hanging Rock), tiempo de verano, de amigos, de amores en la hierba, descubriéndonos a nosotros mismos, a través de los ojos de otros, superando lo que nos atenaza y nos detiene, en el que sólo nosotros somos capaces de cambiar el rumbo de nuestras vidas, y posiblemente, las personas que tenemos a nuestro lado pueden hacer mucho más por nuestras vidas de lo que imaginamos, si somos capaces de abrirnos a ellas y escucharlas.


<p><a href=»https://vimeo.com/171896009″>El verano de Sangailė Tr&aacute;iler VOSE</a> from <a href=»https://vimeo.com/cinebinariofilms»>CineBinario</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

Tea Time (La Once), de Maite Alberdi

A0-cast(base)LOS AÑOS VIVIDOS.

La película arranca introduciéndonos en la preparación de una celebración, a través de planos detalle, asistimos a los últimos retoques de diferentes exquisiteces de repostería, con sus cremas y chocolates, y también, el relleno de panecillos, con el acompañamiento del té que está caliente y listo para ser servido, alimentos que degustarán las cinco mujeres que conoceremos a continuación. El reloj toca las cinco de la tarde, hora exacta en el que aparecen las invitadas a la mesa, una mesa ornamentada y lista para la ocasión. Cinco mujeres: Teresa, Alicia, Angélica, Ximena y Gema, que se conocieron en el Colegio católico de Santiago de Chile donde estudiaron, siguen fieles a su cita mensual de encuentrarse. Ritual, que parece de tiempos pasados, pero que siguen escrupulosamente, desde que salieron del colegio, un ritual que sigue produciéndose desde hace más de 60 años.

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La directora Maite Alberdi (1983, Santiago de Chile) que ya apuntó buenas maneras en su anterior trabajo El salvavidas (2011), vuelve al espíritu que regía su puesta de largo, y se adentra en la intimidad y cotidianidad de unas vidas anónimas en las que construye unos relatos de profunda humanidad y sensibilidad acompañados de grandes dosis de humor. Alberdi rescata un dicho popular chileno “tomar once”, que se dice cuando se queda para merendar, y filma esos encuentros, la intimidad del hogar, y más concretamente en los salones de estas mujeres que rozan o traspasan la ochentena. La directora, nieta de una de sus protagonistas, ha registrado durante cinco años los encuentros de su abuela y sus amigas, construyendo un relato breve (70 minutos) pero en el que a través de las miradas de estas mujeres conocemos un parte de la historia de Chile, filmado en primeros planos y planos detalle, todo lo que se comparte en esas citas. Mujeres de educación católica y conservadora, distinguidas y coquetas, que han llevado unas vidas de imponente moral religiosa y acomodadas de Santiago de Chile. Un retrato femenino, en el que unas mujeres se encuentran y hablan de política, de los cambios sociales, culturales y económicos que ha sufrido Chile a lo largo de más de medio siglo. También, discuten, dialogan, intercambian impresiones, a veces tienen criterios completamente diferentes, pero sobre todo, ríen, ríen mucho, no han perdido el sentido del humor, y las ansias de seguir viviendo y encontrándose con sus amigas del alma.

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Aprovechan las citas mensuales, para hablar de ellas, de sus hijos y nietos, sus enfermedades, recordar a las ausentes, ya sea por fallecimiento o enfermedad, tener un pensamiento para sus esposos, los vivos o los muertos, su vida matrimonial, y sobre todo, hablan de sus inquietudes, de sus miedos e inseguridades, del tiempo que pasaron juntas, del tiempo que murió, el tiempo compartido, y la profunda amistad que las ha unido durante tanto tiempo. También planean excursiones, que Alberdi, en un acierto de guión, sólo nos las muestra mediante fotografías, su campo fílmico se centra en las cuatro paredes de los salones, algún plano de la cocina, pero breve y conciso, se limita a la mesa, mimada al mínimo detalle, y a sus personajes, mujeres acomodadas, distinguidas y de otro tiempo, con ideas y rituales que morirán con ellas, ya nadie, sus predecesores no continuarán con estas citas mensuales. Un tiempo que comparten, desde que eran niñas, un tiempo de amistad, de vida, de muerte, de alegrías e infortunios, de compañía y soledad, de certezas y dudas, viendo a un país que en los últimos cuarenta años ha pasado de la democracia de Allende a la dictadura de Pinochet, para volver a la libertad, otra vez. Una película sencilla y honesta sobre el paso del tiempo, la vejez y sobre todo, la extraordinaria capacidad para seguir viviendo a pesar de la vida, de todo lo que vivimos y lo que nos queda por vivir.

Entrevista a Maite Vitoria Daneris

Entrevista a Maite Vitoria Daneris, directora de «El lugar de las fresas». El encuentro tuvo lugar el miércoles 25 de mayo de 2016, en una terraza junto al Mercado de La Boqueria de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Maite Vitoria Daneris, por su tiempo, generosidad y cariño, a Octaví Martí de la Filmoteca de Catalunya, por su sabiduría cinematográfica al programar la película en el ciclo: «Més enllà del mirall: 10 anys sense Joaquim Jordà», y a un turista inglés muy amable, que tuvo el detalle de tomar la fotografía que ilustra esta publicación.

Entrevista a Manuel Pérez

Entrevista a Manuel Pérez, director de «Metamorphosis». El encuentro tuvo lugar el sábado 18 de junio de 2016, en el hall de los Cines Girona de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Manuel Pérez, por su tiempo, generosidad y cariño, a Marina Cisa de Madavenue, por su paciencia, amabilidad y simpatía, a Laia Forné, protagonista de la película, que tuvo el detalle de tomar la fotografía que ilustra esta publicación, y al equipo de los Cines Girona, atentos y buena gente.

El lugar de las fresas, de Maite Vitoria Daneris

CARTELTRABAJAR LA TIERRA.

En el campo del documental suele ocurrir que la realidad irrumpe en las filmaciones, de manera fortuita, y lo hace con tal fuerza, que se acaba convirtiendo en la materia estudiada y esencial de las películas. Un caso parecido le ocurrió a la cineasta Maite Vitoria Daneris (1978, Madrid) que llegó a Turín con la intención de visitar a una amistad, y quedó fascinada con el entorno humano de Porta Palazzo, el mercado al aire libre más grande de Europa, donde decenas de campesinos venden sus productos. Una noche, de madrugada, con la intención de filmar el mercado desierto y en silencio, posó su cámara en ese espacio vacío con el amparo de la solitud nocturna. De repente, una furgoneta irrumpió en su plano y comenzó a registrar lo que sucedía. Del vehículo se bajó Lina, una anciana que comenzó a montar su puesto de verduras, fruta y fresas. De manera intuitiva, la cineasta madrileña comenzó a filmarla, se hizo de día y al mercado llegaron otros vendedores con sus mercaderías, pero ella seguía pendiente del trabajo de Lina.

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Durante 7 años, Daneris ha filmado la cotidianidad de Lina, junto a su marido Gianni, y el espacio donde trabajan en San Mauro, una pequeña localidad junto a Turín, allí en ese mundo trabajan la tierra cultivando frutas y verduras, sin olvidarnos de las preciadas y sabrosas fresas, típicas de la región del Piamonte, al norte de Italia. Un día, en otro guiño del azar, aparece en el mercado Hassan, un inmigrante marroquí, que entabla amistad con Lina, y se establece una relación de trabajo. Daneris filma ese paisaje de jornadas interminables de trabajo, en un bucle sin inicio y final, hay momentos, breves, en los que se comparte la comida y algunas risas, los viajes de madrugada al mercado, algunas visitas, esporádicas, de Lina a la iglesia, y vuelta a empezar, en la que todos los espacios tienen su importancia, el campo, el mercado, la casa, todo contado de manera sensible y detallista. Una vida dura, sencilla, de trabajar la tierra y seguir hacía adelante con entusiasmo y sin decaer en ningún momento. La asombrosa capacidad de trabajo y vitalidad de Lina son admirables, su forma de trabajo es continua, casi no descansa, y mantiene ese pequeño microcosmos de trabajo y vida. Hassan se esfuerza, aunque a veces se generen conflictos con la anciana, pero se ayudan y también, se entienden, y forman un buen equipo. Gianni, el marido de Lina, trabaja en la granja, aunque se mantiene al margen del grosor de la película.

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Daneris construye un documento asombroso y valiente, en la que conviven varios idiomas desde el italiano (o piamontés), castellano y árabe, y además, también aparece en su película, aunque de manera esporádica, cediendo todo el protagonismo a las personas que filma, unas personas humildes, de campo, que trabajan sin cesar en aquello que les da de comer, pero sin perder el amor por lo que hacen, aunque les deje poco tiempo para hacer sus cosas. Una película en la que se respira el aroma del cine neorrealista italiano ambientado en el campo, que también supo registrar el trabajo rural y la amistad compartida de tantas jornadas durísimas de trabajo, y en conceptos y elementos del cine de Raymond Depardon dedicado al campo francés, en el que asistimos, como testigos de excepción, a la vida rural en todo su esplendor, caminando, respirando, sudando, ordeñando, labrando, recogiendo, y trabajando la tierra, con las manos como principal herramienta en el trabajo de los seres humanos, deteniéndose en todos los detalles y elementos que conforman la vida campesina actual. Daneris ha emprendido un viaje físico y emocional de gran calado personal, capturado la humanidad, filmándola de modo honesto, sin caer en la condescendencia y el paternalismo de algunas producciones, aquí no hay nada de eso. La película rezuma vida, trabajo y amistad, en unos personajes que trabajan y luchan diariamente para vivir en un mundo cada vez más mecanizado, y menos humano. La personalidad y sabiduría de Lina son un ejemplo a seguir, vive para su trabajo con sencillez, cuidando cada detalle del cultivo con el fin de extraer la esencia de sus frutas y verduras para luego poder venderlas en el mercado.


<p><a href=»https://vimeo.com/73775419″>Trailer _ El lugar de las fresas</a> from <a href=»https://vimeo.com/user1774928″>Maite Vitoria Daneris</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

Un amor de verano, de Catherine Corsini

un_amor_de_verano-cartel-6904_0LIBRES PARA AMAR.

“Me di cuenta de que muchas cosas que hoy doy por hechas se las debo a esas mujeres comprometidas y luchadoras […] es más, las mujeres homosexuales hicieron mucho por la emancipación de la mujer en general”.

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La película arranca en plena campiña francesa, allí, conocemos a Delphine, una joven que trabaja en el campo junto a sus padres, y mantiene oculta su condición homosexual. El yugo de la vida en el campo la ahoga, y decide irse a París. Nos encontramos en 1971, en plena efervescencia de los movimientos surgidos a raíz de mayo de 1968. Delphine se tropieza con las feministas en plena calle durante una acción (tocan los traseros de los hombres como protesta) acude a sus reuniones y participa en el activismo para reivindicar los derechos de la mujer, se contagia de su vitalidad e insolencia, de la poderosa energía del grupo, bella y desobediente, en el que discuten y gritan en el paraninfo de la Universidad, rescatan a un amigo homosexual de un psiquiátrico, donde sus padres lo han ingresado debido a su condición, e incluso, tiran carne a un médico abortista, mientras lanzan octavillas y piden lo que se les niega, su derecho a ser mujeres libres, el derecho al aborto y disfrutar de su propio cuerpo. En ese ambiente parisino y de lucha política, Delphine conoce a Carole, maestra de español que vive con Manuel, pero el deseo y la atracción que sienten se desata y la pasión las devora, y se enamoran.

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Catherine Corsini (1956, Dreux, Francia) estructura su cine a través de las relaciones amorosas y homosexuales, dibujando personajes oscuros y sometidos a derivas emocionales de gran calado. En su anterior película, estrenada por estos lares, Partir (2009) se detenía en una burguesa casada, familiar y acomodada que mantenía una relación sexual con un español de oscuro pasado. Ahora, en su décimo título de su filmografía, acota la trama en la primavera y verano del 71, adentrándose en los convulsos años políticos de los 70, y en el movimiento feminista que tanto ayudó a emancipar a las mujeres, junto a su coguionista, Laurette Polmanss han rescatado una época de fuerte liberación del género femenino, sus referentes y fuentes de inspiración fueron Carole Roussopoulos y Delphine Seyrig (cineastas y artistas que hicieron películas feministas, de las que reivindican su figura, no obstante las dos protagonistas adoptan sus nombres), y otras figuras femeninas que, desde otros ámbitos, alzaron la voz sobre la situación discriminatoria de las mujeres, sometidas al yugo patriarcal en una sociedad que las silenciaba y las volvía invisibles.

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Corsini mezcla con naturalidad y sabiduría los contrastes de su propuesta, el bullicio y la libertad de París contra la intemporalidad y el aislamiento del campo, a ritmo de temas rockeros del momento de Janis Joplin, Colette Magny, Joe Dassin, y la música de Grégoire Hetzel, aportando el lirismo que pide en ciertos momentos la película. Dos mujeres que se aman, pero que deberán afrontar sus miedos e inseguridades para ser libres y afrontar su amor sin prejuicios. La cineasta francesa construye un relato bellísimo, vital, de pura energía e intimidad desaforada, sigue a dos almas enamoradas que, no sólo deberán luchas por sus derechos en el ámbito social, sino también en su intimidad, vencer los obstáculos reales e imaginarios que las acosan. La película, a través de una forma transparente, que da protagonismo a los personaes y sus emociones, describe la vida en la granja de forma detallista y realista, componiendo una imágenes bellísimas cargadas de una naturaleza absorbente, sin caer en ningún instante en la imagen edulcorada. La opresión del paisaje rural es evidente, la actitud de asfixia que siente el personaje de Delphine, atada por la enfermedad de su padre, y la mentalidad de su madre, y el miedo a mostrar su identidad homosexual en contraposición con la sensación de libertad de Carol, una mujer que ha vencido sus miedos y contradicciones y ha despertado en ella un mujer diferente, descubriendo un amor lleno de vida y deseo. Una pasión que la ha llevado a vivir en el campo con la persona que ama, dejándolo todo.

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Corsini nos sumerge en la vida rural de forma concisa y libre, desnudándonos los prejuicios, y filmando las escenas sexuales de forma sencilla y honesta, capturando la belleza sexual sin tapujos, mostrando esos cuerpos desnudos entre la hierba amándose libres, mientras las vacas mugen y pastan (con elementos que nos recuerdan a la pintura de Renoir o Manet, y el cine de Renoir o la Agnès Varda de La felicidad), sin olvidar ese ambiente cercado y de apariencias formado a partir de tradiciones ancestrales y conservadoras. El gran trabajo del trío protagonista, que contamina de humanidad y sensibilidad la película, con una maravillosa y lúcida Cécile De France, desnudándose física y emocionalmente, a su lado, Izïa Higelin, su tez morena, carnalidad, y aspecto rudo, componen un interesante contrapunto, y finalmente, Noémie Lvovsky, que interpreta a la madre de Delphine, anclada en una vida rural, de trabajo y supeditación marital. Corsini ha construido una historia de amor bellísima, apasionante y real, con su pasión, sexo, miedos, inseguridades y contradicciones, en un contexto histórico de reivindicaciones, acciones, y política, y sobre todo, impregnado por una lucha que, aunque se hayan conseguido muchos derechos, sigue en plena vigencia, porque hay luchas que continúan, y no sólo las sociales sino también las propias.