Encuentro con Daniel Sánchez Arévalo y José Antonio Félez, director y productor de «Gordos», entre otras, con motivo de la proyección de la película en las sesiones ESCAC. El evento tuvo lugar el jueves 31 de marzo de 2016, en la Filmoteca de Cataluña.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Daniel Sánchez Arévalo y José Antonio Félez, por su tiempo, conocimiento y generosidad, al equipo del ESCAC, por organizar estos encuentros, y a Esteve Riambau y al equipo de la Filmoteca, por su paciencia, amabilidad y cariño.
“El hombre había muerto, pero no el cineasta, porque sus películas, realizados con un cuidado extraordinario, una pasión exclusiva, una emotividad extrema enmascarada por una maestría técnica poco frecuente, no dejarían de circular, difundidas por todo el mundo, rivalizando con las producciones nuevas, desafiando el paso del tiempo, comprobando la imagen de Jean Cocteau cuando habla de Proust: “Su obra continuaba viviendo como los relojes de pulsera de los soldados muertos”.
François Truffaut
Permitidme que arranque este texto hablándoles de una experiencia personal relacionada con la naturaleza de la película. Corría el año 1997 y estudiaba guión. El primer día de clase, allá por el mes de octubre, la profesora nos pidió que leyéramos el libro El cine según Hitchcock, de François Truffaut. Mi ímpetu devorador cinéfilo ya me había llevado a conocer el cine de Hitchcock, no tanto el de Truffaut, que por aquel entonces solamente había visto Los 400 golpes y alguna más de las protagonizadas por Fanny Ardant. Al día siguiente, compré el libro y me sumergí en su lectura. Era la primera vez que me leía un libro sobre cine, así que devoré aquella lectura nerviosa e impaciente, deseoso de continuar empapándome de aquella conversación fascinante e hipnotizadora, un libro que no sólo hablaba de la construcción del universo de un gran creador cinematográfico, sino que se sumergía en sus emociones más profundas y revelaba una naturaleza maravillosa que trascendía aquellas páginas para convertirse en algo especial, no sólo en un libro sobre cine, sino en un libro sobre la vida, y los hechos que circunstancialmente nos llevan a tomar un camino u otro, tanto a un nivel personal como profesional. Desde aquella primera lectura, vinieron más y más, y el libro se ha convertido con el tiempo en un compañero especial y esencial en mi vida, y cada cierto tiempo, no mucho, vuelvo a dejarme llevar por esa maravillosa conversación entre dos cineastas apasionados por su trabajo que amaban con todas fuerzas el oficio de hacer cine.
A mediados de los años 50, los Godard, Chabrol, Rohmer, etc, desde la revista Chahiers du Cinema, dentro de su política del cine de autores, dedicaron diversos artículos ensalzando la figura del cineasta Alfred Hitchcock, como un grandísimo autor que poseía un magnífico universo cinematográfico, reivindicando una figura que en EE.UU. no era considerado como tal, sino todo lo contrario, sus películas eran tratadas como simples vehículos de entretenimiento que tenían como destino recaudar grandes sumas de dinero. Truffaut conoció a Hitchcock en 1954, pero no fue hasta abril de 1962 cuando le envío esta carta:
“Desde que soy director mi admiración hacia usted no ha disminuído un ápice; más bien al contrario, es cada vez mayor y ha cambiado de naturaleza. Hay muchos directores que aman el cine, pero lo que usted posee es un amor por el mismo celuloide y es de eso precisamente de lo que me gustaría hablarle. Desearía que me concediera una entrevista grabada que duraría unos ocho días, lo que ascendería a unas treinta horas de grabación. El objetivo sería destilar no una serie de artículos sino un libro completo que se publicaría simultáneamente en Nueva York y París, y probablemente después en todo el mundo.”
Hitchcock le respendió emocionado. Cuatro meses después, el 13 de agosto de 1962, el día que Hitchcock cumplía 63 años de edad y después de haber realizado 48 películas, en su despacho de los Estudios Universal, François Truffaut (un joven director de 30 años de edad, con tres películas realizadas y experiencia como critico durante más de 6 años) con la ayuda de Helen Scott, que actuará como intérprete, arrancó la conversación. Fueron 8 días intensos en un horario comprendido entre las 9 de la mañana hasta alas 6 de la tarde. El cineasta norteamericano Kent Jones (autor de libros sobre crítica, colaborador en la prestigiosa revista Film Comment, y socio de Scorsese en diversas películas documentales como Mi viaje a Italia o Una carta a Elia) se embarca en el proyecto de llevar a imágenes aquel encuentro entre Hitchcock y Truffaut. Le acompaña en el guion Serge Toubiana (ex director y redactor de Cahiers, director de la Cinémathèque francesa desde el 2003, y autor de la biografía de Truffaut, libro sobre Pialat y director de un documental sobre la figura del director francés). Dos hombres de cine experimentados para convertir en película todo el material que tenían: 500 preguntas registradas en 50 horas de grabación de la conversación, las páginas del libro, un buen puñado de fotografías, y los testimonios de cineastas de la talla de Scorsese, Fincher, Linklater, Assayas, Anderson, Gray, Desplechin, Kiyoshi Kurosawa, Peter Bogdanovich y Paul Schrader. El resultado es un fascinante documento sobre el cine y la construcción de las películas, un ensayo fílmico que va desgranando el inmenso trabajo autoral de Hitchcock, y las acertadas reflexiones de los directores contemporáneos que se emocionan relatando su indudable maestría para el cine, explicando con detalle algunas secuencias de sus películas, mientras se van alternando las imágenes.
Jones ha creado una película bellísima, un hermoso viaje a las inquietudes más profundas de un creador sin parangón en la historia del cine, un encuentro que revolucionó el cine y lo cambió para siempre, una lección de cine absorbente, de extaordinario valor cinematográfico, con el acompañamiento de una música que capta suavemente lo que se cuenta. Dos almas inquietas y profundas, amantes y apasionadas del cine mantienen una conversación fascinante llena de luz y sabiduría en el que desenmascaran todo el trabajo de Hitchcock, profundizando en los diversos apartados que son necesarios para elaborar una película. No se dejan nada, dialogan, intercambian opiniones, reflexionan, escarban y profundizan sobre la forma y el fondo cinematográfico sin descanso y con maravillosa entrega. Tiene el aroma de aquellas obras de investigación que tanto gustaban en los años 60 y 70. Un documento imprescindible sobre el amor al cine, y a la vida, sobre el hecho de hacer películas, y la pasión y el trabajo diario del cineasta y todo el equipo creador que le rodea. Cuando se publicó El cine según Hitchcock, en 1966, al que Truffaut bautizó como Hitchbook, su éxito fue inmediato, pronto se convirtió en un especie de biblia para todos los cineastas, un libro de consulta imprescindible para entender el cine, conmovió a todas aquellas personas que nos hemos ido acercando a lo largo de su medio siglo de existencia. La idea primigenia que tenía Truffaut de cambiar la idea que se tenía del cine de Hitchcock funcionó, aquellos detractores que tanto lo criticaban con dureza y sin razón, cambiaron su postura y empezaron a ver el cine de Alfred Hitchcock con otra mirada, más cercana a la realidad y no a los intereses y envidias personales.. La amistad de Hitchcock y Truffaut se mantuvo en el tiempo, hasta la muerte de Hitchcock en 1980, (Truffaut fallecería sólo cuatro años más tarde, con 52 años, víctima de un cáncer). Los dos cineastas se intercambiaban sus guiones, comentaban sus respectivos proyectos, y continuaron hablando de cine y de la vida, se hacían visitas a menudo. En 1979, cuando el American Film Institute homenajeó a Hitchcock, el director francés le dedicó estas palabras en directo ante millones de telespectadores:
“En América ustedes le respetan porque filma escenas de amor como si fueran asesinatos; nosotros le respetamos porque filma escenas de asesinato como si fueran escenas de amor.”
Encuentro con la directora Alba Sotorra, sobre su próxima película «Amazones», con la participación de Jordi Vàquez de KurdisCat – Còmite Català de Solidaridat amb Kurdistán. El evento tuvo lugar el lunes 7 de marzo de 2016, con el título «Dones protagonistas dels canvis socials», dentro del marco del Día Internacional de la Mujer, en la Biblioteca Sant Gervasi-Joan Maragall de Barcelona.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Alba Sotorra, por su tiempo, generosidad y cariño, a Jordi Vàzquez, por su participación y conocimiento, y a Laura Pla, de la Biblioteca y organizadora del evento, por su paciencia, amabilidad y simpatía.
El vigésimo primero largometraje del maravilloso y sublime Studio Ghibli retoma un viejo proyecto de hace más de medio siglo de la Tohei Animation, que se basa en un cuento popular llamado El cuento del cortador de Bambú. Isao Takahata (1935, Mie, Japón) cofundador junto a Hayao Miyazki de Ghibli, que creció en el Studio Tohei, y realizó su primera película en 1968, responsable de series de la talla de Lupin III, Heidi o Marco, y realizador de excelentes largometrajes como La tumba de las luciérnagas o Recuerdos del ayer, entre otras, es el responsable de llevar a imágenes la complejidad del espíritu del cuento. El cineasta nipón emprende, en su quinto trabajo como director, la aventura de adaptar un cuento tradicional sobre una heroína desdichada que viene de otro mundo. Las técnicas de animación y dibujo que utiliza Takahata y su equipo recuperan el estilo tradicional japonés Yamato-e de la pintura sobre pergamino, construyendo unas láminas de exultante belleza, trabajando una animación artesanal, muy alejada de las técnicas actuales, un dibujo hecho a mano, en el que predominan los blancos, trazado con carboncillo, y coloreado con acuarelas, en el que prima el detalle y la intimidad, deudor de la pintura impresionista de los Matisse o Monet, en las que consiguen impregnar un relato extraordinariamente poético, que nos envuelve de forma apabullante, hipnotizándonos por ese mundo rural donde crece esta niña que surge de un tallo de bambú.
El ambiente y agitación de los primeros años, y su rapidísimo crecimiento descubre a una niña diferente y dotada de un aura especial, una vitalidad asombrosa que contagia de forma sencilla y natural, en el que su vida se manifeiesta a través de los juegos con los demás niños, el descubrimiento maravilloso de ese mundo apasionante de la naturaleza, en el que luce el sol, la luna, los animales, las plantas, y todo el esplendor y belleza de la plasticidad con que Takahata nos lo cuenta, centrándose en el mínimo detalle, el gesto que acaricia los encuadres y planos, la brisa que suena, el movimiento de las ramas, la alegría del instante, y el trabajo diario en el bosque de bambús, y sobre todo, la luminosidad de esa vida feliz y cotidiana junto a sus padres adoptivos y sus amigos. Takahata consigue traspasar el alma de la protagonista, debidamente acompañada con la música abrumadora del gran Joe Isaishi (un habitual de Ghibili), una princesa Kaguya que debido a su irreparable destino, se traslada a la ciudad para convertirse en un miembro de la realeza, con una nueva educación, una institutriz que la sigue a sol y sombra, y rodeada de lujo y riqueza, y expuesta para encontrar esposo, el alma alegre y feliz del campo se convierte en un ser triste y desdichado en el palacio de la ciudad.
Takahata edifica su película desde el punto de vista de la niña, un ser condenado a su destino, a convertirse en quién no quiere, en la persona que no la hace feliz, dejando atrás aquella libertad y felicidad del tiempo en el campo rodeada de sus amigos. Takahata, fiel a sí mismo, y siguiendo la senda de las producciones Ghibli, no sumerge en una historia sobre una heroína triste y atrapada, en la que su existencia se vuelve contra ella, sumiéndola en una vida sin ilusión ni tiempo. Aquí, como ocurre con otras heroínas de la compañía, la niña Kaguya encontrará la manera de soportar su vida y se las ingeniará para sortear los envites que el deseo paternal les pone en su camino, con ese afán enfermizo para que encuentre marido y se case. La joven de exquisita belleza e indudable inteligencia sabrá batallar contra aquellos pretendientes que vienen a agasajarla con su orgullo y tesoros. El cuento de la princesa Kaguya se erige como otra muestra apabullante del trabajo del Studio Ghibli, una compañía que ha conseguido alimentar de sabiduría y generosidad el cine no sólo de animación, sino el cine en general, unas películas de extremada belleza, contadas con una magia envolvente que nos devuelve el cine de los pioneros, el cine en el que se primaba la emoción que exploraba las condiciones humanas desde una mirada poética.
Evento organizado por la Unión de Cineastas. Bajo el título «Del actor al personaje», intervienen Laura Jou (Coach y directora), Oriol Vila (Actor), Alberto de Toro (Montador) y Diego Dussuel (Director de fotografía). Presentados por la cineasta Mar Coll, y moderados por Gonzalo de Lucas. El encuentro tuvo lugar el martes 16 de febrero de 2016, en el Cine Zumzeig, en Barcelona.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Laura Jou, Oriol Vila, Alberto de Toro y Diego Dussuel, por su tiempo, generosidad y simpatía, al equipo de Unión de Cineastas, en especial a Mar Coll y Cristina Silvestre, por su paciencia, amabilidad y cariño, y al Cine Zumzeig, por apoyar la causa y dar visibilidad a este tipo de eventos.
Evento organizado por la Unión de Cineastas. «Pensar la película que no existe», con el cineasta Javier Rebollo, que nos cuenta su película-proyecto «La cerillera». El encuentro tuvo lugar el martes 2 de febrero de 2015, en el Cine Zumzeig, en Barcelona.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Javier Rebollo, por su tiempo, generosidad y simpatía, al equipo de Unión de Cineastas, en especial a Mar Coll y Cristina Silvestre, por su paciencia, amabilidad y cariño, y al Cine Zumzeig, por apoyar esta causa resistente y romántica, y sobre todo, dar visibilidad a este tipo de eventos.
Encuentro con José Luis Guerín, director de «La academia de las musas», con motivo de la proyección de clausura de l’Alternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona. El evento tuvo lugar el domingo 22 de noviembre de 2015, en la Filmoteca de Cataluña.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a José Luis Guerín, por su tiempo, conocimiento y generosidad, al equipo de l’Alternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona, por su trabajo, resistencia y cariño, y a Octaví Martí y Pilar García de Comunicación de la Filmoteca, por su paciencia y amabilidad.
Encuentro con el actor Antonio Banderas, con motivo de la presentación de las proyecciones de las películas nominadas a los premios Goya y Gaudí en la Filmoteca de Catalunya, con la participación de Esteve Riambau, director de la Filmoteca, Edmon Roch, Vicepresidente de la Academia de Cine Español, e Isona Passola, Presidenta de la Acadèmia de Cinema Català. El evento tuvo lugar el jueves 12 de noviembre de 2016, en la Filmoteca de Cataluña.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Antonio Banderas, Esteve Riambau, Edmon Roch e Isona Passola, por su tiempo, conocimiento y sabiduría, y a Pilar García de Comunicación de la Filmoteca, por su paciencia, amabilidad y cariño.
Entrevista a Luis Aller, director de «Transeúntes». El encuentro tuvo lugar el lunes 25 de enero de 2015, en la Escuela de cine Bande à Part de Barcelona.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Luis Aller, por su tiempo, generosidad y afecto, a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su amabilidad, paciencia y cariño, y a Nuria Polo de la productora El Dedo en el OJo, por su atención y simpatía.
“Quan hi ha un retrat, aquest ja ho explica tot, no cal ficar-hi tanta literatura ni tantes fotos anecdòtiques. Un retrat resol el tema. Jo no ho oblido mai. Et vas carregant la motxilla de la memoria”.
Colita
Ventura Pons (1945, Barcelona) dirigió más de 20 obras de teatro antes de debutar en el cine con Ocaña, retrat intermitent (1977), un documento sobre José Pérez Ocaña, un pintor andaluz, homosexual, transformista y anarquista, de vida transgresora y provocadora, que se convirtió en un icono de Las Ramblas de Barcelona de finales de los 70. Le siguieron 6 comedias, unas más locas y otras más negras, que hizo entre los años 1981 y 1993, con la colaboración del guionista Joan Barbero. En 1994, cambia de rumbo y toma otro camino, y empieza a adaptar novelas y textos teatrales de autores de prestigio como Monzó, Benet i Jornet, Belbel, Torrent o Baulenas, entre otros, llevándole a un nivel de producción de ritmo vertiginoso, estrenando una película casi cada año, realizando títulos de calidad como Actrius, Amic/Amat, Amor idiota, Forasters, Mil cretins, etc…
Ahora, vuelve al documento, en su película número 27 de su carrera, como su estreno en el cine, similar a los trabajos de El gran Gato (2002), sobre la vida del emblemático músico, o Ignasi M. (2013), donde relataba la crisis personal y laboral del prestigioso museólogo. Su mirada se centra en Isabel Steva Hernández, más conocida como “Colita”, figura esencial de la fotografía moderna del siglo XX. Como hiciese en Ocaña, la película de Pons se desarrolla en casa de la fotógrafa, en el jardín, rodeada de sus amigas, confidentes y compañeras de fatigas más íntimas. Tenemos a Teresa Gimpera, Maruja Torres, Pilar Aymerich, Rosa Regàs, Núria Feliu, Beatriz De Moura, Anna Maio, Rosa Sender y Marta Tatjer. Todas ellas, igual que la anfitriona, artistas o mujeres vinculadas al mundo de la bohemia. Se arrancan a comentar su no al premio nacional de fotografía, para luego adentrarse en los años alegres y convulsos de los 60 y 70, en plena dictadura franquista, en un país consumido por el fascismo y el oscurantismo, donde todo lo moderno, transgresor y divertido se prohibía tajantemente.
Divida por 9 capítulos, que se abren con el material gráfico de Colita, retratos de aquellos amigos que posaron para ella, y sigue con las conversaciones que recuerdan aquellos instantes, en este encuentro de mujeres donde hablan y ríen, de los retratos de Colita y su arte, recuerdan a los que ya no están, los viajes que hicieron, las risas y la diversión que compartían, los franquistas que las acechaban, las noches sin fin en Bocaccio, las borracheras que nunca terminaban, los actos en contra de Franco, el reportaje del funeral del dictador, los hombres que amaron y los amantes que dejaron en el camino, los cineastas, la literatura, los músicos, y demás artistas que conocieron, la miseria y la suciedad el barrio chino, aquellos cantantes y transformistas que paseaban su glamour nocturno, las putas de toda la vida, la Gauche Divine, los Moix, y aquella Barcelona convulsa, agitada, política, artística, transgresora, represiva y sobre todo, las conversaciones giran en torno a la memoria de un tiempo vivido, un tiempo que dejó buenos y malos recuerdos, pero también, situaciones y momentos divertidos. Estas viejas damas indignas, como se autodefinen Maruja Torres, mujeres modernas, alejadas de las vidas de sus madres, y libres en su interior. Mujeres que recuerdan lo que fueron, lo que hicieron y el tiempo donde había flores en las calles, pero también pistolas en el cinto. Tiempos oscuros, pero también tiempos para compartir, vivir, y hacer fotografías que registraban todo aquello que sucedía, o al menos parte de lo que sucedió. Ventura Pons ha hecho un filme valioso, un documento sobre la memoria de un tiempo que se vivió en plena agitación artística de un grupo de hombres y mujeres que abrieron rendijas de luz y color durante un régimen que oscurecía y mataba todo aquello que iba en su contra. Mujeres valientes, mujeres libres y sobre todo, Colita, una mujer adelantada a aquel tiempo de “un país pobre, trist i desgraciat”, como anuncia la narradora Rosa María Sardà, donde Colita emergió con su mirada para registrar, en blanco y negro, fragmentos de vidas, y sus miradas y gestos, que testimonió de forma sencilla, elegante y maravillosa.