Entrevista a Paulino Viota

Entrevista al cineasta Paulino Viota, con motivo de la retrospectiva y Carta Blanca que le dedica la Filmoteca de Catalunya, en su habitación del Hotel Barceló Raval en Barcelona, el miércoles 2 de octubre de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Paulino Viota, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Jordi Martínez de comunicación de Filmoteca, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Carlotto Rose y Alex Kumar

Entrevista a Carlotto Rose y Alex Kumar, directores de la película «Malditos», en el domicilio de uno de los directores en Barcelona, el miércoles 18 de junio de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Carlotto Rose y Alex Kumar, por su tiempo, sabiduría, cercanía y generosidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Una película inacabada, de Lou Ye

LOS REFLEJOS DE LA REALIDAD. 

“Siempre he preferido el reflejo de la vida a la vida misma”. 

François Truffaut

Hace cinco años descubrimos palabras que se convirtieron en nuestra cotidianidad más inmediata. Coronavirus, pandemia, estado de alarma, confinamiento y nueva normalidad, por citar algunos de aquellos términos que se apropiaron del planeta y por ende, de nuestro lenguaje. Inmediatamente, muchos cineastas se lanzaron a filmar el presente, con las calles desiertas, los hospitales llenos de contagiados y el miedo, la inquietud y la inseguridad se apoderaron de todo y todos. Aunque, ciertamente, muchas de aquellas películas resultantes se aproximaban más a reportajes televisivos que documentan unos hechos que ocurrieron en tiempo presente y a gran velocidad. Ha tenido que transcurrir el tiempo necesario para que podamos mirar la pandemia mundial desde la profundidad y la investigación pertinentes para que seamos conscientes de lo que sucedió y cómo nos sentimos y sobre todo, cómo grabamos lo que ocurría con nuestros móviles, herramientas que se convirtieron en el arma que luchamos contra la soledad, el aislamiento y la incertidumbre que vivimos. 

El cineasta Lou Ye (Shanghái, China, 1965), al que conocemos por la magnífica Suzhou River (2000), que distribuyó hace un par de años Atalante, y ahora podéis ver en la imperdible Filmin. El director autor de 10 películas se pone detrás de la cámara para contarnos en Una película inacabada (sintomático título que no sólo define el espíritu de la película sino del propio cine), a partir de un cineasta Xiaouri que, después de reencontrarse con unas imágenes de una película que no pudo terminar en julio de 2019, que pertenecen a secuencias descartadas de películas del propio Lou Ye, en una escena que actúa como prólogo rodada a modo documental. La siguiente secuencia es el 20 de enero de 2020 con la película a punto de terminar su rodaje y estallan los primeros síntomas del coronavirus y el equipo queda confinado en el hotel/set de rodaje. A partir de ese momento, el relato se centra en Jiang Cheng, uno de los actores principales que recluido en su habitación filma con su móvil la calle y mantiene videollamadas con su mujer Sang Qi y su bebé de 1 mes, y con el resto del equipo. La película se mueve en una suerte de hibridez donde la ficción y el documento y lo digital se va colando en las existencias de los personajes, sometidos a un bucle de imágenes de aquí y allá y en un no tiempo de incertidumbre, tensión y miedo. 

Lou Ye se rodea de un equipo conocido como la coguionista y coproducotra Yingli Ma, con la que trabajó en Summer Palace (2000), y Saturday Fiction (2019), el cinematógrafo Zeng Yian, con seis películas juntos, y otros como el montador Tian Jiaming, el diseñador de producción Zhong Cheng, el diseñador de vestuario Yang Yang, el productor Philippe Bober, que se interpretan a sí mismos en una suerte excelente de vida y cine, o lo que es lo mismo, la realidad más inmediata y la ficción en un caleidoscópico infinito donde todo se mezcla construyendo una historia que recoge con profundidad, audacia y reflexión todos los primeros momentos de la catástrofe que empezamos a descubrir. Otro de los grandes aciertos de la película es su tono porque no se encuadra en nada en concreto sino que va mutando a medida que avanzan los acontecimientos, empezando por una comedia ligera pasando por un rodaje donde la cámara se desliza sin descanso con un vaivén maravilloso, pasando por el cine de género al más puro terror donde el apocalipsis doméstico y amenazante siempre queda presente, y muchas cosas más, sin tomar una línea continua, sino que la cosa se fusiona generando un gazpacho inteligente y muy interesante. 

El citado protagonista que hace Qin Hao que ha hecho 3 películas con Lou Ye, amén de haber trabajado con directores de la talla Wang Xiaoshuai y Chen Kaige y ser un actor muy popular por sus series, acompañado de Qi Xi, que ya coprotagonizó Quin Hao Mistery (2021), de Loy Ye, el director que hace Mao Xiaouri y Huang Xuan que estuvo en Bling Message (2014), de Ye con el mencionado Qin Hao, que también ha trabajado con Kaige, y con Zhang Yimou, entre otras. Una cinta como Una película inacabada no sólo recoge con precisión quirúrgica el miedo y la angustia de aquellos primeros día de finales de enero de 2020 cuando todo estalló, sino que observa de forma penetrante y reflexiva como las pantallas digitales se han convertido en un medio imprescindible de aquel tiempo y de nuestras vidas en un incesante de grabaciones y videos cortos en que la película de Lou Ye transforma en la película en diferentes tipos de lenguaje y texturas y formas que van apoderándose de la narración y de la forma, en un continuo universo paralelo donde la realidad tan confusa, alejada e invisible se iba transformando en un bombardeo de imágenes incesantes capturadas por uno mismo y subidas a las redes sociales, en que la realidad ya deja de ser cómo la entendíamos y pasa a ser otra cosa, al igual que nosotros, ya que todas esa producción de imágenes van reelaborando nuestra relación con la realidad como la entendíamos y nos conduce a reflexionar sobre cómo nos relacionamos con las imágenes actualmente y en ese universo “paralelo” digital que cada día es menos digital y más real. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Encuentro con Georges Didi-Huberman

Encuentro con el filósofo y cineasta Georges Didi-Huberman, con motivo de la presentación de las exposiciones «En el aire conmovido. Imagen-Emoción-Utopía», en el Centre de Cultura Contemporánea de Barcelona y «Geroges Didi-Huberman. Al taller del filòsof» en la Filmoteca de Catalunya, con la presencia del protagonista, acompañado de Judit Carrera, directora del CCCB, Manuel Segade, director del Museo Nacional de Centro de Arte Reina Sofia, Pablo La Parra Pérez, director Filmoteca y Lucía Montes Sánchez, comisaria expo Filmoteca, en la Sala Mirador del CCCB en Barcelona, el miércoles 7 de mayo de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Georges Didi-Huberman y todos los presentes, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Jordi Martínez de comunicación de Filmoteca, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Encuentro con Tsai Ming-Liang

Encuentro con el cineasta Tsai Ming-Liang, con motivo de la retrospectiva que le dedica la Filmoteca de Catalunya, con la presencia del actor Lee Kang-Sheng, el director de la Filmoteca, Pablo La Parra Pérez, y el representante en funciones de la Oficina Económica y Cultural de Taipéi en España, Francisco Chang, en la Sala Laya de la citada institución, en Barcelona, el miércoles 4 de junio de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Tsai Ming-Liang, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Jordi Martínez de comunicación de Filmoteca, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Ferzan Özpetek

Entrevista a Ferzan Özpetek, director de la película «Diamanti», en el marco del BCN Film Festival, en el Hotel Casa Fuster en Barcelona, el sábado 26 de abril de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ferzan Özpetek, por su tiempo, sabiduría, generosidad, a Alba Sala, por su gran labor como intérprete, y a Miguel de Ribot de A Contracorriente Films, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Diamanti, de Ferzan Özpetek

LA SARTORIA CANOVA ABRE SUS PUERTAS.  

“El cine nunca es arte. Es un trabajo de artesanía, de primer orden a veces, de segundo o tercero lo más”. 

Luchino Visconti 

Hubo un tiempo que el cine italiano, de la mano del gran Luchino Visconti (1906-1976), se convirtió en una de las cinematografías más importantes en el apartado de vestuario, porque de la mano del magnífico diseñador Pietro Tosi (1927-2019), erigió ese departamento en uno de los más sofisticados y elegantes, dotando a la ropa un significado muy especial, no visto hasta ese momento. Películas como El gatopardo (1963), La caída de los dioses (1969), Muerte en Venecia (1971) y Ludwig (1972), entre otras. Un cine y una época ya desaparecida. Un cine y una época que el director Ferzan Özpetek (Fenerbahçe, Turquía, 1959), que cuando empezó trabajando como ayudante de directores como Massimo Troisi conoció la sastrería donde trabajaba el citado Tosi. En Diamanti, su película número 14 mira aquel pasado y construye un gran homenaje a aquella sastrería, ahora llamada como “Sartoria Canova”, donde hacen los trajes para el cine. 

A partir de un guion de Elisa Casseri, Carlotta Corradi (que trabajó con Özpetek en a serie Los ángeles ignorantes), y el propio director, nos sitúan en la mencionada sastrería que capitanea la temperamental y recta Alberta, que aprendió el oficio en París al lado del gran Balenciaga, y la reservada y apocada Gabriella, que arrastra la pena de su hija fallecida. Con el fabuloso prólogo en que, el propio director turco nacionalizado italiano, convoca a sus actrices a una comida y les explica la película que estamos a punto de ver. Cine y realidad, o más bien, cine dentro del cine, donde el cine registra la vida o viceversa, quién sabe. En la sastrería conocemos al resto de empleadas, todas mujeres, con sus conflictos personales y secretos inconfesables. Estamos ante una película que evoca un tiempo y una forma de hacer cine ya desaparecida. La película convoca un tiempo pasado, o lo que es lo mismo, nos sitúa en una recreación o en sueño, en un año como el 1973, con los encargados de alguna película de Visconti. El relato va por dos caminos. En uno, nos envuelven en la magia del cine, en la dificultad de encontrar el traje que se acomode al personaje, y por ende, a la actriz. Por el otro, vamos conociendo la intimidad de las empleadas, en sus hogares, sus situaciones personales, algunas muy duras. 

Özpetek construye una película llena de detalles, en que se respira el aroma de las películas de época del mencionado Visconti, donde cada objeto y color estaba muy pensado. Una cuidadosa cinematografía que firma Gian Filippo Corticelli, con el que ha hecho 8 películas, en que la cámara se mueve de manera elegante por las diferentes habitaciones de la doble planta de la sastrería, en unos deslizantes planos secuencia donde prima el movimiento y la belleza de los colores del espacio. Muy trabajados los departamentos de arte de Silvia Colafranceschi y vestuario de Sefano Ciammitti, así como la música del dúo Giuliano Taviani y Carmelo Travia, que ya trabajaron en varias películas de los Taviani. El montaje de Pietro Morana, otro gran cómplice del director de Hamam, el baño turco, con el que ha trabajado cuatro cintas, en un gran trabajo nada sencillo ya que la película se va a los 135 minutos de metraje, pero en ningún instante se apaga su luminosidad y ajetreo, tanto en el interior de la sastrería, con sus problemas y tejemanejes, y en el exterior de la misma, donde cada una de las mujeres vive su realidad cómo puede, en una sociedad donde todavía las mujeres debían luchar el doble para ser reconocidas y sobre todo, lidiar con unos conflictos que no resultaban muy complejos. 

Si el cine del director de La ventana de enfrente destaca es por su gran trabajo con el elenco de sus películas. En Diamanti recluta para la causa a alguna de sus actrices cómplices como Luisa Ranieri como Alberta, la voz cantante con su peculiar oscuridad en París, ya lo verán. La fascinante Jasmine Trinca hace de Gabriella, una alma rota y ausente que lleva su pena como puede. Y las sastras: Geppi Cucciari, Nicole Griamudo, Loredana Cannata, MIlena Mancini, Anna Ferzetti, Lunetta Savino, Aurora Giovinazzo, y más, la nerviosa diseñadora Vanessa Scalera, la mamá Mara Venier Silvana, las “actrices” Kasia Smutniak y Carla Signoris, y algún que otro hombre, como el director Stefano Accorsi, y otros. Un plantel que interpreta con naturalidad que consigue transmitir toda esa comunidad femenina que, gracias a la compañía y la solidaridad, construyen una familia que aborda con valentía y coraje las vicisitudes y demás oscuridades que deben afrontar en la Italia setentera. La película tiene esa dosis de realidad, tan dura y compleja, aunque lo que transmite es esa luz mágica que tenía el cine de entonces, donde cada traje era una obra de arte muy especial e importante, donde cada detalle era fundamental, en que cada pliegue y cada costura tenía su razón de ser. Un lugar donde los sueños se materializan, donde el trabajo, la magia y la fantasía hacían su labor. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Vicenç Altaió

Entrevista a Vicenç Altaió, protagonista de la película «Biblioteca de Pedra Seca», de Joan Vall Karsunke, en el domicilio de Vicenç Altaió en Barcelona, el lunes 30 de junio de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Vicenç Altaió, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Joan Vall Karsunke, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Bauryna salu, de Askhat Kuchinchirekov

EL NIÑO NO QUERIDO. 

“A los niños, antes de enseñarles a leer, hay que ayudarles a aprender lo que es el amor y la verdad”. 

Mahatma Gandhi 

Los amantes del cine recordamos a muchos niños no queridos en ese momento de la vida en la que dejan de ser niños para convertirse en adultos. Un duro tránsito que ha dado grandes películas como Los 400 golpes (1959), de François Truffaut, La infancia de Iván (1962), de Andrei Tarkovski y Ven y mira (1985), de Elem Klimov. Los Antoine Doinel, Iván y Flyora Gaishun son sólo algunos imponentes ejemplos de niños sometidos a la falta de amor y solitarios en un mundo demasiado complejo para entender y mucho menos, ser uno más. Yersultan, el joven protagonista de Bauryna salu, es uno más de esa infancia violentada y aislada, ya que sus padres donan cuando fue un bebé a su abuela siguiendo una tradición nómada que da título a la película, y una vez, la abuela fallece, el niño con 12 años debe volver con su familia, la que es totalmente desconocida, extraña y alejada a lo que es y no logra ser uno más. 

La ópera prima de Askhat Kuchinchirekov (Almaty, Kazajistán, 1982), después de quince años (2004-2019), como ayudante de Sergey Dvortsevoy, el cineasta más prestigioso y conocido del citado país ex-república soviética, amén de actor de un par de sus largometrajes Tulpan (2008) y Ayka (2019). Su película podemos verla como un retrato tanto etnográfico como antropológico de la zona de Kazajistán que retrata donde los individuos se dedican a recoger sal, como hace el joven protagonista en el brutal arranque de la historia, a la ganadería, a la doma de caballos y demás agricultura. La primera mitad de la película la cinta bordea tanto la ficción como el documental, yendo de un lado a otro con una naturalidad asombrosa y nada impostado. En el segundo segmento la cosa se desvía más en la no adaptación de Yersultan, oprimido en un espacio del que se siente extraño y permanentemente excluido, luchando para ser uno más de la familia, pero sus acciones resultan muy infructuosas. La potente mirada del chaval, acompañado por sus leves gestos, siempre oculto de los demás y mirando desde la distancia, ayudan a potenciar ese mundo emocional interior donde no se siente ni querido ni uno más de ese lugar ni de esa familia. 

El cineasta kazajo impone un ritmo cadencioso y reposado, donde las cosas van sucediendo sin prisas ni estridencias, con una sobriedad y contención que tiende más a establecer esos puentes emocionales construidos a partir de pocas evidencias. La cinematografía de Zhanrbek Yeleubek, donde la cámara fija se mezcla con planos secuencias donde se sigue a los diferentes personajes, en el que queda patente la transparencia que da sentido a todo lo que se está contando. La música de Murat Makhan, que apenas se escucha, también hace lo posible para sumergirnos en esa cercanía e intimidad que ayuda a captar todos los detalles y matices de la película, al igual que el montaje de Begaly Shibikeev, en un trabajo que no parecía nada fácil, con sus 113 minutos de metraje, en el que todo va ocurriendo de forma lenta, sin caer en la desesperación, ni  mucho menos, al contrario, es una historia muy física, en el que constantemente no paran de suceder situaciones y los personajes están activos en sus menesteres cotidianos. Unos personajes que hablan poco o casi nada, y están completamente conectados con su tierra, su espacio y su trabajo. 

Suele pasar que cuando hablamos de películas que pertenecen a cinematografías que conocemos muy poco, nos resulta casi imposible conocer a sus intérpretes que, en ocasiones, muchos de ellos son naturales, como ocurre en esta cinta. Tenemos al inolvidable Yersultan Yermanov que da vida al protagonista que, con una mirada que traspasa la pantalla, y una cabeza agazapada siempre en sus pensamientos y en su falta de amor, acaben siendo la clave de la película, siendo una gran elección su presencia, ya que se convierte en un niño que pasa de la infancia a la adultez lleno de miedos, inseguridades y demás oscuridades. No podemos dejar de mencionar a los otros intérpretes como Bigaisha Salkynova, Aidos Auesbayev, Dinara Shymyrbaeva. Resultaría una gran pérdida que, ante la maraña de estrenos que suelen copar cada semana las carteleras, el público dejará pasar una película como Bauryna Salu, de Askhat Kuchinchirekov, ya que nos habla de formas de vida y trabajo de las zonas rurales del desconocido Kazajistán, y también, se acerca a ese momento existencial que todos hemos pasado, cuando la vida que, hasta entonces estaba llena de cielos despejados y tierra fresca y aguas tranquilas, amén de amistades irrompibles, se torna diferente, donde la vida se vuelve más oscura, menos divertida y sobre todo, más seria y menos divertida. Un tiempo en el que necesitamos todo el amor y la verdad del mundo. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA