Historias del buen valle, de José Luis Guerin

LOS QUE HABITAN LA PERIFERIA. 

“Mis películas son una celebración de la realidad, de la vida, de mis amigos, de la vida cotidiana que pasa y mañana desaparece y no le prestamos atención cuando sucede”. 

Jonas Mekas

Ha pasado un cuarto de siglo desde que vimos En construcción, en la que José Luis Guerin (Barcelona, 1960), situaba su mirada-cámara en las entrañas del barrio Raval de Barcelona mientras sufría su mayor cambio urbanístico de su historia. A través de las historias más mínimas y cotidianas de sus gentes descubrimos el espacio humano más invisible, el que se instala en los márgenes, y sobre todo, el olvidado. Su película no sólo hablaba de una urbe en constante psicosis de construcción y cambio, sino en una forma de hacer y deshacer donde los ciudadanos importan poco o nada. A partir de un encargo del Macba bajo el título de “Una ciudad escondida bajo la niebla”, el cineasta barcelonés despachó una pieza en blanco y negro y muda, con música, filmada en super 8 sobre otro barrio, el de Vallbona, en el distrito de Nou Barris, seguramente el barrio más aislado, periférico y olvidado de la ciudad. Algunas imágenes de la pieza y varios testimonios nos dan la bienvenida a la película del título fordiano Historias del buen valle, donde el cineasta menciona su “Work in Progress”, una película en continuo movimiento, tanto físico como emocional. 

El cine es un arte de la subjetividad y la fragmentación, y Guerin sigue esas premisas desde el más absoluto respeto de aquello que tiene delante y primero, lo mira, más tarde, habla con sus habitantes, y posteriormente, lo filma desde la lejanía, acercándose desde el cuidado, desde la honestidad y sobre todo, sin pretender que olvidemos la mirada del cineasta, el forastero que llega para retratar un lugar y sobre todo, retratarse a sí mismo. A partir de la cinematografía de Alicia Almiñana construye una fragmentación totalmente cuidadosa y muy trabajada, en la que cada encuadre y plano obedece a una extensión del que observa, del que mira, de una curiosidad infinita, donde lo que importa no es lo que sucede, sino la carga de memoria que hay en cada mirada, gesto y palabra. Vemos un barrio a trozos, como una especie de caleidoscopio en que lo más local y cotidiano se confunde con aquello más complejo e inherente en cada uno de los habitantes que nos vamos encontrando. Una película que sabe recoger con paciencia y sin prisas, situándonos a los espectadores en una especie de tempo donde todo va mucho más tranquilo, un espacio apartado de todo y todos, rodeado de “enemigos” como las infinitas estructuras del mal llamado progreso que no cesa en su psicosis de construir carreteras y vías férreas que van consumiendo el espacio del barrio y aislando aún más, amén del canal-río que lo vertebra. 

Guerin sabe que el foco nunca está en la primera vista, sino que hay que observar con más profundidad para que aquello más oculto y difícil se revele, porque el tiempo presente del cine escarbe lo que sucede y cómo, ahí aparecen los más ancianos del lugar testimoniando el barrio de antes, sus costumbres y sus historias, venidos del sur del país, y los de ahora, venidos de muchos países como India, Marruecos, Ecuador, Portugal, Ucrania y demás, recogiendo su historia de inmigración, de refugio, de vida y de conflictos. Los habitantes-personajes hablan de frente, de todas las edades y procedencias, como le hablasen a un amigo, como atestiguan los tres años de proceso de filmación, y lo hacen emocionados amontonando recuerdos, vivencias y demás. La película capta con mucha naturalidad y transparencia todas las escenas que se van produciendo: las diferentes reuniones a la vera del bar mientras hablan de lo suyo, mientras cantan los gitanos y portugueses las rumbas y melodías que describen sus existencias, amores, sus frustraciones y tristezas. Las reuniones en el canal usado como baño municipal, donde la música, la alegría y las risas forman parte, así como las realidades de cada uno. Una arquitectura que se mueve entre lo urbano y lo rural, fragmentos de vida y verdad que se van intercalando con diferentes espacios del barrio y sus alrededores, con el omnipresente sonido del tren que lo circunda, y la excelente y concisa música de Anahit Simonian, que nos remite a lo más puro de la imagen.  

Una película que, entre otras muchas más cosas, viene a documentar un barrio que jamás había sido filmado, reflejo de su olvido por su condición de espacio para desheredados. Guerin rompe esa condición maldita a la que el barrio y sus habitantes han sido relegados, y cómo sucede en su cine, su cámara está para escucharlos y filmarlos para dejar su testimonio y dar validez y sobre todo, dotar la importancia que se merece como individuo en que el cine le devuelve la dignidad y la humanidad arrebatada. Uno de los personajes mayores del lugar, le menciona al cineasta: “Que la película sobre Vallbona podría ser un western”. Si que hay de eso en la cinta, y mucho más, porque la imágenes filmadas viajan por muchos lugares: la ficción, el documento, lo social, y lo humanista, donde los diferentes humanos y sociales van emergiendo de forma natural, sin pretender ni ajustar nada, tomándose el tiempo necesario para que los rostros y sus testimonios se sientan importantes y se expresen con transparencia a través de la cámara que los filma. La acumulación de personas, historias y vidas de antes y ahora están sumamente cuidadas y respetadas y funcionan con ese tempo cinematográfico donde la mirada y la palabra escenifican lo universal del relato, porque cada retrato es mucho más de lo que vemos, atrapando su esencia más profunda y sensible.  

Guerin construye un relato que se alimenta del cine en su más pura esencia y ornamento, en que el cine mudo, ya presente en su fantástico prólogo, va apareciendo remitiéndose a aquellos maestros como Flaherty, Renoir, Murnau y Grierson, y cómo no, sus anteriores trabajos, como esas fantasmagorías que construyen a los ausentes en relación con los presentes que ya estaba en la mítica Tren de sombras (1997), y esos encuadres que van delimitando las diferentes personas, espacios y edificios que ya vimos en Inisfree (1999) y Guest (2010) y sus celebradas piezas como Le Saphir de Saint-Louis (2015) y De una isla (2019), entre otros. Un prodigio y conciso montaje del propio Guerin, muy trabajado y elegante, que nada está al azar, como ese tramo final, donde el cine se eleva a cotas que muy pocos cineastas pueden conseguir, que nos hace viajar por cualquier tiempo, espacio, memoria, presente y demás, y cómo no, todos los presentes y fantasmas que habitan en cada espacio y en nuestro interior en los 122 minutos de metraje que nos devuelven el cine de verdad, aquel que mira, que observa, que filma y sobre todo, que cuenta y se cuenta con lo más mínimo, la materia física y sobre todo, invisible que está llena de emoción y de vida. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Juan Palacios

Entrevista a Juan Palacios, directora de la película «Meseta», en el marco de L’Alternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona, en el Parc de les Aigües en Barcelona, el viernes 29 de noviembre de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Juan Palacios, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Óscar Fernández Orengo, por su retratarnos de forma tan maravillosa. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Samuel Alarcón

Entrevista a Samuel Alarcón, director de la película «El género chico» y «Déjame hablar», en el marco de L’Alternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona, en el hall del Teatre CCCB en Barcelona, el sábado 16 de noviembre de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Samuel Alarcón, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y al equipo de L’Alternativa, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Concha Barquero y Alejandro Alvarado

Entrevista a Concha Barquero y Alejandro Alvarado, directores de la película «Caja de resistencia», en el marco de L’Alternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona, en el hall del Teatre CCCB en Barcelona, el sábado 16 de noviembre de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Concha Barquero y Alejandro Alvarado, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y al equipo de comunicación de L’Alternativa, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Pablo Lago Dantas

Entrevista a Pablo Lago Dantas, director de la película «O auto das ánimas», en su alojamiento en Barcelona, el miércoles 15 de mayo de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pablo Lago Dantas, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Óscar Fernández Orengo, por retratarnos de forma tan maravillosa. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Raúl Alaejos

Entrevista a Raúl Alaejos, director de la película «Objeto de estudio», en el marco de L’Alternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona, en la terraza del Hostal Cèntric en Barcelona, el viernes 22 de noviembre de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Raúl Alaejos, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y al equipo de comunicación de L’Alternativa, y a David Varela de Muak Distribución, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Objeto de estudio, de Raúl Alaejos

¿CÓMO SE FILMA AL OTRO?. 

“No creo que haya ninguna frontera entre la ciencia y el arte. Todas las películas de ficción que he hecho siempre trataban el mismo tema: el descubrimiento del “Otro”, la exploración de la diferencia”. 

Jean Rouch

Las primeras secuencias de una película resultan muy reveladoras y trazan el camino a seguir. en Objeto de estudio, de Raúl Alaejos (León, 1978), la primera imagen es un meteorito expuesto en el que alguien golpea y emite sonidos, le sigue un inuit descendiente del explorador Robert Peary que se erigió como el primer hombre en llegar al Polo Norte en 1909 junto a su ayudante Matthew Henson, que tuvieron hijos con mujeres inuit pensando que crearían una combinación perfecta. La tercera imagen nos lleva al interior de una iglesia e inmediatamente después, el público congregado sale del lugar y la cámara los filma desde fuera. Una imagen que nos remite al cine, a la primera secuencia de la historia del cine español. La idea de Alaejos era seguir, un siglo después, la pista de los descendientes de los exploradores y plantearse algunas cuestiones: ¿Cómo filmamos al otro?. ¿Cómo filmamos el paisaje del otro sin caer en la visión romanizada de la naturaleza y lo salvaje?. Preguntas que le surgieron mientras trabajaba para una campaña de concienciación para Greenpeace en la zona. 

No es la primera vez que el cineasta leonés ya había trabajado en una anterior pieza “polar, en Elegy for the Arctic, situada en el archipiélago noruego en la que el pianista Ludovico Einaudi interpreta sobre una plataforma flotante mientras el hielo se va cayendo a su lado. En Objeto de estudio, la película no sólo muestra el bruto, es decir, los problemas que se generan a la hora de filmar al otro y su paisaje, construyendo un profundo y honesto ensayo fílmico donde todo se cuestiona y además, se interpela constantemente al espectador, que no se le arrincona como un simple observador, se le obliga a mirar y sobre todo, a hacerse preguntas como se les hace el propio cineasta. La torpeza de las imágenes se erigen como la mejor muestra de esa incesante búsqueda de cómo situar la cámara y a qué distancia, como ocurre en muchos momentos de la película, y ese continuo juego de cine en el que los planos y encuadres no remiten a una construcción dramática ni nada parecido, sino a un espejo-reflejo de aquello filmado y aquello oculto, lo que queda en off, tan importante como lo visible. Un ejercicio constante de cine y no cine, de exploración cinematográfica y de dudas, caminos abiertos y no encontrados y sobre todo, de filmar y ser filmado. 

Las poblaciones de Qaanaaq y Siorapaluq en Groenlandia sirven de escenario, con la compañía del explorador Hilo Moreno, la asistencia en el montaje y el distribuidor y también, cineasta David Varela, el sonido de Rafael Martínez del Pozo, y la cinematografía y montaje del propio Raúl Alaejos en un documento que va más allá de la estructura convencional de una película, acercándose al cine de Flaherty, en que todo cine es construcción y apropiación, y en realidad no filmamos a otros sino a nosotros, al cine del citado Rouch, en que el cine etnográfico sólo es un vehículo para mostrar las carencias, dificultades y prejuicios que tenemos en el momento de encontrarnos con los otros y sobre todo, filmarlos. El cine de Alaejos tiene una relación especial con las películas de Elías León Siminiani y concretamente con Mapa (2012), en el que el director cántabro se pregunta constantemente muchas de las cuestiones que también se plantea Alaejos, en documentos que sólo nos intentan contar una experiencia personal, sino que también, visibilizan todas las dudas y miedos en construir un cine que tiene mucho que ver con el otro, y sobre todo, con nuestra mirada como cineastas y como personas occidentales que se acercan a mirar al otro, tan alejado y diferente, con nuestros convencionalismos y superioridad occidental.   

El director Raúl Alaejos introduce las dosis de humor que evidencian que, ante la imposibilidad de filmar al otro, siempre nos queda reírnos de nosotros y de lo que tenemos a nuestro alrededor, y sobre todo, jugar con el dispositivo cinematográfico, ya desde su sintomático título, para que el retrato que hagamos sea divertido y muy irónico, donde lo que tenemos delante no sólo sea un espacio donde impongamos nuestra mirada, sino que sea un campo de exploración infinita donde cada imagen y el sonido o no que lo envuelve, sea siempre una decisión no solamente técnica, sino que también sea una actitud honesta y humana hacia el/lo filmado. Hay momentos jugosos y tronchantes, porque sin ser señalador, la película dispara en una dirección concreta, como ese maravilloso instante que remite a Nanook of the North (1922), del mencionado Flaherty, y cómo se filma en producciones convencionales con la canción de Madonna y el paisaje blanco que nos engulle, pero como una idea simplista de la naturaleza salvaje y el indio. No dejen pasar Objeto de estudio, de Raúl Alaejos, porque es mucho más de lo que se imaginan, y además, filmada con una naturalidad y sencillez aplastantes, con la presencia o no del cineasta y su alter ego actoral, porque la película también se pregunta: ¿Cómo somos y cómo nos filmamos a nosotros cuando nos relacionamos con el otro?. Seguramente, nos convertimos en otro, porque al fin y al cabo, siempre estamos reinventándonos y reconstruyendo nuestras existencias y más cuando nos relacionamos y filmamos al otro. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Las novias del sur, de Elena López Riera

TODAS LAS QUE VINIERON ANTES QUE YO. 

“Miro la foto de mi madre el día de su boda. Hago los cálculos y compruebo que soy más vieja que ella el día que la desvirgaron, que soy más vieja que ella el día que decidió ser madre para siempre, que soy casi tan vieja como mi abuela el día que la acompañó a la iglesia. La busco en todos los cuerpos, en todas las voces, en todas las madres. Hago a otras, las preguntas que no me atrevo a hacerle a ella. Como decirle, que de todo lo que me enseñó, solo me queda el futuro”. 

Casi en una década, el imaginario de Elena López Riera (Orihuela, Alicante, 1982), ha cimentado relatos que hablan sobre su vida y sobre todo, sus complejos estados emocionales. En Pueblo (2015), un joven, después de años fuera, volvía a su tierra y la descubre tan cercana como diferente. Un año después, en Las vísceras, a través del ritual de la muerte de un conejo, se acercaba a la familia presente y ausente. En Los que desean (2018) se situaba en el imaginario masculino a partir de un concurso con pichones. En su primer largo, El agua (2022), estaban presentes los elementos que siguen sus imágenes: las difíciles relaciones sentimentales, todos los fantasmas que nos precedieron y el pueblo, ese lugar tan cercano y a la vez, tan fantástico, que nos define, nos guía y también, nos confunde. 

En Las novias del sur, un mediometraje de solo 40 minutos de duración, traza a partir de ese prólogo tan fascinante en el que vemos las partes de una fotografía, la de su madre vestida de novia, mientras escuchamos el texto que encabeza esta reseña con la propia voz de la directora. Estamos ante una confesión, que nos remite al aroma que transitaba en Las vísceras, porque vuelve al documento, aunque en el caso de López Riera podríamos decir que se mueve por una forma que se alimenta de varios géneros, ficciones, documentos, trazos, texturas y un sinfín de otras naturalezas: la música, la literatura y el testimonio oral de las mujeres de su pueblo, las de antes y las de ahora. Un cine que no busca la belleza de las imágenes ni tampoco generar un espacio de elegancia, sino todo lo contrario. Las imágenes de la cineasta alicantina beben de lo más íntimo y cercano, de lo que vive entre lo visible e invisible, entre lo físico y emocional, en un limbo donde sus personajes viven, mueren y sueñan. En su película se nutre del testimonio oral de seis mujeres maduras en la que explican sus primeras veces, sus amores y desamores, sus (des) ilusiones, y sus bodas, y muchas cosas más, en un diálogo con al directora que interviene y escuchamos, acompañadas de imágenes y videos de bodas de otras que van nutriendo las diferentes confesiones. 

La cinematografía de la película que firman la propia directora, Agnès Piqué (que conocemos por sus trabajos en el campo documental con Laura Ferré, Leire Apellaniz, Marc Sempere y Claudia Pinto, entre otras), y Alba Cros (codirectora de Les amigues de l’Àgata, Alteritats y la dirección de fotografía de La amiga de mi amiga), filma a las mujeres-testimonios muy cerca, consiguiendo romper esa distancia y escenificando la transparencia de sus contenidos, tan invisibles que se hacen naturales e íntimos. El gran trabajo de montaje de Ana Pfaff y Ariadna Ribas y la propia directora, consigue fusionar con orden y alma las imágenes de archivo con las cabezas parlantes a partir de una cercanía asombrosa y magnetizante, donde sus mencionados 40 minutos se convierten en una materia hipnotizante y muy absorbente donde cada imagen y cada palabras se torna más especial y bella, y triste, y cautivadora, y todo. Las productoras Suica Films y Alina Film vuelven a apoyar a López Riera como hiciesen con El agua, y con Los que desean, en ésta Alina Film, en una etapa de la filmografía donde ya se van generando esas alianzas tan imprescindibles para ir creando una mirada y personalidad propias a la hora de encarar cada proyecto. 

Quizás les ocurre lo mismo que a mí después de ver Las novias del sur, y no fue otra cosa que buscar la foto de la boda de mis padres y observarlos, sobre todo, a mi madre, su posición, su rostro y su mirada, centrándome en su gesto, imaginando que estaba sintiendo ese día, si estaba triste, alegre o quizás, no sabía cómo se sentía o tal vez, no sabe como se estaba sintiendo. No sé si os ha sucedido lo mismo, pero si no lo han hecho, quizás, esto sí, han pensado en su madre, y se han preguntado cómo le fue la noche de bodas o en el amor, en sus amantes y en sus primeras veces, seguro que lo han pensado después de ver la película. Con Las novias del sur, Elena López Riera ha vuelto a crear una obra tan sencilla como compleja, tan bella como triste, tan sensible como desgarradora, tan de verdad y tan magnífica, a partir de un dispositivo sencilla y nada complicado, pero sus imágenes encierran otras muchísimas imágenes, muchas más preguntas, e infinitas formas, elementos y laberintos más. La cineasta es una gran creadora de imágenes, a partir de tantas presencias como ausencias, de tantos fantasmas como realidades, de tantos sueños como ilusiones, en fin, de toda la vida encerrada en un plano, en una mirada, en un gesto y en un mundo interior que apenas podemos vislumbrar, un infinito universo donde podemos imaginar o si nos atrevemos, preguntar a nuestras madres. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Sandra Romero

Entrevista a Sandra Romero, directora de la película «Por donde pasa el silencio», en el marco de L’Alternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona, en la cafetería del CCCB en Barcelona, el viernes 22 de noviembre de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Sandra Romero, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Eva Herrero y Violeta Cussac de Madavenue, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Oskar Alegria

Entrevista a Oskar Alegria, director de la película «Zinzindurrunkarratz», en el marco de L’Alternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona, en la Plaça de les Caramelles en Barcelona, el domingo 19 de noviembre de 2023.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Oskar Alegria, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y al equipo de comunicación de L’Alternatina, por su trabajo, generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA