La flor, de Mariano Llinás

CUATRO MUJERES, SEIS HISTORIAS.

(…) Son seis historias. Hay cuatro que empiezan y no terminan. Es decir, empiezan y se quedan en la mitad. No tienen final. Después viene el episodio cinco, que empieza y termina como un cuento. Y finalmente, el sexo episodio, que empieza en la mitad y termina todo el film. La película, esto sí deben ya saberlo todos, se llama La Flor. Qué más puedo decir… Cada episodio tiene su género, por así decirlo. El primero es casi una película de la serie B, de esas que los americanos antes filmaban con los ojos cerrados, y ahora ya no saben o no pueden hacer más. La segunda, es una especie de musical pero con algunos toques de misterio. La tercera, es de espías. La cuarta, no se entiende bien de qué es. Ni siquiera yo, en el momento de hacer este prólogo, lo tengo del todo claro. La quinta está inspirada en una película francesa filmada hace muchos años. La última es sobre unas cautivas del siglo XIX, que vuelven del desierto, de los indios, después de mucho tiempo. Lo que falta decir es que la gracia de la película está en el hecho de que en todos los episodios están las mismas cuatro mujeres haciendo distintos papeles.  Valeria, Elisa, Laura y Pilar. Yo diría que la película es sobre ellas cuatro, y de alguna manera, es para ellas cuatro. Bueno, creo que eso es todo, por ahora.

Mariano Llinás

La primera imagen que vemos en La flor es un artefacto metálico que antaño exponía carteles publicitarios. Ahora, vacío y solitario, como si hubiese dejado de dar sombra, muestra su esqueleto, como si fuese una estructura mutada completamente con el paisaje. Un paisaje en mitad de la nada, en mitad de un silencio, roto por la circulación de los automóviles en una carretera que, al igual que la estructura, antaño tuvo algo de esplendor, y ahora se ha convertido en una vía secundaria, en un lugar olvidado. La cámara captura el andar de Mariano Llinás (Buenos Aires, Argentina, 1975) que se encamina a un descanso para almorzar donde sienta y nos mira a nosotros. Su voz en off nos relata la estructura de la película dibujando un diagrama en forma de flor. Llinás, junto a Laura Citarella, Alejo Moguilansky y Agustín Mendilaharzu son “El Pampero Cine”, una compañía que lleva casi dos décadas abriendo y renovando nuevas ventanas de producción y exhibición en el cine argentino. Una compañía colectiva y cooperativa alejada de los cánones establecidos que impone el cine comercial, con su forma personal e intransferible de filmar y exhibir un cine libre, estético, rompedor, heterogéneo, personal, independiente, inquieto, y sobre todo, divertido y autoral, no en el sentido de propiedad individual del director, sino de la colectividad de la película, donde todos y cada uno de los miembros del equipo, son parte de la película. Del Pampero han surgido unos 15 títulos entre largos, medios y cortometrajes, entre los que destacan su opera prima Balnearios (2002) e Historias extraordinarias (2008), las dos de Llinás, Ostende (2011) y La mujer de los perros (2015) ambas de Laura Citarella, El loro y el cisne  (2013), El escarabajo de oro (2015) codirección, y La vendedora de fósforos (2017), las tres de Alejo Moguilansky,  Títulos que abogan por un cine alejado de lo inmutable, primorosamente singular y profundo, marcado por el cine como diversión, experimentación y juego, arraigado en la amistad y el compañerismo, en que realidad y ficción se confunden, se transmutan y se convierten en un absoluto y peculiar juego de espejos donde todo es real y ficticio a la vez, en el que cine y vida se complementan al unísono.

La flor es un monumental ejercicio cinematográfico en todos los sentidos, ya desde su duración, 840 minutos (que le aproxima a los trabajos de cineastas como Lav Diaz, Wang Bing, o algunas películas como Shoah, de Lanzmann, Rivette, Peter Watkins o Bela Tarr, donde sus larguísimas duraciones rompen con las imposiciones comerciales) con un proceso de producción que ha abarcado una década, y de su asombrosa y laberíntica estructura dividida en seis historias, con el añadido de que está protagonizada por cuatro actrices, (maravillosas y brutales en sus roles) pertenecientes al grupo teatral Piel de lava. Una de sus obras, Neblina (2005) en la que eran espías bajo la apariencia de cantantes pop, dio la idea a Llinás de la película, o podríamos decir, de empezar a rodar una de las historias, con el mecanismo de conseguir dinero y continuar rodando, con esa idea de filmar y filmar, como en una especie de bucle, donde la película continuamente se está haciendo en una especie de presente continuo, en ese mismo instante en que se está rodando.

La primera de las historias, sin título como las demás, nos encierra en un laboratorio científico donde una momia hará estragos entre sus integrantes. Se trata de una serie B en toda regla, fusionando el fantástico y el terror, un cruce maravilloso entre La momia, de Karl Freund y La mujer pantera, de Tourneur, con ese fantástico look de pueblo perdido, arenoso, y lleno de personajes ensombrecidos y con relaciones distantes y oscuras, a través de esa cámara que los escruta y los traspasa. La segunda historia nos convoca en la relación rota y dolorida entre dos cantantes pop de éxito en su día y ahora, aniquilados por la fama y el desamor de su relación. Un cuento de amor fou, enmarcado en un melodrama descarnado y doliente, muy al estilo de Fassbinder, con canciones despechadas y llenas de resquemor, que nos hablan de amor y odio, introduciendo la intriga misteriosa de un grupo secreto en busca de la eterna juventud con experimentos con escorpiones. La tercera de las historias, la más extensa, que abarca tres actos, convierte a las cuatro actrices en espías internacionales, ahora metidas en un embrollo de primer orden (situado en América del Sur y a finales del siglo XX, cuando el orden mundial de la Guerra Fría llegaba a su fin), donde la organización ha decidido eliminarlas.

Cuatro espías y tres actos, con el aroma intrínseco de las novelas de Frederick Forsyth o John Le Carré, o películas clásicas como Encadenados, de Hitchcock u Operación Cicerón, de Mankiewicz, o los grandes títulos sesenteros y setenteros como Nuestro hombre en la Habana, de Reed, o Los tres días del cóndor, de Pollack, nos desvelarán el origen de cada una de las espías. Una de ellas, reclutada en el Berlín ochentero, donde le muro dividía a las familias y amigos, y formas de pensar. La otra, una asesina a sueldo y su love story no consumada, con quizás, el amor de su vida, otro asesino como ella. La tercera, hija de un revolucionario centroamericano, una líder y sangrienta, capturada por el enemigo, y convertida en asesina de los suyos. Y la última, una agente de la KGB, jefa de espías, asistiendo al final de la URSS la convierte en una solitaria en busca del último traidor. El presente las convierte en cuatro fugitivas huyendo de la muerte, en un brutal y ejemplar western crepuscular con el mejor aroma de los Leone o Peckinpah, con sus dosis de misterio, intriga y demás, recogiendo las llanuras solitarias y perdidas de la Argentina Rural.

El primer episodio de la cuarta historia no sitúa en el otro lado del espejo, como le ocurría a Alicia, llevándonos por un cuento de metacine, muy al estilo de las películas de Moguilansky, donde veremos a las actrices quejándose de sus trajes y del sentido de la historia ambientada en Canadá, para dar paso a Llinás, interpretado por un actor, y su equipo, a la búsqueda de los famosos lapachos y la dificultad de filmar árboles. El segundo episodio nos pone en la pista de un doctor especializado en fenómenos extraños que se topará con el equipo cinematográfico del episodio anterior, completamente ido y recluido en un psiquiátrico, al más puro estilo de cuento romántico del XIX, con sus enfermeras enloquecidas de lujuria, y una doctora inquietante, con la dosis de intriga, como en toda la película, en que el doctor encontrará el cuaderno de rodaje y los libros del director, que está desaparecido, y empezará a reconstruir y reinterpretar sus historias, como ese magnífico momento de las arañas de Casanova.

Y finalmente, la película se cerrará con el sexto relato, donde Llinás vuelve a los orígenes del cine, como una reversión al inicio de todo, donde la película versionará Una partida de campo, de Renoir, y sus cuarenta minutos, construyendo un cuento inolvidable, maravilloso y emocionante sobre el amor, el sexo y las relaciones humanas, filmado en un riguroso blanco y negro y mudo, sin intertítulos. Después la película cambiará de aspecto y se adentrará en la cámara estenopeica, la famosa cámara oscura, donde asistiremos al relato de unas cautivas, las cuatro actrices, que emprenden su regreso a la civilización después de muchos años retenidas por los indios, con esa imagen precine, con interítulos extraidos de un libro, donde la película llegará a su fin, volviendo al inicio, a la estructura metálica abandonada, a la carretera solitaria, adonde todo empezó. Llinás ya había demostrado en sus anteriores trabajos su fascinación por los cuentos sin fin, por las historias poliédricas, por los relatos dentro de otros, y a la inversa, en un trabajo minucioso de historias peculiares, interesantes, anecdóticas y singulares ocultas que transitan por el mundo, un laberinto sinfín de historias, relatos y cuentos que se sabe como empiezan y nunca como acaban, como si fuesen muñecas rusas que nunca llegan a su final, donde siempre hay otra más, porque siempre continúan en algún lugar (como ocurría en Blow up, de Antonioni, donde se investigaba el asesinato retratado de la fotografía sin jamás llegar a desvelar su secreto).

Los relatos de Llinás casan con enorme acoplamiento con la luz de Agustín Mendilaharzu en la fotografía y Agústín Rolandelli en el preciso y laborioso montaje, donde el retrato de los personajes se convierte en la seña de identidad del cine de Llinás, adoptando todos los recursos habidos y por haber del cine, apoyándose en la literatura y la música de cualquier época, siempre sazonado por unos diálogos llenos de ingenio, sabiduría, humor e inteligencia, o simplemente, prescindiendo del diálogo, y filmando esas imágenes fascinantes, inabarcables e inmensas, bien manejadas por la propia voz en off de Llinás o de Verónica Llinás, que nos van guiando y reflexionando de forma brillante, inquietante y estupenda por el laberinto fílmico y ficcional de la película, bien conjuntado con la música de Gabriel Chwojnik, y la retahíla de temas musicales que nos van llevando de la mano por el ancho, perverso y divertido universo imaginado por el cineasta argentino.

Llinás se ha revelado como un demiurgo fascinante y magnífico fabulador de historias, como aquellos señores que explicaban el cine mudo, o aparecían al principio alertándonos de las imágenes que íbamos a presenciar (como sucedía en Frankenstein, de Whale) un mago y tahúr de las imágenes, brillantísimo narrador de hechizos e inventos habidos y por haber, colocando a su cine y al Pampero Cine en los altares de la invención cinematográfica y la calidad de sus miradas e historias. La flor es una película inmensa, hipnótica, fascinante y divertida que empieza y nunca termina, que continua en la mente de los espectadores imaginando y tribulando por sus historias, sus personajes y sus finales, de aquí para allá. Una película con múltiples raíces que no terminan nunca, una fábula extraordinaria y cautivadora, que no puedes dejar de ver, va más allá del mero aparato cinematográfico, mucho más que una película, convirtiéndose en un retrato de personas, mundos, personajes, miradas, sensaciones, y demás, envueltos en un viaje hacia lo más profundo de nuestro interior, acompañados por el cine y todo aquello que inventa, imagina, ficciona, mira y captura con su cámara, y todo aquello que deja fuera, su fuera de campo, todo aquello que imaginamos, inventamos y aventuramos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

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José Enrique Monterde presenta «Señoras y señores», de Pietro Germi

Presentación del escritor cinematográfico José Enrique Monterde de la película «Señoras y señores», de Pietro Germi, en el marco de la «Aula de cinema», en la Filmoteca de Catalunya, el miércoles 4 de marzo de 2020.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a José Enrique Monterde, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Jordi Martínez de Comunicación de la Filmoteca, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Presentación dvd de «Vida en sombras», de Llorenç Llobet-Gràcia

Presentación del dvd de la película «Vida en sombras», de Llorenç Llobet-Gràcia, con la presencia de Mariona Bruzzo (directora del Centre de Conservació i Restauració) Ferran Alberich (responsable de la Restauració de «Vida en sombras») Elisenda Triadó (editora de Intermedio) y Jaume Pujadas (director del documental «El cor del pi negre») en la Filmoteca de Catalunya en Barcelona, el viernes 15 de junio de 2018

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Mariona Bruzzo, Ferran alberich, Elisenda Triadó y Jaume Pujadas, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Jordi Martínez de Comunicación Filmoteca, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Las letras de Jordi, de Maider Fernández Iriarte

(RE) ENCONTRARSE CON EL OTRO.

“Cuando se abre la puerta de la comunicación, todo es posible. De manera que debemos practicar el abrirnos a los demás para restablecer la comunicación con ellos”

Thich Nhat Hanh

Todo arrancó como un proyecto en el Máster de documental de creación de la Pompeu Fabra en Barcelona, en un momento en que Maider Fernández Iriarte (Donostia, 1988) atravesaba una experiencia personal muy profunda sobre la fe, que le llevó a conocer a Jordi, un tipo de mediana edad con parálisis cerebral que le impide hablar. De aquellos encuentros nació una película, Las letras de Jordi, en la cual Maider y Jordi se comunican mediante una tabla de cartón, recubierta de plástico, en las que hay escritas las letras del abecedario. Jordi va señalando las letras y Maider las va diciendo en voz alta, en un acto íntimo, de generosidad, de abrirse al otro, y sobre todo, un acto de amor, donde el tiempo se detiene, donde la comunicación lo llena todo, donde las palabras adquieren un peso enorme, donde el diálogo se viste de paciencia y muchísima concentración.

La opera prima de Fernández Iriarte tiene mucho que ver con sus anteriores trabajos, películas cortas en las que indagaba también en la relación con el otro, los más cercanos, mediante las imágenes, donde primaba una intimidad profunda y cálida. Si bien Jordi era un desconocido al que empezó a retratar y a entender mediante su forma de comunicarse, la película aborda lo íntimo y aquello que se va construyendo mediante el encuentro con el otro, el intimísimo intercambio de palabras, el mirarse y reconocerse en el valor inmenso de las palabras, aunque no sean dichas por Jordi, pero que resuenan en el alma del otro, en ese gesto humano, podríamos decir espiritual, donde el tiempo se detiene, deja de existir, y el pequeño espacio, la habitación de Jordi en la residencia donde vive, se convierte en algo especial, en un lugar donde la comunicación vive y acerca a dos personas que hacen el esfuerzo de dialogar pese a las dificultades, de ese mágico encuentro que es comunicarse, entenderse y abrirnos al otro.

La directora vasca coloca la cámara que actúa como testigo de su encuentro con Jordi, una cámara quieta, una cámara imperceptible en casi toda la película, que está ahí, pero no intercede, no guía a los espectadores, solo capta ese instante, el del encuentro entre Jordi y Maider. Una cámara-mirada que cambiará de ángulo en las diferentes secuencias-encuentros de Jordi y Maider, casi siempre en la residencia, pero también en algún que otro instante en el domicilio de los padres de Jordi, o las secuencias del viaje a Lourdes de Jordi (como nos retrataba la película Hospitalarios) un ser vital, lleno de alegría, que ha perdido el contacto con Dios, que no sabe si volverá a recuperar, como refleja ese maravilloso instante cuando Jordi ve en su monitor La canción de Bernadette, la clásica película hollywodiense que capta la aparición de la Virgen a la joven francesa en Lourdes. O el sutil y sentido montaje obra de la cineasta Virginia García del Pino, y el sonido de Amanda Villavieja, otro nombre importantísimo en este cine de las emociones e historias profundas, dos elementos capitales en este relato-retrato que cose con pausa la película.

Aunque quizás el instante más emocionante sea cuando Maider, de vacaciones en su tierra, llama por teléfono a Jordi y en un magnífico plano quieto, asistimos a la conversación en el que escuchamos la alegría de Jordi, su entusiasmo por escuchar las palabras de Maider, donde la película trasciende su marco cinematográfico para elevarse mucho más allá, para convertirse en un canto a la vida y al amor, a consumar la importancia vital y esencial de la comunicación como el hecho fundamental con el otro, en el que la tabla de cartón, por la que se comunica Jordi, deja de ser el medio imprescindible pasando a ser un objeto ausente, porque Jordi y Maider ya han llegado a ese momento tan especial en el que las palabras dejan espacio a las emociones y a lo que nos bulle en nuestro interior, cuando nos reflejamos en el otro, nos sentimos parte del otro, en una comunicación muy emocionante y espiritual.

Fernández Iriarte ha construido una película magnífica y envolvente, a través de una sencillez expositiva y transparente, en la que reivindica y constata la comunicación como un acto de fe, de generosidad y de paciencia, a través de la voluntad de entendimiento, de verse en el otro, de detenerse, de la espera y sobre todo, de la riqueza del otro, de escucharle detenidamente, sin prisas, ni condescendencias, solo concentrando captando lo que el otro quiere explicarnos, atentos a este maravilloso instante cuando el mundo deja de existir, y estamos profundamente concentrados en aquello que viene del interior del otro, de sus palabras, de las letras de Jordi, esas letras que se convierten en otra cosa, adquiriendo todo su significado cuando Maider las entiende y captura con su cámara ese inolvidable instante donde todo adquiere su verdadero significado y valor, donde la palabra vuela hacia el otro, y el otro, la recoge y la entiende, y entiende al otro, en un gesto no solo de comunicación, sino en un gesto que tiene que ver con el hecho de vivir y amar. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA


<p><a href=»https://vimeo.com/315449564″>Trailer LAS LETRAS DE JORDI / JORDI’S LETTERS VOSE</a> from <a href=»https://vimeo.com/srsra»>Sr.&amp;Sra.</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

Entrevista a Jaume Plensa

Entrevista al escultor Jaume Plensa, con motivo de la «Carta blanca» que le dedica la Filmoteca de Catalunya, en la sede de la institución en Barcelona, el jueve 5 de marzo de 2020.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Jaume Plensa, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Jordi Martínez de Comunicación de la Filmoteca, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Presentación de LA AMERICANA FILM FEST con Steve James y Denis Côté

Presentación de LA AMERICANA  FILM FEST con la presencia de los cineastas Steve James y Denis Côté, Xavi Lezcano y Josep Maria Machado (directores del festival) y Mireia Sanahuja de la Filmoteca, en la Filmoteca de Catalunya, el lunes 2 de marzo de 2020

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Steve James y Denis Côté, por su tiempo, generosidad y cariño, a la fantástica labor como intérprete de Carlos Ulecia, a Ana Sánchez de Trafalgar Comunicació y a Jordi Martínez de Comunicació Filmoteca, por su tiempo, paciencia y cariño.

Judy, de Rupert Goold

EL ÚLTIMO APLAUSO.

«En Hollywood te pagan mil dólares por un beso y cincuenta centavos por tu alma.»

Marilyn Monroe

Nos encontramos en 1968, unos años en los que Judy Garland (1922-1969) alejada del cine, deambulaba, junto a sus dos hijos pequeños Lorna y Joey, por pequeños tugurios rememorando sus canciones a cambio de unos pocos de dólares. Una existencia convertida en una mera sombra de aquella actriz relumbrante que rompió taquillas en la década de los treinta y cuarenta, convirtiéndose en una de las estrellas más grandes de Hollywood. De aquel Hollywood dorado quedan muchos fantasmas y los recuerdos de las canciones. Todo dará un vuelco cuando la falta de ingresos y la vida desordenada de Judy, propiciará que su ex marido Sidnye Luft reclame la custodia de los hijos. Sola y desencajada tiene el golpe de suerte de encontrar a Mickey Deans, un joven idealista y desordenado, que le conseguirá un contrato en Londres para cantar en el “The talk of the Town”, el local de moda de la ciudad.

Con una larguísima y exitosa carrera en el teatro londinense, Rupert Goold (Highgate, Londres, Reino Unido, 1972) y después de debutar como director con Una historia real (2015) sobre un periodista desacreditado y un asesino embaucador, vuelve a ponerse tras las cámaras filmando los últimos días de Judy Garland, basándose en la obra teatral Enf of the Rainbow, de Peter Quilter, adaptada por el guionista Tom Edge (exitoso escritor televisivo con series como The Crown o Lovesick). El cineasta británico huye del biopic al uso, apartándose de las luces y alegrías de su vida, para contarnos las miserias y oscuridades de una actriz y cantante llena de miedos, dudas, monstruos y demás conflictos. Una mujer herida, rota, con cuatro matrimonios a sus espaldas, depresiones, intentos de suicidios, y una gravísima dependencia a las pastillas y al alcohol, alguien profundamente inestable y muy triste, una mujer que al igual que le ocurría a Norma Desmond, existe sin más, arrastrada por un show business que la ha olvidado después de exprimirla al máximo, de alguien que nunca estuvo preparada para la presión del éxito.

La película se sitúa en el 1968, con algún que otro salto al pasado, al 1939 cuando una niña Judy Garland presionada por el magnate Louis B. Mayer de la MGM (compañía en la que hizo la friolera de veinte títulos) en el set de la inmortal El mago de Oz, el mayor éxito de la carrera de Judy Garland, la chantajea obligándola a acceder a sus órdenes o por el contrario el despido y el olvido. Una vida marcada ya desde niña, una vida controlada por el estudio en todos los sentidos, un contrato abusivo y dictatorial que la convirtió en alguien con miedo de por vida. Seguimos la existencia de Judy Garland, sufrimos por ella, entre sus continuas caídas y puestas en pie diarias, con la inseparable ayudante de Londres, la señorita Rosalyn Wilder, su sombra y sus manos y piernas cuando le flaquean a la actriz. Y también, el tal Mickey que si bien empieza como un joven amigo y posteriormente amante, más tarde, se convertirá en un estorbo. También escuchamos a Judy cantar, teniendo alguna que otra noche el aplauso de un público entregado, sobre todo cuando Judy interpreta Somewhere over the Rainbow, el tema esencial de su película más inmortal.

La excelente banda sonora de Gabriel Yared (recordado por El paciente inglés, de Minghella, o su trabajo con Dolan) acompañan los últimos días de una mujer que intentó vivir a pesar de todo, a pesar de no haber tenido niñez, a pesar de haber sido un producto más de Hollywood, ese lugar donde todo se compra con dinero, incluso la vida. Una grandísima ambientación, un vestuario enorme y un buen reparto encabezado por la extraordinaria Renée Zellweger, que después de arrasar taquillas con su “Bridget Jones”, vuelve a encarnar esos personajes femeninos de altura, con profundidad, sinceridad y respeto, como la madre soltera decidida de Jerry Maguire, la poderosa granjera de Cold Mountain (con la que arrasó a galardones) la atractiva viuda de Appaloosa, la valiente esposa y madre de Cinderella Man, roles que han hecho de ella una actriz de raza, carácter y fuerza para encarnar a un personaje más complejo, inestable y perdido como el de Judy Garland, en el que nos olvidamos de su rostro y gesto, y nos enfundamos en la piel de esa mujer, con la maravillosa y sobria caracterización, donde no hay máscara sino vida, en la que podemos observar los pliegues de la vida y las huellas de esa mirada, en una grandiosa composición de Zellweger, mostrando todas las heridas y amarguras que atraviesan a Judy, una interpretación que, como ocurrió con Cold Mountain, arrasará en todos los premios.

El resto del reparto también brilla con luz propia, acompañando a Renée Zellweger intérpretes convincentes como Jessie Buckely como Rosalyn Wilder, esa ayudante, amiga y confidente que hace lo que sea para mantener su equilibrio emocional, o al menos lo intenta, Finn Wittrock como Mikey Deans, ese jovenzuelo arrimado a la gran estrella o lo que queda de ella, esperando su oportunidad y su beneficio, y Rufus Sewell como Sidney Luft, el exmarido recto y serio que se quedará con sus hijos, arrebatando a Judy quizás la última ilusión que tiene a la vida. Judy  nos habla de cine, pero no de los aplausos, la alfombra roja, y los reconocimientos, sino lo que hay detrás de todo eso, o podríamos decir que muestra todo aquello que hay y que nunca se muestra, que no es otra cosa que la presión de los estudios a los intérpretes, el lado oscuro de cómo se crean las estrellas del cine, como en el caso de Judy Garland, una jovenzuela que surgió de un pequeño pueblo junto al río Misisipi, haciéndose llamar  Frances Ethel Gumm y llegó a Hollywood y se convirtió en Judy Garland, y él éxito la llevó a ser otra, a rendir cuentas al magnate de los dólares, a vivir otra vida, y sobre todo, a conocer la realidad del otro lado del arco iris que cantaba en El mago de Oz, una ficción donde se hablaba que lo más importante de nuestras vidas había que buscarlo en nuestro interior, Judy Garland busco mucho en su interior,  pero por más que buscó en su alma solo encontró mucha oscuridad y una sensación de amargura, tristeza y soledad que la acompañó hasta su último aliento. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

El cine de aquí que me emocionó en el 2018

El año cinematográfico del 2018 ha bajado el telón. 365 días de cine han dado para mucho, y muy bueno, películas para todos los gustos y deferencias, cine que se abre en este mundo cada más contaminado por la televisión más casposa y artificial, la publicidad esteticista y burda, y las plataformas de internet ilegales que ofrecen cine gratuito. Con todos estos elementos ir al cine a ver cine, se ha convertido en un acto reivindicativo, y más si cuando se hace esa actividad, se elige una película que además de entretener, te abra la mente, te ofrezca nuevas miradas, y sea un cine que alimente el debate y sea una herramienta de conocimiento y reflexión. Como hice el año pasado por estas fechas, aquí os dejo la lista de 13 títulos que he confeccionado de las películas de fuera que me han conmovido y entusiasmado, no están todas, por supuesto, faltaría más, pero las que están, si que son obras que pertenecen a ese cine que habla de todo lo que he explicado. (El orden seguido ha sido el orden de visión de un servidor, no obedece, en absoluto, a ningún ranking que se precie).

1.- LA ENFERMEDAD DEL DOMINGO, de Ramón Salazar.

https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2018/02/23/la-enfermedad-del-domingo-de-ramon-salazar/

2. YO LA BUSCO, de Sara Gutiérrez Galve.

https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2018/07/06/yo-la-busco-de-sara-gutierrez-galve/

https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2018/07/08/entrevista-a-sara-gutierrez-galve/

3.- CON EL VIENTO, de Meritxell Colell

https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2018/11/23/con-el-viento-de-meritxell-colell/

https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2018/11/28/entrevista-a-meritxell-colell/

4.- TRINTA LUMES, de Diana Toucedo.

https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2018/12/21/trinta-lumes-de-diana-toucedo/

https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2018/12/23/entrevista-a-diana-toucedo/

5.- CASI 40, de David Trueba.

https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2018/06/30/casi-40-de-david-trueba/

6.- CARMEN Y LOLA, de Arantxa Echevarría.

https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2018/09/09/carmen-y-lola-de-arantxa-echevarria/

https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2018/09/12/entrevista-a-arantxa-echevarria/

7.- DANTZA, de Telmo Esnal.

https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2018/12/27/dantza-de-telmo-esnal/

8.- LAS DISTANCIAS, de Elena Trapé.

https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2018/09/11/las-distancias-de-elena-trape/

9.- MUDAR LA PIEL, de Ana Schulz y Cristóbal Fernández.

https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2018/10/06/mudar-la-piel-de-ana-schulz-y-cristobal-fernandez/

https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2018/10/11/entrevista-a-ana-schulz-y-cristobal-fernandez/

10.- VIAJE AL CUARTO DE UNA MADRE, de Celia Rico Clavellino.

https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2018/10/07/viaje-al-cuarto-de-una-madre-de-celia-rico-clavellino/

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11.- PETRA, de Jaime Rosales.

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https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2018/10/24/encuentro-con-jaime-rosales/

12.- COMANDANTE ARIAN, de Alba Sotorra.

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13.- UN DÍA MÁS CON VIDA, de Raúl de la Fuente y Damian Nenow.

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14.- QUIÉN TE CANTARÁ, de Carlos Vermut.

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15.- EL AMOR Y LA MUERTE, de Arantxa Aguirre.

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16.- ENTRE DOS AGUAS, de Isaki Lacuesta.

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https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2019/01/13/entrevista-a-isa-campo-e-isaki-lacuesta/

17.- APUNTES PARA UNA PELÍCULA DE ATRACOS, de Elías León Siminiani.

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18.- EL REY, de Alberto San Juan y Valentín Álvarez.

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Sesión salvaje, de Paco Limón y Julio César Sánchez

CUANDO EL CINE ESPAÑOL SE LIBERÓ.

“Demostrar que se puede ser a la vez un icono cultural de primer orden y el apóstol del trash”

(En referencia al cineasta John Waters)

Cine comercial, cine popular, cine industrial, cine de serie B español, cine de barrio, cine taquillero, cine de género o cine de explotación, solo son algunos de los calificativos que los expertos y aficionados  han utilizado para denominar a un cine español que nació en los 60 y llegó hasta los 80. Un cine en el que cabía de todo: desde spaguettis western, las denominadas películas de acción donde había films de guerra, de aventuras y cosas por el estilo, cine de terror. Después, con la muerte del dictador, apareció el cine del destape, comedias donde las señoritas aparecían ligeras de ropa, y cine quinqui, donde se hablaba sin tapujos de sexo y drogas. Películas que gustaban al público, convirtiéndose algunas en fenómenos sociales del momento, con vocacion internacional e intérpretes foráneos de renombre mediante las famosas coproducciones que, además de sortear a la temible censura, exportaban el cine fuera de nuestras fronteras. Un cine que ayudó y de qué manera al despertar social, sexual y moderno de muchísimos espectadores, después del oscuro pozo de la dictadura, y que visto desde la distancia se ha convertido en una crónica social y cultural de aquella España franquista, por un lado, y por otro, en aquella otra España que empezaba a caminar en la reciente democracia.

Los directores españoles Paco Limón, que algunos recordarán por dirigir una cinta de terror Doctor Infierno  (2007) y guionista de cómics, y Julio César Sánchez, periodista, realizador de televisión y productor asociado, juntan fuerzas para dirigir una película que no es solo un documento donde se hace una crónica sobre los hechos, las películas y las personas, sino que también, es una interesante reflexión de aquellas circunstancias desde la actualidad, con la ayuda de intérpretes y cineastas de antes y ahora, que no solo reivindican aquel cine con el que crecieron, sino que reivindican su autoría y su relevancia en la educación cinematográfica del público español. En la película escucharemos testimonios de gentes como  Alex de la Iglesia, Nacho Vigalondo, los recientemente desparecidos Javier Aguirre, Álavaro de Luna y Jorge Grau, Eugenio Martín, Simón Andreu, Fernando Esteso, Lone Fleming, Emilio Linder, Enrique López Lavigne (uno de los productores del documental)  Antonio Mayans , Esperanza Roy, Loreta Tovar, José Lifante, Fernando Guillén Cuervo o Mariano Ozores, entre muchos otros. Testigos de un tiempo donde el cine más popular gozaba de la atención del público, en el que algunos explicarán aquellas ilusiones de chaval disfrutando con estas películas, y los profesionales que las hicieron, los que están y los que no.

La película a pesar de la cantidad de testimonios e imágenes no resulta en absoluto extenuante, sino todo lo contrario, emociona, es vibrante, y reflexiona sobre aquel cine de género y el que se hace hoy en día, haciendo un recorrido, deteniéndose en todos y todo, a veces cronológico y otros no, donde se repasan entre muchos otros títulos inolvidables como Condenados a vivir, de Romero Marchent, El bueno, el feo y el malo, de Leone, El diputado, de Eloy de la Iglesia, No profanar el sueño de los muertos, de Jorge Grau, La noche del terror ciego, de Armando de Ossorio, Pánico en el Transiberiano, de Eugenio Martín, las películas de Chico Ibáñez Serrador, de Juan Piquer Simón, Carne apaleada, de Javier Aguirre, el cine de Paul Naschy, el de Jess Franco, el de Mariano Ozores, el de José A. de la Loma, o aquellas películas del destape con títulos imposibles donde prevalecía el humor del distribuidor. En la película también se hace mención del Videoclub, aquel lugar de barrio donde rebuscabas, recuperabas o descubrías películas que se acumulaban en aquellas estanterías, o preguntabas incesantemente por aquel título que ardías en deseo de ver.

Limón y Sánchez han construido una película con un grandísimo ritmo y energía, que combina a la perfección los testimonios, con cineastas actuales con aquellos profesionales que hicieron las películas, amén de los fragmentos de las películas de las que se hablaba, y ciertos aspectos de la historia del país muy significativos como los terribles problemas con la censura, donde el cine de terror gozaba de cierta libertad, siendo uno de los primeros en mostrar desnudos y demás, o el cine quinqui que mostró drogas, sexo o violencia, o indagó en temas de actualidad invisibles hasta entonces, y las relaciones con los intérpretes y profesionales extranjeros, y un sinfín de anécdotas que hacen de Sesión salvaje, uno de los grandes documentos no solo del cine más popular o comercial, sino una oda extraordinaria al cine en general, un grandioso a todos aquellos profesionales que hicieron este cine, y sobre todo, y esto es lo que eleva la película y su contenido, es la reivindicación sincera y veraz de muchos títulos denostados por muchos profesionales en su tiempo por el simple hecho de convertirse en taquilleros, o recibir durísimas críticas por desplazarse del cine de autor, muy duro con el franquismo, y de encaminarse por un cine de desahogo que a la postre muchas películas realizan una crítica igual o más que muchas películas, del franquismo y el sentir de los españoles de entonces. Limón y Sánchez consiguen hacer disfrutar al respetable con la película, en este viaje en el tiempo que evoca aquel cine y aquel tiempo, sino que lo recoloca en la actualidad, su legado en muchos profesionales de ahora, y sobre todo, en todas las virtudes, carencias y formas en las que se hizo y queda. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Adriana López Sanfeliu

Entrevista a Adriana López Sanfeliu, directora de la película «Elliott Erwitt, Silence Sounds Good», en el hall de los Cinemes Girona en Barcelona, el miércoles 4 de diciembre de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Adriana López Sanfeliu, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.