Aguas tranquilas, de Naomi Kawase

AGUAS-TRANQUILASDESPERTANDO A LA VIDA

En Las vacaciones del cineasta (1974), el cineasta Johan van der keuken hacía referencia a la reflexión del crítico André Bazin, que aseveró en cierta ocasión que el cine es el único medio capaz de mostrar el paso de la vida a la muerte. Esta ha sido una de las constantes del cine de Naomi Kawase (Nara, Japón. 1969), desde sus primeras películas, su objetivo ha sido filmar esa línea invisible y trascendental que separa los dos mundos. Ese lugar inherente a la vida y la muerte, ese espacio efímero, espiritual, ese tránsito entre lo que vivió y lo que acaba de morir, una grieta para abordar la ausencia y la pérdida de los seres que ya no están, sin olvidar otro de sus elementos indispensables y fundamentales en su cine, la naturaleza, esa fuente inagotable que rodea a sus personajes, esa fuerza invisible que envuelve todo y a todos, que se manifiesta de las formas más extraordinarias, inundando todo con su exquisita belleza, o por el contrario, emergiendo con toda su rugido y fuerza para arrasar con todo.

Dos estados y dos miradas, cauces por los que Kawase construye sus poemas visuales, su mirada inquieta y observadora, desde sus trabajos más íntimos y profundos, en los que coge su cámara y se filma a sí misma, y a los suyos, en Nacimiento y maternidad (2006), Genpin (2010) o Chiri (2012), o sus otras obras, las que confieren inquietudes más ambiciosas, como Shara (2003) o El bosque del luto (2007), dos trabajos de una calidad ejemplar que elevaron la obra de Kawase hasta los altares del cine contemporáneo, comparando su cine con otros nombres de la cinematografía japonesa como Nobuhiro Suwa o Kirokazu Kore-eda.

Su última película,  Aguas tranquilas (coproducida por Lluís Miñarro, última aventura, antes del cierre, de este afamado e imprescindible mecenas del cine más arriesgado, personal y a contracorriente del panorama contemporáneo internacional, que ha levantado películas de Guerín, Serra, Weerasethakul, Oliveira, etc…), entraría en esa segunda vía, en esta ocasión la directora nipona ha viajado hasta la isla de Amami-Oshima (lugar de origen de sus ancestros) para contarnos un cuento sobre dos adolescentes, Kyoko y Kaito, y su relato de iniciación a la vida (recuerdan al chaval de Verano del 42), un viaje donde conocerán el amor, el sexo, la vida y la muerte. El germen de la historia nació hace 8 años, cuando Kawase descubrió sus raíces familiares, (la realizadora fue abandonada por sus padres cuando era un bebé), a partir de ese hallazgo, acompañado del reciente fallecimiento de su madre de adopción, Kawase apoyándose en elementos de la cultura Yaorozu (en la que no existe un solo dios, sino muchos dioses sintoístas, en la que se acepta todo tipo de creencias, reduciéndolo todo a un estado de vacío llamado “MU” –nada-), vuelve a indagar en su memoria personal y familiar para reflexionar y profundizar sobre los ciclos vitales, la condición humana, y el proceso de duelo, de cómo afrontamos las alegrías y las tristezas que conforman nuestras vidas. La cineasta se adentra en las familias de los dos jóvenes, en las existencias cotidianas de los personajes de manera delicada y suave, desde una mirada contenida y en silencio, casi rozando sus cuerpos, escuchando sus alientos, explorando los pliegues de sus cuerpos, mirando lo que ellos miran, y sintiéndolos en cada instante.

Un cine parido desde lo más profundo, de luz cadente y mirada sobrecogedora, un cine que emociona y que nos muestra el lado humano, como nos enfrentamos a la muerte de alguien, y a la ausencia de ese ser, el terrible sentimiento que nos invade, y como nos relacionamos con nosotros mismos y los que nos rodean. Un cine reflexivo, que quiere atrapar lo invisible, el espíritu de las cosas, la naturaleza que se manifiesta con belleza y maldad, atrapar una brisa del viento, el rumor de las olas, un paseo en bicicleta, el primer encuentro sexual, un baño en libertad en las profundidades del mar, -el agua como elemento purificador y perturbador- a un anciano que se prepara para marcharse, el mar que nos descubre un cadáver, y un tifón que asolará la isla, dejando todo al descubierto, tanto lo emocional, lo físico y lo espiritual, desatando la contención de sus personajes. Cine poético, a flor de piel que nos envuelve entre lo vivido, lo soñado, lo intangible y sobre todo, la extraordinaria capacidad de los seres humanos de seguir viviendo a pesar de todo y todos.

La historia de Marie Heurtin, de Jean-Pierre Améris

La_historia_de_Marie_Heurtin-814895053-largeCANTO A LA EDUCACIÓN

Cuando el cineasta Jean-Pierre Améris (1961, Lyon. Francia), -autor de películas muy notables como La vida (2001), Concha de Plata en el Festival de San Sebastián, y Tímidos anónimos (2010)-, conoció la historia de Marie Heurtin, una niña de 14 años sorda y ciega, que a finales del siglo XIX fue recluida en un asilo de monjas para recibir educación, no lo dudó un instante, y se trasladó hasta los escenarios reales donde aconteció la historia, en el Instituto de Larnay, cerca de Poitiers. En ese espacio, Améris edifica el entramado argumental de su película. La historia arranca cuando los padres de Marie incapaces de educar a su hija, la llevan hasta el asilo, allí, debido a su grave minusvalía, la madre superiora rechaza su ingreso, pero la obstinación y perseverancia de la monja Sor Marguerite la hacen cambiar de opinión y la llevan a aceptar a la niña.

Así empieza este cuento hermosísimo sobre la superación de un ser que vive en la más absolutas de las oscuridades y silencios, una niña a la que se le ha negado la capacidad de comunicarse, y además se ha pasado casi toda su vida viviendo como una animal salvaje. El trabajo incansable, paciente y extraordinario de la monja, que en algunos momentos más que sesiones de aprendizaje, parecen combates de lucha, harán posible que Marie se convierta en una persona, primero, y luego, en una mujer inteligente, sensible y humana. Améris sustenta su película a través de sus dos personajes, y la amistad y el amor que entablan la monja Sor Marguerite (estupenda Isabelle Carré) y Marie (cálida la debutante Ariana Rivoire), que se erigen como el pilar de esta historia emocionante y contenida. El realizador francés adopta la línea emprendida por obras antecesoras que planteaban historias similares como El milagro de Anna Sullivan (1962, Arthur Penn), donde una institutriz se enfrentaba a una niña, Helen, también sorda y ciega, o El pequeño salvaje (1970, François Truffaut), donde el genial cineasta francés recogía la historia de Victor de Aveyron, un niño criado solo en el bosque, que era rescatado por un doctor que lo educaba.

El punto de partida de las tres obras es similar, aunque Améris ofrece una mirada propia, abre una senda diferente, sitúa su historia en la naturaleza, al principio, una parte de la educación se ubica en las cuatro paredes del convento, pero el desarrollo de los sentidos y su interrelación se produce en la naturaleza, en el contacto con los rayos de luz, la brisa que acaricia el rostro, las  hierbas que se mecen por el viento, las flores que adoptan formas, colores y multitud de significados… La desbordante e indescriptible emoción de quién aprende algo por primera vez, que relaciona las cosas que le rodean, que las conoce y sabe relacionarlas entre sí. Un cuento humano y poético, donde los pequeños e insignificantes detalles de los que estamos rodeados adquieren una gran importancia, en el que asistimos a la emocionante alegría que siente el que enseña con cada pequeñísimo paso que obtiene el que está aprendiendo. Un espacio donde el sentido del tacto lo es todo, y onde Marie se enfrentará al descubrimiento de la alegría y la felicidad, pero también a los sinsabores y la ausencia. Un delicado y dulce relato sobre la voluntad de superación de cada uno a pesar de los obstáculos más firmes y difíciles que nos podamos encontrar. Una maravillosa lección de pedagogía que rubrica el grandísimo valor del lenguaje, sea de la forma que sea, como elemento indispensable para que todo ser humano pueda comunicarse y relacionarse entre sí y los demás.

 

Gett: El divorcio de Viviane Amsalem, de Ronit y Shlomi Elkabetz

254221.jpg-r_640_600-b_1_D6D6D6-f_jpg-q_x-xxyxxUNA MUJER SOLA

Gett, es una palabra hebrea que significa “papeles de divorcio”. Los hermanos Ronit y Shlomi Elkabetz vuelven a ponerse tras las cámaras para cerrar su trilogía sobre la emancipación de la mujer en Israel, a través de su protagonista, Viviane Amsalem, (personaje que encarna la propia directora Ronit Elkabetz, portentosa y fascinante su composición). Trilogía que arrancaron en el 2004 con To Take a Wife, donde Viviane, quería separarse de su marido, pero sus hermanos la persuadían para que no lo hiciera. A continuación, en el 2008, presentaron  Los siete días, donde situaban a una familia velando el cadáver de uno de los suyos, y finalmente la que nos atañe.

 La trama es sencilla, Viviane lleva años separada de su marido Elisha, pero ahora quiere un divorcio legal para ser completamente libre y empezar una nueva vida. La cuestión radica en una incomprensible y abusiva ley hebrea que dicta que el divorcio sólo es posible si el marido da su consentimiento. El dispositivo de los realizadores hebreos es simple y contundente, unos pocos personajes que utilizan tres idiomas (hebreo, árabe y francés), el matrimonio en litigio, los respectivos abogados, y los testigos –familiares y amigos- que bajo sus testimonios contradictorios y complejos se desatan en una radiografía particular y honesta de la situación social en Israel. Una estructura formal que encierra a los personajes en las cuatro paredes de la sala de juzgados, apenas hay algunos planos de los pasillos de afuera, dotando a la trama de una atmósfera opresiva y muy asfixiante. Bajo este yugo de mise en scène, donde el tratamiento del punto de vista entre los personajes alcanza cotas de virtuosismo y grandeza, colocando a cada uno de ellos frente al otro y así mismo, apoyándose en sus gestos y miradas sostenidas. Una elaborada trama sobre la obstinación de una mujer frente a la inflexibilidad de su marido y de unos rabinos/jueces que justificarán la ley religiosa frente a ella, poniéndose de parte del marido que tiene las de ganar. Un marido que se empeña en continuar con su mujer y que ésta vuelva al hogar familiar.

 Durante los cinco años que transcurren desde el comienzo del proceso hasta que se da por zanjado. Uno de los aciertos de la película, es la montaña rusa de tono y perspectivas de su andamiaje, pasamos del relato noir, en algunos momentos nos encontramos frente a una de terror, en otros se impone la comedia, donde el absurdo de la situación adquiere situaciones de auténtico ridículo y farsa. Un cuento cotidiano donde la intolerancia religiosa se ve incapaz de respetar los deseos y libertades individuales de la mujer, que se encuentra inmersa en una locura kafkiana que convierte su demanda en una condena, y su existencia en una cárcel donde es tratada y vejada como si fuera una presa. Una historia cruel y terrorífica que nos habla de la terrible situación en la que se encuentran muchas mujeres en el mundo, donde la religión las ha anulado completamente, convirtiéndolas en seres invisibles e indefensos, donde las pocas salidas que tienen son las de luchar hasta la saciedad sin desfallecer en su vía crucis particular, porque el objetivo del estado no es otro que alargar los procesos para que el agotamiento se apodere de las demandantes, y así éstas se retiren y vuelvan a su hogar, y sigan siendo un ejemplo de esposas (in)felices y sometidas a la voluntad marital.

 

Encuentro con Pau Subirós

Presentación del libro «El Productor accidental», de Pau Subirós, donde dialoga con el periodista Emili Manzano. El encuentro tuvo lugar el lunes 23 de marzo de 2015, en la Librería Documenta de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pau Subirós y Neus Ballús, por su tiempo y generosidad, al responsable de la Librería Documenta, por su recibimiento y acogida, y a la Editorial Anagrama, por apostar por el libro y publicarlo. A todos ellos, Gracias por organizar este encuentro tan especial.

Calabria, de Francesco Munzi

locandina-anime-nereLA HERENCIA DE LA VIOLENCIA

La tercera obra del realizador Francesco Munzi (Roma, 1969), se centra en la “Ndrangheta” (término calabrés proveniente del griego y que significa “coraje” y “bondad”). Se trata de una organización criminal italiana cuya radio de acción se desarrolla en la zona de Calabria. Quizás no es tan conocida como las otras actividades delictivas, la Camorra o la Cosa Nostra, pero se ha convertido en el elemento criminal más poderoso de Italia desde los años 90. La trama penetra en la familia Carbone y sus tres hermanos. El mayor, Luciano, es pastor, como lo era su padre, que fue asesinado por una familia rival del pueblo, lugar donde vive alejado de los tejemanejes de tráfico de drogas de los otros dos, Luigi, “il capo”, impulsivo y frío, y Rocco, el “cuello blanco” de la organización. El cuarto en discordia, es Leo, hijo de Luciano, que a diferencia del padre, se siente fuertemente atraído por la vida criminal de sus tíos. El conflicto estallará cuando Leo ataca un bar de una familia rival, hecho que abrirá la veda de la rivalidad entre clanes. Entonces, los tres hermanos se reunirán en el pueblo para encontrar una solución.

Basada en la novela Anime Nere, de Gioacchino Criaco, el relato se vertebra entre dos mundos, el de Luciano, la vida tranquila del pastoreo en un pueblo montañés, y en olvidar el asesinato de su padre, postura que le enfrenta a sus dos hermanos, que continúan la tradición familiar dedicándose a asuntos turbios y oscuros. Entre ellos, a modo de puente, está Leo, el joven curioso y descerebrado que admira la figura de su tío Luigi, al que considera su modelo a seguir. Una historia compleja y realista (la enorme labor respetando los dialectos calabreses y mezclando actores profesionales con habitantes de Africo). Film de gran crudeza,  y fuertes contrastes, el norte moderno, sofisticado y corrupto, y el sur, primitivo y atávico. Munzi posa su cámara tranquila y observadora, deteniéndose en lugares sin alma, sin vida, donde la violencia latente respira en cada lugar, a la espera que alguien abra el fuego. Una amistad aparente y tensa entre las familias,  donde cada uno de ellos lleva el arma a mano y cargada. Unos personajes que se debaten entre la tradición y la modernidad, entre el odio y la venganza, por la muerte del padre, y el olvido, y el perdón por el que aboga Luciano. Munzi tiñe su película de oscuridad y sombras, haciendo gala de una sobriedad de altura, donde retrata a unas personas engullidas por la violencia, atrapadas por una vida abocada al honor y la muerte.

El director romano no juzga a sus «almas negras», las conduce hasta su propio dilema moral, donde cada uno deberá averiguar que parte le toca interpretar, en este túnel negro en el que respira su familia. Su retrato de la familia mafiosa no es edulcorado o simplista, sus personajes sufren la pérdida y el dolor. Si bien, es una cinta centrada en las figura masculina, el retrato que se hace de las mujeres, esas almas en la sombra, tampoco se queda en la superficie, están las que sufren en silencio, las que callan y dicen no saber, las que claman venganza, y las anuladas por sus maridos. Una aguda y reflexiva exploración sobre la mafia calabresa, que sigue de forma brillante la tradición de cine mafioso, emparentada con El Funeral (Abel Ferrara, 1996) y también, con Gomorra (Matteo Garrone, 2008), dos brillantes muestras de la familia imbuida por las tradiciones familiares envueltas por la violencia y la tragedia.

 

 

 

Masterclass de Pedro Costa

Masterclass de Pedro Costa. El encuentro tuvo lugar el Sábado 10 de Enero del 2015, en el CCCB de Barcelona, dentro del marco de la programación de Xcèntric.

Quiero expresar mi agradecimiento a las personas que ha hecho posible este encuentro: a Pedro Costa, por su tiempo y generosidad, y al equipo de Xcèntric, por organizar este encuentro tan especial.

Pasolini, de Abel Ferrara

tumblr_nc4tycl4T91qm7fcfo1_500ELEGÍA DE UN POETA

“Para ser poetas, hay que tener mucho tiempo: horas y horas de soledad son el único modo para que se forme algo, que es fuerza, abandono, vicio, libertad, para dar estilo al caos”.

Pier Paolo Pasolini

La película arranca con imágenes de la última película de Pier Paolo Pasolini, Saló o los 120 días de Sodoma, y se cierra con su cadáver, en la playa de Ostia rodeado de desconocidos, aquella mañana del 1 de noviembre de 1975. Un breve tiempo, acotado en el último día de su vida, en el que Abel Ferrara (Nueva York, 1951),  nos habla de Pasolini penetrando en su intimidad, acercándonos su figura, tanto física como emocional, pare un retrato del creador que venera y admira, de uno de los autores más reconocidos de la segunda mitad del S. XX. Se introduce en las múltiples personalidades del creador boloñés: el intelectual comprometido, el poeta sensible, el cineasta reflexivo que busca nuevas formas de representación y lenguaje, el homosexual en busca de amantes nocturnos, y el hombre que defendía la libertad individual, en un sistema opresor y castrador.

El recorrido del cineasta neoyorquino se detiene en los diversos aspectos, obsesiones y pensamientos que inundaban la mente del creador omnisciente, incómodo, y brillante. Desde la última entrevista que concedió en su vida, donde alerta al periodista Furio Colombo, sus temibles preocupaciones sobre la persecución sistemática del estado contra los poetas que se alzan, así como el peligro de desaparición del sistema democrático, y también, reivindica su postura de creador independiente, la define como un modo de hacer política. Ferrara también se posa en la cálida y tierna relación con su madre y hermana, vemos como escribe fragmentos de su novela Petróleo, come con Laura Betti (bellísima y cándida Maria de Medeiros) que viene del rodaje de Vicios privados, públicas virtudes, de Miklos Jancsó, se cita con Ninetto Davoli, lee el diario Il corriere della sera, y se preocupa ante unos asesinatos, y también imagina secuencias de su próxima película, Poro-Teo-Kolosal, donde sus protagonistas siguen un cometa que les ha de conducir hasta un paraíso imposible, entre medias, se verán inmersos en una orgía entre gays y lesbianas, y se cruzaran con todo tipo de personajes extravagantes y furibundos. Fragmentos de sus últimas horas que nos muestran al poeta cansado y sólo, inquieto sobre los acontecimientos políticos y sociales que acechan en su tiempo.

La postura y el tono empleados por Ferrara se aleja de la naturaleza de sus trabajos más celebrados como Teniente corrupto o El funeral, su acercamiento a Pasolini estaría más próximo a su película The addiction, aquella fábula moderna sobre vampiros en pena. Su relato se podría mirar como el diálogo que se establece entre dos cineastas, el maestro y el alumno que lo admira, entre la figura de Pasolini y el realizador que lo homenajea en su película. Si bien el cine de Ferrara entronca y se relaciona en algunos aspectos con el de Pasolini, en las miradas hacía la fealdad del ser humano y la sociedad, esos seres de los bajos fondos, que se mueven en la ilegalidad, o la traspasan, en la idea de un mundo apocalíptico, donde unos pocos manipulan, mutilan y asesinan a una mayoría abocada al caos y la desaparición. El andamiaje de la obra pasoliniana se estructura en dos conceptos: marxismo y cristianismo, centrada en el individuo y sus problemas, a través de lo más simple. Una obra de un humanista preocupado por su tiempo, que le conduce al mismo camino emprendido por cineastas como Renoir o Rossellini. Ferrara ha fabricado una pieza de cámara, (con una composición de Willem Dafoe como Pasolini, en estado de gracia absoluta, donde nos brinda una interpretación colosal, apoyada en unos mínimos gestos y miradas), nos devuelven a un Pasolini pausado, en un relato susurrado, de canto funerario, que se toma su tiempo, un tiempo de espectros, de sombras y sobre todo, de una sociedad envuelta en el miedo y la incertidumbre, en la que el genio de Pasolini se detuvo en analizar y reflexionar.

Rueda de prensa de «Els veïns de dalt»

Rueda de prensa con el equipo de la obra de teatro «Els veïns de dalt», escrita y dirigida por Cesc Gay. El encuentro tuvo lugar el miércoles 18 de Marzo en el Teatre Romea de Barcelona.

Quiero expresar mi agradecimiento a las personas que ha hecho posible este encuentro: Sandra Costa de La Costa Comunicació, por su tiempo y generosidad, y al equipo del Teatre Romea, por su amabilidad y complicidad.

Entrevista a Jordi Morató

Entrevista a Jordi Morató, director de “Sobre la marxa (El inventor de la selva)». El encuentro tuvo lugar el Martes 23 de diciembre de 2014, en Barcelona, en la Sala de Invitados de la Filmoteca de Catalunya.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Jordi Morató, por su tiempo, generosidad y sabiduría, a Pilar Garcia de Prensa de la Filmoteca y Esteve Riambau, Director de la Filmoteca, por su amabilidad y complicidad, y a un empleado de la Filmoteca, que amablemente tomó la fotografía que ilustra la publicación.

2 Otoños, 3 Inviernos, de Sébastien Betbeder

2-automnes-3-hivers-affiche-12308ARMAN Y AMÉLIE SE (DES) ENAMORAN EN PARÍS

Todas las películas que amamos tienen algún momento maravilloso, un instante fugaz que nos enamora, y con el tiempo evocaremos cada vez que las recordemos. Esta película contiene uno de esos momentos, cuando Arman herido en la ambulancia mira a Amélie, y exclama, mientras la cámara encuadra el rostro de la bella joven: «Amélie guapísima en contrapicado».  Después de media docena de cortos y mediometrajes, el realizador, treintañero y francés, Sébastien Betbeder debuta en el largo, con una obra que habla de sí mismo, de sus amigos, de sus amores, y de las cosas que le gustan y odia. Nos sitúa en París, en el otoño de 2009 y nos conducirá hasta el invierno de 2012, deteniéndose en los meses fríos y grises de la existencia de cuatro treintañeros que se encuentran, se pierden, se enamoran, recuerdan, se caen y se levantan… La acción arranca con Arman, 33 años, que quiere cambiar de vida, empezando por el trabajo, luego salir a correr los findes por el parque. En una de esas salidas tropieza con Amélie. Hasta que una noche, de casualidad, se la vuelve a encontrar y acabarán saliendo, enamorándose y viviendo juntos. Entre esas, Arman tiene un amigo de la época que estudiaban Bellas Artes en Burdeos, que se llama Benjamin, que una noche sufre un ataque cerebral y mientras se recupera en el hospital, conoce a Katia, una joven logopeda y comienzan a salir. Arman y Amélie se enfrentan a su amor, a la convivencia, a los embates de la vida y a los problemas y conflictos que surgen en cualquier relación de pareja. Betbeder nos conduce hacía el territorio de la comedia romántica, un tono agridulce, hay momentos para todo, para reír, para llorar, para hablarnos de las vidas desorientadas y despreocupadas de estos treintañeros, para tocar el tema de la enfermedad y la muerte. Betbeder nos cuenta su película a través de dos partes, divididas en 40 capítulos, y utilizando varios formatos de imagen, que van desde el DV, el 16mm o el digital 5K, incluso la animación, diferentes texturas y formas que alimentan esa vocación vital que vertebra toda la cinta. Su dispositivo formal también llama la atención, introduciendo monólogos de los actores que mirando a cámara, nos van contando y analizando las secuencias que vamos viendo en ese momento en pantalla. La cinta está llena de múltiples citas y referencias cinéfilas: un cartel de Cuatro noches de un soñador, de Bresson, en casa de Arman; extractos de la película Le monde vivant, de Eugène Green; el análisis de Hazme reír (Funny people), de Judd Apatow; otro extracto del diálogo en el automóvil de los personajes de La salamandra, de Alain Tanner… También hay citas literarias, una irónica visión de las series estadounidenses, que acaban siendo devoradas las noches tristes y de insomnio, o citas musicales como Joy Division… Un nutrido y magnífico plantel de intérpretes acompaña a Betbeder en su aventura, con la brillante presencia de Vicent Macaigne –visto en la reciente La chica del 14 de julio, o Un verano ardiente, Philippe Garrel-. Una película que nos evoca a la Nouvelle Vague, pero no de una manera nostálgica, sino desde una perspectiva del recuerdo deudor, de una manera de hacer cine libre que hable de las personas que lo están haciendo. También nos remite a Resnais, en su entramado formalista, y a Rohmer, en su discurso argumental,  o a otros directores contemporáneos como el universo de Wes Anderson, Noah Baumbach, Jonás Trueba… Compartir una película con un amigo, un paseo nocturno en bici mientras suena una melodía maravillosa –preciosa la bso de Bertrand Betsch-, un encuentro inesperado con una antigua compañera de universidad, un fin de semana en un refugio en la nieve, o volviendo a casa en el último metro… Momentos e instantes de esta película íntima, sencilla y cinéfila que nos lleva a muchos rincones del alma humana y a los (des) encuentros de un grupo de personas que van y vienen por una ciudad llena de rincones oscuros y soleados.