El gran día, de Pascal Plisson

elgrandiaCREER EN UNO MISMO.

En Camino a la escuela (2013), el director francés Pascal Plisson (1959, París) filmó la peripecia diaria de ir al colegio, llena de peligros y dificultades, que emprendían cuatro niños de condición rural y pobre, de diferentes lugares del mundo. Partiendo de aquella base, y de parecida estructura y forma, Plisson vuelve a sumergirnos en cuatro historias de niños-adolescentes también de orígenes humildes. La mirada del cineasta galo se centra en Albert, un chaval de 11 años, que vive en La Habana (Cuba), su sueño es ser boxeador y para eso trabaja incansablemente en el gimnasio. Su meta es ganar el combate para acceder a la academia del deporte. Seguimos con Deegii, una niña de 11 años que vive en las afueras de Ulan-Bator (Mongolia), que se esfuerza duramente para convertirse en contorsionista profesional trabajando en un circo. De ahí, nos trasladamos a Benares, la capital de Bihar, un estado pobre del noroeste de la India, donde conoceremos a Nidhi, de 15 años, que estudia matemáticas y trabaja ferozmente para aprobar el examen de acceso al Instituto Politécnico para conseguir un buen empleo que ayuda a su familia. Y finalmente, viajamos hasta Uganda, al Parque Nacional Queen Elizabeth, donde nos toparemos con Tom, de 19 años, que estudia para superar el examen y ser uno de los guardas forestales.

Cuatro caminos, cuatro destinos, cuatro formas de trabajar pero el mismo objetivo, un trabajo que les ayude a ellos a crecer como personas, y también, ayude a sus familias a escapar de las situaciones de pobreza que viven, y de esta manera, aprovechar las oportunidades que sus padres no tuvieron. Plisson fragmente las cuatro historias, y crea una sueva mezcla, a modo de rompecabezas, en el que seguimos las cuatro historias de manera tranquila y pausada. Nos adentramos en las actividades y la preparación que llevan a cabo estos niños y jóvenes. El apoyo familiar, esencial para ellos. Y también, relación que mantienen con sus preparadores.

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Plisson nos cuenta este viaje de manera honesta y sencilla, quizás le sobra algún que otro sentimentalismo y subrayado musical, pero no deslucen su emocionante mensaje, el de unos niños trabajadores y luchadores que quieren con su sueño huir de la miseria y ayudar a los suyos. El relato se propone remover conciencias, y ofrecer algo de luz a las injusticias y desigualdades tremendas que diariamente invaden este mundo. Una fábula que rescata esa humanidad que parece haber perdido buena parte del planeta, más interesada en el éxito y prestigio personal. Plisson aporta su granito de arena en dar visibilidad a niños que trabajan y luchan por conseguir su sueño, su objetivo es modesto, pero inmenso para ellos, quieren ser elegidos para seguir estudiando y preparándose en lugares donde aparentemente entran otros niños y jóvenes de otra índole social, pero ellos, a base de trabajo y constancia, que podríamos añadir que son las armas de los pobres, reivindican su lugar y su espacio. También, la película muestra, a través de las historias de los niños, otra cara completamente diferente a la que nos suelen bombardean los medios de comunicación sobre sus países, la película aporta otra mirada, una forma diferente de acercarse a la realidad de esos países, azotados por la pobreza injusta de países que los someten y dominan, una mirada positiva, donde existen personas que abren caminos y esperanzas para tener otro tipo de vida y seguir creciendo como personas en otros ambientes y lugares, muy diferentes a los que su condición social les había condenado.

Camino a la escuela, de Pascal Plisson

Camino-a-la-escuela-CartelLA ÉPICA DE LO COTIDIANO

En el arranque de ¿Dónde está la casa de mi amigo? (1987), de Abbas Kiarostami, un maestro se dirigía a sus alumnos explicándoles las dificultades en las que se encontraban para asistir al colegio, durante el desarrollo de la película, éramos testigos de los obstáculos y conflictos en los que se veía inmerso Ahmed para devolver el cuaderno a su compañero Mohamed. La enorme distancia que separa a los dos amigos dificultaba la tarea de encontrarlo. En la distancia y los problemas en los que se encuentran unos niños en llegar al colegio desde sus casas ubicadas en zonas rurales y remotas se desarrolla la película de Pascal Plisson, documentalista francés con dilatada experiencia en trabajos en el continente africano, se encontró en uno de sus rodajes, en el Lago Salado de Magadi (Kenia), a un escolar que le explicó que llevaba dos horas de camino para llegar a la escuela. Ese encuentro le llevó a localizar a tres niños más y a contar sus historias. La película empieza en  Kenia, en una familia de la tribu de los Sumburu, que se dedican al ganado y la agricultura, allí conocemos a Jackson, de 11 años, que junto a su hermana Salomé, de 6, caminan y corren durante dos horas para alcanzar los 15 km que separa el colegio de su casa. Luego, el relato se traslada hasta un rincón de Los Andes, en la Patagonia (Argentina), en una familia de pastores,  allí nos presentan a Carlitos, de 11 años, que junto a su hermana menor Micaela, recorren a caballo durante hora y media los 18 km que ahí hasta el colegio. La tercera zona geográfica de la cinta se sitúa en Marruecos, en una remota aldea del valle de Imlil, en las montañas del Atlas, en una familia bereber (zona que en invierno tienen temperaturas de 20º bajo cero) allí nos encontramos con Zahira, de 12 años, que junto a dos amigas, recorren los 22 km en 4 horas que hay desde su aldea hasta la escuela-internado donde pasa toda la semana. Finalmente, la película nos lleva hasta Kuruthamaankadu (Índia), en un pueblo de pescadores al sur en las orillas del Golfo de Bengala, donde conoceremos a Samuel, de 13 años, nacido prematuro y con una discapacidad que le impide caminar, que recorre junto a sus dos hermanos pequeños que, arrastran su silla de ruedas, durante una hora para alcanzar la escuela que está a 4 km de su casa. Cuatro niños separados por miles de km, pero todos ellos con algo en común, la ilusión de ir al colegio, a pesar de todas las dificultades, obstáculos y conflictos que viven diariamente para conseguir su sueño. Ellos son los primeros de su familia que acuden a la escuela, son conocedores de la importancia de este hecho. Su alegría, perseverancia y espíritu que desprenden es contagioso y enérgico. Plisson ha contado sus historias y ha penetrado en sus vidas de manera sencilla y honesta. Mirándolos con emoción pero desde un punto de vista humano. Una película humanista y pedagógica, que contiene una bella lección de honestidad abogando por unos valores perdidos en el mundo capitalizado e inhumano en el que nos movemos. Una película que nos habla de presente y futuro, de un tiempo que a pesar de todos los males que ocurren, siempre hay una luz para la esperanza, una grieta por la cual se puede construir un mundo más humano, o simplemente humano. Bellísimo y enorme documento sobre la extraordinaria capacidad de unos niños para ir al colegio. Niños de origen muy humilde, que viven en zonas rurales y aisladas del mundanal ruido, pero con su propósito y espíritus inquebrantables llegarán hasta donde se propongan, con la ilusión de aprender y llegar a ser buenas personas.