El hombre del saco, de Ángel Gómez Hernández

ÉRASE UNA VEZ EN GÁDOR EN 1910…

“Llega temprano a casa porque si no te va a llevar el hombre del Saco”.

La leyenda del Hombre del Saco es de sobra conocida, pero muy pocos conocen de dónde viene la famosa retahíla paterna para infundir temor a sus hijos rebeldes. El segundo largometraje de Ángel Gómez Hernández (Algeciras, Cádiz, 1988), da buena cuenta de ello, haciendo referencia al caso real de Francisco Ortega conocido como “EL Moruno” que, enfermo de tuberculosis, secuestró y asesinó a un niño de siete años con el fin de curarse con su sangre en Gádor, un pueblo de Almería allá por 1910. El asesino fue detenido y ejecutado por Garrote Vil. El caso se convirtió en leyenda y ha pasado de generaciones en generaciones. Del director conocíamos la estimable y sugerente Voces (2020), interesante cuento de terror clásico y psicológico protagonizado por una familia y su pequeño que escucha las mencionadas voces. Ahora, nos llega una vuelta de tuerca, porque deja el terror adulto para centrarse, a partir de la citada leyenda, en una mezcla de misterio juvenil, con el mejor aroma de Los cinco, la serie de novelas para chavales de la escritora británica Enid Blython, y el film Los goonies (1985), de Richard Donner, y el cuento de terror clásico, con pueblo de por medio, y protagonizado por chicos y chicos, los del lugar, y unos recién llegados. 

La película está destinada para un público infantil y juvenil, teniendo en cuenta la edad de sus jóvenes protagonistas, y la índole del enredo oscuro en el que están metidos. Tiene lugares comunes como el verano, las bicicletas, la casa abandonada, niños y niñas desaparecidos que siguen aumentando la leyenda más de un siglo después, adultos muy escépticos, y algún que otro extraño personaje que malvive escondido y muerto de miedo. La resolución del misterio se cuenta mediante la aventura tras este grupo de detectives amateurs que siempre van más allá, y desafían su propio miedo y rebeldía, para adentrarse en la oscuridad que se cierne sobre el citado pueblo, las inquietantes afueras y sobre todo, los hermanos y amigos desaparecidos. La trama nace a partir de una idea de Manuel Facal, Ignacio García Cucucovich y el propio director, con guion de Juma Fodde, del que hemos visto No dormirás y Lobo feroz, dos sendos viajes al terror. Esta vez, se centran en los niños y niñas y en sus pesquisas detectivescas, en una trama convencional, que sorprende poco, aunque contiene algún que otro momento interesante, como la aparición de cierto personaje que da a la historia una dosis de tensión e inquietud que le viene muy bien, o ese breve flashback en el que, muy inteligentemente, nos ponen en conocimiento del origen real de la leyenda, y la rareza de cierto personaje, una especie de “rara avis” dentro del pueblo, una activista de las causas perdidas. 

El director gaditano confía la parte técnica en monstruos del panorama español como el cinematógrafo Javier Salmones, todo un veterano con con más de 40 años de carrera y más de 80 títulos, con directores de la talla de Fernando Colomo, Gonzalo Suárez, José Luis Cuerda y Paco Plaza, entre otros. El montaje de Luis de la Madrid, con más de medio centenar de películas, entre los que destaca el terror al lado de nombres consumados como los de Jaume Balagueró, Guillermo del Toro y Miguel Ángel Vivas, que curiosamente hizo un corto llamado El hombre del Saco (2002). La música de Jesús Díaz, que vuelve a colaborar con el director, después de la experiencia de Voces, es una de las mejores bazas de la cinta. El reparto, una interesante mezcla de jóvenes intérpretes con experiencia en el género, en su mayoría, con otros, los adultos, llenos de rostros con experiencia. Entre los menores nos encontramos a Luna Fulgencio que, a pesar de su corta edad, sólo 12 años, ya ha trabajado en más de 20 títulos, entre los que destaca las comedias con Santiago Segura, series como El ministerio del tiempo, La valla y La caza, entre otras, y thrillers como Durante la tormenta, La casa de caracol, y más. Lucas de Blas, que era el niño de la citada Voces, Carlos González Morollón, que recordamos por ser uno de los hermanos albinos de la reciente Tin & Tina, amén de varias comedias, Claudia Placer, que hemos visto en las terroríficas Verónica y La influencia, Lorca Prada, que estaba en la intensa Adiós, de Paco Cabezas, Iván Renedo, con experiencia en la serie Estoy vivo, y otra de terror como Malasaña 32, Carla Tous, en la serie 30 monedas, de Álex de la Iglesia, y el debutante Guillermo Novillo. 

Los adultos son viejos conocidos de Gómez Hernández como Macarena Gómez y Javier Botet, que fueron habituales en sus cortometrajes, encarnando, respectivamente, la madre recién llegada con la idea de empezar de nuevo con sus tres hijos, y Botet, del que mejor no desvelamos nada, y Manolo Solo que, como ocurre con Botet, mejor mantenemos la incógnita de su identidad. Las mejores bazas de El hombre del Saco son su atmósfera, algunas apariciones, y nunca mejor dicho, el misterio, que mantiene el interés, y el concepto de la amistad cuando eres chaval, quizás la mejor época para saber qué es la amistad de verdad, a pesar de los conflictos, tan humanos. Las cosas a mejorar podrían ser la de anunciar a Javier Botet en el cartel le resta sorpresa e interés, porque ya sabemos de su historial cinematográfico, no todos los personajes de niños y niñas están definidos y hay un poco de caos con tanto rostro y conflicto, la trama, aunque no plana, resulta demasiado convencional y poco sorpresiva, aunque, insisto, la película está destinada al público más joven, y quizás, la película les gustará y les hará pasar un buen rato, porque por mucho que se diga, entretenerse también está muy bien. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Javier Carneros Lorenzo

Entrevista a Javier Carneros Lorenzo, director de la película «El umbral», en el marco del Sitges International Film Festival, en el Hotel Melià Sitges, el martes 11 de octubre de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Javier Carneros Lorenzo, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a mi querido amigo David del Fresno, por retratarnos de forma tan especial, y a Andrés García de la Riva de Nueve Cartas, por por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

La desconocida, de Pablo Maqueda

UN PARQUE EN LAS AFUERAS. 

“La cosa más aterradora es aceptarse a sí mismo por completo”,

Carl Jung

Imaginen un parque en las afueras de cualquier ciudad, uno de esos parques que por las tardes se llenan de niños que juegan y padres que los vigilan, y en sus caminos de alrededor hay otros corriendo y otros en bici. En uno de esos parques, donde hay juego y vida, cerca de esa cotidianidad, también hay otras cosas, se han citado un hombre y una adolescente, están sentados, uno habla y la otra escucha, no sabemos para qué están ahí, pero podemos imaginarlo. Con este arranque, tan incómodo e inquietante, arranca la tercera película como director de Pablo Maqueda (Madrid, 1985), después de #RealMovie y Manic Pixie Dream Girl, ambas del 2013, y Dear Werner (Walking on Cinema) (2020), un documento que el propio repetía el viaje a pie de finales de los setenta del famoso cineasta. Vamos a quedarnos con las dos primeras, porque ya ponían de manifiesto los oscuros y peligrosos mecanismos internet, sus identidades y el ciberacoso, porque con La desconocida, vuelve a los espacios de las redes sociales y a todos los adultos-cazadores que las usan para captar adolescentes-presas, y lo hace basándose en la pieza teatral Grooming (2009), de Paco Bezerra, que coescribe el guion junto a Haizea G. Viana (que conocimos su faceta como productora junto a Maqueda apoyando películas de Chema García Ibarra, Marçal Forés, entre otros), también coproductora, y el propio director.

Una historia que, a modo de matrioska rusa, oculta muchas otras cosas que, no vamos a desvelar, ni siquiera a intuir, obedeciendo el texto anti-spoilers que actúa como advertencia al comienzo de la película. Lo que sí podemos decir es que tenemos a un tipo que se hace llamar Leo, que se nos presenta como esposo y padre de una niña, que tiene un trabajo sin más, como vemos en la cuidada y estupenda presentación a ritmo de Julio Iglesias, que recuerda a aquella otra de José Sacristán en Magical Girl, de Vermut, con el que Maqueda comparte muchos tonos y aromas a la hora de abordar los espacios oscuros y terroríficos de la condición humana desde la más absoluta cotidianidad. Frente a Leo, tenemos a Carolina, una de esas adolescentes solitarias que pierde el tiempo en los interminables chats y contacta con el adulto, y se cita en el citado parque. A partir de ahí la película se disfraza de thriller psicológico, como aquellos de los sesenta y setenta que hacían los Hitchcock, Fleischer y demás demiurgos de la tensión, la inquietud y el miedo, porque no sé los demás espectadores, pero un servidor lo ha pasado mal viendo la película, tanto por lo que se ve como lo que se intuye, y también, lo que se imagina, en este macabro juego sobre lo que somos, lo que nos gustaría ocultas y sobre todo, lo que no ocultamos. 

El director madrileño se ha acompañado de grandes como la cinematografía de Santiago Racaj, que consigue inquietarnos y encerrarnos en la madriguera que propone el relato, un agujero en el que nos metemos abducidos por el ímpetu de unos diálogos que explican mucho más de lo aparentemente significan, el exquisito y conciso montaje de Marta Velasco, porque no nos damos cuenta de los giros y virajes de su trama, ya que todo se cuenta de forma directa y sin piruetas enrevesadas, todo queda claro y por eso, da más acojone, como la excelente música de Elena Hidalgo, que nos va sumergiéndonos hacia ese bosque y esos bosques que son los personajes. Maqueda ya nos había demostrado su buen hacer en la elección de sus intérpretes. Todos recordamos a la composición maravillosa de Rocío León en sus películas-internet citadas, por eso no nos extraña que para encarnar a los misteriosos y cercanos personajes de La desconocida, se haya decantado por un actor de la talla de Manolo Solo, que puede hacer lo que se le antoje, con esa mirada, esos gestos y sobre todo el palomo que le imprime a sus criaturas. 

No era fácil encontrar una actriz que tuviese que batallar con un actor como Solo, pero la ha encontrado en una de las mejores actrices de su generación, en la piel de una brillante Laia Manzanares, una de esas actrices capaz de hacer personajes con una franja de edad grande, porque puedes creerla como adolescente y como adulta, y eso es mérito de una actriz con una dicción perfecta y una mirada que traspasa la pantalla, como demostró en su rol en Temps salvatge, la obra con la que deslumbró en el Teatre Nacional de Catalunya. Y después, nos encontramos con Eva Llorach, que ya había estado en #RealMovie, en el rol de Elisa, la mujer de Solo, y madre de su pequeña hija, con ese buen hacer que tiene una actriz que demuestra naturalidad por sus cuatro costados. El director madrileño no esconde sus referencias, al contrario, los expone como muestra del cine como medio de legado y transmisión para los que vendrán, ahí nos cruzamos con Hard Candy (2005), de David Slade, quizás el más evidente, porque también abordaba el tema del ciberacoso desde una perspectiva realista y noir, los ya citados, y Carlos Vermut, que mencionamos nuevamente, porque ahí se emparenta y mucho con Maqueda, porque construye una fábula brutal y lo hace desde la cotidianidad más pura y elegante, sin entrar en embellecimientos ni trampas estúpidas a los espectadores. 

Más referencias como las de los universos sucios, solitarios e inquietantes del Fincher de Zodiac y Perdida, con esos personajes de muchas piezas. No podemos olvidarnos de Caroll y su inmortal Alicia, sus maravillas, su a través del espejo, y demás. La mirada crítica y devastadora de la novelista Elfride Jelinek está muy presente, así como La pianista (2001), de Michael Haneke, que adaptó su libro homónimo, donde también se abundaba en el universo de la parafilia. Y ya lo dejamos, haciendo caso al texto introductorio de la película, dejando que los espectadores que quieran asomarse a esos mundos terroríficos que se cruzan cada día con los nuestros, puedan descubrir una película como La desconocida, de Pablo Maqueda, un cuento de terror no con casa encantada, sino con paisajes y personajes inquietantes, una de esas películas que no dejan indiferente, por su osadía, por los temas que toca y sobre todo, por como los plantea y los desarrolla, una pieza clave que hace que una película interesante sea una gran película. No lo olviden, no desvelen nada del contenido de la película, porque dejarán que otros como ustedes pierdan el sentido de cualquier película, descubran su contenido, un contenido que quizás, tiene mucho de nosotros, o quizás no. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Theo Montoya

Entrevista a Theo Montoya, director de la película «Anhell69», en el marco del D’A Film Festival en Barcelona, en el Hotel Regina, el miércoles 29 de marzo de 2023.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Theo Montoya, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Iván Barredo de Surtsey Films, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Tin & Tina, de Rubin Stein

LOS NIÑOS MALDITOS. 

“No hay niños malos, solo malas influencias”.

Sadhguru

El director Rubin Stein (España, 1982), se dio a conocer con la trilogía de cortometrajes Luz & Oscuridad, que componen los títulos Tin & Tina (2013), Nerón (2016), y Bailaora (2018), que cosecharon un enorme éxito mundial, con más de cien premios y quinientas selecciones en festivales. Ahora, uno de ellos, Tin & Tina, da el salto al largometraje con una cinta de terror al uso, pero no lo que se llama terror ahora, que van más de sustos y trampas para enganchar a los ávidos y jovencísimos espectadores. La ópera prima de Stein va por otros lugares, ya desde su ubicación, situada entre los años 1981 y 1982 del siglo pasado. La película se abre con el intento de golpe de estado de febrero del 81, pasará por las elecciones que ganó el PSOE de González y Guerra y concluirá durante el Mundial de Fútbol del verano del 82. Una tendencia de ubicar historias en los ochenta y noventa como ya hicieron Verónica y La niña de comunión. El relato intenso y nada complaciente, arranca con una joven pareja Lola y Adolfo que, ante la imposibilidad del embarazo, optan por adoptar dos niños muy peculiares, los hermanos Tin y Tina, albinos y criados bajo el amparo de un convento de monjas muy estrictas con los preceptos religiosos. Lo que en un primer instante parece una familia bien avenida, pronto empezarán una serie de actitudes de los recién llegados que siguen a rajatabla la biblia, sin tener en cuenta las consecuencias. 

El director español nos sitúa en una época concreta, en una casa aislada, y sobre todo, echa mano del terror clásico, el que siempre ha funcionado, no por el efectismo, sino por todo lo contrario, la inquietud constante, el misterio de lo cotidiano, y sobre todo, crear un aura de incertidumbre y de incomodidad apabullante. La película cuenta con un gran esfuerzo técnico como la excelente cinematografía de Alejandro Espadero, que ya estuvo en la trilogía de Luz & Oscuridad con Stein, amén de haber trabajado en películas como El plan y Jaulas, y en los equipos de películas con Alberto Rodríguez, el arte de Vanesa de la Haza, que ha trabajado con directores habituados al género como Miguel Ángel Vivas y Paco Cabezas, el exquisito y elaborado montaje de un grande de nuestro cine como Nacho Ruiz Capillas, con casi ciento cincuenta títulos con nombres tan importantes como Gracia Querejeta, Fernando León de Aranoa, José Luis Cuerda, Alejandro Amenábar e Icíar Bollaín, entre otras, y finalmente, la brutal música de una magnífica Jocelyn Pook, que ha estado bajo las órdenes de Kubrick, Laurent Cantet y Julio Medem, y más. 

Tin & Tina no esconde sus referentes en absoluto, incluso los evidencia, no como copia chapucera sino como homenaje, con títulos capitales del terror como El pueblo de los malditos (1960), de Wolf Rilla, El espíritu de la colmena (1973), de Víctor Erice, ¿Quién puede matar a un niño? (1976), de Narciso Ibáñez Serrador, La profecía (1976), de Richard Donner, y el suspense terrorífico de Hitchcock, los ambientes claustrofóbicos de Polanski, y los espacios malsanos de Haneke, fusionado con las pinturas negras de Goya y los ambientes cotidianos y fantásticos de mucho cine clásico de los treinta y cuarenta como el que hacía Tourneur, entre otros. La película cuenta con un cuidado y ajustadísimo reparto que mezcla a dos intérpretes populares como Milena Smit y Jaime Lorente como el matrimonio desdichado, los niños debutantes en estas lides como Carlos González Morolllón y Anastasia Russo, dando vida a los inquietantes hijos adoptivos, y luego, unos intérpretes de reparto, rostros muy conocidos de la televisión de los ochenta, como Teresa Rabal, Chelo Vivares, Ruth Gabriel o Luis Perezagua. 

El cineasta Rubin Stein consigue lo que se propone, contarnos un cuento de terror con aroma clásico e inquietarnos con lo tiene a mano, la cotidianidad de una casa y unos personajes interesantes, con sus complejidades y miedos e inseguridades, y encima de contarlo con imaginación, lo hace con muchísimo gusto, alejándose enormemente de la corriente actual ya antes comentada, y sumergiéndose en un terror de piel y carne, sin aditivos, o al menos, efectos que ayuden a la historia, no al revés, porque aquí no se trata de engañar al respetable, sino de hacerle pasar un buen rato con miedo, con ese miedo que se te mete en las entrañas, aquel que te va preparando con ambientes muy oscuros y personajes, en este caso los inquietantes niños, porque con ese aire de fragilidad y vulnerabilidad, ocultan una forma de ver y hacer en la vida, que nada tiene que ver con la realidad, porque tienen la religión demasiado metida en sus existencias, y no saben diferenciar entre el bien y el mal, y eso no es que sea un verdadera problema para el matrimonio formado por Lola y Adolfo, sino que puede ser su perdición. En fin, vean Tin & Tina, porque seguro que lo van a pasar mal, y sufrirán mucho, ese sufrimiento del que cuando se encienden las luces de la sala de cine, uno o una se vuelve a casa contento del dinero invertido, y sobre todo, de ver que el fantaterror de los pioneros sigue estando muy presente y los cineastas actuales siguen regalándonos buen cine de entretenimiento realizado con muchísima capacidad e inventiva. Seguiremos la pista muy de cerca de Rubin Stein en sus próximos trabajos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA 

La niña de la comunión, de Víctor García

SARA Y LA MUÑECA MISTERIOSA.  

“A veces hace falta oscuridad para ver mejor las cosas”

“El tribunal de las almas”, de Donato Carrisi

El género de terror de los últimos tiempos se ha instalado en el susto facilón, subiendo los decibelios del sonido acompañando esos momentos de puertas y ventanas abriéndose, y alargando los misterios en cuestión para después sacarse de la manga una resolución completamente inverosímil. No obstante, director como M. NIght Shyamalan, Jordan Peele, Robert Eggers, Alex Garland, Eskil Vogt y Rob Savage, entre otros, se han alejado de estas chapucerías, y se han decantado por un terror más puro, más clásico y sobre todo, más de atmósferas y personajes. La niña de la comunión, el séptimo trabajo de Víctor García (Barcelona, 1974), se mueve por estos lares, teniendo a Verónica (2017), de Paco Plaza, un referente bien claro. La idea surge del director y Alberto Marini, que ha trabajado con el mencionado Plaza y con otro grande del género como Jaume Balagueró, en un guion que firma Guillem Clua, reputado dramaturgo y director teatral, del que hemos visto hace poco Los renglones torcidos de Dios, de Oriol Paulo. 

La cosa va de un pueblo cualquiera a finales de los ochenta, y más concretamente en 1987, cuando Sara y su familia se instalan en el pueblo. Rebe, extrovertida y diferente, se hace íntima de la recién llegada. Todo se vuelve del revés cuando Sara encuentra una noche una muñeca de niña de comunión, y sufren en sus carnes unas especies de trances que los deja inconscientes y los traslada a otra dimensión. Lo mismo le sucede a Rebe, y a un par de amigos. Podríamos decir que la película sigue la estructura clásica, porque los protagonistas empiezan a investigar qué hay detrás de todo lo que les ocurre, hablando con el cura, que calla mucho más de lo que sabe, y una madre que busca a su hija desesperadamente. El director barcelonés, que después de El ciclo (2003), un cortometraje de 9 minutos de terror que lo llevó a trabajar en el cine estadounidense, en el que ha hecho principalmente secuales como Return to House on Haunted Hill (2007), y Hellraiser: Revelations (2011), entre otras, construye una película sencilla y muy cercana, con una gran ambientación de finales de los ochenta con los anuncios míticos, el temazo “Lobo hombre en París”, de La Unión, los imprescindibles recreativos, el bar del futbolín, y la discoteca a ritmo de Chimo Bayo.

Un buen equipo de técnicos con un gran trabajo de diseño de producción de Marc Pou, del que conocemos por series como Nit i dia y No matarás, de David Victori, los grandes David Martí y Montse Ribé de la imperdible DDT, que estuvieron en el El laberinto del fauno (2006), de Guillermo del Toro, se encargan de una parte esencial de efectos, una excelente composición del músico Marc Timón, que va más allá del mero acompañamiento, del que hemos visto Sanmao: La novia del desierto y la reciente Oswald. El falsificador. Una gran cinematografía apoyada en una luz velada donde hay muchos interiores y noche, que firma José Luis Bernal, con una filmografía con títulos como Zulo, La jauría y un par de películas con Pere Vilà i Barceló, entre otras, y un gran trabajo de edición de Clara Martínez Malagelada, que también estuvo en Sanmao, Billy, de Max Lemcke, y el reciente documental Sintiéndolo mucho, de Fernando León de Aranoa, que condensa con acierto y buen ritmo los 98 minutos de intenso y oscuro metraje. Un magnífico reparto que mezcla con acierto caras nuevas como las de Aina Quiñones, Marc Soler y Carlos Oviedo, que dan vida a los jóvenes del pueblo y ejercen de protagonistas, junto a Carla Campra, a la que vimos como la niña desaparecida en Todos lo saben, siendo una de las amigas de la citada Verónica, dando vida a Sara, que recuerda a la Sandra Escacena de Verónica, una chica atrapada en un misterio que se cierne en torno a las muñecas de comunión, y luego están los otros, los adultos que son interpretados por intérpretes muy importantes de la escena catalana como Maria Molins, Manel Barceló, Anna Alarcón, Mercè Llorens y Jacob Torres, que vuelve al universo de Víctor García, veinte años después de protagonizar El ciclo

Nos lo hemos pasado muy bien viendo La niña de la comunión, aunque podríamos puntualizar, porque lo que pretende la película y consigue no es que lo pases bien, sino todo lo contrario, que lo pases un poco mal con su tensión y su estupenda atmósfera, que sufras al lado de sus desdichados protagonistas, afectados por algo que desconocen y les hace mucho daño, asfixiados en un lugar concreto, en ese pueblo que nos ha devuelto aquellos años de finales de los ochenta, con sus miserias, su hipocresía y maldad, y totalmente sujetos a la butaca viendo el misterio que se cierne con las muñecas de comunión, como deja bien claro el brutal prólogo de la película. No se pierdan la película si les gusta pasarlo un poco mal en el cine, que también está bien pasarlo un poco mal de vez en cuando, y más cuando nos cuentan una historia que podría pasar en el lugar donde vivimos, porque a veces, las cosas suceden, la gente calla y parece que así se ocultan, pero no, solo están dormidas, esperando, pacientes hasta que llega alguien nuevo al pueblo, alguien que no conoce nada, y convierte la leyenda en realidad, o lo que es lo mismo, destapa la oscuridad y todo lo que encierra que no es poco. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Zoe Stein

Entrevista a Zoe Stein, actriz de la película «Mantícora», de Carlos Vermut, en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el miércoles 23 de noviembre de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Zoe Stein, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a mi querido amigo Óscar Fernández Orengo, por retratarnos de forma tan especial, y a Lara Pérez Camiña de BTeam, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Carlos Vermut

Entrevista a Carlos Vermut, director de la película «Mantícora», en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el miércoles 23 de noviembre de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Carlos Vermut, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a mi querido amigo Óscar Fernández Orengo, por retratarnos de forma tan especial, y a Lara Pérez Camiña de BTeam, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Mantícora, de Carlos Vermut

EL MONSTRUO OCULTO.

“Me gustan tus monstruos. Tienen mucha vida interior… ¿no?. Tienen esa mirada melancólica, como si les preocupara algo…”

El universo cinematográfico de Carlos Vermut (Madrid, 1980), se mueve en los espacios de una aplastante cotidianidad, en los que la acción física está supeditada a lo emocional, a la parte psicológica, a esos mundos interiores donde sus personajes luchan contra sí mismos, deambulando por sus infiernos particulares, en una pesadilla constante del que hacen lo imposible para salir de ella, aunque con resultados extraños y perturbadores. Un cine de terror, peor un terror que de tan cercano, asusta más, porque los monstruos de sus películas no tienen un aspecto terrible, sino que son como nosotros, incluso nosotros, seres heridos que se mueven entre las sombras ocultas, entre las tinieblas de sus realidades, y sobre todo, monstruos sensibles, melancólicos y solitarios que inevitablemente no pueden huir de ellos mismos. Con Mantícora, esa criatura mitológica con cabeza humana y cuerpo de animal, vuelve a los terrenos que transitó en Magical Girl (2014), que era heredera directa de aquella gran sensación que fue Diamond Flash (2011), con esos personajes complejos y sus discutibles acciones, y deja el melodrama de terror que practicó en Quién te cantará (2018).

 

La película se centra en Julián y lo sigue en esa especie de diario de su protagonista, un joven modelador de monstruos para videojuegos, como esa apertura sensacional de la película, en que vemos en la pantalla el resultado virtual del monstruo que está diseñando el protagonista. Un tipo que se debate entre dos realidades, la suya propia, que intenta ocultar por todos los medios, y esa otra, la virtual, aquella en la que su imaginación se suelta y se libera. Todo ese quehacer diario de casa y trabajo, se rompe con la irrupción de Diana, una veinteañera de otra ciudad que está en Madrid cuidando de su padre enfermo, y en un momento de su vida en pleno tránsito, pensando que hacer con ella. Vermut plantea una película sencilla y muy trabajada, donde nada deja al azar, desde el implacable diseño de producción de Laia Ateca, que estuvo en la citada Quién te cantará y en La abuela, con guion de Vermut y dirigida por Paco Plaza, el conciso y cortante montaje que se va a las dos horas de metraje, medida habitual del director madrileño, que firma Emma Tusell, que vuelve a trabajar con el director después de la experiencia de Magical Girl, y esa luz claroscura de tonos suaves que impregna la trama de Alana Mejía González, que tiene en su haber el último trabajo de Carla Simón, y el interesante cortometraje Forastera (2020), de Lucia Aleñar Iglesias.

 

Y qué decir de su asombrosa y peculiar pareja protagonista formada por un Nacho Sánchez, que después que flipáramos con su Ismael en Diecisiete (2019), de Daniel Sánchez Arévalo, en un rol contenido y de hermano mayor, y de su estrambótico Carlo en Doctor Portuondo, la serie de Carlo Padial para Filmin, nos encontramos con otro registro muy diferente en el que da vida a Julián, un tipo solitario y melancólico, como los monstruos que diseña, alguien encerrado que con la aparición de Diana, deberá enfrentarse a todo aquello que esconde. Y la otra parte de esa inusual y bien escogida pareja es Zoe Stein, que nos había encantado en L’oreig (2014), de Blanca Camell, y en la mencionada Forastera, sendos cortometrajes en los que interpretaba a adolescentes, una en el final de un tiempo, y otra, en ayudar a la demencia de su abuelo. En Mantícora es Diana, un joven que, como Julián, se encuentra perdida, sola y sin más vida que una realidad difícil y sin rumbo. Una pareja que nos encanta por su absorbente naturalidad, cercanía y ese lado complejo que también muestran y ocultan según el momento.

 

La película de Vermut es un inquietante y perturbador cuento de terror, que se asemeja mucho a aquellos films de los sesenta y setenta como los que hacían Losey, Melville, Polanski, Saura, Fernán Gómez y Erice, entre otros, donde prima más el aspecto psicológico de los personajes, siempre en espacios domésticos, donde la carga del pasado es sumamente importante, y donde la cotidianidad los ahoga y se sientes desencajados y desplazados del resto y una sociedad demasiado hedonista y material. Las historias del cineasta madrileño se mueven a partir de conflictos invisibles, donde aparentemente, sus individuos parecen ajenos a lo que sucede, donde sus tramas están estructuradas a partir de un crescendo magnífico, en el que a los espectadores nos va envolviendo de forma sutil y elegante, casi sin darnos cuenta, en unas construcciones que recuerdan al imaginario hitchcockiano, recuerdan aquellas de Encadenados, Recuerda y La sombra de la duda, donde se juega a todo aquello que se muestra y a todo aquello que se oculta, en un juego macabro en que el respetado público deberá decidir sobre la moral de las acciones de los personajes, si es que se ve capaz, porque nunca es sencillo y mucho menos claro.

 

Vermut nos habla de temas incómodos, invisibles y muy tenebrosos, peor lo hace de forma inteligente, pausada y sin estridencias ni atajos sensibleros ni ninguna otra artimaña de trilero. Todo lo hace desde la emocionalidad, desde la sensibilidad de acercarse a unos personajes oscuros, a unas personas que no se muestran mucho, de escarbar en su cotidianidad, en sus pequeñas acciones, en sus relaciones sencillas, en todo aquello que está en sus vidas pero hay que acercarse detenidamente para poder verlo, construyendo todo el artificio cinematográfico de la forma más natural e íntima para que todo lo que nos ocultan se revele frente a nosotros, sin obstáculos, sin mediadores, mostrándose en toda su fealdad, mirándonos fijamente, sin poder desviar la mirada, sumergiéndonos en todo eso que intentamos no ver ni aceptar, pero que está, y el cine de Vermut lo mira, lo describe, y sobre todo, reflexiona sobre ello, y lo hace de forma inteligente y brillante. No se pierdan Mantícora, porque indaga en lo más oscuro de la condición humana y aunque no queramos asumirlo, también pertenece a lo que somos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Corten!, de Michel Hazanavicius

¡REMI SE HA EMPEÑADO EN SALVAR LA PELÍCULA!

“El cine es cuestión de amor.”

Jess Franco, director de cine

Si exceptuamos alguna película que otra, el cine del director Michel Hazanavicius (París, Francia, 1967), tiene como costumbre instalarse en la parodia para revertir mucho de sus géneros preferidos, como hizo en su exitosa OSS 117 El Cairo, nido de espías (2006), y su secuela, dos años después, donde se daba un festín de carcajadas a costa de las películas de espías y más concretamente, al infantiloide y machista mundo de James Bond. Tampoco es la primera vez que dirige un remake, ya lo hizo con The Search en 2014, en una película serie sobre la guerra. Ni mucho menos, es la primera vez que se adentra en los entresijos del cine y todo lo que queda detrás, como su primer éxito Mes amis (1999), donde dos tipos, un productor de sitcom y un actor se enfrentaban a un cadáver. En The Artist (2011), su película más exitosa, tanto a nivel de público como de crítica, con nominaciones al Oscar y todo, se reivindicaba como autor serio con un excelente retrato sobre el Hollywood de los años veinte, rodada como una película muda y en blanco y negro, eso sí, con sus toques de comedia y burla. Siguiendo la estela de The Artist, volvió al cine y sus genios, en este caso, el de Godard y su relación con Anne Wiazemsky y los convulsos años sesenta en la estupenda Mal genio (2014).

Aunque todo hay que decirlo, con Corten!, nunca nos había divertido tanto ni lo habíamos visto tan desatado y gamberro, quizás la película original en la que se basa tiene mucha responsabilidad, porque One Cut of The Head (2017), de Shinichirô Ueda, película japonesa de fin de carrera, es todo un sincero y apasionado amor al cine, y sobre todo, a las ganas de hacer cine con los medios ridículos que se tengan, la misma sensación que tiene Remi (enamorados hemos quedado con la increíble interpretación de Romain Duris, que nunca lo habíamos visto tan alocado, nerviosísimo y sobre todo, tan encantador), porque tiene el encargo de hacer una película en directo y en plano secuencia, ahí es nada, y se empeñará con sabiduría, fuerza y todo lo que haga falta para acabar el rodaje y por ende, la película. El director francés, muy fiel al original, y con ecos de Zombies Party (2004), de Edgar Wright (una de las más gloriosas parodias del cine de zombies de los últimos años), nos sitúa en el rodaje de una película, en una película que tiene muchas partes dentro de sí misma y también, en una comedia, con muchas texturas y formas.

Empezamos viendo la película de zombies que están filmando, muy a lo serie B, incluso Z, todo muy al uso y destinada al público más gore, en que la comedia es muy disparatada. Luego, pasamos a ver otra película, que empieza unas semanas antes y nos muestran la preparación del rodaje, donde la cámara está más reposada y la comedia es más inteligente y elegante, dentro de lo que cabe. Y finalmente, en el tercer segmento, nos metemos de lleno en el rodaje en sí, y vamos viendo, con todo lujo de detalles, lo que queda detrás, lo que no vemos, como se van desarrollando las situaciones y los innumerables imprevistos que se van sucediendo donde no había nada pensado ni planificado, y todo se hace a lo bestia y de cualquier manera, donde la comedia es muy disparatada, burlona y surrealista, donde encima van a aparecer los zombies reales, a los que nadie del equipo, dentro de ese caos y locura, se percatan que son reales. Todos estos elementos juegan a favor de la película, que no pide seriedad ni mucho menos, sino todo lo contrario, muchas dosis de terror zeta, parodia y muchísima sangre y gore a doquier, en plan salvaje in crescendo y muy bestia.

La cámara de Jonatahan Ricquebourg, que ha trabajado con Albert Serra y Lucile Hadzihalilovic, es la más desatada de todos y todas, porque se sumerge en el rodaje, mimetizando en cada uno de los diferentes personajes y situaciones rocambolescas, en un grandioso trabajo digno de mención, como el extraordinario trabajo de montaje de Michael Dumontier, que corta cuando es precio, dando más importancia a los diferentes planos secuencia, y aglutina todos los momentos de la película, que son muchos, en sus casi dos horas de metraje, que para nada resultan flojas o aburridas, todo lo contrario, mantienen un ritmo infernal y lleno de diversión y locura. La música de un grande como Alexandre Desplat hace lo que falta, creando esa tensión, esa pausa, y esos ataques de nervios entre los personajes. El reparto juega de forma maravillosa a la propuesta de la película, con el ya mencionado Duris, ese antihéroe que viene a ocupar el rol de Jean Dujardin en muchas películas del director parisino, siendo ese cineasta de trabajos rutinarios que desea hacer su película, cueste lo que cueste, ese director, bueno, bonito y barato, para una película pagada por una japonesa que parece de los yakuza, tierna y dura.

La locura en la que se ha enredado Remi, tiene a sus cómplices de turno, que van a muerte con él, como su mujer, una brillante Bérénice Bejo, musa de Hazanavicius, aquí convertida en Nadia, una caracterizadora muy peculiar con sus momentos de karate. Y otros intérpretes como Grégory Gadebois, que repite con el director, y otros, al igual de divertidos y desatados, como Mathilda Anna Ingrid Lutz, como un actriz con poco talento, Finnegan Oldfield, el actor que lo piensa todo y demasiado, y otros integrantes del equipo a cual más nervioso y perdido. Hazanavicius ha construido un remake muy digno, y ha hecho una película que es una profunda y sentida cinta de amor al cine, al trabajo de equipo, al esfuerzo titánico y bestial que hay detrás de cada película, y sobre todo, al cooperativismo y la confianza que resultan necesarias para llevar a cabo el rodaje de una película, independientemente el resultado artístico de la película, con ese Remi, un director del montón, que va a hacer lo imposible para llevar a buen término su encargo, llevándose a todos los zombies por delante, ya sean reales o no. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA