Adiós, queridos haters, de Hanka Nobis

EL PESO DEL ODIO. 

“El odio es muy fácil. El amor requiere de valentía”. 

Hannah Harrington

La primera imagen que vemos de la película es la de Antek, su protagonista, un joven polaco de sólo 20 años, tallando con un hacha una cruz en un árbol con mucho esfuerzo y sudando la gota gorda, rodeado de un grupo de amigos. Inmediatamente después, el grupo rodea la citada cruz y siguiendo a Antek, que ejerce de líder, comienzan a rezar de forma intensa y apasionada. La naturaleza y el grupo definen mucho la vida de Antek, que ha crecido en una familia de extrema derecha y muy religiosa. La existencia de Antek es eso y nada más, un círculo cerrado y vicioso, en la que también se incluyen actividades como pertenecer a “La Fraternidad”, donde celebran su cristianismo, su celibato, su homofobia y su Polonia blanca. La película Adiós, queridos haters, con el título original de Polish Prayers (traducido como “Oraciones polacas”), habla de la creciente religiosidad del país presidido por Andrzej Duda con su partido “Ley y Justicia”, que aboga por un país de derechas, conservador y tremendamente religioso, en el que no cabe otra forma de actividad e idea. 

La directora Hanka Nobis (Bialystok, Polonia, 1990), que ha trabajado tanto en cine como en teatro, al lado de nombres como los de Jacek Poniedziatek, Anna Smolar, Pawel Lozinski, Markus Ohrn, entre otros, debuta en el largometraje con el documental Adiós, queridos haters, que no es un retrato al uso, sino que va más allá, porque habla de Antek, alguien atrapado en su familia y la fraternidad de amigos, explica la existencia de alguien que nunca ha juzgado a los suyos, ni se ha planteado otra cosa que seguir el camino marcado sin cuestionarlo. Pero, he aquí la cuestión, Antek conoce a una chica de la que se enamora, una mujer que es diferente a él, alguien que respeta a los demás y se plantea las cosas desde la reflexión profunda, intentando ser la persona que quiere ser y no dejándose influenciar por las ideas reaccionarias. La cineasta polaca demuestra una madurez y síntesis asombrosas, porque explica su película de forma sutil, sencilla y muy honesta, sin caer en las superficialidades, ni en los torpes juicios de otros y otras, en su relato hay verdad e intimidad, nada es baladí, todo se cuenta desde la firmeza de tener un material potente y muy incómodo, situando al espectador en el centro de la trama, mostrando lo que ocurre y no interviniendo más que lo necesario, sin guiar ni conducir al público, dejando que la audiencia mire, juzgue y sienta. 

La cinematografía de Milosz Kasiura ayuda a crear esa atmósfera intensa y cargada por la que se mueve el joven protagonista, y sobre todo, cuando le asalta las dudas, las contradicciones y empieza a mearse en ese espejo donde ya no se reconoce, o también podríamos decir, en el espejo donde ve las oscuridades que todavía no se había atrevido a ver. Un montaje preciso y rítmico que firma el dúo Bigna Tomschin y Olivia Frey,  lleva el relato por un universo donde abundan las sombras y los (des) encuentros nada complacientes en una película que se va a unos estupendos y poderosos 83 minutos de metraje. Nobis traza un retrato certero y lleno de fuerza de la Polonia actual, pero no lo hace desde el lado de la complacencia, sino desde el otro lado, desde el espacio de la maldad, el odio y el poder. Y no lo hace desde ese poder oculto de señores de traje que manejan el dinero y todo lo demás, sino lo que hace desde un joven soldado, un chaval de 20 años, que está posicionado y relaciones con ese odio atroz, pero tampoco se queda ahí, porque la película está concebida desde la verdad y la transparencia de un personaje que tiene dudas, que se plantea lo que nunca se había planteado, y desde la pausa y la tranquilidad.

La cineasta polaca sitúa la cámara y el encuadre desde la distancia perfecta en el que muestra sin juzgar, en la que enseña respetando la intimidad de la persona, con cercanía pero sin demasiado lejanía que distorsione para un lado o el otro la historia que quiere contarnos con veracidad y honestidad. Adiós, queridos haters, de Hanka Nobis, debería ser de obligada visión en todos los institutos del mundo consumista, para que los jóvenes pudiesen ser testigos y reflexionar sobre los valores de muchas personas de este continente llamado Europa, que en su teoría tiene buenas intenciones, pero en la práctica se mueve a partir de valores demasiado tradicionales y conservadores, que atentan contra la libertad de colectivos como los de LGTBIQ+ e inmigrantes y demás que abogan por un mundo más libre, democrático, y sobre todo, de verdad, todo aquellos valores con los que Europa soñó una vez y que a medida que ha ido avanzando el tiempo, poco a poco se han ido reduciendo en pos a la riqueza económica y el individualismo depredador, que acuñó hace poco David Trueba. En fin, vean la película y sobre todo, la recomienden, porque así su mensaje de amor y respeto llegará más lejos y con más fuerza, que ese es la idea de este cine, un cine que nos hable de lo que pasa y lo haga con seriedad, desde la verdad y con muchos puntos de vista y miradas. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Anna Mari Kähärä y Susanna Helke

Entrevista a Anna Mari KäHärä y Susanna Helke, compositora y directora de la película «Armotonta menoa – hoivatyön laulula (Ruthless Times: Songs of Care)», en el marco de LAlternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona, en el hall del Auditori CCCB en Barcelona, el viernes 25 de noviembre de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Anna Mari Kähärä y Susanna Kelke, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Mariona Borrull de Comunicación de L’Alternativa, por su labor como traductora, y su especial trabajo, amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Xun Sero

Entrevista a Xun Sero, director de la película «Mamá», en el marco del LATCinema Fest, en la Casa Amèrica de Catalunya en Barcelona, el martes 21 de marzo de 2023.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Xun Sero, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Anna Vázquez de Casa Amèrica de Catalunya, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Un viaje de mármol, de Sean Wang

EL CAPITALISMO Y NOSOTROS. 

“La gente paga por su propia subordinación”

Noam Chomsky

Los tremendos y rápidos cambios económicos de China han quedado retratados de forma profunda y seria por un cineasta de la talla como Jia Zhangke en películas como El mundo (2004), Naturaleza muerta (2006), y Wuyong (Useless) (2007), entre otras, excelente cronista de su país y el desánimo de una población lanzada al capitalismo y expulsada a la vida. Otro cineasta chino como Sean Wang, retrata en Un viaje de mármol el capitalismo desde dentro y sobre todo, desde fuera de China, y sus conexiones con Grecia, destino turístico y colaborador esencial en engrandecer la economía de sus ciudadanos más pudientes. No es la primera vez que el director chino se ha acercado a la realidad griega, ya lo hizo en su ópera prima Lady of the Harbour (2017), en la que se centraba en el trabajo de Suzanne, una activista china que junto a su equipo, ayudaba a los refugiados que llegaban exhaustos a Lesbos, Pireo y Atenas, esos mismos lugares, a los que se añade otros lugares turísticos como Santorini y demás, son los espacios en los que se desarrolla la película.

La película tiene un arranque tan revelador como demoledor con las gemelas chipriotas haciendo un directo frente al Partenon y hablando en chino, a los que se les acercan un par de turistas chinos y el diálogo y la cordialidad se desarrolla de manera sencilla y divertida. Luego, pasamos al Peloponeso, la ciudad de donde se extrae el mejor mármol del mundo, con el que se construyó el Imperio Romano, que ahora se exporta a China para que los ricos se gasten cantidades indecentes en sus casas del material tan noble. Conoceremos a todos los agentes en cuestión: las citadas gemelas, una especie de embajadoras que reclutan ricos para que compren en Grecia su sol, sus islas y cualquier producto, un artesano chino del mármol que fabrica para el mundo entero haciendo copias y réplicas esparcidas por todos los países, un empresario que explota sus negocios con la piedra en China, en la que hay más permisividad a nivel laboral y legal, y finalmente, el sobrante del mármol, que acaba en los talleres chinos para crear souvenirs que vuelven a Grecia y se esparcen por todo el mundo. Wang va construyendo su narrativa desde un punto de vista global, sin caer en la condescendencia ni en el sentimentalismo. 

Un filme que propone la observación detenida, sin prisas, en la que nos abre una ventana para que contemplemos la belleza del mármol, y el mercantilismo feroz y terrible que se hace de él, con unas imágenes elegantes y sofisticadas, que en muchos momentos creemos que estamos en una película de ciencia-ficción por toda esa ostentosidad que contrasta con los talleres tan miserables en los que hay polvo nocivo, niñas trabajando y unas condiciones de explotación y horror. Wang no remarca en absoluto su discurso político, no le hace falta y tampoco sería necesario, porque sus imágenes y sobre todo, lo que retrata, deja muy patente la absurdidad del mundo capitalista y esa falsa idea de globalización de estar más cerca de todo y los otros, que es una falsedad, porque seguimos como siempre, unos privilegiados viven de esa forma porque la otra mitad de la población trabaja sin descanso y sufre una precariedad extrema. La película muestra situaciones de pobreza laboral, aunque también, mira y atiza a los “presuntos” empresarios, que van y vienen de Grecia a China y viceversa, copiando, replicando y rodeados de un lujo hortera y estúpido, donde todos parecen fotocopiados, en un mundo descontrolado donde la idea de amasar dinero y gastarlo en gilipolleces está a la orden del día, un mundo que parece el posapocalíptico de otro que fue, y ya no está, donde todo lo bello acaba siendo pasto de la mentira, la riqueza y la estupidez humana. 

Con un ritmo estupendo y ágil, nos llevan de manera suave y reposada por esos ambientes empresariales, donde abundan los encuentros, las fiestas y demás, incluidos los religiosos, y los otros, los que los trabajadores chinos y chinas pierden su vida y su salud esclavizados por el bien del progreso de otros, porque no del suyo. Wang podría haber construido una tragedia sin esperanza, pero aunque vemos poca de esperanza, sí que ha concluido mucho humor en su película, un humor divertido y en otras ocasiones, muy irónico, en el que se descojona sin compasión de todas las argucias y estupideces del sapiens por ganarse al rico y venderle de todo, con saraos superficiales, sonrisas fingidas y demás poses para ganarse la confianza, es decir su chequera. Aprovechen la ocasión que les brinda el DocsBarcelona a través de su maravillosa iniciativa del Documental del Mes y no se pierdan Un viaje de mármol, de Sean Wang, porque tiene de todo y muy bueno. Tiene eso que mucho cine actual ha olvidado y no es otra cosa que mostrar y retratar una realidad, pero no edulcorada cayendo en la deshonestidad, sino todo lo contrario, mostrando una realidad que duele, pero es así, porque podemos mirarla desde otros ángulos si queremos, pero seguirá siendo la misma realidad, eso sí, podemos contarla como lo hace Wang, de verdad, con emoción y con mucho humor, porque es bueno ver las cosas desde otro modo, aunque sigan siendo crudas, ayuda a sacar nuestras propias conclusiones y la próxima vez que tengamos la necesidad de comprar un artículo o turistear a algunos de esos países, pensemos un poco en toda la basura que mantiene esa injusticia, y sobre todo, a la maquinaria que hace que este mundo de tanto asco. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

 

Entrevista a Alicia Cano Menoni

Entrevista a Alicia Cano Menoni, directora de la película «Bosco», en la sede de la Casa Amèrica Catalunya en Barcelona, el miércoles 16 de noviembre de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Alicia Cano Menoni, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a mi querido amigo Óscar Fernández Orengo, por retratarnos de forma tan especial, y a Violeta Medina de Comunicación, por por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Maria Besora

Entrevista a Maria Besora, directora de la película «Animal salvatge», en el Parc de la Ciutadella en Barcelona, el miércoles 8 de diciembre de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Maria Besora, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Mil incendios, de Saeed Taji Farouky

LA FAMILIA BIRMANA.

“Gobierna tu casa y sabrás cuánto cuesta la leña y el arroz; cría a tus hijos, y sabrás cuánto debes a tus padres”.

Proverbio oriental

La película se abre de forma magnífica y muy descriptiva. Vemos una zona rural, una tierra que emana fuego, agujereada de pequeños pozos que de forma manual intentan sacar petróleo del subsuelo. El sonido natural ha dejado paso a un intenso ruido mecanizado de las diferentes máquinas y motores rudimentarios para extraer el valioso oro negro. Nos encontramos en Myanmar (Birmania), y conocemos al matrimonio Thein Shwe y Htwe Tin, que han dejado la agricultura y se dedican a la extracción de petróleo manual, un trabajo durísimo, sucio, asfixiante, y sobre todo, muy explotador para el rendimiento que se saca, en un subsuelo cada vez más seco. Zin Ke Aung, el hijo de la pareja, se niega a seguir la tradición familiar y quiere probar suerte con su sueño de futbolista en la ciudad. La familia le apoya, pero también, le entristece perder a su único hijo.

El director palestino y británico Saeed Taji Farouky, ha cimentado una filmografía en el campo documental, adentrándose en una defensa a ultranza por las injusticias de las minorías, componiendo un cine a favor de los derechos humanos, como en The Runner (2013), en el que retrataba la vida de Salah Ameidan, un saharaui occidental que quiere representar como corredor a su país olvidado y no reconocido internacionalmente. En Tell Spring Not to come This Year (2015), película aclamada en el prestigioso Festival de Berlín, en la que se centraba en la intimidad y cotidianidad de dos soldados afganos y hacía todo un profundo recorrido por la historia del país árabe. Con Mil incendios, se ha trasladado a una zona también olvidada, a una zona rural de Birmania, una zona donde malviven muchas familias en el oficio de la extracción de petróleo. La cámara filma y captura esa intimidad familiar, desde el trabajo rutinario, pesado y difícil, las pausas para comer, sobre todo, arroz y algún pescado, y los escasísimos momentos de asueto familiar, donde cada uno sueña con sus cosas, sus ilusiones olvidadas, y sus esperanzas maltrechas.

El extraordinario trabajo de montaje de la experimentada Catherine Rascon, con más de cuarenta títulos en el documental, consigue una película, donde el sonido es capital, porque siempre las máquinas están en funcionamiento, nunca cesas, un ruido que se mezcla con el de la escasa cotidianidad familiar, con esos parones, en los que asisten a ver jugar a fútbol al hijo y lo llevan a la ciudad a las pruebas, o esos otros, que van en moto, con el bidón de petróleo a cuestas, para venderlo en otra aldea más grande, y muchos instantes más. La excelente música de Fátima Dunn, ayuda a relajar tanta desigualdad y miseria, y alegrarnos, porque a pesar de las dificultades, siempre hay tiempo para sonreír y jugar con el recién llegado. Aunque la película retrate unas condiciones de vida y trabajo durísimas y esclavistas, Saeed Taji Farouky no se regodea en esa suciedad y miseria, sino que la filma desde el respeto y la honestidad, huyendo de la “porno miseria”, que mencionaba nuestro añorado Luis Ospina, y dotando de humanismo y sinceridad a todo lo que vemos, a darle valor a esa resistencia de las gentes humildes que, a pesar de tanta negrura, siguen diariamente en sus quehaceres laborales, intentando salir adelante y ayudar a sus hijos.

La película plantea de forma sutil y magnífica las confrontaciones entre padres e hijos o lo que es lo mismo, entre el pasado y el futuro, entre una vida tradicional con trabajos duros y esa otra vida, alejada de la aldea y encaminada a la modernidad, en este caso, el fútbol como vía para huir de tanta explotación. El mismo conflicto del cine del maravilloso e inolvidable Yasujiro Ozu, un cine que hablaba de nosotros, y de cómo el tiempo nos reflejaba en el espejo y nos devolvía otra persona. El cineasta palestino-británico apenas echa mano de los diálogos y construye una película de miradas, gestos, y sobre todo, mucho ruido ensordecedor que inunda toda la pantalla, un ruido mecanizado que no solo expulsa cualquier atisbo de la palabra y por ende, de humanidad, sino que invade todo aquello que vemos en la historia, solo roto por esos escasos momentos ya mencionados, donde la película se transforma en una profunda exploración de sus gentes, sus vidas, sus creencias, sus vidas pasadas, su astrología y todo aquello de donde vienen y hacia donde van. Mil incendios es una película grandiosa, por la sutileza y la honestidad con la que cuenta unas vidas que, en manos de otro, daría a una de esas películas horribles donde el sentimentalismo y la condescendencia se apoderan de todo, y es un desastre. Afortunadamente, Saeed Taji Farouky trata con sumo respeto a todas aquellas personas que filma y lo hace desde la cercanía y la sinceridad del cineasta que observa y no juzga. Una gran película, que no debería perdérsela nadie. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Esta lluvia nunca cesará, de Alina Gorlova

ANDRIY SULEIMAN, REFUGIADO KURDO.

“Esto es lo que hace la guerra. Y aquello es lo que hace, también. La guerra rasga, desgarra. La guerra rompe, destripa. La guerra abrasa. La guerra desmembra. La guerra arruina”.

“Ante el dolor de los demás” (2002), Susan Sontag

Conocía la existencia del conflicto kurdo, pero fue viendo La espalda del mundo (2000), de Javier Corcuera, que conocí la tremenda gravedad del problema. La película explicaba el caso de Leyla Zana, una parlamentaria encarcelada en Turquía por temas políticos. El capítulo seguía la gris y triste existencia de su familia exiliada en Suecia, después que el marido pasase dieciséis años en la cárcel. Cuatro años después, en Las tortugas también vuelan, de Bahman Ghobadi, ambientada en un campo de refugiados del Kurdistán iraquí, éramos testigos de las condiciones miserables de un pueblo como el kurdo condenado a la huida constante, intentando encontrar un lugar al que pertenecer. La cineasta Alina Gorlova (Zaporiyia, Ucrania, 1992), de la que conocíamos su trabajo en el campo documental con la película No Obvious Signs (2018), en la que retrataba a una soldada ucraniana en pleno proceso de rehabilitación por estrés postraumático.

En Esta lluvia nunca cesará (significativo y desesperanzador título), el retrato se centra en la vida de Andriy Suleiman, un kurdo sirio que abandonó el país árabe por la guerra de 2012, y se instala en Lysychansk, al este de Ucrania, país de origen de su madre. La cámara de Gorlova sigue la vida del joven, voluntario de la Curz Roja en la guerra del Donbass en 2014, y de su familia, y su periplo por varios países donde se encuentra diseminada su familia y amigos, como Irak, Kurdistán y Alemania, donde quiere empezar de nuevo. La cineasta ucraniana divide en diez partes su película, a modo de capítulos, y usa el blanco y negro para mostrar esas vidas errantes, grises, difíciles y rotas, vidas que son meras sombras debidos a los graves efectos y causas de la guerra, que parece seguirles allá donde van. El retrato es profundamente humano y alejado de sentimentalismos. Todo se cuenta desde la verdad, o mejor dicho, desde lo auténtico de unas vidas que quieren salir adelante y a duras penas lo consiguen, poniendo el foco en todas las personas anónimas que han huido de su país, sus trabajos y su vida, e intentan encontrar ese lugar en el que volver a estar tranquilos y en paz.

Gorlova construye una intimidad que traspasa, que nos seduce con muy pocos elementos, y nos convierte a los espectadores no solo en testigos privilegiados del drama humano de este grupo de kurdos, sino en personas que conocen una verdad que es en realidad la de muchos refugiados en todo el mundo, personas que lo dejan todo por la guerra, personas acogidas en países extranjeros, personas que deben luchar diariamente para no perder su identidad, no en un sentido nacionalista ni patriótico, sino en el concepto humano, de tus orígenes, de tu forma de vivir, de tus tradiciones, de todo lo que significa ser kurdo. Un documento excepcional y cercano, cimentado con la complejidad de las diferentes existencias, como la labor humanitaria del protagonista kurdo frente al desfile de la máquina militar pesada ucraniana que van a la guerra del Donbass, al este del país, una zona de eterno conflicto entre los prorusos y los ucranianos contrarios, un conflicto que retrató de forma magistral el cineasta ucraniano Serguéi Loznitsa en su película homónima de 2018. Las contradicciones de los bailes tradicionales kurdos y ucranianos, así como el desfile de soldados frente a la marcha del orgullo gay en Berlín.

Un mundo lleno de contrastes, de grises automatizados, de perversidad y alegría en la mismo espacio o según en la perspectiva que te encuentres o te toque circunstancialmente. Esta lluvia nunca cesará no es una película apológica ni se decanta por nadie ni por nada, si hay una idea política, porque en cualquier acción humana la hay, es sin lugar a dudas, la del lado de lo humano, de mirar de frente a todos aquellos que huyen por la guerra, a todos aquellos que, lejos de sus tierras, siguen viviendo la guerra diariamente, de los traumas que deja la guerra, el exilio y estar lejos de todo sin saber donde se está, de todos los espacios oscuros que construyen unos poquísimos y afectan a millones de personas alrededor del mundo, de la guerra como mal eterno de la historia de la humanidad que define mucho nuestra forma de vivir, de compartir y de mirar al otro. Andriy Suleiman es uno de tantos refugiados que cada día abandonan su vida para emprender un camino lleno de peligros y de dolor del que desconocen completamente donde les llevará y que será de ellos, y lo más incierto, si algún día podrán regresar a sus vidas y cuántas vidas costará tanto desastre imposible de detener. Aunque la película no solo muestra desgracia y tristeza, porque también hay tiempo para el reencuentro, para seguir adelante a pesar de todo, y sobre todo, hay tiempo para seguir se esté donde se esté. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Rock por mil, de Anita Rivaroli

A VECES LOS SUEÑOS SE HACEN REALIDAD.

“El riesgo es que los guitarristas, por su papel habitual dentro del típico grupo de rock, actúen como unas divas. De todas formas, creo que hemos conseguido enviar un mensaje subliminal: “Hay mil músicos tocando. No hay espacio para el virtuosismo ni para las masturbaciones musicales con el instrumento”. Me interesa Rockin’1000 como experimento “sociomusical”, porque se trata de anular el ego. Es algo muy zen. Yo creo que va a ser muy bueno para los músicos”.

Erase una vez en la localidad de Cesena, al norte de Italia, que un tipo llamado Fabio, biólogo de profesión y rockero de pasión, tenía un sueño. Su sueño era que la banda de rock estadounidense “Foo Fighters” tocará en su ciudad. Y para ello, con la amistad y el trabajo de varios colegas del rock, idearon una aventura de nombre Rockin’1000. La aventura era convocar a mil músicos entre bateristas, guitarristas, bajistas y cantantes para que tocasen el tema del grupo “Learn to Fly” y filmar toda esa experiencia única e irrepetible. Hubo una campaña de crowfunding de donde salieron los gastos presupuestados en más de 40000 euros, un casting vía internet, y llegó el gran día, donde todo fue rodado. Grabaron un video que subieron a youtube que en pocos días alcanzó más de veinte millones de visualizaciones y Dave Grohl, líder de la banda, conoció a Fabio y el grupo y prometieron tocar en Cesena.

La cineasta Anita Rivaroli, natural de Cesena, y graduada en el prestigioso Centro Sperimentale di Cinematografia, con experiencia en cortos y videoclips, amén de autora del videoclip de Roking’1000, es la autora de esta película que documenta no solo la aventura de un grupo de rockeros del norte de Italia, sino el trabajo en equipo, de hacer posibles lo imposibles, y sobre todo, a pesar de la individualidad y superficialidades imperantes de esta sociedad consumida por lo material y la impostura, de tanto en tanto, un montón de gente deciden aparcar sus vidas y sus historias y ponerse al servicio común, a la maravillosa idea cooperativista de todos a una, de trabajar e invertir su tiempo para otros, o mejor dicho, para una causa que les va reportar un bienestar emocional, todo un milagro en los tiempos que corren. Rivaroli crea un documento al uso, con sus respetivos testimonios de todos los instigadores del proyecto, tanto creadores como músicos, y de los otros, todos esos músicos anónimos que arribaron a Cesena con la ilusión y las ganas de ser parte de una iniciativa loquísima y llena de amor y alegría.

Las imágenes nos hablan del inicio del proyecto, sus adversidades, sus continuos problemas económicos y de logística, y de su periplo, su enorme éxito, en que el video resultante se convirtió en un fenómeno mundial, el concierto de Cesena y la larga vida de la experiencia Rockin’1000 ya convertida en una banda de rock que llena estadios de todo el mundo. La película no solo nos habla de la pasión de cada uno, sino de los infinitos caminos de la música, con sus múltiples formas, texturas y variantes de entenderla, experimentarla y de vivirla. Un grupo de mil músicos que no entienden la vida sino es tocando sus instrumentos y hacer mucho ruido, tocar los temas de sus grupos de referencia, y porque no, un día, en la medida de sus posibilidades, pertenecer a esos músicos de rock que tocan en estadios llenos y hacen vibrar a una masa entregada y vital. Rock por mil también nos habla de los sueños, de los sueños de cada uno, de todas esas ideas, ilusiones y demás que nos rondan la cabeza.

La película se centra en todo el trabajo que hay detrás de cada sueño y cada aventura, de todos y todas que los hacen realidad, de todas las posibilidades que nos ofrece trabajar en grupo y crear una comunidad, de esa magnífica idea de creer en algo y llevarlo a cabo con la ayuda de tantos entusiastas como tú, porque en un sistema que continuamente aboga por el yo, es una forma de resistencia crear un nosotros, donde no hay nombres, ni egos ni nada que se le parezca, solo un grupo de mil personas que suman talentos para crear algo bueno, bonito y lleno de esperanza, en una especie de rito sagrado, una mirada espiritual, donde el único fin es pasárselo bien y sobre todo, crear en comunidad, todos y todas a una por y para el rock, porque aunque el mundo siga a lo suyo, o sea, a su inevitable autodestrucción con sus ansias de crecer y crecer y explotarlo a todo y todos, en Cesena, una pequeña localidad del norte de Italia, se lanzaron a una aventura que parecía imposible, un sueño que no solo se hizo realidad, sino que construyó mil realidades y mil formas de hacer música y disfrutar de la vida desde otro ángulo imposible y posible. Ya solo nos queda decir: ¡LARGA VIDA A LOS SUEÑOS IMPOSIBLES Y A LAS PERSONAS QUE LOS SUEÑAN!. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Arica, de Lars Edman y William Johansson

MALDITOS DESECHOS.

“La economía es un sistema digestivo que devora minerales, ríos, especies y personas y defeca residuos peligrosos que envenenan la tierra, el aire o el agua”.

Yayo Herrero

La función más importante y humana del cine no es entretener al personal, eso tiene su mérito, pero no trasciende. Lo principal del cine, y lo que ha conseguido que siga un medio capaz de mantenerse en el tiempo, no es otro que visibilizar lo oculto y dar voz a los silenciados. En definitiva, mirar todo aquello humano, todo lo que el armatoste económico no convierte en un mero producto que rentabilizar económicamente. Y no solo mostrarlo, sino sacándolo del olvido y profundizar en los hechos, en su pasado, y sobre todo, convertirlo en un película que muestre otras realidades, otras perspectivas, y sobre todo, que nos haga reflexionar. Los cineastas Lars Edman, nacido en Chile y adoptado en Suecia, en la ciudad de Boliden, y William Johansson, sueco de nacimiento, ya trabajaron juntos en Toxic Playground (2010), donde daban a conocer  con los afectados de las consecuencias de los vertidos tóxicos en Arica, una ciudad desértica y empobrecida del norte de Chile, por parte de la citada empresa minera sueca.

Una década más tarde, vuelven a Arica y siguen la investigación de los afectados y sus representantes legales y el transcurso de la demanda contra la empresa sueca. El propio Edman se convierte en el medio en el que nos informa de los hechos del pasado con excelente y cuidadoso material de archivo, que se remonta allá por el año 1984 en plena dictadura chilena, cuando Boliden dejó los residuos tóxicos con el beneplácito de las autoridades. El impacto que sufrieron los miles de niños que jugaban en esas montañas de tierra negra junto a sus casas. Muchos de ellos afectados de malformaciones, canceres y demás problemas graves de salud. La película viaja por el pasado, y se asienta en el presente y sigue minuciosamente el juicio celebrado en Suecia, en el que litigan los afectados ariqueños contra la empresa Boliden. Escuchamos muchos testimonios: los chilenos padres que lloran y cuidan de sus hijos, algunos fallecidos y otros, gravemente enfermos, los abogados y activistas que los ayudan, y la otra parte, la figura de uno de los expertos de Boliden, que participó en la película de Toxic Playground, y su cambiante actitud con el juicio en primera línea, y los abogados de la compañía sueca que intentan con todo su arsenal que la compañía quede libre de cargos.

La película tiene un gran ritmo, es honesta y transparente, con el aroma de los mejores títulos de investigación, sólido y veraz, se esfuerza en hablar con todas las partes y dejar las diferentes posiciones claras, en aportar mucha información, pero no a lo bestia y sin sentido, sino que desde puntos de vista diferentes y argumentadas, tomándose su tiempo y dejando que los espectadores la observemos con detenimiento y de forma reposada. La película se centra en este hecho, pero siempre va a más, porque Boliden no es una empresa más, sino que es una compañía que funciona dentro del engranaje capitalista de usar el mundo y aquellos empobrecidos que lo habitan, para uso y disfrute de los enriquecidos. Porque la película no habla solo de una terrible injusticia que se ha cometido durante quince años con los habitantes olvidados y empobrecidos de Arica, sino que también se centra en un mundo que no ha aprendido nada de su pasado colonizador, miserable y violento, sino que sigue ejerciéndolo bajo otras prácticas igual de devastadoras, pero en este caso, silenciadas por el periodismo de masas, que no solo no informa de lo importante, sino que cuando lo hace, lo ejecuta sabiendo quién paga y manda, y todo acaba convirtiéndose en un mero espectáculo de desinformación y servidor pusilánime del estado.

Arica es una película honesta y sensible, que mira de frente a los habitantes de Arica, que les da un espacio para poder hablar, llorar y sentirse acompañados, y les hace importantes explicando su pasado y su presente. La película provoca dolor, indignación y miedo y desencanto ante el poder de los que mandan y ordenan, aunque como explica el activista que trabaja para el pueblo de Arica, ellos seguirán luchando por la dignidad y memoria de los que ya no están y de los que siguen en la lucha, aunque haya mínimas posibilidades de conseguir nada, porque aunque la lucha no signifique ganar o tener ni siquiera alguna posibilidad de salir victorioso, la lucha es necesaria para seguir levantándose cada día, y seguir manteniéndose en pie a pesar de tanta injusticia, tanta mentira y tanto dolor, porque solo se pierde si se abandona la lucha, y los ariqueños nunca abandonarán porque aparte de las carencias económicas y demás que tienen en sus vidas, su dignidad ni se compra ni se vende, se consigue luchando cada día y haciéndole frente a los problemas. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA