Reparar a los vivos, de Katell Quillévéré

EL LATIR DEL CORAZÓN.

 “Para que una película este lograda y viva, debe contener heterogeneidad”.

Pier Paolo Pasolini

Cuando se publicó en Francia en enero del 2014, la novela Reparar a los vivos, de Maylis de Kerangal, se convirtió en un enorme éxito de crítica y público, convirtiéndose en uno de los libros fenómenos desde entonces. Pronto le surgieron cineastas que quisieron llevar esta historia intimista y humana sobre la vida, la muerte, y la donación y transplante de órganos. El gato al agua se lo llevó Katell Quillévéré (Abiyán, Costa de Marfil, 1980) una directora que ya contaba con dos largos, uno de ellos rodado en el 2010 Un pison violent, y el otro, tres años después, Suzanne, dos dramas centrados en la resilencia y en la vida de dos mundos femeninos que tienen que afrontar la pérdida y el dolor. En su tercer largometraje, vuelve a hacer hincapié en estos temas, por un lado, tenemos a Simón, un quinceañero amante del surf, enamorado que sufre un accidente que pierde la vida, y por el otro lado, a Claire, una mujer madura que está esperando un corazón ya que el suyo ya no aguanta más. La vida y la muerte se mezclan en este retrato actual y universal sobre el significado de nuestras vidas, sobre o que somos y el vínculo social que nos une a todos los seres de este planeta.

Quillévéré construye una película muy orgánica, transparente y muy viva, centrada en 24 horas, y contada en tiempo real, a excepción de un único flashback, una sola jornada que definirá para siempre la vida de las personas implicadas, unos padres rotos por la pérdida de su hija tendrán que decidir donar su corazón para que otra vida, desconocida y ausente de sus vidas, pueda seguir viviendo con un corazón vivo, y al otro lado del espejo, tenemos a una señora, madre de dos hijos jóvenes, que se reencuentra con la que fue su amante en un difícil momento de su vida, cuando se plantea si merece seguir viviendo ahora que se le ha brindado una oportunidad de vivir, un nuevo camino a su vida, un nuevo reto, un empujón vital para seguir caminando. La directora francesa construye un viaje enigmático y lleno de sensaciones, pura magia, donde no es el tiempo el que cuenta, sino nuestras emociones, en una trayectoria sin tiempo ni lugar, sólo llevado por los sentimientos y nuestras pulsiones del momento, en espacios donde la vida y la muerte conviven con naturalidad, sin molestarse, adaptándose y fundiéndose en uno, porque la tristeza de unos se convierte en la alegría de otros, en un gesto de solidaridad entre todos los habitantes que vivimos en armonía vital.

La realizadora, marfileña de nacimiento, cimenta su película a través de las miradas y los gestos de sus criaturas, en una «chanson de geste», como la define ella, encerrándonos en las paredes de un hospital, con el sonido de las máquinas, asistiendo a las operaciones milimétricas de los cirujanos,  las duras conversaciones de los facultativos hablando con familiares rotos por la tristeza (como ocurría en el prólogo de Todo sobre mi madre, de Almódovar, cuando unos doctores asistían a unos cursos con psicólogos para instruirse en la manera de dar informaciones duras a los familiares) a pisos frente al hospital para esperar lo que puede cambiar la vida, o a trayectos en bicicletas o motos bordeando la ciudad y sintiéndose que la vida se escapa a cada segundo, incluso, agarrándose a una bici para superar una cuesta empinada y encontrarse con el amor, o bordear las olas con el ímpetu de la juventud, de ese instante de la vida que tenemos todo por hacer o eso creemos, en una sucesión de circunstancias vitales en las que se encuentran inmersos emocionalmente los personajes que navegan de lo íntimo a lo general y viceversa.

Momentos cotidianos, bellos y luminosos, emocionantes y líricos, casi metafísicos, algunos de ellos vacíos de silencio y de palabras, sólo sensoriales y vitales, donde la vida y la muerte se funden creando uno sólo, un instante que nos une a todos, ayudados por un elenco de altura con grandes nombres como Tahar Rahim, Emmanuelle Seigner o Anne Dorval, que dan vida a unos personajes que viven al límite de sus emociones y existencias, enfrentados a la pérdida, al dolor y a tener que decidir porque no hay tiempo que perder porque cada segundo cuenta para salvar vidas, y la compañía de la dulce melodía de Alexandre Desplat (colaborador entre otros de Polanski, Audiard, Malick o Fincher) que nos envuelve en ese mundo onírico, en el maremagum de emociones donde transita la película elegantemente captadas y filmadas por la la directora a través de un grupo de existencias en una historia contada en dos partes, en dos tiempos, en dos circunstancias vitales, opuestas pero complementarias a la vez, que acaban fluctuando en una misma, haciendo que ese corazón, órgano complejo y vital para nuestras vidas, no deje de latir, y siga regalando vida, independientemente del cuerpo donde se encuentre, porque este dellate, al fin y al cabo, es lo de menos.

 

Entrevista a Blandine Lenoir y Agnès Jaoui

Entrevista a Blandine Lenoir y Agnès Jaoui, directora y actriz de «50 primaveras». El encuentro tuvo lugar el viernes 14 de julio de 2017 en la terraza del Instituto Francés en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Blandine Lenoir y Agnès Jaoui,  por su tiempo, generosidad y cariño, y a Javier Asenjo de Surtsey Films, por su amabilidad, paciencia, atención, generosidad y cariño.

50 primaveras, de Blandine Lenoir

LA VIDA EMPIEZA HOY.

Aurore Tabort acaba de cumplir los 50 tacos, divorciada y madraza, vive con su hija pequeña que se larga del nido familiar porque se ha enamorado de un disc-jockey, además su hija mayor le dice que está embarazada, y para más inri, dimite de su trabajo como camarera por desavenencias con el imbécil de su nuevo jefe. Ante esa sucesión de diversos frentes en su existencia, y no queda ahí la cosa, porque está empezando a sufrir la menopausia, es decir, sofocos, mareos, malestar y otros cambios que sufren las mujeres maduras a cierta edad. Y en ese estado, en ese período de transición, Aurore, por casualidad, se encuentra a su amor de juventud, aquel que abandonó para casarse con su mejor amigo. Así, de esta manera, en un momento de cambios profundos, sitúa la directora Blandine Lenoir su película, mujer de amplia trayectoria, tanto como actriz, que trabajó en un par de películas de Gaspar Noé, y como directora, autora de diez cortos, antes de de debutar en el largo con Zouzou (2012) también ambientada en la familia, y con un caso parecido a la que nos ocupa, en ésta, un padre sesentón informa a sus tres hijas y nieta que se había enamorado de un hombre, el cisma que provocaba en el seno era de órdago, como la situación que vive Aurore.

Agnès Jaoui, maravillosa actriz y directora, que junto a Jean-Pierre Bacri ha dirigido excelentes comedias sobre amigos como Para todos los gustos (2000) o Como una imagen (2004), entre otras, encarna a la heroína cotidiana de esta tragicomedia de Lenoir, que captura con sinceridad y mucha honestidad, los avatares de las mujeres maduras, su posición en la vida, sus alegrías y también sus tristezas, mezclando con sabiduría tanto los momentos cómicos, que los hay, como aquellos que nos arrancan alguna lágrima, pero no lo hace desde la condescendencia, ni mucho menos, sino desde las emociones, desde el respeto hacía sus personajes, porque el microcosmos de Aurore, donde las mujeres muestran una solidadridad entre ellas sin límites, además de sus dos hijas, lo componen una amiga fiel, sus nuevas jefas que son un grupo de abuelas con gran vitalidad, el padre de sus hijas, un tontolaba de mucho cuidado, algún amante que le llena algo, y sobre todo, el primer amor, ahora convertido en atractivo cincuentón, que ella, Aurore, parece negarse a una segunda oportunidad, a creerse que su vida es cuidar a los demás, y no cuidarse a ella misma, como si su vida ya no necesitase emociones sentimentales, como si ya se hubieran extinguido, pero quizás las cosas no son así, y Aurore todavía tiene mucha vida por delante, y puede sentir esas cosas que hace tiempo ya no siente, esas cosas que no solamente le hacen sentir bien a uno, sino que le dan nuevas experiencias vitales.

Una película cercana y emocionante, que tan bien saben construir la cinematografía francesa, con vocación popular, pero que saben hacernos reflexionar, y conmovernos con muy poco, con una cotidianidad de aquí y ahora, capturando la vida de esas ciudades provincianas, alejadas de las grandes ciudades, con su vida de cada día, sin aparentemente sobresaltos. Lenoir ha construido un relato sincero, atrevido, y profundamente bello, donde su cámara se mueve entre sus personajes de forma cálida, penetrando en su cotidianidad,  que pone el foco en las mujeres maduras, en sus problemas y sentimientos, sus conflictos internos y aquellos que experimentan mientras su vida está cambiando, en la que su cuerpo está sufriendo cambios que les afectarán y les hará plantearse su existencia de un modo completamente diferente, y ahí, la interpretación de Agnès Jaoui, es una auténtica delicia, porque sabe componer un personaje frágil y fuerte, a la vez, intenso y delicada, con sus dudas y su humanidad, haciéndonos sentir participes de toda su complejidad y entiendo todo los conflictos, tanto internos como exteriores, que está experimentando en su vida. Una vida que no termina ahí, sino que empieza a partir de ese momento, experimentando nuevas situaciones.

Encuentro con Bulle Ogier

Encuentro con la actriz Bulle Ogier con motivo de la rueda de prensa de la presentación del ciclo «Jacques Rivette Nous appartient», junto a Esteve Riambau, director de la Filmoteca de Catalunya. El acto tuvo lugar el martes 18 de abril de 2017 en la Filmoteca de Catalunya en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Bulle Ogier, por su tiempo, conocimiento, y generosidad, a Ainhoa Pernaute y Sandra Ejarque de Vasaver, y a Esteve Riambau y su equipo de la Filmoteca, en especial, a Pilar García de Prensa, por su generosidad, paciencia, amabilidad y cariño.

Entrevista a Julien Rappeneau

Entrevista a Julien Rappeneau, director de «Rosalie Blum». El encuentro tuvo lugar el miércoles 5 de abril de 2017 en el Instituto Francés en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Julien Rappeneau,  por su tiempo, generosidad y cariño, y a Javier Asenjo de Surtsey Films, por su amabilidad, paciencia, generosidad y cariño.

Las inocentes, de Anne Fontaine

cartel_70x100_las_inocentes_low_2881FE DESPUÉS DE LA BARBARIE.

“La fe son veinticuatro horas de dudas y un minuto de esperanza»

La película se abre de forma brutal y dolorosa a la vez, en la que vemos a una joven novicia atravesar casi sin aliento un bosque nevado para llegar a un pueblo, donde un niño de la calle la llevará hasta el dispensario de la Cruz Roja francesa que atiende a los soldados franceses para repatriarlos a casa. Allí, explica a una joven médico que una novicia está de parto. Después de dudar en ir o no, Mathilde, la joven médido acude a su ayuda. En ese instante, conoceremos la historia a través de los ojos de Mathilde, la joven médico que asistirá a la monja en el parto. Un relato que nos trasladará a un convento de monjas benedictinas cerca de Varsovia (Polonia) en diciembre de 1945. Un lugar aislado y completamente cerrado al exterior, que esconde tras sus paredes un terrible secreto que descubriremos a través de la mirada de Mathilde y su relación con las monjas y la fe que éstas procesan.

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La directora Anne Fontaine (1959, Luxemburgo) que tras un período dedicada a la interpretación, saltó a la dirección en 1992 con Les histoires d’amour finissent mal, a la que siguieron obras destacadas como Limpieza en seco (1997) en la que un matrimonio aburrido cambia su vida después de conocer a un travesti, Nathalie X (2003) en la que una esposa engañada contrata a una prostituta para vengarse de su marido, con un reparto de órdago: Gerard Depardieu, Fanny Ardant y Emmanuel Béart. En Coco, de la rebeldía a la leyenda de Chanel (2009) en la que Audrey Tautou interpretaba los inicios de la diseñadora, en Dos madres perfectas (2013) se centraba en dos amigas que se enamoraban del hijo de la otra, y en Primavera en Normandía, del año pasado, se centraba en un señor (magnífico Fabrice Luchini) enamorado de la literatura de Flaubert y Madame Bovary que encontraba su materialización en su joven vecina inglesa. Ahora, Fontaine, basándose en las experiencias reales de la médico Madeleine Pauliac y su experiencia en un convento cuando atendió a monjas embarazadas por soldados soviéticos, nos descubre un secreto atroz que ocultan las monjas, planteándonos un relato sobre las dudas sobre la fe y la maternidad, en la que sigue interesándose por los temas que estructuran su filmografía, como los agentes externos irrumpen en la tranquilidad y la paz “aparentes” de una casa o lugar aislado,  y terminan provocando una catarsis.

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La mirada de Fontaine, serena y pausada, se centra en las emociones de la propia Mathilde y de las monjas, y cómo aquello que se oculta saldrá a la luz y todo el proceso doloroso en el que se ven inmersas. A través de la sobriedad y la desnudez de la imagen, obra de la cinematografa Caroline Champetier (tercera colaboración con Fontaine, además de haber trabajado con nombres tan ilustres como Lanzmann, Carax o Von Trotta, y Beauvois en De dioses y hombres, del 2010, que también planteaba una historia con similitudes con Las inocentes, en las que unos monjes en el norte de Argelia se mantenían firmes a sus feligreses a pesar de la amenaza de la guerra) Fontaine narra un relato durísimo y asfixiante, aunque la directora francesa huye de convencionalismos y envoltorios emocionales, nada de eso, su propuesta viaje por otros caminos, centrándose sobre todo en la relación que establecen Mathilde y Sor María, y los conflictos internos de cada una de ellas y las demás, que arrecian en la película, y la oposición de la Madre abadesa que, a toda costa, intenta ocultar y mantener el secreto de la vergüenza, que nadie tenga conocimiento del terror que sufrieron las monjas.

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Fontaine construye un relato casi sin música, en el que prevalecen las dudas de sus personajes, con la joven Mathilde que ayuda al médico jefe, con el que mantiene una relación sin compromiso, en su viaje iniciático en el que entenderá el sufrimiento y lel dolor de las monjas después de todo lo que les ha ocurrido, y la actitud de las monjas, tanto de la abadesa, que trata de ocultar una verdad que se niega a asumir, Sor María y las complejas emociones que la atraviesan, y las demás monjas, cada una con sus diversas posturas de afrontar la violación, el embarazo y los hijos que tendrán. Una película austera en su forma, pero complejísima en su contenido, que nos desvela uno de los casos más atroces que vivieron y viven muchas mujeres en zonas de conflicto, perpetrados por los que presumiblemente viene a liberarlas, unos soldados que se convierten en sus verdugos (las mismas características de denuncia sobre la memoria histórica bullían en Katyn, de Andrzej Wajda, en la que nos explicaba una atroz matanza de intelectuales polacos por parte del ejército soviético). Fontaine vuelve a demostrar su maestría en la composición de personajes, y en el detalle de sus emociones, siempre complejas y difíciles, en una atmósfera contundente de miradas y gestos, capturando no sólo las angustias ocultas de cada uno de sus criaturas, a las que nunca juzga, sólo comprende y filma, sino la vida cotidiana del convento, con sus lecturas, paseos, costuras y cantos, acercándose a otros relatos como la sobriedad y la sublime narración de Los ángeles del pecado, de Bresson, o el acercamiento formal de Alain Cavalier en Thérèse.

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Un gran plantel de intérpretes entre las que destaca Lou De LaÀge como Mathilde, que compone un personaje idealista, aparentemente inocente que hará frente a su valentía, y las actrices polacas Agata Buzek y Agata Kulesza (vista en Ida) y la presencia de Vincent Macaigne como Samuel, ayudan a enfrentarnos a una historia sin concesiones, pero tremendamente humana y sencilla. Una retrato femenino emocionante y desnudo, oscuro y penetrante, (muchos integrantes del equipo artístico y técnico son mujeres)  que se acerca de forma humanista y valiente a un caso bárbaro, unas mujeres que han sufrido violaciones y brutalidad, pero en el que destacan la humildad y la entereza de unas mujeres que intentan sobrevivir después de todo, con sus conflictos internos, sus dudas sobre su fe en Dios, pero sabiendo que no se encuentran solas, que tienen a una compañera al lado, que las escuchará y sobre todo, les hará sentir integrada como una más, a través del dolor que todas han sentido, y la alegría de aceptar que serán madres y tendrán que mirar y cuidar a sus hijos, sin reproches ni quejas.

Encuentro con Hanna Schygulla

Encuentro con la actriz Hanna Schygulla con motivo de la presentación del ciclo «Hanna Schygulla: Imatge i Veu, dedicado a su obra, conversando con Esteve Riambau (Director de la Filmoteca de Catalunya). El acto tuvo lugar el miércoles 7 de septiembre de 2016 en la Filmoteca de Catalunya de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Hanna Schygulla, por su tiempo, conocimiento, y cariño, a Esteve Riambau y su equipo, por su generosidad, paciencia, amabilidad y cariño.

Después de nosotros, de Joachim Lafosse

178-cartel-despues-de-nosotrosTODO LO QUE PERDIMOS.

“El desastre siempre ha ocurrido con anterioridad”.

Donald W. Winnicot

Marie y Boris han decidido separarse después de 15 años en común y dos hijas gemelas. Pero, tal y como nos advierte el título original “L’economie du couple” (La economía de la pareja) el dinero, o mejor dicho, la falta de este, se va a convertir en un problema crucial en su separación. Aunque el séptimo título de la carrera del director Joachim Lafosse (1975, Uccle, Bélgica) no sólo se centra en ese conflicto, la película profundiza, y de qué manera, en las complejas relaciones humanas de la pareja, erigiéndose en el tema central del relato, por otra parte, tema que estructura la obra de Lafosse, muy interesado en investigar los conflictos que se desatan de puertas hacia dentro, como en los ámbitos familiares, culturales o los intrincados límites de la ayuda humanitaria como reflejaba en su penúltima película Los caballos blancos.

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Lafosse localiza su película en el ambiente doméstico, que a veces parece un hogar y en otras, se convierte, en un campo de batalla, donde hay lucha cuerpo a cuerpo, haciéndonos participe de las disputas entre Marie y Boris. La casa, propiedad de ella, pero reformada por él, se convierte en el epicentro de sus acusaciones y reproches, el lugar que han compartido tantos años, funciona como espejo transformador y monstruoso de su relación, algo que crearon juntos con ilusión y esperanza, se ha acabado convirtiendo en todo lo contrario, debido a su separación, en el eje de todos sus males. A través de una excelente planificación estructurada de tomas largas, consiguiendo unos planos que se deslizan entre los personajes de manera suave, casi imperceptible, dejándonos a los espectadores en la posición privilegiada de testigos omnipresentes en el drama que está aconteciendo, unos encuadre que los persiguen, casi tocándolos, por las cuatro paredes de la casa (en la que la cocina-comedor se convierte en el lugar esencial donde se desarrollarán la mayoría de los (des)encuentros de la post-pareja), si bien el jardín de la entrada de la casa, aporta un poco de luz y respiro a la oscuridad y tristeza que se ha instalado en la casa.

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Lafosse cuida cada detalle de su entramado dramático, cada objeto y mueble de esa casa, significa algo entre ellos, colocándonos a los espectadores como observadores, nunca juzga a sus víctimas, siempre manteniendo y argumentando las razones de cada uno de ellos, explicando y analizando cuidadosamente las diferentes posturas en el conflicto, dejando la última palabra y las oportunas reflexiones al público que verá su película (como la entrada del personaje de la madre de ella, más de conciliadora y explicando el paso del amor a la amistad, postura que no comparte su hija, más abierta a que si algo no funciona, hay que dejarlo. Un guión de hierro que penetra de forma realista y brutal en este drama, sacando los sentimeintos complejos e imposibles de descifrar por uno mismo, y enfrentados al otro, en el análisis de una pareja en ruinas, en descomposición, que se amaron, que tenían una vida y proyecto en común, pero ya no, pero que todavía sienten emociones por el otro, por aquel que lo fue todo en su vida, y ahora, se ha convertido en su enemigo, en alguien por el que ya murió todo lo que fue, todo lo que hubo, alguien que se ha convertido en otro, en alguien al que ya no ama, al que no quiere seguir viendo cada día.

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La pareja de actores, con Bérénice Bejo (que en El pasado, de Asghar Farhadi, también interpretaba a una mujer separándose) y Cédric Kahn (de interesante carrera como director) están estupendos y tremedamente veraces en sus personajes, consiguen transmitirnos, desde su intimidad, toda la energía y rabia contenida, y que explota en los momentos justos, aunque no sólo hay hostias y portazos, como en una primera instancia podría parecer, también hay espacio, aunque poco, para la sonrisa y el amor, o lo que queda de él, los restos del amor, porque siempre queda algo, aunque nos cueste admitirlo. Obra gemela de otros descensos al infierno del amor, como ¿Quién teme a Virginia Woolf?, Nosotros no envejeceremos juntos o  El infierno, títulos que han indagado en los conflictos de pareja de forma humana, creíble e inteligente, describiendo no sólo la parte del amor más romántica y pasional, sino también, cuando el amor se torna oscuro y complejo, en una guerra, una lucha en la que todo el cariño y la sensibilidad que hubo, deja paso a otros sentimientos, una etapa en la que los odios, las miserias y los monstruos de cada uno entran en escena apoderándose de todo y todos.

Pastel de pera con lavanda, de Éric Besnard

PASTEL_PERA_CARTEL_70X100UN PASEO POR LAS NUBES.

En un rincón de la Provenza francesa vive Louise, una atractiva viuda treintañera con sus dos hijos, ella, adolescente y madura, y el niño, rebelde e inquieto. Louise ha heredado el trabajo de su marido, la producción de árboles frutales, en su caso, perales, y lavanda, pero las cosas no marchan bien, el banco le exige el crédito que pidió para reflotar el negocio, además, las ventas han bajado, y se añade la poca experiencia de Louise en un oficio que desconoce y encima no le satisface. Pero una tarde, volviendo en coche a su casa, atropella accidentalmente a Pierre, un hombre de su misma edad un tanto especial. Pierre padece el síndrome de Asperger, que le ha llevado a ser excesivamente ordenado, patológicamente sincero, obsesionado con los números primos, extraordinaria capacidad para la informática, problemas de sociabilidad y comunicación, y de extrema sensibilidad.

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El director francés Éric Besnard, fogueado como guionista, realiza en su quinto título de su carrera, una película con estructura y aroma de cuento de hadas, un relato que nos habla de un encuentro fortuito de dos seres antagónicos, dos almas que pasan por dificultades, ella, económicas, y él, emocionales, pero que se darán cuenta que tienen más cosas en común de las que imaginan. Estamos ante una comedia romántica de espíritu clásico, como las que filmaban en Hollywood en los años 30 y 40, aquellas en las que se respiraba el sabor de la vida, la virtud de los pequeños detalles, y las situaciones más divertidas y pintorescas, comedias sobre la vida, el amor y los deseos e ilusiones que hacen que los seres humanos sigamos manteniéndonos con esperanza en el mundo que nos ha tocado vivir. El cineasta francés engloba su fábula en un entorno de gran belleza, árboles frutales, campos de lavanda, campos de trigo y girasoles, un paisaje excelentemente iluminado con esa luz natural que dibuja todo su maravilloso esplendor y deleite para nuestros sentidos. Pierre es el ángel de la guarda para Louise y sus hijos, un ser que parece venido de otro planeta, alguien que vive el aquí y ahora, sin pararse a pensar en las consecuencias venideras, ayuda a Louise, la protege y guía su camino, a través de una sabiduría y templanza fuera de lo común, mostrando sin tapujos la ingenuidad e inocencia que le caracteriza.

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Como en todos los cuentos hay un ser que protege a Pierre, un maduro bonachón (como los duendes del bosque) que vende libros antiguos y vive con el joven diferente, también tenemos al rival, el vecino arboricultor que pretende a la dama en apuros, y finalmente, a la psicóloga, que actúa como el hada mala que quiere arrebatar el espíritu vital que acoge a Pierre. Besnard nos sumerge en una historia de amor clásica, decorada por un ambiente en el que la naturaleza invade nuestros sentidos, la luz mágica de la Provenza, el aire que mece los campos, el aroma que se impregna por todo el paisaje, y el sonido de la naturaleza, único e imperecedero que nos asalta a cada paso. Un lugar en el que hay botellas de cristal colgadas de los perales, quemadores para las noches heladas, y el intenso sabor de los dulces, y el delicado y maravilloso unvierso de las flores, hierbas y demás naturaleza. Una película sencilla, extremadamente minimalista, contada con una sensibilidad y delicadeza que enamoran, nada que ver con esas azucaradas comedias alocadas que producen por otros lares. Aquí, también hay pasteles y dulces, pero estamos ante algo diferente, saben de otra forma, narrada a través de una ligereza y ternura que nos atrapan, una sencillez en el que priman la interpretación de unos excelentes actores que insuflan de vida a sus personajes, componiendo una relación de miradas y detalles, en los que no se tocan, Virginie Efira dando vida a Louise y Benjamin Lavernhe a Pierre, cuidando todos los detalles de un ser extraño y muy especial, sin caer en los continuos tics y gestos de otros, dotando de humanidad a su personaje en una preciosa y poética love story, de esas que seducen, a través de la pausa que genera una tarde contemplando y descubriendo la forma de las nubes u observando detenidamente unas ramas mecidas por el viento.

Théo & Hugo, París 05:59, de Olivier Ducastel y Jacques Martineau

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La película arranca de forma sorprendente, que no dejará a nadie indiferente, nos introducen en la atmósfera de un club gay, en el que varios hombres desnudos intercambian caricias, besos, felaciones y coitos, de forma desenfrenada y lujuriosa, capturados de forma explícita (que recuerda a Shortbus), durante cerca de 20 minutos. No hay diálogos, sólo escuchamos los sonidos propios del placer y el deseo sexual, que se mezclan con una música electrónica ambiente que los acompaña. Las miradas invaden un escenario pintado de tonos rojos y oscuros. En un instante, la cámara se detiene en la atracción que sienten un par de jóvenes que se dejan llevar por el deseo sexual. La séptima película del tándem formado por los directores franceses Olivier Ducastel (1962, Lyon) y Jacques Martineau (1963, Montpellier) se centra en dos hombres que después de conocerse a través del sexo, salen a la calle y empiezan a conocerse. El ambiente irreal del club dejará paso a un tono realista de las calles del París nocturno. La película está contada a tiempo real (en un claro guiño a Rivette, el cineasta del tiempo real por antonomasia, y a la película de Agnès Varda, Cleo de 5 a 7), se abre a las 4:27 y se cerrará 92 minutos después, a las 5:59.

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Un relato que nos descubre un París poco conocido, la zona oriental, nocturna, un paisaje nocturno, con el que nos cruzamos con luces difusas, algún viandante y la tranquilidad de la ciudad dormida, interrumpida por algún sonido, y nuestros dos almas que comienzan a enamorarse, dos jóvenes inquietos que la cámara los sigue por su deambular por la noche. Se desata un conflicto entre ellos (que no desvelaré) y la historia gira hacia otros derroteros, el drama se convierte en thriller social y personal, algo se interpone entre ellos, algo que los acercará y alejará a partes iguales. Ducastel y Martineau construyen una película sobre los primeros instantes del amor, de una historia que desconocemos su destino, si saldrá adelante o no, los directores se centran en los conflictos emocionales de dos personas que una noche se conocen y descubren algo especial, instante en el que deberán plantearse varias situaciones que están sintiendo, emociones contradictorias que surgen en ese momento, enfrentarse a ellos mismos y sobre todo, a la persona que tienen delante, entablar diálogo con sus sentimientos y saber que desean y que van hacer con ello. Una película sobre el amor, sobre la capacidad de los seres humanos para sentir amor, asumir un riesgo que no sabemos hacía donde nos llevará, dejarnos ir o no, dar rienda suelta q lo que sentimos o pararnos, y dar media vuelta, recogiendo el aroma de obras notables como El hombre herido (1983, Patrice Chéreau) o la más reciente, Weekend (2011, Andrew Haigh), películas de contenido homosexual para todos los públicos.

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Además, la película propone un conflicto personal que llega de forma completamente accidental, que retuerce aún más si cabe la situación que se ha generado, proponiendo una película en la que interpela directamente a los espectadores sobre las decisiones morales y personales que deben de tomar los personajes. El gran trabajo interpretativo de la pareja protagonista Geoffrey Couët y François Nambot (reclutados en un casting) consigue transmitir la veracidad y humanidad necesarias para sumergirnos en su amor naciente y el conflicto que los ata. Ducastel y Martineau nos cogen desde el primer instante de su película, y no nos sueltan en ningún momento, saben involucrarnos de manera sencilla y humana, escarbando en nuestro más profundo interior, a través de una mise en scene pulcra y honesta, construida con tomas largas que acompañan a sus protagonistas, sin abandonarlos a lo largo del metraje, en la que nos movemos por ese paisaje nocturno, lleno de dudas, incertidumbres y demás conflictos humanos. Una película viva, emocionante y contemporánea que se sumerge en la naturaleza de las relaciones humanas, cómo nos enfrentamos a ellas, y también, todo aquello desconocido y oculto que nos descubre y revela de nosotros mismos.


<p><a href=»https://vimeo.com/172598292″>THEO &amp; HUGO, PARIS 5:59 TRAILER V.O.S.E</a> from <a href=»https://vimeo.com/surtseyfilms»>Surtsey Films</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>