Houria, de Mounia Meddour

HERIDA, PERO EN PIE. 

“En la oscuridad, las cosas que nos rodean no parecen más reales que los sueños”.

Murasaki Shikibu

La primera secuencia de Houria, el segundo largometraje de ficción de Mounia Meddour (Moscú, Rusia, 1978), es magnífica, y tremendamente reveladora de la película que empezamos a ver. Vemos a su protagonista bailando en una terraza con los auriculares puestos, sólo escuchamos el rumor del mar. Los leves sonidos se funden con el silencio que domina todo ese instante, un momento suspendido en el tiempo. A la directora franco-argelina, de la que sabemos su trayectoria en el campo documental, ya la conocíamos por su anterior trabajo, Papicha (2019), en la que en mitad del conflicto armado de la Argelia de los noventa, se centraba en la existencia de un par de amigas que soñaban con su música y su ropa y hacer un desfile de moda, a pesar de los obstáculos y la violencia de un país sumido en una guerra cruenta. Con Houria sigue en la misma intensidad, atmósfera y paisaje, aunque ahora estamos en la actualidad argelina, donde el personaje mencionado ahora sueña con bailar, y gana dinero apostando en peleas clandestinas con cabras. Una de esas noches, que la noche ha ido bien, es atacada y le destrozan la pierna. A partir de ese momento, su vida hará un cambio de 180 grados y toda su cotidianidad girará a recuperarse y seguir soñando con volver a bailar. 

Meddour construye una historia de aquí y ahora, en la que sigue indagando en la violencia, ahora de otra forma y textura, porque sigue habiendo ese pasado traumático que sigue traumatizando a algunos personajes, y esa otra violencia, la de ahora, en un país sumido en una realidad que avanza poco y mal, con personas que desean abandonar el país y buscar nuevos horizontes y sobre todo, más oportunidades laborales, emocionales y demás. Un país que somete a sus habitantes a una situación límbica, en la que su vulnerable presente puede cambiar en cualquier momento tal y como le sucede a la protagonista. Un relato que cuida los detalles, que mira a sus personajes con profundidad y complejidad, que teje una interesante maraña de relaciones entre unos individuos que viven su presente, porque el futuro no va más allá, porque el futuro siempre resulta incierto y complicado, aunque todas ellas se sienten fuertes y valientes para seguir con sus vidas a pesar de todo y todos, y trabajar por sus sueños, esos horizontes que nunca las dejan de mirar, porque a cada paso de baile, parece que sus ilusiones están más cerca o al menos, así los miran. 

La cineasta franco-argelina vuelve a contar con algunos de los cómplices que le acompañaron en Papicha, como el cinematógrafo Léo Lefèvre, en un prodigioso trabajo de luz, en el que capta esa agitación de sus protagonistas, con una cámara atenta y febril que recoge ese continuo movimiento del primer tercio, para luego asentarse y tener pausa para explicar todo el proceso de reconstrucción de Houria. También está Damien Keyeux en el montaje, que repite con la directora, en una película bien construida, con su ritmo y su pausa en un metraje que se va a los 104 minutos. Mención especial al apartado de la música, con Maxence Dussère, que tiene en su haber la edición musical de Annette (2021), de Leos Carax, entre otros, y Yasmine Meddour, que ya estuvo en algún cortometraje de la directora, consiguen atraparnos con unas melodía vitales, sencillas y extraordinarias, muy importantes en una película donde se baile mucho. Un abanico infinito de sensaciones y sentimientos para contar este drama esperanzador que nos capta desde la citada primera secuencia inolvidable. 

Al igual que pasa con el equipo técnico, entre el equipo artístico encontramos a algunas cómplices como Lyna Khoudri, una de las chicas que soñaban con la moda en Papicha, aquí en la piel de una joven vitalista que la vida golpea de forma brutal, y que deberá volver a empezar, reconstruirse físicamente, y sobre todo, anímicamente, que cuesta más como es sabido. Una mujer que sueña con bailar, con transmitir todas sus emociones a través de la danza, una actividad que necesita expresarse, que no usa palabras, sólo el movimiento corporal, que habla y escucha y comunica con todo aquel o aquella que desee. Junto a ella, también tenemos a otra Papicha, Amira Hilda Douaouda, ahora en la piel de Sonia, una joven que sueña con bailar e irse a otro país. Le siguen Rachida Brakni interpretando el rol de la maestra de baile y mamá de Houria, una mujer que ha sufrió la violencia años atrás, Nadia Kaci es Halima, un personaje importante en la vida post accidente de la protagonista, y Marwan Zeghbib como Ali, un tipo con el que es mejor no cruzarse por la noche. 

Meddour ha tejido una película con ritmo frenético al inicio y luego, en una historia llena de pausa, comedida y tremendamente poética, donde la cámara se aposenta, se fija en lo mínimo y convierte el marco en una película silente, donde ya no hay palabras, sólo el movimiento, un movimiento pausado, tranquilo y sosegado, sólo roto por el baile, una danza que explica, que lo dice todo sin decir nada, que quiere mostrar y emocionar, y lo consigue, porque en un mundo con tanto ruido, con tantos problemas y conflictos, quizás todos y todas deberíamos parar, detenernos y mirar a nuestro interior, sobre todo, a nuestro interior, y extraer todo aquello que nos duele, que nos preocupa, todo aquello que nos doblega, que nos silencia, todo aquello que somos, porque con el baile podemos seguir bailando, transmitiendo, y seguir soñando, porque si de algo estamos completamente convencidos es que podemos estar mal, decepcionados, rotos y vacíos, pero lo que no podemos estar en este mundo sin sueños, porque soñar es una de las mejores acciones que podemos no sólo para protestar contra la injusticia y la desigualdad, sino por y para nosotros, porque se puede vivir sin muchas cosas materiales, pero lo que no se puede vivir es sin sueños, sin querer mejorar, y seguir en la pelea por lo que sentimos de verdad, y eso nunca no los pueden quitar, por muchas hostias que nos den, por muchos golpes que recibamos, porque los sueños son sólo nuestros y de nadie más, ya lo decía Calderón, “Que toda la vida es sueño y los sueños, sueños son…”, y eso es lo más grande que nos puede suceder, créanme y no dejen de soñar, porque los de verdad no hay que fingirlos, sólo mostrarlos a los demás y a uno mismo. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Unicornios, de Àlex Lora

ISA LO QUIERE TODO. 

“Me doy cuenta de que todo el mundo dice que las redes sociales son un unicornio pero, ¿y si solo es un caballo?”.

Jay Baer

El mundo real o lo que entendemos por realidad, que eso sería otro debate, ha perdido la fisicidad para convertirse en virtual, o quizás, para convertirse en una representación de otra. Porque la realidad, y permítanme que utilice el mismo término, se ha desplazado a las redes sociales. Todo lo que allí existe se interpreta como lo real, o más bien, como la interpretación de una realidad que se evapora a cada milésima de segundo porque es sustituida por otra, igual de vacía, pero segundos más actual. Todo aquel, ya sea autónomo o empresa, debe vivir en las redes, crear contenido y exponer, y exponerse, para conseguir “likes”, y una visibilidad constante que se traduzca en beneficio económico. Isa, la protagonista de Unicornios lo tiene claro. Su vida, su trabajo y su ocio están constantemente expuestos en las redes sociales. Sus posts son su vida y esa realidad virtual en la que vive se traduce en una existencia llena de movimiento, actividad frenética y una pasión arrolladora. Vive el mundo, cada segundo, sin perder nada ni nadie, consume y fabrica contenido, y ama y folla de forma libre y sin complejos. 

El primer largometraje de ficción de Àlex Lora, después de una filmografía dedicada al cine documental donde ha cosechado algunos éxitos como el corto Un agujero en el cielo (2014), los largometrajes codirigidos como Thy Father’s Chair (2015), y El cuarto reino. El reino de los plásticos (2019), siempre con temáticas sociales y contundentes. Con Unicornios arranca en la ficción con una película que mira de frente a la juventud actual, a esa que tiene las redes sociales como su todo, que practica el amor libre, y es inteligente, segura de sí misma y mucho más. Aunque, el director barcelonés se centra en lo que no se ve, en la amargura y el lado más oscuro de toda esa vida de apariencia y exposición, y lo hace desde un guion escrito a cuatro manos en los que ha participado María Mínguez, que tiene en su haber comedias como Vivir dos veces y Amor en polvo, Marta Vivet, con series como Las del Hockey, y películas estimables como Cantando en las azoteas, y Pilar Palomero, directora de Las niñas y La maternal, y el propio director, donde prima la mirada y el cuerpo de Isa, interpretada magistralmente por una formidable Greta Fernández, con esa fuerza arrolladora que transmite y se come la pantalla, una magnífica mezcla de ternura y fuerza. 

Una película de aquí y ahora, pero no cómoda y sentimentaloide, sino todo lo contrario, porque nos habla de frente, sin atajos ni nada que se le parezca, retratando esa realidad cruda, donde hay soledad y tristeza, con ese tono agridulce, amargo y siniestro, en la que se abordan temas tan candentes como las mencionadas redes sociales, las relaciones maternofiliales, y las relaciones humanas, tanto sentimentales, profesionales y con uno mismo, y lo hace desde la sencillez y de frente, sin dejarse nada y mirarlas con crudeza y de verdad, esa verdad que escuece, que golpea y te deja pensando en que mundo vivimos y sobre todo, qué mundo hacemos cada día entre todos y todas. Una imagen de colores fluorescentes, neones y pálidos bañan toda la película, con ese tono tristón, de realidad aparente, en un gran trabajo de cinematografía de Thais Català, que ya firmó el corto Harta, de Júlia de Paz. Un buen trabajo de montaje del propio Lora y Mariona Solé, de la que hemos visto documentos tan interesantes como 918 Gau y El techo amarillo, cortante, poderoso y frenético, pero sin ser incomprensible, en un realto que se va a los 93 minutos de metraje. 

Amén de la mención de la protagonista, nos encontramos con Nora Navas, siempre tan bien y tan comedida, en el rol de madre de la protagonista, con la que tendrá sus más y sus menos, con sus idas y venidas, en una relación que estructura de forma brillante el recorrido de la película. Un actor tan natural como Pablo Molinero, hace del jefe de la prota, un tipo que tiene esa web que quiere más, rodeado de jóvenes talentos como Isa, a los que exprime y agita para sacar sus mejores ideas, la siempre brillante Elena Martín, que nos tiene enamoraos desde Les amigues de l’Agatà, haciendo de una fotógrafa con miles de followers y algo más, que mantendrá una relación interesante con el personaje de Greta Fernández, y otros intérpretes la mar de interesantes, tan naturales y reales, como Alejandro Pau, Sònia Ninyerola y Lídia Casanova, en un nuevo y excelente trabajo de Irene Roqué, que está detrás de éxitos tanto en series como Nit i Dia y Vida perfecta, y cine como Chavalas, Libertad y la citada La maternal. Sin olvidarnos de la producción de Valérie Delpierre, que ya estaba detrás de la mencionada Thy Father’s Chair, y de otras que todos recordamos, y Adán Aliaga, codirector del citado El cuarto reino

Lora se ha salido con la suya, y eso que la empresa presentaba dificultades y riesgo, pero su Unicornios no es una historia que quiera complacer, para nada, sino mostrar una realidad oscura y profunda, en la que su protagonista Isa va y viene, una mujer joven, preparada y lista, que no quiere perderse a nadie y a nada, estar siempre ahí, aunque esa actitud la lleve a cruzar bosques demasiados siniestros y complejos, aunque ella, aún sabiendo o no su riesgo, no quiere dejarse de nada, y vivir la vida con mucha intensidad, quizás demasiada, pero para ella todo vale y todo tiene su qué, y quién no quiera seguirla, ahí tiene la puerta, porque si una cosa tiene clara Isa que las cosas y los momentos pasan y nada ni nada espera a nadie, aunque a veces no sepamos parar, detenernos y mirar a nuestro alrededor por si de caso nos hemos olvidado de lo que nos hace sentir bien y sobre todo, estamos dejando por el camino personas que nos importan y por nuestra ambición desmedida, no nos estamos dando cuenta de nuestro error. Unicornios  no está muy lejos de películas como Ojalá te mueras (2018), de Mihály Schwechtj, en la que una estudiante se veía expuesta en las redes de manera cruel y violenta, y Sweat (2020), de Magnus von Horn, que relataba la cotidianidad de Sylwia Zajca, una motivadora de fitness que era la reina de las redes, pero cuando las apagaba, se sentía la mujer más triste y sola del planeta. Llegar a ese equilibrio y a esa estabilidad emocional es la que también intenta tener Isa, aunque como Sylwia, no siempre se sale con la suya, porque por mucho que queramos correr, el mundo va siempre más rápido. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Félix Viscarret

Entrevista a Félix Viscarret, director de la película «Una vida no tan simple», en el Hotel Casa Fuster en Barcelona, el jueves 15 de junio de 2023.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Félix Viscarret, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Marién Piniés de Prensa de la película, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Álex García y Miki Esparbé

Entrevista a Álex García y Miki Esparbé, intérpretes de la película «Una vida no tan simple», de Félix Viscarret, en el Hotel Casa Fuster en Barcelona, el jueves 15 de junio de 2023.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Álex García y Miki Esparbé, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Marién Piniés de Prensa de la película, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Una vida no tan simple, de Félix Viscarret

EL LUGAR DONDE NO ESTOY. 

“Y, y recordé aquel viejo chiste. Aquel del tipo que va al psiquiatra y le dice: doctor, mi hermano está loco, cree que es una gallina. Y el doctor responde: ¿pues por qué no lo mete en un manicomio? y el tipo le dice: lo haría, pero necesito los huevos. Pues eso es más o menos lo que pienso sobre las relaciones humanas, ¿sabe? son totalmente irracionales, locas y absurdas; pero supongo que continuamos a mantenerlas porqué la mayoría necesitamos los huevos”.

Alvy Singer en Annie Hall (1977), de Woody Allen

Recuerdan Bajo las estrellas (2007), la ópera prima de Félix Viscarret (Pamplona, 1975), basada en una novela homónima de Fernando Aramburu, que contaba la existencia de Benito Lacunza, extraordinario Alberto San Juan, un trompetista de tres al cuarto de vida quebrada y nómada, que se relacionaba con Lalo, su hermano que construía esculturas de chatarra, y la novia de éste, Nines, castigada por la vida y su hija, Ainara, todo un amor. Una historia que se movía entre la comedia y el drama de forma natural, transparente y eficaz, donde había espacio para la ilusión y la desesperanza, la del relato agridulce como la vida misma. 

Después de policíacos al mejor estilo como Vientos de La Habana (2016), su serie Cuatro estaciones en La Habana (2017), ambas inspiradas en la literatura de Leonardo Padura, documentales sobre el cine como Saura(s) (2017), series sobre las consecuencias del terrorismo vasco como Patria (2020), y relatos metafísicos del mundo absurdo y cotidiano de Juan José Millás en No mires a los ojos  (2022), vuelve a los submundos y texturas de Bajo las estrellas, ahora partiendo de un guion original escrito por el propio Viscarret, en el que cambia la clase social considerablemente, pero continúa en esos personajes perdidos y desorientados, deambulando por una vida que parece que les pasó de largo, o quizás, les habían puesto demasiadas expectativas, pocas reales. Nos cruzamos con Isaías, un tipo de cuarenta y tantos, como cantaba Sabina, arquitecto, casado y padre de dos niños pequeños. De joven, ganó un prestigioso premio que auguraba un gran futuro profesional, pero ese futuro no acaba de llegar, y se pierde en pequeños proyectos más desilusionantes que otra cosa junto a su socio Nico. Las tardes las pasa en el parque cuidando de sus hijos y su matrimonio va y poco más, aunque no como debería. Se siente como en el otro lado de esos patinadores nocturnos con los que se cruza que recorren las calles vacías en total libertad. Unos patinadores que nos recuerdan a aquellos que se paseaban por Almagro, 38 y tenían el mismo efecto en el personaje de Pepa Marcos en Mujeres al borde de un ataque de nervios

El cineasta navarro retrata de forma sencilla y honesta ese tiempo no tiempo que muchos vivimos o simplemente, padecemos. Un tiempo donde todo nos parece extraño, como si la cosa fuese con otro, como si todo estuviera en nuestra contra y lo que pasa no sólo es el tiempo sino nuestra ilusión, aquella que creíamos irrompible o vete tú a saber. Cuatro almas son los individuos que se cruzan por Una vida no tan simple, que nos habla de trabajo, de familia, y sobre todo, de segundas o terceras o cuartas oportunidades, y de trenes que pasan y pasan por la vida, y ni nos enteramos. Acompañan a Isaías, tres más de cuarenta y tantas. Su mujer Ainhoa, profe de universidad y a lo suyo, sin nada más. Tenemos a Nico, el socio del protagonista, que tontea con veinteañeras, y Sonia, la maniática de la salud, una madre que coincide en el parque con Isaías, y quizás en más cosas. La excelente cinematografía de Óscar Durán, que ha trabajado con Jaime Rosales y Gerardo Olivares, entre otros, con ese toque melancólico y nublado, que va de la mano con el estado de ánimo de los personajes, el rítmico y pausado montaje de Victoria Lammers, que ha trabajado con Viscarret en series como Patria y la citada No mires a los ojos, y la agridulce composición de Mikel Salas, que ha puesto música a películas de Paco Plaza y films de animación tan interesantes como Un día más con vida

si hay algo que siempre está bien en el cine que nos propone Viscarret es su elección del elenco, ya hemos hablado de San Juan como el trompetista de Bajo las estrellas, y otros como Emma Suárez, Jorge Perugorría, Juana Acosta, todos los de Patria, Paco León y Leonor Watling, formando un grupo heterogéneo pero siempre desafiante. Un excelente reparto que brilla con intensidad, conduciendo y acercándonos a unos personajes atribulados y sin vida, que podríamos ser uno de nosotros o nosotras, encabezados por un deslumbrante Miki Esparbé como isaías, que vuelve a uno de esos tipos de Las distancias (2018), de Elena Trapé, bien acompañado por Álex García como Nico, qué estupenda presentación la de su personaje. Está Olaya Caldera como Ainhoa, que nos encantó en series como Sinvergüenza y films como Los europeos, de Víctor García León, Ana Polvorosa, la pelirroja del parque, tan cercana como enigmática. Y las aportaciones de un viejo amigo de Viscarret, Julián Villagrán, el encantador Lalo de Bajo las estrellas, ahora en la piel de Rascafría, un arquitecto muy snob y total, y la presencia de Ramón Barea como Don Antonio, el “abuelo” de los arquitectos, esa especie de gurú de todos y todas. 

Viscarret ha construido una película de aquí y ahora, que recoge ese estado de ánimo de muchos y muchas, sobradamente preparados, como decía cierto anuncio, pero incapaces y derrotados ante la vida, o mejor dicho, ante la sociedad consumista que exige mucho y da muy poco, a nivel emocional hablando. Seres que deben compaginar profesión, paternidad y maternidad, y además, estar bien, un cristo, y todo para llegar a ese lugar donde quieren estar o se supone que hay que estar, porque los personajes de Una vida no tan simple nos recuerdan a aquellos personajes de clase media frustrados y náufragos de sus propias vidas que pululan por el universo de Woody Allen, tantos y tantas intentando creer en ellos en una sociedad que sólo cree en lo material, en los superficial y en la apariencia, y se olvida de todo lo demás, de las cosas que importan de verdad, las que nos empujaron para hacer esto o aquello, aquellas cosas que las prisas y la obsesión con llenar el tiempo, nos han llevado a olvidarlas y a sentirnos muy tristes y no saber qué hacer con nuestras vidas, o lo que es peor, vivirlas sin más, como si fueran con otro. Quizás Isaías y las demás criaturas de la película aún pueden engancharse a aquel otro yo que cada día que pasa, queda un poco más lejos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Bruna Cusí

Entrevista a Bruna Cusí, actriz de la película «Upon Entry», de Alejandro Rojas y Juan Sebastián Vásquez, en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el miércoles 7 de junio de 2023.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Bruna Cusí, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Sonia Uría de Suria Comunicación y Arantxa Sánchez de Karma Films, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Juan Sebastián Vásquez y Alejandro Rojas

Entrevista a  Juan Sebastián Vásquez y Alejandro Rojas, directores de la película «Upon Entry», en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el miércoles 7 de junio de 2023.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Juan Sebastián Vásquez y Alejandro Rojas, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Sonia Uría de Suria Comunicación y Arantxa Sánchez de Karma Films, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

El fantástico caso del Golem, de Burnin’ Percebes

MI AMIGO SE HA ROTO EN 1000 PEDAZOS. 

“La comedia donde la obtención de la risa ya no es la primera prioridad. Es un humor que puede primar la incomodidad, el malestar por encima de otras cosas. Puede servir para hacer comentarios sociales, políticos o puramente filosóficos…”

Jordi Costa sobre el «Posthumor» 

El humor tiene infinitos registros y miradas, y por eso es tan universal y está abierto a diferentes y múltiples formas de encararlo y presentarlo. Los de Muchachada Nui, Venga Monjas, Carlo Padial, a los que sumamos los Burnin’ Percebes, hacen un humor que se sale de lo convencional, heredado de los Buster Keaton, hermanos Marx, Jerry Lewis, y Monty Python, entre otros. Un humor que te ríes y lloras a partes iguales, y en ocasiones, ni una cosa ni la otra. Los mencionados Burnin, o lo que es lo mismo, Juan González y Fernando Martínez, se dedican al humor, al posthumor, que acuñó el escritor y cineasta Jordi Costa, y lo hacen a través de los videos cortos subidos a las redes, cortometraje, webseries, y largometrajes, de los que podemos dar buena cuenta en Searching for Meritxell (2014), Ikea 2 (2016), La reina de los lagartos (2020), su cum laude, una rareza especialísima y magnífica en todos los sentidos. A saber, Javier Botet es un lagarto extraterrestre que se enamora de Bruna Cusí, actriz fetiche del dúo de posthumoristas, y quiere convertir a su hija en la citada reina, filmada en Súper 8 en una anti Barcelona sin turistas y sin mainstream, a ritmo de música de procesión, con unos diálogos tan desconcertante como maravillosos. 

Tres años después de La reina…, regresan al largometraje con El fantástico caso del Golem, en la que siguen el caso de Juan, un joven infantilizado y sin porvenir que, después de una noche de fiesta, su mejor amigo David, cae edificio abajo y se rompe en mil pedazos. Grandiosa el arranque de la película, donde vemos caer la figura del tal David y su posterior rotura. El hecho no parece sorprender a nadie más que a Juan que emprende una investigación para saber qué ha pasado y sobre todo, que es su amigo David. Los Burnin lo mezclan todo: el thriller psicológico, la ciencia-ficción sofisticada, la comedia costumbrista a lo Berlanga y Ozores, las redes sociales, internet y los malditos algoritmos, y la comedia anti-romántica, donde hay amores y sexo que va y viene, y personajes extravagantes, raros y demasiado normales, o no. Porque en esta película anti-policíaca Juan se irá encontrando y reencontrando con personajes que van cambiando de aspecto, tanto de su pasado como de su presente, algo así como el reverso cercano de películas como El gran Lebowski, Mulholland Drive o Lo que esconde Silver Lake, donde la realidad, la fantasía y el cuento se fusionan de forma sorprendente e imaginativa. 

Una estupenda cinematografía del cineasta Ion de Sosa, filmada en 16mm, consigue esa textura de películas ochenteras patrias y del indie estadounidense, donde jóvenes perdidos y sin futuro, que deambulan por sus vidas como desconocidos y náufragos, como los que describe Wes Anderson, con el que la historia tiene ese toque entre kitsch, sofisticado y hortera pero con mucho gusto e innovador e inteligente, nada está por estar, ni nada está por casualidad. El montaje de Juliana Montañés, de la que hemos visto últimamente Sica, de Carla Subirana, lleno de detalles y enérgico en un relato en el que no dejan de ocurrir situaciones entre los diferentes personajes, en un metraje que se va a los 96 minutos de metraje donde no hay respiro y sí muchas idas y venidas. La excelente música de Jordi Bertrán, que ya estaba en La reina de los lagartos, pero ahora con ritmo de merengue y fiesta, con ese aroma de las orquestas de Cugat y Pérez Prado. Un gran y fantástico reparto encabezado por Juan en la piel de Brays Efe, la “Paquita Salas”, que interpreta a un tipo que no tiene ni pies ni cabeza, que va y viene con poco sentido, como muchos y tantos que andamos por el mundo, o quizás sólo estamos en él esperando que pase eso que nos cambiará todo, pero mientras no pasa no sabemos qué hacer. 

Le siguen una retahíla de personajes a cúal más excéntrico e hilarante, que casan de forma creíble y certera en una historia que se mueve entre la realidad y la fantasía de forma natural y compleja a la vez. Empezamos con la pareja que forman Nao Albert y Roberto Álamo, que nos recuerdan a los nihilistas de la citada El gran Lebowsky, otra singular pareja como la de Roger Coma y Javier Botet, que repite después de la experiencia de La reina de los lagartos, aquí convertido en muchos disfraces, que recuerda al Mortadelo de las viñetas de Ibáñez, David Ménende es el accidentado Golem, un “amigo del alma” o quizás sería mejor decir “un amigo de cerámica”, una Anna Castillo deslumbrante como cita del protagonista, Luis Tosar como jefe de los del algoritmo, muy jefe tontolín y esperpéntico valleinclanesco que se ríe de sí mismo, Tito Valverde, también de jefe, pero de los Golem, y hasta aquí puedo leer, y Bruna Cusí, como hemos dicho, la “actriz” de los Burnin’ Percebes, en un personaje que tendrá con Juan mucho de qué hablar o quizás no, que ha estado, está y estará en las mil y una locuras e historias de esta curiosa y magnífica pareja profesional catalana. 

El fantástico caso del Golem toca muchos palos, pero no lo hace de forma desordenada ni para epatar, sino todo lo contrario, creando un universo que recuerda a aquella ciencia-ficción tipo Los 5000 dedos del Dr. T, mezclado con clásicos como La vida futura, Frankenstein, Blade Runner y La amenaza de Andrómeda, pasando por el costumbrismo de Azorín y Mihura, con ese toque de negrísimo que le ponía Azcona y Berlanga, y los personajes perdidos y perdedores de Ozores y Lazaga, y el vapuleo con posthumor a las superficiales y tontitas comedias románticas que nos sacuden cada semana en la cartelera, y como no, el universo infinito de internet y las redes sociales, donde los Percebes han encontrado un material que han analizado y reflexionado, meneado, criticado y masajeado desde sus inicios como dúo posthumor. No se pierdan la película porque como les he dicho al comienzo de este texto, les hará reír o llorar o ni una cosa ni la otra, pero eso sí, un posthumor que crítica, provoca reflexión, y se ríe de sí mismo y de todos y todo, siempre con buen o peor humor, pero eso sí, siempre lo hacen desde la sencillez, lo auténtico y sin dramatismos, sino que se lo digan a Juan, el protagonista, que pierde a su mejor y único amigo y no sólo eso, sino que se rompe en 1000 pedazos. Una película que empieza de esa forma, no pueden dejar de verla, porque si no se arrepentirán y postmucho. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Paco Bezerra

Entrevista a Paco Bezerra, dramaturgo y coguionista de la película «La desconocida», de Pablo Maqueda, en el marco del BCN Film Festival, en el Hotel Casa Fuster en Barcelona, el viernes 21 de abril de 2023.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Paco Bezerra, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Katia Casariego y Ainhoa Pernaute de Revolutionary Press, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Pablo Maqueda

Entrevista a Pablo Maqueda, director de la película «La desconocida», en el marco del BCN Film Festival, en el Hotel Casa Fuster en Barcelona, el viernes 21 de abril de 2023.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pablo Maqueda, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Katia Casariego y Ainhoa Pernaute de Revolutionary Press, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA