Entrevista a Anna Giralt Gris, directora de la película «Robin Bank», en la oficina de la productora Gusano Films en la Incubadora Almogàvers en Barcelona, el lunes 26 de septiembre de 2022.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Anna Giralt Gris, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y al equipo de Gusano Films, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Paula Labordeta y Gaizka Urresti, directores de la película «Labordeta, un hombre sin más», en los Cinemes Boliche en Barcelona, el martes 6 de septiembre de 2022.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Paula Labordeta y Gaizka Urresti, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Alexandra Hernández de Hayeda Cultura, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“Recuérdame como un árbol batido; como un pájaro herido; como un hombre sin más. Recuérdame como un verano ido; como un lobo cansino; como un hombre sin más”
De la canción Ya ves, de José Antonio Labordeta
Cuando todavía era niño no entendía el activismo de mi padre, aunque siempre que mi madre me dejaba, lo acompañaba. Él siempre estuvo afiliado a partidos de izquierda, incluso llegó a ser candidato a la alcaldía de Sabadell. Era feliz acompañándolo a enganchadas de carteles, reuniones y diferentes actos políticos y manifestaciones. Lo que más recuerdo de aquellos años, años de agitación política que raro era el día que no se escuchaban muchas canciones protesta, entre ellas, como no, “Canto a la Libertad”, de José Antonio Labordeta (1935-2010), que nació un año antes que mi padre. De adulto, conocí a Labordeta , tanto al poeta como al hombre, y no era solo aquel tipo de “Un país en la mochila” de TVE, sino un hombre del pueblo, alguien que siempre defendió al reprimido, al perseguido, al huido, a aquel que siempre se enfrentó al capital, como se decía antes. Un hombre que escribió, cantó y habló sobre los derechos de los olvidados, de los que nadie hacía caso, de los que no paran de trabajar y apenas tienen algo. Perteneció a la generación de mis padres, aquellos que crecieron en dictadura, aquellos que no se dejaron domar, como decía el gran Marcelino Camacho, aquellos que trajeron la libertad y la democracia a este país, con sus luchas, protestas, política y humanidad.
La película Labordeta. Un hombre sin más, de Paula Labordeta, su hija menor, que ha estado toda la vida realizando televisión, junto a Gaizka Urresti, cineasta de larga trayectoria que ha producido a gente tan importante como Agustí Villaronga, Carlos Saura y Santiago Tabernero, entre otros, y dirigido películas sobre Buñuel o Luis Eduardo Aute, entre otros. La película con guion de Miguel Mena, Ana Labordeta y los propios directores, no es un homenaje al uso, porque profundiza en su lado más íntimo y personal, y lo hace a través de los suyos, su viuda Juana de Andrés, sus tres hijas, Ana, Ángela y Paula, y sus nietas, amén de amigos como el dramaturgo Sanchis Sinistierra y algunos más, e indagando en el hombre desde dentro, del humano, del que dudaba, del que sentía miedo, del que se frustraba, pero también reía, se ilusionaba, y a pesar de los pesares, como diría el poeta, seguía en la lucha, aunque bien sabía que había mucho que hacer para conseguir tan poco, cosas de este país tan oscuro y tan triste, donde siempre acaba mal, como mencionaba Gil de Biedma.
La cinta repasa su vida, sus publicaciones, su poesía, su etapa como político, su vida familiar, y sus tantas vidas de alguien inquieto, muy curioso, y alguien que miraba el mundo desde otras perspectivas, desde otra forma, y hacía música para reivindicar a lo pequeño, a lo sencillo, a todo aquello que se les negaba a sus gentes sin más de Aragón. Como buen retrato, no hay espacio para el edulcoramiento y demás falsedades narrativas, porque el propósito de la película es abordar todo aquello del hombre que menos se conoce, porque vemos momentos célebres de su vida, y otros, menos cómodos, donde le asaltaban las dudas, la desilusión y la tristeza. La película ayudará a recordar a uno de los grandes tipos que vivió, cantó y luchó en buena parte de la dictadura y su final, y aquellos años de euforia de la democracia recién nacida y su posterior asentamiento, aquellos años de miedo y oscuridad que muchos intentan contar de otra manera, y también, ayudará a todos aquellos que todavía no conocen su vida y quieran conocerlo, peor conocerlo de verdad, a través de sus hazañas, como contaba aquel tebeo mítico, y sus tristezas, que también las hubo, y las pasó como se pasan, con mucha ayuda y casi siempre en soledad.
El mayor logro de Labordeta. Un hombre sin más, de los muchos que tiene, es su sencillez, su transparencia y su humildad, porque hablar de un hombre como Labordeta que era todo humanidad e intimidad, requería una película así, una película construida como un homenaje de verdad, de los que ya apenas se hacen, con cara y ojos y cuerpo y alma, para hablar de alguien que era uno más, pero a pesar de su existencia sin más, logró destacar y convertirse en un referente, que en este pobre mundo tanta falta hacen, porque ahora parece que cualquier mojigato de tres al cuarto cree hacer algo y mucho más, qué equivocados andan, porque seguramente no conocen a tipos como Labordeta, que era mucho más de lo que fue, sin pretenderlo, y mucho menos sin buscarlo. Y también, es un sincero y profundo homenaje no solo a Labordeta sino a todos aquellos que le acompañaron, tanto conocidos como desconocidos, todos aquellos que lucharon por un mundo mejor y por un trozo de libertad. Para despedir este texto no puedo hacerlo de otras manera que cediendo la palabra y la música al poeta: “Habrá un día en que todos al levantar la vista, veremos una tierra que ponga libertad… Vivan todos aquellos que soñaron con la libertad, y a José Antonio Labordeta, único, irrepetible y sobre todo, un tipo sin más, que hizo mucho, que en este país es toda una proeza. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Meritxell Colell, directora de la película «Dúo», en la Plaza de la Virreina en Barcelona, el Lunes 5 de septiembre 2022.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Meritxell Colell, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a mi querido amigo y excelente fotógrafo Óscar Fernández Orengo, que ha tenido la amabilidad y generosidad de retratarnos, y a Katia Casariego de Vasaver, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“En enero de 2007, el alcalde del pueblo calabrés donde estaba rodando Le Quattro volte, me llevó a dar una vuelta por el Pollino. “¡Tienes que ver las maravillas de estas montañas!”, me dijo. Me llevó a un sumidero en el que se veía un escaso corte en el suelo. Me quedé perplejo, decepcionado. El alcalde, en cambio, entusiasmado y orgulloso, lanzó una gran piedra a ese vacío. Se la tragó la oscuridad. El fondo era tan profundo que no se podía ver ni oír nada. Esa desaparición, esa falta de respuesta, me produjo una emoción muy fuerte. Ese extraño lugar se me quedó grabado, llamándome a volver a él años después, para cuestionarlo y crear un proyecto dentro de la silenciosa negrura del Abismo de Bifurto”.
Michelangelo Frammartino
Muchos de los que nos consideramos amantes del cine nos quedamos gratamente sorprendidos con la aparición de una película como Le Quattro volte (2203), del director Michelangelo Frammartino (Milán, Italia, 1968). Una bellísima película ambientada en el sur de Italia, en la región de Calabria, en los pequeños pueblos de Alessandria del Carretto, Caulonia y Serra San Bruno, sobre los ciclos naturales de la vida y la naturaleza, donde se hacia una profunda exploración y reflexión sobre los oficios y las vidas rurales que se perdían y la película dejaba huella de toda esa lenta e irreparable desaparición.
Siete años antes, el cineasta milanés ya había debutado con Il Dono, donde desde el mencionado Caulonia, ya advertía de la terrible despoblación. Con Alberi (2013), rodada en Armanto, también de la región calabresa, una película de veintiocho minutos que formaba parte de una instalación que pasó por el MoMA y el Pompidou, en la que recuperaba la antigua tradición de los Romiti, los hombres que se cubrían con hiedra, los hombres-árbol que pedían limosna y custodiaban los secretos del bosque. Un cine sobre el tiempo, las huellas del pasado, la naturaleza y la vida rural, campesina y pastoril, unas vidas que el tiempo va borrando, y el cine de Frammartino, con su peculiar estilo de fusión de ficción y documento, recupera esas vidas, esos lugares, esas actividades, y sobre todo, unas gentes y la memoria del territorio de Calabria. Sus estudios de arquitectura en que el espacio físico se convierte en terreno de estudio junto a las imágenes de cine y video, se han convertido en tema esencial de sus películas.
En Il Buco, en un guion de Giovanna Giuliani y el propio director, nos traslada a la Italia del milagro económico de los sesenta, más concretamente a 1961, en un contexto en que se había inaugurado el edifico Pirelli, entonces, el rascacielos más alto de Europa en 1958, en la ciudad de Milán, al norte del país. En el otro lado, en el sur, unos jóvenes se fueron, no a surcar los cielos, sino a sumergirse bajo tierra, en un agujero abierto en mitad de la meseta del Pollino, capitaneados por Giulio Gècchele y su joven grupo espeleológico de Piamonte. Los expedicionarios se adentraron en la grieta y descubrieron una cueva a 700 metros bajo tierra, la segunda cueva más grande de la Tierra en aquel momento. Frammartino recoge aquella historia real de la aventura espeleológica y filma con su peculiar fusión de realidad e imaginación, en el que no solo se sigue a la expedición bajo tierra, con las herramientas de entonces, donde cada metro se explora y se va descubriendo, en la más inmensa oscuridad, en un camino que es totalmente incierto lo que va a ocurrir y con lo que se van a encontrar. También, nos habla de la superficie y se centra en un anciano pastor que ha enfermado.
La película tiene el característico aroma del mejor Herzog, en sus aventuras-películas, en que lo imprevisto de la naturaleza y la vida salvaje se recoge con naturalidad y dejando constancia de la belleza y lo terrible de lo natural. También, encontramos ecos de la experiencia extrasensorial e inmersión absoluta que ya estaba en La ciudad oculta (2018), de Víctor Moreno, en la que se adentraba bajo la tierra de la urbe de Madrid, acompañando a los trabajadores del suelo. La oscuridad y el leve sonido de los espeleólogos se apodera de la pantalla, donde nos perdemos en el abismo profundo de la cueva, un universo por descubrir, un universo desconocido, y sobre todo, un mundo incierto, donde todo está por conocer y descubrir, en el que la imagen se construye a oscuras, en el que destaca con intensidad el grandísimo trabajo de cinematografía del legendario Renato Berta, toda una institución del cine europeo, ya que lleva trabajando hace más de medio siglo y con nombres tan ilustres como los de Godard, Gitaï, Resnais, entre otros. El ejemplar montaje de Bennie Atria, el maravilloso sonido de Simone Paolo Olivero, ambos en el equipo de Le Quattro Volte. La película usa pocos diálogos, deja todo al sonido natural del interior de la cueva, y algún leve diálogo entre los conquistadores de aquello que no vemos, entre estas personas que se lanzan hacia abajo a explorar ese submundo. Esa otra tierra, ese otro sonido y esa otra cosa, como una especie de monstruo que solo muestra la entrada y nunca la salida, la salida está ahí, pero no se sabe a qué profundidad.
Con Il Buco, el director italiano elabora un ejercicio no solo de memoria, sino de humanismo y de experimentación que el cine prodiga poco, porque la experiencia cinematográfica de ver una película de Frammartino es muy especial, y nos deja una huella donde hay tiempo para sombrarse, descubrir y sumergirse en el interior de la tierra y en el interior de uno mismo. Una experiencia que devuelve al cine la capacidad de asombro y magnificencia que tenía en sus orígenes, cuando todo estaba por hacer, y cuando todo lo que aparecía en la pantalla era una novedad, porque la experiencia filmada de Frammartino va más allá de su forma de reivindicación el trabajo de estos espeleólogos que, en su día pasó totalmente desapercibido por los medios y demás, sino que vuelve a detenerse y a mirar la región de Calabria, tanto en su superficie como en su interior, filmando cada detalle, cada mirada, cada suspiro, cada gesto, cada animal, con momentos mágicos y hermosísimos como ese de los recién llegados pasando de noche por una plaza donde unos lugareños miran la televisión atentamente, o ese otro de la cotidianidad de los propios espeleólogos y la rutina de los pastores y las gentes con sus trabajos y sus intimidades
Una forma de filmar y acercarse a lo rural y sobre todo, a sus gentes que, remite completamente a los trabajos en el campo documental de Vittorio de Seta entre 1955 y 1959, que pudieron verse el pasado febrero en la imperdible Filmoteca de Cataluña, o los más recientes de Raymond Depardon, donde lo rural, ese mundo atávico y extraño, adquiere su dimensión de cercanía, de belleza y de universo imborrable en la memoria de tantos, aunque la modernidad y los cambios constantes de la vida y de la mano del progreso se lleven por delante una forma de vida ancestral que andaba de la mano de la naturaleza, observándola y trabajándola, como una comunión perfecta entre humano y naturaleza. Nos alegramos enormemente que una distribuidora como La Aventura apueste por el cine de Frammartino y estrene una película de estas características, porque no solo engrandece la idea de hacer cine, sino que consigue llevarnos a otros mundos, a otros universos y lo más curioso de todo, es que se encuentran en este, bajo tierra, como aquel viaje que nos proponía Verne, un viaje que en ciertos momentos parece espacial, por toda esa oscuridad y ese silencio, y no es otro mundo que el que se encuentra bajo nuestros pies, en el interior de la tierra. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Dominic Gagnon, director de la película «Big in China. Georges and the Vision Machines», en el marco de La Inesperada Festival de Cine, en el Zumzeig Cineccoperativa en Barcelona, el sábado 26 de febrero de 2022
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Dominic Gagnon, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Rafael Dalmau, por su gran labor como intérprete, y a Miquel Martí Freixas y Núria Giménez Lorang, directores de La Inesperada, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“No existe una realidad independiente o ajena a nosotros, somos nosotros quienes la elaboramos”
Jacobo Grinberg
Cualquier tipo de búsqueda genera una profunda investigación, no solo ya los pormenores de la desaparición, sino los hechos que lo propiciaron, y aún más, la vida anterior del personaje en cuestión. Quizás esta última parte, más misteriosa aún más si cabe, porque la vida que conocemos, en cierto modo, la pública y la oculta, entraña el misterio en sí, porque de esa vida conocida o no, se encuentran las claves que ocasionaron dicha desaparición. En el caso de Jacobo Grinberg (Ciudad de México 1946), toda su existencia, la que conocemos o no, se truncó aquel lejano 8 de diciembre de 1994, cuando contaba con solo 47 años. Pero, he aquí la cuestión. ¿Cuáles fueron las circunstancias de la desaparición de Grinberg? ¿Cómo se produjo? ¿Quién o quiénes estaban interesados en él? E infinitas preguntas más. Todas esas cuestiones son las que se plantea el cineasta Ida Cuéllar durante los siete años de investigación sobre el caso, que vive a caballo entre Barcelona y Ciudad de México, astrólogo y estudioso del Tarot, y en sus obras un explorador de la imaginación y la consciencia, no solo nos explica la vida y el trabajo de Grinberg, sino también, intenta esclarecer las circunstancias de su extraña desaparición.
El secreto del Doctor Grinberg se decanta por el thriller de investigación, con el aroma de los mejores títulos del cine de género estadounidense setentero, abriendo varias líneas, llevándonos por muchos lugares del ancho planeta. En la primera, nos sitúa en las pesquisas del comandante Padilla, el jefe de policía a cargo de la investigación del caso, otra línea son las entrevistas del propio Cuéllar con familiares, amigos y colegas de profesión de Grinberg, en el que traza esa vida pública y oculta del personaje, y aún más, se hace una reflexión del trabajo de Grinberg, que destacó enormemente como neurofisiólogo y psicólogo, dedicándose a estudiar el chamanismo mexicano, la conciencia, disciplinas orientales, meditación y telepatía, llegando a ser mundialmente conocido. La película huye, inteligentemente, de las certezas, y elabora un trabajo exhaustivo, lleno de tensión, brillante y místico sobre la figura del investigador de la conciencia, y sobre todo, no enlazándolo ni nada que se le parezca, sino construyendo un retrato inolvidable sobre todo aquello que somos, y todo aquello que podríamos ser.
La película también actúa como un trabajo fascinante y revelador sobre Grinberg y todo aquello que fue: su viaje a Israel, que lo cambió para siempre, la aparición en su vida de personas como la curandera Pachita, sus relaciones con el poder, la amistad con el antropólogo y brujo Carlos Castaneda, su viaje al New York contracultural, y Teresa Mendoza, la mujer que compartía su vida cuando desapareció, la CIA estadounidense, y demás asuntos que se mezclan en la ardua investigación. Cuéllar lanza innumerables preguntas sin respuestas, investiga y elabora algunas hipótesis, algunas que quizás son ciertas, y otras, pura fantasía o no, nunca se decanta por ninguna de ellas, solo investiga y llega a ciertos lugares y personas, pero nunca nada definitivo, en cierta manera, no está muy lejos de Zodiac (2007), de David Fincher, la investigación de dos polis sobre uno de los mayores asesinos en serie de EE.UU., o de JFK (1991) y JFK: Caso revisado (2021), las películas de Oliver Stone sobre el magnicidio de Kennedy, ni tampoco de las películas-documentales-investigación de Isaki Lacuesta como Cravan vs. Cravan (2002) y Los pasos dobles (2011), sobre las misteriosas figuras del poeta Arthur Cravan y del pintor François Augiéras, respectivamente.
La opera prima de Ida Cuéllar destaca por su precisión y estupenda narrativa y forma, porque todo está elaborado con cuidado y detalle, nada se deja al azar ni mucho menos a la mera inventiva, porque la película consigue un trabajo riguroso, donde todo es honesto y cercano, se muestra lo más clara posible en sus investigaciones y en su incansable búsqueda, una búsqueda fascinante, hipnótica y llena de misterios que, a día de hoy, continúan ocultos, al igual que Jacobo Grinberg, un personaje que la película descubre y sobre todo, reivindica como estudioso de la mente y la conciencia, y nos habla de sus más de medio centenar de libros en los que plasmaba el resultado de sus novedosas y sorprendentes investigaciones. Nunca sabremos que ocurrió con Grinberg, o quizás algún día sí, lo que si sabemos seguro es que su trabajo y obra están ahí para ser descubiertas por cualquier persona que quiera saber, quiera conocer, y adentrarse en un mundo más allá de lo conocido, un universo fascinante y lleno de sueños, donde los sueños ya no son una mera ilusión, sino toda una búsqueda diferente, que tiene que ver con otras leyes, leyes que se escapan de lo racional y lo físico, y pertenecen a otras dimensiones, materias y estados, un universo en el que quizás Grinberg se encuentra ahora mismo, o tal vez, no, quizás alguna vez lo sepamos, y Grinberg también. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“Es muy agradable sentirse. Tú no eres nada. No eres nada cuando estás cerca de un volcán”
Katia y Maurice Krafft
Katia y Maurice Krafft siempre fueron muy activos ante la sociedad y la política, Eran uno de los tantos jóvenes que se lanzaron a la calle en 1968 en París, para luchar por cambios y una sociedad más justa, solidaria y humana. Desencantados con la deriva social capitalista que se apoderaba del mundo occidental, encontraron en la naturaleza esa vía de escape para alejarse de todos, observar la tierra y sus misterios, y de esa forma, toparon con los volcanes en erupción, que habían sido objetos de fascinación para los dos desde la asolescencia. Katia y Maurice Krafft, geoquímica y geólogo, respectivamente, se enamoraron apasionadamente y de los volcanes, que se convirtieron en su razón de ser y estar en el mundo. Después de más de dos décadas, alrededor del mundo, observando, apuntando, reflexionando, filmando y tomando fotografías, muestras y demás de los volcanes, encontraron la muerte mientras estaban en el Monte Uzen en Japón, el 3 de junio de 1991.
Fire of Love, nuevo trabajo documental de la estadounidense Sara Dosa, cuenta su vida y su aventura con los volcanes, pero no lo hace de un modo convencional, reconstruyendo sus vidas, sino a partir de ellos, de sus miradas y reflexiones, a partir de todo su legado, un impresionante material de archivo que dejaron tras su muerte. Más de 300 horas de filmaciones en 16 mm que rodaba el propio Maurice, más de 300000 fotografías de Katia y más de 20 libros en los que contaban sus experiencias con los volcanes, e innumerable material de archivo de entrevistas y conferencias del matrimonio, y una infinidad de objetos, rocas y demás, recogidos del material que expulsaban los volcanes. Una película de noventa y tres minutos que condensa veinte años de amor por los volcanes de un matrimonio completamente singular, diferente y pionero en el estudio de la vulcanología, porque, gracias a ellos, su legado y sus investigaciones proporcionaron que se sepa más el comportamiento de los volcanes y su necesaria prevención para evitar muertes.
Un exhaustivo y preciso trabajo de montaje que firman Erin Casper, que ya había trabajado con la directora, y Jocelyne Chaput, con el que componen un fabuloso y profundo collage que va repasando las diferentes acciones de los Krafft con sus volcanes, la narración de la escritora y cineasta Miranda July, con esa voz suave y enigmática que va mucho más allá de las imágenes, porque lanza reflexiones, describe el antes y después de las imágenes, y sobre todo, nos ofrece un retrato en off de todo lo que vemos y lo que no, porque hay muchas vidas en las vidas de los Krafft, las que dejaron en imágenes y filmaciones, y aquellas otras, las que no están registradas pero también existieron. Porque si hay algo que adquiere una importancia vital en la existencia de la pareja enamorada de vulcanólogos es el misterio, y la película lo acoge de forma natural, porque siempre hay una aureola de misterio, tanto en sus vidas como en los volcanes que estudian, esos misterios infinitos de la tierra, de su pasado y sus orígenes, de todos esos fenómenos que sucedieron antes que nosotros, antes de todo, y todos esos fenómenos que suceden delante de los ojos atentos e inquietos de los Krafft.
Nunca sabremos porque los Krafft hacían lo que hacían, en el fondo, no importa, porque ellos lo hicieron y ya está, y mucho menos su forma de trabajar, acercándose tanto a los volcanes, algunos los llamaran temerarios y otros, simplemente, los envidiaran por todo lo que vivieron y lo que hicieron, porque dieron su vida, literalmente, por su pasión, por su deseo, por todo lo que eran, porque no eran otra cosa que unos apasionados de los volcanes, llenos de miedo, pero un miedo que no les impedía asomarse a los abismos que los llevaron por todo el mundo. La naturaleza y sus misterios siempre han sido objeto de estudio y reflexión en el cine de Dosa, porque en The Last Season (2014), su primer largometraje, dos ex soldados y cazadores de una difícil variante de hongo en los bosques del estado de Oregón, descubrían una forma de curar las heridas físicas y emocionales de la guerra. Con The Seer & The Unseen (2019), volvía al bosque, en este caso, en Islandia, donde una joven se comunica con elfos para salvar el ecosistema. Unos personajes que no andan muy lejos del matrimonio Krafft, que también encuentran su razón de ser en el contacto con la naturaleza, con la madre tierra.
Si algo tienen en común las personas que retrata la directora estadounidense en su cine es ese aura de seres especiales y cercanos, como una especie de desheredados y aburridos de la sociedad mercantilizada, que encuentran en la naturaleza una forma de sentir y construir una vida alejada de todo eso, estudiando y experimentando y descubriendo todos los secretos que oculta un universo tan físico y espiritual como la naturaleza, con toda su belleza y terror como los volcanes, con esas riadas de lava rojizas y anaranjadas que abruman por su exultante belleza, pero que son lenguas monstruosas de fuego que arrasan todo lo que se encuentren en el camino, o esas llamaradas de fuego que expulsan los volcanes, que nos dejan atónitos por su espectacularidad, pero que, por el contrario, destrozan todo lo que toquen. Los Krafft encontraron la muerte haciendo aquello que amaban, porque ellos no entendían la vida sin estar lo más cerca posible de un volcán en erupción, porque en el fondo, la vida hay que experimentarla y sentirla, dejándose llevar por aquello que le da sentido, y en eso, los Krafft, o lo que es lo mismo, Kati y Maurice no son solo un clarísimo ejemplo para todos, sino que también, sus incontables y profundos estudios, han servido para conocer mejor a los volcanes y evitar tragedias personales. Gracias por todo! JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Inés García, directora de la película «Winterreise», en el marco de La Inesperada Festival de Cine, en el parque de la España Industrial en Barcelona, el viernes 25 de febrero de 2022
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Inés García, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Miquel Martí Freixas y Núria Giménez Lorang, directores de La Inesperada, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Inés Toharia Terán, directora de la película «Film, the Living Record of our Memory», con motivo de la celebración de «10 anys al Raval», en la Filmoteca de Catalunya en Barcelona, el martes 22 de febrero de 2022.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Inés Toharia Terán, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Jordi Martínez de Comunicación de la Filmoteca, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA