Júlia ist, de Elena Martín

CAMINAR SOLA.

Hay películas que se definen desde su primer instante, en esas primeras imágenes encontramos su definición y su forma de contarnos el relato que vendrá a continuación, Júlia ist, de Elena Martín (Barcelona, 1992) que debuta en la dirección y asume el rol de la protagonista, es una de ellas. Su arranque nos sitúa en un viaje en coche, conduce Júlia y a su lado su novio, discuten porque ella se va de Erasmus a Berlín, el ambiente es tenso (ayudan esos planos próximos y cortantes) apenas se dirigen algunas palabras amables, parecen dos desconocidos, o simplemente, ninguno de los dos se atreve a finiquitar una relación que hace tiempo que ya se ha terminado. De ahí, nos vamos a Berlín. La bienvenida es gélida y ausente, los deseos e ilusiones de Júlia mientras estudiaba arquitectura en Barcelona, chocan con una ciudad poco acogedora, triste y extraña. A Júlia le cuesta encajar, la huida en la que se ha convertido su vida y su existencia, se enfrenta a sus propias decisiones y sobre todo, a ella misma, a empezar a caminar sola en una ciudad ajena, extranjera, un lugar que parece que se mueve en su contra.

En cierto momento, parece que su estancia en Berlín se encamina hacia algún sitio, conoce a gente, entra en un grupo de arquitectura y comienza a enrollarse con un alemán. Pero todo es apariencia, en su afán de ser una más, acaba convirtiéndose en una extraña de sí misma, en una especie de náufraga que intenta agarrarse a todas las tablas de madera que encuentra por su camino, sin saber o poder decidirse por ninguna de ellas. Júlia, lejos del amparo y la compañía de su familia, tiene que empezar a decidir su propia vida por ella misma, sin más ayuda que su fuerza, su valentía y su coraje. La película, surgida en la Universitat Pompeu Fabra, se sustenta a través de una forma cortante, llena de planos muy cercanos y tomas que siguen incansablemente a la protagonista, algo así como un diario personal fílmico que captura la experiencia agridulce y desencantada de una joven que vive su primera vez lejos de casa, en un viaje interior que se presumía atrayente y fascinante desde Barcelona, pero que la realidad de Berlín y su estado de ánimo derivan en una experiencia diferente, más cercana  a la tristeza y al encontrarse a uno mismo para descubrirnos y descifrar nuestras inquietudes y nuestro espacio en el mundo.

La experiencia de Júlia se asemeja en contexto y forma a la vivida por la  protagonista de la magnífica María (y los demás), de Nely Reguera, donde la joven librera aspirante eterna a escritora, tenía que dejar su zona de confort y empezar a vivir su vida, o también, podríamos mirarla como una especie de trasunto de Les amigues de l’Àgata, de Laura Rius, Marta Verheyen, Alba Cros y Laia Alabart, protagonizada por Elena (también surgida en la UPF, como Sobre la marxa, de Jordi Morató) en la que partiendo de planteamientos próximos, hacia un retrato íntimo de una joven que dejaba a sus amigas de siempre para empezar una nueva vida en su primer año universitario, como si Júlia ist siguiera el espacio vital de aquella Àgata, aunque las dos mujeres presentan caracteres y posturas muy diferentes. Una aproximación al programa Erasmus, más cercana al interior de Júlia, sumergiéndose en sus miedos y angustias,  muy alejada a la planteada en Un casa de locos, de Cédric Kaplisch, donde se hacía un retrato festivo y amable de la experiencia en Barcelona de un estudiante francés de económicas.

Retratos en primera persona honestos, de magnífica factura, que filman la experiencia universitaria, basándose en experiencias reales vividas por los mismos autores, en películas sobre una juventud demasiado ensimismada en sus vidas y su entorno, que se ven vacíos y abocados a un abismo vital cuando abandonan ese espacio que tanto conocen, y se ven enfrentados a un paisaje ajeno y hostil, aunque fundamental para seguir creciendo en sus vidas, y sobre todo, descubrirse a ellos mismos, y encontrar aquello que les hace sentir bien. Una película de exquisita y magnética banda sonora, que agrupa bandas de aquí y Alemania, para crear esa atmósfera enigmática e íntima para penetrar en el interior de la protagonista, una música que se convierte en un personaje más, en una mirada desencantada del deambular de Júlia. Un relato construido a través de un largo tiempo, compuesto por un equipo reducido, en el que todos opinan y trabajan codo a codo para levantar un proyecto que reflexiona sobre personas de su edad, sobre la experiencia estudiantil, y sobre los entornos próximos y extraños que les ha tocado en suerte, sabiendo que tanto unos u otros, serán importantes en su devenir vital y en la consecución de sus deseos y anhelos vitales.

20 DOCSBARCELONA – MIRANDO EL MUNDO DESDE LO FEMENINO Y LO ÍNTIMO

El pasado 28 de mayo, después de una semana intensa de cine, se cerraba la 20 edición del DOCSBARCELONA. Festival Internacional de Cinema Documental. Una muestra caracterizada en esta edición por la gran cantidad de películas dirigidas por mujeres, que arrancó con los encuentros profesionales que albergó el mercado, un espacio de debate y conocimiento en el que los proyectos llegan cargados de ilusión en busca de la ansiada financiación. También, hubo encuentros con cineastas y masterclass, en las que se habló largo y tendido del estado actual del cine documental, sus formas de financiación, y sus temáticas, que siguen caminando hacía la denuncia social, y el análisis de un mundo muy capitalizado, injusto y deshumanizado. El jueves 18 de mayo con la película Amazona, de Clare Weiskopf, quedaron inauguradas las proyecciones cinematográficas que se llevaron a cabo en los lugares acostumbrados, en las dos salas del club Aribau, y en el auditori y teatre CCCB. Díez días intensos de cine, que en su veinte aniversario, el DOCSBARCELONA ampliado a una duración de diez días, en las que se contó con innumerable presencias de los directores de las películas programadas, en las que se dialogó y debatió con un público entusiasmado que llenó las salas y participó en un festival que se ha consolidado como un referente sólido y enérgico en el panorama del documental. El domingo se cerró el certamen con la entrega de premios, los diferentes jurados formados entre otros, por destacados cineastas como Isaki lacuesta, Mercedes Álvarez, Valerie Delpierre, Juanjo Giménez… El máximo galardón recayó en la película Los niños, de Maite Alberdi,  el premio Nou Talent, recayó en Last men in Aleppo, de Feras Fayyad, el premio Latitud se lo llevó Al otro lado del muro, de Pau Ortiz, y la mención especial fue a Los ofendidos, de Marcela Zamora. El premio What the Doc, se lo repartieron Woman and the glacier, de Audrius Stonys y You have no idea how much I love you, de Pawel Lozinsky. El premio Amnistia Internacional de Cataluña a Machines, de Rahul Jain, y finalmente, el premio del público lo conquistó Jericó, el infinito vuelo de los días, de Catalina Mesa.

Mi camino por el festival arrancó con AMAZONA, de Clare Weiskopf. Un film que retrata el encuentro íntimo y terapéutico entre la cineasta y su madre, una mujer libre en todos los sentidos, con una filosofía de vida altruista, humanista y muy personal. La película filma las conversaciones entre madre e hija, y nos habla sobre la maternidad, los deseos interiores, y los sacrificios y necesidades vitales que tenemos que tomar entre lo que queremos a hacer y nuestras obligaciones con nuestros hijos. Weiskopf en su primera película, reconstruye la biografía de su madre y su familia, y lo hace desde la curiosidad, y lo personal, sin caer en el discurso simplista, y mirando desde todos los ángulos posibles, sin pretender aleccionar ni nada semejante. Mirar y comprender, dialogar y aproximarse, en una cinta filmada en plena selva amazónica y sobre todo, desde lo más profundo de nosotros mismos. De la sección oficial Panorama, también me acerqué a 21 X NEW YORK, de Piotr Stasik. El cineasta polaco, sociólogo y activista cultural, nos sitúa en el suburbano de New York y sus usuarios, para realizar un mosaico humano e infinito sobre diferentes personas que nos explican sus inquietudes, reflexiones, sueños, frustraciones y deseos personales, en una película-viaje onírica que, a través de planos y encuadres de absorbente belleza, que nos atrapan desde el primer instante, haciéndonos participes de sus interminables trayectos, de idas y venidas sin fin, acompañados por una sonoridad penetrante y una música enigmática, nos conducen por este bellísimo filme donde se mezclan la poesía y la cotidianidad de las existencias de un grupo muy heterogéneo de seres que se mueven por una ciudad pobladísima, extraña y muy individualista. Otra de sus películas fue BORN IN DEIR YASSIN, de Neta Shoshani. Una película-denuncia donde la joven directora Neta Shoshani mira al terrible pasado de su país, con sinceridad y valentía, para mostrarnos una de sus casos más terroríficos cuando en 1948, la ciudad árabe de Deir Yassin fue masacrada por unos paramilitares judíos. La realizadora israelí habla con los ejecutores de aquella tragedia, un grupo de ancianos judíos en la actualidad que, en la mayoría de los casos. justifican las acciones por el bien de la nación y por ser meros verdugos que recibían órdenes. Shoshani mezcla esta historia con la de un hijo que apenas conoció a su madre, una interna del psiquiátrico, construido en Der Yassin después de la masacre, para realizar un retrato en primera persona, sobre la memoria histórica de un país desde la intimidad del drama que vivieron los que ya no están y los que los recuerdan, a través de imágenes de archivo y testimonios espeluznantes que hielan la sangre, sin caer en el discurso moralizante, y atreviéndose a penetrar en la oscura memoria de su país, sin necesidad de aspavientos, sólo con una investigación rigurosa, humana y profunda.

Otra de las propuestas fue GRAB AND RUN, de Roser Corella.  La directora catalana, periodista y documentalista, nos lleva hasta Kirguistán (antigua república soviética) donde se mantiene una tradición machista y degradante para las mujeres que consiste en secuestrarlas y obligarlas a casarse, una práctica deleznable a la que la fuerte tradición de sus gentes sigue manteniendo a pesar de su condición inhumana. Corella mira, dialoga y filma su película desde la observación, escuchando a sus personajes-habitantes sin entrar en ningún moral aleccionadora, ni nada por el estilo, sólo filmándolos, hablando con ellos, exponiendo sus argumentos y razones, tanto de los padres, los maridos, y las mujeres, y las niñas, creando un caleidoscopio de voces humanas y sentimientos contradictorios en los que cada uno de los espectadores tomará la posición que más se aproxime a sus creencias. Una película humanista que denuncia una atrocidad desde lo más íntimo, desde lo que no vemos, pero es lo más doloroso, desde la profundidad y la complejidad de cada uno de las personas implicadas. Continué con LIFE TO COME, de Claudio Capanna. El director italiano nos sitúa en la habitación de un hospital y sigue las dificultades de dos prematuros nacidos a las 28 semanas de gestación. La durísima lucha, acompañada de temores, en un maná de emociones de una madre que se mantiene junto a sus hijos. Capanna frente a la frialdad y rodeado de equipos de alta tecnología, nos descubre una historia sencilla y extremadamente íntima, donde traspasa la calidez y sensibilidad humanas en una película que retrata la fragilidad de la vida y de nuestro ser. Una película, en un asombroso trabajo de sonoridad, que captura todos los sonidos que acaban formando una estructura del relato, que traspasa el alma desde lo más profundo de cada uno de nosotros, y lo hace en un entorno en apariencia hostil, pero que acaba resultando una reflexión sobre el hecho de vivir y todo aquellos que nos rodea. Cerré la sección oficial con SIBERIAN LOVE, de Olga Delane. Un documento íntimo y muy personal de la directora Olga Delane, originaria de Kranokamensk (Siberia) que después de dos décadas viviendo en Berlín, vuelve a su tierra a pasar un tiempo con los suyos. Una tierra, en la frontera entre China y Mongolia, donde sus habitantes, fríos y parcos en palabras, viven de la agricultura y ganadería, mientras soportan temperaturas gélidas extremas y viven en un fuerte patriarcado donde los roles de género están arraigados en fuertes tradiciones ancestrales, el hombre, trabaja, y la mujer en casa con los niños. Delane filma a sus parientes y les pregunta por sus vidas y sus condiciones personales, y lo hace desde lo íntimo, capturando los detalles de cada uno y sus respectivas necesidades, sin emitir ningún juicio, sólo observando su tierra y sus orígenes, y preguntándose sobre lo femenino por aquellas tierras inhóspitas de belleza seductora y silencios eternos.

Hice un alto en el camino para acercarme a la propuesta de TIRABIRAK, de Bea Narbaiza, Libe Mimenza y Edorta Arana. Una webdoc nacida en el País Vasco en el grupo de investigación EMAN, la Fundación Donostia/San Sebastián 2016 y EITB, en el que valiéndose de las viñetas publicadas en los medios desde 1977 hasta 2016 sobre el conflicto vasco, construyen una web interactiva de indudable poder divulgativo e informativo, en la que se analiza la evolución, tanto política, ideológica, social y cultural, de las diversas posturas adoptadas en la forma que el humor se ha acercado y ha analizado los diversos sucesos acontecidos sobre el problema vasco. Una sesión de enorme valor social y político, en el que además, sus responsables introdujeron de forma sencilla y pedagógica todos los elementos y estructuras que forman parte de su web y las inquietudes y reflexiones que les han llevado a levantar un proyecto de estas características, tan necesario y fundamental para entender y aproximarse a la realidad de un conflicto que ha estructurado la realidad política española desde la mitad del siglo pasado. La sección Latitud la arranqué con AL OTRO LADO DEL MURO, de Pau Ortiz. Una de las producciones más esperadas del certamen debido a su prestigioso galardón en el Hot Docs, el festival más importante del continente americano. El realizador barcelonés nos sitúa en México, en la intimidad familiar de unos hermanos hondureños sin papeles que, con la madre encarcelada y el padre ausente, sobreviven como pueden en una situación que les sobrepasa, e intentan tirar hacia delante como buenamente pueden. Las llamadas telefónicas con la madre, las tensas relaciones entre los dos mayores, cabezas de familia a su pesar, y el cuidado, en momentos difíciles y complejos, con los hermanos pequeños, hacen de la película de Ortiz una muestra  impecable de las duras condiciones de vida de muchos inmigrantes desamparados en tierra de nadie, en ese lugar y tiempo, en el que deben seguir, aunque en muchas ocasiones, no sepan hacia adonde. Una película de factura ejemplar, que trata sus temas de forma seria y concisa.

La segunda de esta sección fue EL SILENCIO DE LOS FUSILES, de Natalia Orozco. La cineasta colombiana, especializada en trabajos sobre investigación política y derechos humanos, se embarca en un tema espinoso y candente, los diálogos de paz en Colombia entre dos enemigos irreconciliables, en el conflicto más antiguo de toda la historia. Por una parte, el gobierno de la nación, presidido por José Manuel Santos, y al otro lado, las FARC, el ejército guerrillero de la selva, liderado por Timochenko. Orozco construye un inmenso mosaico a través de imágenes de archivo donde reconstruye los antecedentes, el estado actual y el camino hacia el futuro, con la ansiada paz para todos, en el que no faltan entrevistas a los implicados en el proceso, en un documento político de altísimo nivel que, ofrece una visión seria y honesta, sobre la situación que se respira en Colombia, un país tristemente sacudido por la violencia. Un país sometido a la oscuridad y el terror de la muerte. Seguí con LOS OFENDIDOS, de Marcela Zamora Chamorro. La cineasta, nacida en Nicaragua, interesada en temas de género y derechos humanos, que el año pasado se vio en el festival su anterior trabajo, El cuarto de los huesos (sobre los desparecidos en El Salvador a través de los restos encontrados) vuelve a hablarnos del país salvadoreño, a través de testimonios de la represión durante la dictadura, en el que vamos escuchando el relato de las torturas y los desaparecidos. La realizadora arranca con la figura de su padre, activista político que también sufrió el secuestro de los militares, y hace un minucioso trabajo político sobre la memoria, en el que en uno de los momentos más terroríficos escuchamos el testimonio desgarrador de uno de los verdugos contando la cotidianidad de los detenidos. Zamora construye un trabajo durísimo, sin concesiones, pero a la vez necesario y audaz, en el que la directora sigue en su cruzada humanista para levantar todas las oscuridades que desgraciadamente persisten en su país.

En la sección What the Doc, me sorprendieron dos títulos de gran calidad, tanto a nivel formal como argumental, uno de ellos, UNTITLED, de Michael Glawogger y Monika Willi. El trabajo póstumo de Glawogger (fallecido durante el rodaje en Liberia) es un inmenso caleidoscopio de su visión humanista del mundo, en un rodaje que abarcó 5 meses, en el que viajó por los Balcanes, Italia, y norte y este de África, sin seguir ningún pretexto argumental. El cineasta austríaco, autor de títulos míticos del género como  Megacities (1998) Workingman’s death (2005), y su fiel colaboradora, Monika Willi, su editora, que acabó la película, realizan un trabajo libre y muy intuitivo, capturando la realidad humana, los detalles y la intimidad de cada una de las personas y los lugares que filman de manera humana y sencilla, dejando al espectador libertad para mirar sin prisas, con pausa y detenimiento, dejándose llevar por las imágenes y la música que nos acompañan, en un prodigioso montaje que va creando atmósferas oníricas, imposibles y complejas de múltiples realidades que se mezclan, dialogan entre ellas, y además, nos llevan a una dimensión extraordinaria sobre lo humano y el trabajo artesanal que realizan las personas que son filmadas. Un documento visual y sensorial de grandísima calidad que, significa una despedida memorable, muy a nuestro pesar, de uno de los grandes cineastas de la historia. El otro de los grandes títulos vistos en el festival ha sido YOU HAVE NO IDEA HOW MUCH I LOVE YOU, de Pawel Lozinski. El prestigioso cineasta polaco, autor de más de veinte títulos, y ayudante de Kieslowski, presenta un documento desgarrador y conciso sobre las relaciones difíciles y conflictivas de una madre y su hija, y lo hace a través de una forma de extrema sencillez, en la que construye con primeros planos de las dos mujeres, acompañadas de su terapeuta en las diferentes sesiones, para encontrar las razones que les han llevado a esa situación, y sobre todo, a través de sus testimonios encontrar la mejor manera de limar asperezas y encontrar las alianzas que las vuelvan a mantener una relación madre e hija. Lozinski cimenta un ejercicio poderoso asfixiante y agobiante, sumamente complejo y perturbador, en el que sus personajes (porque se tratan de intérpretes que simulan experiencias reales, a la manera de Eduardo Coutinho) un ejemplar trabajo sobre las relaciones humanas, las palabras y los silencios que forman parte de nuestra existencia y de las personas que forman parte de nosotros.

Cerré mi participación en el festival con JERICÓ, EL INFINITO VUELO DE LOS DÍAS, de Catalina Mesa. La cineasta colombiana, en su primer largo, nos traslada en la región de Antioquia, en el  noroeste de Colombia, y nos muestra el relato de ocho mujeres,  a través de una forma exquisita, donde las formas especiales de la arquitectura de las casas y sus colores, devienen en una película llena de vida, recuerdos y sentimientos. Unas mujeres muy diferentes entre ellas, que forman parte de un trozo de esa vida del pasado, el presente y el futuro de un lugar peculiar atravesado por montañas, un espacio donde cohabitan sueños, memoria y valentía y corajes femeninos. Mesa retrata a sus personajes de forma natural e intima, mostrando sus sencillas vidas, con gran sentido del humor, donde también hay espacio para los buenos momentos, y aquellos otros que no lo son tanto. Una película que seduce a través de su maravillosa descripción de emociones, mostrándonos una realidad muy diferente a la violencia que se relaciona con Colombia, ofreciéndonos una visión humana y peculiar sobre un grupo de mujeres, en relación a su pueblo, sus vidas, sus recuerdos y la música que escuchaban. Hasta aquí mi camino por el festival, un viaje que empezó cargado de ilusión y entusiasmo, y acabó de la mejor de las maneras, lleno de emoción desbordante, convencido de haber asistido no sólo a una fiesta del cine documental, sino también a una emocionante y muy agradable reunión de amigos, llena de interesantes propuestas que nos hacen la vida mejor y sobre todo, nos muestran realidades ocultas y silenciadas por unos medios dominados por el capital, conocer la realidad nos aleja de la comodidad capitalista, y nos agita, llenándonos de sentimientos que nos hacen sentirnos más llenos de vida y algo más felices.

Encuentro con Jean-Claude Carrière

Encuentro con el guionista Jean-Claude Carrière junto al crítico Carlos Losilla. El acto tuvo lugar el martes 16 de mayo de 2017 en la Biblioteca Xavier Benguerel en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Jean-Calude Carrière y Carlos Losilla, por su tiempo, conocimiento, y generosidad, a Neus Castellano (Directora de la Biblioteca Xavier Benguerel) por su generosidad, paciencia, amabilidad y cariño, y a Loop Festival Barcelona y Biblioteques de Barcelona, organizadores del acto.

Encuentro con Ana Belén

Encuentro con Ana Belén con motivo del Goya de Honor 2016, junto a Isona Passola (Presidenta de l’Acadèmia de Cinema Català), Nora Navas (Junta directiva de la Academia de Cine Español) y Josep Maria Pou (Gaudí d’honor 2016). El acto tuvo lugar el jueves 6 de abril de 2017 en la antigua Fabrica de Estrella Damm en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ana Belén, Isona Passola, Nora Navas y Josep Maria Pou, por su tiempo, conocimiento, y generosidad, y a Ana Sánchez de Comedianet, por su generosidad, paciencia, amabilidad y cariño.

Encuentro con Rita Azevedo Gomes

Encuentro con Rita Azevedo Gomes, directora de «Correspondencias», con motivo del preestreno de su película. El acto tuvo lugar el jueves 1 de junio de 2017 en el Zumzeig Cine Cooperativa en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Rita Azevedo Gomes, por su tiempo, conocimiento, y generosidad, a Ramiro Ledo y Xan Gómez de Numax Distribución, por su generosidad, paciencia, amabilidad y cariño, y al equipo que hace posible el Zumzeig, por su amabilidad, generosidad y cariño.

Correspondencias, de Rita Azevedo Gomes

LA MEMORIA DEL EXILIO.

«Il y a des êtres à travers qui Dieu m’a aimé»

Louis-Claude de Saint-Martin,  “El filósofo desconocido”, 1743-1803

El año pasado, tanto propios como extraños, nos quedamos fascinados por la fuerza expresiva y narrativa de la película La venganza de una mujer, de la directora portuguesa Rita Azevedo Gomes (Lisboa, 1952) una pieza de cámara absorbente y fascinante que adaptaba de manera sublime Las diabólicas, de Barbey d’Aurebilly. Un relato de poderosas imágenes que nos atrapan a través del testimonio desgarrador de una mujer que relataba la penosa experiencia de un amor imposible del pasado. Ahora, Azevedo Gomes (que arrancó su carrera a comienzos de los 70) vuelve a mostrarnos un relato sobre el pasado, sobre la memoria, centrado en dos de las figuras más representativas de la literatura portuguesa del siglo XX, Jorge de Sena (1949-1978) perseguido por la dictadura de Salazar se exilió, primero a Brasil y finalmente a EE.UU., y Sophia de Mello Breyner Andresen (1919-2004), y la relación epistolar que mantuvieron ambos durante el período comprendido entre 1959 al 1978.

La película-viaje de Azevedo Gomes se desmarca del contenido político de las misivas para centrarse en la poesía de ambos, sus inquietudes personales y reflexiones sobre la vida, la muerte, la ausencia, el amor, etc… Y la cineasta portuguesa lo hace desde lo más profundo, acercándose a aquello que no vemos, aquello que se oculta en las sombras, aquello que forma parte de cada uno de nosotros, pero rara vez podemos explicar, y crea un mundo onírico, un mundo de luces y sombras, un caleidoscopio sin fin, en el que conviven texturas, colores, formas, pensamientos, ideas y todo aquello que la materia fílmica puede capturar, en el que viajamos hacia aquellos lugares que forman parte de la memoria de las poesías que vamos escuchando mientras reconocidas figuras van leyendo, tanto del arte como de la vida social, desde Luis Miguel Cintra, Rita Durâo, Pierre Léon, Eva Truffaut…La directora portuguesa abandona cualquier orden cronológico y estructura lineal, dejándose llevar por las diferentes poesías y creando un universo lleno de otros submundos que desconocemos donde empiezan y menos de donde acaban, en un continuo sinfín de imágenes, sonidos y lecturas que respiran unas con otras, dialogando entre ellas, y mezclándose en una elegía sobre un tiempo sin tiempo, un mundo soñado, alejado de éste, que obliga a los poetas abandonar su tiempo, lugar y vida.

Azevedo Gomes parece haber hecho su peculiar y personal viaje en el tiempo, en un tiempo sin fechas, sin lugares, y sin gente, en un tiempo onírico, imaginado, en su trabajo más libre y visceral, en una producción artesanal y con amigos, donde no había prisas ni agendas, sino tiempo para vivir y para filmar, capturando todo aquello que rebelaba lo que estaba sucediendo, lo que se vivía en ese instante, en una película-ensayo que nos devuelve la imagen primaria del cine, aquella en la que todo estaba por descubrir, aquella que nadie había manipulado jamás, cuando en sus inicios, alimentaba de sueños, mundos imposibles y lugares sin espacio y tiempo, donde la materia cinematografía se transmutaba en orgánica, como un pedazo de historia tangible y sedoso, en el que uno se podía imaginar mundos imaginarios, personas fantasmagóricas, y objetos en tránsito, como en un viaje infinito en que el alma se apropiaba de los sentidos y las ideas viajaban sin cesar, en el que tiempo y materia se mezclaban perdiendo su origen natural, y creando un espacio inmaterial y sin tiempo, en el que todo estaba dispuesto para tallar la imagen fílmica y soñada.

La realizadora portuguesa (que tuvo en Manoel de Oliveira a su mentor) ha construido un poema elegiaco, con esa característica mágica que solo encontramos en los grandes como Mekas o Sokúrov, un filme de imágenes poderosas que nos transportan hacia el interior de uno mismo, en un viaje sobre el exilio, la memoria, y la ausencia, donde la vida y la muerte conviven en un solo espacio, donde el agua (elemento primordial en la cinta, que aparece como elemento icónico en los viajes que se relatan en la película) nos devuelve hacia aquel tiempo en el que las cosas eran diferentes, en ese sueño utópico donde las cosas podrían ser de otra manera. Una película que invita al espectador a dejarse llevar, a introducirse en su materia poética de forma inocente, sumergiéndose en las lecturas de las poesías de forma reposada y con pausa, a través de sus 145 minutos, que se pasan volando, casi sin querer, en el que parece que los espectadores asistimos a una especie de trance fílmico donde nuestros sentidos viajan sin cesar hacia esos lugares imaginarios, profundos, interiores, no sólo de la película, sino de cada uno de nosotros.

Bittersweet days, de Marga Melià

LA VIDA QUE QUIERES.

“Los grandes cambios empiezan con pequeños pasos”

¿Vivimos la vida realmente que queremos? ¿Decidimos nuestra existencia en relación a lo que sentimos o lo que debemos hacer? ¿Estamos felices con nosotros mismos? ¿Nos arrepentimos más de lo que hemos hecho o lo que hemos dejado de hacer? Esta serie de cuestiones, y otras relativas a la felicidad, a quiénes somos y qué tipo de vida llevamos son las que plantea la primera película de Marga Melià (Palma de Mallorca, 1982) periodista de oficio y cineasta de vocación, que ya exploró los mecanismos de la felicidad en su primer trabajo, un cortometraje de curioso título El síndrome del calcetín desparejado (2012) donde confrontaba las diferencias entre la vida que llevamos y los sueños que tenemos o dejamos atrás. En su puesta de largo, vuelve a aquellos temas, o mejor dicho, continúa investigando sobre los temores, preocupaciones y demás que afectan a la gente de su edad, treintañeros que se mueven casi por inercia, que no acaban por encontrarse, y sobre todo, se sienten frustrados con su existencia, incapaces de vivir la vida que realmente desean.

La trama, sencilla y honesta, gira en torno a una pareja que tiene que separarse. Él, feliz en su trabajo, se traslada a Londres por un tiempo, ella, infeliz en su profesión, se queda sola en Barcelona, y además, tendrá que buscar compañero de piso para sufragar los gastos de la vivienda. El elegido es Luuk, un fotógrafo holandés extrovertido y pura vitalidad, que espabilará y abrirá los ojos a Julia, y le descubrirá más sobre ella misma de lo que ésta imaginaba. Melià hace de la modestia y la simpleza sus armas argumentales y formales, quizás alguna secuencia se muestra algo forzada y sin el debido tiempo que merecería, pero no deslucen el conjunto, construyendo una película pequeña, pero de gran sentido y complicidad con el espectador. Una película luminosa, atractiva y artesanal, que arranca describiendo la Barcelona turística para acercarse a los rincones más personales y auténticos de la ciudad, creando el decorado idóneo para contarnos esta historia romántica, con momentos surrealistas, y otros no tanto, sobre aquello que deseamos y quizás no nos atrevemos a vivir, a veces por falta de tiempo, por inercia, o simplemente por miedo.

Un relato sentimental breve (apenas 72 minutos) que nos sumerge en unos días agridulces, como nos anuncia el título, días para pensar, para darnos cuenta de cosas que nos gustaría hacer, días para sentir aquello que dejamos de sentir, o para mirarnos al espejo y reconocernos en el reflejo que tenemos delante, en una historia que nos habla sobre la amistad, el amor, y sobre todo, de nosotros mismos, sobre quiénes somos en realidad, y como nos relacionamos con nuestros semejantes. La deliciosa música de los Lili’s House añade más sensibilidad y magnetismo a la película, creando esa armonía tranquila y apacible que respira todo el conjunto. Esther González y Brian Teuwen, novatos en estas lides, dan vida a los protagonistas de la película, aportando frescura, vitalidad y humanidad a unos personajes en un momento crucial en sus vidas. Una, entre lo que siente y lo que vive, quizás la eterna cuestión de identidad que azota a muchos jóvenes de hoy en día, y él, enfrentándose a unos sentimientos que parecía tener claros.

Melià que se acerca al aroma que se respira en filmes de Miranda July o Jonás Trueba, nos lleva de la mano por este cuento de verano, mientras compartimos un libro que marcó nuestra adolescencia, o vemos aquella película que siempre nos gustó, o tomamos copas acompañados de unas risas cómplices, y paseamos sin rumbo por la ciudad, o acabamos bañándonos al amanecer, y alquilamos una película en alguno de los pocos videoclubs que todavía resisten, o pasamos unos días en Mallorca probando sus aguas y descubriéndonos a nosotros mismos… Días de verano, días en que conocemos a alguien, que nos enamoramos, o simplemente, sentimos que vivimos por primera vez, o tal vez, nos damos cuenta que hacía mucho tiempo que no nos sentíamos así de bien, o quizás lo habíamos olvidado, tan centrados y agobiados con nuestra vida, o con eso que llamamos vida, muy alejados a aquello que nos hacía sentirnos bien y felices con nosotros mismos.

Todos los gobiernos mienten, de Alfred Peabody

TODOS LOS HOMBRES DEL PRESIDENTE.

“El periodismo es contar la verdad, defender al débil del fuerte, luchar por la justicia, aportar consuelo y perspectiva para soportar los odios y los temores de la humanidad con la esperanza de un día crear un mundo en el que los hombres celebren sus diferencias en lugar de matarse entre ellos en su nombre”

I. F. Stone

“Una mentira contada mil veces, acaba siendo verdad”, frase pronunciada por Joseph Goebbles, ministro de propaganda nazi, que creó un imperio de mentiras para propagar su discurso nacionalsocialista por el mundo. Una estrategia que continúan los medios de comunicación actuales, sometidos a los intereses económicos y poderosos de las grandes corporaciones, se han convertido en meros altavoces de esos gigantescos grupos de comunicación que hacen y deshacen según les conviene en un mundo cada vez más deshumanizado, mercantilista y egoísta. La aparición de otras miradas, otras voces, y otras reflexiones, ayuda a comprender la convulsa y compleja realidad mundial, acercándonos a la veracidad de la información, a entender la materia intrínseca de los sucesos y a tener ese espacio necesario para reflexionar sobre lo ocurrido desde un prisma humanista, claro y tranquilo. Alfred Peabody, periodista y cineasta de oficio y vocación, ha dedicado su carrera profesional a estos menesteres, ya desde su programa de investigación The Fifth Estate para la CBC (Cadena pública canadiense) donde contribuyó a ofrecer un periodismo alejado de los intereses económicos y ejerciendo su arma arrojadiza ante las mentiras de los poderosos.

Ahora, con la producción de dos grandes críticos del poder como Oliver Stone y Jeff Cohen en la producción, realiza este documento de político, de poderosa fuerza y sumergiéndose en las entrañas oscuras de los mecanismos del poder, un trabajo sobre la prensa, y todas aquellas personas que trabajan para ejercer un periodismo de verdad, independiente y libre, apartado de las “verdades” interesadas de los grandes medios de comunicación. A partir de la figura de I. F. Stone ( 1907-1989) pilar indiscutible de la libertad de prensa, que en los años 60 se convirtió en la voz crítica contra los desmanes del poder y las mentiras políticas que arrojaban contra la población estadounidense a través del semanario If Stone’s Weekly, un diario independiente que se convirtió en un emblema para toda una generación de periodistas y sobre todo, un símbolo para una parte de la población ávida de conocer la verdad y harta de las patrañas estatales. Peabody realiza una película con nervio, inteligencia y brutal, con ese ritmo endiablado de los mejores thrillers políticos de los 60 o 70, como El político, El mensajero del miedo, Cuatro días de mayo, Los tres días del cóndor o Todos los hombres del presidente (del que se hace referencia explícita en la película, además de aparecer como testimonio Carl Berntein, uno de los periodistas que destapó el escándalo del Watergate que acabó con la presidencia de Nixon).

Escuchamos a periodistas que trabajan en los márgenes, en las zangas de la investigación, lejos del mundanal ruido, con independencia y libertad, siguiendo el inmenso legado de Stone, como Amy Goodman desde su canal de televisión Democrazy Now!, Matt Taibbi en las páginas de Rolling Stone o por Glenn Greenwald y Jeremy Scahill desde The Intercept, periodistas en busca de la verdad, de destapar las vergüenzas de unos poderosos que parecen funcionar al margen de la ley y por encima de todo y todos, sacando a la luz temas espinosos y conflictos enterrados como las revelaciones de la NSA sobre el caso Snowden, las fosas comunes ilegales de inmigrantes mexicanos en la frontera, los asesinatos selectivos con drones militares en oriente Medio, o la falsedad de los motivos que justificaron la invasión de Irak, entre otros temas, con la participación de destacadas figuras de la investigación como Noah Chomsky, Michael Moore, hombres a contracorriente, hombres que conocen sobradamente los hilos invisibles del poder, los que manejan los grandes medios como la CBS o la CNN, porque saben que eso genera hábitos y opiniones en la población. Peabody construye un puzle complejo y siniestro sobre los malos usos de la información de los gobiernos y cómo este grupo de hombres buenos y profesionales (recuerdan la figura que interpretaba Cary Grant en Luna nueva, ese jefe voraz y enérgico, que valiéndose de sus artimañas para no perder a su mejor periodista, y así esclarecer la verdad para salvar a un inocente) se dedican a recabar información y llegar hasta el quid de la cuestión, a través de sus medios digitales, su fuerza narrativa y su mente creadora para esquivar los obstáculos del poder y presentar una información veraz, inteligente y necesaria.

Master class de Verónica Cortínez y Manfred Engelbert sobre cine chileno de fines de los sesenta

Master class y presentación del libro Evolución en libertad: El cine chileno de fines de los sesenta,  presentada por sus autores Verónica Cortínez y Manfred Engelbert, en el marco del ciclo «Una revisió del cinema xilè dels seixanta».  El encuentro tuvo lugar el martes 4 de abril de 2017,  en la Filmoteca de Cataluña en Barcelona.

Quiero expresar mi agradecimiento a las personas que ha hecho posible este encuentro: a Verónica Cortínez y Manfred Engelbert, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Esteve Riambau y su equipo de la Filmoteca, por su organización, generosidad y paciencia.

D’A 2017: LA PRIMAVERA RADIANTE DEL CINE.

El pasado domingo 7 de mayo, cerró sus puertas la VII Edición del Festival Internacional de Cinema d’Autor de Barcelona. Después de 10 intensos días de cine, presentaciones, mesas redondas, y demás actividades relacionadas con el mundo cinematográfico. La retrospectiva de este año estuvo dedicada al cineasta mexicano Amat Escalante, las secciones, como vienen siendo habitual, se dividieron en Direccions, Talents y Transicions, y se recuperó la sección de Un impulso colectivo, comisariada por Carlos Losilla, y por primera vez, hubo una sección para los cortometraje. También, se volvió a abrir el certamen a otras sedes fuera del epicentro Barcelona, continuando la propuesta iniciada el año anterior. La noche del sábado, en el Teatre CCCB, antes de la película de clausura, se entregaron los galardones: El Premio Talents recayó en People That are not me, de Hadas Ben Aroya. El Premio de la Crítica fue a parar a El futuro perfecto, de Nele Wholatz, jurado que también hizo una mención a La película de nuestra vida, de Enrique Baró, y finalmente, el Premio del Público se lo llevó The Woman who left, de Lav Diaz. Premios que dieron carpetazo a un sinfín de actividades para todos los paladares, en un festival que después de 7 años, viene dedicándose al cine resistente, diferente, reflexivo y contundente, consolidándose en una ciudad en la que existe un público interesado por este cine, y ha hecho de esta cita, a comienzos de primavera, una concentración del cine que ha dejado huella en festivales prestigiosos de todo el mundo.

Mi aventura en el D’A arrancó con la película LE PARC, de Damien Manivel. Segundo título del cineasta francés que se inicia con una pareja adolescente que se citan en un parque, mientras juegan al amor, hablan de sus cosas, incluso de filosofía, y se adentran en el interior de sus partes más íntimas mientras avanza el día. Manivel, a través de un formato 1:33, nos cuenta dos películas, en la primera, asistimos a una comedia romántica al estilo de Rohmer o Garrel, en el que el amor iniciático parece apoderarse de los chicos, en la segunda mitad, la película cambia de registro, sumiéndonos en un juego kafkiano de resonancias oscuras, dentro del tono minimalista de la primera mitad. Un juego sobre el amor, los sentimientos, y su reflejo en el espejo, una mirada hacia lo oscuro de nuestro ser y sobre todo, de todas las realidades y personalidades que se apoderan de nosotros y en cierta manera, nos definen frente a los demás. Siguiendo en la sección de TALENTS, seguí con A LOS NIÑOS LA BELLEZA, de Rocío Caliri y Melina Marcow. Una propuesta muy singular, que no deja indiferente, procedente de Argentina, pero muy alejada de las películas que se cuecen por allí, aquí no hay problemas sobre juventud y miserias del país, sus dos directoras, afrontan su segundo largo, situándonos en la Dinamarca de principios del siglo XX, en una mansión solitaria y apartada en medio del campo, donde una familia bienintencionada, sufre una tragedia, un recién nacido nace con una malformación y la madre perece en el parto. A partir de ese suceso, el dolor, la amargura y el silencio se apoderan de tan siniestro lugar. Las directoras utilizando el formato 1:33, nos invitan a un tono sutil y distanciado, sin caer en trampas melodramáticas, sino que cuecen su relato a ritmo pausado, componiendo una forma intensa y calculada, de luz etérea, y planos cerrados, que acaban asfixiando y agobiando a todos los personajes, unos seres que se mueven entre mentiras, cinismo y perversiones.

También me acerqué a THE BEACH HOUSE, de Roy Dib. El cineasta debutante procedente del Líbano, nos invita a una velada que acontecerá en una casa de costa con el mediterráneo bramando al lado. Dos hermanas y dos amigos de la más joven, comen, se drogan y hablan sobre sus realidades y las del país: la emigración hacia otros países, la sexualidad, el conflicto árabe-palestino, en un ambiente distendido pero que poco a poco, se encamina hacia el interior de cada uno de ellos, en el que dejarán caer sus respectivas máscaras, y se expondrán al otro, a través de sus sentimientos e inquietudes, en un presente difícil y un futuro igual de oscuro. Un relato con rasgos sociales, pero con una atmósfera inquietante, en el que las relaciones humanas se apoderan de una cinta con tono teatral y ambiguo. L’INDOMPTÉE, de Caroline Deruas. Primer largo de la ayudante de cineastas como Váleria Bruni Tedeschi o Philippe Garrel, con el que ha escrito sus últimas películas. Deruas se basa en una experiencia real para contarnos la experiencia de dos artistas en la majestuosa Villa Medici de Roma (Sede de la Academia Francesa). Seguimos a una escritora que no logra escribir y además tiene como pareja a un escritor maduro y consagrando, y por otro lado, a una pintora, de energía y pasión descontroladas, pero incapaz de encontrar el amor y además, asaltada por los fantasmas del lugar. Deruas reflexiona sobre la creación artística y el amor, en una película de tormentos, neuras y poses artísticas, en las que unos sujetos pasean su (in)capacidad para enfrentarse a sus miedos y alegrías, en un viaje hacía lo más profundo en este inquietante, sobrio y descarnado retrato femenino en el mundo artístico.

KÉKSZAKÀLLÚ, de Gastón Solnicki. Otra muestra del irreverente y fascinante cine argentino actual, en una obra en la que Solnicki, en su tercera película, adopta el título de “Barba Azul”, la única ópera de Béla Bartók, en el que retrata el complejo paso de la adolescencia a la edad adulta, a través de una serie de chicas, que se mueven entre la desidia, el desencanto y la opresión de una vida que no les atrae, les aburre y encima, les obliga a hacer cosas que no les agrada en absoluto. A través de un juego enigmático entre los diferentes espacios y el entorno, y sus cuerpos moviéndose en ellos. E director argentino nos somete a una película de silencios incómodos, de largas tomas, y la distancia prudente e inquieta, con esperas sin sentido, en el que se cuelan las miradas de Antonioni sobre la burguesía, y la inoperancia de éstos para construir sus vidas o encontrar algo que les atraiga y distraiga, en una lucha enfermiza para no aceptar el destino paterno y emprender una huida constante. Para cerrar esta sección, también vi PEOPLE THAT ARE NOT ME, de Hadas Ben Aroya. Primera película de la joven directora israelí, que ella misma produce, escribe, dirige y protagoniza, en un retrato sobre la vida de una joven que intenta superar una ruptura sentimental, a través de una incesante búsqueda de hombres con la necesidad de estar con alguien, pero a la vez seguir manteniendo su independencia. Un estilo directo y naturalista, en el que seguimos a la protagonista por las calles, las habitaciones de su casa, la discoteca y sus incursiones en internet, mostrándonos una intimidad en la que el sexo y los cuerpos se muestran de forma explícita y sin rodeos, capturando las pulsiones y los sentimientos más profundos. Una cinta de arrolladora energía que se erige tanto como un retrato de la juventud veinteañera israelí, sus condiciones de vida y esos lugares de provincia, que no distan mucho de nuestro entorno más próximo.

De la sección de Direcciones, disfruté de lo lindo con DÍAS DE COLOR NARANJA, de Pablo Llorca. Nuevo trabajo de uno de los cineastas más prolíficos del país, en el que a través de un tono naturalista y una forma libre y adaptable, se adentra en una road movie a través de los países mediterráneos, con insistencia en Italia y Croacia, para contarnos una historia de amor en un contexto de crisis y decadencia europea. Llorca construye una película libre, minimalista y artesanal, en el que viajamos en tren, autobús y bicicleta, por las diferentes regiones que la pareja de enamorados va visitando, en la que asistimos al inicio del enamoramiento, a la amistad, y la de compartir entre unos jóvenes que se encuentran de casualidad y continúan viajando y conociéndose, en una Europa que deambula sin sentido sin encontrar su lugar. Una película divertida, romántica y sencilla, que nos atrapa desde lo más íntimo y profundo, retratando no sólo una juventud en medio del caos, sino también la memoria de unos que ya no se reconocen en el continente tan cambiante y lúgubre. Cerré la sesión con BITTER MONEY de Wang Bing. El documentalista chino sigue mostrando las vergüenzas y miserias de su mastodonte nación. Ahora, vuelve a las ciudades-fábrica que asolan las regiones industriales de China, para contarnos, a través de un tono directo e implacable, las terribles y durísimas condiciones laborales de unas personas que dejan sus entornos rurales para sobrevivir o simplemente existir-trabajar en una fábricas colmenas donde se trabaja-esclaviza de sol a sol para mal ganarse la vida. Bing huye de todo aquello que manipule su discurso, deja que las personajes, sus rostros y sus cuerpos inunden su dramaturgia, creando un mundo oscuro, tenebroso, casi terrorífico, por el que se mueven estos individuos que desean volver a su tierra y dejar ese mundo o mejor dicho, submundo, que sólo funciona para enriquecer a unos poquísimos, a través de las empresas extranjeras que facilitan esa mano de obra barata y miserable.

Finalmente, de la sección Un impulso colectivo, que volvía al festival, tuvo la oportunidad de ver CONVERSO, de David Arratibel. Un documento terapia en el que el cineasta español sigue a los cuatro miembros de su familia que se han convertido a la religión católica, y lo hace desde la intimidad de las conversaciones, donde todos explican sus razones, su fe y la llamada de Dios. Arratibel no sólo nos habla sobre la fe, la religión, sino que también, nos habla de la familia y las relaciones que se producen entre todos sus integrantes, y lo hace desde lo más sencillo y directo, hablando y conversando de manera natural y directa con ellos, en un viaje hacia lo más profundo de cada uno, en el que exponen sus creencias, sus inquietudes y su vida, lo más íntimo, lo que no se suele explicar. Arratibel se sirve del cine para explicarnos aquello que lo ha distanciado, lo que no se han dicho, todo lo que se han guardado. Una película sobre la familia, sobre la memoria, y la religión, pero ante todo, un interesante y valiente documento sobre nuestra propia identidad y ser. Seguí con LA MALDITA PRIMAVERA, de Marc Ferrer. Después de su descubrimiento el año pasado en el festival con Nos parecía importante, Marc Ferrer vuelve con una película protagonizada por el grupo de pop “Papa Topo”, en una comedia alocada, divertidísima y desenfrenada, que recuerda a Waters, Lester, y la comedia madrileña de finales de los setenta y primeros de los ochenta con Colomo, Almodóvar y demás. Ferrer construye una película que mezcla géneros, desde la comedia sentimental, la ciencia-ficción y el retrato de una generación en permanentemente búsqueda de un amor que no acaba de llegar, o si lo hace, es de una manera poco satisfactoria y decepcionante. Una película de risas, canciones y devaneos sentimentales, en el que es un canto al amor al cine amateur, al cine hecho con pasión, aventura y extraordinario sentido del ritmo, logrando mezclar con sabiduría situaciones divertidas con otras más profundas y sinceras.

COMO LA ESPUMA, de Roberto Pérez Toledo. Tercera película de Pérez Toledo que nos sitúa en un solo día, en una jornada, en el que un chico monta una fiesta en la casa que comparte con un amigo, para levantarle el ánimo a éste (ya que ha quedado minusválido después de un accidente) y su principal reclamo será que se organizará una orgía. Una comedia alocada y disparatada, que  se convierte en una fiesta sobre la vida, el amor y el sexo desenfrenado, en el que a través de unos diálogos inteligentes, y unas situaciones cómicas y complejas, nos seduce y nos convierte en un personaje más, metiéndonos de lleno en un retrato sobre la juventud, sus inquietudes y reflexiones a través de la vida en pareja, las relaciones humanas y las aventuras sentimentales. El cineasta se desenvuelve con energía y logra una comedia adulta con ecos a Blake Edwards, en una cinta coral en el que todos ellos vivirán no sólo sexo y aventura, sino también, una mirada seria y adulta a sus inquietudes e ideas sobre la vida y el amor. Una película que puso el broche de oro a un festival que se ha convertido en una cita imprescindible y muy necesaria en la ciudad de Barcelona, erigiéndose en uno de los festivales más interesantes y audaces en el actual panorama, que como viene siendo habitual, en la gala de clausura, se anunciaron las fechas de la próxima edición que se celebrará del 26 de abril al 6 de mayo del 2018. Larga vida al D’A y sobre todo, al cine que viaja a lugares inexplorados con miradas interesantes y reflexivas, que nos ayuden a entender a los demás, y sobre todo, a nosotros mismos, o si no lo conseguimos, que por lo menos, lo intentemos.