Machines, de Rahul Jain

MALDITO TRABAJO.

“La pobreza es tormento, señor”

A mediados del siglo XIX, con la Revolución Industrial se acababa un gran período de transformaciones sociales, económicas y culturales que, en principio, se terminaba con las condiciones precarias de vida de los ciudadanos, para de esta manera entrar en una nueva era de mejores condiciones de vida donde las máquinas ayudarían a que la cotidianidad de los habitantes. Más lejos de todo aquello, a día de hoy, la máquina se ha impuesto al ser humano, y le ha condicionado, tanto su vida personal como laboral, imponiéndole unos ritmos de vida muy alejados de aquella lejana idea del XIX, donde la máquina venía a realizar todo lo contrario, y que no era otra cosa que mejorar las condiciones de vida. El director indio Rahul Jain (Nueva Delhi, India, 1991) nos introduce en las mazmorras de una fábrica textil en Surat,  una ciudad industrial situada al noroeste de la Índia, donde elaboran toda clase de tejidos, y nos muestra la terrible cotidianidad de unos trabajadores que son explotados en durísimas jornadas laborales de 12 horas diarias a razón de 210 rupias (unos 3 euros), muchos de ellos viajan miles de kilómetros para vivir lejos de sus familias para de esta manera sobrevivir en condiciones miserables, y subsistir, en trabajos de por vida donde nunca podrán ahorrar.

La cámara se mueve entre los trabajadores, entre los larguísimos pasillos, donde vemos cientos de telas amontonadas y preparadas para su ejecución, en una producción que nunca cesa, donde los trabajos y máquinas, conviven y comparten un espacio oscuro, sin ventilación y más propio de una prisión que de un ambiente laboral. Jain toma como referencia el documental británico del primer tercio del siglo XX, que mostró al mundo los ambientes laborales como Drifters, de John Grierson, Industrial Britain, de Robert J. Flaherty, Basil Wright y Arthur Elton, o Night Mail, de B. Wright y Harry Watt, entre otros muchos,  o el más reciente Workingman’s death, de Michael Glawogger, documento del 2005. Películas que documentaban las durísimas condiciones laborales de un mundo cada vez más desigual e injusto, y que el tiempo no ha ayudado a que esas situaciones mejorase, sino todo lo contrario, las ha acrecentado, creando un sistema capitalista feroz y salvaje que solo mira los rendimientos productivos y económicos, creando todavía más desigualdades si cabe, contribuyendo a crear un sistema de esclavitud moderno, donde las grandes empresas, con la ayuda de gobiernos corruptos y de inexistentes derechos laborales, explotan hasta la saciedad los trabajadores de esos países, una nueva manera de colonialismo, o mejor dicho, una continuación del colonialismo, donde unos siguen ganando cantidades enormes de dinero, a costa de las penosas y terribles condiciones laborales de aquellos a los que explotan por el bien del progreso y la modernidad.

Jain construye una película breve, de apenas 72 minutos, donde se introduce de un modo natural y tranquilo en todos los espacios existentes en ese paisaje de desolación y no vida, en el que hombres y máquinas se mezclan con el ruido incesante del movimiento continuo y mecánico de la frenética elaboración de los tejidos, donde las telas se fabrican a destajo, como si el mundo se terminase, donde los colores vivos parecen apagados, o los trabajadores los ven así, donde los rostros, imperturbables y silenciosos de los que allí trabajan mirando con recelo y miedo a la cámara, como a un invitado extraño que viene a documentar su manera de no ganarse la vida. El cineasta indio filma en primera persona a los trabajadores, ofreciéndoles su cámara para que expliquen sus vidas, reflexiones y el funcionamiento de este infierno al que llaman trabajo. Unas personas que explican sus orígenes, y porque se mantienen esas condiciones miserables de trabajo, ya que la nula comunicación entre los trabajadores hace imposible la organización sindical que ayude a mejorar sus trabajos.

Unos seres que se mueven como fantasmas, donde la vida y sus almas se quedan en la puerta, como explica uno de ellos, que más de un día piensa en no entrar, en dar media vuelta, porque sabe el infierno que irremediablemente le espera. La fábrica, como si se tratase de una mina, se encuentra en los sótanos, donde apenas hay luz natural, donde los trabajadores son expuestos y hacinados durante horas interminables y agotadoras, donde la máquina manda su ritmo de producción. Un paisaje inhumano, donde trabajan al ritmo de las malditas máquinas, doblando turnos de 12 horas para así ganar más dinero, en una no vida donde siempre andan exhaustos, agotados y sin alma. Rahul Jain debuta en el largometraje con un documento fascinante a nivel formal, y demoledor y terrorífico en su contenido, denunciando unas condiciones laborales de explotación, y lo hace desde la sencillez y la honestidad, sin caer en el panfleto, ni mucho menos en la proclama revolucionaria, sino mirando esos rostros con dignidad y extrayendo la humanidad que albergan, porque tras esas personas ensombrecidas por las máquinas y el maldito trabajo, existen personas como nosotros, que lo único que necesitan es vivir dignamente con un trabajo que los mire como seres humanos y no como máquinas.

Renta básica, de Christian Tod.

PENSAR LA UTOPÍA.

“Creo que la democracia hoy en día se ha convertido, en buena medida, en consentimiento manipulado, no forzado, sino manipulado, cada vez más manipulado, con la ayuda de la publicidad”

Erich Fromm (1900-1980)

La crisis mundial de hace menos de una década ha destapado las entrañas de una sociedad basada en un modelo económico insostenible, donde el 1% posee la misma riqueza que el 99% restante, y en el que la globalización, y la incorporación al mercado laboral de la automatización, elementos que vienen a cambiar completamente las estructuras de las finanzas económicas mundiales, con las graves consecuencias como la desaparición de puestos de trabajo, y un sistema que no podrá asimilar la gran mano de obra laboral que no tendrá disponibilidad de acceder a ningún trabajo. Problemas acuciantes para un sistema económico que deberá reiniciarse y encontrar otro modelo sostenible, en el que todas las personas del mundo encuentren su espacio y puedan vivir dignamente.

La película de Christian Tod (Linz, Austria, 1977) reputado economista que ha hecho de la renta básica su objeto de estudio, aborda de manera didáctica y profunda todos los aspectos de las causas nefastas del actual modelo económico y las posibles ideas para frenar este caos vital como la aplicación de una renta básica garantizada en el que las personas puedan cobrar del estado una retribución mensual para llevar a cabo su vida. El cineasta austriaco habla con empresarios, economistas, sociólogos, psicólogos, trabajadores, políticos, activistas y otros expertos en el tema para dialogar sobre la aplicación de esta renta, evaluando concienzudamente sus pros y contras, a partir de las experiencias ya realizadas en los años setenta y ochenta en pequeñas comunidades de Canadá y EE.UU., y los más recientes experimentos en una comunidad muy pobre en Namibia, estudiando sus resultados a nivel económico y sociológico en la población que participó en estas pruebas sobre la renta básica.

La película-documento hace un recorrido exhaustivo y profundo sobre las personas que a través de asociaciones reivindican la aplicación de una renta básica, desde Suiza, Alemania, Namibia o EE.UU., donde expertos en la materia nos explican un modelo económico que redistribuiría la riqueza y ayudaría a acabar con las gravísimas desigualdades económicas actuales. También, se expone, de un modo sencillo y claro, la idea de trabajar por dinero, y las consecuencias, positivas y negativas, que resultarían de trabajar sin tener que depender del sueldo, de terminar con ese poder indigno de aquellos que ofrecen el trabajo, y los otros, que dependen de él para sobrevivir. Un abanico de personas que alrededor del mundo defienden la renta básica y otros, por el contrario, se muestran completamente contrarios a su aplicación, esgrimiendo sus argumentos, basados en la pérdida de un modelo económico que, por otra parte, ya ha dado graves síntomas de su ineficacia y de pedir a gritos un cambio o la tecnología lo cambiará porque se será más factible económicamente hablando.

Tod construye una película que ayuda a reflexionar y a acercarse al tema de la renta básica desde múltiples puntos de vista y su necesidad en este mundo más desigual, y lo hace recurriendo a todos los elementos habidos y por haber, como los dibujos animados, o la saga de Star Trek (tanto la serie clásica como las películas, posiblemente la obra audiovisual que mejor ha plasmado los cambios y avances tecnológicos que nos depararan en el futuro) que abre y cierra la película, y a través de una voz en off, en un futuro remoto de 300 años después, donde las necesidades materiales han desaparecido y los seres humanos no tienen la necesidad de trabajar para ganar dinero, sino el trabajo se ha convertido en una realización personal y un espacio para descubrirnos. Interesante paradoja la que exponen en la película, un universo donde lo humano prevalece ante el materialismo, y en el que los seres humanos disponen de su vida para ellos, sin la necesidad de cambiar vida por dinero.

El maravilloso reino de Papa Alaev, de Tal Barda y Noam Pinchas

LOS TIEMPOS ESTÁN CAMBIANDO.

“Lo más importante en la familia es la familia. Sin la familia unida no hay orquesta.”

The times they are a-Changin’ (Los tiempos están cambiando) cantaba Bob Dylan en aquellos convulsos años sesenta, canción que no sólo describía una época de tiempos revolucionarios, sino que también, dejaba constancia del espíritu que recorría en unos jóvenes airados que soñaban con una sociedad diferente, más humana y mejor. Aunque hayan pasado más de medio siglo, la canción-himno de Dylan, sigue tan vigente como en sus orígenes, como un grito de rebeldía contra lo establecido, lo conservador y el poder. Algo parecido ocurre con Allo “Papa” Alaev, el virtuoso músico de Tayikistán (antigua república soviética), y su entorno familiar. El patriarca octogenario, aunque ya retirado, sigue practicando el “ordeno y mando”, dictatorial e instransigente, con esa mano firme general rechoncho, cargado de medallas, en la que ordena cualquier circunstancia que tenga que ver en su casa, donde viven todos juntos, como que se come y cuando, y quién toca y que instrumento, eliminando de raíz cualquier idea o cambio. Unas ordenes que su hijo Ariel ha seguido a rajatabla desde que tiene uso de razón, pero que su hija, Ada, se rebeló en su momento, saliendo del clan familiar, y trabajando por su cuenta, decisión que el padre jamás le perdonó y le prohíbe ser una más de la orquesta familiar. Aunque el reino del patriarca se verá amenazado cuando los nietos quieren ganarse su espacio en el seno del grupo musical, aportando sus ideas y con la necesidad de cambiar ciertos aspectos de las actuaciones y su repertorio. Aunque “Papa” Alaev se niega, creyendo inamovible la familia unida, aunque quizás ha llegado el momento de cambiar, como los tiempos, que nos advertía Dylan, o sucumbir a esa ráfaga de juventud que viene con fuerza y energía para cambiar las cosas y hacerlas a su manera.

El tándem de directores israelís Tal Barda (1983) autora de A heartbeat away (2015) en la que exploraba la terrible experiencia de un cardiólogo y pediatra en mitad de Tanzania, y Noam Pinchas (1974), co-productor de The good son (2013), de Shirley Berkovitz, donde podríamos encontrar un germen del conflicto de esta película, ya que hablaban de un joven que, con el objetivo de conseguir su sueño, debía enfrentarse al conservadurismo familiar. Barda y Pinchas sitúan su película en la actualidad, y en Tel Aviv (Israel) donde la familia emigró a mediados de los noventa después de la caída de la URSS. También, mediante material de archivo, nos informan del éxito y legado musical de “Papa” Alaev y la construcción de su clan familiar a través de la música, como durante tantos taños han sido “nosotros”, como tanto le gusta remarcar al anciano músico, y lo hacen de manera sencilla, mediante fotografías e imágenes de vídeo, donde vemos la educación patriarcal y conservadora de aquellos hijos y nietos por el bien de la música y la familia unida. La película se mueve a través de las luces y las sombras que se han instalado en la familia de un tiempo hasta aquí, en la que vemos, por un lado, la alegría y diversión de la familia mientras toca frente a miles de personas, donde los ritmos bukhareses, desbordan la fiesta y el movimiento en una música festiva, alegre, vital y pasional.

Y después, nos muestran el otro lado del espejo, cuando filman a Ada y a los nietos, en las que expresan sus ideas que chocan contra el mandato patriarcal (ideas que les llevan, unos a volver a tocar el instrumento que el padre le negó, otros, la religión, o a formar un grupo alejdo de la familia) también escuchamos a las mujeres de la casa, relegadas a las tareas domésticas, y anuladas, en las que además, se les prohíbe la participación en las giras del grupo. Un hervidero difícil de mantener, porque los tiempos ya son otros, los tiempos piden nuevas miradas, nuevos retos, y más comprensión e igualdad, entre unos y otros, sin ningún tipo de discriminación, eso sí, agradeciendo el legado musical del viejo patriarca, pero desarrollándolas en otros ámbitos, muy distintos a las ideas del abuelo. Una película sobre la música tradicional, sobre la pasión de un sueño, sobre la familia unida, pero no a cualquier precio, porque la película, de un modo honesto y profundo, nos habla de las diferentes posiciones que coexisten en el seno familiar, que distan mucho de la aparente normalidad que pretende conseguir el patriarca, porque los tiempos como bien describía Dylan siugen su curso y ya son otros: Vamos, madres y padres de toda la tierra, y no critiquéis lo que no podéis entender. Vuestros hijos e hijas están más allá de vuestro dominio. Vuestro viejo camino está envejeciendo rápidamente. Por favor, salid del nuevo si no podéis echar una mano, porque los tiempos están cambiando.

Todos los gobiernos mienten, de Alfred Peabody

TODOS LOS HOMBRES DEL PRESIDENTE.

“El periodismo es contar la verdad, defender al débil del fuerte, luchar por la justicia, aportar consuelo y perspectiva para soportar los odios y los temores de la humanidad con la esperanza de un día crear un mundo en el que los hombres celebren sus diferencias en lugar de matarse entre ellos en su nombre”

I. F. Stone

“Una mentira contada mil veces, acaba siendo verdad”, frase pronunciada por Joseph Goebbles, ministro de propaganda nazi, que creó un imperio de mentiras para propagar su discurso nacionalsocialista por el mundo. Una estrategia que continúan los medios de comunicación actuales, sometidos a los intereses económicos y poderosos de las grandes corporaciones, se han convertido en meros altavoces de esos gigantescos grupos de comunicación que hacen y deshacen según les conviene en un mundo cada vez más deshumanizado, mercantilista y egoísta. La aparición de otras miradas, otras voces, y otras reflexiones, ayuda a comprender la convulsa y compleja realidad mundial, acercándonos a la veracidad de la información, a entender la materia intrínseca de los sucesos y a tener ese espacio necesario para reflexionar sobre lo ocurrido desde un prisma humanista, claro y tranquilo. Alfred Peabody, periodista y cineasta de oficio y vocación, ha dedicado su carrera profesional a estos menesteres, ya desde su programa de investigación The Fifth Estate para la CBC (Cadena pública canadiense) donde contribuyó a ofrecer un periodismo alejado de los intereses económicos y ejerciendo su arma arrojadiza ante las mentiras de los poderosos.

Ahora, con la producción de dos grandes críticos del poder como Oliver Stone y Jeff Cohen en la producción, realiza este documento de político, de poderosa fuerza y sumergiéndose en las entrañas oscuras de los mecanismos del poder, un trabajo sobre la prensa, y todas aquellas personas que trabajan para ejercer un periodismo de verdad, independiente y libre, apartado de las “verdades” interesadas de los grandes medios de comunicación. A partir de la figura de I. F. Stone ( 1907-1989) pilar indiscutible de la libertad de prensa, que en los años 60 se convirtió en la voz crítica contra los desmanes del poder y las mentiras políticas que arrojaban contra la población estadounidense a través del semanario If Stone’s Weekly, un diario independiente que se convirtió en un emblema para toda una generación de periodistas y sobre todo, un símbolo para una parte de la población ávida de conocer la verdad y harta de las patrañas estatales. Peabody realiza una película con nervio, inteligencia y brutal, con ese ritmo endiablado de los mejores thrillers políticos de los 60 o 70, como El político, El mensajero del miedo, Cuatro días de mayo, Los tres días del cóndor o Todos los hombres del presidente (del que se hace referencia explícita en la película, además de aparecer como testimonio Carl Berntein, uno de los periodistas que destapó el escándalo del Watergate que acabó con la presidencia de Nixon).

Escuchamos a periodistas que trabajan en los márgenes, en las zangas de la investigación, lejos del mundanal ruido, con independencia y libertad, siguiendo el inmenso legado de Stone, como Amy Goodman desde su canal de televisión Democrazy Now!, Matt Taibbi en las páginas de Rolling Stone o por Glenn Greenwald y Jeremy Scahill desde The Intercept, periodistas en busca de la verdad, de destapar las vergüenzas de unos poderosos que parecen funcionar al margen de la ley y por encima de todo y todos, sacando a la luz temas espinosos y conflictos enterrados como las revelaciones de la NSA sobre el caso Snowden, las fosas comunes ilegales de inmigrantes mexicanos en la frontera, los asesinatos selectivos con drones militares en oriente Medio, o la falsedad de los motivos que justificaron la invasión de Irak, entre otros temas, con la participación de destacadas figuras de la investigación como Noah Chomsky, Michael Moore, hombres a contracorriente, hombres que conocen sobradamente los hilos invisibles del poder, los que manejan los grandes medios como la CBS o la CNN, porque saben que eso genera hábitos y opiniones en la población. Peabody construye un puzle complejo y siniestro sobre los malos usos de la información de los gobiernos y cómo este grupo de hombres buenos y profesionales (recuerdan la figura que interpretaba Cary Grant en Luna nueva, ese jefe voraz y enérgico, que valiéndose de sus artimañas para no perder a su mejor periodista, y así esclarecer la verdad para salvar a un inocente) se dedican a recabar información y llegar hasta el quid de la cuestión, a través de sus medios digitales, su fuerza narrativa y su mente creadora para esquivar los obstáculos del poder y presentar una información veraz, inteligente y necesaria.

Venus, de Lea Glob y Mette Carla Albrechtsen

DESNUDANDO EL SEXO FEMENINO.

“No sé hasta qué punto Jens, amigo mío de la infancia, y yo, conocíamos nuestras intenciones cuando, por las tardes, nos metíamos en la alcoba de mi madre. En cualquier caso, aprendimos dónde tocarnos y, claramente, allí sentí mi primer estremecimiento de deseo. Desde aquel momento, supe que lo que sucedía en aquella alcoba acabaría jugando un papel importante en mi vida. Como cuando tienes un nuevo hobby, que no puedes parar de pensar en él”.

 ¿Cada cuanto tiempo piensas en sexo? ¿Qué es lo que más disfrutas en la cama? ¿Has tenido alguna vez algún orgasmo? ¿Con cuántas personas has tenido sexo? Estas series de preguntas, y algunas más, a mujeres entre 18 y 25 años relacionadas con la sexualidad femenina fue el primer punto de partida en la que las directoras danesas Lea Glob, curtida en el medio televisivo, y Mette Carla Albrechtsen, del campo publicitario, se enfrascaron como trabajo de documentación para una película sobre la sexualidad de las mujeres. Aunque después de estudiar la respuesta de las protagonistas, desistieron de la película inicial, y pusieron en marcha una película sobre la sexualidad femenina contada por ellas mismas. El dispositivo es sencillo, convocaron un castin al que se presentaron una serie de mujeres y a través de una entrevista van contestando preguntas relacionas con su sexualidad, en el que hablan abiertamente sobre su sexo, su cuerpo, las relaciones mantenidas, como lo descubrieron, y demás cuestiones.

Observamos a mujeres de distinta sexualidad y diversas maneras de relacionarse con el sexo, desde lo más banal hasta las partes más perversas y oscuras. Una película que muestra el sexo sin discursos ni dogmas, aquí todo vale, todo es escuchado atentamente por las directoras, un salto al vacío en el que se cuentan los secretos más íntimos, las fantasías más ocultas, y sobre todo, cada una de ellas habla a la cámara sin pudor ni timidez, explicando todo aquello que les pone y lo que no, todos los diversos caminos del sexo que les han llevado a conocer mejor sus deseos y sobre todo, a conocerse mejor ellas mismas. La intimidad sexual y el propio cuerpo inundan cada toma, convirtiéndose en los protagonistas absolutos de la película, testimonios directos sobre experiencias vividas, imaginadas o fantaseadas, todo cabe en su declaración-sexual, un testimonio intimo y cercano en el que todas ellas desnudan su sexualidad frente a la cámara, ofreciendo una visión completamente distinta a la que la banalización del sexo, por parte de la moda, la publicidad y de los medios oficialistas, han construido en el imaginario de la población, optando por una falsa masculinidad donde la mujer parte como mero objeto sexual y sumisa.

Una película sobre mujeres, sobre su sexualidad y sus intimidades y secretos, para todos los públicos, para todos aquellos que quieran profundizar en un tema tabú en nuestras sociedades occidentales y bien pensantes, a las que les falta más comprensión, respeto y tolerancia con las mujeres y descubrir sus deseos más íntimos. Glob y Albrechtsen han construido un ensayo fílmico de grandes hechuras, colocando el foco en el interior de la sexualidad de cada mujer que nos habla, que nos cuenta, que nos explica, desnudándose delante de nosotros, en todos los sentidos, descubriéndose a sí misma, hablando de sus momentos de felicidad sexuales, y cómo no, de sus frustraciones, que también las hay, como todo en la vida. Un dispositivo cinematográfico sencillo y directo, en el que, a través del primer plano, y una exquisita sensiblidad y delicadeza, nos hacen participe de un mundo íntimo, en el que nos hacen cómplices, a nosotros los espectadores, que asistimos atentos a escuchar las experiencias sexuales de estas mujeres, en un camino vital de continuo aprendizaje sobre nuestros ser y las partes más profundas de nuestro interior.

Amateurs en el espacio, de Max Kestner

PER ASPERA AD ASTRA(A través de las dificultades a las estrellas)

“Hoy en día, la gente sale a los 25 años y le dan una pensión. Con 25 años se preocupan de lo que harán cuando tengan 65. Los bancos nos dicen que pensemos en cosas así. Incluso hay funerales prepagados, para no tener problemas cuando llegue la hora. Pero, ¿qué mundo es este, en el que no nos dejamos vivir mientras estamos vivos? Ser conscientes de que la vida tiene un final y que no sabemos cuándo es puede ser muy motivador para vivir. Para disfrutar de cada segundo de vida. Disfrutar de cada segundo que tenemos para contar historias y disfrutar de los demás en este planeta tan bonito y maravilloso. Creo que es muy importante recordar que no vivimos para siempre, y gastar el tiempo, el poco tiempo que nos queda, de la mejor manera posible”

Desde que en 1961, el astronauta soviético Yuri Gagarin se convirtió en el primer hombre en viajar al espacio exterior, muchos han sido los viajes que han llegado más allá de nuestro planeta. El cineasta Max Kestner ( Copenhague, Dinamarca, 1969) curtido en el ámbito documental a través de una amplia experiencia en ese terreno, nos cuenta el relato de dos ingenieros daneses, de orígenes y personalidades completamente diferentes, pero con un sueño común, construir una aeronave con materiales domésticos que alcance el espacio exterior. Uno de ellos, Kristian, con experiencia en la NASA, se muestra reflexivo y tranquilo, se encarga de la parte estructural de la nave, el otro, Mark, pura dinamita, pura emoción, es el que hará funcionar la nave.

Kestner nos cuenta todo el proceso desde su primera piedra, las ideas con las que cada uno de ellos entra en el proyecto, que también recibe la ayuda de otros entusiastas de la aeronáutica, los primeros días de conseguir financiación, los trabajos primerizos y más tarde, cuando el proyecto es presentado, convirtiéndose en algo real, en algo físico, las diferentes pruebas que llevan a cabo para hacerlo funcionar y que alcance su objetivo soñado. Kestner filma su historia de un modo naturalista, aproximándose a sus personajes, capturando sus conversaciones, y sobre todo, sus conflictos, la manera tan diferente que tienen para trabajar, y las distintas visiones que manifiestan con la mirada de los otros colaboradores, que no tardarán en tomar partido en los continuos combates emocionales en los que se embarcan Kristian y Mark. El director danés también, tiene tiempo para hacer un recorrido histórico de los diferentes lanzamientos de aeronaves al espacio, en los que Mark nos va explicando los detalles minuciosamente. También, el realizador danés filma a sus retratados mientras estos explican sus circunstancias personales, y las relaciones que se van generando a medida que avanza el proyecto que abarca más de dos años.

Kestner ha construido una película sencilla, que nos habla también de la capacidad y tenacidad de los seres humanos para convertir sus sueños en realidad, por muy descabellados que parezcan. Kristian y Mark parecen dos seres del renacimiento, aquellos que pretendían volar o construir objetos que chocaban contra el pensamiento cerrado del tiempo que les tocó vivir, o el Fitzcarraldo, de Herzog, en su afán de llevar la ópera a la selva, empresa temeraria que le lleva a arrastrar un inmenso barco a través de una montaña, y otros tantos que desafiaron lo establecido para llevar a cabo unos sueños que en principio parecen una locura o simplemente irrealizables. Kestner nos habla también de la frustración, su película no retrata a unos hombres que acaban consiguiendo sus objetivos, sino todo lo contrario, nos cuenta el relato de unos hombres que fracasaron en su intento, aunque como decía el poeta, estos hombres no cesaron en su empeño, y continúan fracasando mejor en sus objetivos de llegar al espacio exterior, porque sólo se fracasa o se pierde cuando se abandona, y estos no tienen pinta de dejar las cosas que empiezan, aunque para ello deban rema por otro río.

 

Shadow Girl (Niña sombra), de María Teresa Larraín

poster_castLA ÚLTIMA PELÍCULA.

“Recuerdo que cuando era niña mi mamá me llevó al oculista por primera vez y el doctor nos dijo que, yo había heredado la condición de mi madre, miopía progresiva, y que un día como ella, yo me quedaría ciega. Yo no sabía lo que era miopía progresiva, no sabía lo que era miopía, ni lo que era progresiva, pero cuando salimos de la oficina del doctor, le pregunté a mi mamá: ¿Mamá, cuando nos vamos a quedar ciegas? Y mi mamá me dijo: Nunca. Sí, me dijo que nunca”

En el magnífico documental El cielo gira, de Mercedes Álvarez, en la que su directora nos cuenta el pasado y el presente de su pueblo Aldeaseñor, filmando a los 14 habitantes del pueblo, entre ellos, al pintor Pello Azquera, que está perdiendo la vista, y sigue retratando los lugares que un día sólo existirán en sus lienzos y memoria. Un proceso parecido experimenta María Teresa Larraín (Santiago de Chile, 1951) en esta película, su Niña sombra es un retrato sobre su intimidad, sobre el proceso de su ceguera progresiva. El relato se inicia en Toronto (Cánada) donde la cineasta se exilió en el año 1976 huyendo de la represión de la dictadura de Pinochet. Allí, hizo su vida, estudió y se formó como directora de cine independiente en los que ha abordado en sus películas temáticas de índole social (diversidad, inclusión, minorías) dotando a sus historias de un gran carácter humano. Larraín nos cuenta en primera persona su pasado y su presente, desde el momento que su vida empezó a cambiar, cuando empezó a perder la vista, heredando así la enfermedad que también padeció su madre.

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La realizadora chilena se embarca en un viaje que, como ella explica, será su última película, la película que registrará el proceso que está viviendo, en el que Larraín, con la ayuda de un pequeño equipo, registrará todos los acontecimientos que se sucederán en su vida. Arrancaremos en Toronto, en el exilio, en el que Larraín comenzará a vivir su enfermedad en soledad, por decisión propia, explicando a sus allegados lo que le está sucediendo, mostrándose sin ningún tipo de pudor, abriéndonos su alma, mencionando sus miedos, tanto presentes como del futuro, y sobre todo, todos los cambios que se producirán en su vida. Larraín envuelve a su película de un tono naturalista, sin caer en sentimentalismos, ni nada por el estilo, sino todo lo contrario, retrata a una mujer que se desnuda emocionalmente ante nosotros, filmando todos los cambios que se van produciendo en su cotidianidad. Su vuelta a Chile, después de la muerte de su madre, la visita a su único hijo a Costa Rica, y pasar un tiempo con sus nietas, y finalmente, su nueva vida en Chile, y descubrir a otros como ella, los vendedores ambulantes de La Alameda, la avenida principal de Santiago de Chile.

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Larraín construye un diario personal sobre su enfermedad, y muy inteligentemente y con extrema sutileza, nos introduce la temática social que han estructurado toda su filmografía, capturando los diferentes vendedores que se va encontrando en su deambular por las calles de su ciudad, y dialogando con ellos, conociendo todas sus dificultades y problemáticas que viven en su precaria existencia. Larraín recoge el testigo de otros documentalistas que también han hecho de su experiencia vital el material fílmico de sus trabajos como Johan Van der Keuken que filmó su maravillosa Las vacaciones del cineasta, en la que se centraba en su pasado y presente familiar, las películas/retratos de Naomi Kawase sobre su orígenes, su abuela, su embarazo y posterior alumbramiento, o más recientemente, Luis Ospina en Todo comenzó por el fin, en la que el cineasta colombiano se filma enfermo de cáncer en el hospital, y registra todo el proceso y sus reflexiones. Una película que nos habla sobre la dignidad de las personas ciegas, de todo aquello que pueden seguir aportando a la sociedad a pesar de su discapacidad. Larraín edifica un maravilloso alegato sobre la dignidad, desde una mirada poética y humanista, filmando a sus “nuevos amigos” desde la proximidad, acariciando sus vidas, escuchando sus (des)ilusiones y tendiéndoles la mano.

Dentro del armario, de Sophia Luvarà

poster_castMENTIR PARA SER ACEPTADO.

“Tu padre entró en el armario cuando tú saliste de él”

El universo cinematográfico del genial Yasujiro Ozu investigó y exploró la difícil convivencia y los conflictos internos que se generan entre padres e hijos, entre la tradición y el respecto al pasado que representan los mayores, en contraposición, con la modernidad y los nuevos valores de los jóvenes. La primera película de Sophia Luvarà (Regio de Calabria, Italia, 1982) camina por los mismos parámetros, colocando el foco en la China actual, ese país en plena expansión económica y tecnológica, que en cambio, sigue arraigada en fuertes tradiciones que siguen manteniéndose del pasado, como ciertos valores familiares en el que casarse y tener hijos se entiende como una forma de respeto hacia los padres. Luvarà se cansó de trabajar en un laboratorio y se marchó a Londres para realizar documentales, sus trabajos cortos los dedicó a la mafia calabresa en The great mafia orange squeeze (2011), y en el mismo año, Road to Fueridis, en la que filmaba a un grupo de mujeres musulmanas y judías en su propósito de hacer una película.

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En Dentro del armario, sigue las vidas de Cherry, una lesbiana casada, pero hostigada por sus padres para que tenga descendencia, por la vía de adopción, que destapa una cruda realidad de la miseria que se oculta (vientres de alquiler, niños robados de hospitales, etc…) y la vida de Andy, homosexual, que acaba de salir del armario, pero su padre le obliga a contraer matrimonio y tener hijos. Luvarà los filma en la intimidad, y desde la cercanía, aquí no hay estridencias ni sensiblería, sino todo lo contrario, la crudeza de las situaciones que viven tanto uno como otro, son tratadas de forma sencilla y honesta, capturando esos instantes de cercanía en sus quehaceres cotidianos, sobre todo, mientras preparan la comida o comen, una tradición en la vida asiática: las citas para preparar el posible matrimonio, las visitas a los padres y todo lo que les separa, y esos momentos en la soledad del piso, en el que explican sus sentimientos y miedos. La cineasta calabresa ha construido una película en primera persona, que nos susurra en la oreja, sobre el colectivo gay y las consecuencias que la condición sexual tiene en China, que no la prohíbe, pero en cierto modo la estigmatiza y la desplaza del orden familiar, porque choca fuertemente contra la tradición de unos padres que no acaban de aceptar la condición natural de sus hijos, unos hijos que, debido al respeto que guardan a sus progenitores, tratan de contentarles, aunque eso signifique un sinfín de problemas, tanto emocionales como físicos.

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Cherry y Andy, sólo son las caras visibles de otros millones, dos existencias que explican sin tapujos ni vericuetos sus vidas, y lo hacen de manera abierta, sin pretender ser lo que no son, ni aparentar otra cosa, en cierta manera, el cine hace aquí un función ejemplar y maravillosa, la película de Luvarà actúa como espejo acogedor y amigo, porque filma y escucha a unas personas que en su cotidianidad y sobre todo, frente a sus padres, deben aparentar lo que no son, aquello que va en contra de su decisión, y sobre todo, de sus vidas, unas vidas que ellos han decidido que sean de una manera, y no como la desean otros, por muy padres que sean, resulta especialmente conmovedor el instante en que Andy dialoga con una madre de un asociación que apoya a los padres e hijos de la comunidad gay, en los que se ayuda a aceptar a los hijos, independientemente de su condición sexual, para así construir nuevos caminos de comprensión y respeto para que la convivencia entre padres e hijos sea sincera y abierta, para que los mayores acepten a sus hijos y los hijos sean aceptados.

Diarios de Kandahar, de Louie Palu y Devin Gallagher

poster_castLA GUERRA EN PRIMERA PERSONA.

«23 de septiembre de 2010. Otro día en Kandahar. Ahora debo concentrarme. Piensa en el encuadre. Piensa en cada lado del rectángulo. Concéntrate en el en encuadre. Mantén la calma bajo el fuego. concentra tu emnte. reconoce el peligro… y trabaja. Todo pasa tan rápido… Debo controlar la mente. Relájate y haz la foto. No debo dejarme dominar por la situación. Debo controlar lo que hay dentro de mi recuadro. Mirar más allá de lo literal. Mantén la calma. Piensa en el rectángulo. Debo buscar la inspiración. Serenidad bajo el fuego. Que no te supere la velocidad de la situación. Repite. Rectángulo, composición. Vuelve a lo básico.

Louie Palu

La Guerra Civil espanyola fue la primera contienda bélica que conoció todo el mundo a través de todos los profesionales que vinieron a cubir todo lo que allí sucedió. Los Robert Capa, Gerda Taro y David Seymur, entre muchos otros, agarraron sus equipos fotógraficos y dispararon para capturar todo el horror que sus ojos vieron. Desde esa guerra y las siguientes que llegaron, la guerra, como la conocíamos, a través del arte, quedo relegada a un segundo termino, ahora, las guerras iban a ser conocidas y presentades al mundo en primera persona, a través de la mirada de un profesional que la vivia en su cotidianidad, mostrándonos los detalles y la íntimidad del horror.

While under fire Afghan soldiers move a comrade to safety after he was hit by shrapnel from rocket fire in a fire fight during an operation in the Makuan area in Zhari District, Kandahar Province, Afghanistan. From the documentary film Kandahar Journals. www.kandaharjournals.com photo Louie Palu/ZUMA Press ©

Louie Palu (Toronto, Cánada, 1968) reconocido fotógrafo con más de un cuarto de siglo de experiencia en temas políticos y sociales, estuvo trabajando en Kandahar (Afganistán) durante cuatro años, los que van desde el 2006 al 2010, disparando su cámara y documentando todos los desastres de una guerra fraticiada que arrancó con el ataque a las torres gemelas de Nueva York en septiembre del 2011, y la estimable ayuda del experimentado documentalista Devin Gallagher construyen un trabajo desde la íntimidad y el relaismo de la cotidianidad de la guerra, filmando a un grupo de soldados aliados destinados en Kandahar, punto estratégico del país y epicentro de la guerra contra los talibanes. Palu, en su primera incursión como director, provisto de una videocámara, y con la idea de capturar las imágenes que se quedan fuera de la fotografía, sigue a los soldados, como uno más, descansando después de días exhaustos de caminatas, esquivando los disparios de los enemigos, inspeccionando las casas de los habitantes, hablando con ellos, y filmando, de manera amateur y directa todo lo que allí acontece.

Still photography for documentary film Kandahar Journals. Medics treating wounded Afghan civilians in a frontline trauma room in Zhari District, Kandahar, Afghanistan. From the documentary film Kandahar Journals. www.kandaharjournals.com (Credit Image: © Louie Palu) For use in film reviews to do with Kandahar Journals only.

Paul y Gallagher muestran la guerra con sus contrastes, la nula visibilidad del enemigo (que parece un ente invisible, como si no existiese, sólo escuchamos sus disparos y lo que el suboficial canadiense nos cuenta), los desastres que sufren los afganos, y el continuo conflicto entre el poderoso y el débil. El documento, muy alejado de la idea sobre la guerra de los medios occidentales, más interesados en el espectáculo y hacer creer a los espectadores que el enemigo es muy poderoso y hay que combatir con las armes más sofisticadas para exterminarlo, toda esa superficialidad queda suprimidad en la película. Nos muestra la guerra como es, sin trampa ni cartón, con toda su crudeza y su sin razón, y sobre todo, el negocio canalla y deshumanizado en que se ha convertido, una excusa para eliminar a esos “témidos terroristas Internacionales” que sirve a los paises ricos a augmentar su riqueza con el negocio vil de las armas.

A wounded soldier in a medevac helicopter after a night raid, Zhari District, Kandahar, Afghanistan. 2010 20 X 24 inch pigment print. Photo © Louie Palu FOR EXHIBITION REVIEWS ONLY. NO OTHER EDITORIAL USE PERMITTED. www.louiepalu.com

Palu no sólo muestra las imágenes, sino que también reflexiona sobre ellas y su trabajo, generando un discurso contradictorio, porque empujado a dar visibilidad para que el mundo sepa que sucede, a su vez, tropieza con el nulo desinterés y desinformación por parte de los estadounidenses y el mundo occidental por conocer la verdad, una triste realidad que parece ser que a nadie le importa. Palu y Gallagher huyen del maniqueismo, de la idea de Buenos y malos, que por otra parte, sería un punto flaco a su propuesta. Los cineastas se muestran críticos con las políticas Internacionales de sus paises, y su documento muestra todo el bullició bélico que se respira en Kandahar, los soldados de diferentes paises que deambulan en busca y captura del enemigo, los afganos inmersos en un conflicto que mata algunos y dificulta la vida a otros, escarbando cada distrito y rincón de la ciudad, incluso, se introduce en el hospital de campaña, donde se atiende a los heridos de los continuos ataques y atentados suicidas que se producen. Una cotidianidad sangrante y malvada, difícil de olvidar, para un profesional como Palu que lleva tantas guerras encima.

Un hogar en el mundo, de Andreas Koefoed

poster_castUNA NUEVA VIDA.

Nos encontramos en la pequeña localidad de Lynge (Dinamarca) en la escuela de la Cruz roja, que acoge 120 niños refugiados, niños que aprenden danés mientras esperan a ser admitidos en el país. Son sólo unos cientos, de los más de 2000 niños que piden asilo cada año en Dinamarca, de un total de más de 14000 refugiados. Todos huyen de sus países de origen por el mismo problema: la guerra. El cineasta Andreas Koefoed (Copenhague, Dinamarca, 1979) cone xperiencia desde el 2001 en el campo documental en el que ha trabajdo sobre temas diversos en el que el foco principal se posa en la existencia humana y sus conflictos. Aquí, sigue a cinco niños, muy diferentes entre sí, que sueñan con tener una vida tranquila, lejos de las bombas y las penurias de sus vidas en sus países de origen. Se inicia con Magomed, de Chechenia, y la película se estructurará a través de la cotidianidad, y sobre todo, en la mirada de este niño, un niño introvertido, al que le cuesta adaptarse y comunicarse, aunque destaca por su inteligencia. Luego, conocemos a Sehmuz, de Siria, en su paso a la escuela pública, después de la concesión de su asilo. También, sabremos de Alí, de Afganistán, de Heda, también de Chechenia, y finalmente, de Amel, de Bosnia. Todos ellos, niños que han crecido en situaciones de guerra, que han conocido la huida, el miedo, y la desesperación.

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La mirada de Koefoed es serena y reposada, seguimos la cotidianidad de las clases, y vamos viendo los diferentes niveles por donde irán pasando estos niños en su ansiado sueño de obtener el asilo, y pasar a la escuela pública, y permanecer junto a su familia en un país diferente, donde hay oportunidades, y sobre todo, no hay guerra. El cineasta danés filma su película desde la cercanía, mostrando sensible al tema que maneja, pero sin agobiar a sus personajes, dejándolos ser ellos mismos, olvidándose de que los están filmando, capturando desde la intimidad su tiempo y espacio, explorando sus miradas, sus gestos, y manteniéndose a la distancia suficiente para filmar sus emociones, sus miedos, sus disgustos, sus preocupaciones, y todo aquello que les hace felices, amenaza o les preocupa. Koefoed es sensible y delicado en su forma de penetrar en las paredes de este colegio-milagro (que desgraciadamente a día de hoy ya no existe, los recortes del gobierno danés han provocado su cierre), en filmar con proximidad y delicadeza los conflictos que se generan entre unos y otros, entre los educadores y los alumnos, en un entorno que se respira pedagogía de grandísima altura, donde la adquisición de conocimientos es importante, porque los llevará a tener herramientas necesarias para desenvolverse por sí mismos en el país extranjero, aunque también, se valoran las cualidades emocionales, se prevalece en favor de su libertad individual, y en aumentar sus capacidades emotivas.

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Koefoed no olvida a los progenitores de estos niños, a los que también les ofrece su espacio, aquellos que luchan diariamente con la estúpida e inhumana burocracia para conseguir quedarse en el país de acogida. Unos padres que hablan con los docentes, explicándoles las diversas situaciones en las que se encuentran. La mirada de Koefoed a la cotidianidad de la escuela, a sus clases, a sus horas de patio, y los momentos de manualidades, recuerdan a otros cineastas que también han abordado con inteligencia y emoción la realidad de la educación como François Truffaut, Bertrand Tavernier, Nicolas Philibert, Vittorio de Setta, Hana Makmalbaf, Mariana Otero, entre otros, que con igual fortuna se han adentrado en el maravilloso mundo de aprender, en los que tratan temas y conflictos, desde una forma naturalista, contando historias sociales, en las que reflexionan y profundizan sobre una realidad cercana, una realidad que los gobernantes olvidan y no aportan todos los medios humanos y materiales para solucionar los problemas. Koefoed ha hecho una película sencilla y maravillosa, porque no decirlo, construida sobre una base humanista, siguiendo las vidas de unos niños demasiado jóvenes para vivir esas vidas, y demasiado inocentes para entender el mundo tan inhumano que les rodea. Un cine humanista desde la emoción más pura, que visibiliza sobre los temas actuales, los temas que hay que hablar, aquellos que no se pueden ocultar, ni mirar hacia otro lado, y el cine, como medio artístico que explora el ser humano debe extudiarlo como mencionaba Brecht: “Un arte para el pueblo y por el pueblo, que hable de los temas sociales, culturales y políticos”. Un cine que atrapa las miradas de los seres humanos en continuo conflicto emocional con ellos mismos y su entorno, unas personas que sólo necesitan sentirse bien consigo mismos en un lugar que los entiendan y sobre todo, que los cuide y los proteja, no los violente y tampoco los mate.