Antes era divertido, de Ally Pankiw

LA FRACTURA DE SAM.

“El trauma afecta a las relaciones, ya que cambia la forma en que percibimos el amor, la confianza y la seguridad”.

Judith Herman 

Hemos visto muchas películas que abordan con inteligencia y profundidad los efectos de los traumas. En Antes era divertido (“I Used to Be Funny”, en el original), también habla de trauma, el de una joven, Sam Cowell, que intenta hacerse un hueco en el difícil mundo de los comediantes stand-up y a la vez, trabaja como niñera de Brooke Renner, una niña de 12 años con problemas de conducta que tiene a su madre enferma y vive con su padre policía. Lo importante de la película es cómo aborda el trauma, alejándose completamente del género negro en el que tantas historias se posicionan. Aquí no hay nada de eso, porque el relato se centra en Sam, en su presente triste, estático y doloroso, y en el pasado, donde asistimos a la reconstrucción de los hechos que llevaron al abuso sexual que le propició el mencionado trauma, todo contado con el tono y la intimidad de una mujer atrapada en su trauma que no ve una salida a su problema. 

La directora Ally Pankiw (Toronto, Canadá, 1986), que ha dirigido la serie Feelgood (2020), y el capítulo Black Mirror: Joan es horrible (2023), hace su puesta de largo con una película que recoge la atmósfera del mejor cine indie estadounidense, el que han practicado películas como Las vírgenes suicidas (1999), de Sofia Coppola, Lady Bird (2017), de Greta Gerwig y Kajillionaire (2020), de Miranda July, entre otras. cine dirigido por mujeres para públicos que les gusten los retratos críticos, con la textura de una comedia dramática, en la que se abordan temas complejos como el amor, los traumas y la insatisfacción crónica de una población cada vez más ausente e invisible ante la velocidad de una sociedad vacía y mercantilizada. Antes era divertido aúna con acierto y sabiduría el drama con la comedia, no de un modo convencional, sino desde la complejidad de la historia que nos cuenta, mezclándolas e incluso, en muchos instantes, no sabiendo descifrar el tono que usa la directora, lo que la hace muchísimo más cercana y profunda que otras películas que vayan por otros derroteros. Uno de sus logros, tiene muchos más, es hablar de un tema durísimo sin caer en caminos trillados ni en estúpidas complacencias, aquí es todo lo contrario, y se agradece y mucho. 

Si la historia funciona bien, la estupenda cinematografía de Nina Djacic, que también debuta en el largometraje, es realmente asombrosa, creando una atmósfera donde la agitada cámara nos cuenta el pasado, para pausarla para contar el presente, generando esa dualidad del relato, así como de las distintas fases del trauma que sufre la citada protagonista, acompañado de un interesante trabajo de esa luz cercana y de interiores, casi siempre mortecina, que ayuda sin exagerar a adentrarse en los diferentes monstruos de Sam. La música de Ames Bessada ayuda a crear ese tono de pausa y tristeza que tiene toda la película, con esos toques de blues. Así como el acertado montaje de Curt Lobb, habitual del director Matt Johnson, donde no enfatiza para nada la historia, y va cimentando un relato muy complejo y nada convencional en sus 106 minutos de metraje. La ciudad de Toronto es otro de los grandes personajes de la película, con esos lugares como la casa que comparte la protagonista, la casa de los Renner y demás, porque nos recuerda a la misma inquietante calma y neutra que tenía la Sacramento de la mencionada Lady Bird, encontrando esos lugares ausentes que tienen todas las grandes cities. 

Otro de los grandes logros de la película, ya he mencionado que tiene muchos, es la magnífica interpretación de Rachel Sennott, que cada vez nos encanta más, haciendo una Sam Cowell maravillosa, mostrando toda la carga emocional y cercana que transmite un personaje divididos en dos. En el pasado es toda valentía y estupenda, y en el presente, es como un fantasma que arrastra sus penas, eso sí, con toda la dignidad y entereza que puede. Le acompañan Olga Petsa como la rebelde y escurridiza Brooke Renner, Sabrina Jalees y Caleb Hearon son sus compañeros de piso y en el stand-up, Ennis Esmer es su novio y finalmente, Jason Jones es Cameron, el papá de Brooke. Si les gustan las historias contadas desde la emoción, Antes era divertido, de Nina Djacic, les gustará mucho, además tiene el sello de la distribuidora Surtsey Films, que en sus años de trayectoria siempre les ha acompañado un amor al cine que aborda desde la complejidad temas nada sencillos. Además, es una película que les hará reflexionar intensamente sobre los temas del trauma y las infinitas formas de gestionarlo y sobre todo, es un gran toque de atención a cómo nos comportamos cuando lidiamos con estos temas, ya sean propios o de nuestro entorno. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

La mujer del presidente, de Léa Domenach

CON TODOS USTEDES BERNADETTE CHIRAC. 

“La fuerza no proviene de la capacidad física sino de la voluntad indomable”.

Indira Gandhi 

Hay algunos casos, pero son la inmensa mayoría los hombres que llegan a presidentes de gobierno. Estamos muy acostumbrados a ver a esos jefes de estado poderosos haciéndose las típicas fotografías cuando se reúnen a repartirse los tesoros del planeta. Sus mujeres quedan fuera de la imagen, las llamadas “Primeras Damas”, siendo relegadas al oficio de ser buenas esposas y quedar en la sombra del hombre. En La mujer del presidente (“Bernadette”, en el original), de Léa Domenach (Francia, 1981), se rescata de las sombras a Bernadette Chirac, la mujer de Jacques Chirac, presidente de la République Française durante 12 años (1995-2007). La película, a partir de un guion coescrito por Clémence Dargent junto a la directora, se detiene cuando subió al poder en aquella primavera del 95 y la citada Bernadette quedó relegada por anticuada a un segundo plano, y se le asigna un asesor que le ayudará a modernizarse y sobre todo, a cambiar su imagen de señora por alguien más natural y cercano. 

La ópera prima de Domenach nos habla de política, claro está, pero no lo hace desde la seriedad y la ceremonia, sino todo lo contrario, lo hace desde la comedia satírica, a través de un dúo maravilloso que parecen una pareja cómica que forman la citada Bernadette y el asesor Bernard, un dúo muy bien compenetrados que se olvidan de las altas esferas y se van a la campiña a acercarse a los ciudadanos más olvidados, a hacer campañas a favor de los que las necesitan de verdad y hacerse querer y sobre todo, a hacer política de verdad, no la que se hace en campaña para convencer a los olvidados. Tanto el tono y el ritmo de la historia es fantástico, se ve con ligereza y muy relajada, con esos toques cómicos como lo que ocurre con el chófer antipático al que no soporta Bernadette y otras situaciones que sacarán varias carcajadas al personal. Bernadette es una mujer que quiere su lugar, y se propone conseguirlo cueste lo que cueste y a quién cueste. La película no sólo se queda ahí, también explora otras facetas más profundas como el continuo enfrentamiento entre ella con su marido Jacques y Claude, la hija que trabaja con su padre, por sus formas tan diferentes y peculiares, y la difícil relación con su otra hija Laurence con problemas mentales. 

La parte técnica de la película resulta muy adecuada y ayuda a que el relato se mantenga con un buen ritmo y nada complaciente. La cinematografía de Elin Kirschfink, que ha trabajado en películas que conocemos como La vaca, de Mohamed Hamidi, Nuestras pequeñas batallas, de Guillaume Senez, y comparte la cinta Los jóvenes amantes, de Carine Tardieu, con la montadora Christel Dewynter, que tiene en su haber nombres importantes de la cinematografía francesa como Thomas Liti y Bruno Podalydès, entre otros, y la excelente música que revisa algunos éxitos pop como el que abre la película, y la composición de Anne-Sophie Versnaeyen, habitual del cineasta Nicolas Bedos en películas como La belle époque y Los amantes del engaño, sigue las circunstancias de la fábula metiendo el dedo en la llaga en la vorágine de intereses particulares que se cuecen en las miserias de la política, y revelando todo aquello que queda oculto cuando se cierran las puertas y los ciudadanos quedan afuera. La película atiza sin miramientos, siempre desde el tono ligero y divertido, sin tomarse demasiado en serio cosa que no ocurre con otras producciones que hay se equivocan.  

Si el apartado técnico brilla con elegancia, la parte interpretativa no se queda atrás, con una estelar Catherine Deneuve en el papel de Bernadette Chirac, un personaje escrito para ella que le va como anillo al dedo, en uno de sus grandes personajes de los últimos años de la gran dama de la interpretación francesa con 80 tacos y casi 70 años de carrera y más de 150 película a sus espaldas. ¡Ahí es nada!. Su Bernadette es una mujer de armas tomar, que no se deja arrinconar y se ganará su puesto y su lugar dentro del engranaje político del gabinete Chirac. Bien acompañada por Bruno Podalydès, que vimos hace poco en Regreso a Córcega, en el papel de Bernard Niquet, todo un personaje y gran escudero para Bernadette, su mejor aliado, confidente y ayudante, como el Vuillermoz como Chirac, un gran actor de reparto francés, Sara Giraudeau como Claude, la hija altiva que hemos visto en dramas como Un héroe singular y comedias como El brindis, entre otras. Y finalmente, la otra hija Laurence que hace Maud Wyler, que tiene en su filmografía grandes nombres como los de Amos Gitai, Nicolas Klotz, Nobuhiro Suwa, y el corto La nuit d’avant (2019), de Pablo García Canga. 

Hay que agradecer a Léa Domenach la propuesta de La mujer del presidente, por su irreverencia, inteligente y audacia en la forma de acercarse no sólo a la política, siempre un tema difícil de plasmar en el cine, sino de una mujer como Bernadette Chirac y hacerlo de esta forma, sin tomarse en serio y de manera divertidisima, proponiendo un gran juego de comedia con la atmósfera de aventuras, de intriga y  trasiego político, el que se produce en los oscuros pasadizos de palacio, y hacerlo con ese tono tan ligero, tan desenfadado y tan mordaz, donde la sátira toma el pulso del relato, haciéndolo cercano y naturalismo, sin pretensiones ni convencionalismos, yéndose a esa parcela donde se puede profundizar en todo y reírse de todo, sin olvidarse de hacer crítica y burlarse con cabeza de todos los actores que pululan por los altos estamentos de cualquier país enriquecido, donde todos son reemplazables y hacen la suya en pos del país y del ciudadano, más lejos de todo eso, jajaja. Que se le digan a Bernadette y su peculiar y acertada intuición, porque ella no sabe de política pero sí de las personas, y con eso ya lleva mucho ganado y si no que se lo digan a todos y todas que van y vienen. ¡Por cierto! Vayan a verla, porque va de política y encima van a reírse, que quieren más. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA 

Hipnosis, de Ernst De Geer

¡QUITÉMONOS LAS MÁSCARAS!. 

“Hemos construido un sistema que nos persuade a gastar dinero que no tenemos, en cosas que no necesitamos, para crear impresiones que no durarán, en personas que no nos importan”. 

Emile Henry Gauvreay 

Erase una vez una pareja formada por André y Eva que, a parte de quererse, sueñan con montar una app que ayude la salud de las mujeres en los países empobrecidos. Su objetivo es acudir a uno de estos hoteles de lujo donde se va a celebrar una sesión formativa “los famosos pitching” en el que recibirán ideas y claves para triunfar, o lo que es lo mismo, vender su idea y ganar dinero con ella. Todo parece ir viento en popa. Se muestran motivados y van a la par, con sus bromas sobre perros y demás. Eva quiere dejar de fumar y se somete a una sesión de hipnoterapia. Parece que la cosa no ha ido más allá. Aunque, en un momento dado, ya en el hotelazo, Eva comienza a comportarse de forma natural, es decir, actúa sin filtros, totalmente desinhibida y rompiendo todos los esquemas de comportamiento y muchas cosas más, causando una gran estupefacción a todos los presentes.

La ópera prima de Ernst De Geer (Estocolmo, Suecia, 1989), coescrita por su fiel guionista Mads Stegger, es una bomba incendiaria a la estúpida mercantilización de nuestros tiempos y sobre todo, a toda esa amalgama de nombres anglosajones que se han impuesto en el mundo de los “bussines”, tales como el citado pitching, los nuevos charlatanes que ahora se denominan “coach”, y las odiosas startups, donde hay que estar vendiéndose constantemente hablando de las maravillosas virtudes de tú producto para convencer a inversores que quieren apostar por la nueva, una más, gallina de los huevos de oro. Unos ambientes sofisticados llenos de gurús del diseño y el negocio más rentable, que actúan para los demás y “venden” sus formas de venta, un sin dios, donde Hipnosis encuentra el lugar para acuchillar sin remedio, y sobre todo, poner patas arriba esta nueva forma de negocio que es tan vieja que cualquier otra, porque el objetivo es el mismo, crear productos que generen necesidad para el consumidor aunque no le haga falta para nada, que lo compre y punto. La película no se corta, atiza con energía y con muchísimo humor negro, donde la sátira es el medio donde mejor se encuentra, porque, ante tal panorama de estupidez, caraduras, convencionalismos sociales y la obsesión por agradar, sólo hay que reírse de todo y sobre todo, de uno mismo. 

Estamos ante una producción de Suecia, Noruega y Francia, donde prima la pulcritud y el detalle en la parte técnica, en ese tono entre lo cotidiano y lo surreal, con unos personajes muy cercanos y a la vez, totalmente complejos e inquietantes, donde encontramos a colaboradores del director desde sus cortometrajes, como Jonathan Bjerstedt, en un gran trabajo de composición y la sobriedad de cada encuadre y plano, donde se resalta ese laberinto-prisión donde cada palabra, cada diálogo y cada mirada cuenta para vender tu idea. El conciso y rítmico montaje de Robert Krantz donde en sus interesantes y ajustados 98 minutos de metraje estamos metidos en una historia que va in crescendo, donde la incomodidad y el meneo emocional y los momentos desagradables se van acumulando, en el que cada vez nos vemos más agobiados y con ganas de gritar sin parar, al igual que la música de Peder Kjellsby, que acentúa esos momentos de risa congelada, donde las cosas se van desmoronando de forma cada vez más surrealista y divertidísima, donde el terrible juego de máscaras parece no tener fin con continuas vueltas de tuerca muy sorprendentes. 

Una pareja protagonista fantástica y memorable que pasan por su particular montaña rusa llena de altibajos y experiencias de todo tipo, donde se pondrá a prueba lo que sienten y su app. Son Asta Kamma August, hija del director Bille August y la actriz Pernilla August, a la que hemos visto en películas como El pacto, y en series como Sex, The Kingdom: Exodus, de Lars Von Trier y Ocurrió a orillas del río (que se puede ver en Filmin). Su Eva es inolvidable, una mujer que, después de la mencionada hipnosis, se convertirá en su particular Sra. Hyde, donde todo vale, en la que la máscara se cae y vuelve la realidad, la desinhibición sin medida, a hablar, a hacer y a comportarse de forma compulsiva y sin complejos ni nada que le contenga. Junto a ella, aunque en momentos se encuentre frente a ella, tenemos a André que hace Herbert Nordrum, al que hemos visto en películas como La peor persona del mundo, de Joachim Trier y Hotel Royal, de Kitty Green, entre otras, con un personaje que aguante el tipo ante el comportamiento de su chica, intentando salvar las posibilidades de su app y el objetivo económico. Él sigue creyéndose el esperpento y la mercantilización banal de sus existencias. 

Una película como Hipnosis juega desde la misma mirada crítica y satírica que lo hacían films como Toni Erdmann (2016), de Maren Ade, The Square (2017) y El triángulo de la tristeza (2022), ambas de Ruben Östlund, la mencionada La peor persona del mundo, y Sick of Myself (2022), de Kristoffer Borgli, entre otras, donde se lanzan cuchillos muy afilados contra la perversión y la superficialidad del mundo actual y de todo lo que rodea, en que todo está en venta, donde todo el mundo se vende y donde las apariencias lo son todo, en que cada uno lucha encarnizadamente por demostrar su valía en pos al contrario o rival, da igual, en una sociedad de falsedad y de elitismo idiota, en que el “yo” se ha vuelto el no va más, y la primer persona es el medio para destacar en cualquier ámbito de la vida o lo que sea ahora mismo. Quédense con el nombre de Ernst De Geer porque seguramente, al menos lo espero, siga indagando en los numerosos males de nuestro tiempo y nos siga deleitando con películas como Hipnosis, con su mordacidad, su irreverencia, su crítica y su sátira, y convoque a la reflexión y sea como un espejo donde mirar nuestro patetismo, ridiculez y vacío en unas vidas que ya no son tal, sino meros reflejos expuestos a vender y venderse, en fin. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA 

El monje y el rifle, de Pawo Choyning Dorji

¿QUÉ ES ESO DE LA DEMOCRACIA?. 

“La vida hay que tomarla con amor y con humor. Con amor para comprenderla y con  humor para soportarla”. 

Anónimo 

Con Lunana, un jak en la escuela (2019), ópera prima de Pawo Choyning Dorji (Darjeeling, India, 1983), se acercaba a la existencia de Ugyen, un joven profesor que sueña con ser cantante, cosa que no gusta a sus superiores que, como castigo, le envían a una aldea glaciar del Himalaya donde, sin recursos, debe dar clases a unos alumnos pobres muy entusiastas. Una cinta que nos hablaba de la bondad y la humanidad, donde se alababan las vidas sencillas y humildes y los tesoros del encuentro y la relación entre humanos de diferente clase social. Con El monje y el rifle, Dorji se adentra en un tono muy diferente, aunque no elude el buen interior de las gentes que retrata ni la diferencia de clases, pero esta vez basándose en un hecho real, cuando en 2006 en Bután, un pequeño reino que no llega al millón de habitantes, se instauró la democracia. Un cambio drástico para sus ciudadanos que deben aprender qué significa la democracia y cómo se practica. Una nueva forma de política que divide a las familias y genera tensiones y conflictos entre los diferentes vecinos. 

El director butanés usa la fábula y la comedia satírica cargada de un tono ligero e íntimo, situándonos en la ciudad de Ura, en la que confluyen varios personajes: un joven monje que busca un rifle para un lama viejo que lo necesita para una ceremonia, unos funcionarios del gobierno que llegan para explicar la democracia y cómo se practica, un matrimonio y su hija que se han distanciado con la madre de ella porque pertenecen a partidos políticos rivales que rivalizan en las inminentes primeras elecciones, y finalmente, la llegada de un estadounidense, coleccionista de armas, que pretende adquirir el citado rifle que perteneció a la Guerra civil norteamerican. Dentro de su ligereza y cercanía, la cinta consigue credibilidad e ironía para tratar temas profundos de la realidad y la cotidianidad de unos habitantes que, con la llegada de la democracia han experimentado problemas y diferencias que antes no tenían cuando el Rey gobernaba el pequeño país. El relato huye de la empatía directa y va construyendo con lo mínimo y natural, como ya hacía en la mencionada Lunana, un jak en la escuela, recorriendo sus impresionantes paisajes, y siguiendo las diferentes historias para ver todos los puntos de vista en litigio. 

Una cinematografía basada en recoger tanto el paisaje físico del lugar, tan bello como aislado, y el interior de los personajes, que firma Jigme Tenzing, que ya trabajó en la mencionada Lunana, un jak en la escuela, y la especial y delicada música de Frederic Alvarez que va tejiendo las diferentes relaciones y tensiones de los diferentes personajes, así como su pausado y tranquilo montaje de Hsiao-Yun Ku, que a través de un tono ligero y reposado va describiendo los lugares y sus protagonistas sin añadir ni disfrazar nada, retratando a unos individuos que hablan poco y miran mucho, en sus reflexivos 107 minutos de metraje. Dorji es un gran observador de su país y sus gentes como evidencia la elección del reparto, todos en su mayoría intérpretes no profesionales, como ya sucedía en su primera película, que consiguen una gran credibilidad y sintonía con todo lo que se cuenta y cómo se cuenta. El reparto coral son Tandil Wangchuk como joven monje, Kelsang Choejey es el lama anciano, Deki Lhamo, una actriz butanesa con 18 films en su filmografía es la mujer dividida entre el marido y su madre, Pema Zangpo Sherpa es una de las enviadas del gobierno, Tandil Sonam es el contacto del comprador de armas americano, Harry Einhorn es el comprador, Choeyong Jatsho es el que cede el rifle, Tandil Phubz es otro funcionario, Urgyen Dorji es un agente y finalmente, Yuphel Lhendup es una joven del lugar.

Una película como El monje y el rifle bebe de la sátira política a lo Sopa de ganso (1933), de Leo McCarey, o las comedias de humor negro de Berlanga-Azcona como Bienvenido Míster Marshall (1953), Plácido (1961), y La escopeta nacional (1978), en otro tono, por supuesto, pero con la misma idea de reflexionar sobre los choques de la vida moderna de unos aldeanos que han vivido en paz y armonía toda su vida, y ahora, con el descubrimiento de la democracia, cosa que aparentemente viene para que estén mejor, se consigue el efecto contrario: el de la tristeza por las tensiones políticas entre partidos rivales. Además, la película se centra en las peculiaridades de los entornos y sus costumbres y tradiciones espirituales donde la religión actúa como conexión entre los diferentes ciudadanos del lugar. Dorji describe con acierto, minuciosidad y detalle cada rincón de este pueblo que, podría ser cualquier rincón de otro país y las diferentes relaciones con la democracia, su significado y su implantación como forma de gobierno para mejorar las condiciones de vida de la gente, y algunas veces no es así, y su efectos se tornan contrarios a los deseos de los que presumiblemente iban a recibir mejoras, una contradicción en toda regla, una más, cuando se quiere imponer cosas a una población que no lo había pedido. Cosas que por desgracia, continuarán pasando, como bien se recordaba en el memorable final de la mencionada La escopeta nacionalJOSÉ A. PÉREZ GUEVARA 

Simple como Sylvain, de Monia Chokri

SOPHIA Y ESO QUE LLAMAMOS AMOR.  

“El amor vive más de lo que da que de lo que recibe”. 

Concepción Arenal

La historia de Sophia y Xavier es la historia de muchas parejas. Una historia cómoda, tranquila, sin apenas sobresaltos, de comidas familiares, algo de sexo de tanto en tanto y una existencia aburguesada, de viajes y casas en el campo, y poco más. A su modo se quieren o creen que sí, porque con el tiempo se han convertido en dos personas que comparten muchas cosas pero no lo esencial, es decir, el amor que alguna vez puede que sintieran. Las circunstancias, por mucho que nos empeñemos en hacernos infelices, siempre hacen lo imposible para conducirnos, o al menos, pegarnos una torta para que despertemos y cambiemos nuestra rutina aburrida. En el caso de Sophia es Sylvain, un tipo que hará la reforma de su casa rural, alguien muy alejado de ella, básico y elemental, pero irresistible para alguien como ella, en una vida en suspenso, esperando su puesto de profesora de filosofía que no llega y un novio que ya no le pone nada. Sylvain es la antítesis de Xavier, una bomba sexual, un tipo normal pero alguien para sentirse deseada como hace tiempo no sentía. 

A Monia Chokri (Quebec, Canadá, 1982), la conocíamos por su exitosa carrera como actriz que le ha llevado a trabajar con lo más top de la cinematografía canadiense como Denys Arcand, Xavier Dolan y en películas como Falcon Lake (2022), de Charlotte Le Bon, entre otras, que compagina con sus trabajos como directora en La femme de mon frère (2019), Babysitter (2022), sendas comedias donde aborda la familia y sus peculiares circunstancias. En su tercer trabajo Simple como Sylvain aborda el amor, o quizás, podríamos decir el deseo y la pasión desbordada a través de la mencionada Sophia, una mujer que encuentra en Sylvain la historia sexual que tanto necesita. El tono sigue en la comedia, con algunos toques dramáticos, y nuevamente, la familia de unos y otros y los de más allá, como reflejo distorsionado de nuestros orígenes, de quiénes somos y porqué actuamos como lo hacemos. También se reflexiona sobre la condena de la convivencia y la cotidianidad como enemiga del amor, de la pasión, el sexo y todo lo demás. Una idea sobre los tiempos actuales, donde prima el éxito individual en lo profesional en contra de lo personal y el otro. La película habla de temas que nos tocan mucho, pero de forma ligera y sin dramatizar, aunque hay momentos muy complejos. 

Un relato contado con un ritmo acorde con la pasión sexual que vive la protagonista, a partir de una cinematografía precisa y transparente de André Turpin, que aparte de director ha trabajado en más de la treintena de títulos con nombres tan importantes como Denis Villeneuve, Louise Archambault y Xavier Dolan. Un gran montaje en una película nada fácil que se va a casi las dos horas de metraje, en la que sigue el amor frenético de Sophia, que firma la francesa Pauline Gaillard, que tiene una filmografía con grandes como Raymond Depardon, Valérie Donzelli y Audrey Diwan. Sin olvidar la música de Emile Sornin, que ya trabajó con Chokri en Babysitter, compone una música que contribuye a la maraña de experiencias y sentimientos que vive Sophia, una mujer que quiere dejarse llevar por la vida y lo que siente, y dejar tanta vida insulsa y ya. La actriz Magalie Lépine-Blondeau, que ya estuvo en la citada La mare de mon frère, también con una destacada carrera al lado de los grandes del cine canadiense anteriormente mencionados, es el alma matter de la película, componiendo de forma ejemplar las alegrías y tristezas de una mujer que ha dejado su “zona” para experimentar. Su Sophie es adorable, inquieta, que se lanza al abismo para disfrutar del amor pero sobre todo, del sexo, de lo que siente sin importar que pasará y venciendo sus prejuicios de apariencias y demás. 

Un buen plantel de intérpretes acompañan a la actriz como Pierre Yves-Cardinal, un actor que a los Villeneuve y Dolan, añade Philippe Lioret, entre otros, es el Sylvain del título, el hombre sexo que satisface a Sophia, y vive con ella una historia de amor en libertad, de pura pasión y deseo, entre ella y el hombre simple. Francis-William Rhéaume es Xavier, el novio perfecto, quizás demasiado, con poca pasión y demás. La propia directora se reserva el rol de Françoise, una amiga agotada de su marido e hijos. Un marido que hace Steve Laplante, que ya aparecía en la citada Babysitter, entre otros. Simple como Sylvain se sitúa en el ambiente de las películas de John Cassavetes y Woody Allen, donde somos testigos de diferentes parejas y formas de amar, no entenderse e interpretar el amor y sus cosas, entre las que destacan nuestra manera de mentir y de mentirnos, y sobre todo, de equivocarnos constantemente, pero si por el camino somos algo felices ya estará bien, porque llevarlo todo a la razón será un error, o quizás no, no lo sé, nunca lo sabremos, pero una cosa sabe Sophia que si te apetece romper con todo y lanzarte al amor, o quizás, al sexo, debes hacerlo aunque sepas o no que te estás metiendo en la boca del lobo. El amor es un lío porque convergen demasiados aspectos y elementos, perdón, eso que llamamos amor. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Caroline Vignal

Entrevista a Caroline Vignal, directora de la película «Iris», en la terraza del Instituto Francés en Barcelona, el miércoles 8 de mayo de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Caroline Vignal, por su tiempo, sabiduría, generosidad, a Philipp Engel, por su gran labor como intérprete, y a Alexandra Hernández de LAZONA Cine, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Cazafantasmas: Imperio Helado, de Gil Kenan

EL PASADO SIEMPRE ANDA MUY CERCA… 

“Hace solo unas semanas que trabajo para la compañía pero debo decirle que estas cosas son reales. Desde que me uní a estos hombres, he visto cosas que lo harían palidecer”

Janine Melnizt interpretada por Annie Potts en Ghostbusters (1984)

Fue hace 40 años cuando Los cazafantasmas (Ghostbusters, en el original), de Ivan Reitman (1946-2022), irrumpió con fuerza obteniendo un grandísimo éxito de público, una comedia gamberra que mezclaba fantasía y aventuras, a partir de un guion de Harold Ramis (1944-2014), y Dan Aykroyd que, además interpretan junto a Bill Murray y Ernie Hudson, junto a Sigourney Weaver. El éxito ocasionó una secuela en 1989 con el mismo equipo, que volvió a reventar taquillas. La cosa quedó ahí. Con el nuevo milenio se retomó la saga con la versión femenina con Ghostbusters, de Paul Feig, con números no tan generosos como los que esperaban. Cinco años más tarde llegó Cazafantasmas: Más allá (Ghostbusters: Afterlife, en el original), de Jason Reitman, hijo de Ivan, y guion de Gil Kenan y él mismo, secuela de la del 89, con apariciones de los fantasmas originales que homenajeaban a Ramis que había fallecido. 

Con Cazafantasmas: Imperio Helado, la saga vuelve a New York, volviendo a dónde empezó todo, al mítico parque de bomberos, con ese fantástico prólogo ambientado en 1904 con el parque como punto de salida de unos apagafuegos que se enfrentarán con un misterioso enigma que deja helados a la sociedad parapsicóloga en la famosa biblioteca de la ciudad donde arranca la película del 84. Para esta nueva película-revival se vuelve a partir del guion original, en un remake que coescriben Ivan Reitman y el propio Gil Kenan (London, UK, 1976), que dirige, volviendo a la familia Spengler, la hija de Egon, Callie, sus dos hijos, el teenager adulto Trevor, y la quinceañero Phoebe, y Gary Grooberson. Instalados en el antiguo parque como sede de los Ghostbusters, siguiendo la pauta de la primera, se enfrentarán a un ser maligno de magnitudes estratosféricas, y pedirán ayuda a Ray Stantz (Aykroyd), convertido en un anticuario de objetos fantásticos, con su podcast, al que le llegará una bola mágica y complicada. Winston Zeddemore (Hudson), es ahora el magnate que financia el nuevo almacén de fantasmas, a los que se añadirá el Dr. Peter Venkman (Murray), para enfrentarse a un fantasma que hiela todo y domina a los otros espectros. 

Si aquella del 84 tenía un gamberrismo y una diversión propia de los ochenta, en los que había mucha más libertad y sobre todo, incorrección, siempre dentro de unos cánones para todos los públicos. En esta nueva aventura, la cosa se ha ablandado considerablemente, porque la familia tradicional está en el centro de todo, y se le añade las cuotas bienintencionadas como la parte multicultural con el indio como guardián del fuego, Rick Moranis hacía más gracia por aquello del gafapasta, antes que se inventará el término, y la desaparición del personaje de Dana Barrett que hacía Sigourney Weaver, una lástima, reconvertido en la relación de Phoebe y su amiga “fantasma”. Acción hay y mucha y unos efectos visuales la mar de espectaculares, como suelen ser en las producciones comerciales estadounidenses, aunque la cosa asombra bastante, por su calidad y destreza, la historia pierde mucho en comparación con la del 84, porque en ésta todo está muy empaquetado, esperando los gags y los instantes de aventura, resulta novedoso el personaje de Walter Peck, que vuelve a interpretar William Atherton que, si en la primera era un tocapelotas y cretino inspector de plagas, ahora es el alcalde de la ciudad, y sigue a la caza de los cazafantasmas, porque, pasados 40 años, sigue creyéndose poco o nada todo esos artilugios y siempre tiene algo que reprocharles o acusarlos. 

Se agradecen los 115 minutos de metraje, sin estirar en demasié una trama, como si que hacen otras producciones de las mismas características, creyendo que cuánto más mejor, aunque por fortuna en esta película no lo han hecho, y la cosa queda igual de estupenda, porque el espectador que se acerque a Cazafantasmas: Imperio Helado, encontrará todo aquello que daban las anteriores: comedia, ahora más familiar, como era la anterior, aventuras, toques fantásticos, el fantasma prota muy terrorífico, otros más divertidos como la masa verde, un clásico, como el muñeco-michelín de marinerito ahora en miniatura, juguetón y omnipresente. La trama no se ceba con explicaciones fatigosas e incomprensibles de física cuántica y cosas por el estilo, van a lo que van, con menos gracia que la del 84, pero firme en su idea de pasar un buen rato y entretener al personal un par de horas. Como sucedía en la anterior, es decir, en Cazafantasmas; Más allá, la de hace tres años, volvemos a tropezarnos con los Paul Rudd y Carrie Coon, y Finn Wolfhard y Mckenna Grace como los hijos, con Celeste O’Connor y Logan Kim, como sus coleguitas, la presencia de los tres cazafantasmas originales citados más arriba, con la secretaria divertida, también mencionada en la apertura del texto, presencias que se agradecen y mucho, por su carisma y su diversión y sus locuras, y por rehacer de nuevo algunos de los gags más recordados de la película. Encontramos nuevos fichajes como los de Kumail Nanjiani como el guardián, Patton Oswalt como un cerebrito del almacén de ghsots, y Emily Alyn Lind como la amiguita del más allá de Phoebe. Una película que pretende diversión, aventuras, acción, dosis de fantasía y algo de terror, el de sustos con gracia, y sobre todo, una nueva incursión en la comedia-familiar-fantástica que atraiga millones de espectadores, y es mucho más que muchas películas del estilo. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Delphine Lehericey y María La Ribot

Entrevista a Delphine Lehericey y La Ribot, directora y actriz de la película «Nuestro último baile», en el Exe Plaza Catalunya Hotel en Barcelona, el lunes 4 de marzo de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Delphine Lehericey y La Ribot, por su tiempo, sabiduría, generosidad, a Philipp Engel, por su gran labor como intérprete, y a Alexandra Hernández de LAZONA Cine, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Martí Atance y Albert Carbó

Entrevista a Martí Atance y Albert Carbó, intérpretes de la película «Beach House», de Héctor Hernández Vicens, en la terraza del Antic Teatre en Barcelona, el miércoles 13 de diciembre de 2023.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Martí Atance y Albert Carbó, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Pere Vall y Sonia Uría de Suria Comunicación, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.

Entrevista a Xinyi Ye

Entrevista a Xinyi Ye, actriz de la película «Chinas», de Arantxa Echevarría, en el Cafe Salambó en Barcelona, el miércoles 4 de octubre de 2023.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Xinyi Ye, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y al equipo de Revolutionary Press, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA