Entrevista a Susanna Barranco, directora de «Caure del niu». El encuentro tuvo lugar el jueves 21 de enero de 2015, en la Companyia Susanna Barranco de Barcelona.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Susanna Barranco, por su tiempo, generosidad y afecto, al equipo de la Filmoteca de Catalunya, por descubrirme la película, donde tuvo lugar su presentación, y al compañero de Susanna, que tuvo la amabilidad de tomar la fotografía que ilustra la publicación.
“Me di cuenta que había olvidado una cosa que había aprendido en los años 60, que mi existencia aislada es un espejismo, que la ecología es una corriente de la cual tú y yo formamos parte. Todo lo que hacemos afecta a esta corriente y lo que hace la corriente nos afecta a nosotros”.
Bob Hunter
La película arranca en 1971, en Vancouver, en plena época del hipismo, donde un grupo de jóvenes activistas y ecologistas liderados por Bob Hunter (periodista e ideólogo del movimiento), Paul Watson, Rex Weyler, David “Walsrus” Garrick y Carlie Truman, se lanzan en un pesquero de 25 metros y armados con cámaras de 16mm para filmarlo todo, con el fin de detener el ensayo nuclear en la pequeña isla de Amchitka, en Alaska, por parte del Gobierno de EE.UU. presidido por Nixon. Debido a problemas con la policía aduanera, la aventura no llegó a buen puerto, pero estos jóvenes amantes de la naturaleza y de la vida, volvieron a la carga. Su nuevo objetivo era salvar a las ballenas que eran exterminadas cruelmente. El reconocido documentalista inglés Jerry Rothwell, interesado en las personas a contracorriente y apasionadas, como ya testimonió en su anterior película, Deep wáter (2006), codirgida con Louise Osmond, donde relataba la odisea de un joven marinero inexperto que, a finales de los 60, desafió a la naturaleza con una travesía alrededor del mundo.
Ahora, documenta, a través de material de archivo y valiéndose de los testimonios de los implicados, los orígenes, auge y evolución del movimiento ecologista Greenpeace. Aquellos jóvenes canadienses que pensaban que era más fácil cambiar el mundo con una cámara que con una arma, se lanzaron con todo en contra para parar la catástrofe natural que infringían las naciones contra nuestra naturaleza y los animales. La segunda campaña que les dio gran relevancia internacional se llevó a cabo en las frías aguas del norte con el objetivo de parar con la caza indiscriminada de ballenas, se enfrentan a un potente ballenero soviético, y aunque no consiguen su objetivo, si que filman el arpón que pasa por encima de ellos. Una imagen que les valió la repercusión internacional que buscaban, y el grupo comienza a crecer y estallan los primeros conflictos internos. La siguiente campaña los divide, ahora la actividad se desarrolla en un pequeño pueblo de Terranova donde se asesina ferozmente a las crías de focas para conseguir su piel blanca. Las negociaciones con los pescadores de la zona que se muestran en contra de la protesta del grupo.
Estallan las opiniones contrarias dentro del grupo, las distensiones amenazan la unidad, y también, el desgaste personal y emocional que implica constantemente tomar decisiones, recaudar dinero para financiar las campañas, y las múltiples ideas que florecen a la hora de afrontar los diferentes proyectos. La película de Rothwell recoge fielmente las aventuras y avatares en las que se involucran las personas del grupo, mediante los diarios de Hunter, donde se documentan todas las acciones, los conflictos de la actividad, y los personales, y cómo se desarrollan las acciones. Una cinta que cuestiona la idea de cómo se organiza una revolución, los sacrificios que eso implica, y de qué manera se gestionan los egos y los conflictos internos de sus integrantes, y cómo afecta al desarrollo de las actividades. Un documento que testimonia la idea y ejecución de unas personas que se lanzaron al vacío por la naturaleza y sus animales, que arriesgaron sus vidas por lo que creían y soñaban, un grupo de amantes de la vida y su entorno que hizo estallar la conciencia internacional de seguir luchando y peleando por un mundo mejor y más humano, creando uno de los movimientos globales más potentes de la historia. Porque como argumenta Hunter: “Si tenemos que esperar a los pacientes para heredar la Tierra, no nos va a quedar nada por heredar”. Una frase que advierte que siempre hay que estar alerta y seguir incomodando y protestando contra aquellos poderes que se sienten amos del mundo.
En Lejos (2001), de André Techiné, Serge, un camionero francés que transportaba textil en un camión de Francia a Marruecos, metido a traficante, mantenía una relación con Sarah, su amante marroquí, y prometía a Saïd, un niño de la calle, ayuda para huir escondido a Francia. Las terribles experiencias de desarraigo y abandono que sufría Saïd, le han servido a Susanna Barranco (de interesante trayectoria como actriz y directora de teatro, y poeta) para conocer de primera mano las vidas de estos niños. Su quinto trabajo como directora en el documental, sigue el camino de sus anteriores trabajos, explorando temas de cargado contenido social y planteados desde el conocimiento y la reflexión. En el 2009, realiza Heridas, sobre la violencia de género en el entorno de las personas transexuales, volvería a este tema, en su siguiente trabajo, en Buits (2011), pero ahora desde el punto de vista de los hombres agresores, y en 2013, dirigía El silenci de Jonc, sobre la discapacidad intelectual.
La directora barcelonesa habla con estos niños, se interesa por conocer sus motivos, orígenes, los primeros meses, documentar su experiencia. Barranco captura sus testimonios acercándose a ellos, mirándolos a los ojos, mostrando su interior y desnudándolos profundamente. También habla con los cuidadores que tienen en el centro, especialistas en el tema de las migraciones, médicos, cooperantes que trabajan en Marruecos, entra en las casas, nos presenta a sus familias, nos muestra el entorno difícil y desesperanzador en el que han crecido. Barranco muestra las raíces del problema, no realiza juicios de valor, su película crece pausadamente, escuchando las reflexiones de los implicados y los profesionales que explican la tutela gubernamental hasta la mayoría de edad, y el vacío legal cuando cumplen los 18 años y ante la falta de trabajo, se ven obligados a delinquir ante la falta de un trabajo, y acaban en prisión y cumplida la condena, devueltos a sus países.
La realizadora también nos habla de esos niños que quedan en sus países cuando sus padres emigran, y luego, cuando se lleva a cabo el reagrupamiento familiar, los conflictos emocionales que sufren unos y otros por el desamparo sufrido ante la ausencia. Barranco ha hecho una película breve, apenas una hora, donde expone un tema complejo y sumamente difícil, la existencia de estos niños que se ve abocada a una vida errante, solitaria, de eterna huida, con la temible sombra de un profundo desarraigo de ellos mismos, y abandonados a su suerte, con los problemas emocionales que eso conlleva, y obligados a volver a sus países cargando con sus maltrechos sueños rotos y con la dificultad de empezar de cero en un entorno sin oportunidades. Ese mundo occidental visto como un maná de riqueza donde hay sitio para todos, y al llegar aquí, descubren la triste realidad, un mundo que los aparta, que los señala, y sobre todo, un mundo de riqueza mal repartida, injusta y con una falta de empleo que les impedirá quedarse en España. Un documento necesario y valiente, que se ve con atención y que invita a la reflexión, que cuestiona la responsabilidad estatal frente a estos niños, el tremendo vacío burocrático cuando son adultos, escenifica el fracaso de no sólo una sociedad, sino de un mundo que se niega a reconocer al otro, al que no tiene, como señala Arcadi Oliveres: “Los países han roto las fronteras comerciales, tecnológicas, financieras y de comunicación, pero mantienen las del movimiento humano”. Un tema que no tiene fin, porque mientras unos pasen carencias, buscarán su vida fuera de sus países, y los otros, los de aquí, deberán aceptarlos, o más bien, buscar nuevas fórmulas para tratar el tema de forma humana y solidaria.
Encuentro con el actor Antonio Banderas, con motivo de la presentación de las proyecciones de las películas nominadas a los premios Goya y Gaudí en la Filmoteca de Catalunya, con la participación de Esteve Riambau, director de la Filmoteca, Edmon Roch, Vicepresidente de la Academia de Cine Español, e Isona Passola, Presidenta de la Acadèmia de Cinema Català. El evento tuvo lugar el jueves 12 de noviembre de 2016, en la Filmoteca de Cataluña.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Antonio Banderas, Esteve Riambau, Edmon Roch e Isona Passola, por su tiempo, conocimiento y sabiduría, y a Pilar García de Comunicación de la Filmoteca, por su paciencia, amabilidad y cariño.
Entrevista a Luis Aller, director de «Transeúntes». El encuentro tuvo lugar el lunes 25 de enero de 2015, en la Escuela de cine Bande à Part de Barcelona.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Luis Aller, por su tiempo, generosidad y afecto, a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su amabilidad, paciencia y cariño, y a Nuria Polo de la productora El Dedo en el OJo, por su atención y simpatía.
Luis Aller (1961, Toral de los Vados, León) es un cineasta en el sentido más amplio de la palabra, como lo fueron los Godard, Truffaut, Rohmer, entre otros, que desde las páginas de la mítica Cahiers du Cinema revindicaban esa condición. Personajes de todo terreno, que se empapan de cine en todos sus ámbitos: como espectadores, atiborrándose de sesiones en la Filmoteca, ejerciendo la crítica y la docencia, materializando sus teorías en el campo del cortometraje y haciendo películas. Aller arrancó en el largometraje con Barcelona lament, filmada en 1991, un film noir de aquella Barcelona preolímpica muy influenciado por el cine de Godard. Hemos tenido que esperar más de veinte años para ver su nuevo trabajo. Transeúntes es una película que comenzó a filmarse en 1993, después de las Olimpiadas y en plena crisis económica, y ha estado en perpetua construcción durante dos décadas. Filmada inicialmente en 35 mm, ha ido trabajando en diferentes soportes cinematográficos, formatos y texturas para desarrollar el concepto personal sobre la concepción y el montaje del universo cinematográfico de Aller.
Asistimos a una película-experiencia, donde pasan delante de nuestros ojos la friolera de 7000 planos (según fuentes de la productora), donde observamos múltiples ventanas que se abren y se cierran, retratos de gentes anónimas que van de un lugar a otro, película fragmentada y en constante evolución, envuelta en el caos reinante de la cotidianidad de una ciudad como Barcelona, asfixiada por la crisis y el deambular de unos y otros. Aller viaja por varios géneros y temáticas, desde el cine ensayo, la ficción y el documental, la sinfonía urbana o la lucha de clases, filmando la ciudad que ama y vive, fabricando un relato multidisciplinar, un retrato demoledor y contundente de esa Barcelona alejada de los focos, de ese extrarradio en descomposición, de la desnudez urbana, de seres que se mueven con sus problemas de siempre, amores frustrados, trabajos precarios, y vidas errantes e insatisfechas que permanecen anquilosadas y vacías. El cineasta, barcelonés de adopción, edifica su película en una mutación sin fin, filmando los pliegues y las costuras de una urbe sumida en el caos, deshumanizado y triste. Nos sumerge en una hecatombe de imágenes algunas inconexas y otras unidas por las vidas cruzadas que se dirigen de un lugar a otro, tanto a nivel físico como emocional.
Una película que habla de la crisis de antes, de ahora y de siempre, que parece un tiempo anclado, que no evoluciona, o si lo hace, es para siempre seguir igual, oxidado y sin cambios. Una zambullida violenta a la falta de humanidad y amor que parece guiar nuestras vidas. Vidas incompletas, perdidas y totalmente desorientas. Vidas que sufren y no logran ser felices, que parece que están y no están, que siguen con su inercia cotidiana que parece conducirles a la nada o simplemente a no sentir lo que les gustaría. Vidas dañadas y despedazadas que vagan sin rumbo por el caos urbano lidiando los continuos conflictos de la existencia, la falta de trabajo, la ausencia de amor o los problemas emocionales. Aller nos zambulle violentamente en un maremágnum de imágenes que viajan por nuestras retinas a velocidad de crucero, deteniéndose y desplazando nuestra mirada en función de una necesidad de revelarnos ante nosotros la brutalidad y transgresión de nuestra propia cotidianidad. Una película que nos remitiría a aquellas experiencias de Vertov, en su concepto de cine-ojo, o Ruttmann, o las ideas múltiples de pantallas sin fin del cine ensayística o experimental, sin olvidarnos del cine de Godard, en su búsqueda constante de la representación de las imágenes y el valor de la narración cinematográfica. Aller ha parido una película revolucionaria, una épica de lo cotidiano, de mirar esas vidas donde los males de este mundo siguen siendo los de siempre, la soledad e incomunicación de los individuos que se mueven como autómatas en un espacio carente de sentido e inadecuado a sus necesidades vitales. Aller nos invita a reflexionar sobre el torbellino de imágenes y ventanas sin fin que se abren ante nosotros, a sentirnos parte de su entramado cinematográfico, a participar en un viaje experiencia en conitnuo movimiento que, quizás no sea nada más que el principio de algo que acaba y empieza constantemente.
<p><a href=»https://vimeo.com/75385442″>Trailer TRANSEÚNTES</a> from <a href=»https://vimeo.com/eldedoenelojo»>El Dedo en el Ojo SL</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>
“Quan hi ha un retrat, aquest ja ho explica tot, no cal ficar-hi tanta literatura ni tantes fotos anecdòtiques. Un retrat resol el tema. Jo no ho oblido mai. Et vas carregant la motxilla de la memoria”.
Colita
Ventura Pons (1945, Barcelona) dirigió más de 20 obras de teatro antes de debutar en el cine con Ocaña, retrat intermitent (1977), un documento sobre José Pérez Ocaña, un pintor andaluz, homosexual, transformista y anarquista, de vida transgresora y provocadora, que se convirtió en un icono de Las Ramblas de Barcelona de finales de los 70. Le siguieron 6 comedias, unas más locas y otras más negras, que hizo entre los años 1981 y 1993, con la colaboración del guionista Joan Barbero. En 1994, cambia de rumbo y toma otro camino, y empieza a adaptar novelas y textos teatrales de autores de prestigio como Monzó, Benet i Jornet, Belbel, Torrent o Baulenas, entre otros, llevándole a un nivel de producción de ritmo vertiginoso, estrenando una película casi cada año, realizando títulos de calidad como Actrius, Amic/Amat, Amor idiota, Forasters, Mil cretins, etc…
Ahora, vuelve al documento, en su película número 27 de su carrera, como su estreno en el cine, similar a los trabajos de El gran Gato (2002), sobre la vida del emblemático músico, o Ignasi M. (2013), donde relataba la crisis personal y laboral del prestigioso museólogo. Su mirada se centra en Isabel Steva Hernández, más conocida como “Colita”, figura esencial de la fotografía moderna del siglo XX. Como hiciese en Ocaña, la película de Pons se desarrolla en casa de la fotógrafa, en el jardín, rodeada de sus amigas, confidentes y compañeras de fatigas más íntimas. Tenemos a Teresa Gimpera, Maruja Torres, Pilar Aymerich, Rosa Regàs, Núria Feliu, Beatriz De Moura, Anna Maio, Rosa Sender y Marta Tatjer. Todas ellas, igual que la anfitriona, artistas o mujeres vinculadas al mundo de la bohemia. Se arrancan a comentar su no al premio nacional de fotografía, para luego adentrarse en los años alegres y convulsos de los 60 y 70, en plena dictadura franquista, en un país consumido por el fascismo y el oscurantismo, donde todo lo moderno, transgresor y divertido se prohibía tajantemente.
Divida por 9 capítulos, que se abren con el material gráfico de Colita, retratos de aquellos amigos que posaron para ella, y sigue con las conversaciones que recuerdan aquellos instantes, en este encuentro de mujeres donde hablan y ríen, de los retratos de Colita y su arte, recuerdan a los que ya no están, los viajes que hicieron, las risas y la diversión que compartían, los franquistas que las acechaban, las noches sin fin en Bocaccio, las borracheras que nunca terminaban, los actos en contra de Franco, el reportaje del funeral del dictador, los hombres que amaron y los amantes que dejaron en el camino, los cineastas, la literatura, los músicos, y demás artistas que conocieron, la miseria y la suciedad el barrio chino, aquellos cantantes y transformistas que paseaban su glamour nocturno, las putas de toda la vida, la Gauche Divine, los Moix, y aquella Barcelona convulsa, agitada, política, artística, transgresora, represiva y sobre todo, las conversaciones giran en torno a la memoria de un tiempo vivido, un tiempo que dejó buenos y malos recuerdos, pero también, situaciones y momentos divertidos. Estas viejas damas indignas, como se autodefinen Maruja Torres, mujeres modernas, alejadas de las vidas de sus madres, y libres en su interior. Mujeres que recuerdan lo que fueron, lo que hicieron y el tiempo donde había flores en las calles, pero también pistolas en el cinto. Tiempos oscuros, pero también tiempos para compartir, vivir, y hacer fotografías que registraban todo aquello que sucedía, o al menos parte de lo que sucedió. Ventura Pons ha hecho un filme valioso, un documento sobre la memoria de un tiempo que se vivió en plena agitación artística de un grupo de hombres y mujeres que abrieron rendijas de luz y color durante un régimen que oscurecía y mataba todo aquello que iba en su contra. Mujeres valientes, mujeres libres y sobre todo, Colita, una mujer adelantada a aquel tiempo de “un país pobre, trist i desgraciat”, como anuncia la narradora Rosa María Sardà, donde Colita emergió con su mirada para registrar, en blanco y negro, fragmentos de vidas, y sus miradas y gestos, que testimonió de forma sencilla, elegante y maravillosa.
En Camino a la escuela (2013), el director francés Pascal Plisson (1959, París) filmó la peripecia diaria de ir al colegio, llena de peligros y dificultades, que emprendían cuatro niños de condición rural y pobre, de diferentes lugares del mundo. Partiendo de aquella base, y de parecida estructura y forma, Plisson vuelve a sumergirnos en cuatro historias de niños-adolescentes también de orígenes humildes. La mirada del cineasta galo se centra en Albert, un chaval de 11 años, que vive en La Habana (Cuba), su sueño es ser boxeador y para eso trabaja incansablemente en el gimnasio. Su meta es ganar el combate para acceder a la academia del deporte. Seguimos con Deegii, una niña de 11 años que vive en las afueras de Ulan-Bator (Mongolia), que se esfuerza duramente para convertirse en contorsionista profesional trabajando en un circo. De ahí, nos trasladamos a Benares, la capital de Bihar, un estado pobre del noroeste de la India, donde conoceremos a Nidhi, de 15 años, que estudia matemáticas y trabaja ferozmente para aprobar el examen de acceso al Instituto Politécnico para conseguir un buen empleo que ayuda a su familia. Y finalmente, viajamos hasta Uganda, al Parque Nacional Queen Elizabeth, donde nos toparemos con Tom, de 19 años, que estudia para superar el examen y ser uno de los guardas forestales.
Cuatro caminos, cuatro destinos, cuatro formas de trabajar pero el mismo objetivo, un trabajo que les ayude a ellos a crecer como personas, y también, ayude a sus familias a escapar de las situaciones de pobreza que viven, y de esta manera, aprovechar las oportunidades que sus padres no tuvieron. Plisson fragmente las cuatro historias, y crea una sueva mezcla, a modo de rompecabezas, en el que seguimos las cuatro historias de manera tranquila y pausada. Nos adentramos en las actividades y la preparación que llevan a cabo estos niños y jóvenes. El apoyo familiar, esencial para ellos. Y también, relación que mantienen con sus preparadores.
Plisson nos cuenta este viaje de manera honesta y sencilla, quizás le sobra algún que otro sentimentalismo y subrayado musical, pero no deslucen su emocionante mensaje, el de unos niños trabajadores y luchadores que quieren con su sueño huir de la miseria y ayudar a los suyos. El relato se propone remover conciencias, y ofrecer algo de luz a las injusticias y desigualdades tremendas que diariamente invaden este mundo. Una fábula que rescata esa humanidad que parece haber perdido buena parte del planeta, más interesada en el éxito y prestigio personal. Plisson aporta su granito de arena en dar visibilidad a niños que trabajan y luchan por conseguir su sueño, su objetivo es modesto, pero inmenso para ellos, quieren ser elegidos para seguir estudiando y preparándose en lugares donde aparentemente entran otros niños y jóvenes de otra índole social, pero ellos, a base de trabajo y constancia, que podríamos añadir que son las armas de los pobres, reivindican su lugar y su espacio. También, la película muestra, a través de las historias de los niños, otra cara completamente diferente a la que nos suelen bombardean los medios de comunicación sobre sus países, la película aporta otra mirada, una forma diferente de acercarse a la realidad de esos países, azotados por la pobreza injusta de países que los someten y dominan, una mirada positiva, donde existen personas que abren caminos y esperanzas para tener otro tipo de vida y seguir creciendo como personas en otros ambientes y lugares, muy diferentes a los que su condición social les había condenado.
Entrevista a Elia Urquiza, directora de «Next». El encuentro tuvo lugar el martes 8 de diciembre de 2015, en el Parc de la Ciutadella de Barcelona.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Elia Urquiza, por su tiempo, generosidad y cariño, a Pablo Caballero de Márgenes, por su amabilidad, paciencia y afecto, y al equipo de Playtime Audiovisuales por ayudarme y facilitarme tanto las cosas, y sobre todo, por seguir creyendo en un cine necesario, vital y a contracorriente.
Una niña de unos 10 años mira a cámara e intenta interpretar un texto, pero se equivoca, y entonces, escuchamos la voz de la madre que le corrige la actuación y le pide que lo vuelva a repetir. De esta manera, tan descriptiva y elocuente, arranca la primera película de Elia Urquiza (1979, Pamplona), que después de realizar el máster de documental creativo de la UAB en Barcelona, consiguió una beca para estudiar dirección en el prestigioso California Institute of Arts de Los Ángeles en 2008. Allí, junto a otros 11 colegas españoles, fundaron La Panda, una productora que ayuda a producir títulos propios y ajenos que ya ha dado títulos como Open Windows, de Nacho Vigalondo o 10.000 km, de Carlos Marqués-Marcet. Otro de los títulos surgidos, es esta película de la realizadora navarra que ambienta en esa ciudad, rodeada de lujo y superficialidad, su primera aventura en la dirección. Su mirada se posa en cuatro niñas y adolescentes, de edades comprendidas entre los 6 y 16 años, cuatro vidas llegadas del medio oeste, esos lugares perdidos en los que nunca pasa nada, con el sueño de convertirse en actrices.
La cámara de Urquiza sigue con detalle e intimidad, los días de estas niñas con el objetivo de entrar en la meca del cine. Acompañadas de sus padres, que les ayudan, protegen y en algunos casos, les apoyan a continuar en esa ciudad, porque son ellos los que realmente quieren y pelean el éxito de sus primogénitas. Las audiciones por conseguir un papel, los encuentros con agentes con el fin de una representación que les lleve a las puertas del Olimpo, los días de rodaje, y las clases de actuación son la cotidianidad que vive o sobrevive estas niñas con la compañía de sus padres. Unos padres que dejan sus vidas corrientes de la América profunda para mudarse a hoteles o viviendas temporales a la espera que su hija sea una de las elegidas. Urquiza, no juzga a sus personajes, los sigue, manteniéndose a su lado, penetrando en su intimidad, sus anhelos, lo que piensan y sienten.
Resultan muy expositivos los planos cogidos desde el interior de los automóviles que las trasladan, donde observamos la tremenda vorágine de compras, extravagancias, y demás perplejidad, que se respira en cada rincón de la ciudad. Una obra breve, pero concisa, apenas 72 minutos, que se detiene en la sinrazón de un mundo totalmente superficial, donde el éxito personal, que trae consigo el prestigio social, se ha convertido en el único objetivo de unas niñas y sus padres, buscando de ese modo el verdadero sentido a sus vidas corrientes, y sobre todo, alejarse de esa América perdida en el medio oeste, de donde proceden, lugares a los que no desean volver, o sólo regresar rodeados de éxito y lujo. Un mundo de glamour y dinero que no considera la terrible frustración y vacío que puede quedar en estas personas después de no conseguir ese objetivo tan preciado y vital para ellos. Una sociedad de masas, inmoral y cruel, donde la televisión y la publicidad bombardean constantemente con sus productos, donde todo está venta, también los sueños e ilusiones de unas niñas que desean el éxito y el estatus que conlleva ser una estrella de Hollywood o la televisión. Urquiza ha filmado un documento sencillo y modesto en sus medios, pero grande e inmensa en su discurso, donde realiza una profunda reflexión sobre la sociedad capitalista de consumo, que no se detiene nunca en generar falsas ilusiones y expectativas, en un negocio devastador y deshumanizado, que solamente fabrica personas frustradas e infelices por no conseguir ese éxito que cada día les venden salvajemente en los medios.
<p><a href=»https://vimeo.com/147828384″>NEXT (Trailer)</a> from <a href=»https://vimeo.com/playtime»>Playtime Audiovisuales</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>