Entrevista a Andrés Duque, director de «Oleg y las raras artes». El encuentro tuvo lugar el martes 22 de noviembre de 2016 en los Jardines del recinto de la Escuela Industrial en Barcelona.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Andrés Duque, por su tiempo, generosidad, amistad y cariño, a Eva Calleja de Prismaideas y Pablo Caballero de Márgenes, por sus complicidades, amabilidades, paciencias y cariño, y al estudiante transeúnte, que tuvo el detalle de tomar la fotografía que ilustra esta publicación.
Entrevista a Alice Waddington, directora de «Disco inferno». El encuentro tuvo lugar el lunes 12 de septiembre de 2016 en el Parc de L’Estació del Nord en Barcelona.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Alice Waddington, por su tiempo, generosidad, y cariño, a Pablo Menéndez de Marvin&Wayne Short Film Distribution, por su amabilidad, paciencia y cariño.
“Nancy, ya no soy la primera dama. Puedes llamarme Jackie”
El viernes 22 de noviembre de 1963, alrededor de las 12:30, en la ciudad de Dallas, moría asesinado John Fitzgerald Kennedy, el trigésimo quinto presidente de los EE.UU. La película de Pablo Larraín (Santiago de Chile, 1976) arranca con la entrevista que un periodista hará a su viuda Jacqueline Kennedy, en la que esta hablará de frente, sin tapujos ni nimiedades, sobre los tres días siguientes al fatídico suceso. El cine de Larraín en el que la búsqueda, tanto física como interior, estructuran su discurso, que se inició en el 2006 con Fuga, en la que un mediocre músico buscaba el espíritu de un colega atormentado, a la que siguieron vehículos políticos centrados en diversas experiencias en torno a la dictadura de Pinochet, Tony Manero (2008) y Post mortem (2010), y No (2012), en El club (2015) exploraba las miserias de cuatro sacerdotes recluidos en una casa en la que tenían que expiar sus pecados, y finalmente en Neruda, realizada el año pasado, filmaba los sucesos ambientados en 1948, cuando González Videla, presidente de Chile, mandó arrestar al político y poeta Neruda, porque este denunció el acecho contra el partido comunista del que era diputado. Larraín huye de la figura universal de Neruda, para desmitificarlo en todos los sentidos, y hacerlo un tipo de carne y hueso, con sus alegrías y tristezas, sus dudas y sus miserias, filmándolo en continua huida y en una existencia oscura llena de contrastes.
En Jackie, continúa por los mismos parámetros, describiendo a una mujer desolada y rota por el dolor, con manchas de sangre de su marido todavía en el vestido, desnudándola en todos los sentidos, colocando su foco, no solamente en su rostro, sino en su alma, en esas 72 horas fatídicas donde el mundo de oropel adornado con flores frescas se vino abajo en un instante, el tiempo que duró el disparo que penetró en la cabeza de su marido, JFK. Larraín filma el primer plano de Jackie, su personaje nos contará la versión de los hechos, y lo hará de forma franca, mirándonos a nosotros, acariciando cada palabra, cada gesto, centrándose en cada detalle, cada mirada, cada instante que vivió en esas horas durísimas, en las que tuvo que mantenerse firme y clara, y estudiando cada acto y situación, ya que todo el mundo estaba pendiente de ella. El cineasta chileno captura al personaje invocando a la mujer que vive en su interior, mira a su personaje de frente, extrayendo su espíritu, lo que no vemos, desnudándola en todos los sentidos, tanto emocionalmente como físicamente, penetrando en el alma de una mujer que debe empezar de nuevo, dejar lo vivido, despertar del sueño, y volver a mirarse hacia dentro, valorando la figura de su marido, hablando al mundo de su legado, y de su memoria.
La película está contada a través de flashbacks, en las que nos muestran todos los instantes de esos tres días, desde el magnicidio hasta el entierro, en los que Jackie habla de todos los preparativos del funeral de su marido, con su cuñado, Bobby Kennedy, su asistente Nancy, sus hijos, el vicepresidente Lyndon B. Johnson, nombrado presidente el mismo día del asesinato, y el secretario de defensa de éste. Larraín nos habla de la intimidad de una mujer rota, una mujer que deberá mirarse de frente, una mujer expuesta no sólo a los ojos de una nación, sino a los de todo el mundo, en aquellos convulsos años 60, donde la televisión empezaba a ser un instrumento al que se tenía que tener muy en cuenta. Larraín filma su película con un tono naturalista, casi como un documental, un cinema vérite, como si estuviéramos asistiendo a un ensayo de aquello que fue, una película/retrato/personaje, que nada tiene que ver de los típicos biopic made in Hollywood donde se ensalzan figuras, en el que nos muestran a un personaje como nosotros, con su dolor, sus miedos e inseguridades, y todo aquello que queda fuera del objetivo mediático, la realidad que te persigue a diario, la verdad de quién eres realmente, el reflejo que el espejo te devuelve cada mañana.
Una película con aroma de gran cine político y humano, sobe la desmitificación de un personaje, para mostrar su mirada, su gesto y su cuerpo, alejado de lo que conocemos de él, filmándolo al natural, no como una celebridad, sino como un ser humano, como hizo John Ford con El joven Lincoln o Spielberg con el mismo personaje en Lincoln (2012), o Sorrentino con Andreotti en Il divo (2008), o Sokurov en su trilogía sobre las figuras políticas del siglo XX, en Moloch, Taurus y Sol, o Albert Serra con sus retratos sobre figuras históricas, extrayendo la esencia de la figura, en muchas ocasiones muy alejada de la imagen que teníamos. También, la película se acerca al espíritu de Vincere (2009), en la que Bellocchio se acercaba a la figura de Mussolini a través de su amante Ida Dasler, o las películas de Oliver Stone sobre figuras políticas, desde Nixon (1995) pasando por Fidel Castro o Hugo Chávez, o JFK (1991), con la que guarda algunas similitudes, como la utilización de imágenes de archivo reales con las imágenes de ficción de la película, creando un retrato inteligente y audaz que, no sólo aporta una verosimilitud extraordinaria a todo lo que se cuenta, sino que involucra de una forma humanista a los espectadores.
Amén de la interpretación asombrosa y naturalista de una inmensa Natalie Portman, que hace un retrato excelente de Jacqueline Kennedy, mostrándonos una persona como nosotros, con sus defectos y virtudes, fuera del foco, caminando como una sonámbula en medio del caos que reina en su vida en esos tres días infernales que tuvo que (sobre)vivir como fuese. A su lado, brillan Peter Sarsgaard como Bobby, Greta Gerwig (la heroína del cine Baumbach) aquí como la asistenta de la primera dama, y John Hurt, en una de sus últimas apariciones, como el cura que habla con Jackie para darle un poco de luz en esos días tan oscuros. La fotografía de Stéphane Fontaine (habitual de Desplechin) con tonos opacos, en un ejercicio de luz naturalista ejemplar, y el montaje, mezclando tomas largas con planos medios, obra de Sebastián Sepúlveda, que ya estuvo en El club, y la producción del habitual de Larraín, Juan de Dios Larraín, y el cineasta Darren Aronofsky, hacen de Jackie una película cercana, mostrando una mujer próxima, con dudas y conflictos interiores, que debe seguir con vida después del naufragio, una mujer serena, perdida que, deberá lamerse sus heridas y seguir en pie, con dignidad y enfrentándose a todos, y sobre todo, a ella misma para seguir caminando.
Encuentro con Jean-Pierre Léaud y Albert Serra con motivo de la presentación de la película «La mort de Luis XIV», junto a Esteve Riambau, director de la Filmoteca de Catalunya. El acto tuvo lugar el jueves 17 de noviembre de 2016 en la Filmoteca de Catalunya en Barcelona.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Jean Pierre Léaud y Albert Serra, por su tiempo, conocimiento, y cariño, a Esteve Riambau y su equipo de la Filmoteca, y a Eva Herrero de Madavenue y Diana Santamaría de Capricci Cine, por su generosidad, paciencia, amabilidad y cariño.
La película número 30 de Marco Bellocchio (Piacenza, Italia, 1939) arranca en Turín en el año 1969, cuando la vida idílica de Massimo, un niño de 9 años, se ve gravemente truncada por la muerte de su madre. A partir de ese momento, la vida de Massimo se verá perseguida por el recuerdo de su madre y su incapacidad para las relaciones personales y reconciliarse con ese pasado tormentoso que le invoca. Bellocchio que se inició hace más de medio siglo con Las manos en los bolsillos (1965) durísimo retrato sobre unos adolescentes y su posterior rebelión, ha construido una filmografía muy crítica con la sociedad italiana en la que ha crecido, con un fuerte compromiso político, social y cultural de una Italiana convulsa, realizando películas en las que ataca ferozmente las injusticias y desigualdades, el fuerte componente religioso en la cultura italiana, y las consecuencias de la ausencia y el peso de la figura materna, en títulos que se han convertido en una verdadera reflexión y documentos imprescindibles para conocer la historia de Italia de los últimos 50 años, como Noticias de una violación en primera página (1972), Marcha triunfal (1976), La condena (1990), La baila (1999), Buenos días, noche (2003) o Vincere (2009), por citar sólo algunos títulos más significativos de su larga trayectoria.
En su trigésimo largometraje, basado en la novela “Fai bei sogni”, de Massimo Gramellini, nos envuelve en una drama familiar, en un denso y emotivo retrato de un hombre desde que es un niño, en el que tendrá que lidiar con el dolor y la pérdida de la madre, en el recuerdo de aquella mujer protectora y maternal que siempre tenía una sonrisa o una abrazo para él, como sucedía en La sonrisa de mi madre (2002), en el que Bellocchio retrataba, a través de la mirada de Sergio Castellitto, como un hijo se enfrentaba al recuerdo de una madre y a sus propias convicciones morales. Bellocchio filma una película desestructura que viaja en el tiempo en continuos saltos en el tiempo, tanto en el paso como en la época actual, un tiempo que le ayuda a retratar esa Italia de finales de los 60 hasta nuestros días, con sus continuos cambios políticos, sociales y culturales, y lo hace desde una mirada crítica, explorando los detalles de la vida familiar y cotidiana, desde una perspectiva humana y sencilla, sin emitir ninguna proclama aleccionadora ni nada por el estilo, sólo observa y se deja llevar por esa mirada de observador impecable y crítico que recorre toda su filmografía.
El cineasta italiano retrata a un hombre roto, demolido y angustiado por aquella pérdida, su madre se ha convertido en ese espectro que ha ensombrecido su existencia (como sucedía en Sangue del mio sangue (2015), en la que Bellocchio nos introducía en una sutil y escabrosa historia de fantasmas) una vida de escritor de éxito, pero que le ha llevado a lidiar con la muerte y la dificultad, como reportero de guerra, y le ha apartado de una vida feliz. Bellocchio nos cuenta su drama de forma pausada, en la que la música tiene un importancia ejemplar, ya en su arranque, asistimos a un baile improvisado, torpe y desenfadado, entre la madre y el hijo, mientras se dejan llevar por un twist, momento que tendrá su contrapunto, más adelante, cuando Massimo, treinta años después, baila el Surfin Bird (éxito de los 60) en un instante de locura y dar rienda suelta a todo lo que le ahoga, junto a Elisa, la doctora que le ayudará a mirar al pasado sin miedo y a cerrar las heridas del pasado.
El gran cierto de Bellocchio es asomarse a una drama tremendo sin caer en el maniqueísmo ni en la desmesura, sino en todo lo contrario, sabe manejar con eficacia e inteligencia todos los ingredientes del drama que atraviesa la vida de Massimo, construyendo una película admirable en su contención y sobriedad, capturando todos los detalles y dosificando de manera sobresaliente la información, en la que ayuda de manera eficaz la inmensa luz de Daniele Cirpì (que ya trabajó en Sangue del mio sangue) que recoge la luz velada de aquella Italia de los 60, con los partidos del Torino los domingos, los bailes a mediodía y las confidencias con la mamma, y la sobriedad y los claroscuros de la época actual, remarcando el recuerdo dramático que sigue en Misino. Las estupendas composiciones de Valerio Mastandrea como el Massimo, ese ángel roto que arrastra su dolor, y Bérénice Bejo, con su calidez, belleza y sensualidad será como ese ángel protector que aparece en la vida de Massimo para rescatarlo y sobre todo, escucharlo. Bellocchio ha realizado un drama impecable, de exquisito trazo que, se erige como un homenaje a la “mamma” italiana, aquella madre protectora, de carácter, sensible y pura dinamita que también encarnaron la Magnani en Roma, ciudad abierta o Mamma Roma, y la Loren en Dos mujeres, y otras tantas mujeres que han sabido escenificar ese coraje innato de las madres italianas que se han levantado y han protestado en pie sin decaer en ningún momento y fieles a los suyos.
“El boxeo es una celebración de la religión perdida de la masculinidad, tanto más contundente por estar perdida”
Yoyce Carol Oates
Nos encontramos en el verano de 1962, cuando un joven boxeador Olli Mäki, apodado “El panadero de Kokkola”, con experiencia en peleas amateur y algunas de profesional, tiene ante sí el reto de su carrera como púgil, el 17 de agosto peleará con el estadounidense Davey Moore, campeón del mundo del peso pluma. Con la compañía de su novia Raija abandona su pueblo natal situado en la campiña finlandesa para trasladarse al bullicio de la capital Helsinki donde se preparará bajo la supervisión de Elis Ask, antiguo boxeador. La puesta de largo de Juho Kuosmanen (Kokkola, Finlandia, 1979) rescata la historia real de uno de sus más ilustres vecinos, Olli Mäki, un boxeador que en aquel verano del 62 tuvo la oportunidad de convertirse en un héroe nacional, en el emblema del deporte de un país necesitado de mitos. La cinta nació a través de una experiencia personal del propio director, en las dudas y la incapacidad por materializar las expectativas creadas hacia su persona después de ganar un premio en Cannes que le invitaba a presentar su primer largo en el prestigioso certamen.
Kuosmanen ambienta su cinta en el mundo del boxeo, pero no en la parte mediática, en la que la prensa y el público ponen el foco de atención, sino en la parte humana del boxeador, en los conflictos internos de un hombre que sólo quiere estar sólo, y no pertenecer a ese mundo de luces de neón, de entrevistas, de filmaciones, publicidad y de continuo escaparate, convirtiéndose en un producto del espectáculo de masas. Olli Mäki es un tipo corriente, sencillo que, quiere boxear por el título, claro está, pero también quiere estar con Raija, la mujer de la que se ha enamorado, convirtiendo la película en una emocionante y maravillosa historia de amor entre dos jóvenes que ansían ser felices y envecejer juntos. El director finlandés ha optado por un formato clásico, ha recurrido al 16mm y el blanco y negro, un color que nos traslada a la época de los 60 y 70 y los noticiarios, en las que construye unas tomas en las que prevalece sobre todo, el rostro y los cuerpos de sus personajes, penetrando en su intimidad y cotidianidad, de un modo realista, casi documental en muchas secuencias, capturando el sentir humano que recorre las inquietudes del boxeador.
La película viaja por medio de los contrastes, del mundo rural de Kokkola, en la que la gente vive en compañía y disfrutando del entorno, como ir en bicicleta por los caminos embarrados o lanzar piedras en ondas en los lagos y reírse sin más, o volver caminando contemplando el atardecer de otro día que se va, todas esas vivencias contrastan con escaparte que bulle en la nerviosa Helsinki, donde allí, el boxeador es el centro de todas las miradas, su vida se ha convertido en un ir y venir de gentes que lo saludan, le preguntan y lo observan a cada momento, la tranquilidad, la paz y la armonía campestre han desaparecido para dejar paso a la locura de la capital, un mundo que le molesta, que le resulta ajeno, del que quiere escapar, en el que su amada se convierte en el centro de su vida, solo eso, compartir momentos con quien quiere pasar el resto de su vida, sin más éxito que la complicidad y la mirada compartida. Kuosmanen no está muy alejado de los personajes sencillos y rutinarios de Kaurismaki, con sus dudas, inquietudes y demás conflictos cotidianos, y recupera el aroma del gran cine europeo de los sesenta y setenta que hablaba de gente sencilla en lugares corrientes, y también, las sombras que estructuraban las películas de boxeo norteamericanas como Cuerpo y alma, Nadie puede vencerme, Marcado por el odio o Toro salvaje, entre muchas otras, en las que se exploran más las sombras de los púgiles, más los callejones oscuros del alma, y más las emociones del alma humana cuando todos se van y se apagan las luces.
A Cathy, una niña belga de unos 10 años, su padre le regala un huevo de pato para su cumpleaños. El destino quiere que cuando nazca el animal vea por primera vez a Margaux, una amiga discapacitada de Cathy, y de esta manera la vea como su madre. La tercera película del cineasta Olivier Ringer (Bruselas, Bélgica, 1961) después de dos anteriores trabajos enfocados también en el mundo de la infancia y sus conflictos, nos presenta un relato iniciático en la que dos niñas deberán emprender un camino llenos de aventuras cotidianas y realistas para salvar a su nuevo amigo. Ringer, que vuelve a contar en la producción con su hermano Yves, construye una historia sencilla, delicada e intimista, en la que el conflicto es pequeño, pero de dimensiones dramáticas para sus protagonistas, en la que filma a sus personajes de forma humanista, huyendo de esas historias edulcoradas en las que nos plantean aventuras demasiado fantásticas y muy alejadas de la realidad, cayendo en la condescendencia y los buenos sentimientos, aquí, no hay nada de eso, se trata y se describe a los personajes de manera realista, sin caer en el estereotipo, dotando a todos ellos de posiciones cercanas a nosotros.
Unos padres que debido a sus ajetreadas vidas, no encuentran el espacio que permita a sus hijos crecer en armonía, y siendo capaces de escuchar las necesidades de sus primogénitos, intentando zanjar los problemas de forma brusca y rápida, para así seguir con sus ocupadas vidas. Las niñas, en su pequeño mundo, harán todo lo posible e imposible, para ayudar al pequeño e indefenso animal, cuidándolo y llevándolo hasta donde haga falta, actitud que les lleva a oponerse y rebelarse a la autoridad paterna, para que su nuevo amigo tenga un destino diferente al de la granja productiva. Ringer nos cuenta su fábula de manera tranquila y reposada, sin aspavientos, apartándose de recursos efectistas y demás, su cámara sigue a sus personajes, los describe con la distancia prudencial, dejando al espectador las pertinentes conclusiones, nos habla en primera persona, sin juzgar nunca ni su historia ni lo que en ella sucede, hablándonos de temas próximos como la libertad individual, la sobreprotección de los padres, el valor de la amistad, los problemas de la discapacidad, y esas ansías de crecer y enfrentarse a tus propias problemas. Temas que son tratados de manera pedagógica, dentro de un campo humanista, en la que no hay buenos ni malos, sino circunstancias de nuestro propio destino, y la aventura más grande que podamos realizar y no es otra cosa que la de nuestra propia vida.
Ringer ha realizado una bellísima y sensible película, que se aleja de los lugares comunes de este tipo de cintas, filmando en lugares fríos y alejados del mundanal ruido, donde solamente encuentras humedales o carreteras secundarias en las que apenas pasan coches y debes esperar horas a los pocos autobuses que la atraviesan, un mundo de las afueras, un mundo no muy alejado del tratamiento de buena parte de los relatos sobre la infancia de la cinematografía francesa o belga, que la acerca al cine de los hermanos Dardenne, y que también nos recuerda a otros personajes infantiles que desafiaron la autoridad paterna para ser ellos mismos, y con la necesidad de huir para enfrentarse a sus propias vidas y sus propios problemas y de esa manera, descubrir el mundo que les rodea, con sus alegrías y tristezas, como la Dorothy de El mago de Oz, el Bruno Ricci de Ladrón de biciclietas, el Antoine Doinel de Los 400 golpes, John y Pearl Harper de La noche del cazador, los Julián o Bonnet de Adiós, muchachos, o la Ana de El espíritu de la colmena, y tantos otros, todos ellos, niños y niñas que, descubren el mundo de los adultos, un mundo con otras reglas, otros conflictos, un mundo en el que descubrirán su verdadero carácter y sobre todo, a construirse su propia vida con todo lo que eso comporta.
<p><a href=»https://vimeo.com/191500274″>AVES DE PASO Tráiler VOSE</a> from <a href=»https://vimeo.com/user14072243″>CINEYMAX.COM</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>
Nos encontramos en el Hotel Europa (localizado en el Hotel Holiday Inn de Sarajevo inaugurado para las olimpiadas de 1984) el día 28 de junio de 2014. En el hotel reina un estado de ebullición tremendo, se preparan para los fastos del 100º aniversario del asesinato en la ciudad del archiduque Francisco Fernando, heredero del Imperio Austro-húngaro en manos del nacionalista serbio-bosnio Gavrilo Pincip, que desencadenó la Primera Guerra Mundial. La acción se abre en la azotea, cuando una periodista Vedrana entrevista a expertos en la materia sobre el fatídico suceso y su importancia en la Europa de hoy en día. De ahí, pasaremos a diversos espacios del hotel donde los empleados se debaten entre la huelga y los entresijos oscuros del gerente. De esta manera, tan convulsa y guerrera, se abre el nuevo trabajo de Danis Tanovic (Zenica, Bosnia, 1969) el 7º de su carrera, una andadura que arrancó de manera brutal, cuando en 1992, mientras estudiaba, se vio sorprendido por el estadillo de la guerra de los Balcanes, y se unió a un grupo de filmación que acompañó al ejército bosnio.
La guerra y sus consecuencias en la cotidianidad del ser humano ha estructurado la filmografía de Tanovic desde su primer largometraje, En Tierra de nadie (2001) en la que planteaba un conflicto entre un soldado bosnio y serbio, y cómo actuaban de forma partidista la ONU y los periodistas, que se llevó los premios internacionales más prestigiosos, incluso participó en la película colectiva sobre el 11 de septiembre, en el 2002, en la que homenajeaba a las víctimas bosnias de Srebenica, hizo un paréntesis en el 2005 con L’enfer, en la que abordaba un drama de abusos en el seno de una familia en un guión escrito por Kieslowski, pero en el 2009, volvía con Tiger, en un conflicto bélico, ahora con dos periodistas y la guerra del Kurdistán, en Cirkus Columbia (2010) y en Baggage, un año después, colocaba el foco en los días del inicio de la guerra, en 1991, con la vuelta de un emigrado y sus éxitos, en la primera, y en la segunda, filmaba la vuelta de alguien después de la guerra. En La mujer del chatarrero (2013), galardonada en Berlín, exploraba la falta de cobertura sanitaria en una familia gitana sin recursos, tema que volvió a profundizar en Tigers (2014), pero esta vez en la India, en la que un hombre alzaba su voz contra un medicamento fraudulento.
En Hotel Europa, y tomando como referencia la obra de Bernard Henry Lévy, nos habla de una serie de personajes que en cierto modo, se mueven bajo sus intereses personales, unos oportunistas que trabajan para sí mismos. Desde la periodista, Vedrana a la caza del testimonio que ayude a subir su programa, el idealista perdido que representa Gavrilo Princip, descendiente de aquel que asesinó al archiduque en 1914, la responsable de recepción Lamija que, obedece sin plantearse nada más que su éxito personal, se verá envuelta en la huelga cuando su madre, que pertenece a esa generación activista rota por la guerra, es nombrada cabecilla de la huelga, el gerente Omer, hombre de poder sin escrúpulos, que abusa de Lamija, y recurrirá al gánster, dueño del striptease en el sótano del hotel, y sus matones, para impedir la rebelión de unos empleados que llevan meses sin cobrar. Ante este panorama de miseria moral y servidumbre, llega el vip francés, el diplomático que ensaya su discurso de conmemoración que, apenas entiende lo que pasa, ni parece interesarse mucho por su alrededor, una metáfora y ejemplo devastador de la idea que tiene la Europa de Bruselas, la del poder económico, sobre Sarajero, Bosnia, y los Balcanes.
Tanovic describe la situación política europea, pero no sólo la que vivimos diariamente, sino la de siempre, la de ayer, y si no lo remediamos, la del futuro que vendrá con la ascensión de los fascistas. Su discurso político es contundente y demoledor, no deja títere con cabeza, su cámara sigue, a través de tomas largas y en tiempo real, a sus moribundos e inquietantes personajes por los pasillos del hotel (un estilo con el aroma del Renoir de La regla del juego o el universo de Altman, y sus estupendas disecciones sobre la moral de los individuos) entrando en la recepción, en la cocina, la lavandería, el local de striptease, sumergiéndose en las entrañas de un lugar inquietante y sombrío, que tuvo mejores días, alegoría de esa Europa que aparentemente aboga por la unión y la fraternidad de todos sus pueblos, pero que en el fondo, esconde una realidad siniestra y maquiavélica en la que unos mantienen el poder, y otros obedecen sin rechistar, pagando las terribles consecuencias económicas de los que los pisotean.
“Tu padre entró en el armario cuando tú saliste de él”
El universo cinematográfico del genial Yasujiro Ozu investigó y exploró la difícil convivencia y los conflictos internos que se generan entre padres e hijos, entre la tradición y el respecto al pasado que representan los mayores, en contraposición, con la modernidad y los nuevos valores de los jóvenes. La primera película de Sophia Luvarà (Regio de Calabria, Italia, 1982) camina por los mismos parámetros, colocando el foco en la China actual, ese país en plena expansión económica y tecnológica, que en cambio, sigue arraigada en fuertes tradiciones que siguen manteniéndose del pasado, como ciertos valores familiares en el que casarse y tener hijos se entiende como una forma de respeto hacia los padres. Luvarà se cansó de trabajar en un laboratorio y se marchó a Londres para realizar documentales, sus trabajos cortos los dedicó a la mafia calabresa en The great mafia orange squeeze (2011), y en el mismo año, Road to Fueridis, en la que filmaba a un grupo de mujeres musulmanas y judías en su propósito de hacer una película.
En Dentro del armario, sigue las vidas de Cherry, una lesbiana casada, pero hostigada por sus padres para que tenga descendencia, por la vía de adopción, que destapa una cruda realidad de la miseria que se oculta (vientres de alquiler, niños robados de hospitales, etc…) y la vida de Andy, homosexual, que acaba de salir del armario, pero su padre le obliga a contraer matrimonio y tener hijos. Luvarà los filma en la intimidad, y desde la cercanía, aquí no hay estridencias ni sensiblería, sino todo lo contrario, la crudeza de las situaciones que viven tanto uno como otro, son tratadas de forma sencilla y honesta, capturando esos instantes de cercanía en sus quehaceres cotidianos, sobre todo, mientras preparan la comida o comen, una tradición en la vida asiática: las citas para preparar el posible matrimonio, las visitas a los padres y todo lo que les separa, y esos momentos en la soledad del piso, en el que explican sus sentimientos y miedos. La cineasta calabresa ha construido una película en primera persona, que nos susurra en la oreja, sobre el colectivo gay y las consecuencias que la condición sexual tiene en China, que no la prohíbe, pero en cierto modo la estigmatiza y la desplaza del orden familiar, porque choca fuertemente contra la tradición de unos padres que no acaban de aceptar la condición natural de sus hijos, unos hijos que, debido al respeto que guardan a sus progenitores, tratan de contentarles, aunque eso signifique un sinfín de problemas, tanto emocionales como físicos.
Cherry y Andy, sólo son las caras visibles de otros millones, dos existencias que explican sin tapujos ni vericuetos sus vidas, y lo hacen de manera abierta, sin pretender ser lo que no son, ni aparentar otra cosa, en cierta manera, el cine hace aquí un función ejemplar y maravillosa, la película de Luvarà actúa como espejo acogedor y amigo, porque filma y escucha a unas personas que en su cotidianidad y sobre todo, frente a sus padres, deben aparentar lo que no son, aquello que va en contra de su decisión, y sobre todo, de sus vidas, unas vidas que ellos han decidido que sean de una manera, y no como la desean otros, por muy padres que sean, resulta especialmente conmovedor el instante en que Andy dialoga con una madre de un asociación que apoya a los padres e hijos de la comunidad gay, en los que se ayuda a aceptar a los hijos, independientemente de su condición sexual, para así construir nuevos caminos de comprensión y respeto para que la convivencia entre padres e hijos sea sincera y abierta, para que los mayores acepten a sus hijos y los hijos sean aceptados.
Encuentro con la actriz y directora Maria de Medeiros con motivo de la presentación del ciclo «Maria de Medeiros, el somriure més dolç», dedicado a su obra, junto a Esteve Riambau, director de la Filmoteca de Catalunya. El acto tuvo lugar el martes 10 de enero de 2017 en la Cafetería La Monroe de la Filmoteca de Catalunya en Barcelona.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Maria de Medeiros, por su tiempo, conocimiento, y cariño, a Pilar Garcia de Prensa de la Filmoteca, y a Ainhoa Pernaute y Sandra Ejarque de Vasaver, por su generosidad, paciencia, amabilidad y cariño.