Hotel Europa, de Danis Tanovic

cartel-hotel-europa-hdEUROPA, AYER, HOY Y SIEMPRE

Nos encontramos en el Hotel Europa (localizado en el Hotel Holiday Inn de Sarajevo inaugurado para las olimpiadas de 1984) el día 28 de junio de 2014. En el hotel reina un estado de ebullición tremendo, se preparan para los fastos del 100º aniversario del asesinato en la ciudad del archiduque Francisco Fernando, heredero del Imperio Austro-húngaro en manos del nacionalista serbio-bosnio Gavrilo Pincip, que desencadenó la Primera Guerra Mundial. La acción se abre en la azotea, cuando una periodista Vedrana entrevista a expertos en la materia sobre el fatídico suceso y su importancia en la Europa de hoy en día. De ahí, pasaremos a diversos espacios del hotel donde los empleados se debaten entre la huelga y los entresijos oscuros del gerente. De esta manera, tan convulsa y guerrera, se abre el nuevo trabajo de Danis Tanovic (Zenica, Bosnia, 1969) el 7º de su carrera, una andadura que arrancó de manera brutal, cuando en 1992, mientras estudiaba, se vio sorprendido por el estadillo de la guerra de los Balcanes, y se unió a un grupo de filmación que acompañó al ejército bosnio.

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La guerra y sus consecuencias en la cotidianidad del ser humano ha estructurado la filmografía de Tanovic desde su primer largometraje, En Tierra de nadie (2001) en la que planteaba un conflicto entre un soldado bosnio y serbio, y cómo actuaban de forma partidista la ONU y los periodistas, que se llevó los premios internacionales más prestigiosos, incluso participó en la película colectiva sobre el 11 de septiembre, en el 2002, en la que homenajeaba a las víctimas bosnias de Srebenica, hizo un paréntesis en el 2005 con L’enfer, en la que abordaba un drama de abusos en el seno de una familia en un guión escrito por Kieslowski, pero en el 2009, volvía con Tiger, en un conflicto bélico, ahora con dos periodistas y la guerra del Kurdistán, en Cirkus Columbia (2010) y en Baggage, un año después, colocaba el foco en los días del inicio de la guerra, en 1991, con la vuelta de un emigrado y sus éxitos, en la primera, y en la segunda, filmaba la vuelta de alguien después de la guerra. En La mujer del chatarrero (2013), galardonada en Berlín, exploraba la falta de cobertura sanitaria en una familia gitana sin recursos, tema que volvió a profundizar en Tigers (2014), pero esta vez en la India, en la que un hombre alzaba su voz contra un medicamento fraudulento.

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En Hotel Europa, y tomando como referencia la obra de Bernard Henry Lévy, nos habla de una serie de personajes que en cierto modo, se mueven bajo sus intereses personales, unos oportunistas que trabajan para sí mismos. Desde la periodista, Vedrana a la caza del testimonio que ayude a subir su programa, el idealista perdido que representa Gavrilo Princip, descendiente de aquel que asesinó al archiduque en 1914, la responsable de recepción Lamija que, obedece sin plantearse nada más que su éxito personal, se verá envuelta en la huelga cuando su madre, que pertenece a esa generación activista rota por la guerra, es nombrada cabecilla de la huelga, el gerente Omer, hombre de poder sin escrúpulos, que abusa de Lamija, y recurrirá al gánster, dueño del striptease en el sótano del hotel, y sus matones, para impedir la rebelión de unos empleados que llevan meses sin cobrar. Ante este panorama de miseria moral y servidumbre, llega el vip francés, el diplomático que ensaya su discurso de conmemoración que, apenas entiende lo que pasa, ni parece interesarse mucho por su alrededor, una metáfora y ejemplo devastador de la idea que tiene la Europa de Bruselas, la del poder económico, sobre Sarajero, Bosnia, y los Balcanes.

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Tanovic describe la situación política europea, pero no sólo la que vivimos diariamente, sino la de siempre, la de ayer, y si no lo remediamos, la del futuro que vendrá con la ascensión de los fascistas. Su discurso político es contundente y demoledor, no deja títere con cabeza, su cámara sigue, a través de tomas largas y en tiempo real, a sus moribundos e inquietantes personajes por los pasillos del hotel (un estilo con el aroma del Renoir de La regla del juego o el universo de Altman, y sus estupendas disecciones sobre la moral de los individuos) entrando en la recepción, en la cocina, la lavandería, el local de striptease, sumergiéndose en las entrañas de un lugar inquietante y sombrío, que tuvo mejores días, alegoría de esa Europa que aparentemente aboga por la unión y la fraternidad de todos sus pueblos, pero que en el fondo, esconde una realidad siniestra y maquiavélica en la que unos mantienen el poder, y otros obedecen sin rechistar, pagando las terribles consecuencias económicas de los que los pisotean.

Un día perfecto, de Fernando León de Aranoa

a-perfect-day-2015-cartel-1UN CADÁVER EN EL FONDO DE UN POZO

Fernando León de Aranoa (Madrid, 1968) llevaba cinco años sin dirigir, su última película Amador, data de 2010. Entre medias, había publicado Aquí yacen dragones, un libro de relatos, escritos en las pausas de rodajes, festivales… Ahora se enfrenta a un reto mayúsculo en su carrera como director. Un día perfecto es una película que escenifica un cambio en su filmografía, es la primera que toma un texto ajeno, la novela Dejarse llover, de Paula Farias, como materia prima para elaborar su guión, que en sus ficciones siempre había nacido de una idea propia. También, otro dato significativo, es la primera película que rueda en otro idioma, el inglés, mayoritario en la cinta, aunque durante el metraje conviven otras lenguas, como el bosnio, español, ucraniano y francés, y finalmente, el primer de sus trabajos que recrea un contexto histórico, el de los Balcanes de 1995. Una empresa a priori difícil, pero el buen hacer de León de Aranoa resuelve todos los conflictos cinematográficos, con la inestimable ayuda de un poderoso diseño de producción, un plantel de actores internacionales de primerísimo nivel y la luz apagada y contrastada del genial Alex Catalán. Sus criaturas también se enfrentan a situaciones adversas y jodidas que intentan sacar a flote o al menos lo intentan, en el campo de batalla que les ha tocado lidiar.

El cineasta madrileño ya había tenido contacto con la zona bélica que retrata en su película, fue en febrero de 1995, cuando viajó a la guerra de Bosnia y registró el trabajo de unos cooperantes humanitarios. La película, aunque pueda parecer ajena al mundo de León de Aranoa, sigue la misma línea que arrancase hace ya casi dos décadas con aquella deliciosa tragicomedia que fue Familia, a la que siguieron Barrio, donde unos chicos se aburrían en un verano que no parecía tal, con Los lunes al sol, llegó el reconocimiento de crítica (Concha de Oro en el Festival de San Sebastián) y público, donde retrataba la desesperación y el hastío que sufrían unos parados de los astilleros de Vigo, siguió con Princesas, la cotidianidad de un par de putas que arrastraban demasiadas cosas, y Amador, la soledad de la tercera edad que convivía con una inmigración que resistía como podía. Amén de sus trabajos documentales, donde siempre se ha preocupado por las injusticias y los más débiles. En Buenas noches, Uoma, que filmó como pieza para la película Invisibles, ya retrataba una situación de conflicto bélico donde unos niños encontraban refugio durante la noche para no ser secuestrados. Ahora, en su última película, se centra en cuatro personas, cuatro cooperantes, dos tipos cansados y hastiados de todo lo que les envuelve, Mambrú, el responsable del equipo, B, el que siempre anda por ahí, y las mujeres, Sophie, francesa y luchadora incansable que todavía cree en las causas perdidas, y finalmente, Katya, ucraniana, la cooperante que viene a burocratizar todo y a rendir cuentas sentimentales con Mambrú. León de Aranoa nos sumerge en algún lugar de los Balcanes, durante una jornada de 1995, en un contexto de conversaciones de paz, aunque los trabajadores humanitarios todavía se enfrentan a situaciones de gran riesgo. Todo arranca con un cadáver en el fondo de un pozo, guerra silenciosa y bacteriológica que contamina el agua y deja sin suministro a los habitantes de la zona. Los cooperantes se centran en la difícil y compleja misión de sacar el muerto.

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León de Aranoa nos lleva por caminos y carreteras laberínticas (filmadas en Granada) que con la excusa de conseguir una cuerda, nos muestra la sinrazón de la guerra, de cualquier guerra, la tensión, desesperación y soledad que se dibuja en los paisajes y escenarios de lo que ha sido la contienda, en las trampas de los caballos muertos, que esconden minas esparcidas por todo el espacio, restos de la guerra que todavía respiran y se niegan a desaparecer, o esos cascos azules, que en ocasiones parecen del mismo bando y en otras no tanto, y los que se empeñan en seguir la guerra, y en los maléficos y desencajados rostros de las personas que se van encontrando, que han perdido todo y a todos, como ese niño que sueña con algo que no podrá ser (un personaje habitual en el cine del realizador, seres que se agarran a ilusiones, para tirar pa’lante). Una mezcla de road movie y western, a ritmo de punk-rock, donde se critica con dureza las marañas y estupideces burocráticas, con personajes a la deriva, algunos ni saben cuánto tiempo les queda en esa tierra, otros ya piensan en la próxima misión, y los pocos, les agazapa el miedo de volver a casa y enfrentarse a la cotidianidad de sus vidas (como le ocurría a uno de los personaje de En tierra hostil). Película que hereda el aroma y el enfoque de En tierra de nadie, que al igual que esta, ahondaba en el conflicto que se desataba por un problema que aparentemente parecía sencillo. Se muestra un dolor sangrante y durísimo, aunque León de Aranoa, con su habitual humor, lo hace más llevadero, ese humor negro, despiadado y perspicaz que utilizan los cooperantes, quizás ellos son los únicos que lo pueden permitir, un humor que les ayuda a tomar distancia para convivir con esa miseria física y moral, unos elementos que hacen de la cinta una obra seria y contundente, donde la honestidad es un concepto que se agradece, no da lecciones de nada, ni quiere servir como la obra definitiva antibelicista, no hay nada de eso, León de Aranoa, se centra en sus personajes, sus relaciones, sus miedos, nos muestra a unos seres humanos que hacen lo que pueden, que aciertan y también se equivocan, no son héroes, más bien perdedores, como todos, en el sinsentido de la guerra.