DOCSBARCELONA 2019.

El pasado 25 de mayo, después de diez intensos de cine, se cerraba la XXII edición del DOCSBARCELONA. Festival Internacional de Cinema Documental. Adoptando el título de MIRADAS INQUIETAS, el festival arrancó con los encuentros profesionales que albergó el mercado, un espacio de debate y conocimiento en el que los proyectos llegan cargados de ilusión en busca de la ansiada financiación. También, hubo encuentros con cineastas, y masterclass, en las que se habló largo y tendido del estado actual del cine documental, sus formas de financiación, y sus temáticas, que siguen caminando hacía la denuncia social y los conflictos humanos, y el análisis de un mundo muy capitalizado, injusto y deshumanizado. El miércoles 15 de mayo con la película Aquarela, de Victor Kossakovsky, quedaron inauguradas las proyecciones cinematográficas que se llevaron a cabo en los lugares acostumbrados, las cinco salas de los Aribau Multicines, y en el auditori y teatre CCCB. Díez días intensos de cine, en las que se contó con innumerable presencias de los directores de las películas programadas, en las que se dialogó y debatió con un público entusiasmado que llenó las salas y participó en un festival que se ha consolidado como un referente sólido y necesario en el panorama del documental. El domingo se cerró el certamen con la entrega de premios, los diferentes jurados formados entre otros, por destacados cineastas y profesionales del campo documental como Montse Armengou, Carolina Astudillo, Diana Toucedo, Denis Delestrac, etc. Hicieron públicos sus veredictos. El máximo galardón recayó en la película Honeyland, de Tamara Kotveska y Ljubomir Stefanov, también, hubo mención especial del jurado a Chris the Swiss, de Anja Kofmel, el premio Nou Talent, recayó en la película In Search, de Beryl Magoko, el premio Latitud se lo llevó Cahada, de Marlén Viñayo. El premio What the Doc recayó en Lapü, de Juan Pablo Polanco y César Alejandro Jaimes. El premio Jurat Jove Reteena fue a parar a Push, de Fredrik Gertten, y finalmente, el premio Amnistia Internacional de Cataluña a Me llamo Violeta, de Marc Parramón y David Fernández de Castro, que también se llevó el premio del público.

Mi camino por el festival arrancó con la película inaugural AQUARELA, de Victor Kossakovsky. El prestigioso cineasta ruso nos propone una viaje hipnótico y fascinante por el agua, en sus múltiples formas, texturas y estados, siguiendo su curso, observándola en su ambiente salvaje y natural, moviéndonos por encima y debajo de su superficie, por dentro y por fuera, mirándola desde múltiples puntos de vista y sintiéndola desde lo más profundo, en un viaje planetario que nos lleva desde los bloques de hielo del interior de Rusia, la irrupción devastadora del huracán “Irma”, o la “Caída del Ángel” en Venezuela, en que el agua se presenta libre y sin ataduras, en sus inabarcables capas y sonidos, y luego, en su encuentro con lo humano con consecuencias terribles. Un documento excepcional que huye de los diálogos, y filma el bien más preciado del planeta en todos sus estados y sus formas, fusionando su majestuosa belleza y su ira, descubriéndonos sus elementos y su interior filmado a 96 fotogramas por segundo para admirar y conocer sus entrañas y todo su esplendor. Seguí con la Sección Oficial LATITUD con la película CACHADA, de Marlén Viñayo. La directora leonesa debuta en el largometraje con una historia sencilla, profunda y reveladora, filmando a un grupo de mujeres de El Salvador, vendedoras ambulantes metidas a hacer teatro para explicar su pasado en el que fueron víctimas de la violencia machista, intrínseca en la sociedad salvadoreña. La película nos muestra la intimidad y la cotidianidad de los ensayos de la obra y los hogares de estas mujeres que se muestran sencillas y honestas,  el proceso interior que experimentan para enfrentarse a su pasado y la forma que cómo lo llevan a cabo, desnudándose tanto física como emocionalmente ante la cámara, hablándonos sin tapujos ni condescendencia de los males de su pasado, exponiéndonos todo el dolor que acarrean y explicándonos el poder creativo como magnífica medio para curar los males del alma.

FLOW, de Nicolás Molina. El director de Los castores, vuelve al festival para sumergirnos en un viaje profundo y magnético por los ríos Ganges de la India y el BioBío de Chile, desde sus nacimientos en las montañas hasta su paso por las ciudades y los distintos lugares de su curso, filmando con pausa y detenimiento todo aquello que se produce, en un proceso espiritual y onírico, capturando todos los seres humanos que viven a su alrededor y todas sus cotidianidades y reflexiones acerca del río y la vida, en un documento excepcional donde el río y el agua adquieren connotaciones mágicas y muy íntimas en su relación con las personas y todo lo que conlleva, en una experiencia mística donde tanto un río como el otro acaban confundiéndose en el relato y nos van guiando por un caleidoscopio inmenso de rostros, miradas, culturas y sociedades diversas, diferentes e iguales. CITY FOR SALE, de Laura Álvarez. El primer largometraje de la directora catalana es un retrato humano e íntimo sobre cuatro familias de Barcelona que sufren las terribles consecuencias de la turistificación y la gentrificación. La cámara filma con esmero y honestidad sus vidas, sus cotidianidades enfrentadas a los problemas con sus caseros para mantener sus viviendas y todo el proceso de acoso que reciben, como se organizan y protestan contra estos problemas. La película huye del manierismo y del posicionamiento ideológico para centrarse en el valor humano, en la necesidad humana de una vida digna y tranquila, frente a los especuladores inmobiliarios, centrándose en la vida vecinal, en el cómo era y cómo es ahora,  explicando en detalle un problema que sufren los vecinos de las ciudades donde el turismo se ha convertido no sólo en un problema social, sino también, político y económico.

Cerré la Sección con la propuesta de OPERACIÓ GLOBUS, de Ariadna Seuba Serra. La puesta de largo de la directora natural de Vic, arranca con una historia sucedida 40 años atrás, cuando un grupo de amigos se lanzó a dar la vuelta al mundo con el patrocinio de la marca “Pegaso” que les cedió uno de sus camiones. Mientras vemos algunas imágenes de aquel viaje que no fue como era de esperar, seguimos otra aventura, de nuestros días, cuando uno de aquellos intrigantes, Jou, vuelve a Sudamérica para encontrar el camión que tuvo que dejar hace cuatro décadas. El relato nos muestra las dos aventuras, una protagonizada por unos amigos ávidos de aventuras, conocimiento y experimentación, y otra, la actual, donde Jou, un hombre singular y diferente, busca su “Dorado” o lo que queda de él, rememorando aquel viaje o todo lo que aquel viaje lo cambió y lo transformó. En la Sección Oficial PANORAMA, arranqué con la película THE ANCIENT WOODS, de Mindaugas Survila. El cineasta y biólogo lituano nos sumerge en un documento excepcional y conmovedor, adentrándonos en un bosque ancestral, con su tiempo, ritmos y habitantes, desde los microorganismos más insignificantes hasta lo más inmenso, en una obra sencilla y honesta, que huye de la voz en off y los diálogos, para construir un relato inmenso y pequeño a la vez, donde el tratamiento del sonido acaba por trasladarnos a un espacio sensorial, donde le tiempo desparece y al contemplación del universo del bosque se convierte en una experiencia fascinante e hipnótica, donde las cosas adquieren un valor tremendo, donde todo tiene su gran valor y al vida adquiere connotaciones espirituales, ya sean insignificantes o grandes, done los accidentes del tiempo van conduciéndonos por este universo próximo y alejado a la vez, en un proceso donde la mirada vuelve a mirar, como si mirase por primera vez, descubriendo el inmenso placer de mirar sin tiempo, alejado de todos y todo.

CHRIS THE SWISS, de Anja Kofmel. La directora suiza nos traslada veinte años atrás, en los inicios de la Guerra de Yugoslavia, recorriendo el trayecto que hizo su primo, un periodista suizo que acabó asesinado perteneciendo a un grupo de mercenarios armado nacionalista y ultra católico. La película construye un relato en el que Kofmel vuelve al lugar de los hechos, escuchamos las anotaciones del diario del periodista fallecido, los testimonios de sus familiares, ex compañeros y demás testigos que se cruzaron con él malogrado periodista, ofreciendo una visión fragmentada de la identidad del periodista muerto, incluso la película recrea mediante animación momentos del periplo vital y profesional del periodista, así como sus últimos momentos de vida. Una película que nos habla de aventureros inconscientes, nacionalismos, familia, y procesos de vida de antes y ahora. COLD CASE HAMMARSKJÖLD, de Mads Brügger. Partiendo del accidente de avión que acabó con la vida de Dag Hammarskjöld, secretario de la ONU, en 1961 en Ndola (Zambia) el cineasta e investigador danés nos lleva por diversos lugares de África para contarnos un inmenso y complejo entramado que va desde las teorías conspiratorias, misiones secretas, intereses económicos y colonialismo de ayer y hoy, donde escucharemos a expertos, ex espías, activistas e investigadores que intentan darnos algo de luz a tantos secretos ocultos y desconocidos, como practicas donde multinacionales utilizaban a la población africana para extender el Sida o experimentar con medicamentos prohibidos o en proceso de fabricación. Un documento excepcional y necesario, no exento de humor, en el que se habla de política, economía, sociedad y sobre todo, de almas humanas, creando un complejo relato, donde todo desemboca en oscuras artimañas del poder político.

SOLES NEGROS, de Julien Elie. El cineasta canadiense vuelve a adentrarse en una zona de violencia como en sus anteriores trabajos, construyendo una película política y humanista, en un expresivo blanco y negro, un alegato contundente y honesto relato sobre la violencia en México, a través de varios familiares de víctimas y desaparecidos, activistas, periodistas y abogados que trabajan incansablemente para que todos estos asesinatos no queden impunes, y viajando a los lugares más oscuros y siniestros de las zonas rurales donde se ha desatado una violencia y corrupción estatal endémica que ha logrado construir una sociedad que tiene que ocultarse y llena de dolor y miedo. Los 154 minutos de metraje consiguen implicarnos y mantenernos atentos a todo lo que muestra, tanto el lado humanista como el mal que acecha a sus habitantes, poniendo cara y ojos a aquellos que no callan, a esa memoria silenciada que lucha por los derechos humanos de aquellos que no están, de los que desaparecieron o simplemente fueron asesinados, en una sociedad la mexicana abocada al silencio y el olvido. WHEN TOMATOES MET WAGNER, de Marianna Economou. Un documento interesante e íntimo sobre cómo revelarse ante la tremenda crisis que asoló Europa, y más concretamente en Grecia, en el que la directora helena se traslada a una pequeña zona rural donde dos primos acompañados de la sabiduría de las abuelas del lugar, consiguen cultivar tomates orgánicos y producir conservas que comercializan por todo el mundo, creando así una red cooperativa que ha ayudado a las familias del pueblo salir adelante y tener una vida digna. El relato nos habla de familia, hermandad y amistad, de ayudarse, de generar un cooperativismo entre todos y cada uno para lograr vivir de los tomates, con la peculiaridad que les ponen música clásica como Wagner y otros para que se desarrollen más bonitos, suaves y sabrosos.

De las Sesiones Especiales vi la película CITIZEN EUROPE, de Angeliki Aristomenopoulou, Andreas Apostolidis. Un documento sincero y próximo que mira a Europa y al programa Erasmus, a través de cinco jóvenes estudiantes que participaron en el programa en 1987, reflexionan sobre la participación del programa, la convivencia en el extranjero y todo aquello que les ha aportado en sus vidas. También, se le da voz a expertos, periodistas y pensadores sobre los cambios en Europa, con la crisis económica, la entrada de refugiados y las cuestiones que han debilitado el proyecto europeo. Así como estudiantes  que han vivido y estudiado en países con otros ritmos y sociedades en la actualidad, y todo lo que han sentido y experimentado, poniendo en debate el programa Erasmus actual, su supervivencia y estructura. Y finalmente, me acerqué a la clausura del festival, la película EL PEPE, UNA VIDA SUPREMA, de Emir Kusturica. El cineasta serbio, como hiciera con la figura de Maradona, vuelve a retratarnos de manera sencilla y sincera, la figura del ex guerrillero y político uruguayo Pepe Múgica, a través de su entorno doméstico, su huerto y sus sitios de costumbre. Partiendo de su último día como presidente de la república, Kusturica recorre desde la intimidad, la honestidad y el humanismo de un hombre común y transparente haciendo un recorrido de su vida, de aquellos oscuros de la dictadura cuando era un militante en la clandestinidad, sus años en prisión, su resistencia al capitalismo, su militancia política, sus años de presidente, y sobre todo, una obra donde escuchamos la sabiduría y la inteligencia de alguien corriente, alguien sencilla, alguien del pueblo, alguien con quién tomar mate mientras vemos las hortalizas en su huerto, y el sol del atardecer va bañando la vida de las personas corrientes y de la tierra, sin más deseos que una vida sencilla y llena de amor con los suyos y su entorno.

Hasta aquí mi camino por el festival, un viaje que empezó cargado de ilusión y entusiasmo, y acabó de la mejor de las maneras, lleno de emoción desbordante, convencido de haber asistido no sólo a una fiesta del cine documental, sino también a una emocionante y muy agradable reunión de amigos, llena de interesantes propuestas que nos hacen la vida mejor y sobre todo, nos muestran realidades inquietas, arraigadas, doloridas, reivindicativas, amargas, feministas, cotidianas, ocultas y silenciadas por unos medios dominados por el capital, y conocer esas realidades nos aleja de la comodidad capitalista, y nos agita, nos despierta y nos devuelve la mirada del otro, llenándonos de sentimientos que nos hacen sentirnos más llenos de vida y algo más felices. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

El amor y la muerte, de Arantxa Aguirre

GRANADOS Y SU TIEMPO.

“¿Qué es lo que ha interpretado usted, don Enrique? No podría explicarlo…: ese jardín, esas flores, su aroma, el perfume de los naranjos, la paz de los jazmines, el cielo de tonalidades rojizas, el momento… ¡Eso toco!”

Un mar en calma con su sonido apacible y emocionante nos recibe en los primeros minutos del arranque de la película, un mar parecido nos despedirá, un mar que engulló una fatídica tarde de un 24 de marzo de 1916 al pianista y compositor Enrique Granados (1867-1916). El nuevo trabajo de Arantxa Aguirre (Madrid, 1965) vuelve a tener la música como su motor principal, centrándose en la figura de uno de los compositores más importantes de la historia de la música, siguiendo cronológicamente su vida desde su nacimiento en Lleida hasta aquel trágico día en el Canal de la Mancha. El universo de Aguirre tiene mucho que ver con la música y la danza, como dejaba patente en su anterior trabajo Dancing Beethoven (2016) en el que planteaba una película que recogía los ensayos de la Compañía Maurice Béjart (que ya había retratado en El esfuerzo y el ánimo) con la novena sinfonía de Beethoven, así como las relaciones personales y humanas de sus componentes.

Ahora, y recogiendo el testigo que supuso el trabajo de Una Rosa para Soler (2009) donde recuperaban la biografía y el legado de un músico clérigo del siglo XVIII, y con la compañía nuevamente de la pianista Rosa Torres-Pardo (en labores de producción y pianista) nos invitan a un viaje a aquel siglo XIX para seguir las andanzas y desventuras de Enrique Granados, de sus años mozos pasando penurias económicas que lo llevaron a tocar en un café, o aquel viaje a París de veinteañero que le hizo conocer la bohemia, su amor con Amparo y sus seis hijos, o esos tiempos en Madrid de desconsuelo y tristeza, o la vuelta a Barcelona y los años de prestigio después de “Las Goyescas” (1911) y el viaje a Nueva York y estrenar en el Metropolitan y conseguir un gran éxito, amén de sus amistades fieles y entregadas con Albéniz, Falla, Casals, Apel.les Mestres, con el que trabajó en diversas operetas, y su profesor Felip Pedrell, y sus años de reconocimiento y la apertura de su Academia musical.

Toda su vida y los hechos más significativos son narrados con especial sensibilidad y delicadeza por Aguirre, haciendo un magnífico trabajo de archivo en el que nos muestran fotografías, y nos van leyendo las cartas y textos en voz de intérpretes como Jordi Mollà que ofrece la voz a Granados, o Emma Suárez que hace lo propio con Amparo, la mujer del compositor, o las pinturas de Goya, Rusiñol, Casas, Fortuny o Monet, entre otros, junto a las maravillosas ilustraciones de Ana Juan, con animación, del mar o el humo, y los sonidos ambientales, para contrarrestar la falta de imágenes que se conservan del músico, en el que escucharemos constantemente su música, sus delicadas y absorbentes composiciones como las “Danzas españolas” o los valses, o las citadas “Goyescas”, interpretadas por la pianista Rosa Torres-Pardo en solitario, o con un quinteto, o con el cantaor Árcangel, y otros pianistas con el acompañamiento de la cantaora Rocío Márquez, o el arte de Juan Manuel Cañizares en la guitarra, , incluso veremos el ballet de Maurice Béjart a ritmo de la “Danza oriental”, o la bailaora Patricia Guerrero al compás de la “Danza de los ojos verdes”, y muchos más, que interpretarán el maravilloso legado musical de Granados, devolviéndolo a la vida a través de su arte, de sus composiciones y su existencia.

Aguirre ha creado una pieza de cámara maravillosa, una fantasía romántica, contribuyendo a ese aire poético y trágico que tuvo la vida, la música y la muerte de Granados, en un trabajo primoroso de una cineasta que crea magia y fantasía con lo cotidiano y cercano, envolviéndonos en esa proximidad hacia el músico, penetrando en su vida, y sobre todo, en su alma, en aquello más profundo y oscuro de su condición humana, narrándonos con suma delicadeza todas las alegrías y tristezas que conmovieron al músico, sus penurias, frustraciones, decepciones o su amor Amparo y sus hijos, todas las huellas alejadas y próximas que siguen latiendo del músico, construyendo una figura brillante pero humana, con sus reflexiones y dudas, sus abatimientos y risas, con sus miedos y tristezas, y narrando con maestría aquel tiempo modernista de finales del XIX y los nuevos tiempos que parecían venir con el nuevo siglo XX, que truncó estrepitosamente la 1ª Guerra Mundial, y fatalmente, se llevó la vida de uno de los grandes compositores de la historia, porque aquellos miedos que explicaba en vida acerca de los viajes pro mar, acabaron siendo ciertos, ya que fue el mar el que finalmente se llevó a él y su querida esposa, ese mar que le tenía preparado ese trágico final. Aunque, como cuenta la película, a modo de cuento, su legado continúa muy vigente en nuestro tiempo, un tiempo que para Granados y su música, siempre seguirá latiendo y muy vivo.

 

Entrevista a Arturo Menor

Entrevista a Arturo Menor, director de la película «Barbacana, la huella del lobo». El encuentro tuvo lugar el miércoles 19 de sepetiembre de 2018 en el hall de los Cines Verdi Park en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Arturo Menor, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

Barbacana, la huella del lobo, de Arturo Menor

LOS PAISAJES DEL LOBO.

Cinco lobitos tiene la loba,
cinco lobitos, detrás de la escoba.
Cinco lobitos, cinco parió,
cinco críó, y a los cinco,
a los cinco tetita les dió.

El biólogo y cineasta talaverano Arturo Menor es un apasionado de la naturaleza y todo lo que le rodea, tanto a nivel natural como social, ya había demostrado esta pasión en muchos de sus trabajos para la Universidad de Huelva y otros medios, como lo hizo con su primer largometraje WildMed, el último bosque mediterráneo (2014) en el que mostraba la diversidad y belleza de la cordillera de Sierra Morena, en el que filmaba todos sus espacios, colores y aromas, y sus habitantes, donde coexisten especies como el lince ibérico, el águila imperial y el lobo. El éxito de crítica, tanto a nivel nacional como internacional, le ha animado a emprender un nuevo reto, filmar el lobo en su hábitat natural, en las montañas donde habita esta especie controvertida, un animal que desde tiempos inmemoriales ha mantenido una lucha contra el hombre, en un rodaje que abarcó tres años de trabajo.

La película arranca en Sierra Morena, y después, nos llevarán a la cordillera cantábrica, como si Menor y su equipo fuesen rastreadores que siguen la estela del lobo, en el que la cinta nos muestra todos los movimientos y actividades que se realizan para llamar la atención del lobo, asesorados por pastores y habitantes de las zonas que pisan. La película se teje a través de tres caminos. Por un lado, tenemos a su director y su equipo construyendo la experiencia y el trabajo cinematográfico, la parte técnica, y asistimos a su espera, mientras la voz del narrador nos va describiendo minuciosamente aquello que no vemos, o desconocemos, aquello que las imágenes no muestran, la extensa diversidad de los bosques, montes y campos ibéricos, y toda su vegetación y fauna salvaje y animal, desde aves, herbívoros, y los lobos, por un lado, y por el otro, el hombre, esos últimos pastores o los que todavía resisten, trashumando con sus ganados con la ayuda de sus perros mastines.

Por otro lado, la película consigue filmar a los lobos, una difícil tarea que requiere esfuerzo, mucho trabajo, enorme paciencia y unos equipos de filmación de alta tecnología, en el que observamos a los lobeznos recién nacidos, su madre y la evolución del clan familiar, sus disputas, sus estrategias de cazas y sus movimientos, y todo su desarrollo por las diversas estaciones del año. Y por último, la película nos habla de la situación del lobo, donde escuchamos a pastores y ganaderos que nos explican su relación con el lobo, donde descubrimos que el lobo ayuda a mantener la vegetación que ayudará a alimentar al ganado cuando suban a las altas montañas, cazando a los herbívoros, y de esa manera, manteniendo los ecosistemas. Tres ejes que se funden entre sí, mezclándose y adquiriendo un sentido conservacionista, no sólo del lobo, una especie en constante peligro, sino de la actividad ganadera y la diversidad de los ecosistemas ibéricos y su futuro, descubriéndonos una realidad social que difiere en muchas ocasiones con las ideas prejuiciosas hacia el lobo.

Una película que vuelve a mirar a nuestros montes y bosques, acercándonos todo su mundo que, como han hecho otros cineastas, aunque todavía muy escasos, que en los últimos años, han devuelto el documental de naturaleza a nuestros cines, siguiendo la estela del gran divulgador científico Félix Rodríguez de la Fuente, en los que se han sumado nombres como el del propio Menor, Joaquín Gutiérrez Acha, con sus trabajos como Guadalquivir o Cantábrico, o el más reciente de José Díaz y 100 días de soledad, trabajos de gran factura técnica que abordan la naturaleza desde el conservacionismo y la observación de toda su diversidad, belleza y naturalidad. El cineasta talaverano vuelve a sumergirnos en un relato de grandísima belleza, en el que ha contado con un gran esfuerzo técnico, donde se ha contado con un nutrido grupo de los mejores técnicos del país como Alvaro de armiñan, en guión y ayudante de dirección, los músicos Javier Arnanz y Jorge Marín, con la colaboración de la cantante Rozalén que canta la famosa “Cinco lobitos”, José M. G. Moyano en montaje o Daniel de Zayas y Carlos de Hita en sonido.

Una magnífica y sensorial película, con sus intensos y emocionantes 71 minutos de metraje, en la que respiramos naturaleza y nos adentramos en un mundo alejado de todo, y donde la vida y la muerte coexisten a cada segundo, en el que nos fundimos entre los aromas, la inmensa tableta de colores y formas, y todos los habitantes que impregnan cada brizna de hierba y de viento, como las aves, grandes y pequeñas, como esos buitres carroñeros que sacuden los cadáveres, las disputas de los rebecos en los más altos picos, el apareamiento de los ciervos y corzos, los jabalíes en busca de comida, y el lobo, moviéndose y relacionándose con ese paisaje bello y salvaje, en el que coexisten con el hombre, con sus ganados pastando, sus perros mastines vigilantes y protectores, y sus distintas formulas para luchar contra el lobo, cercando el ganado, o construyendo las barbacanas (que hace referencia el título de la película, que son las fortificaciones con cable y objetos que asustan al lobo y el impiden penetrar a por el ganado joven). Menor ha construido un retrato sobre los bosques y montes ibéricos desde la observación de la inquietud y curiosidad del cineasta que los ama, desde el respeto y la conservación de unos ecosistemas ancestrales y ricos, en el que la película los muestra en toda su riqueza y belleza, sumergiéndonos en todo aquello que vive y muere cada día.


<p><a href=»https://vimeo.com/283058201″>BARBACANA_TRAILER_RISEN</a> from <a href=»https://vimeo.com/asecic»>ASECIC_VIMEO</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

Entrevista a Ana Schulz y Cristóbal Fernández

Entrevista a Ana Schulz y Cristóbal Fernández, directores de la película «Mudar la piel». El encuentro tuvo lugar el martes 2 de octubre de 2018 en el domicilio de los directores en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ana Schulz y Cristóbal Fernández, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Eva Calleja de Prismaideas y Pablo Caballero de Márgenes Distribución, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

Eugenio, de Xavier Baig y Jordi Rovira

EL HOMBRE QUE HACÍA REÍR.

“El humorista… Yo creo que está de por si en contra de todo lo establecido. Entonces hace humor y es una especie de válvula de escape para evadirse de la realidad. El humor no es cuando uno está contento. El humor verdadero sale de penas, de desgracias. En aquel momento es cuando uno demuestra que tiene sentido del humor y es cuando tiene que salir el humor. En momentos trágicos.

Eugenio

Lucy, el personaje que interpretaba Lillian Gish en Lirios rotos, se ayudaba de su mano para dibujar una leva sonrisa que era el fiel reflejo de su triste existencia. La vida de Eugeni Jofra Bafalluy (1941-2001) más conocido como “Eugenio”, se acercaría mucho a ese leve gesto, al de un hombre triste que se ganaba la vida contando chistes, haciendo reír a los demás, encima de un escenario noche tras noche, con su gesto impasible, completamente de negro, detrás de unas gafas grandes y oscuras, bebiendo un whisky e inhalando el humo de sus cigarrillos, y con aquella frase que ya forma parte de la vida de tantos españoles “¿Saben aquel que diu…?”.

Eugenio, la película de Xavier Baig y Jordi Rovira, junto a Òscar Moreno en labores de producción, equipo que ya habían realizado el documental Joana Biarnés, una entre todos (2015) donde retrataban de forma rigurosa y sincera la biografía de la primera fotoperiodista española, rescatando una figura condenada al olvido. Ahora, vuelven a acercarse al retrato biográfico con una de las figuras más representativas de los 80 y 90, el inconfundible humorista Eugenio, pero no lo hacen de manera ilustrativa y siguiendo, en mayor o medida, sus suertes y desgracias, sino que van más allá, rescatando imágenes de archivo que muestran la infancia, adolescencia y juventud de Eugenio, sus calles, sus colegios y sus amoríos, y cómo no, Conchita Alcaide, el amor de su vida, la mujer que lo hizo quién era, con la que soñaba con cantar canciones protesta y triunfar en los escenarios. El destino le deparó otro éxito, el de contar chistes, aquellos que tímidamente empezó entre canción y canción.

Los directores barceloneses complementan su película con una treintena de testimonios, sus hijos, su familia, la mujer que lo amó, sus admiradores, sus colaboradores más íntimos y todos aquellos que en algún momento de su vida conocieron, debatieron y disfrutaron de la presencia y la compañía de Eugenio. Aunque la película se cimenta bajo una estructura lineal, hay saltos en el tiempo que nos llevan a la verdadera personalidad del humorista, un hombre que tuvo que sobrevivir después de la tragedia que lo azotó, viviendo entre galas y galas, llevando un éxito que en muchos momentos creía inmerecido, y viviendo sus noches interminables entre copas, cigarros, risas y demás, noches que nunca se terminaban y unas empezaban cuando aún no habían terminado las del día anterior. Descubriremos su genio, su manera original y magnífica de afrontar el humor, de su innata capacidad para la narración y sus lentos pero seguros comienzos en aquella Barcelona del tardofranquismo donde proliferaban los clubs y salas de fiesta y discotecas, la plenitud de su carrera, donde la televisión y los empresarios del espectáculo se lo rifaban, y también, conoceremos su otro lado, aquel que no atendía a sus hijos y mujer debidos a sus largas ausencias que cada vez eran más largas, sus caídas al infierno de la cocaína, problemas de salud, resucitamientos y recaídas varias, su vuelta a los escenarios y finalmente, su fallecimiento.

El retrato de Baig y Rovira evita los juicios y los sentimentalismos, retrata a aquel hombre que arrastraba su tristeza, mientras subía a los escenarios a hacer reír al público, al humorista triste que buscaba refugios muy oscuros para salir del pozo en el que se encontraba, como aquellos que se saben condenados hagan los esfuerzos que hagan para salir de sus agujeros oscuros. La película realiza un retrato honesto y sencillo sobre el artista cuando no estaba en los escenarios, cuando se convertía en Eugeni Jofre Bafalluy, un hombre que cuando se subía al escenario lo era todo con sus chistes y su manera intrínseca de hablar, mezclando el catalán y el castellano, y alimentando sus espectáculos con esas maravillosas pausas y miradas que lo eran todo. Eugenio era aquel payaso triste que hacía reír, aunque su alma siempre estuviera encerrada sin encontrar la salida, y todas aquellos resquicios de luz que se lanzó a descubrir, tarde o temprano se tapaban y Eugenio volvía a su estado de ánimo. La película cuenta muchas cosas, no deja casi nada en el tintero, acercándose con toda la humildad y sobriedad que el personaje requiere, contándonos al hombre que había detrás del humorista, aquel que se encerraba en sí mismo, el señor de negro que vivía sin ilusión ni esperanza, aunque eso sí, siempre tenía algo para contarnos, y sobre todo, para hacernos reír.

Entrevista a Marta Prus

Entrevista a Marta Prus, directora de la película «Over The Limit». El encuentro tuvo lugar el viernes 7 de septiembre de 2018 en el Hotel Evenia Rosselló en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Marta Prus, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Mercè Amat, por su fantástica labor como traductora, y a Ot Burgaya y Salima Jirari de El Documental del Mes, por su tiempo, generosidad, paciencia y cariño.

Entrevista a Luz Ruciello

Entrevista a Luz Ruciello, directora de la película «Un cine en concreto». El encuentro tuvo lugar el lunes 2 de abril de 2018 en su domicilio en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Luz Ruciello, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Erika Sanchez, por descubrirme la película, y por su simpatía, generosidad, paciencia y cariño.

Entrevista a Carles Bosch

Entrevista a Carles Bosch, director de la película «Petitet», en el marco del DocsBarcelona. El encuentro tuvo lugar el lunes 14 de mayo de 2018 en el Soho House en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Carles Bosch, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Tariq Porter y Ana Sánchez de Trafalgar Comunicació, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Petitet, de Carles Bosch

LA PROMESA DEL RUMBERO.

“A los gitanos, lo que nos pasa, es que cuando decimos algo lo hacemos”

Petitet

Joan Ximénez es “Petitet”, un gitano de Barcelona, de la calle de la Cera, que fue uno de los mayores músicos percusionistas de la rumba catalana requerido y admirado por todos,  e hijo de uno de los palmeros de Peret. Ahora, Petitet tiene una rara enfermedad, que le ha retirado de la música, que lo debilita muscularmente, y necesita de una máscara de oxígeno para seguir hacia adelante. Petitet prometió a su madre moribunda que llevaría la rumba catalana a un gran teatro acompañada de una orquesta sinfónica. El cineasta Carles Bosch (Barcelona, 1952) uno de los grandes nombres del periodismo, director y realizador del mítico “30 minuts” de TV3, arrancó con Balseros  (2002) que nació de un programa para convertirse en un documento esencial e íntimo sobre 7 cubanos y su odisea de emigrar a EE.UU., le siguió Septiembres (2007) donde recogía las historias de amor de un grupo de presos de la cárcel Soto del Real de Madrid, y Bicicleta, cuchara y manzana (2010) en la que filmaba al ex alcalde y ex presidente de la Generalitat Pasqual Maragall, cuando anunció públicamente que padecía alzheimer y su crónica diaria.

Ahora, Bosch vuelve al retrato individual, sin olvidar lo colectivo, si bien como su anterior trabajo nos habla de la intimidad y la cotidianidad de alguien enfermo, en sus dos primeras películas, el retrato colectivo daba paso al individuo, a su contexto y sus circunstancias, como ocurre en la película sobre Maragall y en Petitet, dos hombres y un destino, enfrentados a su enfermedad, con determinación y resistencia ante los avatares de la vida. Petitet emprende su empresa, nada fácil y extremadamente compleja, en cierta medida, su aventura urbana nos recuerda a esos personajes como Fitzcarraldo o Lope de Aguirre de las películas de Herzog, porque son seres que, contra viento y marea, izan sus velas y emprenden su viaje, acompañados de los suyos y sin que nada ni nadie les impida cumplir su objetivo. Petitet es un tipo corpulento, le cuesta horrores moverse y físicamente esta “fotut”, pero él, como buen gitano de palabra, sigue a lo suyo, reclutando y juntando a sus compadres músicos y a otros (algo así como el jefe de Los siete samuráis) para formar su grupo, su orquesta y empezar con sus ensayos y la planificación que no es poca.

Bosch filma a Petitet y su odisea urbana y cercana, durante un año, capturando su empuje, su resistencia y valentía, convencido de que a pesar de su maltrecha salud y la empresa titánica en la que está enfrascado, tirará pa’lante como sea y con las pocas fuerzas que le queden, porque como bien explica el propio Petitet en la película: “El tren ya está en marcha, no puede parar”. Bosch crea un espacio escénico extremadamente humanista e íntimo, de una cercanía que traspasa, pero sin articular ningún discurso o enjuiciamiento, nos habla a “cau d’orella”, de personas que a pesar de las dificultades extremas y las circunstancias adversas, no se detienen ante nada, y siguen convencidos de su tarea, de su idea, cueste lo que cueste, y en todo momento, flaquean o decaen, aunque los vemos cansados, con dudas y temores, pero después de un lapsus, siguen con su idea hasta las últimas consecuencias, enfrentándose a los conflictos, tanto externos como internos, siempre manteniéndose en pie, y sin perder la dignidad.

Petitet como buen gitano, adora a su familia y es su motor vital, y en la promesa a su madre fallecida, encuentra su manera de contribuir a la rumba catalana (esa fusión de flamenco con los ritmos afrocubanos) sacarle de su olvido, después de sus años primorosos, donde gente como “El Pescaílla”, Gato Pérez, Peret, “Los Chicos” y compañía, la hicieron grande y exitosa. Petitet toma el testigo, que no es nada sencillo, y monta este tinglado (que recuerda al que montaron Newman y Redford en El golpe) para poner en el candelero nuevamente, para que los más jóvenes la conozcan y bailen con sus ritmos. Bosch ha vuelto a emocionarnos, desde la sencillez y la humanidad de sus personajes, capturando las conversaciones, las diferentes posiciones, los ensayos, las risas, las discusiones, y el compadreo y la amistad,  filmando la esencia de sus curiosos tipos, de esos gitanos de barrios populares, que no saben leer música, pero no hay nadie que se les compare a la hora de componer ritmos y variaciones musicales, porque lo llevan en el adn gitano, ese que se hereda de abuelos a padres, y éstos, a sus hijos, y luego, a sus nietos, y así siempre. Bosch nos hace bailar, emocionarnos, reír y también, sufrir, porque aparte de que Petitet consiga materializar su promesa, estamos ante un hombre que cree en sí mismo, a pesar de todo y todos, que a su manera, es alguien emprendedor, valiente y cabal.