Entrevista a Jordi Rovira y Xavier Baig

Entrevista a jordi Rovira y Xavier Baig, directores de la película “Eugenio”. El encuentro tuvo lugar el martes 2 de octubre de 2018 en la oficina de la productora REC produccions en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a jordi Rovira y Xavier Baig, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Ot Burgaya de El documental del mes, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

Eugenio, de Xavier Baig y Jordi Rovira

EL HOMBRE QUE HACÍA REÍR.

“El humorista… Yo creo que está de por si en contra de todo lo establecido. Entonces hace humor y es una especie de válvula de escape para evadirse de la realidad. El humor no es cuando uno está contento. El humor verdadero sale de penas, de desgracias. En aquel momento es cuando uno demuestra que tiene sentido del humor y es cuando tiene que salir el humor. En momentos trágicos.

Eugenio

Lucy, el personaje que interpretaba Lillian Gish en Lirios rotos, se ayudaba de su mano para dibujar una leva sonrisa que era el fiel reflejo de su triste existencia. La vida de Eugeni Jofra Bafalluy (1941-2001) más conocido como “Eugenio”, se acercaría mucho a ese leve gesto, al de un hombre triste que se ganaba la vida contando chistes, haciendo reír a los demás, encima de un escenario noche tras noche, con su gesto impasible, completamente de negro, detrás de unas gafas grandes y oscuras, bebiendo un whisky e inhalando el humo de sus cigarrillos, y con aquella frase que ya forma parte de la vida de tantos españoles “¿Saben aquel que diu…?”.

Eugenio, la película de Xavier Baig y Jordi Rovira, junto a Òscar Moreno en labores de producción, equipo que ya habían realizado el documental Joana Biarnés, una entre todos (2015) donde retrataban de forma rigurosa y sincera la biografía de la primera fotoperiodista española, rescatando una figura condenada al olvido. Ahora, vuelven a acercarse al retrato biográfico con una de las figuras más representativas de los 80 y 90, el inconfundible humorista Eugenio, pero no lo hacen de manera ilustrativa y siguiendo, en mayor o medida, sus suertes y desgracias, sino que van más allá, rescatando imágenes de archivo que muestran la infancia, adolescencia y juventud de Eugenio, sus calles, sus colegios y sus amoríos, y cómo no, Conchita Alcaide, el amor de su vida, la mujer que lo hizo quién era, con la que soñaba con cantar canciones protesta y triunfar en los escenarios. El destino le deparó otro éxito, el de contar chistes, aquellos que tímidamente empezó entre canción y canción.

Los directores barceloneses complementan su película con una treintena de testimonios, sus hijos, su familia, la mujer que lo amó, sus admiradores, sus colaboradores más íntimos y todos aquellos que en algún momento de su vida conocieron, debatieron y disfrutaron de la presencia y la compañía de Eugenio. Aunque la película se cimenta bajo una estructura lineal, hay saltos en el tiempo que nos llevan a la verdadera personalidad del humorista, un hombre que tuvo que sobrevivir después de la tragedia que lo azotó, viviendo entre galas y galas, llevando un éxito que en muchos momentos creía inmerecido, y viviendo sus noches interminables entre copas, cigarros, risas y demás, noches que nunca se terminaban y unas empezaban cuando aún no habían terminado las del día anterior. Descubriremos su genio, su manera original y magnífica de afrontar el humor, de su innata capacidad para la narración y sus lentos pero seguros comienzos en aquella Barcelona del tardofranquismo donde proliferaban los clubs y salas de fiesta y discotecas, la plenitud de su carrera, donde la televisión y los empresarios del espectáculo se lo rifaban, y también, conoceremos su otro lado, aquel que no atendía a sus hijos y mujer debidos a sus largas ausencias que cada vez eran más largas, sus caídas al infierno de la cocaína, problemas de salud, resucitamientos y recaídas varias, su vuelta a los escenarios y finalmente, su fallecimiento.

El retrato de Baig y Rovira evita los juicios y los sentimentalismos, retrata a aquel hombre que arrastraba su tristeza, mientras subía a los escenarios a hacer reír al público, al humorista triste que buscaba refugios muy oscuros para salir del pozo en el que se encontraba, como aquellos que se saben condenados hagan los esfuerzos que hagan para salir de sus agujeros oscuros. La película realiza un retrato honesto y sencillo sobre el artista cuando no estaba en los escenarios, cuando se convertía en Eugeni Jofre Bafalluy, un hombre que cuando se subía al escenario lo era todo con sus chistes y su manera intrínseca de hablar, mezclando el catalán y el castellano, y alimentando sus espectáculos con esas maravillosas pausas y miradas que lo eran todo. Eugenio era aquel payaso triste que hacía reír, aunque su alma siempre estuviera encerrada sin encontrar la salida, y todas aquellos resquicios de luz que se lanzó a descubrir, tarde o temprano se tapaban y Eugenio volvía a su estado de ánimo. La película cuenta muchas cosas, no deja casi nada en el tintero, acercándose con toda la humildad y sobriedad que el personaje requiere, contándonos al hombre que había detrás del humorista, aquel que se encerraba en sí mismo, el señor de negro que vivía sin ilusión ni esperanza, aunque eso sí, siempre tenía algo para contarnos, y sobre todo, para hacernos reír.