Mothers, de Myriam Bakir

EL ESTIGMA DE SER MADRE SOLTERA EN MARRUECOS.

“Hay que ser muy valiente para pedir ayuda, pero hay que ser todavía más valiente para aceptarla”.

Almudena Grandes

En la España franquista, ser madre soltera era una terrible condena. Las mujeres, en muchos casos, menores de edad, eran vilipendiadas por la sociedad y sus familias, y presionadas por todos, optaban por soluciones drásticas: abortos clandestinos, donaciones forzadas sin ningún tipo de protección legal, o abandonadas a su suerte. Las mismas situaciones las viven en la actualidad las madres solteras marroquíes. Mujeres olvidadas e invisibilizadas por una sociedad que vende modernidad, y bajo la alfombra sigue anclada en ideas muy conservadoras y medievales. Aunque para muchas de estas mujeres, existe un resquicio de luz, la Asociación Om El Banine, creada por Mahjouba Edbouche, una señora que con su equipo de trabajadoras sociales, se dedica a escuchar a estas mujeres solas, ofrecerles ayuda, acompañarlas durante el embarazo, a darles un empujón una vez son madres, y también, a trazar puentes entre estas mujeres y sus familias.

La directora Myriam Bakir, nacida y criada en París (Francia), pero de padres marroquíes, ya tocó un tema candente como la prostitución en su primer largo de ficción Agadir-Bombay (2011). Para su primer documental, la directora se centra en otro gravísimo problema para las mujeres que tienen hijos fuera del matrimonio, que como marca la ley, pueden ser causadas de prostitución, un delito muy grave en Marruecos, que las puede llevar a la cárcel. Bakir compone una película breve, de sesenta y dos minutos de metraje, y filma el proceso de seis mujeres: Karima, Bahija, Ilham, Imane, Sarah y Fátima, seis mujeres a las que nunca veremos el rostro, siempre de espaldas o de lado a la cámara, que empiezan explicando su caso a la trabajadora social, en planos cerrados, encajonándolas en esos trances por los que están pasando, casi siempre en interiores, donde las escuchamos y conocemos los pormenores de su embarazo y la nula relación con su familia, que desconoce los hechos. Las veremos en el piso tutelado de la asociación, en sus quehaceres diarios, en sus encuentros con abogados y doctores, con sus preocupaciones, sus ilusiones y sus tristezas, todo contado desde una intimidad que encoge el alma, desde esa posición de frente y directa, en que el relato cuenta, sin juzgar y siempre desde la distancia justa y no intrusiva, sino optando una voz amiga, tendiendo un puente en que retrata y da voz a estar mujeres que la sociedad oculta, estigmatiza y las obliga a tomar decisiones drásticas.

La directora franco-marroquí no embellece ni maquilla su dispositivo, todo desprende una realidad tangible, cercanísima y llena de humanidad, acercándonos una realidad más acogedora y una línea de luz, en la que la asociación consigue algo muy emocionante, una lucha diaria para financiarse, y sobre todo, una herramienta necesaria y vital para todas estas mujeres, una ayuda indispensable para llevar el mal trago de ser madre soltera en Marruecos. Hace tres temporadas, vimos la película Sofia, de Meryem Bemm’Barek, en que tomaba el caso de una menor embarazada y el vía crucis doloroso y traumático en el que se veía sometida por su familia y el estado para regularizar su situación. Una película que encaja perfectamente en la idea que plantea la película de Bakir, mostrar unos hechos deleznables para una sociedad, y también, explicar las acciones de ayuda y humanitarias que se dan desde la asociación para no abandonar a estar mujeres, acompañarlas, asesorarlas y sobre todo, seguirlas decidan lo que decidan, pero siempre desde el respeto y el amor.

Mothers es un brutal puñetazo de realidad, que hiela el alma, y también, resulta reconfortante, porque da un poco de luz. La cinta no se anda con atajos ni condescendencias, sino que lo muestra todo de forma áspera, cruda y honesta, mostrando una realidad terrible, sin concesiones, pero no olvida ese punto de esperanza que da la asociación, ofreciendo ayuda y apoyo, en un camino que no será en absoluto nada fácil, pero sí, muy diferente, un camino que ya no tendrán que hacer solas. La Asociación Oum El Banine y su creadora, la grandísima Mahjouba Edbouche, se convierten en esas personas que demuestran que con mucha voluntad, trabajo y esfuerzo, las pequeñas ideas pueden salvar muchísimas vidas y derribar muros de intolerancia, machismo y dolor y dar mucho de vida, humanidad y sobre todo, esperanza, que siempre es difícil, a veces casi imposible, pero con amor, solidaridad y libertad pueden llegar a cuantas mujeres mejor y ofrecer otra forma de hacer las cosas, y sobre todo, de ayudar, esa palabra que tanto se dice y tan poco se práctica, ayudar y ayudar a los demás, que es la única actitud que nos hace humanos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Magaluf Ghost Town, de Miguel Ángel Blanca

LOS TURISTAS Y NOSOTROS.

“El turista es un recolonizador, ya que con base en sus intereses, necesidades y requerimientos los lugares se transforman y se crean servicios y productos sólo con el fin de complacerlo”.

David Lagunas Arias

El universo cinematográfico de Miguel Ángel Blanca (Sabadell, 1982), está compuesto por múltiples retratos, retratos que van sobre la memoria, la actualidad más cotidiana, las familias rotas, las derivas de la adolescencia y el fin del mundo, y el turismo. Con La extranjera (2015), retrató la Barcelona contaminada y sucia por el turismo masivo y descontrolado, pero lo hizo a través de la experimentación con la forma y el fondo, e introduciendo siempre el elemento del thriller, en historias que fusionan con naturalidad tanto el documento con la ficción, mezclándolos de forma sencilla y directa. Un cine que dialoga entre sí, desde la narración y aquello que muestra y lo que no. Un cine que lanza miles de preguntas y nos va envolviendo en un misterio, una inquietud donde todo es posible, o quizás, ya nada es posible, donde los diferentes individuos se pierden en unas existencias vacías, a la deriva y sin futuro.

Con Magaluf Ghost Town, su película más ambiciosa, y donde todas las ideas, planteamientos y reflexiones convergen en una película que aglutina elementos que ya formaban parte de ese fascinante e infinito imaginario del director sabadellense. Porque con su nuevo trabajo, vuelve a mirar hacia el turismo, pero esta vez desde un punto de vista realmente novedoso y personal, porque se centra en todos aquellos habitantes de Magaluf, la pequeña localidad en la costa oeste de Mallorca, que no llega a los 5000 habitantes, que en verano se contamina por cientos de miles de turistas de borrachera, sexo salvaje y demás locuras. El relato se divide en temporada baja y en pleno apogeo del verano, y nos muestra las vidas de una mujer de unos sesenta años, con problemas respiratorios y su nuevo inquilino, un obrero africano, las de un adolescente gay, gitano y drogadicto que quiere salir de la isla y triunfar como actor, y mientras, pasa el rato fabulando con su colega del alma, y finalmente, una inversora inmobiliaria rusa que quiere montar el nuevo pelotazo para atraer un turismo exclusivo a la zona.

La película muestra diferentes realidades, diferentes formas de vivir y entender el paisaje que queda al margen del turismo desenfrenado, mayoritariamente británico que, en la cinta de Blanca, se convierten en meros espectros, unos seres sin alma que deambulan como zombies, borrachos, tirados y vacíos, que nos recuerdan a aquellos otros que escenificó Romero en la apabullante El amanecer de los muertos (1978), cuando entraban sin vida al centro comercial, en uno de los mejores retratos sobre las terribles consecuencias del capitalismo. Quiero lo eterno (2017), tiene su reflejo en la historia de los dos jóvenes, con sus ratos ociosos, su contradicciones de amar su lugar, y a la vez, deseos de huir de allí, y fantasear con robar y hacer desaparecer un turista. Los turistas y los otros, esa dualidad que en realidad, se necesitan y además, se odian, es una de las claves de la película, y del imaginario de Blanca, ese cruce de caminos de difícil convivencia, esos otros mundos en este, esas bifurcaciones del alma, en esa especie de retrato del otro lado del espejo, ese incesante Dr. Jekill y Mr. Hyde, esa aventura de fuera y dentro, de los físico y lo emocional, de lo que uno sueña, y cree vivir, y ese otro estado, donde el letargo y esos mundos inquietantes, imposibles y perdidos conforman los verdaderos universos que pululan la filmografía del director.

La película destaca por una estupenda parte técnica, donde cada encuadre y mirada de los personajes emana vida y crítica, empezando por la brutal cinematografía de Raúl Cuevas (que ya estuvo en el quipo de cámara en Un lloc on caure mort), filma y retrata esos mundos de Magaluf, desde el interior de las vidas cotidianas de los protagonistas, y esa otra parte, de los otros, esos turistas sin rostro, sin vidas, solo metidos en esa vorágine y estupidez donde no existe nada, solo la juerga sin fin. Un ágil, elegante y profundo montaje que firman Javier Gil Alonso (que ya hizo lo propio en Quiero lo eterno), Ariadna Ribas (la montadora de Albert Serra, entre otros), y el propio Blanca, que retrata con detalle todos esos mundos, los propios y ajenos, todos los visibles e invisibles, los de este mundo y los del más allá. Blanca ha armado una película magnífica, donde hay vida y desolación, tanto en el paisaje como en las vidas que vemos y sentimos, donde coexisten múltiples realidades de capas y texturas extrañas y cotidianas, en un retrato sobre una pequeña localidad costera que podría ser cualquiera que reciba a cantidades ingentes de turistas jóvenes deseosos de romper con todo y atreverse a todo.

Blanca no olvida el trabajo sucio y chapucero de los medios, con esas informaciones amarillistas que ayudan a seguir engordando el monstruo, quedándose en la anécdota y la superficialidad, donde abundan los datos y la muerte de turno o las barbaridades que se suceden, y olvidan el verdadero problema del lugar y de todos aquellos que lo habitan, a pesar del turismo, que es el desequilibrio entre un modelo sostenible de turismo que no desplace a los habitantes de Magaluf y también, reciba turistas, sí, pero con otra actitud y de forma muy diferente. Magaluf Ghost Town es un de esas películas que va mucho más allá que lo que su caparazón muestra en una primera mirada, porque indaga sobre los problemas y deterioro de la ciudad desde lo interior de los que viven allí, y no lanzando mensajes ni nada que se le parezca, sino desde el alma, desde lo más profundo, dejando al espectador sacar sus propias conclusiones y desde la posición que prefiera, y eso la hace única, muy interesante y personal, y además, transgresora y apabullante. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Rafa Molés y Pepe Andreu

Entrevista a Rafa Molés y Pepe Andreu, directores de la película «Lobster Soup», en el marco del DocsBarcelona, en su alojamiento en Barcelona, el jueves 20 de mayo de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Rafa Molés y Pepe Andreu, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y al equipo del DocsBarcelona, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Sedimentos, de Adrián Silvestre

SOY UNA MUJER TRANS.

“En el mundo, hay dos extremos para el género, hombre y mujer. Pero, en el medio, hay un montón de formas de expresarse, miles, millones. Yo creo que cada persona es una expresión en sí misma. Yo creo que esa es la riqueza del ser humano”.

Tina Recio en un instante de la película

Desde sus primeros trabajos, el director Adrián Silvestre (Valencia, 1981), se ha sensibilizado por los colectivos de mujeres inmigrantes, de género y LGBTI, como demuestran Exit, Un corto a la Carta (2012) y Natalia Nikolaevna (2014), sendos cortometrajes en los que se detenía en la inmigración femenina. En Los objetos amorosos (2016), su opera prima, relacionaba el tema de la mujer inmigrante con una relación lésbica, componiendo una mirada crítica, humanista y reveladora sobre los nuevos roles en una sociedad tremendamente cambiante y diversa, donde combinaba la ficción con el documento indistintamente. Con Sedimentos, su segundo trabajo hasta la fecha, se detiene en seis mujeres trans, pero no lo hace en su ambiente cotidiano, sino que se las lleva de viaje a pasar cinco días al pequeño pueblo leonés de una de ellas.

Magdalena Brasas, Alicia de Benito, Cristina Millán, Tina Recio, Saya Solana y Yolanda Terol son las seis protagonistas de esta película-viaje-conocimiento. Seis mujeres muy diferentes entre sí, unas más jóvenes que otras, unas con más experiencia, otras con menos, de caracteres diferentes, inquietudes y diversas formas de ver sus vidas y su entorno. Cinco días en los que estaremos siempre con ellas, conociéndolas mejor, escuchándolos mucho, porque la película de Silvestre es una película que se detiene en la escucha, en sus conversaciones, en sus lejanías y cercanías, siendo una más en este grupo heterogéneo y muy parecido, cada una con sus historias, sus recuerdos, su pasado, su relación con la sociedad, casi siempre fea y hostil, pero la película nunca cae en el victimismo y la tristeza, sino todo lo contrario, lo hace sin drama y a ratos, muy divertida, mostrando estas seis realidades de forma extraordinariamente cotidiana e íntima, con vitalidad y honestidad, en la que nos acabamos olvidando que estamos en una película, y nos convertimos en testigos privilegiados en conocer a estas seis almas que sin tapujos, ni obstáculos, ni prejuicios hablan entre ellas de todo, sus miedos, alegrías, inseguridades, sus transiciones, sus futuros y sobre todo, sus existencias.

La mágica y cercana luz de Laura Herrero Garvín, que conocemos por haber dirigido los interesantísimos documentales El remolino (2016) y La Mami (2019), en México, y el extraordinario trabajo de montaje del propio director, que además ha escrito, coproducido y dirigido la película, consigue fusionar con sabiduría y naturalidad tanto los interiores, con esa fraternidad y disputa entre ellas, y también, los exteriores, con esas visitas a la mina de carbón natural, con los sedimentos del título, con esas capas y estratos que conforman cada pliegue, y las diferentes rocas que surgen, y la fantástica visita a la cueva, con esas formas que se van creando que estimulan la imaginación y el proceso en el que se encuentra cada una de las diferentes mujeres. El director valenciano no hace solo seis retratos sobre estas mujeres trans, sino que sube muchos más peldaños, porque sus seis mujeres hablan y escuchan, pero sobre todo, nos visibilizan a las mujeres trans, contándonos sus experiencias a corazón abierto, totalmente libres, totalmente sinceras, echando toda la carne en el asador, y lo hacen de forma descarnada y desnuda, mientras comen, se divierten, discuten, se enfadan, conocen el entorno y se conocen entre ellas.

Sedimentos es la película que había que hacer, y hacerla a través de una sensibilidad tan sutil, tan de verdad, sin edulcorantes ni nada que se le parezca, sino así, tan natural, tan cercana, y tan maravillosa, porque por fuera poco, aparte de mostrarnos estas seis realidades trans de estas mujeres, también, nos reímos, porque es muy divertida por momentos, también, tierna y muy de piel y cuerpo, en todos esos reflejos que nos acaban contaminando de vida, de existencias, de ellas mismas, con sus alegrías, ilusiones, tiempos, pasado, sencillez, traumas, y sobre todo, humanidad. Me rindo a los pies de estas seis mujeres: Magdalena, Alicia, Cristina, Tina, Saya y Yolanda, que no solo son ellas mismas, tan transparentes y cercanísimas, sino que en muchas ocasiones durante la película, nos olvidamos de estar viendo una película, porque la propia película trasciende de su hecho para ser otra cosa, vivísima y universal, haciéndonos sentir testigos únicos de estar presenciando una cosa mágica, de verdad y llena de amor y humanidad.  Silvestre ha vuelto a hacer una película llena de vida, de conflictos, tanto ajenos como internos, y lanza una película donde el entusiasmo y valentía de sus protagonistas ayuda a que el mundo no lo veamos tan feo y mísero, sino con un poquito de belleza, gratitud, y libertad, que buena falta nos hace. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Lobster Soup, de Pepe Andreu y Rafa Molés

EL VIEJO CAFÉ DE MARINEROS DE GRINDAVIK SE CIERRA.

“No nos podemos convertir en un país al servicio de los demás, porque sino perdemos nuestra alma”

Gudbergur Bergsson

Desde que se conocieron en la Facultad de Ciencias de la Información, Pepe Andreu (Elche, Alicante, 1973), y Rafa Molés (Castellón, 1974), han unido sus fuerzas y talento y han codirigido cuatro películas, cuatro retratos partiendo de una realidad desconocida, incómoda y versátil, que demuestra que los cineastas han cimentado una filmografía basada en la inquietud y la curiosidad de aquello que vive y se transforma, adentrándose en aspectos de la vida, de la memoria y la actualidad más íntima. En Five Days to Dance (2014), su opera prima, nos hablaban de los primeros pasos en el baile de unos aficionados, en Sara Baras: Todas las voces (2017), cruzaban el otro lado del espejo, y filmaban a una de las mejores bailaoras de los últimos años, en Operación Stuka (2018), rescataban de la memoria unos sucesos olvidados sobre las operaciones secretas de los nazis en la provincia de Castellón, y en Picotazos contra el cristal (2019), un documento sobre la educación actual y su cuestionamiento.

Su quinta película juntos, Lobster Soup, se trasladan al pequeño pueblo de Grindavik, en la costa oeste de Islandia, con sus poco más de 2400 habitantes, con sus bajísimas temperaturas, y más concretamente, en el Café Bryggjan, una cafetería junto al puerto, regentada por los hermanos Krilli, el que abre por la mañana y el cocinero de la famosa “Sopa de Langosta”, y Alli, alma mater del lugar, con su imponente físico, su barba blanca, que le da un aspecto de vikingo auténtico, y los demás parroquianos del lugar: el último boxeador de Islandia, el citado Gudbergur Bergsson, novelista y traductor de ”El Quijote” en islandés, y demás viejos marineros, ahora retirados, que hablan del mundo, de su pequeña comunidad, y de aquello otro y más allá. Andreu y Molés huyen del documental de postal, y penetran en el alma del lugar y de todas aquellas personas que conforman tan variopinto y auténtico lugar, mostrando su esencia, su lado humano y sobre todo, el contexto en el que se desarrolla. Un café en el que una vez por semana se habla de los que ya no están, de sus difuntos, otra noche, hay música en directo, y muchos días, se agolpan cientos de turistas, ansiosos por probar su famosa sopa y vivir la experiencia de conocer un lugar con seña e identidad, quizás el último que queda.

Lobster Soup tiene ese aspecto de documental antropológico de esa zona en cuestión de Islandia, con esas formas de ser tan peculiares, sus formas de hablar, de explicar y esos silencios que tanto llenan y cuentan, pero la película no se queda ahí, va muchísimo más allá, porque nos habla de cómo el turismo masivo ha cambiado todo, porque los turistas que llegan a parte de consumir “La Laguna Azul”, un espacio de aguas termales muy concurrido, se pasan por el Café Bryggjan, para degustar su sopa, y ver por última vez un lugar perdido en el tiempo y en el espacio, que todavía pervive a pesar de la globalización y el capitalismo, que todo lo consume y lo compra, aunque será por poco tiempo, porque los hermanos han recibido una sustanciosa oferta y todo cambiará, el café se convertirá en otra cosa, y los lugareños del lugar deberán buscarse otro espacio para pasar las horas y la vida. Aunque los directores valencianos no hacen una película nostálgica y triste, sino todo lo contrario, porque Lobster Soup es ante todo, una obra vitalista, llena de amor y vida hacia unas personas que recuerdan sus años de marineros de competitividad por quién capturaba más pescado, años de mar y de una forma de vida que va despareciendo, porque la película no solo muestra un tiempo que se pierde, sino también, una forma de vida, en la que estos hombres de mar representan, y el Café es ese espacio de tertulia, de amistad y fraternidad, y la película recoge sus últimos meses, donde todos acuden a despedirse por todos los años vividos, todos las charlas, todas las sopas.

Andreu y Molés han construido una película que bebe mucho de la atmósfera y el aroma que desprendía el cine de Ozu y su última película El sabor del sake (1962), con esos amigos bebiendo y recordando su vida, y el primer cine británico de los Loach, Frears y Leigh, donde después de una dura jornada laboral, todos bebían pintas y pasaban las penas, y Kaurismäki, con esos hombres de bar y cafés, con la jarra en la mano y escuchando música en vivo,  donde se emana felicidad, amor y fraternidad, y frente todo eso, el voraz capitalismo y ese turismo consumista y devastador que todo lo quiere ver, en el menor tiempo posible, y cuánto más mejor, donde todo se consume y nada se vive, nada se contempla, todo con prisa y ya. Ante esa vorágine estúpida, malsana y contaminante, los tipos del Café Bryggjan son una especie de limbo, de gentes que todavía viven y miran su alrededor, una especie de outsiders como los de las películas de Fuller o Jarmusch, o aquellos pistoleros de Grupo salvaje, de Peckinpah, que ante el avance de los nuevos tiempos con cacharros de motor, incluso algunos que vuelan, ellos preferían seguir siendo lo que eran, seguir siendo auténticos frente a un mundo cada vez más irreconocible, deshumanizado y lleno de estupidez. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Jonás Trueba

Entrevista a Jonás Trueba, director de la película «Quién lo impide», en el Hotel Market Barcelona, el jueves 21 de octubre de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Jonás Trueba, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Anabel Mateo de Relabel Comunicación, y a Diana Santamaría de Atalante Cinema, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Candela Recio

Entrevista a Candela Recio, una de las protagonistas de la película «Quién lo impide», de Jonás Trueba, en el Hotel Market Barcelona, el jueves 21 de octubre de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Candela Recio, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Anabel Mateo de Relabel Comunicación, y a Diana Santamaría de Atalante Cinema, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Xavi Esteban

Entrevista a Xavi Esteban, codirector de la película «Perifèria», en el Zumzeig Cinema en Barcelona, el sábado 10 de julio de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Xavi Esteban, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Johanna Tonini de Movies for Festivals, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Alba Sotorra

Entrevista a Alba Sotorra, directora de la película «El retorno, la vida después del ISIS», en la oficina de su productora en Barcelona, el miércoles 29 de septiembre de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Alba Sotorra, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Jeny Montagut, de Comunicació DocsBarcelona, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

El retorno, la vida después del ISIS, de Alba Sotorra

LAS MUJERES DEL ISIS.

“En la medida en que realmente pueda llegarse a superar el pasado, esa superación consistiría en narrar lo que sucedió.”

Hannah Arendt

Los tres largometrajes que hemos visto de Alba Sotorra /Reus, Tarragona, 1980), giran en torno a la guerra y al mundo árabe, y dos de ellas a las mujeres. En Game over (2015), relataba la tristeza de un joven que le aburre la guerra real y se inventa otra virtual en el que todo es más como a él le gusta. Su siguiente trabajo, Comandante Arian (2018), se centraba en un batallón de mujeres kurdas luchando cuerpo a cuerpo contra el Daésh (ISIS), a través de una intimidad sobrecogedora, la directora filmaba la guerra y la recuperación de las heridas de la protagonista, a través de una película sobre la lucha por la libertad de unas mujeres fusil en mano. De su experiencia en Comandante Arian, nace su nuevo trabajo, El retorno: la vida después del ISIS, que sería el contraplano de la anterior, en el otro lado, sumergiéndose en el enemigo, en todas esas mujeres occidentales, algunas muy jóvenes que, fascinadas por la propaganda del Estado Islámico, dejaron sus países y se enrolaron en el ISIS. La cineasta catalana entra con su equipo en uno de los centros de detención al noroeste de Siria, que se parece más a un centro de desplazados, y coloca su mirada en estas mujeres, odiadas por Occidente y perdidas en una especie de limbo, un espacio en el que quieren dejar atrás su terrible pasado, y volver a sus países de origen y empezar de cero, cosa que se les niega rotundamente.

Sotorra realiza una radiografía física y emocional de estas seis mujeres Shamima, Hoda, Hafida, Ouidet, Nawal y Kimberly, a través de descarnados testimonios de su pasado, su enrolamiento en el ISIS, su experiencia, sus hijos, sus maridos, la guerra, y luego, su momento actual, apoyándose en algunas imágenes de archivo (por primera vez en el cine de la directora), que ayudan a contextualizar cada una de las vidas, y dar profundidad a sus testimonios. También, asistimos al proceso personal y profundo de cada una de ellas, en que la película las desnuda emocionalmente, sin caer en los juicios y prejuicios, sino escuchándolas, olvidando la idea de odio construida por Occidente, y penetrando en el alma de estas seis mujeres, con todos sus sentimientos, ilusiones, tristezas, dolor y esperanzas. La película nos convoca a un viaje muy emocional sobre nuestras ideas y prejuicios como occidentales, que es en mayor medida todo el núcleo del trabajo de Sotorra, acercarnos las mujeres del mundo árabe y construir una mirada más humana, más personal, y sobre todo, limpia de prejuicios, para que cada uno de nosotros se haga su propia idea, alejada de las informaciones oficialistas más preocupadas de alimentar un odio visceral al mundo árabe.

Un guion que escriben la propia directora junto a Júlia Parés, que ya estuvo en la producción de Comandante Arian, Lara Vilanova, Gris Jordana y la experimentada Núria Roldós construyen la cinematografía basada en la naturalidad, la cercanía y la limpieza visual para enmarcar a estas seis mujeres, Michael Nollet y Xavier Carrasco se encargan de firmar un montaje que sabe manejar con sensibilidad las imágenes y dotar de ritmo a una película donde hay mucha información y testimonios, pero mostrados de manera clara, sencilla y concisa. El retorno la vida después del ISIS, no es una película más, es, ante todo, un ejercicio brillante y sensible, que no solo nos habla de unas mujeres arrepentidas que quieren empezar una nueva vida, sino de la posición de los kurdos, que lucharon contra el ISIS, y ahora, entre ellas, la activista kurda que trabaja con ellas en el centro, quieren perdonar para avanzar y dejar el odio atrás, como esa grandísima conversación entre ella y su padre, donde el progenitor le insta que hay que mirar al enemigo, ver a la persona que hay detrás y escucharlo, para avanzar juntos en una vida en paz. Toda una gran lección de humanidad, de perdón y sobre todo, de enterrar el odio y empezar a construir para que el mundo sea menos feo cada día.

La cineasta reusense mira sin acritud ni rencor, sumergiéndonos en el alma de estas seis mujeres, en todo aquello que fueron y en todo aquello que quieren ser, porque la película también es una mirada hacia las mujeres árabes, y todas las mujeres del mundo, en su capacidad para seguir hacia delante, en perdonarse y en mostrarse de forma descarnada asumiendo sus errores para poder recuperarse, y sobre todo, que los demás, aquellos que las odian, las puedan mirar de otra manera, de frente y al rostro, a esas miradas que siguen rotas, desoladas y llenas de tristeza, porque todo aquello que creían sobre el ISIS, casi un paraíso en la tierra y los preceptos del islam, cayeron en saco roto, y se enfrentaron en la mayoría de los casos, a una represión y machismo absolutos, como menciona una de ellas “Salimos de un infierno y nos encontramos con otro peor”. No dejen de ver esta película, porque habla de las mujeres que estuvieron en el ISIS, y también, habla de todos nosotros, de cómo vemos al otro, como valoramos sus errores, y sobre todo, habla de nuestra capacidad de perdonar, y la humanidad que hay en nuestro interior. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA