DOCSBARCELONA 2018: Miradas inquietas.

El pasado 27 de mayo, después de diez intensos de cine, se cerraba la XXI edición del DOCSBARCELONA. Festival Internacional de Cinema Documental. Adoptando el título de MIRADAS INQUIETAS, el festival arrancó con los encuentros profesionales que albergó el mercado, un espacio de debate y conocimiento en el que los proyectos llegan cargados de ilusión en busca de la ansiada financiación. También, hubo encuentros con cineastas, y masterclass, en las que se habló largo y tendido del estado actual del cine documental, sus formas de financiación, y sus temáticas, que siguen caminando hacía la denuncia social y los conflictos humanos, y el análisis de un mundo muy capitalizado, injusto y deshumanizado. El jueves 17 de mayo con la película Petitet, de Carles Bosch, quedaron inauguradas las proyecciones cinematográficas que se llevaron a cabo en los lugares acostumbrados, las dos salas del club Aribau, y en el auditori y teatre CCCB. Díez días intensos de cine, en las que se contó con innumerable presencias de los directores de las películas programadas, en las que se dialogó y debatió con un público entusiasmado que llenó las salas y participó en un festival que se ha consolidado como un referente sólido y necesario en el panorama del documental. El domingo se cerró el certamen con la entrega de premios, los diferentes jurados formados entre otros, por destacados cineastas y profesionales del campo documental como Óscar Pérez, Paco Poch, Montse Armengou, Laura Ferrés, etc. Hicieron públicos sus veredictos. El máximo galardón recayó en la película The Distant Barking of Dogs, de Simon Lereng Wilmont, también, hubo mención especial del jurado a Miss Kiet’s Children, de Petra Lataster-Czisch y Peter Pataster, el premio Nou Talent, recayó en la película El espanto, de Martin Benchimol y Pablo Aparo, el premio Latitud se lo llevó Robar a Rodin, de Cristóbal Valenzuela. El premio What the Doc recayó en The Prince and The Dybbuk, de Elwira Niewiera y Piotr Rosolowski. El premio Amnistia Internacional de Cataluña a The Congo Tribunal, de Milo Rau, y finalmente, el premio del público lo conquistó Petitet, de Carles Bosch.

Mi camino por el festival arrancó en la Sección Oficial PANORAMA con WONDERFUL LOSERS, A DIFFERENT WORLD, de Arünas Matelis. El cineasta lituano, consagrado en el ámbito documental a través de cortometrajes que han gozado de gran prestigio internacional, filma su primera película mostrando a los “gregarios” del ciclismo, esos corredores invisibles, alejados de la primera línea, ciclistas aguerridos, doloridos y fuertes que trabajan para otros, para el líder de su equipo, aquel que tiene reservada la gloria. Matelis construye un trabajo riguroso e íntimo sobre la cotidianidad de esos trabajadores del deporte, su labor diaria en las carreras, sus caídas, sus recuperaciones y pone voz a aquellos que no la tienen, a los que trabajan incansablemente por el bien del grupo, concienciados de su cometido, en un trabajo exhaustivo y serio sobre la parte que no vemos del ciclismo, dando visibilidad a todos aquellos que viven de su pasión, pero nunca serán portadas de ningún diario, ni tampoco se llevarán los laureles de la victoria. Seguí con la película BOBBI JENE, de Elvira Lind. La segunda película de la cineasta danesa es un retrato íntimo y sincero sobre una bailarina de danza que, después de diez años de éxito en una compañía de Israel, emprende su aventura en solitario en EE.UU., dejando su vida y su amor, un joven bailarín diez años menor. La película traza un magnífico y valiente retrato sobre la fisicidad y las emociones de una mujer valiente, decidida y fuerte, que deberá enfrentarse a aquello que ha dejado con la incertidumbre del momento, tanto en su vida profesional como personal. La cinta nos habla sobre nuestra pasión, nuestros sueños, y cómo estos chocan con la realidad de nuestro entorno, y las posiciones que optamos cuando parece que todo se vuelve en nuestra contra. Una película sobre el interior de cada uno de nosotros, nuestros sentimientos, y la valentía de afrontar nuestro propio camino, sin puntos de apoyo, lanzándose al vacío emocional, aunque para ello, quizás, tengamos que dejar aquello que más queremos.

EL ESPANTO, de Martin Benchimol y Pablo Aparo. Los artífices de La gente del río, vuelven a la Argentina rural para denunciar las carencias del sistema sanitario del país que olvida a las comunidades más pequeñas y alejadas, pero lo hacen a través del sentido del humor de unas gentes que palian el abandono sanitario con curas y remedios caseros, y una idiosincrasia muy peculiar. Los cineastas argentinos nos muestran el pueblo como si fuera un western, con una forma exquisita, capturando su luz y su paisaje, y nos cuentan, a través de un buen número de entrevistas las diferentes posiciones que existen en el lugar, y la enfermedad llamada “El espanto”, que da título al film, y el personaje quijotesco de Jorge, que según los aldeanos es el único que lo cura, uno de los habitantes del pueblo más misteriosos y complejos que vive a las afueras, alejado de todos. LAST DAYS IN SHIBATI, de Hendrick Dusollier. A través de las figuras de un niño, un barbero y una anciana, el director francés nos sitúa en un barrio en China a punto de desaparecer, filmándolo en distintos tiempos. Los tres personajes nos muestran sus hogares, sus enseres, sus calles laberínticas y sus gentes, en una película íntima que nos habla de la destrucción de lo antiguo por lo nuevo, en un sistema de crecimiento desorbitado y brutal que elimina sistemáticamente el legado de las ciudades, los barrios populares e históricos para construir grandes edificios de diseño y centros comerciales que hipnoticen a los consumidores. La película es humanista y necesaria, en un mundo cada vez más globalizado e idéntico, que pierde su identidad y su historia en pro a una economía sangrante que deja fuera del progreso a los más desfavorecidos.

OF FATHERS AND SONS, de Talal Derki. El cineasta sirio vuelve a su país para situarnos en la intimidad de una familia donde el padre es miembro de Al-Qaeda. La cámara captura la cotidianidad de este soldado de la Jihad y sus hijos, que son entrenados para seguir los pasos del padre. Derki nos muestra la complejidad de la situación de Siria, la guerra, las decisiones, y el nivel de politización y religiosidad que muestra la película. Una película durísima, sin concesiones y brutal sobre lo íntimo de la guerra, del fanatismo y la lucha armada para salvar a la patria. Derki muestra las consecuencias de la lucha jihadista, mezclado con los juegos infantiles de los niños y sus pensamientos, en un entorno devastado, desolador y podríamos decir con un futuro muy incierto. OVER THE LIMIT, de Marta Prus. La película sigue la cotidianidad de los entrenamientos de Margarita Mamun, una gimnasta rítmica del equipo ruso, en el año de preparación de los Juegos Olímpicos de Río en 2016. Las exigencias y los duros entrenamientos de la entrenadora y coordinadora, convierten en una especie de vía crucis la existencia de la joven gimnasta en el final de su carrera deportiva. La directora polaca filma un retrato íntimo y diario sobre la parte que no vemos del deporte, la cara amarga y dolorida de un objetivo, y las diferentes formas que tienen los responsables de convertir en campeones a sus pupilos. Una película honesta y brutal, que nos habla de nuestros propios límites, de hasta dónde somos capaces de llegar para convertir nuestro sueño en realidad, y sobre todo, cómo nos afecta en nuestra vida personal nuestra carrera deportiva.

Para finalizar la Sección PANORAMA, me acerqué a SILVANA, de Mika Gustafson, Olivia Kastebring y Christina Tsiobanelis. La película de las tres cineastas suecas, que debutan con este trabajo, en el que siguen de forma íntima y sincera a Silvana, una cantante rap reivindicativa, lesbiana y feminista, desde sus primeros pasos hasta convertirse en un icono contemporáneo en los países escandinavos. La cinta captura su intimidad, sus orígenes humildes, su familia, y su historia de amor con una cantante pop, y lo hace a partir de un ritmo endiablado, cercano y musical, donde entramos en el backstage de la vida de Silvana, su entorno y sus reflexiones ante la vida, el amor, el racismo y demás conflictos, tanto personales como profesionales, como el tiempo que dejó su carrera para retirarse y volverse a reconstruir, agobiada por su fulgurante éxito. Un documento magnífico y honesto sobre nuestra fuerza, valentía y dedicación a nuestra pasión como vehículo para denunciar las injusticas y humillaciones que vivimos en nuestra vida. De la Sección Oficial LATITUD, arranqué con la película EXPERIMENTO STUKA, de Pepe Andreu y Rafa Molés. Tercera película de los directores valencianos, donde se centran en un caso histórico, cuando en plena Guerra Civil Española, unos aviones nazis bombardearon cuatro pueblos de Castellón dejando 38 muertos. La película abre muchos frentes, desde la investigación de los hechos viajando a distintos lugares de España como de Alemania, por parte del Grupo de memoria de uno de los pueblos, hasta entrevistar a los supervivientes, y filmar los lugares en la actualidad, en un estupendo documento sobre la memoria histórica, sobre lo humano y sobre lo que hemos sido y hacía adónde vamos. Una película necesaria, didáctica y valiente que da voz y sobre todo, visibilidad, a uno de los casos olvidados en el tiempo y que desgraciadamente, afectó a tantas personas inocentes.

HAYATI (MY LIFE), de Sofi Escudé y Liliana Torres. La película es un retrato íntimo de una de las familias de refugiados de la guerra de Siria. La imagen de Ossamah y su hijo zancadilleados por una reportera en la frontera húngara, lo convirtió en uno de los momentos más espantosos de la huida, aunque le permitió venir a España y entrenar a un equipo de fútbol. A través del propio Ossamah, y el resto de su familia atrapada en Turquía, y algunos de los futbolistas que entrenaba en Siria, la película hace un retrato de las calamidades y humillaciones que viven los refugiados, y los problemas personales a los que deben enfrentarse en su cotidianidad. Una película que huye del sensacionalismo o de cualquier tipo de posición política, centrándose de forma sencilla y honesta en la humanidad de los personajes, en lo que no vemos de los refugiados, a los que los medios de comunicación olvidan una vez pasó el suceso. LADRONES DE TIEMPO (TIME THIEVES), de Cosima Dannoritzer. La prestigiosa documentalista alemana nos sumerge en un elemento sumamente importante en nuestras vidas cotidianas y al que quizás, no teníamos tan presente: el tiempo. Ese espacio enormemente valioso, pero que las grandes empresas nos lo roban realizando tareas que antes hacían empleados suyos. Dannoritzer viaja por el mundo, investigando y reflexionando con expertos en la materia, para construir un magnífico documento sobre el tiempo convertido en pura mercancía, en un saco de dinero. Desde las tareas más cotidianas hasta las maratonianas jornadas de trabajo en Japón para ganar más dinero y conseguir los objetivos que exige la empresa, pasando desde lo más banal a lo más complejo, en una película que denuncia casos de robo del tiempo, y nos interpela a los espectadores a reflexionar profundamente sobre el valor de nuestro tiempo y cómo sacarle el máximo rendimiento para mejorar nuestra vida.

Cerré la Sección LATITUD con la película ROBAR A RODIN, de Cristóbal Valenzuela. A través del robo de una estatua de Rodin, sucedido diez años atrás en Chile, el cineasta chileno traza un caleidoscopio donde habla con el ladrón de la pieza y algunos implicados en el caso, para hablarnos de los límites y contradicciones del arte contemporáneo, todo ello contado como si fuese una trama detectivesca, al más puro estilo de cine negro, donde lo absurdo y lo ridículo entran en escena, en una película divertida y didáctica, sobre la naturaleza del arte, su impostura y su posición en la sociedad actual, y cómo todo esto dialoga con el público, aquel que se acerca al mundo del arte desde una perspectiva ignorante y curiosa, sin conocer realmente la profundidad o no de la obra, sea expuesta o su ausencia. En la Sección Oficial WHAT THE DOC, la que el festival dedica a las propuestas más personales, arriesgadas y diferentes, me acerqué a THE CONGO TRIBUNAL, de Milo Rau. El director suizo con una gran experiencia en ámbitos como el documental, el teatro o la literatura, nos sumerge en una película diferente, en un experimento, en formar un tribunal ficticio, pero real,  en el que intervienen investigadores, analistas, verdugos y víctimas de la guerra civil del Congo, una de las regiones que alberga grandísimas cantidades de materias primas necesarias para construir la alta tecnología del mundo occidental. Rau da voz a todos, y consigue sumergirnos y sobre todo, visibilizar y abrir puertas sobre el conflicto que tantas vidas se ha llevado por delante. Es una película sobre África, sobre las actividades de terror de grandes empresas extranjeras para colonizar países y empobrecerlos extrayendo sus materias primas y expulsando a los lugareños, siempre con el beneplácito de gobiernos corruptos. Una cinta necesaria y valiente, que denuncia los abusos de siempre, y al parecer, por desgracia, abusos que continuaran produciéndose, ya que la comunidad internacional mira hace oídos sordos.

THE PRINCE AND THE DYBBUK, de Elwira Niewiera y Piotr Rosolowski. Los dos directores polacos rescatan la figura de Michael Waszynski, fallecido a mediados de los cincuenta como príncipe, en una película caleidoscópica que se mueve por diferentes tiempos y lugares, desde los inicios humildes en Ucrania, luego convertido en un aristócrata polaco, hasta convertirse en un cineasta que llegó a ser uno de los grandes productores de Hollywood. Un fascinante documento sobre la realidad y la ficción, la identidad, la mentira, y la construcción de una vida diferente, extraña y peculiar para esconder su verdadera identidad y ser otro, alguien que amaba el lujo, las formas antiguas, era homosexual y además, fue marido de una condesa italiana, algo así como una versión de La condesa descalza, pero en masculino, en el que la propia vida se convierte en una gran obra de ficción, donde no sabemos qué parte es real o ficticia. THE WHITE WORLD ACCORDING TO DALIBOREK, de Vít Klusák. El director checo construye un retrato sobre Daliborek, un tipo de casi de cuarenta años, soltero, que trabaja como pintor industrial, vive con su madre Vera, y se declara nazi, con un odio enfermizo y brutal hacía lo diferente. Klusák plantea un documental muy ficcionado, en el que a través de una serie de actividades, juega con la tragicomedia para explorar los sentimientos y reacciones de Daliborek. Quizás la película abusa de la caricatura, y convierte a Daliborek y los suyos, en meros personajes más allá de lo ridículo,  en el que echamos en falta más complejidad emocional y una exploración del mundo interior de todos ellos. En la parte final de la película con el viaje a Auschwitz, la película adquiere una dimensión interesante, enfrentando las ideas fascistas de Daliborek con una superviviente del horror nazi, y es ahí donde la película adquiere todo su sentido.

Cerré la Sección con TREBLINKA, de Sérgio Tréfaut. El experimentado documentalista brasileño se basa en las memorias de Chil Rajchman Treblinka: la memoria de un superviviente, un judío polaco que logró escapar del horror nazi, para construir un interesante y necesario ensayo en el que convergen varios elementos, donde el pasado del holocausto remite al presente de los refugiados, en el que a través de una forma, en ocasiones abstracta, en la que utiliza cuerpos desnudos, o las miradas y gestos cotidianos de una anciana, mientras viajan en tren por Europa con destino a Treblinka, en el que el director juega con los espacios interiores, y el exterior hibernal y lleno de niebla, en el que los errores se repiten en bucle, y la memoria nos viene a rendir cuentas de un continente a la deriva y sin futuro. Mi viaje por el certamen finalizó con la película MIES ON SCENE. BARCELONA EN DOS ACTES, de Pep Martín y Xavi Campreciós. Un documento interesante y magnífico sobre el pabellón Mies van der hoe de Barcelona, explorando su construcción original en 1929 para la Exposición Universal, y su posterior reconstrucción en 1986, en la que expertos en arquitectura mundiales, participantes en la reconstrucción y estudiantes, dialogan sobre la complejidad del pabellón, su creación, su construcción y demás peculiaridades que la han transformado en una obra única y además, en un símbolo para la arquitectura moderna, un lugar donde el tiempo parece detenerse, debido a sus estructuras, diseño y espacio, donde nada está al azar, en el que cada objeto e idea significa algo, o así lo piensan los diferentes testimonios que lo atestiguan. Hasta aquí mi camino por el festival, un viaje que empezó cargado de ilusión y entusiasmo, y acabó de la mejor de las maneras, lleno de emoción desbordante, convencido de haber asistido no sólo a una fiesta del cine documental, sino también a una emocionante y muy agradable reunión de amigos, llena de interesantes propuestas que nos hacen la vida mejor y sobre todo, nos muestran realidades inquietas, arraigadas, doloridas, reivindicativas, amargas, feministas, cotidianas, ocultas y silenciadas por unos medios dominados por el capital, y conocer esas realidades nos aleja de la comodidad capitalista, y nos agita, nos despierta y nos devuelve la mirada del otro, llenándonos de sentimientos que nos hacen sentirnos más llenos de vida y algo más felices.

Machines, de Rahul Jain

MALDITO TRABAJO.

“La pobreza es tormento, señor”

A mediados del siglo XIX, con la Revolución Industrial se acababa un gran período de transformaciones sociales, económicas y culturales que, en principio, se terminaba con las condiciones precarias de vida de los ciudadanos, para de esta manera entrar en una nueva era de mejores condiciones de vida donde las máquinas ayudarían a que la cotidianidad de los habitantes. Más lejos de todo aquello, a día de hoy, la máquina se ha impuesto al ser humano, y le ha condicionado, tanto su vida personal como laboral, imponiéndole unos ritmos de vida muy alejados de aquella lejana idea del XIX, donde la máquina venía a realizar todo lo contrario, y que no era otra cosa que mejorar las condiciones de vida. El director indio Rahul Jain (Nueva Delhi, India, 1991) nos introduce en las mazmorras de una fábrica textil en Surat,  una ciudad industrial situada al noroeste de la Índia, donde elaboran toda clase de tejidos, y nos muestra la terrible cotidianidad de unos trabajadores que son explotados en durísimas jornadas laborales de 12 horas diarias a razón de 210 rupias (unos 3 euros), muchos de ellos viajan miles de kilómetros para vivir lejos de sus familias para de esta manera sobrevivir en condiciones miserables, y subsistir, en trabajos de por vida donde nunca podrán ahorrar.

La cámara se mueve entre los trabajadores, entre los larguísimos pasillos, donde vemos cientos de telas amontonadas y preparadas para su ejecución, en una producción que nunca cesa, donde los trabajos y máquinas, conviven y comparten un espacio oscuro, sin ventilación y más propio de una prisión que de un ambiente laboral. Jain toma como referencia el documental británico del primer tercio del siglo XX, que mostró al mundo los ambientes laborales como Drifters, de John Grierson, Industrial Britain, de Robert J. Flaherty, Basil Wright y Arthur Elton, o Night Mail, de B. Wright y Harry Watt, entre otros muchos,  o el más reciente Workingman’s death, de Michael Glawogger, documento del 2005. Películas que documentaban las durísimas condiciones laborales de un mundo cada vez más desigual e injusto, y que el tiempo no ha ayudado a que esas situaciones mejorase, sino todo lo contrario, las ha acrecentado, creando un sistema capitalista feroz y salvaje que solo mira los rendimientos productivos y económicos, creando todavía más desigualdades si cabe, contribuyendo a crear un sistema de esclavitud moderno, donde las grandes empresas, con la ayuda de gobiernos corruptos y de inexistentes derechos laborales, explotan hasta la saciedad los trabajadores de esos países, una nueva manera de colonialismo, o mejor dicho, una continuación del colonialismo, donde unos siguen ganando cantidades enormes de dinero, a costa de las penosas y terribles condiciones laborales de aquellos a los que explotan por el bien del progreso y la modernidad.

Jain construye una película breve, de apenas 72 minutos, donde se introduce de un modo natural y tranquilo en todos los espacios existentes en ese paisaje de desolación y no vida, en el que hombres y máquinas se mezclan con el ruido incesante del movimiento continuo y mecánico de la frenética elaboración de los tejidos, donde las telas se fabrican a destajo, como si el mundo se terminase, donde los colores vivos parecen apagados, o los trabajadores los ven así, donde los rostros, imperturbables y silenciosos de los que allí trabajan mirando con recelo y miedo a la cámara, como a un invitado extraño que viene a documentar su manera de no ganarse la vida. El cineasta indio filma en primera persona a los trabajadores, ofreciéndoles su cámara para que expliquen sus vidas, reflexiones y el funcionamiento de este infierno al que llaman trabajo. Unas personas que explican sus orígenes, y porque se mantienen esas condiciones miserables de trabajo, ya que la nula comunicación entre los trabajadores hace imposible la organización sindical que ayude a mejorar sus trabajos.

Unos seres que se mueven como fantasmas, donde la vida y sus almas se quedan en la puerta, como explica uno de ellos, que más de un día piensa en no entrar, en dar media vuelta, porque sabe el infierno que irremediablemente le espera. La fábrica, como si se tratase de una mina, se encuentra en los sótanos, donde apenas hay luz natural, donde los trabajadores son expuestos y hacinados durante horas interminables y agotadoras, donde la máquina manda su ritmo de producción. Un paisaje inhumano, donde trabajan al ritmo de las malditas máquinas, doblando turnos de 12 horas para así ganar más dinero, en una no vida donde siempre andan exhaustos, agotados y sin alma. Rahul Jain debuta en el largometraje con un documento fascinante a nivel formal, y demoledor y terrorífico en su contenido, denunciando unas condiciones laborales de explotación, y lo hace desde la sencillez y la honestidad, sin caer en el panfleto, ni mucho menos en la proclama revolucionaria, sino mirando esos rostros con dignidad y extrayendo la humanidad que albergan, porque tras esas personas ensombrecidas por las máquinas y el maldito trabajo, existen personas como nosotros, que lo único que necesitan es vivir dignamente con un trabajo que los mire como seres humanos y no como máquinas.

Entrevista a Marcela Zamora Chamorro

Entrevista a Marcela Zamora Chamorro, directora de «Los ofendidos», en el marco del DocsBarcelona. El encuentro tuvo lugar el viernes 26 de mayo de 2017 en el hall del Teatre CCCB en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Marcela Zamora Chamorro, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Ana Sánchez de Comedianet, por su tiempo, generosidad, amabilidad y cariño.

Encuentro con La Chana y Lucija Stojevic

Encuentro con Antonia Santiago Amador «La Chana», y Lucija Stojevic, directora de «La Chana», junto a Deirdre Towers (coproductora) y Beatriz del Pozo (musicóloga y colaboradora de la película). El acto tuvo lugar el jueves 2 de noviembre de 2017 en la Sala Soho House en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Antonia Santiago Amador «La Chana», Lucija Stojevic, Deirdre Towers y Beatriz del Pozo, por su tiempo, conocimiento, y generosidad, al Festival DocsBarcelona, por su tiempo, y dar vivisibilidad a la película, y a Ana Sánchez de Comedianet, por su organización, generosidad, paciencia, amabilidad y cariño.

Encuentro con Clare Weiskopf

Encuentro con Clare Weiskopf, directora de «Amazona», en el marco del DocsBarcelona Film Festival, junto a Joan González (director DocsBarcelona) y Nicolas Van Hemelryck. El acto tuvo lugar el miércoles 17 de mayo de 2017 en la Sala Soho House en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Clare Weiskopf, por su tiempo, conocimiento, y generosidad, al Festival DocsBarcelona, por su tiempo, organización y generosidad, y dar vivisibilidad a la película, y a Ana Sánchez de Comedianet, por su organización, generosidad, paciencia, amabilidad y cariño.

La Chana, de Lucija Stojevic

EL ALMA DE LA BAILAORA.

“Nací para bailar. Por las noches me quedaba despierta con la cabeza debajo de la almohada, repitiendo los ritmos en mi cabeza hasta que se convirtieran en una parte de mí. ”

TACA, TACA, TACA, TACA, TACATACATACATACATA, TACATA. La Chana baila sobre el escenario, se encuentra en éxtasis, poseída por el compás, en perfecta comunión entre su alma y los movimientos que ejecuta, llevados por un ritmo vertiginoso, a una velocidad endiablada, un ritmo que impone la bailaora que les cuesta seguir a los guitarristas. Sus pies se mueven con una profunda agitación, van de un lado a otro sin pausa, ejecutando todos los movimientos a velocidad de crucero, no sigue ningún guión, tampoco ningún ensayo previo, todo se sustenta en la improvisación y en su arte, una pasión nacida desde las entrañas, en trance entre alma y cuerpo, realizando perfectas combinaciones rítmicas alejadas de lo tradicional, dando un golpe a la mesa a lo inamovible a  través de la innovación, la expresión y la fuerza que la acompañan. La Chana hechiza al respetable público, todos hipnotizados con sus movimientos, en una alianza que traspasa el alma, entre la bailaora, el flamenco y el público que guarda un silencio sepulcral en la sala, sólo escuchamos el intenso zapateado y taconeo de la llamada emperatriz del flamenco.

La puesta de largo de Lucija Stojevic, que cuenta con un gran trabajo de montaje de Domi Parra (habitual de Isa Campo e Isaki Lacuesta) nos cuenta la vida, obra, milagros y soledades de Antonia Santiago Amador, de nombre artístico “La Chana”, una de las más grandes bailaoras del flamenco, y lo hace desde el aquí, en plena actualidad, cuando la bailaora con 67 años, se prepara para volver a bailar en un teatro. Encontramos a una artista veterana, que la artritis y los dolores de espalda han limitado su cuerpo, pero que debido a esa fuerza innata de incansable luchadora, sigue zapateando, aunque ahora sentada, pero con la misma fuerza que la encumbró en los 60, 70 y 80, cuando todos eran testigos de su arte, incluso el mismísimo actor Peter Sellers, con el que trabajó en la película The Bobo (1967) y quiso llevársela a Hollywood, pero la Chana no fue, la Chana era la reina del escenario, la artista inigualable que destrozaba conceptos arcaicos y se lanzaba a un endiablado movimiento a gran velocidad que rompía convenciones y tabús de los más puristas del baile, aunque detrás de la artista, se encontraba la ama de casa, la mujer maltratada por su marido, que la acompañaba a la guitarra, una violencia que se mantuvo durante 18 años, en la sociedad patriarcal de la época, y además, su condición de mujer y gitana.

Stojevic penetra en su hogar, en sus trajes, en sus zapatos, mostrándonos su interior y exterior, sus recuerdos y objetos, traspasando la intimidad del personaje público para desnudarnos a la persona, a esa mujer de infancia difícil que, encontró en el baile la mejor manera de expresarse ante el mundo y sobre todo, de rebelarse ante el ambiente machista de su entorno. Una carrera intermitente debido a estos problemas no consiguieron amilanar la fuerza de su alma ni tampoco la extraordinaria creatividad que poseía, convenciendo a los más tradicionalistas con su maravilloso baile, que escapa de cualquier convencionalismo y etiqueta en el mundo del flamenco. Una gran innovadora, una revolucionaria del flamenco, autodidacta, que memorizaba casi sin querer los movimientos que escuchaba por la radio cuando era una niña, una grande o incluso la más grande como la han llamado aquellos que más saben.

La directora nacida en Zagreb, filma a Antonia mientras recuerda a la Chana, donde la persona pública e íntima traspasa la imagen para condensarse en una sólo, de la que escuchamos un testimonio sincero, amable, que nace desde lo más profundo de su corazón, hablándonos casi en susurros de su arte, su baile, su improvisación, de la importancia del compás, de sus cierres después de un torbellino de zapateo, de todo lo que la hizo convertirse en la más grande, en aquellos tiempos negros de la España franquista, pero también, hay tiempo para el dolor, los años oscuros de maltrato, las ausencias en contra de su voluntad de los escenarios, las penas, el aislamiento, y las soledades que tantos años le acompañaron, y nos lo cuenta sin máscaras, a tumba abierta, sin adornos ni edulcorante, cómo ocurrió y cómo lo recuerda, con alegría y tristeza, con dolor y rabia, pero también, con humildad y honestidad, de cara, sin esconderse, echando pa’lante con una hija y sin nada.

Stojevic no sólo ha creado un viaje íntimo de una artista que baila con el alma, sino que ha construido una película que va más allá del documento, penetra en sus profundidades, revelándonos su vida y testimonio, en un encuentro emocionante sólo posible en el cine, en el alma de la película, cuando la artista y la mujer, o lo que es lo mismo, La Chana y Antonia Santiago Amador se encuentran y dialogan una con la otra, sin rencores, sin reproches, sólo con una mirada intensa y catártica, en la que se crea un lazo irrompible, convirtiéndolas en la mujer que era su dueña en el escenario, donde todos la seguían (como una especie de flautista de hamelín del baile) y aquella que sufría la violencia doméstica, y tuvo que mantenerse en pie, a pesar de todas las cornás que le dio la vida, porque su poderosa fuerza que la hizo triunfar en el escenario con su arte, también le ayudó para vencer esos frentes que aparecieron en su vida, plantándose con casi setenta años y con ganas de seguir zapateando.


<p><a href=»https://vimeo.com/237379069″>TRAILER LA CHANA ESP 2017</a> from <a href=»https://vimeo.com/user1287458″>Noon Films SL</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

Amazona, de Clare Weiskopf

(RE)ENCUENTROS ENTRE MADRE E HIJA.

“Alguna vez te has preguntado sobre aquellas decisiones que definen el rumbo de tu vida para siempre. Un día me llamó mi mamá y me dijo que tenía que conocer a Nico, un chico que estaba viajando en bicicleta y se había quedado unos días en su casa. Eso fue hace siete años. Me dijo que era perfecto para mí. Eso me produjo mucha curiosidad. Lo conocí. Y sí, hubo una atracción inmediata entre los dos. Una vez más, mi mamá había cambiado el rumbo de mi vida.

La directora colombiana de origen británico Clare Weiskopf siempre quiso hacer una película sobre su madre, pero no encontraba la manera de acercarse a ella, y tampoco, el relato idóneo que describiría quien era su madre, Valerie Meikle, Val, de buena familia irlandesa, viajó con 23 años junto a su novio colombiano a vivir en Armero, un pequeño pueblo donde nacieron sus hijas. Luego regresó a Inglaterra y conoció a Jimmy, un hippie con ganas de aventura con el que vivió como unos nómadas y con el que tuvo dos hijos, Clare y Diego. Finalmente volvieron a Colombia, se separaron, y en 1985, cuando un volcán devastó la zona de Armero llevándose la vida de su hija mayor, Valerie dejó a sus hijos en la ciudad y se lanzó a una búsqueda personal que la llevó a viajar al interior de la selva amazónica colombiana.

Ahora, Clare va a ser mamá, y regresa a casa de su madre, en plena selva colombiana, a reencontrarse con ella, a platicar sobre su relación, su pasado, de la maternidad de una, y la que está en ciernes, de las obligaciones como madre y sobre todo, a comprender a su madre y no juzgarla. Weiskopf rescata imágenes de archivo de su familia para reconstruir la peculiar y aventurera vida de su madre Valerie, una mujer inquieta, de espíritu libre e indomable, que ha hecho de su vida un canto de amor a la naturaleza, a los animales y a las sabidurías espirituales, y sobre todo, a encontrar y encontrarse siempre en su propio camino, alejada de los convencionalismos sociales y el patriarcado imperante de un país, en una constante camino personal en el que una vida estable y normalizada no entran en sus planes. Una vida errante, siempre en el camino, y de pueblo en pueblo, y de feria en feria, vendiendo artículos artesanales para subsistir, en una vida de itinerario en compañía de su amor e hijos, sin más nada que su aventura y contradictoria, temor a lo desconocido, pero a la vez, una necesidad imperiosa de continuo descubrimiento por la vida, la armonía con la naturaleza y las necesidades vitales de uno mismo. Imágenes del pasado y de ahora que, reconstruyen la vida de su madre y la suya misma, los vacíos por las ausencias maternas y la falta de estabilidad de aquellos años de vagabundeo y de continuo viaje.

La directora colombiana en su puesta de largo, filma la intimidad de su madre y la suya, en una película sencilla, construida por la directora y su pareja y colaborador Nicolas Van Hemelryck, en el que captan el paisaje natural en mitad de la selva de Val, una mujer que antepuso su vida y sus necesidades a las obligaciones como madre, a alguien que optó por vivir a su manera, alejada de sus hijos y de todo. Weiskopf cimenta la película en las relaciones amor y odio que ha experimentado con su madre, ahora que ella va a experimentar el camino de la maternidad, encuentra el sentido de la película que quería hacer sobre su madre, y nos ofrece una profunda reflexión sobre el significado de la maternidad, de aquellas obligaciones y sacrificios que hacemos al ser padres, de todo aquello que hacemos o no, y la naturaleza del amor materno, y lo hace desde la sinceridad, a través de conversaciones con su madre, preguntándole todo aquello que mantenía guardado, que nunca se atrevió a preguntar,  todos aquellos sentimientos y emociones que tuvo y tiene a raíz de la actitud tan libre de su madre.

El encuentro entre madre e hija resulta aleccionador y muy gratificante emocionalmente hablando, donde cada una de ellas escenifica sus posiciones ante la maternidad, y el verdadero sentido de la vida, y el hecho de traer hijos al mundo, e indagando en los distintos aspectos que contribuyen no sólo a la felicidad de uno mismo, sino a la felicidad y el bienestar de los hijos. Una cinta intensa y peliaguda emocionalmente, pero que sabe captar los sentimientos contradictorios de madre e hija, sin caer en ningún momento en el manierismo de las posiciones, sin prevalecer ninguna de ellas, exponiendo de manera íntima y conmovedora los encuentros de madre e hija, escuchándose y dialogando sobre todo aquello que vivieron, sintieron y en realidad, son, aquellas decisiones que nos hacen tomar un rumbo u otro en nuestra vida, que nos hacen avanzar hacía los lugares o espacios que tenemos que encontrarnos en este camino vital que nos trazamos cada día.

Entrevista a Catalina Mesa

Entrevista a Catalina Mesa, directora de «Jericó, el infinito vuelo de los días», en el marco del Festival DocsBarcelona.  El encuentro tuvo lugar el viernes 26 de mayo de 2017 en el hall del Teatre CCCB en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Catalina Mesa,  por su amistad, tiempo, generosidad y cariño, a Nathalie Pampin, colaboradora de la directora, por su tiempo, generosidad y amabilidad,  y a Ana Sánchez de Comedianet, por su amabilidad, paciencia, atención, generosidad y cariño.

Jericó, el infinito vuelo de los días, de Catalina Mesa

EL ALMA FEMENINA DE LAS PEQUEÑAS COSAS.

“Nada por perder, nada por ganar, todo para dar”

Mathieu Richard

La semilla de esta película se inició como homenaje a Ruth Mesa (1925-2008) escritora y poetisa de Jericó, un pequeño pueblo a 100 km de Medellín (Colombia) que se alza a 2500 metros de altura, en la cordillera occidental de Los Andes, en el sureste del departamento de Antioquia. Sus historias, sabiduría e inquebrantable espíritu enamoraron a una de sus nietas, la directora Catalina Mesa, que años después, volvió con su cámara y su equipo, para levantar su primera película enla tierra de su tía abuela para filmar sus calles, sus casas coloridas, sus vientos, su luz y sobre todo, recoger el testimonio de 8 mujeres de diferentes vidas, clase social, amores, dolores, creencias, etc… pero todas compartiendo el mismo espíritu férreo y vitalista de esas pequeñas cosas que conforman unas existencias en las que ha habido de todo, desde lo más bonito hasta lo más duro, pero que nunca, a pesar de todo lo que les tocó vivir, no han desfallecido en su forma de ser y en su maravillosa actitud ante la vida y sus cosas.

La directora colombiana construye su película a través del testimonio y la mirada de estas 8 mujeres, mujeres que pasan de la setentena, en un viaje poético e íntimo a sus vidas, sus recuerdos y todo aquello que ha rodeado sus existencias, en el que la ausencia masculina, por diferentes motivos, llena sus testimonios, y Mesa, no lo hace con bustos parlantes, sino que lo plantea a través de diferentes diálogos-encuentros que van manteniendo las mujeres con su entorno, en el que las vamos conociendo, escuchando y reflexionando sobre sus vidas, sus viajes, su trabajo, y esa relación tan íntima con su paisaje a través del llamativo colorido de sus casas, sus comidas y todos los objetos que decoran sus casas, y tienen un especial significativo en el transcurso de sus vidas. Mesa, a través de una exquisita forma, en la que prevalece la explosión de colores, debido a su peculiar arquitectura, y un finísimo detalle en la filmación de los objetos, muebles y espacios en los que viven estas mujeres, y no sólo se quedándose en el elogio de esas vidas vividas.

La película, también, nos descubre el dolor y la fortaleza que han tenido que sacar de sus entrañas para sobrevivir ante los avatares de sus vidas, sus pérdidas, las ausencias, algunos elegidas y otras, no, y el apoyo en lo religioso, herencia de la cultura europea, como motor espiritual en sus vidas. Una película que también puede verse también como un homenaje, no sólo a estas mujeres fuertes y dulces, sino también a la vida rural colombiana, y su cultura popular, en las que escuchamos su sabiduría de la tierra que las ha visto crecer y convertirse en mujeres, con sus itinerarios de vida, en que hay espacio para escuchar la poesía de Jericó, y la música que ha acompañado a estas mujeres, como la pianista Teresita Gómez, Eydie Gorme y Los Panchos, o Dr. Alfonso Ortiz y Juan Arvizu, donde escuchamos tangos, boleros, cumbias y unas melodías que nos transportan a los recuerdos de estas mujeres, a aquella juventud de viajes, de rezos, de amores, de amistades, de males, alegrías y tristezas, vidas en las que el recuerdo está muy presente, pero siempre desde un punto de vista lleno de humor, porque estas 8 mujeres pasan del llanto a la risa en un abrir y cerrar de ojos, aceptando el dolor y la alegría como elementos indisolubles de vivir y seguir hacia delante.

Un relato bellísimo y conmovedor, que tiene en el cine de Depardon y sus películas del mundo rural francés, su fuente de inspiración, en el que filma con honestidad y espíritu de observacional, alejándose de la postal embellecedora tan manida de otros. La película contiene un trabajo antropológico y valioso de dejar testimonio del pueblo y su historia, y de sus habitantes, en este caso de un puñado de sus mujeres, de reflexionar y mostrar ese espíritu inquebrantable femenino que sigue en pie, con sus recuerdos amontonados, sus fotografías que nos muestran esas vidas de trabajo duro y felicidad, pero que no cejaron en vivir sus propias vidas, siendo autónomas, y sobre todo, trabajar con energía e ilusión para ser las mujeres que querían ser, a pesar de las dificultades de una sociedad anclada en el patriarcado imperante, pero que ellas, seguras de sí mismas y haciendo frente a los problema logrando ser unos espíritus libres, alegres y combativos.


<p><a href=»https://vimeo.com/209874521″>TRAILER JERICO</a> from <a href=»https://vimeo.com/compacto»>COMPACTO.coop</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

La promesa, de Karin Steinberg y Marcus Vetter

LOCURAS POR AMOR.

“El amor es una forma de meditación y el arma definitiva contra tus padres”.

Corría el otoño de 1984, cuando dos jóvenes, Elizabeth Haysom, 20 años, de clase alta, atractiva e inteligente, con un pasado oscuro, lleno de abusos y adicciones, y Jens Soering, 18 años, hijo de diplomático alemán, superdotado, tímido y de gafas gruesas, se conocen en la Universidad de Virginia, y se enamoran. Una relación salpicada por el carácter dominante de ella y su innata capacidad para mentir. El último fin de semana del mes de marzo de 1985, concretamente, el 30, los padres de ella, Derek y Nancy Haysom fueron encontrados salvajemente asesinados en su domicilio. Elizabeth y Jens, los principales sospechosos huyeron hacía Inglaterra sobreviviendo con cheques sin fondos hasta que son arrestados y repatriados a EE.UU. Comienza el proceso, primero contra ella, que es condenada a 90 años de prisión, y luego, contra él, que se convertirá en el primer juicio televisado en la historia de la televisión, que acaba con una condena de cadena perpetua.

El tercer trabajo en conjunto de Karin Steinberg y Marcus Vetter, después de Hunger (2009) y El visionario, de hace tres cursos, donde daban buena cuenta de Martin Armstrong, un consultor de finanzas que ideó un sistema de predicción que se rifaban los grandes bancos, además de predecir la crisis del 2015. Ahora, la pareja profesional alemana nos ofrece un análisis certero y serio sobre el primer caso mediático en la historia judicial en EE.UU. La película arranca en la actualidad, en la investigación que llevan a cabo la abogada y el investigador que intentan encontrar pruebas que permitan la libertad de Jens Soering, debido a unas pruebas surgidas en el 2009 que ayudan a la inocencia del joven. Arrancamos con la versión de los hechos de Jens Soering desde la cárcel, cuando relata con minuciosidad y tranquilidad todo el caso desde que conoció a Elizabeth, mientras vemos las grabaciones de los juicios, y escuchamos los testimonios de las personas que participaron en los hechos, desde los policías encargados de la investigación, y los testigos y familiares de los acusados.

Steinberg y Vetter se ponen el traje de faena y nos introducen en un trabajo que recuerda a los mejores dramas judiciales clásicos como Anatomía de un asesinato, de Preminger, Doce hombres sin piedad o Veredicto final, ambos de Lumet, exponiendo todos los hechos sobre los que giran en torno a un caso de amor juvenil desaforado que lleva a sus protagonistas a cometer un asesinato atroz que los condenará de por vida. La película reflexiona sobre la viabilidad de una justicia que suele equivocarse, y no repara sus errores, o simplemente una ley poco transparente anclada en apariencias donde el estatus social acaba inclinando la balanza. Un fino y serio análisis sobre la América blanca y esos lugares oscuros que no vemos pero se desarrollan en el interior de sus hogares, o esos hijos, que encuentran en las mentiras, las drogas y el sexo desenfrenado una manera de escapar de una realidad deprimente de niño rico, y así encontrar una salida a un mundo demasiado superficial y lleno de inmundicia como también describía Capturing the friedmans, documento que nos contaba un caso de pedofilia en una pequeña comunidad estadounidense.

La promesa nos habla de esas declaraciones y posiciones a ultranza, de declararse culpable de algo que no has cometido, en este caso de condena, donde alguien decide salvar al ser que ama, aunque eso signifique arruinar su vida, y como el tiempo acaba pasándonos factura por aquellos actos descerebrados, pasionales e infantiles que cometemos cuando somos jóvenes sin pensar en las terribles consecuencias que acarrearan en nuestras vidas. Un documento sincero y magnífico que coloca el foco de atención en el abusivo y terrorífico uso de los medios del dolor y el voyeurismo ajeno, de una justicia racana y trasnochada, anclada en el conservadurismo más rancio, que no ayuda a la convivencia y sobre todo, a la mejora de los casos en el que pueden implicar y condenar a aquel que es inocente, sin constatar las diversas pruebas incriminatorias, o llevar a cabo investigaciones fraudulentas. Un joven que después de más de media vida en la cárcel clama por su inocencia, y que sólo admite su culpabilidad de haberse enamorado, o al menos eso creía el entonces, de una joven manipuladora y trastornada que no le convenía en absoluto.