Entrevista a Carlos Vermut

Entrevista a Carlos Vermut, director de la película «Quién te cantará». El encuentro tuvo lugar el martes 23 de octubre de 2018 en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Carlos Vermut, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Nadia López y Ainhoa Pernaute de Caramel Films, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

Burning, de Lee Chang-Dong

¿PUEDES VER LAS MANDARINAS?.

“Todos los animales y objetos en este universo son el HAMBRE GRANDE. Las estrellas en el cielo nocturno tiemblan porque están haciendo la Danza del HAMBRE GRANDE, conscientes de que se desvanecerán y su luz morirá. El rocío de la mañana es la lágrima derramada por las estrellas”.

(Cita de un Bosquimano del desierto de Kalahari)

El cine de LeeChang-Dong (Daegu, Corea del Sur, 1954) se centra en pocos personajes, sus historias suelen estar protagonizados por hombres o mujeres que se relacionan con alguna persona que otra, y en ambientes cotidianos y reducidos. Un cine basado en la psicología de sus personajes, sus miedos, inseguridades y demás aspectos humanos, a los que el cineasta surcoreano despeja de cualquier sentimentalismo, para someterlos en relatos donde alguna herida que otra los sacude emocionalmente, y los lleva a enfrentarse a su entorno, tanto emocional como físico, y sobre todo, a ellos mismos. Cuentos contemporáneos sobre la realidad política, social y cultural de Corea del Sur, protagonizados por personajes que, en muchos casos sobreviven instalados en una realidad anodina, vacía y sin futuro, una realidad que Cang-Dong describe con mimo, con reposo y haciendo gala de un uso extraordinario del tempo cinematográfico, donde convierte aquello cotidiano en un verdadero enigma para el espectador, en el que a través de una precisión absoluta de la forma, envuelve a los espectadores en aventuras urbanos o rurales donde los sentimientos dirigen las emociones oscuras y maltrechas de sus protagonistas.

En su quinto largometraje, basado en un cuento de 20 páginas de Haruki Murakami titulado Quemando graneros, que en la película se ha traducido con el nombre de quemando invernaderos (que adopta el título de una novela corta de Faulkner) con reminiscencias argumentales en la película. Chang-Dong convierte el exiguo relato de Murakami (un maestro en construir misterios a partir de pocos elementos anclados en la cotidianidad más absoluta) en una película  de 148 minutos, en la que nos sumerge pausadamente, sin prisas ni aspavientos misteriosos ni sentimentales, en un relato fuertemente psicológico protagonizado por Jongsu, un joven repartidos a tiempo parcial que, un día como otro cualquiera, se reencuentra con una antigua vecina de su misma edad llamada Haemi. Los dos empiezan a verse y se acuestan. Un día, Heami que tiene que viajar a África a conocer las tradiciones ancestrales de los bosquimanos, le pide a Jongsu que cuide de su gata “Caldera”. Mientras la joven está ausente, Jongsu acude a su piso y le deja comida al felino que nunca veremos, aunque si tendremos rastros de su existencia o no. Cuando vuelve Haemi, viene acompañada de un chico misterioso que responde al nombre de Ben, un tipo engreído y riquísimo que apenas explica nada de su vida, amén de enseñar su lujoso piso y automóvil. Entre medias, Jongsu ha vuelto a su pueblo, ya que su padre está en la cárcel por un altercado con un funcionario, y tiene que cuidar de un ternero que no consigue vender.

Este vértice singular y poco convencional irán encontrándose y dialogando entre ellos, en que el misterio se irá apoderando de su extraña relación, y sobre todo, del relato que nos cuenta Chang-Dong, y construyéndolo de un modo sencillo y absorbente, casi sin darnos cuenta, apreciándolo suavemente, con momentos magníficos como el par de bailes inolvidables sobre todo el segundo, en el patio de la casa de Jongsu que se marca una Haemi con los pechos al aire al atardecer, imitando la danza africana de “Los grandes hambrientos”. Aunque, esa aparente armonía del trío un día se zanjará de forma brusca y sorprendente cuando Haemi de forma inesperada desparece sin dejar rastro. En ese instante, la película cambia de forma, color y textura, lo que hasta ese momento había sido una reflexión concienzuda sobre los jóvenes surcoreanos y la juventud en general, sobre sus desesperanzas en una sociedad cada vez más individualista y sin futuro, con relaciones esporádicas y líquidas (como mencionaba Bauman), se convierte en una película donde el thriller se apoderará del relato, pero huyendo de los convencionalismos del género, en el que Jongsu empieza una búsqueda incesante de Haemi (que recuerda al aroma de las tramas psicológicas y misteriosas de Antonioni y esos personajes que deambulan y hablan, peor que no sabemos absolutamente nada de sus existencias) la que parece haberse esfumado por completo, en el que comenzará a seguir al enigmático Ben, que cada vez se vuelve más oscuro e impenetrable, si cabe, frecuentando sus amigos y otra novia.

Su vida envuelta en el misterio se irá desvelando a través de la mirada de Jongsu, porque la película juega admirablemente, no solamente con el enigma de la desaparición de Haemi, sino con el propio enigma cinematográfico, mostrándonos aquello que va descubriendo o imaginando Jongsu, en un laberíntico y brutal juego de espejos donde el misterio se adueñará de la trama y comenzará a sacudirnos de forma psicológica, a medida que Jongsu va aclarando el entuerto o no, porque Chang-Dong nos cuenta las pesquisas del joven de forma extraordinaria, con ese ritmo pausado, donde todo lo miramos con Jongsu, aunque dudaremos de sus investigaciones, sus argumentos y sobre todo, su enigma, porque la película no toma posición por nada ni nadie, dejará que nosotros los espectadores tomemos esa posición, imaginándonos que ha sucedido con el destino de Haemi, a través de todo aquello que se nos ha ido desvelando a lo largo de los 148 minutos de metraje.

El cineasta surcoreano consigue con escasos elementos extraídos de la más absoluta cotidianidad, introducirnos en un gran misterio, que nos atrapará inexorablemente, sin dejarnos respiro ni descanso, llevándonos por esas calles al estilo de Vértigo, de Hitchcok, donde Jongsu sigue el automóvil de Ben, o dejándonos caer por el piso ordenado de Haemi, que será todo lo contrario como lo había dejado en su anterior viaje, o encontrándonos con familiares o conocidos de Haemi que nos irán informando o no sobre Haemi y su entorno, tan misterioso como la existencia de Ben, y nos llenarán de dudas a cada paso que vamos dando, a la par que Jongsu, nuestro guía en la película, dándonos pistas fiables o no, como el relato enigmático de Ben cuando explica a Jongsu que su afición es quemar invernaderos, y Jongsu empieza una carrera casi a contrarreloj investigando los invernaderos abandonados de su vecindario.

Chang-Dong añade elementos como la pantomima, la gata, el reloj de pulsera rosa o la caída del pozo, todos misterios o no, presencias y ausencias, que formarán parte de ese imaginario real o no, de la verdad que describe o no la película, a través de cada uno de sus personajes, donde parece que lo importante no es saber si estás viendo o no las mandarinas, lo importante está en si piensas que realmente existen las mandarinas que no estás viendo) que parecen llevarnos a pensar en unas situaciones, pero no de forma clara y concisa, sino de una manera diferente, como si la desaparición de Haemi fuese imaginaria o real, nunca lo sabremos a ciencia cierta, o formase parte de la imaginación de Jongsu, escritor en ciernes, en busca de algo interesante que contar, todos los caminos son válidos o no, o simplemente la película es un retrato sobre las apariencias, las verdades de todo color o forma, y el enigma es simplemente una excusa, una especie de macguffin que nos hace movernos de un lugar a otro, y todo forma parte de nuestra mente, imbuidos en un estado de hipnosis en el que la película y lo que cuenta nos ha llevado sin remedio. Todos las ideas son válidas o no.

 

Desenterrando Sad Hill, de Guillermo de Oliveira

EL SUEÑO DE UN PUÑADO DE CINÉFILOS.  

«El cine te da la oportunidad de estar en lugares imposibles. Eso es el cine, estar en un sitio donde jamás podrías estar en la vida real. Y de pronto, descubrir que eso existe, que eso forma parte de un terreno extraño y hacer esa especie de arqueología, de juego arqueológico, de encontrarlo. A mí me resulta fascinante, no me extraña que la gente vaya a desenterrar el cementerio de Sad Hill. O sea, es algo que me gustaría a mí también hacer, no. Parece como de pronto que nuestros sueños son reales y eso es una sensación fantástica».

Álex de la Iglesia

Quizás muchos no lo llegarán a entender, pero aquellos que amamos el cine, que no sentimos fuertemente atraídos por alguna película, por aquellas escenas que nos atraparon, sus diálogos y sus personajes, nos hemos dejado llevar por la experiencia mística de reconocer algún lugar real de alguna película,  y sentir ese momento mágico cuando caminando nos hemos topado con ese lugar ya mítico en nuestras vidas, y hemos descubierto un escenario real donde se llevó a cabo algún rodaje, rescatando del olvido aquella imagen de la película, depositada en nuestra memoria cinéfila, y la hemos comparado con el escenario real, en una simbiosis perfecta entre nuestros sueños y la realidad que estábamos observando.

Algo así parecido sintieron un grupo de amigos cuando en octubre de 2015 acudieron a Santo domingo de Silos, en Burgos, más conocida por los cinéfilos como la localización real del cementerio de Sad Hill, lugar mítico cinéfilo de la secuencia final de la película El bueno, el feo y el malo, de Sergio Leone. Ese grupo de “chalaos” de la película emprendieron hacer realidad un sueño, desenterrar el cementerio sepultado por una amalgama de yerbajos y volver a darle vida 49 años después, y convertirlo de esa manera, en un lugar de peregrinaje para todos aquellos que quieran verlo en realidad, algo así como un lugar sagrado para todos los amantes de la película. La película Desenterrando Sad Hill, de Guillermo de Oliveira (Vigo, 1986) recoge todo ese proceso y habla con sus artífices, también dando voz a fans de la película de la talla de los cineastas Joe Dante y Álex de la Iglesia, o músicos como James Hetfield (vocalista de Metallica) y cómo no, algunos de los miembros del equipo de la mítica película como Clint Eastwood, Ennio Morricone, el mítico músico de los spaghetti western y de tantas obras, Eugenio Salvati, montador, Sergio Salvati, asistente de cámara, Carlo Leva, ayudante de arte, y otros expertos de la película como Sir Christopher Frayling, biógrafo de Sergio Leone.

La cinta viaja en el tiempo y nos explica algunos pormenores de la película, la última de la trilogía del dólar, rodada en 1966, en aquella España franquista gris y tradicional, después de Por un puñado de dólares (1964) y La muerte tenía un precio (1965), y las localizaciones que albergó aquel rodaje, desde la fuerte personalidad de Leone, los soldados de mili, más de un millar, que participaron de extras y ayudaron a la construcción de los decorados, desde el campo de concentración, el puente que estallará y el mítico de cementerio (que alberga 20 minutos de la película), recogiendo diferentes sucesos, anécdotas, testimonios de algunos de aquellos soldados, fotografías del rodaje, y demás documentación. No es sólo una película que habla sobre cine, sino también de la materialización de los sueños, de la memoria cinéfila y sobre todo, de la pasión de legiones de espectadores hacia el cine y alguna película en concreto, el cine como espacio de los sueños, como lo llamaban en la época clásica de Hollywood, aquella “Fábrica de sueños”, pero aquí, el sueño ha construido su propio camino real, resucitando del olvido un espacio real, algo tangible, un lugar sagrado, un lugar que pisaron Leone, Clint Eastwood, Eli Wallach o Lee Van Cleef, entre tantos nombres míticos de la película.

De Oliveira ha realizado su particular y sincero homenaje al cine, documentando a todos aquellos hombres y mujeres que siguen soñando la película una vez que está ha terminado de proyectarse, contándonos a través de pedazos de vida que forman parte de la reconstrucción del cementerio, de la experiencia de todos aquellos venidos de tantos sitios, incluso de Francia, con pala y azada al hombro, para trabajar quitando tierra, hierbas y maleza para devolver al lugar el espacio mítico y sagrado que tenía en la película, para resucitarlo, darle vida otra vez, con ese duelo final que ya forma parte, no sólo de la historia del cine, sino de tantos espectadores que la siguen recordando y explicando, porque lo que nos viene a decir la película que el cine y la vigencia de su memoria esta en mano de los espectadores, esos cinéfilos que aprovechan su tiempo para localizar y reconstruir el cementerio de Sad Hill, porque, al fin y al cabo, los sueños son más sueños cuando se convierten en realidad, cuando la película se convierte no sólo en un pedazo de historia desenterrada, sino en un lugar sagrado, donde todos y cada uno de sus admiradores, pueden encontrarse y sentir todo aquel aroma que sintieron el equipo de la película cuando pisaron aquel lugar, en el que el Tuco corría desesperado encontrar la tumba de Arch Stanton que guardaba el tesoro, o pisaban el empedrado mientras sonaban la maravillosa melodía de la mítica The Ecstasy of Gold.


<p><a href=»https://vimeo.com/290700694″>TRAILER DESENTERRANDO SAD HILL</a> from <a href=»https://vimeo.com/dypcomunicacion»>DYP COMUNICACION</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

Encuentro con Jan Svankmajer

Encuentro con el cineasta Jan Svankmajer, con motivo de la concesión de la medalla como miembro de Honor de The Raymond Roussel Society, con la participación de Esteve Riambau (Director Filmoteca) Jaromir Kallista (productor) Joan Bofill-Amargós (Presidente y cofundador The Raymond Roussel Society), Thor Halvorssen y Hermes Salceda (Cofundador y miembro del board de The Raymond Roussel Society, respectivamente), Joan Marimón (guionista) y Stanislav Skoda (Representante Embajada Checa en España y Director del Centro Checo Madrid).El encuentro tuvo lugar el jueves 27 sseptiembre de 2018 en la Filmoteca de Cataluña en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Jan Svankmajer, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño,  y a Jordi Martínez de Comunicación de la Filmoteca, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Entrevista a Marcela Matta

Entrevista a Marcela Matta, codirectora de la película «Los Modernos», en el marco del FIRE!! 23a Mostra Internacional de Cinema Gai i Lesbià. El encuentro tuvo lugar el viernes 15 de junio de 2018 en la terraza del Instituto Francés en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Marcela Matta, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y al equipo del FIRE!!, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

Encuentro con Marisa Paredes

Encuentro con la actriz Marisa Paredes, con motivo del acto de homenaje por el Goya de Honor 2018, junto a Isona Passola (Presidenta de l’Acadèmia del Cinema Català) y Judith Colell (vocal de la Junta de la Academia del Cine Español). El encuentro tuvo lugar el jueves 13 de septiembre de 2018 en el Soho House en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Marisa Paredes, Isona Passola y Judith Colell, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Ana Sánchez y Tariq Porter de Trafalgar Comunicació, por su tiempo, generosidad, paciencia y cariño.

Testigo de otro mundo, de Alan Stivelman

UN ENCUENTRO CERCANO.

“Nunca estarás completamente sólo, si conectas con tus orígenes”

Juan tenía 12 años cuando una mañana muy temprano su vida cambió. Juan montando su caballo, en mitad del campo, haciendo unos quehaceres que le había enviado su padre, se topó con una luz muy brillante que resultó ser una nave de origen extraterrestre, el niño se introdujo en el interior del artefacto y todo aquello que presenció aquel amanecer de 1978, le ha condicionado toda su existencia, provocándole terribles pesadillas, las burlas de propios y extraños, y su aislamiento total recluido en el campo con sus animales. Casi 40 años después, el director bonaerense Alan Stivelman, que convenció a los más escépticos con su primer trabajo, Humano (2013) donde seguía la peripecia de un joven que se lanzaba a recorrer las montañas andinas en busca de respuestas. El cineasta argentino vuelve a un relato existencial, protagonizado por un hombre sencillo y tranquilo, alguien que disfrutaba de una apacible existencia junto a su familia y enriqueciéndose de la sabiduría de su abuelo sobre el campo y su alrededor. Aunque, Stivelman se centra en los grandes enigmas de la vida, esta vez, las consecuencias nacen en un caso diferente, en las consecuencias terribles de un tipo enorme peor bonachón, un ser incomprendido, un ser aislado, alguien que se encuentra sólo y triste.

Stivelman se convierte en narrador y guía de la película, mostrándonos a Juan, su casa, su vida y trabajo, y abordando aquello que lo angustia, y para ello, nos invita a un viaje hacia lo más profundo de Juan, a sus orígenes, a través de la sabiduría ancestral de los chamanes guaraníes de Paraguay, que nos descubrirán una manera completamente diferente de afrontar el suceso Ovni, estudiando sus entrañas desde lo trascendente, de aquello que no podemos ver, de aquello intangible, de todo ese mundo que sabemos que hay pero no podemos descifrar, en la ayuda a Juan, también participará el Dr. Jacques Vallée, un astrofísico experto en el fenómeno Ovni y gran defensor en la hipótesis extraterrestre e interdimensional (que conoció a Juan cuando éste vivió su encuentro). Stivelman construye una película-terapia donde el dispositivo cinematográfico se erige como medio para ayudar a Juan, abrir su mente, a través de hipnosis, y su cuerpo, para conocer sus traumas y miedos, y batallar contra ellos, de un modo frontal y con todas las herramientas científicas y espirituales que le van ofreciendo los implicados en esta historia.

El director argentino nos habla del fenómeno Ovni como estudio científico, y todo aquello que el cine, la literatura o la sabiduría popular ha creado a través del fenómeno, pero no se queda ahí, la película se sumerge en un viaje, el de Juan, y el nuestro propio, donde descubriremos otros mundos, otros estados, y sobre todo, otras percepciones de nuestro entorno y aquello que sentimos, en una especie de viaje metafísico que abarca todo nuestro ser, aquello que nos rodea, y lo más lejano, otros seres, otras vidas y otras ideas y maneras de pensar. La película no toma partido, muestra el viaje de Juan, sus encuentros mágicos, sus emociones, temores, y demás, siendo testigos de la sanación que va experimentando, a través de  lo trascendente, encontrando a seres que lo escuchan, lo entienden y sobre todo, le ayudan a encontrar las herramientas que le ayuden a superar su trauma, a dejar de sentirse solo y a aprovechar todo aquello que vivió con su encuentro con ese otro mundo desconocido.

El cineasta argentino ha construido una película sincera y magnífica, que deja la épica y la espectacularidad tan inherente al fenómeno Ovni, para adentrarse en otro terreno, un espacio donde el humanismo es el protagonista, donde la noticia fabulosa que un niño tuvo un encuentro con extraterrestre hace 40 años, que sorprendió a tantos, pasa a convertirse en que fue de aquel niño, ahora, convertido en un gaucho en la cincuentena que vive del campo y de sus animales completamente aislado, preguntándose las causas que le han llevado a ese estado, filmándolo en su entorno, mirando a su rostro, explicándonos todo lo que sucedió después, aquello que a la actualidad no le interesa, ¿Cómo creció después de su encuentro? ¿Cómo ha vivido todos estos años? ¿Qué siente ahora mismo? ¿Cómo le afectó anímicamente aquel encuentro?

Stivelman ha creado la película preguntándose por todo eso, y mucho más, llevando a Juan a otro mundo, aquel en el que alma consigue la paz, y descubre que hay otros mundos mucho más cercano de lo que imaginamos, contándolo desde la intimidad de Juan, desde el descubrimiento de esos mundos desconocidos, y acercándose a realidades diferentes, mágicas y extrañas. Un documento sobre lo invisible, en el que se pondrán a pruebas nuestras creencias sobre lo que nos rodea y aquello más allá, aquello que no sabemos contar, lo que se escapa de nuestro entendimiento, en un viaje para no solamente respondernos algunos enigmas, sino a abrazar lo que nos produce miedo a través de lo más ancestral de nuestros antepasados.

Entrevista a María Ruido

Entrevista a la cineasta María Ruido en el marco de la 26a Mostra Internacional de Films de Dones de Barcelona. El encuentro tuvo lugar el jueves 7 de junio de 2018 en la Filmoteca de Catalunya en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a María Ruido, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, al equipo humano que hace posible la Mostra, por su cariño y generosidad, y a Teresa Pascual y Anne Pasek de Good Movies Comunicació, por su tiempo, generosidad, paciencia y cariño.

El vuelo de la paloma, de José Luis García Sánchez

TODOS AMAN A PALOMA.

«La especie humana produce ejemplares horribles y también maravillosos, lo que pasa es que estos otros casi nunca son noticia».

Rafael Azcona

La película se abre con unas imágenes aéreas de Madrid al amanecer, recorriendo las arterias principales de la ciudad, visitando los monumentos más significativos, mientras escuchamos diferentes emisoras de radio que van desgranando las noticias más significativas del día que acaba de arrancar. Cuando finalizan los títulos, nos situamos en una calle cualquiera del centro, y seguimos a uno de los personajes, un pescadero rechoncho y con bigotillo que porta un paquete, nos conduce hasta una plaza (que se convertirá en el núcleo central de la película) y un bloque de pisos, donde conoceremos a la protagonista de la función, Paloma, una maruja en toda regla, de esas mujeres que viven dos vidas, la realidad amarga cargada con cuatro hijas y un marido palillo y botarate, que no da ni golpe y vive de chanchullos junto a su hermano abogado imbécil, y la otra vida, aquella en la que sueña que alguien la rescate de esa vida y la lleve a otros lugares. También, conoceremos a otros vecinos, el fascista de turno, que es muy amigo de un idiota, metomentodo y además, enamorao de una de las hijas adolescentes de Paloma. Para redondear el marco pintoresco de la función, el suegro de Paloma, un chamarilero de los de toda la vida, comunista y amante de los pequeños placeres.

Todo este cuadro se verá interrumpido y agitado por el rodaje de una serie sobre la Guerra Civil, donde aparecerá el galán trasnochado de turno, aquel que iba para gran actor y se quedó en eso. Estamos en 1988, José Luis García Sánchez (Salamanca, 1941) acaba de hacer Pasodoble, en la que una familia quijotesca ocupan un museo propiedad del monarca, que en su juventud, según dice la abuela, tuvo un sonado idilio con ella. Una cinta que contenía todos los elementos que tanto le gustan a García Sánchez, como lo coral,  retratando a un grupo de personajes excéntricos, deudor del cine Berlanguiano, muchas de sus películas estaban escritas junto a Rafael Azcona (1926-2008) quizás el guionista más grande del cine español, en unas tramas rocambolescas y alocadas, donde cada uno hace la guerra por su cuenta, dentro de un tema central, en el que como cabrá esperar, estos personajes no saldrán bien parados,  y sus sueños e ilusiones no tardarán en dar al traste y vuelta a empezar.

García Sánchez y Azcona no sitúan en un único lugar, la plaza donde se desarrolla el rodaje, junto al piso de Paloma, que parece la casa de los líos, y la roulotte de Luis Doncel, el actor, espacios todos ellos donde las desventuras de este grupo de caraduras y mamarrachos, siempre con humor, deambularán de un sitio para otro, todos andan detrás de un objetivo que, en principio desconocen que sea común, todos aman a Paloma, todos y cada uno de ellos, a su manera, que nunca parece que sea la más adecuada para Paloma, una mujer resignada a una vida insignificante, vacía y rutinaria (como define su atuendo de arranque de la película, ese chándal rosa y el abrigo de leopardo de pega, y qué decir de su peinado, el último grito de la pelu de la esquina). La llegada del cine, en este caso una serie, donde el actor-galán de tres al cuarto (con sus postizos de todo tipo, el pelo en pecho, la dentadura, incluso sus sentimientos) es el que lleva la voz cantante, el que tampoco se resistirá a los encantos de la maruja de barrio que es Paloma.

Azcona en su peculiar forma de observar al perdedor, al tipo corriente que todo le sale mal, entre otras cosas, porque no da más de sí, y también, por culpa de esa sociedad injusta, superficial y malévola, construye una sátira para reírse de todos y de todo, atiza con fuerza y con mucha mala uva, pero con su finísimo humor, en ocasiones, negrísimo, a todo lo que se mueve, con una libertad que ha desparecido hoy en día, una libertad para hablar de todo, y con ese humor, desde el contexto político y laboral, metiendo esa huelga (haciendo referencia a la que tuvo el Psoe de González en el 88) y las constantes disputas con los horarios, la comida y demás que se producen durante esa única jornada de rodaje, la reconciliación de las dos Españas (desde el contenido de la serie que se rueda, con la entrada de los regulares en Madrid, y la disputa de los vecinos, el facha de toda la vida, y el viejo comunista) el machismo que practican casi todos los hombres, el racismo (con el caso de los trabajadores negros de la película) o la pederastia (en el personaje enchochado con la niña de Paloma) sin olvidarnos de las hostias que se dan al mundo del cine, y su farándula, y todas las criaturas que pululan por ese medio, temas que hoy en día, de estúpida corrección política para no dañar las sensibilidades falsas y aparente, que han sido vetados en el cine y en cualquier manifestación artística, donde el yugo de la censura y autocensura se ha convertido en el pan de cada día.

Y qué decir de su elenco, lleno de caras conocidas, algunas de ellas ya desaparecidas, como la alma amorosa de la película, una Ana Belén riquísima y espectacular, que anda escabulléndose de todos e intentando respirar en este enjambre de salidos y tontos de capirote, le acompañan, José Sacristán, como el marido aprovechao, pusilánime y tontín, y su escudero-hermano Miguel Rellán, como el rufián abogado defraudador y corrupto (la eterna picaresca y sanguijuela del español de toda la vida) Juan Echanove como el enamorado romanticón y advenedizo controlado por su madre (como el Gabino Diego de Belle Epoque con su madre carlista) Antonio Resines como el pederasta de turno, ese que las mata callando, con su chándal y su bigotón, baboso e impertinente, que siempre armando bronca, una especie de Sancho Panza al servicio del fascista maricón, y Juan Luis Galiardo como el actor lleno de carcoma de la función, galancito con arrugas y maquillaje sudoroso que anda tras Paloma como alma en pena (con ese grito de socorro aludiendo a Fernando Fernán Gómez) queriendo creerse que todavía alguien se acuerda de él, arrastrándose por las esquinas como un lobo en los huesos.

Finalmente, como suelen pasar en estas películas de la factoría Azcona hay una retahíla de actores de reparto que en unas pocas secuencias deslumbraban hasta el más distraído de los espectadores como Manuel Huete, que era asiduo de García Sánchez desde aquel inolvidable momento de Las truchas, con esos mágicos momentos con Luis Ciges, aquí de historiador enfadado, hablando de la cartilla militar de Hitler (que según e cuenta fue totalmente improvisado) Juan José Otegui como ese productor gentleman con pañuelo al cuello (una especie de López Vázquez en La escopeta nacional y sus secuelas) José María Cañete como el fascista de brazo en alto y de moralidad “dudosa”, y un instante podemos ver a Luis Cuenca, entre otros. Entre los productores encontramos a Víctor Manuel (que ya había producido Divinas palabras, de García Sánchez, y posteriormente hará lo mimso con Tirano Banderas) a Andrés Vicente Gómez con Lola Films (respnsable de títulos como Jamón, JamónBelle Epoque) a los grandes Fernando Arribas en la cinematografía (habitual de García Sánchez) y Pablo G. del Amo (el gran editor de la factoría Querejeta) a Manuel Gómez Pereira como ayudante de dirección, a Cesar Benítez y Andrés Santana como ayudantes de producción. Volver a ver o ver por primera vez en cine El vuelo de la paloma, no sólo nos hará pasar un grandísimo rato de comedia divertidísima, sino que nos devolverá una manera diferente de hacer cine, donde la amistad era una parte fundamental, donde el cine brotaba, donde se podía abordar cualquier tema desde el humor y la ironía, la transgresión y la libertad que proporcionaba un contexto diferente y cotidiano, donde reírse de uno mismo era esencial para soportar los sinsabores de la vida y la amargura humana.

Encuentro con Nöel Burch

Encuentro con el teórico y director dinematográfico Nöel Burch, con motivo del ciclo «Els teòrics fan cinema: Thom Andersen y Nöel Burch», que le dedica la Filmoteca de Cataluña, junto a Esteve Riambau y Octavi Martí, director y subdirector de la Filmoteca, respectivamente. El encuentro tuvo lugar el martes 17 de abril de 2018 en la Filmoteca de Cataluña en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Nöel Burch, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Jordi Martínez de Comunicación de la Filmoteca, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.