Hotel Nueva Isla, de Irene Gutiérrez

Hotel-Nueva-IslaRESISTIR ANTE LA RUINA

El origen de la película se remonta al año 2010, cuando Irene Gutiérrez (Ceuta, 1977), en compañía de Javier Labrador, su co-director, realizaban largas caminatas nocturnas por los márgenes del barrio habanero Jesús María, provistos de una cámara de fotos y una cabeza llena de historias. En una de aquellas veladas descubrieron el armazón enorme y esquelético del hotel, un alojamiento que tuvo sus días de gloria, pero ahora se ha convertido en un inmueble ruinoso y sucio que se cae a pedazos.

El relato se detiene en su último habitante, Jorge, un enjuto, enfermo y callado sesentón que sigue viviendo entre esas ruinas, una suerte de Quijote desterrado y olvidado, y Robinson Crusoe, que resiste con bravura y paciencia los embates de su existencia. Jorge sigue firme a su  propósito de encontrar alguno de los tesoros que, según él, depositaron los últimos visitantes en las paredes del hotel al huir, cuando estalló la revolución. La cámara sigue su devenir cotidiano, observando los quehaceres de Jorge, su trabajo incesante donde se va encontrando con pequeños utensilios y viejas máquinas que repara, siendo testigo de su caminar diario entre un lugar deshabitado, un espacio que tiende a desaparecer, a olvidarse, sólo los vecinos de Jorge, Waldo, un negro que al igual que él, sueña con darle un futuro mejor al envejecido hotel, y La flaca y su hija, que deciden abandonar el lugar en busca de un sitio mejor. Las visitas de Josefina, amante de Jorge, que intenta infructuosamente alejar a Jorge del hotel, y empezar una nueva vida juntos en otro lugar, sin olvidarnos del inseparable Patabán, un pequeño can que sigue inseparablemente a Jorge por todo el hotel.

La cineasta ha elegido ese único espacio, lleno de pasillos, estancias, y habitaciones cochambrosas y en peligro de derrumbe. Del exterior, sólo vemos un par de planos de la Habana vieja, el resto del metraje, se convierte en ese fuera de campo, en off, un escenario que sólo escucharemos, y veremos a través de la luz que se filtra. Gutiérrez con experiencia en el campo documental, donde ha desarrollado un trabajo muy estimulante, donde ha reflexionado profundamente sobre la problemática de las fronteras y los márgenes que resquebrajan los territorios y espacios que nos rodean. En esta película, que significa su puesta de largo, se erige como una cineasta paciente, delicadamente observadora, capacitada para sumergirnos y enfrentarnos a los espectadores a una historia fuera de lugar, donde conoceremos a unos personajes complejos y sobre todo, resistentes, unos nadies que luchan diariamente por su dignidad y su vida. Una cinta honesta y hermosa, que se mueve entre el retrato social y político,  y alberga la maravillosa capacidad de funcionar de manera implacable como brutal metáfora y espejo de la historia reciente del país caribeño, una Cuba cansada y desilusionada, que se mantiene a duras penas en pos de un futuro que todos esperan mejor, pero que por ahora, se resiste a llegar.

Entrevista a Pilar Monsell

Entrevista a Pilar Monsell, directora de “África 815″. El encuentro tuvo lugar el Sábado 24 de enero de 2015, en Barcelona, en el Espai Capra, ubicado en pleno corazón del barrio de Poble Sec.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pilar Monsell, por su tiempo, generosidad y sabiduría, al equipo del Festival de Cine Márgenes, por descubrirme la película, y a un cliente del Espai, que amablemente tomó la fotografía que ilustra la publicación.

África 815, de Pilar Monsell

815EL PARAÍSO SOÑADO

“El mar, como el desierto, también tiene sus espejismos”

Se inicia la película ante la perspectiva de un mar en calma envuelto en  el amanecer. En ese instante, irrumpe la voz de la directora Pilar Monsell (Córdoba, 1979), que le pregunta a su padre, Manuel, que le cuente un sueño que ha tenido. Este breve y hermosísimo preludio encierra la verdadera síntesis del film, la búsqueda incesante de ese amor romántico, de la ilusión perdida, de esa belleza propia de la juventud, de un tiempo vivido y soñado… Se cerrará la película, en el mismo escenario, ahora al atardecer, y con ese mar envolviendo a Manuel y Pilar, de espaldas a nosotros, mientras hablan entre susurros de sus cosas. Monsell hace su puesta de largo en el largometraje, donde hace las funciones también de guionista, fotógrafa y montadora, después de varias piezas interesantes, con una película breve, sólo 66 minutos de metraje, y relata la visita/encuentro con su padre. Nos acoge entre las cuatro paredes de una vivienda situada en un pueblecito de la costa de Málaga. Allí, en ese lugar, nos sumerge en la memoria paterna a través de su archivo fotográfico, sus libros de memorias, imágenes en Super 8 filmadas durante sus viajes y las conversaciones que mantiene con su padre.

La vida de Manuel arranca en 1964, en la colonia española del Sáhara, en el Aaiún, donde realiza el servicio militar, allí, conoce la vida campestre, rodeado de jóvenes bellos y hermosos, después de años de represión en la península, su condición de homosexual se desata y disfruta libremente de sus coqueteos y escarceos sexuales. Un tiempo que ingresará en su memoria y permanecerá en ella para siempre, un tiempo al que querrá infructuosamente volver, sentir de nuevo esa libertad, esos amores y esa sensación de vitalidad arrolladora. La realizadora cordobesa va introduciendo su voz que va leyendo partes de las memorias: la vida militar, el matrimonio, al que llama, “Un proyecto ilusionante, pero poco realista”, sus tres hijos, y tras el divorcio, la vuelta a la región del Magreb para seguir en la búsqueda de ese amor romántico, de esa idea libre y hermosa del amor que nace de la pureza y la inocencia, sin intereses económicos y demás. Monsell ha hecho una película sencilla, hermosísima y de impecable dureza, donde no hay espacio para los juicios ni los reproches, sino de una mirada serena que acepta y entiende la vida de su padre, donde se reflexiona sobre la explotación sexual y de recursos humanos de la colonia marroquí, y también de la inmensa dificultad de amar sin condiciones y libremente.

Una obra que guarda algunos puntos y reflexiones con la excelente Cuchillo de palo (2010), de Renate Costa, y también con aquellas películas clásicas de aventuras, donde aquellos hombres aventureros se quedaban hipnotizados por gentes y lugares exóticos, sin olvidarnos de los bellos y hermosos jóvenes que jalonan el cine de Pasolini. Una cinta honesta y desagarradora, que en su humildad genera su discurso, que engancha de manera sutil y acogedora, que no se detiene sólo en la memoria personal de su progenitor, sino también en la memoria de un país, de otro tiempo, de ese tiempo mítico, en esa aventura por ser uno mismo, y en seguir fiel a los sentimientos propios sin querer ser lo que uno no es, en enfrentarse a uno, en soñar en imposibles, aunque sepamos que quizás no se producirán, pero seguir en ese camino y aceptar nuestra propia naturaleza, en aceptarnos como somos, a pesar que fracasemos, porque quizás vivir sea eso, seguir intentándolo y seguir fracasando.      

Entrevista a Sergi Pérez

Entrevista a Sergi Pérez, director de «El camí més llarg per tornar a casa». El encuentro tuvo lugar el miércoles 27 de mayo de 2015, en la Plaza Gutenberg, en el Campus UPF, de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Sergi Pérez, por su tiempo y generosidad, a Eva Herrero (autora de la instantánea que ilustra esta publicación) de MadAvenue, por su paciencia y amabilidad.

El camí més llarg per tornar a casa, de Sergi Pérez

ECMLPTAC-Poster-SevillARRASTRANDO EL DOLOR

Nos encontramos en el interior de un piso, vemos a un hombre en la treintena, de espaldas y tendido en la cama. La cámara avanza suavemente hacia él. En ese instante, se gira lentamente y llama a Elvis. Se levanta con dificultad y se mueve por la vivienda llamando a su perro. Finalmente, lo encuentra y el animal permanece inmóvil, no atiende, parece muerto. Corriendo llama al veterinario, y sale a la calle con el perro en brazos. Busca un automóvil, pero no lo encuentra. Coge su móvil y habla con alguien que le indica la ubicación del coche de una mujer. El hombre empieza a llorar y aparece el título de la película.

Con este prólogo de 10 minutos intensos arranca la película, una cinta dirigida por el debutante Sergi Pérez (Terrassa, 1976), financiada mediante crowdfunding, a través del esfuerzo titánico de muchas personas. Un brutal descenso a los infiernos que se introduce en el alma de un hombre moribundo, una alma perdida, que no reacciona, que se siente roto por el dolor, que se desplaza como un sonámbulo, sin rumbo ni destino, alguien que ha sido golpeado, pero es incapaz de levantarse. Lo vemos moverse por una ciudad que de repente se ha convertido en ajena, que no reconoce, ni ésta lo reconoce a él, que se tropieza con amigos y familiares de los que acaba huyendo, personas que le recuerdan quién es, pero él no quiere saberlo, quiere huir, escapar de todos, y sobre todo, de sí mismo, aferrándose a lo que ya no está, a lo que se fue, a esa ausencia que lo mata y lo ha dejado sin vida. El perro lo saca a la calle, Joel, que es así como se llama este hombre, quiere deshacerse del animal, pero parece que no le va a resultar tan sencillo, el perro era de ella, de la que no está.

Pérez acota su película en una sola jornada, 24 horas donde asistimos como testigos al derrumbe emocional de un ser que se ha convertido en un fantasma, la cámara lo sigue incesantemente, está encima de él, podemos escrutar sus emociones, escuchar el latido de su corazón herido, de esa falta de aliento. Los largos planos secuencia, intercalados con breves acercamientos, a través de un zoom que se acerca hacía ese rostro desencajado de Joel.  Un camino tortuoso y solitario que relata su huida, su viaje a ningún lugar, sus no acciones no atienden a nada en concreto, se mueve por inercia, como si fuese otro el que lo hace, su guía se ha perdido, va a la deriva, ya no escucha, no entiende, pide desesperadamente las llaves de su casa, que ha olvidado en su domicilio, pero sus conocidos no le pueden ayudar, reclaman su presencia, le piden que reaccione, que no se evada. Un beso que no viene a cuento, un polvo frustrado con una desconocida, curar al perro, volver a la oficina donde trabaja y violentarse con una compañera, y finalmente, enfrentarse a él mismo, porque nunca hay escapatoria, siempre uno tiene que volver a sí mismo, a mirarse en su interior, aprender a aceptarse, y aceptar las dificultades y los palos del entorno.

Un contundente y brutal viaje a las entrañas del alma, a las emociones más viscerales que nacen desde lo más profundo, contado con una belleza que abruma, apoyándose en una sinceridad y honestidad que traspasa, no se juzga, se mantiene un punto de vista de observación. Un cine vivo, parido a tumba abierta, sin concesiones, en esta bellísima fábula contemporánea que a ratos parece un western, en otros, una cinta de terror del este a lo Polanski (recuerden Repulsión o El quimérico inquilino), con ciertas reminiscencias a Yo (Rafa Cortés, 2007). Con un protagonista Borja Espinosa, que compone un personaje torturado donde su penetrante y perdida mirada,  su presencia física y su voz grave, juegan un papel fundamental en la naturaleza de la trama. Una cinta contada desde la astucia y la intensidad de hacer cine desde las fronteras y los pliegues desde lo más profundo y complejo de la condición humana.

Una nueva amiga, de François Ozon

Une_nouvelle_amie-François_Ozon-CartelJUEGO DE IDENTIDADES

En el cine de François Ozon (París, 1967) hay dos elementos que emergen de forma continuada y se han convertido en características fundamentales de su mirada. Una, son las transgresiones a nivel de género, donde viaja aleatoriamente de la comedia, al drama o incluso el policíaco, otro de sus rasgos se identifica con unos personajes en permanente búsqueda, donde la sexualidad y su identidad serían el punto de cohesión en todas sus obras. En esta ocasión, se ha inspirado en la novela Su nueva amiga, de Ruth Rendell (1930-2015) fallecida recientemente, como hicieran en su día dos cineastas de los que el cine de Ozon bebe mucho, Claude Chabrol (en La ceremonia, de 1995, y en La dama de honor, de 2004), y Pedro Almodóvar (en Carne Trémula, de 1997).

La trama es sencilla, nos cuenta que después del fallecimiento de Laura, su marido David, recupera su afición de disfrazarse de mujer para así criar con más naturalidad a su hija, secreto que acabará desvelando a Claire, íntima amiga de su mujer. Bajo estas líneas argumentales, que en un primer momento podría resultar ridícula, Ozon teje un fascinante ejercicio sobre la identidad sexual, una excelente trama con todo tipo de situaciones donde los personajes se enfrentan a sí mismos y a sus verdaderos deseos ocultos, donde cada uno de ellos se descubrirá a sí mismo, y encontrará la verdadera identidad que oculta y rechaza. Un relato que contiene todo tipo de elementos, desde el costumbrismo de una clase social alta que vive alejada del mundanal ruido, en esas casas de calles limpias e interminables, los sofisticados club de tenis, los lugares de trabajo en el centro, y las segundas residencias, igualmente apartadas. Un mundo donde los personajes se mueven entre las apariencias, entre vidas acomodadas, pero no cómodas, donde tienen que ocultar sus verdaderos yo y vivir otra vida.

Una cinta donde se juega constantemente con los géneros, desde la comedia trans alocada creando situaciones llenas de humor que rayan el ridículo, donde Fassbinder (que Ozon ya llevó en el año 2000 un guión suyo al cine, Gotas de agua sobre piedras calientes) y Almodóvar, serían sus fuentes inspiradoras, el ambiente burgués que coquetea con el policíaco de Chabrol. Una cinta que vuelve a otro de los temas que marcan la cinematografía de Ozon, esa inmersión a la sexualidad en la adolescencia, en el que la aniñada imagen de Anaïs Demoustier actuaría en ese rol. Una película que explora las pulsiones de las identidades de una forma elegante y cómica, donde nada es lo que parece, y donde el buen hacer de la pareja protagonista, donde Romain Duris resulta muy creíble tanto de David como de su alter ego Virginia, con tacones y a lo loco.

Entrevista a Aki Kaurismäki

Entrevista a Aki Kaurismäki, con motivo del ciclo que programó la Filmoteca de Catalunya. El encuentro tuvo lugar el Miércoles 21 de enero en Barcelona, en la terraza de la Cafetería La Monroe.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Aki Kaurismäki, por su tiempo y sabiduría, a Sandra Ejarque, de Vasaver, por su generosidad y paciencia, y a Pilar García, de la Filmoteca, por su colaboración y amabilidad.

Entrevista a Laurent Cantet

Entrevista a Laurent Cantet, director de “Regreso a Ítaca». El encuentro tuvo lugar el Jueves 16 de abril en Barcelona, en la Filmoteca de Catalunya.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Laurent Cantet, por su tiempo y sabiduría, a Lorea Elso, de Golem Distribución, por su generosidad y paciencia, y que amablemente tomó la fotografía que encabeza la publicación, y a Pilar García, de la Filmoteca, por su colaboración y amabilidad.

Entrevista a Jean-Charles Hue

Entrevista a Jean-Charles Hue, director de “Clan salvaje». El encuentro tuvo lugar el Jueves 16 de abril en Barcelona, en el hall del Cine Zumzeig.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Jean-Charles Hue, por su tiempo y sabiduría, a Diana Santamaría, de Capricci Cine, por su generosidad y paciencia, y que amablemente tomó la fotografía que encabeza la publicación, y al equipo del Cine Zumzeig, por su trabajo, complicidad y lo estupendamente bien que me tratan cada vez que los visito.

Regreso a Ítaca, de Laurent Cantet

regreso_a_itaca_32042LA REVOLUCIÓN OXIDADA

Amadeo vuelve a Cuba después de 16 años en España, sus cuatro amigos le han preparado una calurosa bienvenida en una azotea, donde beberán, se reirán y sobre todo, rendirán cuentas de sus propias experiencias y sobre la revolución. Apoyándose en esta premisa, el cineasta francés Laurent Cantet, autor de grandes títulos como Recursos humanos (1999), El empleo del tiempo (2001), y su aclamada La clase (2008), que le valió la Palma de Oro en Cannes. El realizador francés sigue fiel al realismo social, a sus personajes idealistas que luchan lo indecible contra lo establecido, pero que finalmente sucumben. Cantet vuelve a La Habana (en el año 2012 dirigió el segmento La fuente para la película colectiva 7 días en La Habana). Ahora se ha aliado con el escritor Leonardo Padura y en uno de sus libros, La novela de mi vida, para adaptar libremente algunos de sus pasajes. El resultado es un retrato agridulce y honesto de cinco amigos que soñaron con que la revolución traería una nueva vida y sueños realizables, pero el impecable paso del tiempo y la frustración se ha apoderado de ellos, aquel tiempo donde los sueños eran posibles ha dejado paso a una vida cotidiana de enormes dificultades donde el lema es sálvese quien pueda.

Cantet nos sitúa en una azotea, un lugar privilegiado desde donde tenemos una vista espectacular del mar y somos testigos del enjambre de patios y azoteas, donde se puede divisar la ebullición de la vida habanera con sus ruidos y sus gentes. En ese espacio, y acotando su relato en una noche, los cinco amigos recordarán, mientras beben whisky de contrabando y comen arroz con frijoles, sin caer en esa nostalgia sensiblera de algunas películas, lo que fueron y ya no son. Una noche donde se enfadarán, discutirán, se reprocharán y también se reirán y reconciliarán, recordando aquellas jornadas interminables recogiendo caña de azúcar, los conciertos de Serrat, el espíritu romántico de The Mamas  & the Papas o rememorando los bailes con Formula V, la sensibilidad de Bola de nieve… Los amores que tuvieron, que desearon y que dejaron escapar, momentos y canciones que los trasladan a aquellos años jóvenes que creían que todo era posible, que el mundo cabía en una mano y en el que todos conseguirían ser felices. Aunque no fue así, los tiempos de euforia y romanticismo pasaron, y la realidad se fue imponiendo, Amadeo dejó de escribir y se exilió a España donde tuvo que empezar de cero, Rafa, renunció a la pintura y se ahogó en el alcohol, Tania vio como sus hijos emigraban a EE.UU. y se quedó sola aguantando el hundimiento de Rafa y la muerte de su mejor amiga Angela, Aldo, se quedó solo después que lo abandonase su mujer, y se gana la vida clandestinamente, y finalmente, Eddy, abandonó sus sueños socialistas para abrazar fielmente al capitalismo más ególatra.

Sueños e ilusiones que se cayeron en el olvido, que sucumbieron a una realidad durísima que encogió y oxidó los ideales socialistas para convertirlos en un país aislado y moribundo que se mantiene gracias al espíritu de resistencia e imaginativo de sus gentes. Cantet se ha mirado en películas como En Septiembre (1981, Jaime de Armiñán), Reencuentro (1983, Lawrence Kasdan), o Los amigos de Peter (1992, Kenneth Branagh), donde se cuentan reencuentros de amigos que compartieron un tiempo de juventud que ya pasó, y que ya no volverá, porque aquellos jóvenes ya no son los mismos, el tiempo y la vida los han llevado por otros caminos y diferentes ideas, aunque les queda la amistad que les une, con sus alegrías y tristezas.