Entrevista a Marc Ferrer y Toñi Vargas, director y actriz protagonista de la película «Reír, cantar, tal vez llorar». en el domicilio de Toñi en Barcelona, el sábado 14 de diciembre de 2024.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Marc Ferrer y Toñi Vargas, por su tiempo, sabiduría y generosidad y cariño. . JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Anna Alarcón, Ventura Durall y Mathurin Malby, intérpretes y director de la película «Supernatural», en una de las salas de los Aribau Cinemes en Barcelona, el martes 2 de diciembre de 2025.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Anna Alarcón, Ventura Durall y Mathurin Malby, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Eva Herrero de Madavenue, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“La única asignatura que tenemos que pasar todos es la de la vida. Qué nos importa que nos describan lo que vivimos con términos sabios, si en realidad se vive sin palabras. Y en realidad, cuando se habla de curanderismo, de salud, de enfermedad, del bienestar, del malestar, de ser fiel a sí mismo, de la traición, lo que estamos haciendo es únicamente vivir. ¿Por qué no decir las cosas llanas? ¿Por qué disfrazar con palabras sabias lo que es inmediato y entero? (…) Ejercita los sentidos, callar, olvidar, ser el que ve y no el que dice, porque el que dice muere con el diccionario”.
André Malby
El cineasta Ventura Durall (Barcelona, 1974), ya había tocado algunos temas de Supernatural, como los referentes a las diferencias entre ciencia y magia en Bugarach (2014), codirigida junto a Salvador Sunyer y Sergi Cameron, en la que unos individuos se refugian en un pequeño pueblo del Sur de Francia ante la inminencia del fin del mundo, y las difíciles relaciones con el pasado y la figura paterna en el díptico ficción-documental Las 2 vidas de Andrés Rabadán (2008) y El perdón (2009).
En Supernatural, el relato se desdobla en la experiencia real de la actriz Anna Alarcón, que protagonizó L’ ofrena (2020), de Durall que, siendo niña fue salvada de una durísima anorexia gracias a la ayuda de André Malby (1943-2008), una sanador, chamán, filósofo, investigador y herbolario, entre otras muchas más cosas. Y por otro lado, tenemos a Mathurin Malby, hijo del citado André, doctor de profesión y muy contrario a la sabiduría de su progenitor, con el que mantuvo una difícil relación. A partir de estas dos experiencias, la película los junta y viven una serie de actividades, como la que sucede en las cuevas de la luz, última residencia de André, en la que se reúnen antiguos colaboradores y curados del chamán. El cineasta barcelonés impone una mirada de observación, de honestidad y nada pretenciosa. La película no juzga, escucha las diferentes posiciones y sobre todo, indaga en los pasados de sus dos personajes, a través de un rico material de archivo: fotografías, relatos, diarios y archivo televisivo, donde Malby padre intervenía. Un interesante y profundo collage que ayuda a sumergirse en las elegantes, reposadas y sofisticadas imágenes que nos sitúan en la naturaleza en todo su esplendor, en los distintos viajes espirituales y demás aspectos.
Técnicamente la película es asombrosa y con un acabado extraordinario con una cinematografía que firman el dúo Núria Gascón, que ha hecho cortometrajes de Irene Moray y Alba Cros, e Iván Castiñeiras, que ya estuvo en la citada Bugarach, y en trabajos de Sergi Cameron e Ángel Santos, componen una sinfonía de grandes encuadres que nos introducen de forma majestuosa y bellísima a cada espacio de la película que nos lleva por varios lugares, por España y Estados Unidos. La música de Justine Bourgeus, que eleva cada plano y cada instante de la historia que se cuenta, potenciando la trama psicológica que ayuda a que los perspectivos viajes muy personales y profundos de los protagonistas se convierta en una maravillosa y enriquecedora experiencia. Otra pareja es la que firma el montaje como son Nikan Salari y Maria Castan, habitual del cine de Jaume Claret Muxart que acaba de estrenar Extrany riu, y del director Xavi Puebla, entre otros. Una edición llena de matices, que bucea de forma tranquila y pausada en cada mirada y gesto, en sus 84 minutos de metraje, en la que hay innumerables altibajos en este viaje tanto físico como exterior, donde escuchamos muchos puntos de vista diferentes e interesantes.
Podríamos ver Supernatural como un western clásico y nada complaciente, que va sobre dos ideas contrapuestas, la eterna lucha entre lo que yo creo y lo que cree el otro, pero, a parte del argumento, la cosa va por otros lares, porque la película huye de la lucha entre razones y sentimientos, y explora las experiencias personales de cada uno, a través de su memoria, sus complejidades y las situaciones vividas y las que creen haber vivido. Si hay algún espectador que vaya al cine buscando respuestas inmediatas no las va a encontrar, porque la película escucha y sitúa su objetivo en todas las miradas y perspectivas para que cada espectador saque sus propias conclusiones, o quizás no. En la cinta de Ventura Durall se citan dos propuestas antagónicas como la ciencia y la magia o lo invisible, aquello que no entendemos, y no luchan entre ellas, si no que coexisten unas y otras, según la circunstancia, y según los diversos testimonios que aparecen en la historia. Las dificultades y oscuridades de las relaciones paterno-filiales también son un tema recurrente en la cinta, y es ahí donde la película vuela y nos hace un nudo en la garganta, porque lo muestra de forma directa y dura. Vean Supernatural porque además de hacerles reflexionar y mucho sobre lo que somos y todo lo que ignoramos, que es mucho. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Vicent Monsonís, director de la película «La invasió dels bàrbars», en el marco del Som Cinema, Festival de l’Audiovisual Català, en una de las salas del Hotel Real en Lleida, el sábado 25 de octubre de 2025.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Vicent Monsonís, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y al equipo del Som Cinema, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“La lucha del hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido”.
Milan Kundera
La imagen que abre La invasió dels bàrbars, de Vicent Monsonís (Valencia, 1968), tiene un significado muy poderoso ya que nos sitúa en una posición reflexiva ante lo que vamos a ver. La imagen es la mano de una niña cogiendo unas moras de unas zarzas. Un leve gesto que nos lleva a pensar en la inocencia frente a lo salvaje, a lo irracional. Un relato que nos lleva a dos lugares: la Valencia de la primavera del 39, cuando la “Nueva España” imponía sus normas violentas y asesinas contra una población cansada, hambrienta y derrotada. El otro lugar es un pueblo cercano a Valencia 80 años después, cuando un grupo de personas lucha por abrir una fosa donde hay sepultados represaliados. La película que nació en las tablas de la mítica Sala Russafa de la mano de Chema Cardeña, coproductor de la cinta, se instala en el ayer y en la actualidad y lo hace desde la intimidad y la cercanía de una serie de personas que, desde diferentes posiciones, luchan por la memoria y otros, por la ley del silencio y el olvido.
Monsonís es un outsider del cine valenciano, su ópera prima Dripping (2001) realizada en la periferia de la industria que cosechó grandes elogios tanto de la crítica como del público. Un cineasta que ha trabajado en muchos lares, en series de televisión diaria como Bon dia, bonica, en tv movies, y cine en comedias y dramas como Matar al rey y de corte histórico como Un cercle en l’aigua. Ahora vuelve al drama histórico con una historia ambientada en dos sitios, en la del 39 sigue a Esperanza, una conservadora del Museo del Prado interrogada por la pintura desaparecida, auténtico Macguffin del relato, que da nombre a la película firmada por Ulpiano Checa de finales del XIX. En la actualidad, su nieta Aurora lucha por abrir la fosa con la oposición del alcalde de derechas de turno. La cinta está contada desde lo más profundo de los personajes: sus posiciones, sus deseos y sus dignidades, en que cada detalle está muy pensado y donde cada cosa tiene su razón de ser como el acto nazi en el ayuntamiento en el que se deja muy claro los tiempos atroces que campaban entonces. No es una película de buenos y malos, sino de unas personas que lucharon por la dignidad, la libertad y la democracia, y otros, que imponían sus ideales de terror, violencia y poder.
Monsonís ha sabido sacar el máximo rendimiento a una película modesta pero de gran factura como evidencia los diferentes aspectos técnicos como la cinematografía de Ismael Issa, con gran trayectoria en la industria británica, amén de documentales como Morente y series como Cristo y Rey, entre otras. Su luz áspera y tenue ayuda a penetrar en las vidas de unos y otros, en la que se opta por mostrar de manera natural sin ser invasivo en la sofisticación. El montaje que firman el dúo Ernesto Arnal, que tiene en su haber nombres como los de David Marqués y Guillermo Polo, y Vicente Ibáñez, con más de 30 años de experiencia en el sector, contribuyen a darle consistencia y solidez a las dos historias y los dos tiempos en sus casi dos horas de metraje que resulta interesante y nada plomizo. La excelente música de Vicent Barrière, uno de los nombres detrás del nuevo auge del cine valenciano al lado de cineastas reconocidos como Adán Aliaga, Claudia Pinto, Alberto Morais y Avelina Prat. Su composición es audaz y brillantísima acogiendo cada encuadre y cada secuencia y elevándose con gran elegancia y cercanía. Mencionar los apartados de producción, arte, vestuario y caracterización porque acompañan de forma estupenda a todo lo que se cuenta y cómo se hace.
El apartado interpretativo, al igual que el técnico, está poblado por talento valenciano, amén de tres intérpretes catalanes, entre los que destacan una fantástica Olga Alamán que hace de Esperanza, una mujer que es el alma de la película y mucho más allá. Una actriz que lleva más de dos décadas dando el callo en mil y un proyectos. Alamán tiene esa imagen de actriz de cine mudo donde todo lo expresa con una mirada y un gesto que traspasan la pantalla, erigiéndose en el verdadero pilar de la historia con esos grandes momentos que tiene con el magnífico Jordi Cadellans como el teniente franquista, un actor que lleva muchos años siendo un rostro visible en las producciones. Rosa López hace de Aurora, la nieta que lucha por la fosa que se enfrenta al alcalde de derechas que también interpreta Jordi Ballester. También encontramos a Pep Munné, actor que ya estuvo en el citado Dripping, como coronel franquista, la presencia de Fermí Reixach en su última aparición en el cine, Gloria March, Pepa Juan, Enric Benavent y Pep Molina, entre otros, que conforman un excelente reparto en el que todos brillan y dan profundidad a la historia.
Desde estas humildes páginas recomiendo enormemente una película como La invasió dels bàrbars y lo hago con tanto entusiasmo porque es una obra hecha con el corazón, con un gran implicación y esfuerzo de todo su equipo a pesar de los problemas de financiación que se encontró su director. Porque a pesar de tantos obstáculos la película es estupenda, tiene garra, tiene relato, y sobre todo, no diré la manida palabra necesaria, sino que optaré más por la relevancia de contar este hecho que desconocía por completo, la de aquellos primeros meses de posguerra en Valencia, el último lugar que cayó en manos del fascismo, seguro que los más inquietos recordarán el horror del puerto de Alicante. Nos quedamos con el nombre de Vicent Monsonís, un verdadero francotirador del cine, un tipo que, a pesar de los pesares, y de los múltiples impedimentos de unas políticas que valoran la ganancia frente a lo artístico, que después no es así, porque el cine de Monsonís gusta al público en los festivales donde se ha proyectado. Quizás la falta de memoria de algunos con poder, como explica la película, es la culpable de encerrarse en unos ideales caducos y explotadores y olvidar de dónde venimos con los problemas que genera en las generaciones venideras. En fin, gracias a Vicent y a todo su equipo por la película, por volver a hablar de memoria, de fosas, de desaparecidos, de represaliados, por contarnos nuestra historia, que por muy horrible que haya sido, es nuestra historia. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Elena Escura y Lorena López, directora y actriz de la película «Les vacances de Mara», en el marco del Som Cinema. Festival de l’Audiovisual Català, en el hall del Screenbox Lleida, el sábado 19 de octubre de 2024.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Elena Escura y Lorena López, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y al equipo de Comunicación del Som Cinema, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Francesc X. Peleato, Coordinador General del Som Cinema. Festival de l’Audiovisual Català, en el hall del Screenbox Cinema en Lleida, el sábado 19 de octubre de 2024.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Francesc X. Peleato, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y al equipo de Comunicación del Som Cinema, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ
Entrevista a Laia Manresa Casals, directora de la película «Casa Reynal», dentro de la iniciativa de El Documental del Mes, en La Bonne. Centre de Cultura de Dones Francesca Bonnemaison en Barcelona, el martes 14 de enero de 2025.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Laia Manresa Casals, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Carla Font de comunicación de El Documental del Mes, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Marcos Zan y Chacha Huang, intérpretes de la película «Societat negra», de Ramon Térmens, en el hall del Cine Phenomena en Barcelona, el martes 15 de octubre de 2024.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Marcos Zan y Chacha Huang, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Marién Piniés de comunicación de la película, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“El infortunio, el aislamiento, el abandono y la pobreza son campos de batalla que tienen sus héroes”.
Víctor Hugo
De las siete películas que he visto de Ramon Térmens (Bellmunt de Segarra, 1974), todas están instaladas en el noir, en esos espacios que los turistas nunca visitan, habitados por seres marginados y aislados que viven de pequeños hurtos y sin esperanza, escabulléndose de una policía que los persigue y los somete a unas leyes injustas y deshumanizadas. El director lleidatà ha conseguido, a fuerza de mucho esfuerzo y talento, ir construyendo una filmografía muy a contracorriente, porque ha optado por el género negro clásico y atemporal a la vez, bastante desértico en la cinematografía de estos lares, barrido por un thriller muy al estilo de los nuevos códigos del Hollywood actual, llenos de historias empequeñecidas, de pocos personajes y la tarea simple de averiguar un entuerto, muy alejado de la crítica social, política y económica que siempre había caracterizado los grandes títulos del género.
Térmens mira a los grandes del noir, y no sólo eso, sino que se nutre de historias locales y muy cercanas, dándoles un carácter humanista y nada maniqueo, a partir de historias muy entretenidas e interesantes, protagonizadas por seres perdidos, que deambulan por una sociedad excluyente, almas perdedoras pero no vencidas, donde lo ilegal llena la pantalla. Con Societad negra, basada en la novela homónima de Andreu Martín, sigue instalado en los ambientes de La mujer ilegal (2020), aunque la inmigración ilegal ha dejado paso a la comunidad china, a las mafias que controlan las mercaderías que llegan a Barcelona, y también, a aquellos otros, que viven como pueden en la mencionada ciudad. En la historia que mira a toda la invisibilidad de las ciudades, en este caso, la de Barcelona, pululan ladronzuelos de poca monta, gángsters chinos, policías amigas y una trama donde un robo hará saltar la mecha de unos individuos que, como suele ocurrir, en el género negro, no deberían haber cruzado sus caminos. Una trama escrita por Daniel Faraldo y el propio director, en el quinto guion que escriben juntos, muy desestructurada en torno al citado robo que estructura toda la trama, como hace la novela en la que se basa, llena de tensión, muy asfixiante y oscura que se desarrolla en apenas un mes.
Como sucedía en La mujer ilegal, la cinematografía vuelve a ser clave en la película, firmada por Àlex Sans, del que nos entusiasmó su trabajo en El fred que crema (2022), de Santi Trullenque, de aquellos paisajes invernales ha pasado a las calles negruzcas de Barcelona, tan poco representadas en el cine, y unos espacios aislados vistos en tonos grisáceos, pesados y alejados de la estética convencional, con esos neones propios de los noir asiáticos, creando esos encuadres en los que la cámara se desliza por muchos lugares creando esa unidad en una película coral y cargada de ambientes. La excelente música de David Solar, que ya hizo lo propio en La mujer ilegal, consigue crear esas continuas sombras y reflejos que acompañan constantemente a unos personajes inquietos y vulnerables a medida que avanza la caleidoscópica trama. El estupendo montaje de Anna Térmens, cuatro títulos con el director, que se enfrentaba a una tarea nada sencilla, en una película que se va a los 136 minutos de metraje, bien contados y construidos con reposo, imponiendo una claridad esencial para que los espectadores no se líen con tanto lugar y personaje, además de una trama puzzle que se va contando con múltiples saltos tanto hacia delante como atrás.
Como ocurría en sus anteriores trabajos, el reparto de Societad Negra está muy bien escogido, porque consigue una mezcla de intérpretes más conocidos con otros menos, pero que todos transmiten mucha naturalidad y cercanía, en una trama que se bebe mucho de lo clásico pero sin olvidar el lado humano y actual, arrancado por el trío chino de la película, con un Alberto Jo Lee grande en su personaje, una especie de líder de los invisibles, con su antagonista en la persona de Chacha Huang, una de esas femme fatale magníficas, con muchas sorpresas, y Marcos Zen, el hombre de negro que viene de China a arreglar los desaguisados, tan frío como malvado, el incombustible Daniel Faraldo, fiel cómplice de Térmens desde que rodasen Negro Buenos Aires (2009), metido en la piel de un pobre diablo metido a ladrón de poca monta, y David Arribas, el típico joven, poco esbailado de gran corazón, que pone los toques de humor que rebajan la tensión de la historia. Completan el reparto Montse Germán como una policía curtida en mil batallas, Adrian Pang es el jefe de la mafia china en Barcelona, María Galiana es la mamá de Faraldo, y Abel Folk, es el jefe de Montse, tan entregado como vendido.
Aplaudimos el coraje de una película como Societat negra que nos devuelve aquel cine policíaco tan popular que tuvo su apogeo en la Barcelona de los cincuenta con los Iquino, Coll y Rovira Beleta, Bosch y tantos otros, y luego otros grandes títulos en los ochenta con Fanny Pelopaja (1984), de Vicente Aranda, también basada en una novela de Andreu Martín, la serie La aventuras de Pepe Carvalho (1986), de Adolfo Aristaraín, y más actuales, como las grandes películas de Enrique Urbizu y más, que han visto en el policíaco, que emulaba a los clásicos de Hollywood, unas ventanas para hablar de la sociedad, de la política y de esos grandes olvidados de las ciudades, los que nunca tienen suerte, o si la tienen, siempre acaban en líos tremendos, como esos tipos que salen en las películas de Huston, que no andan muy lejos los que se mueven por Societat negra, unos pobres individuos, tan derrotados como invisibles, que encuentran en un robo a las tríadas una vía de escape para saldar sus vidas y su futuro, o algo que se le parezca, sin pensar en las terribles consecuencias, o quizás, si las saben, pero como no tienen nada y nada que perder, se lanzan a esa empresa que tiene pocas oportunidades, pero no tiene otra. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA