Maravilloso Boccaccio, de Paolo y Vittorio Taviani

LAS MUJERES, EL AMOR Y LA VIDA.

“He amado, y si en verdad he amado, seguiré amando de igual modo en la muerte”

“El Decamerón”, de Giovanni Boccaccio (1313-1375) escrita entre 1351 y 1353, es una de las obras más importantes de la prosa italiana, en la que se relatan un centenar de cuentos con el amor, la inteligencia humana y la fortuna como ejes principales, además, de su innegable documento histórico de la época, está construida a través de una primorosa calidad poética para narrarnos la exaltación de la vida a través de la pasión, el erotismo y el sexo como forma de resistencia ante la tragedia de la vida. En 1971, Pasolini hizo una versión personal con su maravillosa poética fílmica, en la que exploraba los mecanismos de la condición humana convirtiendo la obra de Boccaccio en un raudal de pasiones, en una comunión en la que se celebraba la carne y el erotismo. Vittorio y Paolo Taviani (nacidos en 1929 y 1931, respectivamente, en San Miniato, la provincia de Pisa, en la Toscana) acogen el espíritu de Pasolini y dan rienda suelta a su imaginación, convocando la sabiduría de Boccaccio y sumergiéndonos en una fábula clásica, de formas poéticas, en el que el amor mueve las pasiones de hombres y mujeres, convirtiéndose en un indudable espejo con la sociedad actual, en el que el amor se ha convertido en algo parecido a un producto de usar y tirar.

Los Taviani que arrancaron su filmografía hace más de medio siglo, allá por 1960, con L’Italia no è paese povero, junto a Orsini, con el continuaran colaborando, y Joris Ivens, para relatar la miseria de la clase obrera, temas sociales y políticos que los acompañaran a lo largo de una carrera que sobrepasa la veintena de títulos, películas que exploran los temas políticos a través del humanismo, con sus complejidades y contradicciones, con el maestro Rossellini como inspiración constante. En Allonsanfan (1973), con Mastroianni, nos hablaban de como el compromiso político hacia fracasar las aspiraciones personales, en Padre Padrone (1977), nos presentaban las duras condiciones de vida de un niño junto a su padre autoritario en las montañas, en La noche de San Lorenzo (1982), nos rescataban una historia real de la evacuación de un pueblo por miedo a los ataques alemanes, en Las afinidades electivas (1996) se pusieron en la manos de Goethe para narrar un melodrama sobrio sobre la naturaleza caprichosa del amor, y en su penúltimo título hasta la fecha, César debe morir (2012) presentaban un híbrido de documental y ficción en el que un grupo de teatro de presos escenificaba la tragedia de Shakespeare, con un primoroso blanco y negro, acompañada de una naturalidad e intimidad sorprendentes.

No es la primera vez que los Taviani recurren a la literatura como fuente inspiradora de su cine, a Tolstói lo han adaptado en tres ocasiones, a Pirandello en dos, y los ya mencionados anteriormente, aunque los legendarios autores italianos recuperan las fábulas de Boccaccio, situándonos en la Florencia de 1348, arrasada por la peste, en la que siete mujeres y tres hombres, deciden huir a una casa de las afueras para salvar sus vidas, y mientras esperan, viviendo como si fueran una congregación franciscana, cuentan historias en las que el amor se convierte en fuente de riqueza, alegría, tristeza y tragedia. Cinco cuentos, cinco miradas, cinco maneras de ver la vida y el amor, en los que nos hablan del amor después de la muerte, en otro, un bobalicón que hacen creer invisible acaba a testarazos contra su mujer, en el tercero, un padre tiránico se niega al amor de su hija con uno de sus criados, en el cuarto, en un convento de monjas se desata la pasión de la carne a pesar de su amor por Dios, y en el último, nos introducen en los errores cometidos por amor. Los Taviani componen con maestría su poética, con unos exteriores fascinantes localizados en la Toscana y la Lazio, en la que la naturaleza impone su ley natural, en la que el amor, la ingenuidad y la poesía, forman los cimientos de la adaptación.

Los Taviani construyen una película femenina, en la que las mujeres llevan la voz cantante, nos cuentan con especial delicadeza y sencillez las diferentes historias, en las que prevalece una mise en scène naturalista, cercana a la teatralización, en la que las tomas largas y secuenciales, dejan paso a las narraciones orales que nos van contando los diferentes relatos donde el amor emerge como protagonista, a partir de unos valores humanistas y sencillos que, parecen defender la pureza de la vida, un gesto de resistencia de los autores octogenarios en contraposición a la superficialidad y fugacidad del amor en nuestros días. La viveza de los colores y las formas de la película ayuda a adentrarse en ese mundo onírico y fantástico, en ocasiones, que nos envuelve en esa materia profunda y delicada que hay en cada uno de nosotros, que forma parte de nuestra manera de ser y como nos relacionamos con nosotros mismos, y con los demás. Los Taviani han construido una película viva, armoniosa, que destila humanidad, y nos devuelve la prosa fílmica de antaño, como ese momento maravilloso en el que las mujeres se introducen en el agua, ataviadas de sus camisolas blancas, una secuencia iluminado por una luz cegadora y brillante que nos remite al romanticismo o el cine de Renoir, sin olvidar las aproximaciones románticas del cine de Rohmer o Fassbinder. Una brillante adaptación que es un canto no sólo de amor a la prosa romántica de los clásicos, sino a la capacidad del cine, primero, y del ser humano, después, de la literatura y la fábula como arma enriquecedora contra las tragedias de la vida.

La mano invisible, de David Macián

LAS MISERIAS DEL TRABAJO.

“Me parecía que había nacido para esperar, para recibir y ejecutar órdenes; que toda la vida no había hecho más que esto, que nunca haría nada más”

Simone Weil

¿Qué es el trabajo? ¿Para qué sirve? ¿Cómo el individuo se relaciona en ese ambiente? ¿En qué circunstancias trabajamos? ¿El trabajo dignifica a la persona o en cambio lo denigra? Esta serie de cuestiones y muchas más nos plantea una película que radiografía el sistema de trabajo de nuestros días. Una cinta que interpela directamente a los espectadores, a nuestra forma de ganarnos la vida en esta sociedad, y lo hace desde la sobriedad y la sencillez, sin discursos moralizantes ni algarabías disonantes, con un planteamiento desnudo, en el que su análisis sobre el trabajo y las miserias que lo estructuran resulta de una clarividencia brutal, en el que expone el sentido del trabajo en sí mismo, las relaciones laborales, y sobre todo, la oscuridad que encierra el ambiente laboral y su naturaleza, con ese patrón invisible (al que inevitablemente alude el título de la película) ese “Gran hermano” al que no vemos pero que todo lo ve.

La puesta de largo de David Macián (Cartagena, 1980) curtido cortometrajista que ha ganado premios tanto aquí como fuera, toma su inspiración en la novela homónima de Isaac Rosa (Sevilla, 1974) escritor arraigado en la convulsa realidad que disecciona con maestría explorando los años oscuros del franquismo, la transición y los tiempos actuales en títulos como El vano ayer, que tuvo su continuación en ¡Otra maldita novela sobre la guerra civil!, El país del miedo (llevada al cine por Francisco Espada) o La habitación oscura, obras que nos remiten al estado emocional de un país que derrocha apariencia y buenos modales, pero que en el fondo está asumido en un letargo de miedo, incertidumbre y desilusión sobre sí mismo y todo lo que le rodea. Macián que ha levantado el proyecto a base de crowfunding y en régimen cooperativista, plantea una película muy Brechtiana, es decir, desnuda, tanto en forma como contenido, en el que asistimos, como mencionan en la publicidad de la película, al “Espectáculo del trabajo”, es decir, 10 trabajadores realizan su actividad en un espacio escénico (de una gran nave industrial) mientras un público los observa, un personal que participará en la obra, primero abucheando o vitoreando, según le plazca, y más adelante, de una forma más activa.

Un lugar que recuerda al planteado por Lars Von Trier en Dogville, donde la ausencia de paredes y techos, convertían al espectador en un voyeur de todo lo que sucedía. Aquí, sucede algo parecido, observamos a los trabajadores desempeñar su labor, un trabajo que consiste en repetir hasta la saciedad (en este caso lo que dura la jornada laboral) su actividad: el albañil levanta una pared de ladrillos para luego derribarla, y vuelta a empezar, el carnicero despieza los animales y luego los lanza a la basura, la costurera hace piezas que vuelve a deshilachar, la operario de montaje igual, el mozo de almacén traslada constantemente las mismas cajas de un lugar a otro, la teleoperadora llama a futuros clientes, el mecánico desmonta el automóvil para luego volver a montarlo, la limpiadora limpia lo que todo el mundo ensucia, y el camarero sirve al público asistente, y finalmente, el informático teclea sin parar datos y más datos. Sin olvidarnos, del segurata que mantiene el orden establecido por los jefes. Macián nos cuenta su película despacio, primero, observamos, en el que todos y todo parece construir una especie de armonía tranquila, pero poco a poco, cuando los días van pasando (que nos van anunciando y de paso, nos presentan a cada uno de los empleados) se van resquebrajando las relaciones entre ellos, cuando la empresa va aumentando los ritmos de producción y poniendo a prueba la resistencia, tanto moral como física, de cada uno de los implicados, perdón, de los trabajadores.

Una película demoledora, incisiva y catártica, que no sólo representa la sociedad del trabajo, sino a todos nosotros, de la inutilidad de la mayoría de trabajos, y de la falta de humanidad en los centros de trabajo, en el que la competitividad, el individualismo y lo egocentrismo se han apoderado de todos nosotros, con el único fin de rendir al máximo y tener al jefe contento, no vaya a ser que me despida y deje de ganar la miseria que me paga, que por otra parte, no me ayuda a vivir con dignidad. El ajustado y magnífico reparto ayudan a que el conjunto respire tensión, emociones, y sobre todo, que entre ellos nazcan las inevitables disferencias y disputas (como también quedan escenificadas en las reuniones que tienen en las que descubrimos los intereses y posiciones de cada uno de ellos). Macián y su equipo exploran las costuras miserables del capitalismo, un orden establecido aparente que si escarbas descubres lo oscuro y la perversidad que encierra una estructura laboral construida sólo para el beneficio económico, aunque el trabajo y quién lo desempeñe, no sirvan de gran utilidad, si da dinero, ya vale, sólo eso, y nosotros, en medio de todo esto, creyéndonos el cuento, una fábula de que trabajando prosperaremos y todo eso, sin caer en la cuenta que valemos menos de un real y que nuestra vida se va en un trabajo vacío, que nos amilana como personas y nos convierte en seres deshumanizados que matamos por un trozo de pan o menos.

Encuentro con Agustí Villaronga, Núria Prims, Marcel Bòrras, Oriol Pla, Bruna Cusi, Fernando Esteso e Isona Passola

Encuentro con Agustí Villaronga, Núria Prims, Marcel Bòrras, Oriol Pla, Bruna Cusi, Fernando Esteso e Isona Passola, con motivo de la presentación de la película «Incerta glòria». El evento tuvo lugar el martes 14 de marzo de 2017 en el Sant Pau Recinte Modernista en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: al equipod e «Incerta glòria», tanto el que estuvo presente como el que no, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Katia Casariego y Nuria Costa de Working at weekend, por su amabilidad, paciencia y cariño.

Encuentro con Elvira Navarro

Encuentro con la escritora Elvira Navarro, con motivo de la presentación de su novela «Los últimos días de Adelaida García Morales», conversando con la escritora Llucia Ramis. Presentación del acto Xavier de la Librería Nollegiu. El evento tuvo lugar el sábado 1 de octubre 2016, en la librería Nollegiu de  Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Elvira Navarro, por su tiempo, conocimiento, y cariño, a Llucia Ramis, por su generosidad, conocimiento y talento, a Irene Giménez de Comunicación de Penguin Random House Grupo Editorial, por su amabilidad y paciencia, y a Xavier de la Librería Nollegiu, por su trabajo, amabilidad y cariño.

Encuentro con Gonzalo Suárez

Encuentro con el cineasta Gonzalo Suárez con motivo de la poryección de «Ditirambo», en las sesiones de la ESCAC. Presentación a cargo de Esteve Riambau (Director de la Filmoteca de Catalunya). El acto tuvo lugar el jueves 2 de junio de 2016, en la Filmoteca de Catalunya de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Gonzalo suárez, por su tiempo, conocimiento, y cariño, a Esteve Riambau y su equipo, por su generosidad, paciencia, amabilidad y cariño.

Encuentro con Rosa Montero

Encuentro con la escritora Rosa Montero, con motivo de la presentación de su novela «La Carne», conversando con la periodista Mercedes Milà. Presentación del acto Montse Serrano de la Librería + Bernat. El evento tuvo lugar el miércoles 14 de septiembre 2016, en la librería + Bernat (Magatzem de cultura) de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Rosa Montero, por su tiempo, conocimiento, y cariño, a Melca Pérez de la editorial Penguin Random House (Alfaguara) por su generosidad y paciencia, y a Montse Serrano, Mercedes Milà y Luz Marqués de la Librería + Bernat, por su iniciativa, trabajo, y cariño.

Cola, Colita, Colassa (Oda a Barcelona), de Ventura Pons

Cola-Colita-ColassaMEMORIA DE UN TIEMPO.

“Quan hi ha un retrat, aquest ja ho explica tot, no cal ficar-hi tanta literatura ni tantes fotos anecdòtiques. Un retrat resol el tema. Jo no ho oblido mai. Et vas carregant la motxilla de la memoria”.

Colita

Ventura Pons (1945, Barcelona) dirigió más de 20 obras de teatro antes de debutar en el cine con Ocaña, retrat intermitent (1977), un documento sobre José Pérez Ocaña, un pintor andaluz, homosexual, transformista y anarquista, de vida transgresora y provocadora, que se convirtió en un icono de Las Ramblas de Barcelona de finales de los 70. Le siguieron 6 comedias, unas más locas y otras más negras, que hizo entre los años 1981 y 1993, con la colaboración del guionista Joan Barbero. En 1994, cambia de rumbo y toma otro camino, y empieza a adaptar novelas y textos teatrales de autores de prestigio como Monzó, Benet i Jornet, Belbel, Torrent o Baulenas, entre otros, llevándole a un nivel de producción de ritmo vertiginoso, estrenando una película casi cada año, realizando títulos de calidad como Actrius, Amic/Amat, Amor idiota, Forasters, Mil cretins, etc…

Ahora, vuelve al documento, en su película número 27 de su carrera, como su estreno en el cine, similar a los trabajos de El gran Gato (2002), sobre la vida del emblemático músico, o Ignasi M. (2013), donde relataba la crisis personal y laboral del prestigioso museólogo. Su mirada se centra en Isabel Steva Hernández, más conocida como “Colita”, figura esencial de la fotografía moderna del siglo XX. Como hiciese en Ocaña, la película de Pons se desarrolla en casa de la fotógrafa, en el jardín, rodeada de sus amigas, confidentes y compañeras de fatigas más íntimas. Tenemos a Teresa Gimpera, Maruja Torres, Pilar Aymerich, Rosa Regàs, Núria Feliu, Beatriz De Moura, Anna Maio, Rosa Sender y Marta Tatjer. Todas ellas, igual que la anfitriona, artistas o mujeres vinculadas al mundo de la bohemia. Se arrancan a comentar su no al premio nacional de fotografía, para luego adentrarse en los años alegres y convulsos de los 60 y 70, en plena dictadura franquista, en un país consumido por el fascismo y el oscurantismo, donde todo lo moderno, transgresor y divertido se prohibía tajantemente.

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Divida por 9 capítulos, que se abren con el material gráfico de Colita, retratos de aquellos amigos que posaron para ella, y sigue con las conversaciones que recuerdan aquellos instantes, en este encuentro de mujeres donde hablan y ríen, de los retratos de Colita y su arte, recuerdan a los que ya no están, los viajes que hicieron, las risas y la diversión que compartían, los franquistas que las acechaban, las noches sin fin en Bocaccio, las borracheras que nunca terminaban, los actos en contra de Franco, el reportaje del funeral del dictador, los hombres que amaron y los amantes que dejaron en el camino, los cineastas, la literatura, los músicos, y demás artistas que conocieron, la miseria y la suciedad el barrio chino, aquellos cantantes y transformistas que paseaban su glamour nocturno, las putas de toda la vida, la Gauche Divine, los Moix, y aquella Barcelona convulsa, agitada, política, artística, transgresora, represiva y sobre todo, las conversaciones giran en torno a la memoria de un tiempo vivido, un tiempo que dejó buenos y malos recuerdos, pero también, situaciones y momentos divertidos. Estas viejas damas indignas, como se autodefinen Maruja Torres, mujeres modernas, alejadas de las vidas de sus madres, y libres en su interior. Mujeres que recuerdan lo que fueron, lo que hicieron y el tiempo donde había flores en las calles, pero también pistolas en el cinto. Tiempos oscuros, pero también tiempos para compartir, vivir, y hacer fotografías que registraban todo aquello que sucedía, o al menos parte de lo que sucedió. Ventura Pons ha hecho un filme valioso, un documento sobre la memoria de un tiempo que se vivió en plena agitación artística de un grupo de hombres y mujeres que abrieron rendijas de luz y color durante un régimen que oscurecía y mataba todo aquello que iba en su contra. Mujeres valientes, mujeres libres y sobre todo, Colita, una mujer adelantada a aquel tiempo de “un país pobre, trist i desgraciat”, como anuncia la narradora Rosa María Sardà, donde Colita emergió con su mirada para registrar, en blanco y negro, fragmentos de vidas, y sus miradas y gestos, que testimonió de forma sencilla, elegante y maravillosa.

Entrevista a Manolo Vázquez

Entrevista a Manolo Vázquez, director de «La maniobra de Heimlich». El encuentro tuvo lugar el miércoles 25 de noviembre de 2015, en los Cines Girona de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Manolo Vázquez, por su tiempo, generosidad y simpatía, a Alex Tovar (que tuvo el detalle de tomar la fotografía que ilustra esta publicación) y Sonia Uría de Suria Comunicación, por su paciencia, amabilidad y cariño, y a los Cines Girona, por tratarme con tanto cariño y por programar un cine humilde, sencillo, necesario y a contracorriente.

La maniobra de Heimlich, de Manolo Vázquez

La_maniobra_de_Heimlich-981003014-largeEL SUBMUNDO DE LOS CRETINOS

El arranque de la película resulta esclarecedor y definitorio para el desarrollo de la misma. En un programa de televisión, Pedro Ruiz entrevista al flamante ganador del Premio Herralde de novela, Alex Pareja, autor de “La maniobra de Heimlich”, un libro donde relata la muerte de su novia atragantada con un trozo de pollo durante una cena que Alex le pedía matrimonio. La película arranca 10 años después, donde Alex recibe el encargo de adaptar al cine su novela. El primer largo de Manolo Vázquez (hijo del dibujante Vázquez, autor de los memorables Anacleto, agente secreto o Las hermanas Gilda) el cual continúa preservando su legado, es también autor de videoclips y director del corto Colgados del 2007, que partía de la imposible conversación de una chica y un ahorcado, que cosechó gran cantidad de premios. Partiendo de un guión del novelista Javier Calvo, y con la ayuda de un esfuerzo titánico por parte del equipo técnico y artístico de la película, que incluyo un crowfunding, en un rodaje que llevó un par de años, llega una película esperpéntica, loca y desenfrenada, que se me te con el mundo literario y cinematográfico, que bebe de esas comedias de los Coen, o In the soup, de Rockwell, o del tipo Taller Capuchoc, de Carlo Padial, películas de humor corrosivo, que no dejan títere con cabeza y se meten con to dios.

La cinta pone en solfa a esos “artistillas” de medio pelo que pululan y se reproducen como moscas, esos cretinos que van de autores profundos, que inmerecidamente acaban teniendo un éxito y lamentablemente viven toda su vida de él, porque lo que siguen haciendo luego, sigue instalándose en la mediocridad y la basura, y para más inri, continúan propagando su ego, inventándose y cagándola en las diversas disciplinas artísticas que intentan. El susodicho en cuestión, el tal Alex Pareja, es uno de esos tipos, culturetas y modernillos de molde. Ahora se ha metido a director y ha enredado en el tinglado a todos sus amigos y conocidos, a Larra, el que pondrá la pasta porque trabaja en el ayuntamiento, un lameculos del quince, gracias a su novia, Lavinia, artista performance, otra que tal baila, capta al actor Jordi Vilches para que haga de él, ahí es nada, fiestero, drogata y muy “volao”, la chica de la película, la que morirá irremediablemente, es Marta Torné, que aparte del subido que tiene, pone en duda el no talento del supuesto “director”. Para rematar la faena, si todavía no estaba del todo bien, un tal Manolo Vázquez, realizador de videoclips que ni trabaja en eso, por eso de la crisis, hará de Alex cuando este haga de director. Un mejunje de tres pares de cojones para hacer una película de un libro basado en una anécdota, nada más. Vázquez a modo de fake, comedia satírica y esperpento cínico, se ríe de él mismo y de todos, juega a mofarse de todos esos bichos que pululan por el “mundillo” creyéndose alguien o algo.

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Vázquez no tiene escrúpulos con sus criaturas, se descojona de ellas sin cuartel, va a saco con todos, con él mismo también, puestos a reírse que sea de todos, él el primero. Pone en cuestión la difícil tarea de la creación, los complejos y difíciles procesos creativos que llevan los artistas o los que no lo son, para llegar a materializar sus obras. No sabemos hasta qué punto acaba la película y empieza la vida real de los personajes, o de las personas los intérpretes que hacen de sí mismos, o sus yo oculto. También, participan otros, que también hacen de sí mismos, o simplemente es una pose, o incluso solamente están riéndose de ellos, el caso de Quim Monzó que raja sobre esos artistas, que van de ello, o que incluso se atreven con todo, porque ellos lo valen, Enrique Vila-Matas, en un tono más serio, y Lucía Etxebarria, que va con látigo y pone de vuelta y media a esos artistas performance y su lado oscuro y demás mandangas, la aparición de los Venga Monjas, Miguel Noguera y demás especímenes de la risa y el humor, no hacen otra cosa que añadir más leña a esta hoguera de cretinos, imbéciles y trasnochados no artistas sin talento que bailan, beben y se drogan hasta las tantas en los locales de moda más “cool”, donde ponen la música que más lo peta, se tiran a las actrices de sus pelis, y se dedican a lo artístico desde lo más profundo, convirtiéndose en seres diferentes, de otro mundo, de una realidad paralela, aunque en el fondo sean unos pobres diablos que pelean sin descanso contra un enemigo invisible y muy malvado, ellos mismos y su ego y vanidad.


<p><a href=»https://vimeo.com/44861623″>LA MANIOBRA DE HEIMLICH – TRAILER</a> from <a href=»https://vimeo.com/user2024717″>Manolo V&aacute;zquez</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

Entrevista a Ignacio Vilar

Entrevista a Ignacio Vilar, director de “A esmorga». El encuentro tuvo lugar el Martes 5 de mayo en Barcelona, en el vestíbulo de los Cines Girona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ignacio Vilar, por su tiempo y generosidad, a Sonia Uría, de Suria Comunicación, por su generosidad y paciencia, a Laura Fernández, de Vía Láctea Filmes (Productora de la película), por su simpatía y amabilidad, y a la Editorial Galaxia,  por apostar por el libro y reeditarlo en castellano.