El grupo, de Gustavo Vizoso

12107951_10153923021129424_1349789152204966253_nNO SE ESTÁ SOLO.

A partir del 2008, con el estadillo de la crisis, ese país que nos vendieron como un paraíso de abundante trabajo y riqueza por doquier, se vino abajo. En ese instante, apareció su triste y verdadero rostro, los parados se amontonaban en las interminables colas del paro, los desahucios estaban a la orden del día y el gobierno era incapaz de frenar la hemorragia. Por el contrario, sus políticas conservadoras la hacían aumentar con recortes de todo tipo y ayudas a la banca, origen de la burbuja inmobiliaria. Ante este panorama social, el cine se ha mostrado comprometido en abordar estos temas y contar el drama cotidiano de las millones de personas que lo han sufrido, y desgraciadamente, lo siguen sufriendo.

El grupo es una de esas películas, su director Gustavo Vizoso (1971, Barcelona) que empezó como fotoperiodista y autor de documentales de compromiso social, vivió en carnes propias la tragedia de quedarse sin trabajo, y entró a formar parte de uno de los grupos de parados de larga duración de más de 40 años, a través de una idea de los Servicios Sociales del Barrio de Sant Antoni de Barcelona, en los que se toma como hipótesis de trabajo el Observatorio de Salud Mental de Catalunya (OSAMCAT). El psiquiatra al cargo el Dr. Josep Moya de la Fundació Parc Taulí (desde donde se desarrolló el documental Una cierta verdad, de Abel García Roure, que filmaba a enfermos mentales) propuso a Vizoso que filmase estos encuentros terapéuticos. El realizador barcelonés captura de forma inquieta y cercana estas conversaciones, en las que cada uno expone sus inquietudes y reflexiones para ayudar y ayudarse, y de esta manera encontrar apoyo para pasar el trance de su mala situación personal. Vizoso sigue atento con su cámara todo lo que va sucediendo, no participa de forma activa, se mantiene al margen, capturando la inmediatez del momento, filmando sus miradas, sus rostros y las palabras que emiten. Son testimonios personales dentro del colectivo, de esta agrupación/cooperativa que nace con el propósito de que no se sientan solos, y entre todos, produzcan herramientas que les ayuden a conseguir trabajo y salir adelante.

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En un par de ocasiones, Vizoso, deja la sala de las reuniones, para seguir a dos miembros del grupo, a los que les cede su cámara y su drama personal, las personas nos cuentan su cotidianidad, las idas y venidas de trabajos precarios que se van encontrando, su modus operandi a la hora de buscar trabajo, y las diversas actuaciones y dinamizaciones en las que participan. Vizoso estructura su película a través de dos tiempos que vienen marcados por las reuniones que se van celebrando. Primero, en tres meses de primavera y verano del 2014, y luego se traslada al invierno del 2015, en los que vemos el origen del grupo y las actividades que realizarán, para luego, ser testigos de todo el proceso que han vivido y como ha sido su desarrollo. Un documento necesario y honesto, construido a través de historias mínimas, de personas como nosotros, personas que tienen que volver a empezar, reconstruirse interiormente y mentalmente para afrontar el durísimo proceso de buscar trabajo y sobre todo, una película sobre la solidaridad humana y el trabajo cooperativista, en el que trabajar unidos con el objetivo de tener una vida digna para seguir sobreviviendo en una sociedad, que parece ser que sólo cuenta para la riqueza económica y se olvida demasiado de lo humano, que al fin y al cabo, debería ser el epicentro de la riqueza de las sociedades.


<p><a href=»https://vimeo.com/146241233″>Trailer El grup</a> from <a href=»https://vimeo.com/user548569″>Gustavo Vizoso</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

El niño y el mundo, de Alê Abreu

O-menino-e-o-mundo-cartel-castellano-retina-717x1024LA MIRADA INOCENTE.

Erase una vez un niño que vivía junto a sus padres en una idílica zona rural de Brasil. Un día, su padre se marcha a la ciudad en busca de fortuna. El niño, muy apenado por su ausencia, decide ir en su búsqueda. En ese instante, iniciará un viaje por un mundo completamente desconocido para él, pero el niño lo afrontará de manera ingenua, soñadora y libre. El segundo trabajo de Alê Abreu (1971, Sâo Paulo, Brasil) es una fábula emocionante, elaborada con técnicas artesanales cuidando todos los detalles y explicada elegantemente. Cinco años de trabajo y un equipo de 150 profesionales han sido necesarios para contar este cuento, en el que un niño vive la mayor de sus aventuras, en el que deja la paz del mundo rural para adentrarse en la locura del mundo industrial y mecanizado. Una perfecta sinfonía visual muda, apenas unos diálogos ininteligibles, porque se trata de portugués al revés, en la que brillan su gama de colores vivos y radiantes, cuando nos encontramos en el pueblo, y luego, cuando nos encontramos en la ciudad, los colores se apagan tornándose grises y oscuros.

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En el mundo tecnológico donde priman las técnicas de animación por ordenador, Abreu ha preferido optar por otros caminos, su planificación se basa en la utilización de técnicas más artesanales y sencillas en las que ha trabajo con materiales como pasteles al óleo, lápices de colores, rotuladores, plumas, bolígrafos y pintura, utilizando para los fondos collages gráficos de periódicos y revistas. La idea del cineasta brasileño, que también es ilustrador y pintor, era construir un mundo en el que todo fuera posible, como si fuese dibujado por un niño, en el que todo vale, dotándolo de una libertad sin límites, en el que veamos imágenes de todo tipo y calibre. Abreu ha edificado una película libre y dinámica, una comedia agridulce que nos lleva de un lugar a otro, sin prisas y con paciencia, dentro de una estructura en la que brillan su armonía y ritmo. La película está construida a través de un fondo blanco en el que a medida que avanza nuestro protagonista, se irá llenando de infinidad de colores, formas y texturas, en el que hay todo tipo de animales y sonidos, acompañado de una música delicada y enérgica que llena la pantalla, en la que resalta la suavidad de la melodía de flauta que sirve como leitmotiv, o el sonido alegre de las orquestas populares, o incluso un rap.

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El niño, con esos ojos vivos, atentos y grandes, se irá encontrando en su viaje onírico y lírico, un mundo diferente, hostil y sucio, donde la industrialización ha engullido a una humanidad que ahora se encuentra al servicio de las máquinas, la tecnología y los objetos. Una ciudad repleta de suciedad y ruidos, automóviles que lo contaminan todo, viviendas minúsculas y tristes, una población masificada, publicidad contaminante, y una maquinaria en continua codicia constructora que ha desplazado del trabajo a los seres humanos. Un entorno hostil y alejado de la tranquilidad de su pueblo. Allí, en ese lugar sin alma y vacío, encontrará a alguien que lo guiará por ese espacio gris e infeliz. Solo unos pocos resisten ante la deshumanización que se ha apoderado de todo, unos pocos que a través de la música plantean otra vía, y llenar ese mundo de color y alegría, aunque sólo sea en un espacio reducido y con el rechazo del estado. Cinta de una pureza visual absorbente y maravillosa, que tiene la misma naturaleza poética y reivindicativa que otras fábulas ecológicas y humanistas que abogan por un mundo más sano y limpio como Cuando el viento sopla (1986), de Jimmy T. Murakami y La princesa Mononoke (1997), de Hayao Miyazaki, aventuras donde sus protagonistas se enfrentan a la hostilidad de los codiciosos y malvados que quieren destruir la naturaleza en pos de un progreso industrial, destinado para unos privilegiados que aniquila la vida de los seres humanos y los entornos donde viven y trabajan. Abreu ha parido un hermoso canto a la vida, a la imaginación, a la infancia, y sobre todo, a nuestro mundo, un planeta en el que tendríamos que vivir todos en comunidad y respetando la naturaleza.

Un día vi 10.000 elefantes, de Alex Guimerà y Juan Pajares

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En la mítica y extraordinaria novela Robinson Crusoe, de Daniel Dafoe, que retrata el naufragio de un marino inglés en una isla que parecía desierta, en la que salvaba de los caníbales a un nativo negro, que llamaría Viernes, con el cual entablaría una relación estrecha amistad a pesar de las diferencias culturales y de idioma. Un caso parecido ocurrió con el cineasta español Manuel Hernández Sanjuán y el guineano Angono Mba, cuando el primero llegó en 1944 a Guinea Ecuatorial, colonia española por entonces, y junto a otros tres colaboradores, estuvieron dos años filmando cerca de 31 películas y realizando más de 5500 fotografías, documentando la fascinante y exótica biodiversidad del país a través de su naturaleza, sus gentes y costumbres.

Alex Guimerà y Juan Pajares, cineastas curtidos en el campo documental y en técnicas de animación, y el guionista Pere Ortín, encontraron este material olvidado, y primero realizaron un libro de fotografías en los que se acompañaba unos documentales, uno de ellos Cazadores de imágenes en la Guinea Colonial, que junto a la novela Los elefantes de la luna, escrita por el guineano Juan Tomás Ávila Laurel, sirvieron de punto de partida para una película que ha supuesto un arduo e inmenso trabajo de investigación de 16 años. La acción arranca en la actualidad, donde un octogenario paralítico llamado Angono Mba, nos cuenta su experiencia con aquellos blancos que llegaron a su país, y su relación con Hernández Sanjuan y la expedición que emprendieron río arriba, con destino a las montañas, donde se encontrarían un lago misterioso en el que se podían ver 10000 elefantes, según los viejos del lugar le habían contado al cineasta madrileño. Utilizando una mezcla fascinante e hipnótica, donde los realizadores fusionan material de archivo, fotografías, ilustraciones animadas, animación stop motion y video digital, nos sumergen en este lírico viaje de otro tiempo, donde retratan el colonialismo, el encuentro entre el hombre blanco y el otro, la sumisión y la esclavitud, una sociedad sometida a la doctrina religiosa, donde los amores furtivos nacen y mueren con amantes separados, la invasión y el salvajismo del blanco frente a las raíces y las costumbres arcaicas de una cultura diferente que vive completamente mezclada con la naturaleza.

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Un tiempo de aventura y exotismo, de descubrimiento y conocimiento, donde se viaja a lo desconocido, a penetrar y poseer el alma del otro, a navegar por lugares remotos, donde la naturaleza invade nuestros sentidos y nos descubrimos en lo que somos y lo que perseguimos. Una aventura que nos recuerda a aquellos hombres obstinados del cine de Herzog, hombres que se enfrentan a los caminos complejos que emprenden como Lope de Aguirre, el conquistador en busca del dorado, o Fitzcarraldo, el lunático que quiere construir un teatro para escuchar ópera en mitad de la selva. Cine documental que rescata una memoria olvidada y lejana, como lo hicieron Ari Folman en Vals con Bashir, en el que utilizando técnicas similares de animación, se enfrentaba a él mismo cuando fue soldado en la guerra del Líbano en el 82 y se asesinaron 3000 palestinos refugiados, o aquí en casa, el trabajo que hizo Manuel H. Martín en 30 años de oscuridad, también con técnicas de animación, rescataba aquellos “topos” que se encerraron en su propia casa huyendo del franquismo. Un cine vivo, un cine sobre la memoria, nuestra memoria, el terror del colonialismo, y sobre todo, una película sobre el encuentro entre el blanco, “el civilizado” y el negro “el salvaje”, entre dos formas de vivir, pensar y sentir.


<p><a href=»https://vimeo.com/134171752″>Trailer &quot;Un d&iacute;a vi 10.000 elefantes&quot;</a> from <a href=»https://vimeo.com/severalstudio»>SeveralStudio.</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

La maniobra de Heimlich, de Manolo Vázquez

La_maniobra_de_Heimlich-981003014-largeEL SUBMUNDO DE LOS CRETINOS

El arranque de la película resulta esclarecedor y definitorio para el desarrollo de la misma. En un programa de televisión, Pedro Ruiz entrevista al flamante ganador del Premio Herralde de novela, Alex Pareja, autor de “La maniobra de Heimlich”, un libro donde relata la muerte de su novia atragantada con un trozo de pollo durante una cena que Alex le pedía matrimonio. La película arranca 10 años después, donde Alex recibe el encargo de adaptar al cine su novela. El primer largo de Manolo Vázquez (hijo del dibujante Vázquez, autor de los memorables Anacleto, agente secreto o Las hermanas Gilda) el cual continúa preservando su legado, es también autor de videoclips y director del corto Colgados del 2007, que partía de la imposible conversación de una chica y un ahorcado, que cosechó gran cantidad de premios. Partiendo de un guión del novelista Javier Calvo, y con la ayuda de un esfuerzo titánico por parte del equipo técnico y artístico de la película, que incluyo un crowfunding, en un rodaje que llevó un par de años, llega una película esperpéntica, loca y desenfrenada, que se me te con el mundo literario y cinematográfico, que bebe de esas comedias de los Coen, o In the soup, de Rockwell, o del tipo Taller Capuchoc, de Carlo Padial, películas de humor corrosivo, que no dejan títere con cabeza y se meten con to dios.

La cinta pone en solfa a esos “artistillas” de medio pelo que pululan y se reproducen como moscas, esos cretinos que van de autores profundos, que inmerecidamente acaban teniendo un éxito y lamentablemente viven toda su vida de él, porque lo que siguen haciendo luego, sigue instalándose en la mediocridad y la basura, y para más inri, continúan propagando su ego, inventándose y cagándola en las diversas disciplinas artísticas que intentan. El susodicho en cuestión, el tal Alex Pareja, es uno de esos tipos, culturetas y modernillos de molde. Ahora se ha metido a director y ha enredado en el tinglado a todos sus amigos y conocidos, a Larra, el que pondrá la pasta porque trabaja en el ayuntamiento, un lameculos del quince, gracias a su novia, Lavinia, artista performance, otra que tal baila, capta al actor Jordi Vilches para que haga de él, ahí es nada, fiestero, drogata y muy “volao”, la chica de la película, la que morirá irremediablemente, es Marta Torné, que aparte del subido que tiene, pone en duda el no talento del supuesto “director”. Para rematar la faena, si todavía no estaba del todo bien, un tal Manolo Vázquez, realizador de videoclips que ni trabaja en eso, por eso de la crisis, hará de Alex cuando este haga de director. Un mejunje de tres pares de cojones para hacer una película de un libro basado en una anécdota, nada más. Vázquez a modo de fake, comedia satírica y esperpento cínico, se ríe de él mismo y de todos, juega a mofarse de todos esos bichos que pululan por el “mundillo” creyéndose alguien o algo.

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Vázquez no tiene escrúpulos con sus criaturas, se descojona de ellas sin cuartel, va a saco con todos, con él mismo también, puestos a reírse que sea de todos, él el primero. Pone en cuestión la difícil tarea de la creación, los complejos y difíciles procesos creativos que llevan los artistas o los que no lo son, para llegar a materializar sus obras. No sabemos hasta qué punto acaba la película y empieza la vida real de los personajes, o de las personas los intérpretes que hacen de sí mismos, o sus yo oculto. También, participan otros, que también hacen de sí mismos, o simplemente es una pose, o incluso solamente están riéndose de ellos, el caso de Quim Monzó que raja sobre esos artistas, que van de ello, o que incluso se atreven con todo, porque ellos lo valen, Enrique Vila-Matas, en un tono más serio, y Lucía Etxebarria, que va con látigo y pone de vuelta y media a esos artistas performance y su lado oscuro y demás mandangas, la aparición de los Venga Monjas, Miguel Noguera y demás especímenes de la risa y el humor, no hacen otra cosa que añadir más leña a esta hoguera de cretinos, imbéciles y trasnochados no artistas sin talento que bailan, beben y se drogan hasta las tantas en los locales de moda más “cool”, donde ponen la música que más lo peta, se tiran a las actrices de sus pelis, y se dedican a lo artístico desde lo más profundo, convirtiéndose en seres diferentes, de otro mundo, de una realidad paralela, aunque en el fondo sean unos pobres diablos que pelean sin descanso contra un enemigo invisible y muy malvado, ellos mismos y su ego y vanidad.


<p><a href=»https://vimeo.com/44861623″>LA MANIOBRA DE HEIMLICH – TRAILER</a> from <a href=»https://vimeo.com/user2024717″>Manolo V&aacute;zquez</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

Entrevista a Anna M. Bofarull

Entrevista a Anna M. Bofarull, directora de «Sonata para Violonchelo». El encuentro tuvo lugar el viernes 20 de noviembre de 2015, en el hall de los Cinemes Girona en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Anna M. Bofarull, por su tiempo, generosidad y amistad, a Eva Calleja de Prismaideas, por su paciencia, amabilidad y cariño, y a Diana Toucedo, montadora de la película, que tuvo el detalle de tomar la fotografía que ilustra esta publicación.

Entrevista a Alvaro Longoria

Entrevista a Alvaro Longoria, director de «The propaganda game». El encuentro tuvo lugar el sábado 31 de octubre de 2015 en el hall de los Cines Girona de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Alvaro Longoria, por su tiempo, simpatía y generosidad, y a Lara y Aina (autora de la fotografía que ilustra la publicación) de Betta Pictures, por su paciencia, amabilidad y cariño.