El sueño de Ellis, de James Gray

360675-affiche-usa-the-immigrant-620x0-1Amargura en el Nuevo Mundo

En 1917, Charles Chaplin dirigió The immigrant, un cortometraje de 25 minutos, protagonizado por el mítico Charlot, donde se relataba las dificultades en las que se veían envueltos los inmigrantes que viajaban hacía una nueva vida en EE.UU. Al llegar a la isla de Ellis, fente a Nueva York, Charlot era acusado injustamente de robar. Casi un siglo después, James Gray retoma el título del genio y nos presenta una historia que arranca de la misma forma. Ahora, las que arriban son dos hermanas polacas, Magda, que se queda seis meses retenida a causa de su tuberculosis, la otra, y Ewa, que al igual que le sucedía a la criatura de Chaplin, es acusada injustamente, en esta ocasión, el delito radica en la moral relajada durante la travesía. Pero, un golpe del destino o de la fatalidad, según se mire, en el momento que va a ser deportada, aparece Bruno, un malhechor y proxeneta con influencias en la policía, que la sacará del apuro y la obligará a prostituirse para liberar a su hermana enferma. Gray fabrica un producto que bebe de las fuentes clásicas, de los independientes hollywoodienses y de la generación de los 70. Una obra que en apariencia parece una película muda, aunque podría mirarse como una eficaz y fiel reconstrucción de las dificultades en las que se encontraban los inmigrantes que querían empezar una nueva vida en el nuevo mundo a principios del siglo pasado. La película tiene una textura marca de la casa,  sigue fiel a ese  cine rabioso, contenido e inteligente que nos tiene acostumbrados el realizador estadounidense. No obstante, guarda enormes paralelismos con su anterior obra, Two lovers (2008), en los que Leonard (Joaquin Phoenix), con graves problemas emocionales, se debatía entre dos amores, el del tradicional que le ofrecía, Sandra, o el de la aventura que le proponía la vecina Michelle. Ahora, Ewa, el alma de la función, se debate entre dos hombres, aunque en circunstancias diferentes, por un lado, está  Bruno, que la ama en secreto, y hará todo lo posible para retenerla, y más cuando aparece Orlando, una mago buscavidas y primo de Bruno, que es la antítesis del anterior, y en cambio, le ofrece una nueva vida a la desdichada Ewa. Un obra a contracorriente y maravillosa, exquisitamente fotografiada, extrayendo esa luz mortecina que acompaña a toda la película, en la que no faltan los toques de thriller que sazonan la dramaturgia de Gray, los personajes ambiguos y en deriva emocional, que transitan por lugares oscuros y lúgubres, y que se ahogan en circunstancias amargas que las únicas vías de salida que encuentran los abocan a un destino fatalista. Todo el relato de Gray se sostiene a través de la mirada de Ewa, una Marion Cotillard – que nos recuerda a las heroínas del mudo como Lilian Gish, Claro Bow o Janet Gaynor -, en un registro diferente al que nos tiene acostumbrados, componiendo un personaje de apariencia frágil,  pero que esconde una mujer fuerte y dispuesta a sobrevivir a pesar de las dificultades en las que se ve sometida, a su lado, un Phoenix, magnífico en su rol de malvado y amargado personaje, y el tercer vértice, Jeremy Renner, que aporta el contrapunto positivo abriendo un nuevo camino a la protagonista. Un relato de apariencias, de espejos deformantes que reflejan unas vidas de personajes solitarios que caminan sin rumbo fijo. Una obra de madurez que nos devuelve el mejor cine de la mano de uno de los nombres más importantes de su generación, que están renovando y de qué manera el panorama cinematográfico estadounidense con los Alexander Payne, Wes Anderson, Paul Thomas Anderson, Sofia Coppola…

De caballos y hombres, de Benedikt Erlingsson

historias_de_caballos_y_hombresLa lucha contra los elementos

Una fría y soleada mañana en algún lugar de Islandia. Un hombre de mediana edad sale a pasear con su nuevo caballo, una hermosa yegua blanca, los dos lucen esplendorosamente frente a la atenta mirada de sus vecinos que los felicitan a su paso. De repente, un ejemplar macho negro divisa a la yegua y sale corriendo tras ella hasta conseguir montarla ante la estupefacción y asombro del jinete, y los demás atónitos espectadores. De esta forma, arranca De caballos y hombres,  opera prima de Benedikt Erlingsson, es una tragicomedia coral, irreverente y transgresora con grandes dosis de humor negro, a la que no le faltan algunos golpes secos de extrema violencia. Una aventura cotidiana sobre la relación que se establece entre los hombres islandeses y sus caballos. Caballos fuertes, duros, bajos y bellísimos que son parte fundamental en la vida diaria de estas personas encerradas en su pequeña y humilde comunidad alejada del mundanal ruido. Tomando la línea episódica  de películas como Nashville (1975) y Vidas cruzadas (1993), ambas de Robert Altman, el realizador islandés nos presenta una cinta donde varias historias independientes entre sí se van entrelazando a lo largo del relato, en las que hay cabida para todo tipo de géneros y puntos de vista. Todas tienen en común, eso sí, un tono parecido, una manera de acercarse a la cotidianidad bajo un prisma alegre y triste, humano y salvaje, real y ficticio, en el que las situaciones y circunstancias que se ven inmersos los personajes que transitan por el relato son duras pruebas para seguir hacia delante y sobretodo, un proceso de conocimiento personal en el que cada día forma parte de una aventura constante, para seguir luchando contra los elementos que se van interponiendo en nuestro camino de vivir. El tratamiento formal de Erlingsson basado en planos cortos y tomas largas, donde el objetivo radica en la imagen, en que la película se cuente a través de su propio mecanismo, y evitar el recurso del diálogo. Una muestra más del acierto compositivo del realizador islandés que deja que su obra se alimente de ella misma y se acerque al espectador de manera sencilla, convirtiendo su obra en una crónica de una forma de vivir y sentir de unas personas que viven y trabajan con caballos. Otro de los elementos a destacar es la dirección de actores, unos personajes que se mueven eficazmente confundiéndose con un paisaje en la que la ausencia de árboles es notable. Unas criaturas que se aman y odian, y también,  forman esta comunidad que batalla a diario soportando las duras condiciones climatológicas con entusiasmo y tristeza, según la circunstancia en la que se tropiecen. Ligera y divertida, en algunos momentos, y durísima e intensa, en otros, esta fábula rural y campestre, fue galardonada con el premio a la Mejor Película en la Sección Nuevos Directores del Festival de San Sebastián del año pasado,  gustará a quienes les apasionen conocer nuevas culturas y formas de vida.

Se fa saber, de Zoraida Roselló

se-fa-saberÉrase una vez… en lo poble

La debutante Zoraida Roselló con la compañía de su cámara, se instaló durante el período de un mes en la pequeña localidad de Santa Bárbara (Comarca del Montsià), en las tierras del Ebro, un pueblo donde anidaban raíces de su infancia, con el objetivo de documentar la vida de sus habitantes más longevos.  La joven directora  recurre a un tono humano, cercano y caricaturesco para describirnos a sus gentes, explorar sus costumbres y mostrarnos la cotidianidad de su tiempo: el que vivieron, y el que están viviendo. Planteada a través de una jornada, arranca con un amanecer y se despide con el crepúsculo. La mirada de Roselló observa y participa en lo que cuenta, dialoga con las personas que filma, la proximidad que emplea para mostrarnos este pequeño mundo es naturalista, diríamos casi espontánea. La película está estructurada a través de dos dispositivos: por un lado, la memoria de sus habitantes, donde dan habida cuenta del modo de vida antiguo,  las costumbres y tradiciones que desarrollaban su vida diaria, cómo trabajaban la tierra, que herramientas empleaban, el escaso tiempo para la diversión… Y por otro lado, la actualidad, cómo aquellas gentes, ya retiradas, viven ahora: el trabajo en el campo, la estrategia que utilizan para cazar con la ayuda de un perro, los comidas de hermandad seguidos por bailes con música en directo,  las comidas que preparan, las visitas a la peluquería, las canciones que cantan, los ensayos de la función de teatro, la misa, los paseos… Roselló radiografía este grupo humano y reivindica el tipo de vida rural, describiéndolo de manera minuciosa, interesándose por los cambios que ha sufrido esta manera de vivir, y el escenario que los acoge, un pueblo que como tantos otros, ha recibido inmigración y nuevas formas de vida. Unos cambios descritos de forma natural, tomando la palabra como medio para el diálogo tranquilo y sosegado, sin abandonar el tono alegre que caracteriza todo el relato. Película con grandes dosis de alegría y felicidad, el sentido del humor que desprenden las personas retratadas convierten a la cinta en un ejemplo positivo y muy acertado de que la edad no es obstáculo para seguir disfrutando de la vida. Se fa saber  nos remite al género costumbrista tan arraigado a la tradición cultural de nuestro país, reflejada en las películas de la primera etapa de Berlanga, Bienvenido Mr. Marshall (1953), y Calabuch (1956), así como, a la comedia italiana que hizo furor a finales de los cuarenta y principios de los cincuenta, comedias costumbristas que nos acercaban de forma natural y divertida a una manera de vivir y sentir. Una realización cuidada, Roselló es fotógrafa de oficio, y una estructura bien definida hacen de este cuento sobre lo cotidiano una de las propuestas más agradables, frescas e íntimas sobre el retrato de la vida en los pueblos en la actualidad, y cómo son sus gentes y su modo de vida. Mención especial tiene el personaje/alma de la película, Gloria Espuny, que según cuenta la realizadora, descubrió durante el rodaje que se trataba de una tía abuela. Un personaje con una vitalidad envidiable y un desbordante sentido del humor. Su presencia destaca frente al resto, convirtiéndose en el hilo conductor de la historia aportando las situaciones más divertidas y surrealistas de la función. Una fábula de nuestro tiempo que se define como un retrato sincero, humano y emotivo fabricado desde una intimidad que nos atrapa desde el primer instante.

Sólo los amantes sobreviven, de Jim Jarmusch

only_lovers_left_alive_ver5Almas románticas en desolación

El arranque del onceavo título de la carrera de Jim Jarmusch (el cineasta outsider por excelencia) nos propone un viaje hacia lo romántico, en un escenario desolado y fantasmagórico, en un tiempo inexistente en el que dos almas separadas físicamente, pero totalmente unidas en lo emocional, siguen amándose por los siglos de los siglos. Un retrato sincero y extraño protagonizado por dos vampiros que deviene una enriquecedora metáfora de la sociedad actual. Una sociedad en estado agónico poblada por no habitantes que sobreviven como pueden en esta vorágine inhumana. La primera incursión en lo fantástico del realizador estadounidense, es un cruce eficaz y muy interesante entre varios temas desarrollados a lo largo de su carrera. No faltan sus personajes en suspenso, individuos perdidos y desorientados que transitan por los márgenes de la ley, la contracultura que rompió moldes y asentó las bases de la literatura americana del siglo XX, gracias a autores como Kerouac,  Borroughs, Ginsberg… , un lenguaje personal que nace de la fusión de los clásicos, los nuevos cines europeos y los independientes de Hollywood, la música, que en su dramaturgia adquiere un significado de suma importancia deviniendo un elemento totalmente indispensable, el carácter circular de su obra, que atrapa a sus criaturas guiándolas hacia un destino inevitable y desolador. Los dos no muertos enamorados, Eve y Adam, que protagonizan el relato – personajes inspirados en Los diarios de Adán y Eva, de Mark Twain -, viven alejados, ella, en la Tánger, vitalista  y oscura, – refugio de los intelectuales expatriados como Bowles- y él, músico underground, en el Detroit, fantasmal y decrépito, dos escenarios que funcionan como contrapunto deformantes, creando una atmósfera fascinante plagada de sombras y  luces apagadas. Unas criaturas que ya no asesinan para conseguir su sangre sino que la obtienen clandestinamente, y denominan zombies a los no vampiros. El encuentro de los amantes se ve truncado con la aparición de Ava, hermana pequeña de Eve, que debido a su juventud y transgresiones los aleja de ellos. Los intérpretes, entre los que destaca la presencia andrógina de la siempre enigmática, Tilda Swinton, y un magnífico Tom Hiddleston, gran paternaire  a su altura, que parece un cruce entre Kurt Cobain y Lord Byron, muy próximo  a la figura del Conde Orlok de Nosferatu (1922), y la fascinante aparición de John Hurt, dando vida a un Christopher Marlowe, anciano y cansado, que sigue reivindicando su obra frente a Shakespeare. Un relato de género, que no estaría muy alejado del espíritu de El cielo sobre Berlín (1983), de Wenders. Un cuento de terror moderno que bebe de un sinfín de fuentes, construido desde la fascinación por el cinematógrafo de uno de los creadores más singulares y personales del siglo XXI.

Hermosa juventud, de Jaime Rosales

287838Bello y doloroso retrato actual

El universo cinematográfico de Jaime Rosales está compuesto de 5 títulos, todos ellos, independientes entre sí, pero parecidos en su dramaturgia. Sus películas están situadas en un entorno familiar complejo, que nos remite a nuestra incapacidad para comunicarnos, y en todas ellas, irrumpe de forma imprevista y brutal la violencia en la vida cotidiana. Cada una de sus obras son saltos al vacío formales que,  a través de los diferentes formatos audiovisuales existentes, exploran nuevas formas de lenguaje cinematográfico: la polivisión en La soledad (2007), el teleobjetivo en Tiro en la cabeza (2008), y los planos descabezados en Sueño y silencio (2012). En Hermosa y juventud, nos cuenta el día a día de Natalia y Carlos, una joven pareja de veinteañeros enamorados y sin recursos. Todo su frágil universo se viene abajo cuando Natalia se queda embarazada, después de tener a su hija, Julia, sobreviven en un tiempo, el de aquí y ahora, donde no hay trabajo y la cotidianidad se vuelve extremadamente difícil. Es la cinta más realista de Rosales, hay un discurso cargado de naturalismo social, la cámara esta vez se ha acercado más a los personajes, les ha concedido protagonismo, a través de sus palabras y gestos, pero sin juzgarlos, manteniéndose a la debida distancia, seguimos sus diálogos de cerca, como si nos los susurrasen, como si estuviéramos ahí. La cámara de Rosales sigue minuciosamente las situaciones en las que se ven sometidas sus criaturas, una juventud española perdida, desorientada, casi fantasmagórica, que se mueve, pero no vive. El paro, el aborto, la difícil convivencia con los padres, la emigración en busca de oportunidades como única salida. Una juventud que recurre al porno amateur para ganarse unos euros que les niega una sociedad injusta abocada al fracaso y la desesperanza por falta de recursos para sus ciudadanos. En su camino de experimentación con la imagen, Rosales mezcla el 16 mm (80% del metraje), con las imágenes realizadas por los mismos intérpretes: las fotografías con smartphones, los mensajes de whatsapps y las llamadas por skype, las cuales componen unas magníficas elipsis temporales que dotan al discurso de la película de un naturalismo radical. Mención aparte tiene el trabajo actoral, que a pesar de tratarse de intérpretes profesionales en su mayoría, construyen unos personajes que parecen extraídos de la propia realidad. Entre los que destaca, por encima de todos, la bellísima composición de Ingrid García-Jonsson, heroína a su pesar de su existencia, que aparte de su belleza, esconde en su aspecto frágil, una resistencia titánica que le ayuda a tirar siempre hacia delante a pesar de todo y todos. Rosales ha fabricado una fábula social que habla de nosotros y del entorno urbano que nos movemos diariamente, un brillante documento de nuestro tiempo, de nuestras miserias, esperanzas e ilusiones.

Todos están muertos, de Beatriz Sanchis

Poster 700x1000 AFLos fantasmas del pasado

Nos encontramos en el Madrid de 1996. Lupe, una treintañera de aspecto frágil, vive, o podríamos decir, se desplaza como si fuese un zombie por las cuatro paredes de su casa, su terrible agorafobia le impide salir al exterior. Junto a ella, conviven su madre, Paquita, una mexicana devota y fiel a su clan familiar, que cuida de Pancho, hijo de Lupe, que odia a su madre. Ante semejante situación, Paquita decide, con la ayuda de una amiga, invocar el alma de Diego, hijo fallecido en 1981 para que ayude a Lupe a salir de su letargo emocional. La aparición de Diego en el entorno familiar abrirá la caja de pandora de los fantasmas del pasado, las heridas que siguen abiertas y piden a gritos ser cerradas para seguir caminando hacía delante. La debutante Betatriz Sanchis, cortometrajista de éxito, sitúa su película en el pasado, los conflictos interiores que nos dificultan nuestra vida, acercándonos a un personaje a la deriva, a una mujer que en el pasado formó un grupo de pop llamado Groenlandia junto a Diego y tuvieron un gran éxito, y en la actualidad vive atormentada por la muerte trágica de su hermano en un accidente de tráfico. Melodrama familiar con tintes fantásticos, en que la fotografía apagada, desdibujada y cercana de Alvaro Gutiérrez actúa como una proyección de la mirada de Lupe, que se debate en su tristeza y en la imposibilidad que tiene para enterrar sus fantasmas y afrontar de nuevo la vida a pesar de la ausencia del ser querido. Fábula urbana plagada de múltiples referencias musicales, el nombre del grupo Groenlandia remite a un tema musical de gran éxito en los 80 del grupo Zombies, vemos imágenes del grupo actuando en TVE en el programa La edad de oro», cantando su éxito «Corazón automático», (espacio que se mantuvo en antena de 1983 hasta 1985, que presentado por Palomo Chamorro dió buena cuenta de toda aquella efervescencia musical que se apoderó del país), así como la historia del hermano muerto, Diego, tiene grandes similitudes con la vida de Eduardo Benavente, líder del grupo Alaska y los Pegamoides, primero, y Paralísis Permanente después, que murió a los 20 años en un accidente de tráfico. Existe cierto desequilibrio entre su ajustado formalismo y la manera de expresar su vertiente emocional, en el que la labor interpretativa de Elena Anaya (el fantasma de la película), destaca por encima de las demás. Del resto de los otros intérpretes, algunos cumplen con su tarea, pero otros parecen no encontrar su sitio en la acción del relato. Sanchis se esfuerza en realizar una película sobria y contenida que vaya creciendo a nivel emocional, en cierta manera lo acaba consiguiendo, pero no transmite toda la profundidad que debería. Un filme estimable de apariencia dulce pero de entramado complejo que, en el último Festival de Málaga se alzó con los premios a la mejor actriz para Elena Anaya,  y los galardones del Jurado, banda sonora y jurado joven. Una historia susurrada que cuenta más de nosotros mismos de lo que en una primera mirada podríamos esperar, porque como es bien sabido, los fantasmas que más miedo provocan son los que nacen en nuestro interior.

 

Madre e hijo, de Calin Peter Netzer

Madre e hijo cartelMadre no hay más que una

En la última década el cine rumano ha demostrado con creces su buena salud, pariendo historias de gran crudeza con planteamientos estilísticos similares,  y filmadas de forma directa. Relatos de gran crudeza que han repasado su reciente historia, desde los últimos días de la dictadura de Ceausescu en la magnífica, 4 meses, 3 semanas y 2 días (2007), de Cristian Mungiu, que se alzó con la Palma de Oro en el Festival de Cannes, así como otras cintas que planteaban historias situadas durante la post-dictadura y la Rumanía actual, como La muerte del Sr. Lazarescu (2005), de Cristi Puiu, 12:08 Al este de Bucarest (2006), de Corneliu Porumboiu, y Martes, después de Navidad (2010), de Radu Munteau, todas ellas valoradas internacionalmente en los certámenes más prestigiosos del mundo. Madre e hijo, de Calin Peter Netzer continúa la misma senda trazada por sus predecesoras tanto a nivel formal como argumental, sumergiéndonos en una historia durísima donde el amor de una madre hacia su hijo traspasa la frontera emocional convirtiéndose en una relación destructiva, posesiva y manipuladora. La historia arranca cuando Barbu, un joven desorientado que anda por la treintena, atropella y mata con su automóvil a un niño de 11 años. En ese momento, Cornelia, su madre, de clase alta y mujer influyente moverá todos sus hilos a su alcance para evitar por todos los medios el encarcelamiento de su hijo. Las tensiones entre madre e hijo no tardarán en florecer de manera brutal, los insultos y reproches destapan una relación enfermiza entre la madre y su hijo. La mise en scène de Netzer es agobiante, sigue con su cámara de manera asfixiante a sus criaturas, como si se encontrasen atrapadas en una telaraña que los ahoga. Las secuencias de gran tensión las filma con tomas largas en las que dos personajes dialogan en constante tensión a punto de saltar por los aires. Son especialmente significativas las protagonizadas por la madre: sobornando al testigo del accidente, otra con la novia de su hijo, y  la que tiene con su hijo. Destacar también, la secuencia que cierra la película, donde madre, hijo y nuera acuden a mostrar sus condolencias a la familia del niño fallecido, rodadas con planos cortos y sin música, elemento ausente durante toda la película. Un relato de personajes y las relaciones enfermizas que se generan entre ellos, en este melodrama familiar que fue galardonado con el Oso de Oro y el premio Fipresci de la crítica internacional en la 63º edición del Festival de Berlín por un jurado presidido por el cineasta Wong Kar Wai.  Unos actores magníficamente bien dirigidos, donde destaca de forma magistral la presencia de la actriz, Luminita Gheorghiu, que interpreta a esta madre devoradora, (que nos recuerda a la Lola Gaos de Furtivos), convertida en una de las figuras principales por su participación en buena parte de las películas de este nuevo cine rumano, que de forma humilde está generando historias muy contundentes y sólidas que están abriéndose paso de forma excelente en el actual panorama del cine.

 

 

 

 

Welcome to New York, de Abel Ferrara

Cartel Welcome to New YorkLa lujuria del poder

El 14 de Mayo de 2011, Dominique Strauss-Kahn, director del FMI era detenido en el aeropuerto de Nueva York, acusado de agresión sexual e intento de violación a una empleada negra en la suite del Sofitel New York Hotel. Welcome to New York, de Abel Ferrara toma como punto de partida este affaire para construirnos un ejercicio que, como se nos anuncia en el texto que precede a la película, juega a representarnos lo que fue, apropiándose de unos hechos que ocurrieron en la realidad y que no llegaron a ser esclarecidos del todo durante el proceso judicial que se levó a cabo. Estructurado en tres partes bien diferenciadas: durante el primer tercio, asistimos a una bacanal de sexo y lujuria, rodada como si fuese una soft porno, luego, nos presentan el ataque sexual de Devereaux (sosias de Strauss-Kahn) a la camarera y la posterior detención y encarcelamiento, aquí Ferrara, echa mano de la forma cinematográfica de Haneke, para mostrar toda la frialdad y contundencia del aislamiento en el que se ve sometido el magnate. En el último tramo, la película vuelve a cambiar el tono cuando aparece en la función Simone, la mujer de Devereaux, en la que las discusiones, tensiones y reproches del matrimonio inundan la pantalla, unas secuencias filmadas de forma realista y cruda en los interiores del domicilio donde tuvo su arresto el acusado. Ferrara interesado en personajes en estado de degradación que se mueven por ambientes malsanos y mugrientos que son seguidos por su cámara de forma fría escarbando en sus miserias y miedos: la yonqui de Ángel de venganza (Ms. 45. 1981), el policía de Teniente corrupto (Bad lieutenant, 1992), los vampiros de The addiction (1995), los gánsteres de El funeral (the funeral, 1996). En Welcome to New York cambia de escenario, pero no de personajes a la deriva emocional. El cineasta neoyorquino dibuja a Devereaux como un depravado sexual (magnífico el registro de Depardieu), que muestra sin ningún tipo de tapujos su inmensa anatomía, que parece una morsa marina en continúo celo. Un hombre enfrentado a sus miserias y debilidades, un individuo podrido de dinero que se muestra incapaz de mantener su lívido en paz, que tiene una nefasta relación con su hija, y su mujer, que veía en él al futuro presidente de la República Francesa.  Una Simone, protagonizada por Jacqueline Bisset, (maravilloso contrapunto de Depardieu), una esposa que fabrica un personaje sofisticado que se siente incapaz de controlar a su marido, y a la vez, sus ansías de poder le ciegan para enfrentarse a una realidad alejada de sus delirios de grandeza. Ferrara continúa mostrándonos la parte oscura del alma humana, en un mundo dominado por el dinero y por los más bajos instintos. Nos coloca delante de un espejo deformado que nos devuelve el reflejo de una sociedad llena de suciedad y mugre que se mira demasiado a sí misma.

10.000 KM, de Carlos Marques-Marcet

10000 KM cartelLas consecuencias del amor

«Tú no quieres estar conmigo, quieres que yo este contigo»

¿De qué seríamos capaces de renunciar por seguir con la persona de la que nos hemos enamorado? Alex y Sergio son una pareja de Barcelona que llevan 7 años juntos y quieren tener un hijo. Alex, fotógrafa, le ofrecen una beca de 1 año en Los Angeles, a partir de ese momento mantendrán su relación mediante la pantalla del ordenador. 10.000 KM, de Carlos Marques-Marcet es la crónica de cómo un amor sólido se ve maltratado debido a las circunstancias en las que se ve sometido. El realizador catalán, afincado en Los Ángeles, hizo un viaje parecido al de su protagonista hace seis años, de aquellos sentimientos y miedos nació su película, en la que aborda el tema de la necesidad de irse fuera a nivel profesional con los problemas que eso conlleva a nivel afectivo. Alex es independiente, quiere tenerlo todo sin renunciar a nada, por el otro lado tenemos a Sergio, que cree en el amor por encima de todo. Dos maneras antagónicas de posicionarse ante la disyuntiva de enamorarse y mantener una relación sentimental. Marques-Marcet construye una película sincera y emotiva, y también, muy dura. El proceso que siguen estos personajes que se ven abocados a enfrentarse a ellos mismos y a investigar la naturaleza real de sus sentimientos. El arranque de la película en un minucioso y espectacular plano secuencia de unos 20 minutos donde el director nos introduce la acción, y pone en situación al espectador, deja paso a una realización básicamente en interiores donde abundan las secuencias y planos cortos, y sobre todo, el discurso en el que sustenta la película, el plano real en Barcelona/Los Ángeles y su contraplano virtual en la pantalla del ordenador. Alex y Sergio se ven abocados a la ausencia del otro, a la falta del yo, a vivir un amor sin el contacto físico, a estar en una relación donde el otro se encuentra en el mismo espacio, pero de un modo diferente, sólo está de forma virtual, sólo habita en una pantalla, pero se encuentra en otro lugar y en otro tiempo. La película aborda el tema de las nuevas tecnologías, de cómo los nuevos medios para comunicarse están cambiando nuestras formas de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás. El cineasta catalán, debutante con esta película, ha fabricado una historia hija de su tiempo, un relato que plantea situaciones que se viven en la actualidad. Podríamos verla como un análisis profundo sobre los límites de comunicación, y también de cómo sorteamos y reaccionamos ante los embates de la vida, de las decisiones que tenemos que afrontar en las diferentes situaciones que nos colocan las circunstancias vitales. Película que arrasó en el último Festival de cine de Málaga, donde recogió el primer premio, director, actriz, y guión. Un relato donde la pareja protagonista, Natalia Tena y David Verdaguer, estupendos en sus registros, destila mucha química y hace creíble unos personajes que se expresan a base de miradas y silencios. 10.000 KM es una historia que nos habla sobre el amor y la comunicación, pero también sobre lo solos que nos sentimos, aunque estemos rodeados de dispositivos para comunicarnos, porque al fin y al cabo, cómo le ocurría al protagonista de Her, de Spike Jonze, que se enamoraba de un sistema operativo informático en un futuro no muy lejano, las nuevas tecnologías quizás hacen nuestra vida más cómoda, pero no más feliz.

En un lugar sin ley, de David Lowery

en_un_lugar_sin_ley-cartelHabía una vez en Texas…

Años 70, Texas. Bob y Ruth son una joven pareja de fugitivos enamorados que viven de cometer delitos. Ella se queda embarazada. Después de un atraco frustrado, la policía los atrinchera en una casa de campo y Ruth mata accidentalmente a uno de los guardias. Bob asume la responsabilidad y es arrestado. Lo condenan a cuatro años de prisión, durante los cuales mantiene contacto con su mujer a través de cartas que se envían. Un día se escapa para volver a estar con su mujer y conocer a su hija. En un lugar sin ley, de David Lowery es un relato lírico y melancólico sobre una manera de vivir al margen de la ley, de dos personajes abocados a un destino fatalista. Bob y Ruth son jóvenes y despreocupados, viven el momento y no sienten el peso de la vida ni piensan en el futuro. El objetivo de Lowery se sitúa como observador, no interviene en la acción, no juzga a sus criaturas, las mira y las sigue, acercándonos a su devenir diario y su historia. La cinta se abre con el título de: Sucedió en Texas… El realizador norteamericano nos habla del mito y la leyenda, de la fascinación que tiene el público estadounidense de convertir a los delincuentes en meras leyendas y héroes. Lowery se toma su tiempo para contarnos la película (destaca su bellísima composición visual, no obstante, Lowery ha sido montador de Umpstream color). Una acción que se desarrolla a través de lugares cerrados y oscuros, en la que predomina una luz apagada y mortecina,  la ausencia de espacios abiertos nos envuelve en una relato donde la atmósfera es un personaje más, con unas criaturas que se mueven principalmente de noche y entre tinieblas. En un lugar sin ley es una película deudora del cine norteamericano de los 70, del western crepuscular que popularizaron directores de la talla de Peckinpah, y sobre todo, Robert Altman, Los vividores (1971) y Ladrones como nosotros (1974), (esta última remake de Los amantes de la noche (1948), de Nicholas Rey) son dos películas muy presentes en la cinta de Lowery. Amén de rescatar a Keith Carradine –actor fetiche en las dos obras de Altman-, en un personaje muy característico de los de Altman, un maduro tendero, cansado de todo, que actúa como padre-protector de la joven, que actúa como equilibrio perfecto a la pareja protagonista, Casey Affleck y Rooney Mara, magníficos en sus registros, como pareja desdichada por el amor y el destino.  También, como es lógico, nos vienen a la memoria aquellas películas protagonizadas por jóvenes rebeldes que vivían al margen de la ley: Sólo se vive una vez (1937), de Fritz Lang, Bonnie & Clyde (1967), de Arthur Penn, y Malas tierras (1973), de Terrence Malick, quizás es evidente la influencia con esta última, y en cierto modo, en muchos conceptos y elementos del cine de Malick, aunque, también es cierto, que Lowery ha logrado acercarse al cine setentero estadounidense desde una posición seria e inteligente, sin caer en el pastiche,  pariendo una obra aterradoramente poética dotada de gran belleza y romanticismo.